domingo, 22 de noviembre de 2009

Repensar el Proceso de Independencia Americana.

El drama humano de la independencia

Por: Jorge Paredes (Polígrafo)

La Independencia fue ante todo un drama humano. Una guerra civil que duró al menos dieciocho años. Históricamente, podemos situarla como parte de un movimiento continental iniciado en 1808, con la invasión napoleónica a España, y su fin puede establecerse en 1826, con la partida de Bolívar. Una guerra que involucró a todas las capas de la sociedad, desde aristócratas criollos hasta las élites regionales, desde mujeres mestizas, indias y criollas, hasta los montoneros de la sierra central, pasando por los negros esclavos y libertos. No fue —como suele creerse—, un enfrentamiento entre grupos cerrados de patriotas y realistas, sino entre personas con intereses diversos y muchas veces contrapuestos. Un personaje o grupo podía estar en determinado momento a favor de una y otra causa. Una ciudad como Huanta podía ser realista, mientras que su vecina Huamanga podía ser patriota. Antes de la Batalla de Ayacucho, los generales dejaron que la gente de uno y otro bando se salude, porque había amigos y parientes en los dos lados.

En bancarrota
España, sumida en el caos, no aportó ni un peso a la lucha. Esto quiere decir que fue el Perú el que económicamente solventó a realistas y patriotas, y sufrió, además, la ocupación de tropas venidas de Chile, con San Martín, y de la Gran Colombia, con Bolívar. La Independencia no solo dejó al Perú en la bancarrota financiera, sino terminó siendo un cúmulo de expectativas frustradas.

“Más que una guerra contra España fue una guerra entre americanos”, explica el historiador Juan Luis Orrego, uno de los editores de un libro que pone el acento en la participación de lo que hoy llamaríamos la “sociedad civil”. A doce años del bicentenario, este trabajo nos deja el siguiente mensaje: el tiempo de los próceres, que ayudaron a construir los estados-nación, ya pasó. Ahora se trata de reescribir la historia a partir de otros actores, menos épicos y más terrenales.

Muchos protagonistas
¿Cómo enfocar la Independencia desde los actores sociales?
Fue una guerra civil, aquí y en todos los países hispanoamericanos. Hay que dejar de tener la visión maniquea de que fue una guerra entre patriotas y realistas. Hay que verla dentro de un contexto revolucionario, en el que se producen cambios bruscos, y la gente tiende a optar por una u otra opción.

Entonces las actitudes y lealtades se movían en función de la propia seguridad y conveniencia personal. Muchas familias se partieron, otras abandonaron el territorio, y cada grupo social canalizó sus expectativas de manera distinta.

¿En este contexto se involucró a muchos grupos y clases sociales?
El Perú era un territorio complejo y por eso la guerra no fue la misma para todos. No fue igual para un indio, que quería dejar de pagar el tributo o escalar posiciones, o para un negro que ansiaba la libertad o para otro que ya era liberto, o para un criollo. Por ejemplo, las expectativas de los criollos de la clase alta, que se sentían españoles, eran monárquicas por su seguridad, y no eran las mismas que las de los criollos del interior del país, digamos de la clase media del Cusco, Huamanga o Trujillo. Por eso fue también una guerra regionalista. Una pregunta que puede suscitar todo un debate es ¿por qué y para qué peleaban los indios? Hay que tener en cuenta que no eran iguales los indios que vivían en las comunidades de la sierra a los de Lima o del norte. Entonces la Independencia nos remite a un escenario complejo, difícil de interpretar.

Patriotas y realistas
¿Por qué afirma que hay que revisar los términos “realistas” y “patriotas”?
La Independencia fue un embarazo prematuro. La gente tuvo que asumir retos y tareas para las cuales no estaba preparada. Hay que tener en cuenta que mucha gente con experiencia de gobierno y administración, la élite burocrática, digamos, partió a España durante la guerra. Era gente que nos pudo haber servido de mucho en la construcción del nuevo Estado, que se hizo con gente mayormente improvisada. Y, claro, hay que revisar el término patriota y realista, ¿acaso ser realista significaba ser antipatriota? Los que ahora llamamos realistas tenían una visión distinta sobre el destino de este territorio, pero no significaba que no lo querían o no se sentían involucrados con él.

El papel de las mujeres
En el libro se menciona a dos sectores que antes eran invisibles: los montoneros indígenas que con su actuación obligaron al retiro de las tropas del virrey La Serna al Cusco y las mujeres indígenas, mestizas y criollas.
El tema de las mujeres está por estudiarse. Otros países nos llevan ventajas en ese tema. Nosotros nos hemos quedado en la cuestión anec-dótica de las compañeras o amantes de los libertadores, Manuelita Sáenz en el caso de Bolívar y Rosa Campusano en el caso de San Martín.

Pero creo que uno de los aportes más importantes fue el de las rabonas. Ellas se encargaron de todo lo que ahora se llama la logística, algo que necesita un ejército en campaña. Ellas no solo cocinaban, sino se adelantaban a las tropas para armar los campamentos, después cuidaban de los heridos, enterraban a los muertos. Su aporte se prolongó durante todo el siglo XIX, hasta la Guerra con Chile. Por ello, muchas de ellas fueron tomadas prisioneras y fusiladas por los realistas.

AYACUCHO
“Tras la derrota, el virrey La Serna reaccionó pronto. No podía permitir que los patriotas dominaran la sierra, el tradicional fortín realista. Hacia finales de noviembre, los realistas salieron del Cusco con todas sus fuerzas, unos 9 mil hombres, en su mayoría peruanos. La batalla final se llevó a cabo a mitad de camino, en Ayacucho, el 9 de diciembre. Fue un encuentro dramático, pues había peruanos en ambos bandos. Sucre aseguró que tuvo solo 300 bajas mientras que los españoles acusaron 1.600 muertos”.

[Fragmento de “Las independencias desde la perspectiva de los actores sociales”]

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 22 de noviembre del 2009.

2 comentarios:

Juan dijo...

Hola Edye, buena entrada nos publicas hoy. En esos años, en España, ya ni se pensaba en América. Bastantes problemas había ya entre liberales y absolutistas. A mediados del siglo XVIII ya no intresaba creo que a nadie el imperio ultramarino. Por ello los criollos fueron los que decidieron la emancipación, por encima de los indios o negros. De ahí que éstos, en agunos casos, fueesn proespañoles al ver sus enemigos de clase en esos emancipadores. Muy buen libro, ya me lo comentarás y me dirás si merece la pena comprarlo, porque el título es muy interesante.
Saludos.
Juan.

EDDY W. ROMERO MEZA dijo...

Hola Juan, mi amigo peninsular. Bueno se inicia un interesante dialogo académico y social, sobre las independencias americanas (un enfoque mas diverso), en Iberoamérica. Este bicentenario servirá para repensar la emancipación y la complejidad de las relaciones entre los diferentes actores (Pueblo, Elites criollas, Ejército, Iglesia, intelectuales, entre otros). Me entusiasma el poder comprender mas sobre las dinámicas regionales que generaron situaciones aparentemente “sorprendentes”, como el apoyo de múltiples grupos indígenas a los “realistas”. De igual manera observar los diferentes intereses que movilizaron a los grupos criollos y mestizos, tanto a favor como en contra de la independencia.

No debe olvidarse que dentro de la independencia, ya son observables los distintos conflictos regionales, que de alguna manera perviven en nuestro continente. Es el caso de Buenos Aires-Provincias del interior/ Quito-Guayaquil/ Lima-Sur andino/ Alto Perú-Bajo Perú/.

Hasta pronto amigo, un abrazo desde esta colonia gobernada por el virrey Alan García Conde del frontón.