sábado, 22 de agosto de 2009

Leszek Kolakowski: “conservador-liberal-socialista”.

Leszek Kolakowski (1927-2009)
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Martín Tanaka (Politólogo)

El pasado 17 de julio falleció el escritor polaco Leszek Kolakowski, autor de una obra vasta, enciclopédica. Kolakowski fue víctima de la persecución nazi, fue militante comunista y luego un disidente; con el tiempo se convirtió en crítico pugnaz de los autoritarismos, especialmente del determinismo histórico marxista, expuesto en su monumental "Las corrientes principales del marxismo", siguiendo una línea interpretativa que lo emparenta con Karl Popper. Estas convicciones lo acercaron al liberalismo político, aunque atemperado no solo por su marxismo original sino también por su interés en el aporte del cristianismo a la cultura occidental (como Gianni Vattimo, contemporáneamente). El interés en la espiritualidad lo hizo también distante del “individualismo posesivo” del capitalismo, lo que también sucedió con el poeta mexicano Octavio Paz.

Los horrores del nazismo, del comunismo, la lógica de un capitalismo que también lleva a catástrofes sociales y ecológicas, llevan a la desconfianza en las grandes ideologías, en los grandes metarrelatos, que tienen respuestas para todo. Conducen a lo que Paz llamó una “intemperie espiritual”, en la cual cada quien debe construir sus propias convicciones. Kolakowski inventó una ideología política propia, que no es tan sorprendente a la luz de su experiencia vital; se definía como un “conservador-liberal-socialista”. Se trataba por supuesto de una provocación, pero muy aleccionadora.

Kolakowski rescata del conservadurismo la importancia de la familia, la religión, la nación, los ritos, y la idea de que el cambio y la evolución conllevan necesariamente algún tipo de costo y sacrificio; avanzar en la vida consiste en sustituir unos problemas por otros, como suele decir mi colega argentino Antonio Camou. Del liberalismo rescata la necesidad de preservar la libertad, la creatividad y la iniciativa individual, áreas en las que el Estado no debería entrometerse; que la importancia de la seguridad no debería entorpecer la libertad. Del socialismo, rescata la desconfianza en la acción de las fuerzas del mercado, por lo que sería necesaria algún grado de intervención estatal, controlado mediante mecanismos democráticos. Kolakowski señalaba que estas ideas no son necesariamente contradictorias, por lo cual era posible esta curiosa síntesis. Añadía que a pesar de ello jamás tendría adeptos, porque no podría prometerles nada a sus seguidores.

Más allá de esta provocación de Kolakowski, lo importante es entender que el aprendizaje democrático implica reconocer los límites de las ideologías propias, y aceptar algunos elementos de valía en las ajenas. Sin ese común denominador es muy difícil construir una comunidad democrática. Si la política se plantea como una lucha entre buenos y malos, entre quienes tienen la razón y quienes están equivocados, entre los representantes del pueblo y sus enemigos, es claro que lo que se impone es una confrontación total, no siendo posible una política de negociación y entendimiento. Para pensar en estos días previos al 28 de julio.

Fuente: Diario La República. Martes 21 de julio del 2009.