domingo, 29 de junio de 2014

Mirada crítica a la historia peruana.


LA HISTORIA PERUANA EN PERSPECTIVA

Eddy Romero Meza

El estudio de la historia ha implicado establecer grandes periodos y designar etapas específicas. Estas clasificaciones se mueven entre cuestionamientos permanentes o aceptaciones acríticas. Tal es el caso de la historia peruana, la cual ha sido dividida desde varios criterios, algunas veces más políticos o ideológicos, que históricos.

Para dividir la historia se debe ir más allá de las nociones de tiempo cronológico; es necesario establecer cuidadosas observaciones sobre los momentos de cambios yrupturas así como de continuidad histórica; a esto se le denomina “tiempo histórico”  (tiempo interpretativo). Recordemos por ejemplo al maestro Eric Hobsbawm, quien señalaba al siglo XX como un siglo corto (desde 1914 con la Primera Guerra Mundial hasta 1991 con la desintegración de la URSS); esto en contraposición con el siglo XIX, un siglo largo (de 1789 con la Revolución Francesa hasta 1914 con la Gran Guerra). Ciertamente ello obedeció al descubrimiento de unidades históricas por parte del historiador inglés y no a ideas antojadizas. (1)

La construcción de una historia nacional por los grupos criollos, los discursos indigenistas y la influencia de modelos como el marxismo son notorios en la narrativa histórica peruana; cuya periodificación y denominaciones son necesarias revisar por su fuerte vigencia en la escuela, universidades e imaginario social en general.

El Perú antiguo

Marcado por la presencia de grandes sociedades agrarias tanto en la costa como en los andes. Denominadas culturas andinas de manera general o civilización de los andes por autores extranjeros (2). La historiografía tradicional las denomina “culturas pre-incas”, evidentemente por la preeminencia que se le otorga a los incas. Ello en desmedro de la importancia que alcanzaron reinos como los Moche o Wari. Algunos enfatizan que la etapa imperial de los incas “el Tahuantinsuyo” duró menos de un siglo, lo cual contrastaría con los casi 3,000 años de desarrollo de las culturas regionales. Observación atendible, aunque la valoración histórica de una sociedad no depende solo de la duración cronológica.

Los grupos indigenistas vieron en este pasado la etapa más importante de nuestra historia. El rescate del valor de la cultura andina comenzó tempranamente con Garcilaso y sus Comentarios Reales (S. XVI), y en el tiempo se expresara en autores extranjeros como el inglés Prescott o el español Sebastián Lorente, quienes destacaran a los incas como temprana fuente civilizatoria del Perú. La agenda indigenista de fines del XIX e inicios del XX buscó visibilizar la fuerte tradición histórica que heredamos de esta época (las llamadas culturas milenarias). Para ello se apoyaran en variadas fuentes, valiéndose entre ellas de la arqueología, donde investigadores como Max Uhle y Julio C. Tello demostraron el notable valor cultural de las tradicionalmente llamadas “culturas precolombinas”. (3)

Los marxistas por su lado vieron en el estado incaico una “experiencia socialista” en los andes. Destacando el comunitarismo del ayllu y las supuestas condiciones de igualdad social y bienestar general del Tahuantinsuyo. Historiadores críticos como Pablo Macera, denominaron a la etapa pre-hispánica, como la de “autonomía” (culturas peruanas libres), frente a la etapa de “dependencia” colonial y de “semidependencia” republicana. Un discurso que tomó gran fuerza en los 70s y 80s, derivado de la famosa “teoría de la dependencia” latinoamericana.

Este periodo es el que más “orgullo nacional” genera; su narrativa histórica está marcada por la exaltación de la grandeza cultural del Perú antiguo, y hoy forma parte de la construcción de la llamada “Marca Perú” (una suerte de nacionalismo turístico).

Aún desconocemos mucho de este periodo, pero lo descubierto genera alta valoración entre estudiosos extranjeros y nacionales. Gran parte de la cultura popular y no popular del país no se explica sin este legado; pero lastimosamente a veces los peruanos se pierden entre postales de Machu Picchu y nostalgias sobre pueblos originarios que casi desconocen. Por último, los primordialistas hallaran en esta etapa la base y esencia de la nación peruana.

¿Invasión o conquista?

Una discusión que alcanzo su mayor tono en 1992, fecha en la cual se cumplían los 500 años del “Descubrimiento de América”. Mientras debatían los defensores de “El encuentro de dos mundos” y los que denunciaban el “genocidio” perpetrado por los europeos; en el Perú se apostaba por la continuidad de la leyenda negra española y el posterior retiro de la estatua de Pizarro de la plaza mayor de Lima.

Historiadores como Juan José Vega consideraban que el término “invasión” describía mejor la brutalidad de la ocupación española en el Tahuantinsuyo. Mientras historiadores como José Antonio del Busto, señalaban que la palabra “conquista” implicaba resistencia de los atacados y esfuerzo de los atacantes (a diferencia del término  invasión que podía llevar al equívoco de que no hubo resistencia).

Sobre este asunto, el psicoanalista Max Hernández señala acertadamente que: Es difícil poner entre paréntesis el peso ideológico que gravita en los términos descubrimiento, encuentro de dos mundos, choque cultural, invasión, conquista, usurpación; basta con tener en cuenta que distan mucho de ser sinónimos. Cada uno de ellos cifra una lectura de la historia y juntos son como la gran punta del iceberg de un gran debate historiográfico en el que se juegan asuntos de gran calado que afectan el marco teórico de comprensión del acontecimiento. La opción entre los adjetivos “descubierta”, “inventada” o “hallada” no es inocente.

Leer artículo completo en: Hispanic American Historical Review (Duke University)