lunes, 23 de noviembre de 2009

Economía de los recursos naturales versus economía del conocimiento.

El panorama sudamericano del Perú

Alfredo Barnechea (Analista político)

LIMA. Acabo de participar en el X Foro Iberoamérica en Buenos Aires. Cada año, un grupo de políticos, empresarios y académicos de América Latina y la península ibérica, nos reunimos a puerta cerrada para discutir el estado de la región. Felipe González ha dicho que es "discreto, pero no secreto". Podemos contar, así, qué grandes temas se discuten, pero no qué se dice ni quién lo dijo.

Nuestra reunión del 2008 en Sevilla coincidió con el estallido de la crisis internacional. Un año después nos hemos juntado para evaluarla. Una conclusión ha sido constatar la ausencia de una arquitectura en el sistema global.

Otros dos temas, insistentemente señalados, han sido la necesidad de más equidad en la región, y luego cómo usar esta ventana de oportunidad del actual crecimiento económico, para pasar de los recursos naturales a una economía del conocimiento.

El panorama político de América Latina, y quizá especialmente el de América del Sur, es más bien desolador, en contrapartida al aparente despegue económico. Veamos algunos síntomas.

En Perú tenemos la relación bilateral con Chile donde está.

Entre Colombia y Venezuela la situación es grave (lo que hace que el Pacto Andino, basado primordialmente en los intercambios colombo-venezolanos, está paralizado, como, por otras razones, está paralizado también el otro acuerdo de integración sudamericano, el Mercosur).

La polaridad política, lo que mi amigo Michael Reid ha llamado "la batalla por el alma" de América Latina, impide que podamos organizar eficientemente el uso común de los grandes recursos sudamericanos. Por ejemplo, no podemos organizar plataformas integradas para el uso de la energía.

El armamentismo se ha disparado en la región, incluyendo un tema hasta ahora ausente que es el tema nuclear. El Tratado de Tlatelolco hizo que América Latina fuera la región del mundo libre de la proliferación nuclear, pero las compras de Brasil a Francia siembran una duda. No sabemos cuánto tiempo falta para que ese tema surja en Chile, con el argumento de su uso dentro de una matriz energética plural.

No hay una verdadera "plataforma" política regional para arbitrar estos problemas.

Esto refleja la crisis de la arquitectura política global ya mencionada.

Por ejemplo, en la crisis, los bancos centrales han sido claves, pero el Fondo Monetario y los organismos multilaterales no.

Estados Unidos ha dejado de ser "suficiente". La ilusión del superpoder único, surgida al día siguiente de la caída del Muro de Berlín, se ha desvanecido. Estados Unidos estimula los "G", que se multiplican. Al G-8 (que fue antes G-7 con Canadá), se suma el G-20 para incluir los grandes países emergentes. Y ahora aparece el G-2, Estados Unidos con China, instrumental por ejemplo para la conferencia de Copenhague sobre cambio climático (ambos países por una conferencia "blanda").

A esos "G" tiene que sumarse, entre tantos grupos, los "Bric" formado por Brasil, Rusia, India y China, y que alguien ha dicho que sin la C (de China) sería sólo Bri, una suerte de queso.

Esta falta de una plataforma regional impide, entre otras cosas, no sólo no tener información transparente, compartida, sobre armas, digamos, sino también impide tener una organización eficiente del uso de los recursos comunes. ¿De quién es el Amazonas por ejemplo? ¿O cómo usamos la energía como una herramienta de integración, como lo fue el carbón y el acero para Europa?

En el Foro estaban algunas de las figuras más importantes para la política internacional de Brasil. Uno de ellos nos decía que Brasil no renuncia a ningún nivel internacional: los va agregando.

¿Debe imitar esa estrategia Perú?

El Perú está en una oportunidad única para el desarrollo económico. Está en una ventana incluso "demográfica" para hacerlo. Sus tareas son casi obvias. Infraestructura, educación, salud universal, cierre de la brecha del sur andino.

El gran tema de fondo es por supuesto cómo pasar de una economía de los recursos naturales a una del conocimiento, de una economía basada en sectores "decrecientes" a una basada en sectores "decrecientes". Los recursos naturales, como Canadá o Australia lo han mostrado, no tiene que ser necesariamente una maldición. Pero como, a su vez, Finlandia lo ha marcado, hay que colgarse de la tecnología.

Pero esta oportunidad no está acompañada de un escenario sudamericano que la acompañe. Está un poco solo en él. Por tanto tiene que multiplicar las plataformas internacionales para defender sus posiciones, y promover sus intereses. Sería un error repetir el camino de Colombia, cerrada casi al soporte norteamericano.

Otro estímulo para políticas nuevas, flexibles, progresistas, que se necesitan tanto dentro de nuestras fronteras, para las políticas "públicas", como fuera para la política internacional.

Fuente: Diario Correo. Domingo 22 de noviembre del 2009.