martes, 11 de mayo de 2010

El Banco Mundial, los Informes sobre Desarrollo económico y el "take-off" peruano.

¿Qué tiene y qué le falta al Perú para saltar al desarrollo?

Por: Alfredo Barnechea (Analista)

Por más de 30 años, el Banco Mundial ha publicado un Informe sobre el Desarrollo. Ahora ha publicado una revisión del impacto de ese informe, y de lo que eventualmente se aprendió sobre el desarrollo (Shahid Yusuf, Development Economics. A Critical Look at 30 Years of the World Development Report).

¿Cómo surgió? Como tantas cosas en las teorías económicas, por algo que sucedió en Estados Unidos.

En 1964, el presidente Lyndon Johnson lanzó una "Guerra a la pobreza" (22,2 por ciento de norteamericanos vivían en pobreza y cuando dejó el poder el porcentaje había bajado a 13).

Robert McNamara había sido su Secretario de Defensa (y antes de Kennedy), antes de llegar a la presidencia del Banco Mundial. En 1973, en un discurso en Nairobi, lanzó por primera vez el tema de la pobreza, y en 1977 autorizó a Hollis Chenery a publicar un Informe anual, que tomara el "pulso" al desarrollo.

El tema del desarrollo económico, (cómo los países pobres podían "replicar" el proceso de los ricos) era una disciplina desde la posguerra. W.W. Rostow había hablado del "despegue" (take-off), Rosenstein-Rodan del "gran empujón" (Big Push) y Gerschenkron de un "Gran Chorro" (Great Spurt).

En esos 30 años, el Informe introdujo temas novedosos, que ampliaron la discusión sobre qué causa el desarrollo: pobreza, igualdad, instituciones, medio ambiente, salud. Pero esencialmente fue un reflejo de las modas intelectuales entre los economistas y, sobre todo, de lo que ocurría políticamente en los Estados Unidos, que designa la Presidencia del banco desde su fundación.

En la primera etapa del Banco, hasta McNamara, el foco fue qué hacía el Estado, el sector público.

A McNamara lo reemplazó en 1981, ya electo Reagan, A. Clausen. El enfoque cambió a poner los precios "correctos", y se desplazó al sector público en beneficio del sector privado, de los "mercados". Fue además la etapa del "ajuste estructural".

Esa etapa (con otros dos presidentes más, Conable y Preston) duró hasta que llegó, ya electo Clinton, James Wolfensohn, quien, apoyado en las reflexiones de Amartya Sen y Douglas North, introdujo un horizonte más amplio, para incluir "conocimiento" e "instituciones".

¿Qué cosas ocurrieron en el mundo real del desarrollo, mientras todo esto se publicaba en Washington? Ante todo la emergencia de los dragones del Asia. Ella, junto con el colapso del modelo de sustitución de importaciones, ayudaron a imponer un nuevo paradigma. Surgió, en la era Reagan-Thatcher, el Consenso de Washington.

En los últimos 20 años ocurrió la caída del comunismo, la re-emergencia de China e India, y en general los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el cambio climático como medida o nuevo "horizonte" para juzgar todo intento de desarrollo.

Al fondo, como decorado desolador, el estancamiento permanente de África, pese a la ayuda masiva y a los miles de expertos en desarrollo.

¿Qué aprendimos en estos treinta años sobre el desarrollo? Muchas cosas, y al mismo tiempo nada.

En uno de los comentarios finales al libro, William Easterly llega a la conclusión de que no puede "predecirse" el desarrollo, que las variables que explican un caso no se repiten en el siguiente.

Los innumerables estudios empíricos "comprueban" cosas contradictorias. En un caso la educación primaria afecta al crecimiento, en otros no. En un caso las instituciones ayudan y en otros son irrelevantes. En unos los avances en salud mejoran el ingreso y en otros su impacto sobre el ingreso per cápita es marginal.

¿Qué es lo que causa el desarrollo: el capital? ¿La infraestructura? ¿La educación? ¿Las exportaciones, el comercio abierto? ¿Las instituciones jurídicas? Todos concuerdan que el crecimiento está en la base del desarrollo, ¿pero qué causa el crecimiento? Asimismo, ¿desarrollo es crecimiento, o, como ahora buscan otros, ciertos índices de "felicidad"? De todos los puntos de vista, quizá el más sólido sea el siguiente: a largo plazo, los países no se desarrollan basados en sectores económicos de rendimientos "decrecientes", sino en sectores de rendimientos "crecientes" (léase tecnología, innovación).

En este rompecabezas, ¿qué tiene el Perú y qué le falta? En el "haber", entre otras cosas, una gran dotación de recursos naturales, que pueden financiar la conversión a una economía del "conocimiento".

Capital humano, entre otras cosas nuevas y masivas clases medias.

Un lugar estratégico en el mapa (vecino al Brasil, y una larga plataforma en el Pacífico).

Extraordinario capital de biodiversidad, que será la materia prima del futuro.

Pero en el "debe", entre otras cosas, baja calidad en la educación. Asimetrías regionales. Déficit en infraestructura. Inexistencia de una "infraestructura" del sistema de innovación. Bajo nivel de "confianza" (trust), que siempre está ligado a la desigualdad. Un Estado y un sistema político que no funciona, o no funciona como debería.

Y, sin embargo, el Perú está en el umbral de una "ventana de oportunidad" histórica, cuya locomotora es Asia ("Chindia").

¿Qué tiene que ver este debate de fondo con lo que uno ve en la "esfera pública", la suma de la televisión, la prensa, los debates en el Congreso, incluso, si se quiere, los blogs en internet, todo plagado de miseria? Nada. Porque si seguimos esa esfera pública, el país está en descomposición. Pero el país no está en descomposición sino en crecimiento.

Lo que tenemos que cambiar es la política, y eso sólo lo podrá hacer una vasta coalición. ¿Cuál es el "ancla" de esa coalición?

Fuente: Diario Correo. 9 de Mayo del 2010.