domingo, 5 de junio de 2011

Historia de los Afroargentinos. Antonio Ruiz, ‘Falucho’, y Juan Bautista Cabral. Los 2.500 soldados afroargentinos incorporados al ejército libertador de San Martín.


La gesta de los afroargentinos

Antonio Ruiz, ‘Falucho’, y Juan Bautista Cabral fueron dos de los 2.500 soldados afroargentinos incorporados en el ejército libertador. El primero fue muerto en el Real Felipe del Callao, el otro le salvó la vida a San Martín. Estas son sus poco conocidas historias.

Por: Maruja Muñoz Ochoa. Investigadora de la cultura afroperuana.

“¡Viva Buenos Aires!” fue el grito que se oyó en la madrugada del 6 de febrero de 1824 en el fuerte Real Felipe en el Callao, en medio del fragor de los fusiles que acabaron con la vida del ‘Negro Falucho’, por haberse negado a rendir honores a la bandera de España.

Así lo narra el historiador y estadista argentino Bartolomé Mitre en su obra “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”, en la que cita testimonios del general Enrique Martínez, jefe de la División de los Andes, y de los coroneles Pedro José Díaz y Pedro Luna, a cuyo cuerpo pertenecía ‘Falucho’, apodo que respondía a su contextura delgada.

Su nombre verdadero era Antonio Ruiz y había sido uno de los 2.500 soldados afroargentinos incorporados al Batallón de Pardos y Morenos del Ejército de los Andes, durante la campaña libertadora del general José de San Martín. A pesar de su figura delgada, era fuerte y valiente, y uno de los pocos sobrevivientes de las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma.

El motín

Este episodio, desconocido incluso para muchos argentinos, se inició cuando el general Simón Bolívar ingresaba al Perú provisto de un gran ejército, mientras que en el Callao se hacía ostensible el descontento de los soldados de San Martín, acantonados en el Real Felipe.

Estos se hallaban un año impagos y mal alimentados, situación que fue aprovechada por los realistas presos en la fortaleza, como el coronel José María Casariego, para provocar un motín. Casariego convenció a los sargentos Dámaso Moyano, mendocino, hijo de esclavos e integrante del Regimiento de Granaderos de Río de la Plata, y a Francisco Oliva, del Batallón 11, de que recibirían premios y ascensos si se rebelaban al ejército patriota.

No fue difícil fomentar la rebelión, pues el día anterior los jefes y oficiales habían recibido sus sueldos, en tanto que los soldados permanecían impagos. Además, corría el rumor de que estos serían trasladados al norte del país a disposición de Bolívar, cuando lo que ellos deseaban era volver a casa, pues llevaban años combatiendo.

La traición

La noche del 5 de febrero, Moyano y Oliva montaron guardia en lugares estratégicos. Por la mañana, arrestaron a los oficiales de la guarnición, al gobernador del Callao, general Rudesindo Alvarado, y al comandante general de Marina, Pascual Bibero. Moyano se nombró coronel jefe del regimiento y de la plaza del Callao pero, ante la reacción de los patriotas, no pudo ratificar su autoridad.

Asustados, Moyano y Oliva entregaron el mando a Casariego, quien liberó a los demás prisioneros españoles y encerró a los oficiales y autoridades patriotas. Oliva fue nombrado coronel y Moyano, brigadier y conde de los Castillos, como recompensa por pasarse al ejército realista, y les advirtieron que serían ejecutados si caían en poder de los patriotas.

El héroe

Cesariego, entonces, dispuso enarbolar el estandarte español en el Real Felipe en vez de la bandera argentina, que flameaba en lo alto del torreón. Cuenta Mitre que Antonio Ruiz, el ‘Negro Falucho’, que hacía guardia en el torreón, fue sorprendido por sus antiguos camaradas de armas, quienes, portando el estandarte español, le ordenaron presentar armas al pabellón del rey. A esto, ‘Falucho’ respondió: “Yo no puedo rendir honores a la bandera contra la que he peleado siempre”.

“¡Revolucionario! ¡Revolucionario!”, gritaron los traidores.

‘Falucho’ atinó a decir: “Malo será ser revolucionario, peor es ser traidor”, y mientras daba vivas a su tierra porteña, cayó muerto por las descargas de cuatro fusiles.

Lucas Demaria, secretario de la Embajada de la República Argentina, quien cuenta la historia para El Comercio, dice que el cuerpo de ‘Falucho’ debió ser arrojado al mar, según se estilaba en la época.

El salvador del libertador

Lucas Demaria dice que en su país se está revisando la historia, pues existen muchos hechos, como los del soldado ‘Falucho’, que permanecen ocultos, como parte de la invisibilización hacia los afroargentinos. “Ellos dejaron una impronta indeleble en todos los aspectos de la sociedad argentina. Estuvieron en el origen de formas artísticas populares como la payada, el tango, la milonga y la chacarera”.

Ejemplo de esa invisibilización es el blanqueamiento del sargento Cabral. “Durante siglos creímos que el héroe que salvó la vida de San Martín en la batalla de San Lorenzo era un hombre blanco, de ojos azules. Hoy se sabe que era mulato, tal como se lo presenta en la película ‘El paso de los Andes’, estrenada recientemente en Buenos Aires, protagonizada por Rodrigo de la Serna”, asegura Demaria.

El correntino Juan Bautista Cabral era hijo natural de José Jacinto Cabral y Soto y de su esclava de origen africano Carmen Robledo. En 1812, Cabral se incorporó al regimiento de granaderos que combatió en la batalla de San Lorenzo.

La historia narra que durante la lucha, una bala de cañón mató al caballo de San Martín (entonces coronel), que cayó pesadamente sobre la pierna derecha del libertador. Ante tan difícil situación, Juan Bautista se arrojó de su caballo y corrió a salvar a su jefe, sin importarle los disparos que caían en su cuerpo. A pesar de estar herido, logró mover al animal, y dejó libre la pierna de San Martín, cubriéndole la espalda. Ahí recibió un impacto de bala mortal. Solo alcanzó a decir: “Muero contento. ¡Hemos abatido al enemigo!”. Con este acto, Cabral salvaba a San Martín y el futuro de la independencia.

En su memoria

“Al soldado Juan Bautista Cabral. Murió en la acción de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813”, dice la placa que San Martín mandó colocar en la puerta del Cuartel del Retiro. Actualmente, se lo glorifica en la Marcha de San Lorenzo. La Escuela de Suboficiales del Ejército Argentino lleva su nombre.

Cabral fue sepultado en el Convento de San Carlos, donde una placa de bronce recuerda su gesta. Y en Corrientes, su provincia natal, hay un monumento en su honor. “¡Pobres negros!”, exclamó San Martín, tras recorrer el campo de batalla de Chacabuco, donde la mayoría de cadáveres eran del Batallón N° 8, compuesto por libertos de Cuyo. Entre 1816 y 1823, se produciría la muerte masiva de africanos y afroamericanos reclutados para el Ejército de los Andes durante la campaña de Chile, Perú y Ecuador. De los 2.500 soldados negros que iniciaron la campaña, solo 143 fueron repatriados con vida.


Fuente: Diario El Comercio, suplemento cultural "El Dominical" (Perú). 5 de Junio del 2011.