sábado, 29 de junio de 2013

Nicolás de Piérola y su legado histórico. Alfredo Barnechea.

Entrada por Cocharcas, según pincel de Lepiani. A la derecha de Piérola (izquierda en la imagen), el segundo de la revolución, Enrique Bustamante y Salazar, bisabuelo del autor. Bustamante estaba con Piérola en la chalana que abordó el Huáscar en 1877, fue su ministro (embajador) en La Paz ante Campero, lo acompañó en la travesía de Iquique a Punta Caballas, y fue su representante en la Junta de Gobierno de 1895. Murió en 1907.

Historia Centenario del primer Presidente que, más allá del ejército o las oligarquías civiles, fue hacia el pueblo.

¡Viva Piérola! 100 años


Por: Alfredo Barnechea

El grito brotó entre el pueblo, que había llegado en devoción a la vieja calle del Milagro.
Se había escuchado muchas veces antes, probablemente la primera vez en 1869 desde una barra del Congreso. Había sido siempre una corneta de batalla pero esta vez era toque de difuntos.

Hace cien años, el 23 de junio de 1913, murió Nicolás de Piérola y Villena. Arequipeño, hijo del ministro de Hacienda de Echenique, fugaz seminarista, periodista precoz, Piérola fue en 1869, a los 30 años, el ministro de Hacienda de Balta. Es al fin de la “prosperidad falaz” del guano. Piérola se ha dado cuenta como periodista de la estructura perversa del sistema de la consignación del guano. Con el contrato Dreyfus, se lo quita a un club pequeño y le devuelve a la nación sus activos.

Es, acaso, la primera vez que aparece un Estado peruano manejando sus finanzas. Lo que ha hecho antes Castilla, fracasado el sueño estratégico de la Confederación, es apenas un “patchwork”, una tela que le permite cooptar los caudillos indóciles. Pero Estado, Estado, es Piérola, quien osa construirlo. En su biografía del caudillo, Dulanto Pinillos escribió: “Reemplaza el Estado pordiosero por el Estado rico. Sistematiza la hacienda, inicia la obra de dos grandes ferrocarriles, resucita el crédito, cubre el empréstito de 1870, deja en alza el papel peruano en los grandes mercados de Europa”.
De esa decisión surgen muchas cosas. Casi como causa-efecto, muy poco después, el Partido Civil. También la persecución, parlamentaria, judicial y periodística contra Piérola.
Jorge Guillermo Leguía ha dicho de Pardo que “era un político que pensaba como banquero”. Piérola se da cuenta del error monumental de Manuel Pardo respecto del salitre, causa final de la guerra con Chile. Percibe que lo que se busca es devolverle los recursos naturales a los consignatarios. Y también del fatal error de desarmar la Marina peruana, consecuencia letal de la “república práctica”.

La persecución transforma al financista en montonero.Entre 1872 y 1877, Piérola organiza varias insurrecciones. La más impresionante: cuando los pierolistas capturan el “Huáscar” y, en el célebre combate de Pacocha, que figura por derecho propio en los anales de la historia naval del mundo, hacen huir a dos barcos ingleses, el “Shah”y el “Amathyste”, de mucho más poder de fuego. La figura de Piérola enraíza en el imaginario popular.

La fase siguiente en la biografía de Piérola es la dictadura en la guerra con Chile. No es una dictadura como tantas, “golpista”. Es casi una dictadura en la tradición romana: la institución a la que se le entregan temporalmente todos los poderes en una hora de máximo peligro.
El 18 de diciembre de 1879, Mariano Ignacio Prado abandona vergonzosamente la Presidencia en medio de la guerra. No se lo perdonaremos nunca. El país queda acéfalo. No hay en el erario ni un centavo. Carecemos de armas. Los barcos los ha cancelado antes Pardo, y no hay, verdaderamente, escuadra. Grau ya se ha inmolado e ingresado a la gloria del Perú. Capturada Tarapacá, ya no tenemos el salitre. Asediada la costa, no podemos exportar guano, la fuente financiera del Estado. Asumir la presidencia entonces era algo heroico, trágico.

Los enemigos de Piérola han discutido hasta la saciedad sus errores militares. Remito al respecto al libro de Héctor López Martínez, Piérola y la defensa de Lima. Lo que nadie niega es su arrojo. Recorrió las líneas a caballo, junto con su hijo de 17 años. Baquedano contó que lo veían, a tiro de fusil. Incansable, organiza la defensa. Perdimos en San Juan, en Miraflores, en Chorrillos, pero no perdimos la honra. El mismo Iglesias, que firmó, o tuvo que firmar, después el tratado de Ancón, se batió como un león en Chorrillos, donde mataron a su hijo.
¿Se debió dar la batalla de Lima o, como La Serna, abandonar la capital y hacerse fuertes en los Andes? Es lo que trató de hacer Piérola, llegando hasta La Paz para pactar con Campero la defensa conjunta peruano-boliviana.

Pero surgió entonces el gobierno colaboracionista de La Magdalena. Nuestro Vichy. García Calderón se redime en parte por no firmar luego la cesión territorial, pero esos notables limeños traicionan a Piérola (y a Cáceres, que combatía entonces bajo sus órdenes).
La siguiente etapa, gloriosa, de Piérola es 1895. Hay que poner fin al “segundo militarismo”. Cáceres tiene en la cabeza probablemente el modelo de Porfirio Díaz pero el ánimo del país ya no lo acompaña. Surge entonces la Coalición. Como el 1688 inglés, es nuestra “revolución gloriosa”, el consenso de enemigos de antaño en pos de una república.
La guerra civil explota durante meses en todo el país hasta la madrugada milagrosa del 17 de marzo de 1895 cuando Piérola entra por Cocharcas. Hay entre 2 y 3 mil muertos. Lima superaba apenas los 100 mil habitantes.

Basadre escribió en su Historia: “Al hacerse cargo Piérola del más alto puesto de la República en 1895, hallábase esta en sus peores momentos. La hacienda pública sin rentas; las obligaciones del fisco, impagas; la moneda, inestable; la burocracia, corrompida; las prefecturas convertidas en satrapías; el país viviendo en el marasmo y la atonía”.
Piérola saca al Perú de ese estado e inicia 30 años de expansión. Un renacimiento del Perú. En 1900, los chilenos vienen a ver el progreso peruano. Casi un centenar de empresas peruanas cotizan en la bolsa de Londres.

Basadre dijo también que “fue la tragedia de Piérola, y la tragedia del Perú de fines del siglo XIX y principios del XX, que lo dejaran llegar al poder únicamente en los momentos más difíciles: ante la derrota en la guerra con Chile primero, y más tarde ante la violencia de una dictadura militar y la tristeza de la nación desfalleciente”.

¿Cuál fue la magia de Piérola?
Fue el primer Presidente que, más allá del ejército o las oligarquías civiles, fue hacia el pueblo. En su coalición cabían todos. Aristócrata (al fin y al cabo había nacido en la casa de los Tristán), el pueblo vio que El Califa estaba de su lado y no lo gobernaban intereses. En su exposición de defensa ante el congreso civilista en 1872, Piérola dijo: “He luchado, sí, pero sólo con los ricos y los fuertes; no nos hemos apoyado en las aristocracias de la fortuna y de la sangre; no hemos hecho comercio político con ellos; hemos condenado muy alto su presuntuosa arrogancia; y jamás hemos prometido en su nombre una regeneración que no traerán para la república. No hemos rendido nunca culto al poder y a la riqueza”.
El pueblo oyó esa voz, y reconoció en él la grandeza que los pueblos siempre buscan, aunque no sepan decirlo. Decir que se adhirieron a él no expresaría lo que fue esa química de medio siglo. Le dieron, en un plebiscito cotidiano, su idolatría. Uno de esos raros momentos en que la política es una rama del amor.

En 1942, Alberto Ulloa Sotomayor leyó en el Maury una oración:

En la noche vibró estentóreo el ¡Viva Piérola! que el eco en la penumbra llevaba por las calles angostas hasta los barrios lejanos, donde lo acogían oídos propicios.
Voz de orden de la civilidad.Santo y seña de la democracia.
¡Viva Piérola! Disparó contra la opresión. Clamor contra la injusticia. Despedida de los moribundos. Anatema contra los tiranos. Signo de libertad, de igualdad y de fraternidad.
¡Viva Piérola! En todos los labios libres y populares. En el negro, en el zambo, en el mestizo, en el blanco y en el indio. En el varón y en la hembra.
Voz que se oía a todas las distancias, que trasponía los muros de los presidios, a través de los mares y los cerros, donde esperaban los exiliados.
Voz que dominó los cañonazos de Pacocha y se oyó por encima de la fusilería el 17 de marzo, y que suena aún sobre la república.
¡Viva Piérola! Grito compañero de la conspiración y la jarana. Común denominador del hombre de la calle.
Grito perdurable en la historia del Perú.
Voz de ultratumba, todavía.

Fuente: Revista Caretas n°. 2288. 20 de junio del 2013.

2 comentarios:

luis antonio dijo...

Nicolas de Piérola fue un traidor a la patria. Su arrogancia y mezquindad política llevó al Perú a la derrota en la guerra contra chile...traicionó a Bolognesi y Cáceres....

luis antonio dijo...

Nicolas de Piérola fue un traidor a la patria. Su arrogancia y mezquindad política llevó al Perú a la derrota en la guerra contra chile...traicionó a Bolognesi y Cáceres....