domingo, 19 de mayo de 2013

Historia de las peores crisis económicas desde la Gran Depresión de 1929.


Cronología: las peores crisis económicas desde la Gran Depresión de 1929

Para Estados Unidos, la crisis actual es la más grave desde la Gran Depresión de los años 30, y aunque se inició en el mercado de las hipotecas basura (subprime), ha acabado por extenderse a todos los segmentos de la economía.
Esta es la relación de las crisis más acuciantes que han sufrido los mercados desde entonces y las medidas que se tomaron para su rescate:
-El Crack del 29 (1929): La crisis económica mundial de los años 30 fue precipitada por la caída de los precios en el mercado agrícola en EE.UU. en 1928. Estalló el 29 de octubre de 1929 cuando, después de tres meses de descensos consecutivos de la producción y los precios, se vendieron de golpe 16 millones de acciones, lo que hundió la Bolsa de Nueva York.
Después del desastre de 1929 se modificó la legislación básica de la bolsa. Una de las leyes fundamentales fue la “Securities Exchange Act”, de 1934, que creó la Comisión de Valores Estadounidense (SEC), el organismo encargado de la supervisión y vigilancia de los mercados en EE.UU.
-1944: Tras la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional celebra una conferencia monetaria y financiera auspiciada por las Naciones Unidas, en la que salieron los acuerdos de Bretton Woods, que sientan las reglas para las relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados del mundo. También se decidió la creación del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), así como el uso del dólar como moneda de referencia internacional.
-El fin del sistema de patrón oro (1971): El excesivo gasto de EE.UU. en sus inversiones en el exterior y la guerra de Vietnam hizo que las reservas de oro que tenía el país se redujeran drásticamente, con lo que el valor de la moneda dejó de estar respalda por este metal.
Por ello, en medio de fuertes especulaciones y de fugas de capitales de EE.UU., el presidente Richard Nixon decidió suspender la convertibilidad con el oro y devaluó la moneda en un 10%, algo que hizo sin consultar al resto de miembros del Sistema Monetario Internacional.
Dos años después volvió a devaluar la moneda, con lo que acabó finalmente con el patrón oro. Así comenzó la época de los cambios flotantes en función de la evolución de los mercados internacionales de capital.
-Embargo del petróleo durante la guerra Árabe-Israelí (1973): El corte de suministro de los países de la OPEC en la conocida como primera crisis del petróleo, durante la Guerra del Yom Kippur, provocó un incremento de 2,50 a 11,50 dólares en 1974. Esto elevó la factura energética de Occidente y provocó una fuerte crisis en los países más industrializados.
A partir de esta crisis de precios, los países occidentales iniciaron políticas de diversificación y ahorro energéticos y, entre otras medidas defensivas, se crea la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en 1974.
-La revolución iraní (1979): El derrocamiento del Sha Mohammad Reza Pahlevi y la instauración de la República islámica en Irán provocó la segunda crisis del petróleo, y un nuevo colapso internacional.
Aunque esta vez las economías occidentales estaban más preparadas, ya que había reducido de forma importante sus consumos de crudo, la caída en la oferta provocó un largo período de precios extraordinariamente altos. La crisis afectó sobre todo a los países en vías de desarrollo.
-Iraq invade Irán (1980): Al final del año el crudo alcanza nuevos precios récord, 40 dólares el barril, una tasa que no había sido superada en 10 años. Los altos precios llevaron a la Occidente a producir más de su propio petróleo en zonas como el Mar del Norte.
-El lunes Negro (1987): El 19 de octubre de 1987 millones de inversores se lanzaron en masa a vender sus acciones en la Bolsa de Nueva York debido a la creencia generalizada del manejo inapropiado de la información confidencial y la adquisición de empresas con dinero procedentes de créditos.
Ese día el Dow Jones se desplomó 508 puntos, un 22,6% de pérdidas en una única jornada en la que superó los sucesivos descensos que provocaron la Gran Depresión, y que arrastró a las bolsas europeas y japonesas. Esto trajo como consecuencia una intensificación de la coordinación monetaria internacional y de los principales asuntos económicos.
Crisis del mercado asiático (1997): En julio se devaluó la moneda tailandesa, y tras ella cayeron las de Malasia, Indonesia y Filipinas, lo que repercutió también en Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur. Su efecto arrastró al resto de economías y esta crisis, que en un primer momento parecía que era regional, acabó convirtiéndose en la primera crisis global.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) elaboró una serie de paquetes de “rescate” para salvar a las economías más afectadas y promovió una serie de reformas estructurales.
-Crisis de las puntocom (2000): Los excesos de la nueva economía dejaron una estela de quiebras, cierres, compras y fusiones en el sector de Internet y de las telecomunicaciones y un importante agujero en las cuentas de las empresas de capital riesgo.
El 10 de marzo el principal índice del Nasdaq, máximo exponente de la “nueva economía” y del éxito de las empresas de tecnología, cerró en 5.048,62 puntos, su máximo histórico. En solo tres años la crisis borró del mapa casi 5.000 compañías y algunas de las grandes corporaciones de telecomunicaciones, fueron protagonistas de los mayores escándalos contables de la historia.
-11 de setiembre (2001): Los atentados del 11 de setiembre del 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, que dejaron un balance de cerca de 3.000 muertos, también hicieron caer las bolsas.
El Nikkei cayó más del 6% y las bolsas europeas tuvieron fuertes descensos que llevaron a los inversores a refugiarse en el oro y los bonos del Tesoro estadounidense. La Fed también respondió con cortes de las tasas -cuatro hasta final de año- en la campaña más fuerte de su historia.
-2008-2009: La crisis financiera originada en EE.UU. a consecuencia de las hipotecas basura (subprime) que concedieron sin garantías a miles de ciudadanos, acaba con los grandes gigantes financieros del país y su contagio se extiende a todo el mundo y afecta a las economías reales, causando la crisis más grave desde los años treinta.
Fuente: Diario El Comercio (Perú). 27 de marzo del 2009.

sábado, 18 de mayo de 2013

Historia de la dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina.


El hombre que nunca pidió perdón

Videla ordenó perseguir sin piedad a cualquier sospechoso de izquierdista

Bajo el régimen que lideró de 1976 a 1981 desaparecieron 30.000 personas


Por: Alejandro Rebossio
Muchos argentinos reaccionaron ayer ante la muerte del encarcelado Jorge Rafael Videla, a los 87 años, calificándolo como “hijo de puta”. El dictador más cruel que jamás haya conocido Argentina —que se decía católico, nunca se arrepintió de nada, siempre reivindicó todo y solo reconoció algún “error”— gobernó su país entre 1976 y 1981 y en ese tiempo su régimen forzó la “desaparición” de hasta 30.000 personas, muchas arrojadas al mar en los vuelos de la muerte, y otros fusilados, o torturó, saqueó bienes de sus perseguidos, empobreció a la clase trabajadora, fomentó la especulación financiera en detrimento de la producción local y endeudó a su país.
Su madre se llamaba María Olga Redondo y su padre, Rafael. Jorge Videla nació el 2 de agosto de 1925en Mercedes (100 kilómetros al oeste de Buenos Aires). En 1942 inició su carrera militar. Por entonces los conservadores gobernaban Argentina sobre la base del fraude electoral. Seis años después se casó con Alicia Hartridge, hija de un embajador, con quien tuvo siete hijos, dos que también fueron militares y otro que sufría problemas mentales y que fue cuidado por una monja francesa que más tarde sería secuestrada por el régimen.
En 1971, el dictador militar Alejandro Lanusse lo ascendió a general. Eran tiempos en que el peronismo y la izquierda habían tomado las armas para enfrentarse al régimen, en plena guerra fría. En 1975, la presidenta Isabel Perón, respaldada por la derecha y enfrentada a la guerrilla peronista Montoneros, designó a Videla jefe del Ejército y decretó que las fuerzas armadas aniquilasen la “subversión”. En 1976, Videla y los cabecillas de la Marina, Emilio Massera, y la Fuerza Aérea, Orlando Agosti, dieron un golpe para hacerse cargo de forma directa del terrorismo de Estado que ya había asomado contra opositores.
Además cerraron el Congreso, los partidos políticos y los sindicatos. Le llamaron “Proceso de Reorganización Nacional”. Videla, que encabezó la Junta Militar, también justificó el golpe en la necesidad de cambiar la desastrosa situación económica, afectada por la hiperinflación. Muchos empresarios y la mayoría de la jerarquía eclesiástica lo apoyaron, según él mismo reconoció. Parte de la sociedad civil también respaldó el fin del desgobierno de Isabel Perón, pero con los años se arrepentiría a tal punto que en la actualidad son una ínfima minoría los argentinos que defienden la dictadura.
Videla persiguió a cualquier sospechoso de izquierdista o comprometido con causas sociales, a guerrilleros y opositores de diversa ideología, obreros y sindicalistas, estudiantes y profesores, profesionales y empleados, artistas y periodistas, empresarios y religiosos, como el obispo Enrique Angelelli, por cuyo asesinato estaba procesado el exdictador, entre otras causas pendientes. 
Hubo secuestros, torturas —incluso de bebés de detenidos—, sustracción de las pertenencias de los desaparecidos, asesinatos y robos de 400 hijos de embarazadas cautivas. Videla fue condenado a prisión perpetua en 2012 por organizar el plan sistemático de desaparición de estos niños, de los cuales 109 han recuperado su identidad.
La dictadura no reconocía los secuestros ni los asesinatos, y las madres de los detenidos iban preguntando por sus hijos por aquí y por allá. Daban vueltas silenciosas a la Plaza de Mayo en señal de protesta.
Las organizaciones de defensa de los derechos humanos denunciaron 30.000 desapariciones. “Ni muertos ni vivos, están desaparecidos”, explicó en 1979 Videla, que décadas más tarde reconoció 7.000 u 8.000 homicidios, aunque los justificó por la “guerra contra la subversión”. “Para no provocar protestas dentro y fuera del país, sobre la marcha se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera”, relató quien para muchos argentinos representa el símbolo del horror.
Fiel asistente a misa, Videla decía en 1978 que “un terrorista no es solo alguien con un revólver o una bomba, sino también aquel que propaga ideas contrarias a la civilización occidental y cristiana”.
Así fue como su régimen quemó libros, prohibió canciones, controló la prensa y forzó al exilio a artistas, intelectuales, científicos, periodistas y otros argentinos de diversa condición social. El dictador nombró como ministro de Economía a un empresario y ganadero, José Alfredo Martínez de Hoz, que también falleció este año. Congelaron los salarios, fomentaron la especulación financiera, liberalizaron de forma unilateral el comercio en detrimento de la industria local y multiplicaron la deuda pública hasta niveles nunca vistos en Argentina. Por un lado, financiaron el Mundial de Fútbol de 1978, durante el cual el régimen intentó lavar su imagen ante el resto de los países. El 6-0 de la Argentina campeona contra Perú quedará siempre bajo sospecha, pues esa goleada la clasificó para la final. Por otra parte, reforzaron el gasto militar para la represión interna y para prepararse ante una eventual guerra ese año con el Chile de Augusto Pinochet por disputas limítrofes. Sus planes contra la inflación no lograron bajarla nunca del 100% anual y el malestar socioeconómico terminó forzando el final del Gobierno de Videla en 1981. Enfrentado con Massera, los militares reemplazaron al dictador por otro general, Roberto Viola.
También la presión internacional se hacía cada vez fuerte contra el régimen, sobre todo a partir de 1979, cuando una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recabó información sobre los crímenes que estaban cometiéndose. En 1980, uno de los denunciantes y exdetenido, Adolfo Pérez Esquivel, recibió el Nobel de la Paz.
En 1983 regresó la democracia a Argentina y el presidente Raúl Alfonsín, de la Unión Cívica Radical (UCR), impulsó el juicio a las juntas militares. Dos años después, Videla y el resto de sus secuaces fueron condenados a prisión perpetua por 504 secuestros, torturas, robos, usurpaciones, esclavización de detenidos y robo de bebés. Pero en 1990, ante la presión militar y el rechazo de la sociedad civil, el entonces presidente Carlos Menem, un peronista que estuvo preso años durante el régimen, indultó a los jefes militares y guerrilleros presos por los delitos de los setenta. Videla guardó entonces un perfil bajo.
Ante la impunidad en Argentina y bajo el criterio de justicia universal contra delitos de terrorismo de Estado, que no prescriben, el entonces juez Baltasar Garzón comenzó a investigar a Videla y otros represores, pero el país sudamericano se negaba a extraditarlos. En 1998, un juez argentino detuvo al exdictador por robos de niños que no habían sido juzgados en su momento. Videla estuvo un mes en prisión, pero después consiguió el arresto domiciliario por ser mayor de 70 años.

En 2003, el peronista Néstor Kirchner llegó al poder e impulsó la declaración de inconstitucionalidad de los indultos. En 2007, la Corte Suprema los dio de baja y al año siguiente otro juez ordenó que Videla regresara a prisión por la condena de 1985. En 2010, recibió otra pena de reclusión perpetua por crímenes cometidos en la provincia de Córdoba. En 2012, fue condenado a 50 años de cárcel por el robo de bebés y todavía tenía varios juicios pendientes más. Uno de ellos, por el Plan Cóndor, de coordinación con las dictaduras de Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Brasil y Uruguay para perseguir opositores.

Tres días antes de morir, declaró en esta causa que se sentía un “preso político”. Murió en una cárcel común, la de Marcos Paz (50 kilómetros al suroeste de Buenos Aires), sin privilegios militares, con el casi generalizado repudio de sus compatriotas. Durante cinco años sembró el terror, durante diez estuvo bajo arresto domiciliario y durante otros diez tras las rejas. Ahora, bajo tierra.
Fuente: Diario El País. 17 de mayo del 2013.

Javier Heraud y Mariano Melgar, los poetas de la revolución.


Javier Heraud y Mariano Melgar

Por: Antonio Zapata Velasco (Historiador)
Hace exactamente cincuenta años fue abatido en el río Madre de Dios el joven poeta Javier Heraud. Había estudiado en el colegio Markham y publicado cinco poemarios que lo revelaron como una de las voces geniales de la nueva generación. Ingresó a la PUCP y destacó por su talento y compromiso. Fue militante del Social Progresismo, aunque poco tiempo después pasó a las filas del recientemente constituido Ejército de Liberación Nacional, ELN. Su muerte acaeció en la primera acción guerrillera del grupo, que había nacido bajo el influjo de la revolución cubana y pretendía reproducir su metodología.
En la historia peruana existe otra figura comparable, se trata de Mariano Melgar, quien pronto cumplirá 200 años de su muerte en combate. Melgar también fue un poeta que desde joven alcanzó gran nivel. Era arequipeño y destacó como cantor romántico comprometido con la nueva propuesta liberal. Ambos fueron maestros, Heraud llegó a ser nombrado en el sistema nacional y Melgar era profesor del colegio seminario de Arequipa. Dos poetas jóvenes, en la primera fase de su vida, dos grandes promesas, abatidos en acción de armas. 
Melgar murió en Umachiri, una batalla decisiva en la lucha por la independencia del Perú. La rebelión había comenzado en Cusco bajo el mando de los hermanos Angulo; se había sumado el cacique Pumacahua, quien condujo una expedición a Arequipa, que capturó después de cruenta lucha.
Ahí se incorporó Melgar junto a un grupo de criollos letrados. Fue integrado al ejército de Pumacahua y participó de su suerte. Una división realista los batió en el altiplano puneño, después de dura refriega. Los realistas eran un ejército pequeño, integrado por soldados profesionales, bien equipados. Mientras que los patriotas eran numerosos, pero todos civiles, muchos indígenas, que peleaban con pocas armas de fuego. A la hora del combate en terreno abierto, los realistas hicieron leña a Pumacahua.
El cacique indígena fue ahorcado y Melgar fusilado en el campo de batalla. Por su parte, Heraud también murió luego que las fuerzas del orden hicieran leña el bote que lo transportaba. Su caso fue más dramático aún. Una columna de sólo ocho guerrilleros había llegado a Puerto Maldonado y se alojó en un hotel. La policía fue a detenerlos porque estaba esperando un grupo que venía de Bolivia. En el momento de la captura hubo una refriega y dos guerrilleros escaparon.
Eran Heraud y Alain Elías, quienes huyeron a la selva, capturaron un bote e intentaron cruzar el río. Los siguieron policías y lugareños armados con sus propios fusiles. Los uniformados estaban enardecidos porque uno de ellos había muerto durante la captura. Los policías divisaron con facilidad a los guerrilleros. Eran inconfundibles: universitarios limeños perdidos en la selva amazónica. Al frente tenían gente experta que vivía en la región y conocía todos sus vericuetos.
El bote de los guerrilleros fue rodeado por una canoa que transportaba tropa haciendo fuego; además, desde un alto en la orilla disparaban sin cesar. Elías fue herido primero y cayó al fondo del bote, salvando su vida fortuitamente. Por su parte, el fuego se concentró en Heraud, alcanzado por balas dum-dum que le destrozaron el pecho. 
Así, ambos jóvenes poetas murieron a balazos, el uno fusilado legalmente y el otro de modo informal. La revuelta de Melgar fue de mayor envergadura, puesto que anunció la independencia nacional. Mientras que, las ideas de Heraud no se concretaron. A lo sumo anticipaba el gran cambio cultural de nuestra era: la mayor igualdad entre los géneros, el respeto por el medioambiente y la libertad personal. 
No obstante sus diferencias, las semejanzas destacan de manera rotunda. Ambos representan lo mismo en la historia nacional. La genialidad en la primera juventud, la poesía romántica y generosa, que no vacila ante las empresas guerreras, sino que se entrega a ellas de manera suicida, para defender con su vida “una patria hermosa como una espada en el aire”.
Fuente: Diario La República. 15 de mayo del 2013.

domingo, 12 de mayo de 2013

Historia de la corrupción en el Perú. Alfonso Quiroz.

El historiador de la corrupción

Este martes 14 de mayo se presenta el último libro del desaparecido Alfonso Quiroz, acaso el más importante historiador de la economía peruana. La obra explica los mecanismos de la corrupción desde la Colonia hasta el fujimorismo.

Texto: Raúl Mendoza  
Quienes conocieron a Alfonso Quiroz coinciden en que desde muy joven tuvo una gran disciplina y una enorme capacidad de trabajo. Eso quizá lo llevó a dedicar todos sus esfuerzos –una vez que se hizo historiador– a un solo tema: el análisis de la corrupción. Se fue del Perú en los años 80, pero nunca perdió el vínculo con el país, al cual le dedicó varios libros sobre el lado más oscuro de su pasado económico. Su colega Antonio Zapata ha resumido ese trabajo en una frase recordable: "Sabía que, con ese tema, en el Perú estaba haciendo patria".
Quiroz incluso fue enjuiciado más de una vez –según contó Zapata en una columna que le dedicó– por gente que sentía lesionada su reputación o la de sus ancestros, pero sus hallazgos eran incontestables, documentados y concretos. Marcos Cueto, otro colega suyo, ha precisado así sus cualidades de investigador: "Pareciera que estuviera convencido de que la historia es una ciencia exacta (...). Para Alfonso, el historiador no repite lo que dicen los discursos ni hace una revisión superficial en los archivos, sino que sustenta sólidamente sus interpretaciones en hechos irrefutables".
La cita es parte del prólogo escrito por Cueto para el libro Historia de la corrupción en el Perú, de Alfonso Quiroz, editado por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y elInstituto de Defensa Legal (IDL). En él Quiroz, fallecido en enero pasado, desmenuza la corrupción presente en el Estado peruano desde épocas coloniales hasta llegar al fujimorismo, pasando por los gobiernos de la naciente república que medraron de recursos como el guano o los empréstitos. Ese prólogo se llama "El historiador incansable" y le hace justicia a su labor académica.
A TODO VAPOR
Alfonso Quiroz fue un pionero en el estudio de las finanzas peruanas y un hombre que vivió como si supiera que iba a morir joven. Fue un gran deportista desde adolescente. Practicó la natación y representó al Perú en torneos locales e internacionales con relativo éxito. Y la misma energía mostró en el ámbito de sus estudios. Fue alumno del colegio Markham y después ingresó a la Universidad Católica en los primeros lugares. "Lo conocí ahí a comienzos de los años 70 y lo que más recuerdo de él es que hacía las cosas a todo vapor", dice Antonio Zapata. 
En el ámbito universitario se acercó a la historia influenciado por profesores comoFranklin Pease, Heraclio Bonilla o Alberto Flores Galindo. Su amigo Marcos Cueto recuerda también su proverbial disciplina. "Si una biblioteca estaba abierta a las ocho de la mañana, ahí estaba él a esa hora. Y si cerraba a las seis de la tarde, hasta esa hora se quedaba". Su tesis se llamó La consolidación de la deuda interna peruana, 1850-1858 y en ella demostró que se había exagerado el valor de esa deuda para enriquecerse a costa del Estado. Desde entonces la corrupción era su tema.
Hizo estudios de maestría y doctorado en la Universidad de ColumbiaEstados Unidos, y ahí pulió sus aptitudes académicas: amplió su campo de estudio al ámbito latinoamericano y se hizo un experto en historia cuantitativa, lo que le dio las armas para moverse con soltura entre cifras y cuadros estadísticos. Entre el segundo lustro de los años 80 y el primero de la década de los 90 publicó libros claves sobre  historia económica peruana. Uno de ellos Domestic and foreign finance in modern Peru, 1850-1950:financing visions of development (1993), resultado de diez años de investigación, lo ubicó como la máxima autoridad en historia financiera del Perú y uno de los principales historiadores económicos de América Latina.
CÍRCULOS DE CORRUPCÓN
En 2008 publicó en inglés un libro que puede considerarse el resumen de sus esfuerzos intelectuales sobre el país: Corrupt circles: a history of unbound graft in Peru (2008), el recuento pormenorizado de la corrupción peruana en siete capítulos, un epílogo y un apéndice. Podría decirse que desde la Colonia hasta nuestros días se ha dado una convivencia oscura entre los grandes grupos económicos y el poder político. "Esa conjunción permanece en el tiempo. Hay grandes cambios, pero la cultura corrupta se sigue reproduciendo. La herencia colonial continúa", explica Antonio Zapata. 
El libro plantea que históricamente el Perú siempre ha tenido niveles de corrupción promedio, pero que cada cierto tiempo esos estándares saltan a niveles mayores. "En nuestro caso, el libro de Alfonso Quiroz identifica tres grandes momentos: la época del boom del guano; la de Leguía y los préstamos de la banca extranjera; y el régimen deAlberto Fujimori con la privatización de las empresas estatales", precisa Zapata. En los tres casos hubo un exceso de dinero en las arcas públicas, y ello dio pie a la corrupción y el enriquecimiento ilícito de funcionarios estatales y élites empresariales.
Para el historiador Marcos Cueto, el libro de Quiroz tiene varias innovaciones y aportes. En principio rompió con la tradición de que un historiador debe dedicarse a determinada época de la historia, pues su análisis abarca dos siglos y medio de historia. Además contrastó datos y conclusiones con la mayor cantidad de fuentes posible, buscando en bibliotecas del Perú y el mundo. Y no solo se limitó a dar un diagnóstico de las causas de la corrupción sino que dio montos sobre lo que la corrupción le ha costado al Estado peruano: por ejemplo, más de 4% del PBI durante los inicios de la República y 3,1% en la década del fujimorismo. El daño causado frenó nuestro camino al desarrollo.
Este volumen publicado inicialmente en inglés, y que reseñamos en esta nota, ha sido reeditado en español por el IEP y el IDL con el más sencillo título de Historia de la corrupción en el Perú, un trabajo esperado hace tiempo por todos los interesados en el tema. Se trata de un justo homenaje para un autor capital. Algunos hasta han augurado que puede convertirse en el libro más vendido del año y en un clásico para los años venideros. Por lo pronto, hay que decir que se presenta el próximo martes 14 de mayo a las siete de la noche en la sede del IEP (Horacio Urteaga 694, Jesús María).
Fallecido en Nueva York, el pasado 2 de enero, a los 56 años, Alfonso Quiroz dejó una obra innovadora, exhaustiva e importante, escrita además con rigor y elegancia
A pesar de ello "nunca escribió para agradar, no le interesaba", dice sobre élAntonio Zapata. Hasta poco antes de su desaparición estuvo revisando las pruebas de la versión en español de este libro. Marcos Cuetoamigo e historiador, recuerda que él ya no está entre nosotros pero "su vida profesional y personal fueron una gran lección de vitalidad". Su vasta obra lo prueba.
Fuente: Diario La República. 12 de mayo del 2013.

domingo, 5 de mayo de 2013

Libro "Miedo a la democracia. Estados Unidos ante la Segunda República y la guerra civil española" de Aurora Bosch.

“Roosevelt se lamentó de no dejar que la República comprase armas”

Aurora Bosch obtiene el premio de los historiadores de EE UU por ‘Miedo a la democracia’

El libro ahonda en el papel de Washington en la Guerra Civil española


El presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, en 1935 a bordo de un buque de guerra de la armada.

Franklin Delano Roosevelt profesaba simpatía por la Segunda República española. Su mujer Eleonor siempre lo decía. No obstante, el presidente estadounidense hizo oídos sordos a la petición del Gobierno democrático de poder comprar armas en el mercado americano para combatir a los franquistas. Y no hizo la vista gorda, como en la coetánea guerra civil china, para relajar la neutralidad de EE UU y suministrar ayuda al Ejército republicano. Sabía poco de España, estaba centrado en salvar los obstáculos internos a su política intervencionista del New Deal para paliar la tremenda crisis del 29 y respaldaba la estrategia de sus aliados, Reino Unido y Francia, para contener el conflcito español. Pero, ¿qué hubiera pasado si esa simpatía de los Roosevelt se hubiese traducido en algún tipo de intervencionismo?
La historiadora Aurora Bosch arquea las cejas, casi imperceptiblemente. Ella no hace ficción, no ha escrito La conjura contra América, en la quePhilip Roth imagina las consecuencias de la pérdida de las elecciones en 1940 por parte de Roosevelt frente al aviador filonazi Charles Lindberg, en una novela cuya excelente contextualización fue distinguida incluso por los historiadores. Esta catedrática de Historia Contemporánea de la Universitat de València ha escrito Miedo a la democracia. Estados Unidos ante la Segunda República y la guerra civil española (editorial Crítica) y acaba de ser premiada por la Organización de Historiadores Americanos por ser la autora del mejor libro de historia estadounidense publicado en lengua extranjera.

El presidente reconoció en 1939 que su neutralidad benefició al agresor
“No sabemos qué hubiera pasado, claro, pero lo que pedía el Gobierno español al estadounidense era relativamente poco: que le permitieran comprar armas en su mercado. La República tenía el oro del Banco de España, tenía más capital que el bando franquista que, sin embargo, se vio beneficiado por créditos y abastecimientos abundantes y regulares desde el principio. Pero Roosevelt tomó en 1937 la iniciativa de ahondar en el congreso el embargo legal y solo tuvo un voto en contra. Tenía muchas presiones e intereses electorales. Temía que su electorado se dividiera, porque buena parte de los católicos, la clase obrera de sus votantes, no le respaldaría si apoyaba al régimen republicano. Las noticias de la masacre contra el clero en España llegaban de forma escandalosa y la jerarquía y el lobby católico no querían que interviniera. Además, el presidente se jugaba el apoyo a sus reformas del New Deal, la mayoría de la ciudadanía defendía el pacifismo y la neutralidad y Francia e Inglaterra insistían en la no intervención”, explica Bosch.
A todo ello se unía “el temor entre las democracias liberales asentadas de que la extensión de la democracia y de la política de masas pudiera exceder el ámbito liberal por las tendencias revolucionarias, pues en medio de la crisis de los años treinta el debate político incluía el fascismo y el comunismo, además de la democracia y la dictadura”. De ahí el título de su libro Miedo a la democracia, que el jurado del premio Willi Paul Adams 2013 valoró por ser un “rico retrato de las complejas interacciones de los hechos que dieron forma a la política americana respecto a España durante ese periodo”.


Aurora Bosch, con su libro. / JOSÉ JORDÁN
“Hay historiadores que”, prosigue Bosch, “sin embargo, inciden en que Roosevelt había ganado las elecciones en 1936 con una mayoría abrumadora y, por tanto, podía haber hecho algo, transigir como con China. Tenía poco margen de actuación, pero lo tenía. Y no lo empleó”. Dos años después, tras el Pacto de Múnich y la batalla del Ebro, Roosevelt empieza a comprender el alcance de su error. Y en 1939, “transmite a su gabinete que la ley de neutralidad ha hecho lo contrario de lo que pretendía: beneficiar a los agresores”, relata la autora, que ha investigado en múltiples fuentes estadounidenses.
“El presidente se arrepintió y se lamentó de no haber permitido comprar armas a la República y así lo reconoció en enero y febrero de 1939, cuando sostiene que se podía haber establecido sin ningún riesgo la fórmula de cash and carry, es decir, paga y llévatelo en tus propios barcos, como vendieron unos pocos meses después a Inglaterra y Francia, con una opinión pública mayoritariamente favorable. De este modo se evitaban los problemas que tuvieron en la I Guerra Mundial, cuando transportaban sus armas en sus barcos”.
Autora también de Historia de los Estados Unidos, 1776-1945 (Crítica), entre otros libros, la catedrática valenciana de 59 años forma parte del pequeño grupo de historiadores españoles especializados en Estados Unidos (en Latinoamérica hay toda una escuela), formando Silvia Hilton o Carmen de la Guardia la vanguardia primigenia. La cercanía de los archivos y la rica historia de España facilitan el estudio autóctono.
Además, en la historiografía, sobre todo de orientación izquierdista, también se detectó un cierto prejuicio antiamericano, arraigado en buena parte de la ciudadanía española. “La guerra de Cuba está ahí, en la memoria, pero en los años veinte se disuelve el conflicto por los flujos e intercambios... Creo que el origen del antiamericanismo en España se remonta en realidad a la visita de Eisenhower en 1959, apoyando alrégimen franquista y salvándole la cara internacional. También hizo mella en la sensibilidad española el intervencionismo de EE UU en los países latinoamericanos, defendiendo sus intereses por encima de la democracia”, opina Bosch.
“El antiamericanismo en general viene de la política exterior de Estados Unidos, y es hasta cierto punto comprensible”, añade. “Pero tampoco podemos olvidar de que el Plan Marshall fue fundamental para la reconstrucción europea, ni que cuando Europa no sabía qué hacer con el conflicto en la ex Yugoslavia, se optó por llamar a EE UU. En fin, hay que verlo todo”.
Fuente: Diario El País. 05 de mayo del 2013.

La ciudadanía corporativa. Política, constituciones y sufragio en el Perú (1821-1896) de Alicia del Águila.

La ciudadanía corporativa

Por: Martín Tanaka (Politólogo)
Acaba de aparecer La ciudadanía corporativa. Política, constituciones y sufragio en el Perú (1821-1896) de Alicia del Águila (Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2013). Sin ser especialista, como interesado en la historia, mi opinión es que se trata de libro fundamental para la comprensión política del siglo XIX.
El libro recorre la evolución de la condición de ciudadanía en el siglo XIX a través de sus constituciones, centrándose en el derecho al sufragio de la población indígena. La tesis central llama la atención sobre una paradoja: hubo una persistencia de tradiciones corporativas provenientes de la colonia durante la república, que dio mayores oportunidades para la participación electoral de los indígenas; por el contrario, la introducción de criterios liberales en los que la ciudadanía se asoció con la condición de alfabeto o con la posesión de rentas limitó su participación.
El libro plantea muchos temas ricos de discusión. Primero, Del Águila se suma a varios autores que, en términos generales, llaman la atención sobre la riqueza y complejidad del siglo XIX, que no puede verse como un “siglo a la deriva”, para retomar el título de un libro de Heraclio Bonilla. Segundo, el libro cuestiona una visión esquemática según la cual todo aquello vinculado a lo colonial aparece como algo negativo, y todo aquello relacionado a lo republicano como algo positivo.
Tercero, se sugiere que la postergación de la población indígena no es tanto una herencia colonial y del siglo XIX, periodo en el que, mal que bien, los indígenas tenían a su disposición diversos mecanismos para hacer sentir sus intereses. Más bien sería a finales del siglo XIX y durante el XX, que lo indígena perdería espacio, hipótesis trabajada también por Cecilia Méndez y otros. Es recién entonces cuando se consolida un Estado centralista, con un mayor peso de Lima, con un progresivo declive demográfico de la sierra sur, cuando se consolida un predominio económico de la costa. Así, a finales del siglo XIX coincidieron liberalismo, ideas positivistas y racistas, la centralidad del poder limeño frente a los poderes regionales, y todo ello marcó una suerte de retroceso para la población indígena, de modo tal que Perú fue el último país con Brasil en aceptar el voto de los analfabetos. Así, en el siglo XX, con la “república aristocrática” se acentuaría el carácter elitista del régimen político, cuestión que sería contestada por el leguiísmo primero, y por el APRA después, pero eso ya es otra historia.
Cuarto, el texto muestra también cómo el orden constitucional y legal no es irrelevante: aunque tengamos una tradición según la cual las leyes “se acatan pero no se cumplen”, sí abren puertas y posibilidades para complejos procesos de negociación y movilización. Hoy por ejemplo, que se discute la implementación de la ley de consulta previa para las poblaciones indígenas, vemos cómo la legislación abre oportunidades para la politización y reivindicación de derechos.
Fuente: Diario La República. 05 de mayo del 2013.

sábado, 4 de mayo de 2013

La historia como conocimiento caleidoscópico.

Combates por la historia

Por: Daniel Parodi Revoredo (Historiador)

Reflexionando acerca de la historia, el filósofo catalán Manuel Cruz sostiene que su finalidad debe ser el bien para la sociedad y “drenar al presente de la querencia del pasado por invadirlo para luego apropiárselo”. Sobre la memoria, Tzvetan Todorov nos dice que existe una de contigüidad y otra ejemplar. En la primera, el acontecimiento pasado duele en el presente; en la segunda, el recuerdo es desplazado a una posición periférica y se obtiene de él una enseñanza para el futuro.

 Estas posiciones no serían posibles de no haberse producido el salto hacia la posmodernidad en el periodo situado entre los fines de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría (1945-1990). La Segunda Guerra condujo al quiebre a la idea moderna que sostenía el progreso continuo de la civilización, dirigido desde Occidente; la caída del Muro y del mundo socialista acabaron con el imperio de las ideologías, con la polarización del mundo entre comunistas y capitalistas, y con las certezas en los marcos teóricos de las ciencias sociales. 

La crisis descrita afectó la producción intelectual que giraba en torno a grandes modelos de análisis de la sociedad, como lo fueron el marxismo y el estructuralismo. Estos afrontaron el cuestionamiento de su pretendida cientificidad. La referida crítica se inició en la década de los 70 con el giro lingüístico y el aporte de los intelectuales narrativistas, quienes propusieron que las CCSS en general, y la Historia en particular, poseían una dimensión discursiva que filtraba en el análisis las demandas del presente, las ideologías dominantes, las propias vivencias del investigador, etc. El referido cuestionamiento abarcó también la historia positivista del siglo XIX que, por bizarro que parezca, mantiene presencia gracias a la gran demanda cotidiana de “historias verdaderas” protagonizadas por héroes, villanos, patriotas o traidores. Pero tras el giro lingüístico no había ya certezas para las grandes teorías, ni verdades absolutas para los positivistas. 

Es por ello que me especializo en los procesos de reconciliación históricos entre colectividades –países, grupos humanos– confrontados por conflictos del pasado; en el entendido que la superación de viejos traumas favorece el desenvolvimiento de la sociedad en el presente. De allí que algunas de mis reflexiones en esta columna hayan tratado el tema de la reconciliación al interior del Perú y de la otra –tan necesaria–con Chile, pues parto de la premisa de que la valoración subjetiva de los colectivos afecta el quehacer cotidiano. 

También por ello he analizado los discursos peruano y chileno acerca de la Guerra del Pacífico, pues creo que el entendimiento de sus motivaciones profundas puede favorecer la superación de los odios. Del mismo modo, en el ensayo “Cuánto queda de aquello” reclamo un nuevo punto de partida para escribir la historia republicana del Perú, en el cual, sin falsear la realidad, los descendientes de protagonistas y colectividades confrontados en el pasado puedan conversar, acercarse, conocerse y vivir mejor. Creo, además, que las nuevas generaciones no quieren heredar nuestros conflictos, sino más bien superarlos, aunque sin dejar de aleccionarse con ellos. 

Desde la cátedra, abordo los temas polémicos a través de la presentación de invitados y aportes bibliográficos diversos y hasta opuestos, pues no creo en los pensamientos únicos y sí en la fragmentación de los discursos. Creo en el conocimiento caleidoscópico que integra en simultáneo variedad de puntos de vista y me imagino un universo de múltiples historias que no son estrictamente ciertas, pero que sí poseen una dimensión de verdad, todas juntas alternándose en el “zapeo” intelectual del individuo. 

(*) Historiador. Dpto. de Humanidades de la PUCP.

Fuente: Diario La República. 02 de septiembre del 2011.