jueves, 7 de octubre de 2010

Sir Roger Casement y el genocidio peruano en el putumayo.

Sir Roger Casement

El visitante de las tinieblas

Hace 100 años Benjamín Saldaña Roca, un valiente periodista de Iquitos, publicó en los diarios La Felpa y La Sanción varias denuncias contra el esclavismo y el genocidio sufridos por los indígenas del Putumayo a manos de los caucheros y especialmente de Julio César Arana, uno de los principales "barones" del caucho. Incluso un año antes, en su edición de febrero de 1906, El Comercio ya recogía versiones sobre las atrocidades que se cometían no solo en la zona del Putumayo, sino también en la selva central y en Madre de Dios. El presente artículo es una semblanza de Roger Casement, un irlandés comisionado por el Gobierno Británico para investigar las denuncias contra Arana. Y en las siguientes páginas de este especial -preprado con la valiosa colaboración del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP)-, usted encontrará otros aspectos de uno de los periodos más oscuros de nuestra historia republicana.

Por: Manuel Cornejo Chaparro
Investigador del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP)

A fines del siglo XIX se encontraron en África dos hombres que verían relacionadas sus vidas a través de los años: el funcionario británico Roger Casement y el capitán polaco Joseph Korzeniowsky, ambos compartieron una habitación durante un par de semanas. En esas noches Casement narró incontables historias sobre la selva tenebrosa y el atroz sistema esclavista de Leopoldo II que luego aquel capitán, conocido posteriormente como Joseph Conrad -junto con otras historias que escuchó de funcionarios y lugareños- volcó en su obra maestra El Corazón de las Tinieblas.

El genocidio cometido por Leopoldo II en el Congo para obtener caucho y marfil fue de tal magnitud que se inició una campaña internacional para denunciarlo. Entre los que apoyaron esta iniciativa se encontraban el rey británico Eduardo VII, el escritor Mark Twain, Theodore Roosevelt, Joseph Conrad y el propio Casement, cuyo informe de 1903 estremeció a toda la sociedad internacional. Con esas denuncias Roger Casement, vicecónsul británico del Congo, se convirtió para el mundo de entonces en un héroe. Su informe propició la caída de Leopoldo II y el fin de esa nefasta época.

UNA VIDA

Roger Casement nació en Dublín en 1864, perdió a sus padres cuando era joven y fue criado por un tío. Aunque fue funcionario británico, tenía desde siempre un compromiso con la independencia de su tierra natal, Irlanda. Para Michael Taussig el apego de Casement a la causa libertaria irlandesa y su rechazo al imperialismo británico propició que su labor casi vitalicia como cónsul y su experiencia diplomática profundizaran su comprensión sobre los efectos del colonialismo en Irlanda.

Casement tenía una imagen imponente y elegante. Era alto y delgado, tenía una prominente barba y mirada profunda, enigmática. En una misiva de 1903, Joseph Conrad lo describe como una persona pulcra, con un toque de conquistador, que se internaba en zonas salvajes esgrimiendo un bastón torcido como única arma y acompañado solamente de dos perros bulldog.

Aunque ya había noticias de la situación suscitada en la selva peruana, recién en 1909 y a raíz de una serie de artículos semanales escritos por Walter Handerburg en Truth, una revista sensacionalista londinense que denunciaba los abusos cometidos por la empresa del cauchero peruano Julio César Arana contra los indígenas que habitaban el Putumayo. Estos artículos, que tomaban en cuenta las denuncias de Saldaña Roca publicadas en Iquitos dos años antes, se convirtieron en escándalo y centraron la atención pública internacional durante varios años.

A pesar que Julio César Arana señaló que Handerburg era un simple aventurero y extorsionador, estas denuncias propiciaron que el gobierno británico ordenara a Roger Casement, en ese entonces cónsul en Río de Janeiro, que viajara hasta el Putumayo y verificara esas graves acusaciones debido a que la empresa de Arana, la Peruvian Amazon Company, tenía capitales ingleses y entre sus empleados había negros de Barbados, súbditos de la corona e involucrados en las denuncias.

UNA TRAVESÍA

El clima inhóspito, la lluvia incesante y los persistentes zancudos de la Amazonía no dificultaron la labor de Casement, que anotaba en su diario los diversos testimonios recibidos: Los asesinatos de los Boras y Uitoto, las mujeres violadas y el comercio de esclavos. El diplomático afirmaba que las condiciones ilegales e inhumanas excedían las del Congo en sus peores momentos, la única diferencia radicaba en que la tiranía de Leopoldo II afectó a millones de personas; en cambio, esta afectaba sólo a miles. En ese recorrido por el Putumayo lo acompañó Juan Tizón, empleado de la compañía de Arana, quien le dijo una frase que se le quedó grabada: "Perú tiene muchos habitantes pero pocos ciudadanos".

A lo largo de esas siete semanas de travesía en 1910, recogió el testimonio de varios negros de Barbados que repetían las mismas historias de vejaciones y abusos contra los indígenas. La lista de horrores parecía ser interminable. Para Ovidio Lagos, Casement no era solo un eficaz investigador sino un hombre dotado de un agudo poder de conceptualización. Los horrores del Putumayo y la cultura indígena, tenían para él un profundo significado que trató de descifrar.

UN INFORME

Casement narró detalladamente el clima de terror y las inclementes torturas. Su tesis era que la escasez de mano de obra indígena en el Putumayo era el motivo esencial del uso del terror. Debido a eso, la compañía de Arana recurrió al esclavismo, bajo un sistema de deuda y enganche, y se empleó la tortura para mantener la disciplina laboral. Menciona asimismo que el miedo extremo de los blancos a una rebelión de los Bora y Uitoto exacerbó los límites de crueldad. Taussig precisa que esta versión de Casement establece que el temor del hombre blanco a una rebelión indígena no era injustificado, pero que además dicha rebelión se percibía en una visión mítica paranoica en la cual las imágenes de canibalismo y descuartizamiento brillaban vívidamente.

Como afirma Ovidio Lagos, el escándalo se iba apagando solo. La opinión pública fue perdiendo interés en el Putumayo, los abusos contra los indígenas y J. C Arana. El gobierno peruano, aunque condenó las atrocidades, no castigó a los culpables. Poco tiempo después el estallido de la Primera Guerra Mundial hizo olvidar el caucho.

FINAL DE UN PERSONAJE

Cuando Casement fue detenido en Irlanda acusado de alta traición a favor de Alemania, Conan Doyle quedó sorprendido de las versiones que se vertían contra el amigo que había sido nombrado Sir por la Corona Británica y que él consideraba honorable: a las denuncias de espionaje se sumó otra, sobre su presunta homosexualidad. El creador de Sherlock Holmes encabezó una petición de indulto, la cual fue firmada por G.K. Chesterton, John Galsworthy y otras personalidades de la época. El entonces reconocido Joseph Conrad se negó a firmar esa petición que lo colocaba en una situación incómoda.

El 2 de agosto 1916, en la prisión de Pentonville, un día antes de morir en la horca, Casement recibió un telegrama de Julio César Arana que le solicitaba retractarse de los cargos en su contra y así limpiar su dañada imagen de las atrocidades del Putumayo, pero no le contestó. Aunque el cónsul británico aparece en los diálogos del Ulyses de Joyce, es uno de los personajes de Los Anillos de Saturno de W.G Sebald y aparece retratado por Conrad en la novela Los Herederos, coincidimos plenamente con Mario Vargas Llosa en que Sir Roger Casement sigue esperando los honores de una gran novela.

Fuente: Diario El Comercio. Viernes, 14 de Setiembre del 2010.

Recomendados:

“Roger Casement: Imperialist, rebel, revolutionary” (Imperialista, rebelde, revolucionario).

Fragmento de "El sueño del celta", la nueva novela de Vargas Llosa. Diario El País.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Historia de las elecciones municipales en Lima.

Debate municipal de 1966 entre Luis Bedoya Reyes, de la alianza Acción Popular-Democracia Cristiana (AP-DC) y Jorge Grieve, de la coalición Apra-Unión Nacional Odriísta (PAP-UNO).

Las doce campañas de Lima

La capital celebra su duodécima elección municipal en 47 años. Durante este tiempo el número de electores casi se ha triplicado y la propaganda se ha diversificado.

Por: Nelly Luna Amancio

“El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Una de las sentencias más recordadas de Winston Churchill es con frecuencia apenas un buen deseo en el Perú. Congresistas que buscan la reelección o esperan el llamado para un puesto ministerial o viceversa. Dirigentes que aspiran a regidores. Regidores que se proyectan como presidentes regionales. Alcaldes que sueñan con la reelección o con la presidencia o con cualquier otro puesto más alto. Pocos son los que ceden el poder. La realidad parece siempre una permanente campaña electoral en el Perú.

Mañana, 18 millones 878 mil 337 ciudadanos elegirán a 12 mil 459 autoridades en todo el país. En Lima serán 43 los alcaldes electos por 5 millones 902 mil vecinos. Los triunfadores alegarán la consistencia de su campaña, los derrotados revisarán la suya. ¿Dónde empieza el éxito de una campaña electoral municipal?¿Han variado con los años los estilos y discursos? Aquí una revisión de las más importantes desde 1963.

1963: LA PREVALENCIA DEL DISCURSO

El proceso municipal de 1963 compitió con la siempre inagotable campaña navideña. Era diciembre y en los periódicos las noticias sobre los candidatos a la Alcaldía de Lima competían en espacio con los enormes avisos publicitarios sobre los mejores regalos para la Nochebuena. Luis Bedoya Reyes (alianza entre Acción Popular y la Democracia Cristiana, AP-DC) enfrentaba a María Delgado de Odría, representante de un extraño pacto entre el Apra y su peor enemigo, la Unión Nacional Odriísta, y esposa del ex presidente Manuel Odría. Fue la primera y única vez que un hombre y una mujer se disputaron el sillón municipal.

“Fue una campaña polarizada en dos grandes bloques. Delgado de Odría representaba el conservadurismo y Bedoya Reyes el centro, no había tantos partidos”, dice el historiador Antonio Zapata, quien explica que por esos años las maquinarias electorales comenzaron a funcionar como tales: organización y propaganda. La radio y los diarios jugaban todavía un papel más importante que la televisión. Lima tenía apenas 2 millones de electores. No había spots televisivos. Las campañas se hacían a pie.

Bedoya Reyes, con un discurso más directo y una propaganda mejor organizada, ganó la elección. Tres años después, en 1966, sería reelegido tras derrotar a Jorge Grieve (Apra-Unión Nacional Odriísta). Durante aquellos comicios Bedoya inauguró la videopolítica: debatió con Grieve frente a cámaras. “El debate fue trascendental porque el mensaje mediático funcionó. Yo creo que era la primera vez que un político convencía a través de los medios”, dice la comunicóloga y experta en propaganda política Carmen Rosa Vargas. Pero el orden constitucional que se había recuperado con la salida de Odría se volvió a resquebrajar con el golpe de Velasco en 1968.

LOS AÑOS OCHENTA O EL IMPERIO DE LA IMAGEN

El retorno de Fernando Belaunde al poder en 1980 garantizó –como en 1963, cuando convocó a elecciones locales tras 42 años de haberse suspendido– la realización de nuevos comicios municipales. Ganó Eduardo Orrego y fue la primera vez que Alfonso Barrantes participó representando a la coalición Izquierda Unida.

Tres años después, Barrantes volvió a presentarse. Los atentados terroristas en el interior del país acompañaban las noticias electorales de esos días. A diferencia de las campañas anteriores, en los periódicos había más propaganda política. Para aquel 13 de noviembre de 1983 (día de los comicios) las calles de la ciudad estaban completamente empapeladas por la publicidad de doce candidatos. Los más importantes, además de Barrantes, eran Alfredo Barnechea (Apra), Alfonso Grados Bertorini (AP) y Ricardo Amiel (PPC). El analista electoral Fernando Tuesta sostiene que recién a partir de ese momento la televisión adquiere un papel relevante. Surgen los primeros spots políticos. Se ingresa a lo que puede ser llamada la profesionalización y peruanización de la propaganda electoral.

LOS 90: ALTA SUCIEDAD

Las campañas más sucias, para Antonio Zapata, fueron las que protagonizó la prensa amarilla –a través de la televisión y varios diarios– durante las campañas municipales de los años 90 contra Alberto Andrade. “La virulencia de una campaña dependerá de cuán próximas estén las elecciones presidenciales”, anota el historiador. Recuerda que el actual panorama (elecciones municipales a seis meses de las presidenciales) no se presenta desde 1990, cuando Ricardo Belmont ganó la alcaldía y meses después Alberto Fujimori alcanzó la presidencia. Ambos fueron políticos antipartido. “Lo que pase ahora influirá sin duda en los comicios generales”, dice Zapata.

El uso masivo de la televisión para la propaganda electoral multiplicó los costos de las campañas en los años 90. “Se dejaron de hacer menos en las calles, en mítines o en desfiles, y mucho más en la televisión. Ahora, por ejemplo, solo hay desfiles de autos”, bromea el historiador. La campaña ahora está en los programas de mayor ráting.

Nuestra capital ha tenido doce campañas municipales en 47 años. ¿Han variado los estilos de hacer campaña aquí o en el resto del mundo? El publicista Gustavo Rodríguez sostiene que no tanto. “Por ejemplo, las esperanzas de cambio son universales y transversales en el tiempo. También las estrategias. Lo nuevo [Obama o Toledo en su momento] versus el temor a perder seguridad [reelección de Bush o segunda elección de Alan García]. El único cambio que he visto en los ultimos 20 años viene de la irrupción de las redes sociales: el boca a boca es mucho más rápido que antes”, comenta.

El Perú fue el penúltimo país de la región en dar el voto a la mujer.

El Perú fue el penúltimo país en América Latina en otorgar el voto a la mujer. Solo Paraguay lo hizo después. La presión internacional habría sido irresistible para el entonces presidente Manuel Odría. El historiador Antonio Zapata explica que el general quería quedar bien con las mujeres y canalizar así sus votos en las futuras elecciones. “Sin embargo, no ganó en ninguna de las dos siguientes”, precisa Zapata.

Fue el 7 de setiembre de 1955 que el gobierno de Odría concede el derecho de sufragio a las mujeres mayores de 21 años que supieran leer y escribir o a las casadas mayores de 18 años con el mismo requisito. Votaron por vez primera en los comicios de 1956.

El analista Fernando Tuesta señala que la discusión sobre este tema se planteó abiertamente en el Parlamento en los años 30 del siglo pasado. “Los grupos oligárquicos se opusieron al voto femenino, al igual que al de los analfabetos; los apristas abogaron por el voto solo de las que trabajaban; mientras que los socialistas defendieron el voto femenino irrestricto, pero con reservas sobre su aplicación inmediata por las condiciones de inmadurez en que se encontraban las mujeres”.

MÁS DATOS

Nombraban alcaldes a dedo

1. “La propaganda política es la madre de toda publicidad. Buscan convencer mentes y corazones”, dice la experta en propaganda política Carmen Rosa Vargas.

2. Cuando el general Juan Velasco Alvarado da el golpe de Estado contra el entonces presidente Fernando Belaunde en 1968, Luis Bedoya Reyes era alcalde de Lima. Velasco no lo destituye, lo mantiene, pero al terminar el período municipal en 1970 no convoca elecciones y nombra a dedo a Eduardo Dibós Chappuis como alcalde metropolitano.

3. Fue Fernando Belaunde quien en 1980 decide convocar elecciones municipales. Los últimos comicios locales se habían realizado en 1922. Luego Augusto B. Leguía los anuló y nombró a dedo a los burgomaestres. Lo mismo hicieron luego Benavides, Prado, Bustamante y Odría.

4. El historiador Antonio Zapata señala que Belaunde “entendió que había una relación entre la democracia política macro y la democracia micro, entendió que sin democracia municipal no es posible tener democracia nacional”.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 3 de Octubre del 2010.

Recomendado:

Alcaldes de Lima: Anita Fernandini, Luis Bedoya Reyes, Alfonso Barrantes Lingán y Alberto Andrade Carmona.

martes, 5 de octubre de 2010

Alcaldes de Lima: Anita Fernandini, Luis Bedoya Reyes, Alfonso Barrantes Lingán y Alberto Andrade Carmona.

Universidad del Pacífico, 1986. Debate entre Jorge del Castillo, Alfonso Barrantes Lingán y Luis Bedoya Reyes.

Perfiles ediles

Por distintas razones, estos alcaldes dejaron huella imperecedera. Y hoy, a pesar del tiempo, se les sigue recordando. Aquí las semblanzas de Anita Fernandini, Luis Bedoya Reyes, Alfonso Barrantes Lingán y Alberto Andrade Carmona.

Por: Raúl Mendoza

Anita Fernandini: beata acaudalada
(alcaldesa 1963-1964)

De Anita Fernandini se ha dicho que “fue una de las mujeres más acaudaladas del siglo XX en el Perú” y que solo por ello la junta militar de la época, liderada por Nicolás Lindley, la nombró alcaldesa de Lima. Según el historiador Carlos Neuhaus, los militares querían un acercamiento con las clases altas de Lima y por ello la pusieron al frente del gobierno de la ciudad. ¿Por qué se recuerda a doña Anita? Por ser la primera alcaldesa –aunque no fue electa por voto popular–, por ser una consumada católica y por su devoción a Santa Rosa de Lima. Tan grande era su fe que pretendió edificar una basílica gigantesca en su honor tras un concurso público en el que ella escogió al ganador. El arquitecto Juan Gunther recuerda que incluso abrió el pasaje donde hoy se encuentra el monumento a Taulichusco, en el centro de Lima, y que este se iba a prolongar hasta la avenida Tacna, donde estaría el templo. Quería que se mirara con la catedral.

“Menos mal no se hizo ese pasaje porque hubiera destruido muchos predios históricos y el templo hubiera sido muy grande para la zona”, dice Gunther. También señala que Fernandini no hizo obras de importancia porque un año es muy poco tiempo. “Otro hecho recordable es su guerra contra los night clubs del centro de Lima. Quiso cerrarlos pero la medida fue contraproducente porque solo contribuyó a que aparecieran muchos más locales y las bailarinas de la época se hicieran más conocidas”, recuerda Gunther. Dicen que siempre vestía de oscuro y con sombrero.

Luis Bedoya Reyes: más que el Zanjón
(alcalde 1964-1968)

Luis Bedoya Reyes fue el primer alcalde elegido por voto popular en Lima. Su principal obra es hasta ahora el mayor símbolo de previsión en cuanto a la red vial urbana: la Vía Expresa del Paseo de la República. Además fue la primera autoridad que planteó aprovechar el litoral –lo que hoy llamamos Costa Verde– como un espacio vinculado a la ciudad, a pesar de que entonces las playas casi no existían. Si bien fue su sucesor Eduardo Dibós quien culminó el Zanjón hacia el circuito de playas, esta idea ya estaba plasmada en el proyecto original. Bedoya también levantó el actual Mercado Central –que funcionaba en sus inicios como un mercado mayorista–, reformuló toda la zona y le dio el perfil comercial que hasta hoy persiste. En su gestión se hizo la Plaza Castilla y cuando los tranvías ya le decían adiós a Lima impulsó el sistema de los bussing, que sobrevivieron hasta los años 80.

El periodista Domingo Tamariz recuerda con una anécdota cómo durante la gestión de Bedoya la zona del Mercado Central empezó a poblarse de ambulantes. Cuenta que a fines de 1967 se puso parquímetros en el lugar y tiempo después algunos comerciantes, vivos, criollazos, depositaban sus monedas y se quedaban en el lugar porque “estaban pagando”. Luego, cuando ya no había parquímetros, se quedaron ahí por años. Antes de ser alcalde de Lima, Luis Bedoya fue ministro de Justicia de Fernando Belaunde. En 1966, a mitad de su mandato edil, fundó el Partido Popular Cristiano. Posteriormente postuló dos veces a la presidencia con el PPC pero no logró el triunfo. Hoy tiene 91 años y es el patriarca de su movimiento.

Alfonso Barrantes: pequeño visionario
(alcalde 1984-1987)

Fue el primer alcalde socialista de Lima y puso su mayor interés en los programas sociales. Alfonso Barrantes Lingán, el Tío Frejolito, no solo debería ser recordado por el programa del Vaso de Leche o los comedores populares que impulsó en su gestión, sino también –en esa misma línea– por la creación de Programas Municipales de Vivienda que beneficiaron a miles de familias pobres. “Huaycán, Pampas de San Juan y varias zonas de la Panamericana Norte son programas creados por él. Se empadronó a pobladores de esos distritos y se los reubicó en terrenos con agua, desagüe, vías. Y se entregó unos 100 mil títulos de propiedad. Es decir, se actuó legal y ordenadamente antes de que esas zonas se ocuparan por invasión, con el consiguiente caos”, recuerda el arquitecto Jorge Ruiz de Somocurcio.

Otro proyecto del líder de Izquierda Unida mantiene vigencia hasta hoy: culminó los estudios y gestionó el financiamiento para los primeros corredores viales de Lima en las avenidas Alfonso Ugarte, Brasil y Tomás Marsano. “Él arrancó las obras con apoyo del Banco Mundial, que quería que Lima fuera una ciudad piloto de corredores viales. Pero el presidente Alan García se peleó con el sistema financiero internacional. Así que el dinero se fue a Curitiba –donde los corredores viales se hicieron muy populares– y se paralizó la construcción. Finalmente, se retomó la negociación y Jorge del Castillo concluyó esas obras”, cuenta Ruiz de Somocurcio. Los corredores viales que han planteado algunos candidatos en la presente campaña a la alcaldía de Lima fueron previstos por ‘Frejolito’ hace más de dos décadas.


Alberto Andrade: el centro es de todos (alcalde 1996-2003)

Para llegar a la alcaldía de Lima Alberto Andrade debió superar primero el gran escollo que significaba Jaime Yoshiyama, candidato del presidente Fujimori, que postulaba “Con todo el apoyo”, según su eslogan. Andrade le ganó sin problemas. Luego, instalado en el sillón municipal, planteó que la ciudad necesitaba un símbolo que unifique a los limeños. Entonces apuntó a la recuperación del Centro Histórico. “Andrade recuperó las calles tomadas por los ambulantes, los reubicó y les dio apoyo financiero para que se organizaran en mercados feriales. Así nacieron Las Malvinas y otros enclaves parecidos”, cuenta el arquitecto Jorge Ruiz de Somocurcio, regidor en esos años. También se recuperaron los espacios públicos: las históricas plazas y plazuelas del Cercado y los balcones coloniales volvieron a mostrar la belleza de antaño. Además por varios años llevó la Bienal de Arte al corazón limeño.

Su segundo periodo tuvo una visión más metropolitana. Recuperó las vías del centro histórico, culminó el Trébol de Monterrico iniciado por Ricardo Belmont e hizo la Vía Expresa de Javier Prado. “Esta segunda gestión dejó sembrados muchos proyectos que luego Luis Castañeda culminó. Por ejemplo, Andrade planteó el Lima Bus y dejó un proyecto aprobado con financiamiento del BID y el Banco Mundial. Eso es el Metropolitano ahora. También le dejó los estudios de la Vía Expresa Grau y el plan de recuperación del Teatro Municipal. Esto último se ha hecho en menor escala, porque el proyecto original abarcaba toda la manzana y un circuito cultural con el Teatro Segura y la Sala Alcedo”, cuenta Ruiz de Somocurcio. Por algo más se recuerda al hoy desaparecido Alberto Andrade: resucitó los cuerpos de serenazgo y fue, como hijo de los Barrios Altos, el más criollo de los alcaldes limeños.

Fuente: Diario La República, suplemento "Domingo". 03 / 10 / 2010.

Recomendado:

Los Alcaldes de Lima durante el siglo XX.

La pelea de los debates electorales.

lunes, 4 de octubre de 2010

Anita Fernandini de Naranjo, la primera alcaldesa de Lima y la mujer más acaudalada del Perú durante el siglo XX.

Ana María Fernandini Clotet (Lima, 1902-1982)

Luces y sombras de la primera alcaldesa de Lima

Por: Ernesto Chávez

Chapada a lo antiguo, Ana María Fernandini Clotet , más conocida como Anita Fernandini de Naranjo, es hasta la fecha la única mujer que llegó a la alcaldía de Lima desempeñando ese cargo de 1963 a 1964.

En su gestión rodeada de muchas anécdotas, concedió las Llaves de la Ciudad de Lima a la Virgen del Carmen y una leyenda urbana señala que en su periodo como alcaldesa, doña Anita Fernandini mandó tapar los genitales de las esculturas de Bellas Artes.

De acorde con la época, Anita Fernandini no tenía una agenda feminista, social o política sino que estaba rodeada de una aureola de benefactora, defensora de la moralidad pública y protectora del patrimonio.

No fue elegida por sufragio sino designada por la fugaz Junta Militar de Gobierno del general Nicolás Lindley, reemplazando a José Jacinto Rada, quien renunció a la alcaldía de Lima tras la destitución del general Ricardo Pérez Godoy.

En su libro “Damas, poder y política en el Perú” (2007), Carlos Neuhaus Rizo Patrón, quien se define apasionado de la ‘petite histoire’comenta:

“Los militares querían enviar un mensaje a las clases altas, ganarlas a su lado, y Anita, mujer generosa, era heredera de una de las mayores fortunas de la época, la del minero Eulogio Fernandini. Apuesto a que fue idea de Lindley que conoció a los Fernandini como constructores del entonces moderno balneario de Santa María”.

Dueña de gran fortuna

Nació el 17 de abril de 1902 en lo que llamaríamos una “cuna de oro” hija del acaudalado empresario minero Eulogio Erasmo Fernandini de la Quintana e Isolina Clotet Valdizán.

Se le consideró como la mujer más acaudalada del Perú durante el siglo XX. Se casó el 9 de junio de 1927 con el ingeniero Alberto Nicanor Álvarez-Calderón Flores, con quien tuvo cinco hijos. Enviudó en 1944 y se casó con Eduardo Naranjo Gunner.

Por su activa labor social fue designada presidenta vitalicia del Consejo Nacional de Mujeres, y encabezó el Comite pro Basilica agrupación que se propuso construir una basílica a Santa Rosa de Lima.

Algunos sacerdotes llegaron a pedirle que priorice la construcción de un hospital antes que la edificación de su soñada Basílica de Santa Rosa en las alturas del cerro San Cristóbal.

Decidida a cristalizar ese proyecto, respaldada por su gran fortuna, expropió casas y compró terrenos, pese a ello, no lo consiguió, ya que fue declarado Monumento el convento de Santa Rosa y el dinero recaudado terminó en el Arzobispado de Lima.

En su biografía se menciona que era la dueña de una gran mansión en Miraflores de la cual se mudó a otra en la avenida Salaverry, la cual vendió a la embajada rusa.

Poseía una casa grande en San Bartolo, que era su exclusivo lugar de veraneo. El inmueble es usado como centro de esparcimiento por la Guardia Civil del Perú.

Durante el gobierno de Nicolás Lindley López, el ministro de gobierno y policía: Germán Pagador Blondet, designó el 15 de marzo de 1963 a Anita Fernandini de Naranjo como la primera alcaldesa de Lima.
Una de sus principales ordenanzas fue la limpieza de los techos de la ciudad, donde se acumulaban toneladas de cachivaches y basura, un problema de salubridad del que nadie se ocupaba.

Guerra a las calatistas

A los tres meses de su gestión, en junio de 1963 arremetió contra lo que se consideraba “la perdición moral de la juventud ” y de un solo plumazo prohibió las funciones de striptease que estaban en boga en aquellos años faranduleros, extendiéndose a los cines de barrio.

La extrema medida provocó tremendo revuelo en la Lima de noche, donde las bailarinas, llamadas también estriptiseras y “calatistas”, salieron al frente de la alcaldesa moralizadora.

Una de las más conocidas vedettes, la escultural y cimbreante Elsa Moreno, no tuvo mejor idea que canalizar su protesta desnudándose en los portales de la Municipalidad de Lima, para delicia de sus admiradores y la prensa capitalina.

Ataviada con solo un abrigo largo, la ombliguista se dio el gusto de desnudarse en la calle y ‘pechar’ a la alcaldesa frente a las cámaras de la prensa, comenta la revista Caretas.

La medida logró que las salas de cines y teatros limeños se abstuvieran de este tipo de espectáculos ante el riesgo de ser blanco de las iras moralizadoras de la burgomaestre de la Ciudad de Los Reyes,

Pero no todos bajaron la cabeza. Algunas salas como el Bijou, tramitaron permiso para ofrecer el espectáculo de las calatistas a partir de la medianoche.

Esta cruzada moralista, extendida en Lima y Callao, la confrontó directamente con los empresarios de espectáculos, así como con las striptiseras y los transformistas, estos últimos encabezados por el argentino ‘Paquito’ Santa Cruz.

Surgió un debate variopinto, pionero de las tácticas políticas del siglo XXI. No faltaron las críticas a la “desnudez social” de las zonas colindantes a las boîtes.

¿Qué era finalmente más obsceno: un baile para adultos en el teatro Santa Marina del Callao o la falta de agua y desagüe en las tres barriadas de la zona (Ciudadela Chalaca, San Juan Bosco y Virgen de Fátima)?

Pero Anita Fernandini no cedió y las vedettes tuvieron que limitarse a desnudarse en las boites o night clubs de la época, para rabia de los que querían “democratizar” el espectáculo en los cines de barrio con las Bim Bam Bum.

Fernandota de Toronja

Anita Fernandini fue esposa del ingeniero Alberto Álvarez-Calderón Flores y, tras su muerte, volvió a casarse, esta vez con Eduardo Naranjo.

“Los presentaban como la Sra. Fernandini y su esposo”, bromea Saavedra-Pinón, quien luego sería secretario de Prensa de la Presidencia de la República durante el primer gobierno de Belaunde.

“La trajo Nicolás Lindley, quien solo servía Inca Kola en su despacho”, agrega

Uno de las anécdotas sabrosonas de la época fue protagonizada por el arquitecto Luis Ortiz de Zevallos , quien la rebautizó como Anota Fernandota de Toronja.

Anita Fernandini de Naranjo era inflexible en lo que llamaba moralidad pública, pero sabía tener correa, virtud del que carecen muchas de las mujeres que quieren ser la segunda alcaldesa de Lima.

Apoyó la cultura

A diferencia de sus antecesores, Anita Fernandini apoyó decididamente la cultura, abogó por numerosos proyectos en ese sentido y en especial el teatro sanmarquino.

Los diarios de la época comentan que era mecenas de varios artistas y era ella misma una tímida pero devota escultora. Una de sus obras más conocidas fue el Cristo de la Paz.

Murió en 1982 a los 80 años y su mausoleo es uno de los hitos en las visitas guiadas al Cementerio Presbítero Matías Maestro.

Anita Fernandini de Naranjo es parte de la historia política no difundida porque en 1963 llegó a la alcaldía provincial de Lima, apenas 7 años luego de que las mujeres votaron por primera vez en el Perú.

La otra historia desconocida es que muchas mujeres intentaron la alcaldía de Lima, como la María Delgado de Odría , quien gozó de popularidad por las obras públicas de su esposo, el ex dictador Manuel A. Odría, y la ahora congresista Mercedes Cabanillas.


Fuente: http://www.cronicaviva.com.pe/

domingo, 3 de octubre de 2010

Los Alcaldes de Lima durante el siglo XX.

Alcaldes del siglo

Relación edil. Estos son los alcaldes que gobernaron Lima en el siglo XX.

Benjamín Boza (1900)

Federico Elguera (1901-8)

Guillermo Billinghurst (1909)

Nicanor Carmona (1910-13)

Elías Malpartida (1914)

Nicanor Carmona (1915)

Luis Miró Quesada (1916-18)

Manuel Irigoyen (1919)

Ricardo Espinoza (1920)

Pedro Mujica (1920-21)

Pedro José Rada y Gamio (1922-25)

Andrés F. Dasso (1926-29)

Luis Albizuri (1930)

Luis A. Eguiguren (1930-31)

José García Bedoya (1932-33)

Luis Gallo Porras (1934-37)

Eduardo Dibós (1938-40)

Luis Gallo Porras (1941-45)

Augusto Benavides (1946-47)

Luis Gallo Porras (1948-49)

Pedro Pablo Martínez (1949-50)

Eduardo Dibós (1950-52)

Luis T. Larco (1953-55)

Héctor García Ribeyro (1956-62)

Anita Fernandini de Naranjo (1963)

Luis Bedoya Reyes (1964-69)

Eduardo Dibós (1970-73)

Lizardo Alzamora (1973-75)

Arturo Cavero (1975-77)

Enrique Falconí (1977-78)

Roberto Carrión (1978-79)

Piero Pierantoni (1980)

Eduardo Orrego (1981-83)

Alfonso Barrantes (1984-86)

Jorge del Castillo (1987-89)

Ricardo Belmont (1990-95)

Alberto Andrade (1996-2002)

Luis Castañeda (2003-10)

Fuente: Diario El Comercio, suplemento cultural "El Dominical". 3 de Octubre del 2010.

Artículos recomendados:

Historia de los Alcaldes de Lima: los años de la República Aristocrática.

Historia de los Alcaldes de Lima: alcaldes en épocas difíciles.
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Anita Fernandini de Naranjo (1908-1982), primera mujer en ocupar el sillón municipal.

La primera alcaldesa de Lima

Anita Fernandini de Naranjo fue designada por la Junta Militar en 1963 y prohibió el striptease en la capital.

Corría el año 1963, cuando por primera vez en la historia del Perú, una mujer asumió las riendas de la Municipalidad de Lima. Su nombre: Anita Fernandini de Naranjo.

Aunque fue designada por la Junta Militar que encabezó Nicolás Lindley López, doña Anita se ganó el respeto de los limeños y el odio de las bailarinas de esa época. La razón de este rechazo fue que la sexagenaria mujer, considerada como una de las más acaudaladas del Perú durante el Siglo XX, prohibió las funciones de striptease en la capital, hecho que motivó la ira de las vedettes, e incluso una de ellas, Elsa Moreno, protestó desnuda en la puerta del municipio contra dicha prohibición.

Pero eso no es todo. Durante su gestión edil, la alcaldesa Fernandini de Naranjo ordenó limpiar los techos de las casas de la capital y mandó a tapar los genitales de las esculturas de la Escuela de Bellas Artes. A pesar de esto, doña Anita fue considerada como una mujer generosa y benefactora, que se propuso construir (aunque no lo logró) una basílica para Santa Rosa de Lima.

En 1964, la alcaldesa fue sucedida por Luis Bedoya Reyes, quien venció en las elecciones municipales y será recordado por ser el constructor del zanjón de la Vía Expresa, una obra que perdurará en la historia.

Hoy, 47 años después, una mujer podría asumir nuevamente la Alcaldía de Lima, pero esta vez por votación popular. Este hecho es resaltado por las representantes de las organizaciones feministas como “Flora Tristán” y “Manuela Ramos”.

Para Diana Miloslavich, coordinadora del programa de participación política de la ONG “Flora Tristán”, el nuevo alcalde o alcaldesa debería reactivar la oficina “Proequidad” que se puso en marcha durante la gestión de Alberto Andrade. “Será una buena oportunidad para generar mejores condiciones de igualdad y seguridad para las mujeres”, señaló.

A su vez, Victoria Villanueva, representante de la ONG “Manuela Ramos”, expresó su confianza en que la persona que salga elegida como alcalde o alcaldesa de Lima disponga la creación de cadenas de solidaridad y prevención para aquellas mujeres que son víctimas de la violencia familiar.

Anita presente

La primera alcaldesa. Anita Fernandini de Naranjo (1908-1982) fue la primera mujer en ocupar el sillón municipal.

“Es un señalado honor que se me confiere y que lo considero más que como una distinción a mi persona, un homenaje a la mujer peruana. Con auténtica emoción cívica y patriótica me dispongo a trabajar con el mayor entusiasmo, por el bien de la colectividad y el progreso de mi ciudad naturalmente dentro de las limitaciones que tengo por el corto tiempo de mi gestión edilicia”, fueron sus primeras palabras como alcaldesa. Anita Fernandini Clotet fue la primera alcaldesa que tuvo Lima durante los años 1963 y 1964. Más conocida como Anita Fernandini de Naranjo, fue una mujer católica y piadosa, presidenta honoraria y vitalicia del Consejo Nacional de Mujeres y la primera en llegar al sillón municipal. Tras desempeñarse como teniente alcaldesa, la Junta Militar del Gobierno de Nicolás Lindley López la designó el 14 de marzo de 1963 como alcaldesa, después de aceptar la renuncia del doctor José Jacinto Rada. “El nombramiento de la Sra. Fernandini de Naranjo se efectuó con el voto aprobatorio unánime del Consejo de Ministros”, figura en la nota realizada por El Comercio el día de su nominación. A pesar de que las mujeres (mayores de 21 años que supieran leer y escribir o las casadas mayores de 18 años) habían obtenido el derecho a sufragar apenas 8 años antes, durante el gobierno del general Odría, el puesto de Anita Fernandini en el sillón edil fue tomado con mucho respeto y esperanza para la capital, pues se vivía en una época en que la crisis del servicio municipal de transporte ya estaba presente. Quedan para el recuerdo de su gestión la intención de hacer realidad el proyecto de la Basílica para Santa Rosa de Lima en el cerro San Cristóbal (idea inicial del sabio Pedro Paulet) y el haberle concedido las llaves de la ciudad a la Virgen del Carmen, patrona del criollismo.

Fuente: Diario El Comercio, suplemento cultural "El Dominical". 3 de Octubre del 2010.
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viernes, 1 de octubre de 2010

José de la Riva Agüero: memorias y pensamiento liberal.

José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete (1783–1858), primer presidente de la República del Perú.

La rabia de Riva Agüero

Por: Manuel Burga (Historiador)

A los estudiosos llama mucho la atención José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete (1783–1858), primer presidente de la República y fundador de una importante familia criolla, por su inmensa obra, Memorias y documento para la historia de la Independencia del Perú, y causas del mal éxito que ha tenido ésta, publicada en París, en 1858, con el seudónimo de P. Pruvovena. La terminó en 1855 y la publicaron sus amigos cercanos, ya que él murió cuando el libro viajaba a Europa, tomando la palabra de manera póstuma para contar, con rabia para sus enemigos y afecto para el país, sus verdades sobre los primeros 34 años de nuestra vida republicana.

Hijo de un español, educado en Lima, culminó sus estudios en España cuando se produjo la invasión napoleónica, la que lógicamente lo llevó a tomar partido por la tierra de su padre. Muy pronto, en una metamorfosis desconocida, se convierte en un liberal radical que comenzó a jugar un interesante papel en la defensa de la independencia latinoamericana. Escribe libros, y en 1819, en un acto nada frecuente, también de manera anónima, publica su alegato, “28 causas de la independencia peruana”. Apoya el ingreso de las tropas de San Martín, quien –según los criollos limeños– venía con un encargo muy preciso: lograr la independencia del Perú y dejar un peruano en el gobierno, pero que, para sorpresa de todos, embriagado de poder y embrujado por Monteagudo, incumple el encargo, se declara Protector del Perú, sienta sus reales en Lima y saborea la miel del botín y la prebenda.

San Martín, según Riva Agüero, terminó fugando del país. Luego, el Congreso asume el poder en 1823 y designa a Riva Agüero como primer presidente peruano de la República, lo que marcó con fuego su vida, aunque duró escasos tres meses en el poder. Se opuso a Bolívar, salió al exilio en 1825, regresando en 1831. Nuevamente es exiliado en 1836, para finalmente –ya en la paz de un chacarero– regresar al país para dedicarse a las actividades agrícolas y rumiar sus frustraciones.

Organiza su libro, para mayor credibilidad, como una Memoria, acompañada, para convencer a sus lectores, de muchos documentos. Pero no oculta su intención, su mensaje político, anunciado en el subtítulo, “causas del mal éxito que ha tenido ésta”. Se pregunta por qué el sistema democrático que funcionó tan bien en la Grecia de Pericles, que funciona aun mejor en los cantones suizos y en los Estados Unidos, aquí en el Perú, ha tenido resultados adversos. Por qué aquí, en nuestro país, las cosas resultan al revés.

A 34 años de la Independencia, un alucinado liberal, que nunca tuvo las vacilaciones y el oportunismo de otros próceres de la Independencia, escribe violentamente para indagar por las causas de este fracaso. Al responder, en primer lugar, ensaya un argumento tocqueviliano: el Perú no tenía ni las costumbres ni la educación necesarias. Denuncia a San Martín y a Bolívar. Trata de explicar por qué no prosperó la República, porqué no tuvo éxito la Independencia y de Tocqueville pasa a los hechos concretos, para señalar a los culpables.

Nunca dejó de ser liberal, siempre defendió la libertad, el orden, la justicia, además del “patriotismo”. No se cansa de decir que el buen gobernante debe extinguir la anarquía, el desorden y premiar el mérito. Estos valores, según él, habían sido resquebrajados y allí estaba la clave del fracaso. Si no hay sentido de patria, no hay nación, y si no hay nación, no hay ciudadanía, sostenía. La ausencia de patriotismo había llevado a la anarquía. Un monstruo que aún nos causa rabia y que sigue rondando nuestras conciencias y realidades.

Fuente: Diario La República. Jue, 30/09/2010.