domingo, 21 de diciembre de 2008

Relaciòn Mèxico-Brasil

El eje México-Brasil
Carlos Fuentes (Escritor)

El éxito creciente de Brasil como primera potencia de América del Sur ha suscitado, como era de esperarse, temores en algunos vecinos y resquemores en otros. Hay mucho que admirar en el Brasil de hoy. No todos nuestros países han gozado de 14 años de crecimiento sostenido y buena gobernanza. La presidencia de Fernando Henrique Cardoso venció la perniciosa inflación sin caer en la recesión. Se dio cuenta de que la inflación es una manera de robar a la mayoría en beneficio de la minoría pero que, sin inflación, aumenta la responsabilidad social del estado. Y en materia educativa, elevó a la escuela primaria en un 97% de inscripciones, y a la secundaria en un 70%. La educación es la base del desarrollo. Por otra parte, las exportaciones brasileñas aumentaron de cincuenta mil millones de dólares en 1998 a ciento cuarenta mil millones en la actualidad. Subrayo este dato porque las fechas abarcan tanto al gobierno de Cardoso como al de su sucesor, Luis Inácio Lula da Silva, indicando, si no una identificación, sí una continuidad virtuosa de la política brasileña. Con Lula, las exportaciones han aumentado, la deuda pública ha descendido, la cuenta corriente tiene un superávit y la pobreza ha bajado de un cuarenta y tres por ciento en 1993 a un treinta y seis por ciento hoy.

Lula, además, ha llevado a cabo una política exterior independiente, inconcebible si pensamos en las presiones internacionales que limitaron, en los sesenta, a los presidentes Jânio Cuadros y Joâo Goulart. Lula, en cambio, conduce con brío y sin complejos buenas relaciones con EE.UU., con Cuba y con sus vecinos sudamericanos: Brasil tiene frontera común con todos, salvo Ecuador y Chile. Es natural --aunque injusto-- que se creen fricciones entre el gigante brasileño y sus vecinos. Los problemas tienen solución. Trátese del tema energético con Paraguay, el pago de la deuda externa ecuatoriana, o las tarifas de gas de Bolivia. El imponderable es Hugo Chávez, para quien la ascendencia de Lula --de Brasil--es vista como rivalidad política y comparación de modelos. Ambas nefastas para Chávez en el momento en que el descenso de los precios del petróleo le roba la baza misma de su poder, demagógico y real.

Todo esto, al cabo, no le resta potencia a un Brasil que, bien gobernado como lo ha sido por Cardoso y Lula (con errores nada desdeñables) seguiría siendo, sin disminuir a los demás, la principal economía y gobernanza del sur. ¿Qué haría falta para fortalecer a la América Latina entera en estos momentos de la globalidad crítica?
La respuesta me parece evidente: un eje Brasil-México. No paso por alto un hecho singular de la diplomacia brasileña: la fuerza tradicional de la cancillería brasileña, Itamarati y su capacidad de imponerle políticas al ejecutivo de Planalto. Mi convicción es que el presidente Lula quiere una relación estratégica con México y que a México le conviene esto tanto como a Brasil. A México, porque reforzaría nuestra independencia frente a EE.UU. y nuestra influencia en la América Latina. Muchos vecinos del sur nos descuentan como parte de Norteamérica. Nos hace falta complementar la relación del norte con la del sur y nada nos ofrece oportunidad más cierta, más 'cantada', más provechosa, que el eje Brasil-México. El muy activo e inteligente Lula ha determinado que el aprendizaje de la lengua castellana sea obligatorio en Brasil. Por esta razón compartí con él el premio internacional Don Quijote de la Mancha, entregado por el rey Juan Carlos en Toledo, el pasado octubre. Si España no ve una amenaza en esta decisión, ¿por qué la verían los vecinos de Brasil?
Fuente: Diario El Comercio. 21/12/08