domingo, 5 de octubre de 2014

Julio Octavio Reyes y las crónicas sobre Miguel Grau y el monitor Huáscar.

Foto tomada del archivo de Luis Cam

El cronista del Huáscar

El periodista Julio Octavio Reyes acompañó a Miguel Grau y al monitor Huáscar durante toda la campaña naval de la guerra con Chile. Aquí lo recordamos –en fecha intermedia entre el Día del Periodista y el Combate de Angamos– a propósito de un documental que se prepara sobre su vida.

Texto: Raúl Mendoza.
El 21 de mayo de 1879, poco antes de las seis de la mañana, en Iquique, el monitor Huáscar se preparaba para el inminente combate contra la corbeta chilena Esmeralda. Sobre la cubierta de la nave el almirante Miguel Grau dirigía una arenga a sus hombres formados en dos filas. Sus palabras finales fueron: “Tripulantes del Huáscar, ha llegado la hora de castigar al enemigo de la patria y espero que lo sabréis hacer, cosechando nuevos laureles y nuevas glorias dignas de brillar al lado de Junín, Ayacucho, Abtao y el 2 de Mayo. ¡Viva el Perú!”.
Ese instante emotivo tuvo un testigo de excepción: Julio Octavio Reyes, periodista del diario civilista limeño La Opinión Nacional, embarcado en el Huáscar, en el inicio de la campaña naval.
Él describe ese momento con detalle: “Los jefes, oficiales, tripulantes y guarnición, repitieron las últimas palabras con entusiasmo, agregando: ¡Viva el comandante del Huáscar!”. La banda de guerra tocó diana y se escuchó la señal de zafarrancho de combate. “Los oficiales, marineros, grumetes, soldados, [...] hasta los guardiamarinas de 15 a 16 años, casi niños, se abrazaban y corrían a sus puestos con entereza espartana”.
Ese día concluyó con sentimientos encontrados para Grau y los marinos peruanos: la victoria del Huáscar sobre la Esmeralda –a la que hundió usando su espolón– y la pérdida de la fragata blindada Independencia, nuestro mejor barco de guerra, que encalló persiguiendo a la nave chilena Covadonga. Podemos conocer lo que ocurrió, los sentimientos de los protagonistas y el ambiente que se vivía en aquellos lugares porque Julio Reyes estuvo ahí para contarlo. Gracias a él se sabe hasta los puestos que ocupaban habitualmente todos los oficiales del Huáscar cuando combatían.
Legado periodístico
Su pluma sirvió para contar las peripecias del monitor durante la campaña naval, pero también para conocer otro tipo de peligros a los que se enfrentó. Se conoce poco, por ejemplo, que el buque de guerra peruano estuvo a punto de sucumbir en el mar combatiendo contra las fuerzas de la naturaleza. Hay un magnífico relato de Reyes sobre un violento temporal que puso en jaque al Huáscar, el 5 de agosto de 1879. 
“El temporal se había desencadenado de un modo amenazante. [...] El viento soplaba furiosamente por entre el cordaje del buque, y formaba olas inmensas; montañas de agua que levantaban el buque hasta los cielos para sumergirlo después en un abismo profundo, negro, sombrío. [...] Hubo un instante en que el buque estaba completamente tumbado hacia babor, a tal extremo, que los botes de ese costado estaban dentro del agua, y vino una ola por ese mismo lado, inmensa, extraordinaria, como de 22 pies de altura, que pareció iba a darle el último golpe, la vuelta de campana, pero por fortuna salvamos".
Con ese detalle y esa emoción escribía Reyes. Y continúa el relato: "El comandante Grau, sobre su puente, con una serenidad digna y elevada, manifestó que si tenía valor y pericia para combatir a los enemigos de la patria, lo tenía también para combatir los elementos. Sus oficiales se manifestaron como siempre dignos de su jefe". La crónica es larga, plena de detalles.
Julio Octavio Reyes escribió diecinueve extensas crónicas sobre la campaña naval de la guerra del Pacífico entre los meses de mayo y setiembre de 1879. Por él es que hoy podemos conocer las correrías del Huáscar: los combates que protagonizó, las capturas que hizo, cómo logró romper los bloqueos, la personalidad de Miguel Grau, el carácter de sus oficiales y marinos, las veces que la población peruana lo recibió llena de patriotismo en los puertos que entonces todavía pertenecían al Perú.
El periodista, que nació en Huacho en 1850, contribuyó a que el pueblo peruano supiera de las proezas de Grau y del formidable monitor bajo su mando. Los libros de historia no lo mencionan mucho, salvo una investigación de Héctor López Martínez, y tampoco lo han hecho los medios de comunicación. Sólo hay breves referencias sobre él en investigaciones de Raúl Porras o José Agustín de la Puente. Por eso su legado busca ser rescatado por el documentalista Luis Enrique Cam en su próximo trabajo. Se llamará El Corresponsal del Huáscar. 
Reportero a bordo
Al estallar la guerra con Chile en 1879, Julio Octavio Reyes fue uno de los cuatro periodistas que cubrieron la guerra, destacados por igual número de diarios en barcos de la escuadra peruana. Lo hizo para La Opinión Nacional, diario fundado en 1873. Los otros tres cronistas de la guerra fueron: José Rodolfo del Campo por El Comercio, el uruguayo Benito Neto por La Patria, diario pierolista, y el portugués Manuel F. Horta por El Nacional.
El destino quiso que Reyes fuera corresponsal en el Huáscar. El comandante del monitor, Miguel Grau, era un excelente capitán de mar y tierra, pero pocos imaginaban el papel superlativo que cumpliría el pequeño buque de guerra en defensa del territorio peruano. "En los seis meses de campaña naval, Julio Octavio Reyes detalló día a día, incluso hora a hora, lo que sucedía en la guerra naval", cuenta Luis Enrique Cam. Él ha encontrado las 19 crónicas de JOR en los archivos de la Biblioteca Nacional. Ellas serán la columna vertebral del documental que presentará en octubre de 2015.
En alguna crónica, Julio Octavio Reyes presenta la carta de un padre a su hijo, tripulante del Huáscar, para dar cuenta del orgullo que los ciudadanos sentían por las hazañas de sus marinos: "Querido hijo: Te felicito y felicito a tu jefe, como también a todos los soberbios marinos del Huáscar. Ser del Huáscar es un título que no se compra sino con la sangre. [...] El comandante Grau y sus marinos subalternos no saben todavía lo que están ganando de instante en instante. Los corazones peruanos servirán de adoquines en las calles por donde ustedes pasen en Lima el día que nos traigan la última victoria, envuelta en nuestro pabellón nacional".
La cercanía que tenía con Grau y su tripulación le permitió conocerlo amistosamente. La última noche de Grau en Arica –a fines de setiembre de 1879– llegó a conversar con el almirante sobre su estado de ánimo. “Estoy muy triste, algo cuya causa ignoro, me tiene atormentado desde la mañana”, nos decía nuestro querido y respetado jefe y reclinando su cabeza sobre las manos, permanecía mudo y silencioso. [...] lo que pasaba con el comandante, pasaba también con la mayoría de los oficiales". Había una razón: los marinos peruanos sabían que sobre el papel la guerra naval estaba perdida por la enorme diferencia con Chile en naves y armamento 
"Reyes siempre tuvo una actitud responsable con la información. Nunca puso en sus crónicas información que pudiera beneficiar al enemigo", cuenta Luis Enrique Cam. El destino hizo que no estuviera en el combate de Angamos.

El 30 de setiembre, en Arica, bajó a dejar correspondencia y al volver sólo pudo ver al Huáscar alejándose: habían avisado de buques chilenos en las cercanías. No volvería a ver a Grau ni al monitor. Caerían el 8 de octubre en el combate de Angamos. Después, JOR cubrió la invasión chilena y más tarde peleó al lado de Andrés Avelino Cáceres. "Fue un héroe civil", dice Cam. Murió en Ecuador en 1903, pero su legado permanece: contó la historia de un barco y su comandante que durante cinco meses fueron "la patria sobre el mar".
Fuente: La República, suplemento "Domingo". 05 de octubre del 2014.