miércoles, 24 de diciembre de 2014

En fin de la Guerra Fría en tres actos.

Tres finales de la Guerra Fría

Antonio Zapata (Historiador)
La semana pasada terminó el último rezago de la Guerra Fría en América Latina, al reanudarse las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU tras 53 años de ruptura. Este hecho evoca los otros dos finales que tuvo la prolongada batalla por el destino de las sociedades contemporáneas llamada “Guerra Fría”. Se trata de la reconciliación de EEUU con China en febrero de 1972 y del hundimiento de la URSS en diciembre de 1991. Veamos. 
EEUU tomó una ventaja decisiva cuando sorpresivamente el presidente Richard Nixon viajó a Beijing en febrero de 1972 y se entrevistó con el mandatario chino Mao Zedong. Hasta entonces enemigos irreconciliables, el viaje de Nixon permitió el reingreso de China a la comunidad internacional, aceptando que ocupe su puesto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y restableciendo relaciones diplomáticas. 

En esa ocasión, EEUU buscó aprovechar la espectacular ruptura entre la URSS y la China comunista, que había ocurrido durante la década anterior, dividiendo irremediablemente a la izquierda mundial. Por ello, la iniciativa norteamericana fue clave en la historia posterior.

El secretario de Estado era Kissinger, quien había apreciado a China como el coloso que podía debilitar a la URSS, reduciendo su influencia entre los países progresistas del Tercer Mundo. Aunque, EEUU venía de perder Vietnam y su liderazgo internacional estaba mellado, aprovechó una oportunidad política y dejó que la economía haga su trabajo. Décadas después, aunque gobernada por un partido comunista, China es una sólida economía de mercado capitalista.
La ventaja China fue que inició temprano y en forma pausada su transición. Muerto Mao en 1976, retornó al poder Deng Xiao Ping e inició el ricorsi. Comenzó por la agricultura, devolviendo la tierra a los campesinos y aumentando sus márgenes de venta en el mercado; buscaba asegurar la seguridad alimentaria para soltar la economía y llegar progresivamente al reino de la propiedad privada.  
Mientras que el caso de la URSS fue un derrumbe en toda la línea y no una negociación evolutiva como la china. El final de la URSS comenzó dos años atrás, al caer el Muro de Berlín en noviembre de 1989. Los países de Europa del Este se independizaron de Moscú, que perdió a sus satélites que había ganado al final de la II Guerra. La URSS quedó aislada y Occidente avanzó hasta sus fronteras. 
Para ese entonces, venían fracasando las iniciativas reformistas del líder soviético Mijail Gorbachov, quien había puesto en marcha la perestroika y la glasnost para intentar detener el declive del oso ruso. La perestroika era una reforma económica que intentaba introducir el mercado en una economía que Gorbachov deseaba siguiera siendo controlada por el Estado. El estancamiento económico llevaba muchos años y la perestroika no logró revertir el declive; por el contrario, la economía rusa se hundió. Ese desplome llevó a la crisis final de la URSS. Nada de ello había ocurrido en China, que inició su transición desde una posición de fuerza y no de colapso. 
Luego, la rebelión de las minorías nacionales disolvió la URSS. Empezando por los países bálticos y algunas repúblicas del Cáucaso, los estados miembros abandonaron la Unión. Incluso Rusia de Yeltsin dejó la URSS y le dio el puntillazo final, obligando a la dimisión de Gorbachov. Desde entonces, Rusia no se recupera, menos ahora que se halla en crisis, por depender excesivamente del petróleo en un momento de derrumbe de los precios mundiales. 
Así, ante Cuba de nuestros días se abren dos caminos: son las vías de transición del comunismo al capitalismo. Parece obvio que la ruta china luce más prometedora, mantiene en el poder al partido comunista y desarrolla la economía absorbiendo el capital. ¿Puede el PC cubano tomarla? No es asunto de voluntad, sino de condiciones objetivas difíciles de manejar. En todo caso, es evidente que la dirección cubana hace política y ello es clave para salir bien de este trance, los últimos días de los Castro.
Fuente: Diario La República. 24 de diciembre del 2014.

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