sábado, 14 de junio de 2008

AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS.

La soga en la casa del peruano

Por César Lévano
El lunes último, militares de Estados Unidos invadieron territorio peruano, en la Bahía Las Salinas, en el área de Huacho. Fue en realidad un ejercicio en el que participaron 345 infantes de marina estadounidenses.

Se supone que las tropas gringas, que invaden cualquier país cuando les da la imperial gana, no tenían nada que aprender de este simulacro: entre 1824 y 1994 su país efectuó 73 invasiones en América Latina.

Las víctimas: Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Grenada, etc. A México, como se sabe, le arrebataron la mitad de su territorio.

La enumeración no incluye la injerencia para instalar dictaduras y derribar gobiernos democráticos, como el del coronel Jacobo Árbenz, en 1954, que había cometido el “delito” de expropiar 85,000 hectáreas de la United Fruit, compañía asesina pintada para siempre en las páginas de Cien Años de Soledad. Gabriel García Márquez relata allí cómo acribillaron, por encargo de la United Fruit, a cientos de bananeros en huelga.

El derrocamiento de Salvador Allende, en 1973, fue también obra de Washington.

La dictadura del general Rafael Videla, inspirada y asesorada por Washington, asesinó o hizo desaparecer a 30 mil personas.

En 1915, infantes estadounidenses invadieron Haití, y se quedaron allí hasta 1934. Después instalaron a François Duvalier (Papa Doc), que asesinó a decenas de miles de personas. Thomas Enders, secretario de Estado estadounidense, lo felicitó, sin embargo, por su “conciencia democratizadora”. Casi da risa, si no fuera porque esa intromisión explica en buena medida la dolorosa miseria de Haití.

Risible y canallesca fue la invasión de Grenada, isla de 344 km2, con una población de 89,502 habitantes, que constituía, según el Departamento de Defensa washingtoniano, una amenaza para la seguridad de Estados Unidos.

Hacia 1854, Washington intentó comprar Cuba a España, por la suma de 125 millones de dólares. Cuando España rechazó el negocio, los gringos intentaron una invasión de la isla. El proyecto fracasó porque los antiesclavistas del Norte estadounidense se opusieron: no querían ampliar el ámbito de la esclavitud.

Nuestra América padeció antes que Vietnam o Irak los arrebatos invasores de Norteamérica. El imperialismo yanqui se nutre de una doctrina constituyente. La del “Destino Manifiesto”, que John Sullivan formuló así en 1845: “Nuestro destino manifiesto es desbordarnos sobre el continente atribuido por la providencia para el libre desarrollo de nuestro millones de habitantes que se multiplican anualmente”.

Sí, pues, los infantes yanquis en nuestra costa, como sus paisanos en nuestra Amazonía, no necesitan de ningún training en materia de invasiones. Su experiencia es una amenaza.

Fuente: La Primera