sábado, 25 de enero de 2014

El Perú y los problemas de autoestima y sentimientos de duelo ante la historia con Chile.

 
Max Hernández: “Aquí, el fallo moviliza sentimientos muy fuertes”

Juan Pablo Sallaberry

Revista Qué Pasa
Chile

El psiquiatra Max Hernández ha estudiado desde el punto de vista del psicoanálisis los efectos de la Guerra del Pacífico en la sociedad peruana. Diagnostica problemas de autoestima y sentimientos de duelo. A su juicio, un fallo favorable de La Haya es el camino para iniciar la reparación. 

En Chile hay interés respecto al fallo de La Haya, pero al parecer en el Perú esto genera una pasión y conmoción mucho mayor, que implica más que el límite marítimo. ¿Por qué?
Yo creo que implica mucho más. Implica una capa de la cual no todos tenemos conciencia. Moviliza afectos tempranos, moviliza sentimientos muy fuertes, es decir, está la idea de que luego de tanto tiempo se ha encontrado una fórmula pacífica, una formula civilizada de hacer valer lo que sentimos, lo que son nuestros derechos, eso puede explicar la diferencia de sentimientos frente a este fallo. Por otro lado, en esta decisión, que empezó con la presentación del presidente Alejandro Toledo de las líneas de base, continuó con Alan García llevando la demanda a La Haya y concluye con Humala, por primera vez es una suerte de fruto visible de una política de Estado. Hay una sensación de que aquí estamos de acuerdo todos.
 
¿Qué significaría para Perú, desde el psicoanálisis, un fallo favorable en La Haya?
Un reconocimiento de los planteamientos que ha hecho el Perú podría tener un valor bastante importante. Creo que esos gestos simbólicos tienen un poderoso sentido. En mi libro lo que he intentado hacer es ver el revés de la trama de una encrucijada política, social, cultural, que fueron la Guerra del Pacífico y los años posteriores. Un tejido cuyo revés tenemos que mirar para destejer los nudos que nos afectan a ambos lados. La guerra y la ocupación dejaron una secuela melancólica en el Perú, un sentimiento de rabia contra el propio país por no haber actuado de otra manera. Cuando en un país se pierde una guerra y hay cesión territorial, hay un sentimiento de pérdida, incluso mutilación. Por otro lado, el comportamiento de los soldados durante la ocupación no fue el comportamiento más generoso ni humano, y entonces esas historias han quedado grabadas.
 
¿A qué se refiere cuando habla de la rabia narcisista de Perú respecto a Chile?
Ese es un concepto que formuló el psicoanalista austriaco Heinz Kohut. Lo que a él le llamaba la atención eran ciertos sentimientos en lo cual la rabia, al no poder tener expresión hacia fuera, rebotaba contra la propia persona.
 
¿Pero por qué estos sentimientos han perdurado por más de un siglo, pese a que han cambiado las generaciones?
Quedó con fuerza una narrativa del horror de lo que fue la guerra, que duró cinco años, lo que es mucho para América Latina, y se sintió como una injusticia que no se realizara el plebiscito en Tacna y Arica. Desde fines de la guerra hasta el tratado del 29 hubo 50 años en que se subrayaba el abuso, en momentos que Chile y Perú construíamos identidades nacionales. Nosotros teníamos la tarea dolorosa de construir una identidad post pérdida de nuestro territorio y en Chile, por el contrario, la construcción de una nación victoriosa, el triunfo de la nación en armas.
 
¿Y la modificación de límites sería una suerte de reparación?
En alguna medida sí. Podríamos sentir que cosas que creemos son justas son reconocidas. Y más que lo que La Haya sentencie, la respuesta de Chile será muy importante para nosotros. Si hay una respuesta en que valora el fallo como justo, aunque sea negativo, podría abrir en el futuro próximo posibilidades de una mayor comprensión e integración entre nuestros pueblos. Así como los peruanos estamos tratando de superar esa melancolía, ese duelo, esa rabia narcisista, esos resquemores que han durado mucho, sería interesante que se pudiera explorar de los pensadores chilenos cómo se fue afirmando esa especie de sentimiento de superioridad, una historia de ego ampliado, la transición del legítimo orgullo nacional a una suerte de soberbia con respecto a los vecinos bolivianos y peruanos.
 
En su libro plantea la necesidad de revisar la historia, para escribirla en conjunto.
Para mí lo fundamental sería que pudiéramos construir una suerte de narrativa conjunta –la narrativa de un terrible pleito de familia, si me permite otra metáfora de inspiración psicoanalítica–. En mi texto siempre uso la idea de que la palabra historia significa dos cosas, por un lado, lo qué pasó, y por otro, la narración de lo que pasó. Yo buscaría una narrativa sin adjetivos denigrantes del uno o del otro lado, una historia que resalte momentos de enorme apertura y caballerosidad y no solo que ustedes hablen de lo que pasó en la batalla de Concepción como una suerte de ferocidad peruana y que nosotros hablemos del repaso a los caídos en la guerra.  Lo que quisiera de La Haya, más que movilizar chovinismos, fuera más bien decir, caramba, vamos a procesar todo esto, vamos a elaborar creativamente esto y hagamos cosas en conjunto que muestren que las fronteras son cosas artificiales en América del Sur, como han resultado ser en Europa.

Fuente: La República. 25 de enero del 2014.