miércoles, 6 de octubre de 2010

Historia de las elecciones municipales en Lima.

Debate municipal de 1966 entre Luis Bedoya Reyes, de la alianza Acción Popular-Democracia Cristiana (AP-DC) y Jorge Grieve, de la coalición Apra-Unión Nacional Odriísta (PAP-UNO).

Las doce campañas de Lima

La capital celebra su duodécima elección municipal en 47 años. Durante este tiempo el número de electores casi se ha triplicado y la propaganda se ha diversificado.

Por: Nelly Luna Amancio

“El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Una de las sentencias más recordadas de Winston Churchill es con frecuencia apenas un buen deseo en el Perú. Congresistas que buscan la reelección o esperan el llamado para un puesto ministerial o viceversa. Dirigentes que aspiran a regidores. Regidores que se proyectan como presidentes regionales. Alcaldes que sueñan con la reelección o con la presidencia o con cualquier otro puesto más alto. Pocos son los que ceden el poder. La realidad parece siempre una permanente campaña electoral en el Perú.

Mañana, 18 millones 878 mil 337 ciudadanos elegirán a 12 mil 459 autoridades en todo el país. En Lima serán 43 los alcaldes electos por 5 millones 902 mil vecinos. Los triunfadores alegarán la consistencia de su campaña, los derrotados revisarán la suya. ¿Dónde empieza el éxito de una campaña electoral municipal?¿Han variado con los años los estilos y discursos? Aquí una revisión de las más importantes desde 1963.

1963: LA PREVALENCIA DEL DISCURSO

El proceso municipal de 1963 compitió con la siempre inagotable campaña navideña. Era diciembre y en los periódicos las noticias sobre los candidatos a la Alcaldía de Lima competían en espacio con los enormes avisos publicitarios sobre los mejores regalos para la Nochebuena. Luis Bedoya Reyes (alianza entre Acción Popular y la Democracia Cristiana, AP-DC) enfrentaba a María Delgado de Odría, representante de un extraño pacto entre el Apra y su peor enemigo, la Unión Nacional Odriísta, y esposa del ex presidente Manuel Odría. Fue la primera y única vez que un hombre y una mujer se disputaron el sillón municipal.

“Fue una campaña polarizada en dos grandes bloques. Delgado de Odría representaba el conservadurismo y Bedoya Reyes el centro, no había tantos partidos”, dice el historiador Antonio Zapata, quien explica que por esos años las maquinarias electorales comenzaron a funcionar como tales: organización y propaganda. La radio y los diarios jugaban todavía un papel más importante que la televisión. Lima tenía apenas 2 millones de electores. No había spots televisivos. Las campañas se hacían a pie.

Bedoya Reyes, con un discurso más directo y una propaganda mejor organizada, ganó la elección. Tres años después, en 1966, sería reelegido tras derrotar a Jorge Grieve (Apra-Unión Nacional Odriísta). Durante aquellos comicios Bedoya inauguró la videopolítica: debatió con Grieve frente a cámaras. “El debate fue trascendental porque el mensaje mediático funcionó. Yo creo que era la primera vez que un político convencía a través de los medios”, dice la comunicóloga y experta en propaganda política Carmen Rosa Vargas. Pero el orden constitucional que se había recuperado con la salida de Odría se volvió a resquebrajar con el golpe de Velasco en 1968.

LOS AÑOS OCHENTA O EL IMPERIO DE LA IMAGEN

El retorno de Fernando Belaunde al poder en 1980 garantizó –como en 1963, cuando convocó a elecciones locales tras 42 años de haberse suspendido– la realización de nuevos comicios municipales. Ganó Eduardo Orrego y fue la primera vez que Alfonso Barrantes participó representando a la coalición Izquierda Unida.

Tres años después, Barrantes volvió a presentarse. Los atentados terroristas en el interior del país acompañaban las noticias electorales de esos días. A diferencia de las campañas anteriores, en los periódicos había más propaganda política. Para aquel 13 de noviembre de 1983 (día de los comicios) las calles de la ciudad estaban completamente empapeladas por la publicidad de doce candidatos. Los más importantes, además de Barrantes, eran Alfredo Barnechea (Apra), Alfonso Grados Bertorini (AP) y Ricardo Amiel (PPC). El analista electoral Fernando Tuesta sostiene que recién a partir de ese momento la televisión adquiere un papel relevante. Surgen los primeros spots políticos. Se ingresa a lo que puede ser llamada la profesionalización y peruanización de la propaganda electoral.

LOS 90: ALTA SUCIEDAD

Las campañas más sucias, para Antonio Zapata, fueron las que protagonizó la prensa amarilla –a través de la televisión y varios diarios– durante las campañas municipales de los años 90 contra Alberto Andrade. “La virulencia de una campaña dependerá de cuán próximas estén las elecciones presidenciales”, anota el historiador. Recuerda que el actual panorama (elecciones municipales a seis meses de las presidenciales) no se presenta desde 1990, cuando Ricardo Belmont ganó la alcaldía y meses después Alberto Fujimori alcanzó la presidencia. Ambos fueron políticos antipartido. “Lo que pase ahora influirá sin duda en los comicios generales”, dice Zapata.

El uso masivo de la televisión para la propaganda electoral multiplicó los costos de las campañas en los años 90. “Se dejaron de hacer menos en las calles, en mítines o en desfiles, y mucho más en la televisión. Ahora, por ejemplo, solo hay desfiles de autos”, bromea el historiador. La campaña ahora está en los programas de mayor ráting.

Nuestra capital ha tenido doce campañas municipales en 47 años. ¿Han variado los estilos de hacer campaña aquí o en el resto del mundo? El publicista Gustavo Rodríguez sostiene que no tanto. “Por ejemplo, las esperanzas de cambio son universales y transversales en el tiempo. También las estrategias. Lo nuevo [Obama o Toledo en su momento] versus el temor a perder seguridad [reelección de Bush o segunda elección de Alan García]. El único cambio que he visto en los ultimos 20 años viene de la irrupción de las redes sociales: el boca a boca es mucho más rápido que antes”, comenta.

El Perú fue el penúltimo país de la región en dar el voto a la mujer.

El Perú fue el penúltimo país en América Latina en otorgar el voto a la mujer. Solo Paraguay lo hizo después. La presión internacional habría sido irresistible para el entonces presidente Manuel Odría. El historiador Antonio Zapata explica que el general quería quedar bien con las mujeres y canalizar así sus votos en las futuras elecciones. “Sin embargo, no ganó en ninguna de las dos siguientes”, precisa Zapata.

Fue el 7 de setiembre de 1955 que el gobierno de Odría concede el derecho de sufragio a las mujeres mayores de 21 años que supieran leer y escribir o a las casadas mayores de 18 años con el mismo requisito. Votaron por vez primera en los comicios de 1956.

El analista Fernando Tuesta señala que la discusión sobre este tema se planteó abiertamente en el Parlamento en los años 30 del siglo pasado. “Los grupos oligárquicos se opusieron al voto femenino, al igual que al de los analfabetos; los apristas abogaron por el voto solo de las que trabajaban; mientras que los socialistas defendieron el voto femenino irrestricto, pero con reservas sobre su aplicación inmediata por las condiciones de inmadurez en que se encontraban las mujeres”.

MÁS DATOS

Nombraban alcaldes a dedo

1. “La propaganda política es la madre de toda publicidad. Buscan convencer mentes y corazones”, dice la experta en propaganda política Carmen Rosa Vargas.

2. Cuando el general Juan Velasco Alvarado da el golpe de Estado contra el entonces presidente Fernando Belaunde en 1968, Luis Bedoya Reyes era alcalde de Lima. Velasco no lo destituye, lo mantiene, pero al terminar el período municipal en 1970 no convoca elecciones y nombra a dedo a Eduardo Dibós Chappuis como alcalde metropolitano.

3. Fue Fernando Belaunde quien en 1980 decide convocar elecciones municipales. Los últimos comicios locales se habían realizado en 1922. Luego Augusto B. Leguía los anuló y nombró a dedo a los burgomaestres. Lo mismo hicieron luego Benavides, Prado, Bustamante y Odría.

4. El historiador Antonio Zapata señala que Belaunde “entendió que había una relación entre la democracia política macro y la democracia micro, entendió que sin democracia municipal no es posible tener democracia nacional”.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 3 de Octubre del 2010.

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