lunes, 26 de enero de 2009

Huntington, ideólogo de la expansión estadounidense en el mundo.

Huntington, ideólogo del imperio

Nicolás Lynch (Sociòlogo)

El fallecimiento de Samuel Huntington la Navidad pasada ha dado lugar a numerosos artículos sobre su obra , sin embargo, creo que los que se han publicado en la prensa peruana pierden de vista la cuestión más importante sobre el célebre politólogo.

Huntington fue ante todo un ideólogo de la expansión estadounidense en el mundo, en la fórmula que ya conocemos: democracia elitista para adentro y prepotencia imperial hacia fuera. Esto nos da otra clave para su lectura que trasciende la recolección bibliográfica. Su libro más importante es, más allá de las bengalas que han acompañado a sus últimas publicaciones, El orden político en las sociedades en cambio (1968). En él Huntington plantea que el problema en las sociedades atrasadas no es el desarrollo en términos de bienestar material sino la existencia de un orden político que controle las demandas de la población. Pero ¿cuál orden? La respuesta es inmediata en más de uno de sus textos: el orden de los EEUU, “la pax americana”. Esta contraposición bienestar vs orden permite entender su obra anterior y posterior.

De una atenta lectura de El soldado y el Estado, publicado en 1957, podemos concluir que el interés del autor es señalar la necesidad de que las FFAA sean un cuerpo burocrático firmemente subordinado al Estado respectivo para el cumplimiento de sus fines estratégicos. El que no tengan autonomía, como suele suceder con nuestras FFAA, no las santifica, simplemente les da otro papel quizás sí más eficaz para los fines del imperio.

Con el orden y la fuerza por delante ahora viene la democracia. Su participación en el informe de la Comisión Trilateral en 1975 es crucial para entender su idea de este régimen político. La conclusión de ese informe es que el problema de la democracia en el mundo no es la falta sino el exceso de la misma. Esta conclusión nos debería vacunar para no hacer una lectura engañosa de su libro La tercera ola: democratización al final del siglo XX. En él establece una periodización más que una teoría de la expansión del modelo estadounidense de democracia. El gusto por las clasificaciones ha llevado a algunos a considerarlo por ello el gran teórico de la democracia en el siglo XX. Nada más falso. No tiene la profundidad de Dahl, ni la agudeza de Sartori, ni la originalidad de Macpherson, para tomar de todas las orillas. Es una buena guía de calles y punto.

Por último, al final de sus días escribió dos textos relevantes: El choque de civilizaciones (1993) y Quiénes somos (2004).

Recurriendo al manido argumento colonial de “los otros”, para construir al enemigo y después agredirlo, que ya criticara Edward Said en Orientalismo, Huntington busca nuevos rivales externos, el mundo islámico, e internos, los latinos, con los que el imperio tendrá que lidiar en las próximas décadas. En ellos, su convicción de la superioridad de EEUU es más clara que nunca, aunque esta vez deba recurrir abiertamente al racismo para sostener sus argumentos.

En resumen, buena teoría política con un príncipe claro al que provee de argumentos y objetivos sofisticados.
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Fuente: Diario La Repùblica. 15/01/09