miércoles, 5 de septiembre de 2012

Historia de las relaciones entre el Apra y Corea del norte.


Corea mon amour

Por: Nelson Manrique (Historiador)

La decisión del aprista alcalde de Breña José Gordillo de proclamar ciudadano honorario del distrito a Kim Jong Un –el nieto de Kim Il-sung y continuador de su dinastía en el gobierno de Corea del Norte– ha llamado la atención sobre las relaciones entre el Apra y el gobierno norcoreano. Desatado el escándalo, Gordillo revocó la distinción ya otorgada, pero fue cuestionado por el secretario general del Apra, Omar Quezada. Una insignificante anécdota en una relación larga y compleja.

El año 1983 Alan García visitó Corea del Norte, dos años antes de ser elegido presidente, y en 1984 Carlos Roca encabezó una delegación de la juventud aprista que se entrevistó con Kim Il-sung: “Asumimos las relaciones con mucho realismo, con pragmatismo político”, ha rememorado Roca. Lo que hace esto un tema peliagudo es que bajo la inspiración de Agustín Mantilla Campos –luego ministro del interior de Alan García– se envió ese mismo año a jóvenes apristas a Corea del Norte para entrenarse en seguridad y manejo de armas. La CVR ha recogido la versión de Carlos del Pozo Maldonado, que afirma que junto con él viajaron a Corea Manuel Alzamora Muñoz, Omar La Cunza Tantarico, Gino Fiori González y Miguel Ángel Pinchilotti Cabrejos, quienes luego aparecerían formando parte del comando paramilitar Rodrigo Franco, durante el primer gobierno de García. Esto es ratificado por el libro de Ricardo Uceda Muerte en el Pentagonito.

Pero las pasionales relaciones entre el Apra y Corea del Norte vienen de antes. En 1950, mientras permanecía cautivo en la embajada de Colombia, V.R. Haya de la Torre ofreció en una entrevista periodística enviar 5 mil combatientes apristas a Corea, para apoyar la invasión de Estados Unidos contra el comunismo. En una carta a su biógrafo, Felipe Cossío del Pomar, Haya le pedía que “den la noticia de que … se han presentado de 2 a 3 mil apristas pidiendo a la embajada americana que los incorporen a las fuerzas de las Naciones Unidas”. Disponía asimismo “que se diga que el secretario general del Partido, Antenor Orrego, dirigió una carta al embajador americano Titmann, manifestándole que habiéndolo solicitado millares de apristas, que transmita su deseo de enrolarse en las fuerzas de las UN. El Partido cumple este deseo y está en el caso de ofrecer de 3 a 5 mil voluntarios. Numerosas mujeres apristas piden ser incorporadas como enfermeras”.

Esto abochornó a los apristas, que, ignorantes del cambio de línea en marcha, seguían proclamándose antimperialistas. Hasta Luis Alberto Sánchez, cuya línea pronorteamericana era materia de ácidas críticas al interior del Apra, sintió que a Haya se le había pasado la mano: “Encuentro francamente desmesurado, increíble y contraproducente la oferta de 5.000 para Corea. Ha caído pésimo en todos lados. Además, los norteamericanos no estiman eso ... Creo que es aconsejable vender antes que regalar” (Haya de la Torre y Sánchez, Correspondencia. Vol. 1, 1982). A Guillermo Carnero Hoke, militante aprista y secretario general del gremio de los periodistas, Haya le pidió apoyar su posición, ya que “había ofrecido 5.000 voluntarios apristas para luchar contra Corea. Para mí esa fue la gota que rebalsó el vaso de nuestra amistad”. Carnero renunció al Apra y lo mismo hizo el poeta Gustavo Valcárcel. (Juan Cristóbal, ¡Disciplina compañeros!, 1985).

También Manuel Seoane –el segundo hombre del partido– rechazó los virajes ideológicos que se estaban produciendo, en una carta enviada a Haya en 1954. Seoane rechazaba que se asumiera “el compromiso de obtener juventud indoamericana en calidad de ‘cipaya’ para las guerras interimperialistas que se libran fuera del continente … hace años, se difundió la especie –no confirmada– de que el Partido ofrecía 5.000 jóvenes apristas para que fueran a combatir a Corea”. Recordaba que eso fue desautorizado por la dirección partidaria, porque “contrariaba las íntimas inclinaciones del aprismo”. La juventud aprista, remataba, podría arriesgar la “vida en una revolución peruana de tendencia social, o una epopeya de unidad indoamericana,”, pero de ninguna forma podía ser entregada “en holocausto para que EE.UU., en Corea, alce su peto protector” (N. Manrique, ¡Usted fue aprista!, 2009).

Como decía el japonés de la esquina, según un popular chiste de los años 50: “Si cae Corea… ¡Cae pantarón!”.

Fuente: Diario La República (Perú). Martes 04 de septiembre del 2012.  

Recomendado: Debate sobre el libro "¡Usted fue aprista"! de Nelson Manrique.