sábado, 25 de enero de 2014

Jorge Ortiz. La batalla de Miraflores (1881).

Historia En enero de 1881, valerosos limeños se inmolaron ante la invasión del ejército chileno. Extractos de “Apuntes sobre la Batalla de Miraflores”de Jorge Ortiz Sotelo.

Miraflores Heroica

Jorge Ortiz Sotelo
La batalla se dio el 15 de enero. Las bajas peruanas en Miraflores fueron cercanas a los 3,000 mientras que los chilenos admitieron 2,141. Tras victoria chilena, Miraflores fue saqueada.
 
La segunda línea de defensa de la capital se iniciaba en la quebrada de Armendáriz, seguía por las casas de las haciendas La Palma, Calera de la Merced, Mendoza y norte de Monterrico. Como no había elevaciones notables a lo largo de su trazo, se realizaron algunos trabajos para construir 10 reductos, distanciados entre 600 y 1000 metros entre sí, y unidos por tapias o cortos parapetos con sacos de arena. Sin embargo, al momento de la batalla solo los primeros seis estaban medianamente concluidos.

Los reductos eran “simples obras de tierra, unos con parapetos de sacos terreros y otros solamente de tierra apisonada, en los cuales se habían montado algunas piezas de artillería”.1 Tenían forma más o menos pentagonal, con foso sin agua por las partes que daban hacia el sur, y una estacada cerrando el recinto de la plaza por la parte que daba a Lima.

Sobre el Reducto Nº 2 señala un testigo de la época: “Cuando acampamos en él se hallaba a medio hacer; no tenía concluida la trinchera que daba frente a la campaña ni la del costado izquierdo tampoco y en cuanto a la derecha solo había tierra y piedras hacinadas en desorden”.2 Para completar los trabajos en dicho reducto se contrató una cuadrilla de peones asiáticos, pero el dinero recolectado en el Club Nacional alcanzó para pocos días, por lo que el batallón Nº 4, asignado a su defensa, debió poner manos a la obra para completarlo, despejando además el frente de su posición para restarle abrigo al enemigo. (…)

Plano de las batallas Chorrillos y Miraflores
El general de brigada Pedro Silva fue quien envió a Piérola el parte de batalla.
 
Para completar la imagen del campo de batalla, es conveniente señalar que el terreno que separaba a ambos ejércitos estaba dividido por numerosas chacras, con linderos formados por tapias y muros que dificultaban tanto un avance desplegado como un buen campo de tiro. Sobre el centro de la línea se extendían las pampas de La Palma, donde en 1855 se había definido la guerra civil entre Castilla y Echenique.

El ejército replegado de San Juan fue reorganizado en tres cuerpos: el primero a cargo del coronel Cáceres, el segundo a órdenes del coronel Suárez y el tercero bajo el mando del coronel Justo Pastor Dávila. Estos cuerpos de ejército deberían defender los espacios abiertos entre los reductos del 1 al 4, los que a su vez estarían a cargo de batallones del Ejército de Reserva.

Este ejército estaba formado por unos 6,000 hombres, bajo el comando del coronel Juan Martín Echenique, organizados en dos cuerpos de ejército. El I Cuerpo contaba con 8 batallones y estaba al mando del coronel provisional Pedro Correa y Santiago, mientras que el II Cuerpo tenía 11 batallones, y se hallaba a órdenes del coronel provisional Serapio Orbegoso. También había algunos voluntarios, entre ellos un joven cubano que luchó en el Reducto Nº 2, y 18 estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés, Bolivia. Asimismo, según el testimonio de un combatiente, en el Reducto Nº 1 habían hecho una choza de paja, donde tenían a un prisionero chileno del batallón Esmeralda. Ya antes de la batalla se había hecho amigo de todos en la choza, al punto que durante el combate pidió un fusil y se batió por el lado peruano.

Al replegarse de la primera línea defensiva, Piérola instaló su cuartel general en la quinta de Guillermo Schell, alcalde del pueblo de Miraflores, y el mismo día 13 por la tarde convocó a los jefes de las unidades de línea y de reserva para conocer el ánimo combativo de sus tropas. Si bien no existe unanimidad en las fuentes consultadas, fueron muy diversas las respuestas a esa inquietud, pero con base en ellas se acordó presentar batalla al enemigo. Esa misma mañana se había dispuesto que vinieran del Callao los batallones Guarnición de Marina y Guardia Chalaca, así como la columna Celadores del Puerto, incorporándolos al Cuerpo de Ejército del coronel Cáceres.5


En la mañana del día 14 de enero el ministro chileno Vergara y el general Baquedano propusieron a Piérola llevar a cabo negociaciones de paz. Aparentemente buscaban ganar tiempo para rehacer sus tropas después de los desmanes en Chorrillos. La propuesta exigía la desocupación de las defensas de Miraflores antes de tratar sobre las condiciones de paz, pero Piérola consideró necesario conocer esas condiciones antes de acceder. Por tal razón, pidió al Cuerpo Diplomático residente en Lima que interviniese para abrir las conversaciones con Baquedano.6 Presididos por Jorge Tezanos Pinto, representante de El Salvador y decano del Cuerpo Diplomático, los ministros de Francia y Gran Bretaña se reunieron primero con Piérola y luego enviaron dos emisarios al campamento chileno para pedir una entrevista con su comandante en jefe. Dicha entrevista fue concedida para las 7 de la mañana siguiente. Horas antes, los referidos ministros se reunieron con los jefes de las estaciones navales,7 que bajo la presidencia del contralmirante británico Frederick Stirling habían acordado batir a la flota chilena si no se respetaban las leyes de la guerra respecto a las vidas y propiedades neutrales. (…)

La delegación de diplomáticos se dirigió luego al cuartel general de Piérola para informarle los resultados de su entrevista. En Miraflores se encontraron con los jefes de las estaciones navales extranjeras, que igualmente estaban tratando de convencer a Piérola para que aceptara negociar la paz, ya que no veían practicable presentar una resistencia seria al enemigo. Luego de esta reunión, los representantes extranjeros pasaron a Lima para informar al Cuerpo Diplomático, retornando a Miraflores a eso de las 2 de la tarde para insistir nuevamente ante el Jefe Supremo de la futilidad de seguir resistiendo.

Piérola se sentaba en ese momento a almorzar con algunos oficiales y los jefes navales extranjeros, cuando el fuego de fusilería y artillería interrumpió su conversación. Los diplomáticos y marinos extranjeros tuvieron que salir huyendo, dirigiéndose a pie hacia Lima, pues la acción se generalizó en breves minutos. Por su parte, Piérola se dirigió a la hacienda Vásquez, donde se ubicaba el puesto de mando del Ejército de Reserva. Era aproximadamente las 2:25 de la tarde.
Será difícil establecer quién disparó primero en Miraflores, pues tanto peruanos como chilenos nos acusamos mutuamente de haber roto la tregua. (Por: Jorge Ortiz Sotelo)

Fuente: Revista Caretas n° 2318. 23 de enero del 2014.