sábado, 8 de marzo de 2008

TÚPAC YUPANQUI. EL INCA NAVEGANTE.



Descubrimiento de Oceanía. Memoria del inca viajero
Por Alonso Rabí Do Carmo
Fuente: Dominical (El Comercio)

Túpac Yupanqui explorador. Fue uno de los últimos libros del notable historiador José Antonio del Busto. En este da cuenta de una hipótesis que no tiene pruebas concluyentes, pero que resulta imposible rechazar: Túpac Yupanqui fue el descubridor de Oceanía.

Durante el siglo XV, fueron los navegantes portugueses los que más habían ensanchado el mundo que conocía Occidente. A lo largo de esa centuria, los predecesores, contemporáneos y quienes siguieron el afán explorador de Enrique el Navegante o Vasco da Gama, en suma, habían tocado las costas del Brasil, bordeado prácticamente todo el litoral africano, tocado parte de las orillas de India y hecho algún escarceo por las costas de Groenlandia y América del Norte, lo que no era poca cosa.

Pero desde puertos aún ignorados por las metrópolis europeas, otros viajeros, sin contar con galeotes o instrumentos de medición tan sofisticados, iban haciendo sus propios trazos, a punta de balsas y velas, en ese vasto fresco geográfico que es el mapamundi.

Y los antiguos peruanos no fueron precisamente ajenos al antiguo y venerable arte de hacerse a la mar. Túpac Yupanqui (1440-1485) -hijo de Pachacútec, décimo inca del Cusco y segundo emperador del Tahuantinsuyo- fue no solo el responsable de la más importante expansión territorial inca, sino además el líder de una expedición marina que marcaría un hito en la historia de la navegación, al haber arribado, por primera vez, a las islas de Mangareva y Pascua, convirtiéndose ni más ni menos que en el descubridor de Oceanía.

Pero no sería esta la primera de sus aventuras oceánicas. Cuando se hallaba en pleno proceso expansionista por la costa norte del Pacífico, entre los actuales territorios de Perú y Ecuador, Yupanqui tuvo ocasión de conocer de cerca la habilidad para la navegación que tenían los lugareños y, más aun, basado en sus relatos, dedujo la posibilidad de que existieran tierras desconocidas en el centro del océano. Y no se equivocó, pues aquello que excitaba la imaginación del inca eran las Islas del Poniente.

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