miércoles, 9 de enero de 2008

LEGUÍA Y FUJIMORI. SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS.

Curioso afiche leguiísta. El ingenio y la corrupcion serán también marcas de ambos gobiernos.

Entre la "Patria Nueva" y " Cambio 90"

Vía el diario La República, el prestigioso historiador sanmarquino Antonio Zapata, nos presenta a continuación un interesante artículo, donde establece claras semejanzas y diferencias entre dos muy cuestionados presidentes peruanos : Augusto B. Leguía y Alberto Kenya Fujimori. De características autoritarias y populistas, ambos regímenes son recordados hoy por ser los más prolongados de nuestra historia a partir del siglo XX. En el caso de Leguía once años (el Oncenio, 1919-1930) y Fujimori diez años (Decenio Autocrático, 1990-20000).

Algunas observaciones al texto de Antonio Zapata, es que olvida mencionar algunas importantes semejanzas entre ambos personajes. Estas pueden resumirse en las siguientes : los dos gobiernos cerraron el congreso para buscar mayoría parlamentaria; ambos redactaron nuevas constituciones afines a sus intereses; favorecieron las inversiones extranjeras y las privatizaciones; firmaron importantes acuerdos limítrofes con cesiones territoriales; promovieron fuertemente la ampliación de las vías de comunicación; intensa persecución a los opositores políticos; proximidad a los intereses de EE.UU; así como un impulso a la producción agraria y la exportación de materias primas a nivel económico.
(Eddy Romero Meza)

Fujimori y Leguía

Antonio Zapata (Historiador)

¿Fue el gobierno de Fujimori un caso singular, sin mayores antecedentes en la política peruana? Pareciera que sí, porque terminó con el ciclo populista y reformó en profundidad el sistema heredado de sus antecesores. Pero, si se observa bien se encuentra que registra numerosos antecedentes en la historia política nacional. El ejemplo más comentado es la comparación con el régimen de Augusto B. Leguía, conocido como el "oncenio". Ambos son los gobiernos más largos del siglo XX, aunque Leguía lleva la delantera porque sumando to-dos sus años en el poder llega a quince, cantidad que sólo algunos pocos virreyes habían disfrutado. El segundo en duración es Fujimori, con su decenio a cuestas. Por otro lado, empezaron por la izquierda y rápidamente viraron a la derecha, para estacionarse en esta postura a lo largo de su mandato. Es más, cuando ascendieron al poder, les ganaron la carrera electoral a señorones de derecha, como fueron Ántero Aspíllaga y Mario Vargas Llosa. También, terminaron envueltos en escándalos de DDHH y peculado, habiendo afrontado sendos juicios una vez fuera del poder. En efecto, tanto Leguía como Fujimori son los únicos presidentes peruanos que se han sentado en el banquillo de acusados.

Una semejanza adicional tiene relación con el tiempo en política. Decía Trotski que el tiempo era más importante en política que en la misma gramática. Leguía y Fujimori gobernaron dos períodos seguidos y su caída ocurrió cuando quisieron quedarse por tercera vez consecutiva. Existe un límite al aguante del ciudadano peruano frente a la dictadura. El promedio se resigna con facilidad al gobierno autoritario, puesto que ha habido tantos que hasta parecen naturales. Pero no tolera demasiado tiempo. A la tercera ocasión, la gente está harta, la juventud se encrespa y los tumba un declive económico o un estremecimiento internacional. Si Fujimori se hubiera ido pacíficamente el 2000 posiblemente hubiera podido realizar una transición con impunidad. Así lo hicieron tanto Benavides como Odría. Las enormes dificultades legales que afronta Fujimori son consecuencia directa de su ilegal proyecto de obtener un tercer mandato.

Pero no hay que olvidar las diferencias. Para empezar, completamente desacreditado después de su caída y abandonado por todos, Leguía murió en prisión, mientras que Fujimori continúa siendo un factor de la política peruana. El prestigio de Leguía se hizo humo, mientras que Fujimori estando en la cárcel conserva una bancada parlamentaria y pretensiones políticas. En el mismo sentido, aunque Leguía también promovió la exportación de materias primas, lo hizo a través de un fuerte compromiso del Estado. El principal agente del desarrollo en época del "oncenio" fue el mismo gobierno. Leguía endeudó al país tremendamente y puso al Estado a la cabeza de un proyecto nacional de modernización. Mientras que Fujimori redujo el Estado, creó algunas entidades pequeñas y eficientes y desmanteló el resto. Fujimori fue un devoto del mercado y gracias a la ortodoxia económica obtuvo tanto sus éxitos como sus fracasos. Ante la pregunta por quién es el motor del progreso nacional, la respuesta de Leguía fue distinta a la de Fujimori y el primero más se parece a Velasco que al último.

Sin embargo, un último punto que compartieron Fujimori y Leguía es la elevada venalidad de sus gobiernos. El historiador Alfonso Quiroz ha escrito un balance histórico de la corrupción en el Perú, desde el siglo XVIII hasta nuestros días. El resultado es desalentador; Quiroz argumenta que hemos oscilado entre muy alta y alta corrupción, no habiendo habido, en 250 años, gobierno alguno de baja o nula corrupción. En medio de ese pantano, destacan negativamente los gobiernos de Leguía y Fujimori. Son los peores del siglo XX y también los que más huellas dejaron, posiblemente porque se sentían impunes y soñaron quedarse para siempre. En suma, Leguía y Fujimori avanzaron a grandes trancos en un camino que los gobiernos han recorrido sin interrupciones: el uso del Estado como un patrimonio personal de quien ejerce el mando.

Recomendado : http://amautacuna.blogspot.com/2007/09/fujimori-y-legua.html