miércoles, 20 de enero de 2010

La increíble historia de Haití: la revolución esclavista y la república temprana.

Jacobinos negros

Por Antonio Zapata (Historiador)

El devastador terremoto que ha golpeado Haití convoca la atención sobre la isla caribeña. En la prensa limeña se pueden encontrar artículos sobre la extensión de la pobreza y la magnitud de los males sociales que la afectan. Pero, muy poco se conoce sobre su historia, que, sin embargo, registra episodios cruciales para toda América Latina.

En la historia universal, Haití es la única revolución exitosa conducida por esclavos. Todas las demás, empezando por la famosa de Espartaco, fueron derrotas, que se saldaron por el restablecimiento de la esclavitud. Los esclavos perdieron en todas partes. Pero, en Haití triunfaron y liberaron a la isla de la potencia colonial, que en la época era Francia. Fue la primera revolución tercermundista y estableció la segunda república del mundo, después de Estados Unidos.

Su líder era de origen africano y fue llamado Toussaint L’Ouverture; había sido propiedad de un convento, donde aprendió a leer y escribir. Entre los esclavos era el único letrado y llegó a ser un estadista. Reunió a un conjunto de generales que surgieron de la esclavitud abrazando el jacobinismo. Era la época de la Revolución Francesa y sus enormes repercusiones en el Caribe.
El ajusticiamiento de Luis XVI y su familia conllevó una enorme intranquilidad social en la isla. Hasta entonces, Francia había desarrollado grandes plantaciones azucareras, que hacían de Haití la perla del Caribe.

Durante el siglo XVIII, Europa accedió por primera vez al consumo masivo de azúcar. La producción se multiplicó a través de extensas plantaciones. Trabajadas en forma bien organizada, se extendían por el Caribe, Brasil y las colonias sureñas de Norteamérica. En realidad, la costa atlántica del Nuevo Mundo estaba llena de plantaciones, que producían para la exportación, esclavizando africanos provenientes del otro lado del océano.

Por su parte, Francia abolió la monarquía y aprobó estruendosamente los derechos humanos. Fue una gran conquista; inició la era democrática, basada en la igualdad jurídica entre ciudadanos. Pero al llegar la noticia al Caribe se quebró la legitimidad. La sociedad esclavista crujió profundamente antes de quebrarse.

Los terratenientes adherían a la monarquía y veían con poca simpatía el rumbo de la madre patria. Ellos entraron en conflicto con los nuevos representantes estatales y se generó una gran crisis entre los de arriba. Por su parte, los esclavos se preguntaban con creciente intensidad, si ellos también eran humanos, y por lo tanto les correspondía el mismo derecho que a los franceses.
Cuando Napoleón proclamó el imperio, terminando con la república francesa, estalló la revolución de Haití. Para 1804, había abolido la esclavitud, pero no proclamado la independencia. Toussaint era leal a la Francia de libertad, igualdad y fraternidad. Ese año, Bonaparte envió una expedición militar fuertemente armada, comandada por un cercano pariente suyo, el mariscal Lecrerc, que trató de reconquistar la isla a sangre y fuego.

Ahí fue la gran destrucción. Los ex esclavos resistieron fieramente, desatando la violencia contra los blancos y la propiedad, incluyendo la infraestructura productiva. Francia impuso el bloqueo liquidando la industria azucarera. Ante la prisión y deportación de Toussaint, sus sucesores –los jacobinos negros– desarrollaron una cruel guerra de razas.

Obtuvieron la independencia, terminaron el latifundio y cada familia de ex esclavos se hizo dueña de una pequeña chacra. Luego, se generalizó la pobreza que acompaña a Haití desde entonces. A consecuencia de la guerra imperialista, el país nació destruido y en crisis permanente. Lleva 200 años de pesadumbre.

Fuente: Diario La República.
Miércoles 20 de enero del 2010.