jueves, 1 de mayo de 2014

Nicolás de Piérola y su trayectoria política.

Un siglo sin Piérola

Durante este año, en el Perú se han conmemorado 50 años de la aparición de “La Ciudad y los Perros”, una de las primeras novelas reconocidas de nuestro Nobel Mario Vargas Llosa; así como el medio siglo de la desaparición del gran poeta y revolucionario Javier Heraud. Pero pocos han recordado que hace cien años dejó de existir uno de los políticos peruanos más importantes y controvertidos de nuestra historia: Nicolás de Piérola. 

Víctor Liza

Las elecciones presidenciales de 1990 fueron, sin duda, las más sorprendentes de nuestra historia republicana, debido a la inesperada elección como primer mandatario del desconocido (en política) Alberto Fujimori. Era el principio del fin de los partidos “tradicionales”, y el comienzo de una de las épocas más oscuras de nuestro pasado reciente.

En esos mismos comicios hubo dos candidatos que, aunque lograron una minúscula votación, llamaron la atención por la herencia política que llevaban detrás. Una de ellas fue Dora Larrea del Castillo, quien además de destacarse por ser la primera mujer que postuló a la presidencia del país en 170 años, encabezaba un partido que firmó su acta de defunción en esa elección: la Unión Nacional Odriísta, fundada por el exdictador Manuel Odría, años después del “ochenio”.

El otro candidato llamaba la atención no solo por el nombre, sino por el apellido: Nicolás de Piérola Balta, que era candidato por la Unión Democrática, y era nada menos que el sobrino nieto del dos veces presidente del Perú, Nicolás de Piérola Villena, “el Califa”, personaje que marcó la vida política del país durante más de cuatro décadas, entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Piérola Balta, que además era bisnieto del extinto presidente José Balta (que curiosamente nombró ministro de Hacienda al tío abuelo del candidato presidencial), apenas sacó 9,541 votos de entre casi ocho millones de votantes que participaron en aquellas elecciones de 1990. Eso demuestra que el apellido no endosa ni hereda el carisma político, el que Nicolás de Piérola Villena tuvo de sobra.

LOS PRIMEROS PASOS

José Nicolás Baltasar Fernández de Piérola y Villena nació en Arequipa el 5 de enero de 1839. A los 14 años ingresó a estudiar al Seminario de Santo Toribio, en Lima, pero en 1860 abandonó sus estudios de Teología y Derecho, y se casó con su prima hermana, Jesusa de Iturbide, hija del Príncipe Imperial de México Agustín Jerónimo. Sus padres habían fallecido tres años antes, y se dedicó a los negocios y el periodismo, colaborando en periódicos católicos.

Su aparición en la escena política ocurre al día siguiente de su cumpleaños número 30, el 6 de enero de 1869, cuando el entonces presidente José Balta lo nombra ministro de Hacienda. De inmediato pidió autorización al Congreso para negociar directamente la venta del guano al exterior, que estaba en auge en aquel momento, y logró realizar un contrato con la Casa francesa Dreyfus, firmado seis meses después, pese a las protestas de los consignatarios.

Con los 73 millones de soles que recaudó el Estado, producto de la venta de dos millones de toneladas de guano a Dreyfus, el gobierno de Balta comenzó a emprender la realización de obra pública. Luego de dejar el fajín ministerial en julio de 1871, Piérola debió enfrentar una acusación del Congreso en 1872 por sus responsabilidades como ministro, luego de considerar que el Contrato Dreyfus afectó los intereses nacionales. El joven exministro salió bien librado.

Dos años después, y luego de un periplo por Francia, Piérola encabezó una revolución denominada “la Expedición del Talismán” contra el presidente Manuel Pardo, que había sucedido a Balta, pero fracasó. Luego emprendió otros intentos de insurrección contra Pardo en 1876 (Moquegua) y contra Mariano Ignacio Prado en 1877 (Callao), los dos sin éxito. Sin embargo, estas incursiones le dieron popularidad.

LA GUERRA DEL PACÍFICO

En 1879 el Perú ya estaba inmerso en el conflicto bélico con Chile. Piérola, de vuelta en el país, ofreció sus servicios al régimen de Prado, pero fue rechazado. En un hecho controversial hasta la fecha, este último viajó en noviembre a Europa con el supuesto propósito de comprar armas, y dejó la presidencia en manos de Luis La Puerta. Al mes siguiente, La Puerta debió enfrentar una nueva sublevación de Piérola, que esta vez fue victoriosa.

Una vez en el poder, Piérola declaró que Prado era un traidor a la patria por ausentarse del país en pleno conflicto con Chile. Sin embargo, su actuación al mando del país durante la guerra tampoco fue positiva para los intereses nacionales.

En su libro “La Campaña de la Breña – Memorias”, el futuro mariscal Andrés Avelino Cáceres relató que Piérola dejó abandonadas a su suerte a las fuerzas peruanas, que tenían que combatir en condiciones lamentables. Nunca equipó adecuadamente y tampoco envió refuerzos a los batallones comandados por Cáceres que, pese a su poca destreza y falta de armamento, dieron recia pelea, haciendo que el enemigo se sintiera desalentado por momentos pese a su superioridad numérica y técnica.

Además de esto, según historiadores y testimonios de combatientes de la Guerra del Pacífico, Piérola comenzó a nombrar en los batallones del Ejército a gente adicta a su entorno, hecho que perjudicó el desempeño de los soldados en el conflicto; además de tomar decisiones al mando de la guerra que perjudicaron a los luchadores. Y por si fuera poco, las medidas económicas que tomó llevaron al país a la bancarrota.

Piérola no pudo ver el final de la guerra como jefe de Estado peruano. El 17 de enero de 1881 las tropas chilenas ocuparon Lima y Piérola trasladó la sede de gobierno a Ayacucho, pero diversos pronunciamientos en diversas partes del país lo llevaron a dimitir el 28 de diciembre de ese mismo año.


REINVENCIÓN Y VUELTA AL PODER

Tras su fracaso como gobernante, Piérola fundó el Partido Demócrata en 1882, y poco después viajó nuevamente a Europa. Al año siguiente retornó al país, y mantuvo neutralidad en los regímenes de Miguel Iglesias (1883-1886); Cáceres, que sería su acérrimo enemigo (1886-1890); y Remigio Morales Bermúdez (1890-1894); bajo el argumento de que el país necesitaba tranquilidad, luego del desastre de la guerra.

Sin embargo, en 1890 fue apresado y sometido a proceso por su actuación en aquel conflicto. Logró escapar de la prisión en octubre de ese año, y embarcó del Callao rumbo a Panamá, y luego a Europa al año siguiente. En 1893 estuvo en Chile.

Al año siguiente, el presidente Morales Bermúdez falleció repentinamente, y su puesto quedó en manos de Justiniano Borgoña. Leal a Cáceres, disolvió el Congreso y convocó a nuevas elecciones, en las que naturalmente se impuso “el Brujo de los Andes”.

El Partido Civil, que había gobernado durante Pardo, y el Demócrata de Piérola, se aliaron para oponerse a Cáceres, formándose la Coalición Nacional. Inmediatamente surgieron grupos de montoneros para derrocar al héroe de la Guerra del Pacífico. 

Luego de esto, Piérola volvió al país el 4 de noviembre, lanzando un “Manifiesto a la Nación”, con el que se ponía al mando de los montoneros y daba inicio a una guerra civil. El 17 de marzo de 1895, Piérola ingresó a caballo junto a sus huestes en la Portada de Cocharcas, hecho retratado en un óleo por el pintor Juan Lepiani. Las fuerzas caceristas retrocedieron por dos días hasta Palacio de Gobierno. Aunque no habían sido derrotados, entendieron que había un cierto fervor popular a favor de Piérola.

Con la mediación del Cuerpo Diplomático, los caceristas accedieron a entregar el poder al civilista Manuel Candamo, quien convocó a elecciones en las que se presentó solamente Piérola. Tras vencer sin contendor, asumió en setiembre de 1895.

SEGUNDO GOBIERNO Y ÚLTIMOS AÑOS

El segundo gobierno de Piérola logró completar los cuatro años de mandato que estipulaba la Constitución de 1860. En esta ocasión consiguió la recuperación económica del país, aunque inició la era denominada por los historiadores como “República Aristocrática”. También realizó varias obras públicas, reforzó el ejército, y modernizó la urbe.

Aunque no contó con oposición del Partido Constitucional de Cáceres, y contó con el apoyo del Partido Civil, Piérola afrontó duras críticas del destacado intelectual Manuel González Prada, quien sería gran influencia en los futuros movimientos sociales de los primeros treinta años del siglo XX, como fueron la alianza obrero-estudiantil que forjaron Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui.

González Prada reprochó a Piérola, con su discurso anarquista, haber dejado de lado a los indígenas, además de haber olvidado a los campesinos y los obreros. También denunció que la corrupción campeaba en el régimen pierolista.

En 1899 Piérola dejó la presidencia. Al año siguiente postuló a la alcaldía de Lima, pero fue derrotado sorpresivamente por el independiente Federico Elguera. En 1904 anunció su postulación a la primera magistratura de la Nación, pero luego declinó, hecho que favoreció a José Pardo, hijo de su rival de antaño, Manuel Pardo.

En 1909 ocurrió un hecho singular. Un grupo de simpatizantes pierolistas, sin la venia de su líder, entraron sorpresivamente a Palacio de Gobierno, donde se encontraba el entonces mandatario Augusto B. Leguía, a quien capturaron y pasearon por varias calles del centro de Lima.

Los pierolistas pidieron la renuncia al presidente, además de exigirle firmar un documento con el pedido, ante lo que Leguía respondió, “¡no firmo!”. Esa respuesta generó la intervención de la fuerza pública, que dispersó y capturó a los opositores. Piérola, que ya tenía 70 años, tuvo que esconderse luego por la persecución gubernamental.

Una de sus últimas intervenciones fue la célebre frase que pronunció ante el entonces presidente Guillermo Billinghurst, al que dijo en 1912: “¿Cómo pretende gobernar bien el país si antes no gobierna bien sus nervios?”.

Piérola falleció el 23 de junio de 1913, a los 74 años. Su funeral al grito de “¡Viva Piérola!” fue multitudinario, según los historiadores y documentos de la época. 

Fuente: Diario La Primera. 24 de julio del 2013.