lunes, 23 de junio de 2014

Una mirada histórica al gobierno de Juan Velasco Alvarado.


VELASCO Y LA REVOLUCIÓN AMBIGUA

Eddy Romero Meza

El último jueves, revisando la prensa veía la curiosa coincidencia de dos columnistas, quienes aludían al general Velasco Alvarado en sus respectivos artículos. Los autores, ubicados en las antípodas políticas, daban testimonio de sus muy distintas percepciones del régimen velasquista.

En el diario La República, el sociólogo Sinesio López, señalaba:

El modelo neoliberal ha producido más ciudadanía que otros modelos. No es cierto. La reforma agraria de Velasco, al acabar con el gamonalismo y la servidumbre en el campo, produjo más ciudadanos que el neoliberalismo.(1)

Mientras en el diario Perú 21, el periodista Aldo Mariátegui, escribía:

En realidad, el probable culpable de que no hayamos ido a Alemania 74 fue Velasco, quien impidió con un veto que el muy buen arquero Ballesteros, ya nacionalizado peruano, tape por Perú. ¡Hasta en eso nos dañó Velasco!(2)

Ciertamente, el primero alude a un tema crucial, mientras el segundo a uno de tipo anecdótico. Lo interesante es ver cómo el gobierno revolucionario de Juan Velasco Alvarado (1968-1975), aún se encuentra muy presente en el imaginario histórico peruano. Las referencias y alusiones a él son constantes tanto en el medio social como político, y esto a pesar de haber transcurrido casi 40 años de su régimen.

Debemos reconocer sin embargo que 40 años son nada en términos históricos (aunque mucho en tiempo cronológico). Por ejemplo, en España, la memoria de Franco, es permanente y todavía polarizante. Ello debido tanto a lo prolongado de su dictadura como a lo notorio de su herencia histórico-política. Por nuestra parte, el velascato fue apenas un periodo de 7 años, pero de intensos cambios para el país.

Actualmente, la izquierda política reconoce su dimensión transformadora (revolución social), mientras la derecha política enfatiza su carácter autoritario y el fracaso en materia económica. Lo incuestionable es el impacto que ha tenido y tiene Velasco sobre el imaginario social peruano, ya sea a favor o en contra. Lo único que no genera Velasco es indiferencia.

El gobierno revolucionario

Como se sabe, el gobierno revolucionario de las FF.AA, se inauguro en 1968, tras el golpe de estado contra Fernando Belaunde Terry; y si bien su propósito era conformar un régimen institucional de las FF.AA, no pudo contra 150 años de caudillismo militar. De esta manera se personalizo el gobierno revolucionario en la figura de Juan Velasco Alvarado, jefe del comando conjunto (3).

Varias son las denominaciones que ha recibido este régimen: nacionalista, dictatorial, antiimperialista, antioligárquico, populista o revolucionario. Lo cierto es que se trato de un extraño experimento de militares reformistas que ejecutaron medidas de corte socialista. El historiador Peter Klarén, señala al respecto: “En retrospectiva, el GRFA (Gobierno revolucionario de las FF.AA) percibía que la desunión y el subdesarrollo constituían los principales problemas del país, siendo sus causas la “dependencia externa” del capital extranjero y la “dominación interna” por parte de una oligarquía poderosa. Esta era una vieja critica nacionalista y anti-oligárquica abrazada por los sectores progresistas de la clase media ya en la década de 1930, al fundarse el APRA, y expresada cada vez más por los nuevos partidos reformistas (por ejemplo Acción Popular y el Partido Demócrata Cristiano) surgidos en la década de los 60, conjuntamente con sectores de la Iglesia y de las mismas fuerzas armadas. La solución, según el GRFA, era la erradicación de los “enclaves del imperialismo extranjero” y el paso a un modelo económico de crecimiento y desarrollo autónomo en lugar de uno liderado por las exportaciones” (4). Los militares de este periodo, se habían formado en el CAEN (Centro de Altos Estudios Nacionales), donde habían absorbido ideas de corte progresista y de carácter nacionalista. Velasco se acompañaría a su vez de intelectuales diversos, quienes asumirían funciones gubernamentales o de propaganda política: Carlos Delgado (ideólogo principal), Augusto Salazar Bondy, José Matos Mar, Alberto Escobar, Hugo Neira, Martha Hildebrandt, etc.

Este experimento de reformismo por militares de izquierda, fue un desafío para las ciencias sociales de la época. Su carácter sui generis, lo hacía inclasificable, y solo se apelo a emplear etiquetas que iban desde gobierno populista hasta corporativo. La revolución de los 70s, fue la única revolución del siglo XX en términos políticos e impacto social. Represento el quiebre del esquema tradicional u oligárquico. Es difícil aún hoy caracterizar este periodo, las distintas denominaciones que ha recibido nos dan una idea: revolución desde arriba, revolución burocrática, revolución por decreto, revolución ambigua, etc. Fallan sin embargo, aquellos que la etiquetaron de fascista en su momento.

Leer artículo completo en: Hispanic American Historical Review  (Duke University)