domingo, 28 de febrero de 2010

Irán: Entre el Irak ocupado y la Corea del Norte nuclear.

El programa nuclear iraní

Por: Farid Kahhat
Internacionalista. Catedrático de la PUCP.

Comenzaré por aquello que no pongo en discusión: el iraní es un régimen autoritario (como la mayoría de los aliados estadounidenses en el Medio Oriente). Ese régimen no solo reprime a sus opositores políticos, y persigue a minorías religiosas como los Bahai. Su presidente es un antisemita cuya reelección se produjo a través de un proceso inescrutable en el mejor de los casos, y fraudulento en el peor. Y ese régimen ocultó en más de una ocasión información sobre su programa nuclear al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Continuaré ahora con aquello que sí me parece discutible: el presidente iraní no dijo que había que destruir Israel (me remito aquí a la traducción del académico estadounidense Juan Cole). Mientras Mohamed El Baradei fue presidente de la OIEA, esa entidad jamás suscribió la hipótesis de que el programa nuclear iraní tenía fines bélicos, como tampoco lo hizo la comunidad de inteligencia estadounidense en su reporte del 2007. El que en ambos casos esa opinión esté cambiando en tan poco tiempo revela una de dos posibilidades: o bien adquirieron súbitamente nueva y crucial información sobre el tema, o están cediendo ante la presión política como hicieron antes de la guerra contra Iraq en el 2003. Por último, no creo que sea evidente que la estrategia militar iraní tenga propósitos ofensivos.

Admito que en el tema nuclear la lógica está del lado de los escépticos. Póngase usted por un momento bajo el turbante del verdadero gobernante de Irán (el ayatola Alí Jamenei), durante la administración Bush. De un lado, oye decir que el régimen que preside constituye, junto con los de Saddam Hussein y Kim Jong-Il, parte de un mefistofélico eje del mal. De otro lado, constata que mientras el régimen iraquí (que no poseía armas de destrucción masiva) fue derrocado mediante una invasión militar, el régimen norcoreano (que posee todo tipo de armas de destrucción masiva) jamás fue atacado. No solo eso, Estados Unidos además negoció con él, ofreciéndole garantías de seguridad y recompensas materiales si renunciaba a su arsenal nuclear. Bajo esas circunstancias, ¿usted preferiría estar en la situación de Iraq o en la de Corea del Norte?

Pero ese silogismo no reemplaza la necesidad de pruebas materiales y es discutible que la ambigüedad del régimen iraní en la materia oculte un propósito ofensivo. Al menos desde la aprobación en el 2006 del “Iran Freedom and Support Act” el derrocamiento del régimen iraní es un objetivo explícito del Gobierno de Estados Unidos, el cual comparte de manera pública el Estado de Israel. Ambos admiten que el uso de la fuerza contra Irán no puede ser descartado. Irán tiene suficientes motivos para tomar esa admisión en serio: Israel destruyó en 1981 el reactor nuclear iraquí de Osirak, y en el 2007 destruyó un objetivo en Siria en el que, según su versión, se desarrollaban armas de destrucción masiva. Estados Unidos invadió y ocupó Iraq y Afganistán y tiene en Turquía a un aliado militar de la OTAN, todos ellos vecinos de Irán. Posee, además, bases militares en diversos estados del Golfo Pérsico, a pocas millas de las costas iraníes. Y si bien Irán respalda a grupos armados hostiles a Israel y Estados Unidos (como Hezbolá), esos países han hecho exactamente lo mismo respecto a Irán. Por ejemplo, mientras el Departamento de Estado incluía al grupo opositor iraní Muyahidín Al Jalq en su lista de organizaciones terroristas, el Pentágono contribuía a financiarlo. Bajo ese cúmulo de circunstancias, es impresionante que ninguno de los rivales del régimen iraní se plantee siquiera la posibilidad de que este tenga también preocupaciones de seguridad legítimas.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 28 de Febrero del 2010.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Luis Bedoya Reyes y la creación del PPC.

Cumpleaños del PPC

Cèsar Hildebrandt (Periodista)

Cuarenta y dos años cumple el Partido Popular Cristiano (PPC), que nació en una suite del hotel Crillón cuando la Democracia Cristiana se puso colorada (a lo Vallejo) y Luis Bedoya Reyes se puso rebelde y Bobby Ramírez del Villar se puso conspirador y Luis Banchero Rossi puso la plata.

En la puerta de la suite 14-H del Crillón la revista “Oiga”, con el ojo de Humberto Romaní, tomó a Ramírez del Villar saliendo de conversar, para los arreglos finales, con Banchero, el industrial pesquero más importante de América Latina y el Ciudadano K de esta comarca, a partir del originalmente tacneño diario “Correo”.

O sea que el PPC salió de fábrica con el olor del billetón recién impreso y un tufo de anchoveta que te podía echar para atrás. Eso explica la halitosis ideológica de los Agois, herederos mortuorios de Banchero, y el carácter “principistamente” fenicio del PPC.

El asunto es que el lobby pesquero, con Banchero en la cresta de la ola, necesitaba de leyes afines y de poderes fácticos y que Bobby Ramírez se los ofreció. Después –pero sólo después- el brillante Bobby metió todo el carbón que pudo y convenció a Luis Bedoya Reyes, el vice de Héctor Cornejo Chávez, de que la Democracia Cristiana era un infierno plagado de comunistas y que las cosas estaban maduras para un nuevo partido y para una derecha vulcanizada que ya no usara brillantina.

Por eso es que, a diferencia de Chile, de la Democracia Cristiana peruana sólo salieron frustraciones, broncas, traidores y elecciones perdidas. Digamos que Bedoya Reyes se llevó a la gente y que Cornejo Chávez se quedó con el púlpito y una iglesia vacía.

Cornejo terminaría de asesor servil de los militares reformistas –lo que demuestra que el destino de la gente no sólo lo determina la inteligencia sino también el carácter y la autoestima- y Bedoya Reyes haría, como para ganar un Oscar, el papel de candidato crónico, ideólogo de la cumparsita y pico de oro de las derechas reunidas alrededor de la codicia, virtud teologal que, como se sabe, es el verdadero programa de nuestras cavernas.

De 1966 a 1970 el diario “Correo”, que era una copia maquetera del “Ici Paris”, usó a Sofocleto, el genial y venal humorista, para satanizar con éxito a Cornejo Chávez. Cornejo, de puro picón, se fue amargando. La venganza se la tomó redactando el infame Estatuto de Prensa, que era un modo castrense de entender los límites de la libertad.

Asesinado Banchero por un jardinero más idiota que Peter Sellers haciendo de lo mismo, masacrada la anchoveta por la sobrepesca, cambiado el país por los militares hartos de ser los dóberman de la plutocracia, Bedoya Reyes fue haciendo cosas buenas en la alcaldía provincial –lo que no le impidió tener magníficas relaciones con Velasco, a quien le encendió un cigarrillo en una actuación pública- y construyó eso que salva a Lima y se llama La Vía Expresa –eso que los apristas tildaron de “zanjón” y no habrían construido de haber ganado Jorge Grieve la alcaldía de la ciudad-.

Lo que no terminó de construir Bedoya fue el Partido Popular Cristiano, parido en el “Crillón” y criado por nanas en el Country Club y socio natural del Waikiki. El PPC quiso ser una fábrica de cuadros conservadores. Lo que terminó siendo fue una fábrica de conservas –algunas bastante agrias, dicho sea de paso-.

Mañana, el partido de Bedoya Reyes –que a eso se ha reducido- cumple 42 años con la marca insuperable de haber sido derrotado en todas las elecciones importantes en las que participó.

Lourdes Flores ha hecho todo lo posible para conducir al centro al PPC. Pero es que Bedoya Reyes, que todavía viste de capitán de yate y da gritos en la cubierta, no se lo permite plenamente. Y es que, aunque digan lo contrario, la sal se hereda y la vocación por ser minoría antipática, también. Bedoya Reyes es el Fraga Iribarne del PPC y Lourdes Flores no ha podido ser Aznar (aunque Anterito sí llega a ser Rajoy).

En Alemania la Democracia Cristiana ha jugado un rol histórico. En el Perú se dividió en dos clases de difunto: Cornejo Chávez y su rabia brillante y Bedoya Reyes y su labia vacía. Total que el muchacho llega a los 42 años sin profesión, sin mujer, sin trabajo, pero, eso sí, con pañuelo de seda a lo Berlusconi. Hasta Sánchez Cerro lo hubiese hecho mejor.

Fuente: Diario La Primera. 17 de Diciembre del 2008.

martes, 23 de febrero de 2010

Genocida nazi y la muerte del magnate pesquero Luis Banchero Rossi.














Klaus Barbie y el caso Banchero

Por Nelson Manrique (Historiador)

El “caso Banchero” fue un crimen que conmocionó al país. Luis Banchero Rossi se había convertido en una figura legendaria, luego de que levantara de la nada un gran imperio económico, en base a la exportación de la harina de pescado, colocando al Perú en el primer lugar en el mundo en ese rubro. Cuando fue asesinado el 1/1/72, era el ideal de lo que debería ser un empresario nacional.

En cuanto se iniciaron las investigaciones para esclarecer su muerte se hizo evidente que existían poderosos intereses que impedirían que se llegara a la verdad. El país siguió ávidamente el juicio y al final se impuso una versión que fue cuestionada por muchos, pero que el PJ aceptó como verdadera: Banchero Rossi habría sido asesinado por el guardián de su mansión de campo, un escuálido muchacho llamado Juan Vilca, que habría actuado motivado por la envidia que sentía por su patrón, debido a su éxito económico y con las mujeres.

Banchero llevó ese malhadado fin de semana a una agraciada secretaria a su residencia de Chaclacayo para una cita romántica. Vilca habría aprovechado la situación para reducirlo utilizando una pistola Luger que Banchero guardaba en su residencia y asesinarlo a golpes con una estatuilla, violando después a la secretaria. Esta historia fue repetida en la película de Francisco Lombardi “Muerte de un magnate” (1980). Vilca sería pues el único responsable del crimen. Quien quiera revisar las inconsistencias de este relato puede remitirse al libro El caso Banchero, de Guillermo Thorndike.

En la Segunda Guerra Mundial Klaus Barbie, un oficial de la SS, jugó un papel destacadísimo durante la ocupación de Francia por el ejército nazi. Jefe de la Gestapo de Lyon, se ganó el triste sobrenombre de “El carnicero de Lyon”. Solo en Francia se le atribuye el envío de 7.500 personas a los campos de concentración, más de 4 mil asesinatos y el arresto y tortura de 14 mil combatientes de la Resistencia, entre ellos Jean Moulin, su héroe máximo, asesinado personalmente por Barbie, bajo tortura.

Luego de la derrota del III Reich, Barbie se las arregló para huir primero y, una vez que fue capturado, para ser enrolado por los servicios de seguridad norteamericanos, que reclutaron y protegieron a al menos un centenar de criminales de guerra nazis, para aprovecharse del conocimiento que éstos tenían sobre la URSS y los comunistas, al empezar la Guerra Fría.

Barbie estaba buscado por la justicia francesa. Los norteamericanos, que necesitaban esconder su asociación con criminales de guerra, le dotaron de una nueva identidad (en una broma macabra Barbie escogió el apellido del rabino que vivía cerca de su casa familiar y se convirtió en “Klaus Altmann”) y facilitaron su fuga a A. Latina a través de “la ruta de las ratas”, un canal de escape para criminales de guerra nazis organizado desde el Vaticano por el sacerdote croata Krunoslav Draganovic y el servicio secreto de EEUU. Primero vivió en Argentina y luego se radicó en Bolivia, viajando frecuentemente al Perú.

Barbie armó entonces una red de apoyo para los nazis perseguidos y durante la década del 60 se involucró en la política boliviana con la derecha militar (se preciaba de haber sido el artífice de la captura y ejecución del Che Guevara) llegando a propiciar el golpe de Estado de Luis García Meza, realizado con mercenarios y asesores nazis que se llamaban a sí mismos “los Novios de la Muerte” y cuyo objetivo era crear el IV Reich en Bolivia. Para su desgracia, sus socios militares bolivianos aprovecharon la situación para impulsar el tráfico de cocaína como negocio desde el Estado, lo que les hizo perder el apoyo de EEUU, provocando la caída del IV Reich a apenas 18 meses de su fundación. Barbie se trasladó entonces al Perú, pero su verdadera identidad fue desenmascarada en enero de 1972 y debió retornar a Bolivia. Llegado al poder el régimen izquierdista de Hernán Siles Suazo, Barbie fue entregado en la Guyana a las autoridades francesas, que lo llevaron a Francia para ser juzgado por sus crímenes en 1983.

Aquí viene la conexión con el caso Banchero: los materiales que le fueron incautados al jerarca nazi luego de su detención registraban su participación en el asesinato de Luis Banchero Rossi.

Fuente: Diario La República. Martes 23 de Febrero del 2010.

domingo, 21 de febrero de 2010

La Migración Árabe al Perú. Entrevista a Farid Kahhat.

Farid Kahhat: "Un palestino afincado en el Perú siente a este país como suyo".

Farid Kahhat
Sociólogo experto en temas internacionales.

El libro “La huella árabe en el Perú”, compilado por los investigadores Leyla Bartet y Farid Kahhat, es el producto de un coloquio que se realizó el 2003 sobre el tema. Presenta un estudio profundo y fascinante sobre esta comunidad de inmigrantes cuya influencia en nuestro país ha sido poco investigada pese a su importancia. El libro estará en librerías desde el miércoles 10 de febrero.

¿Por qué se suele hablar más de otras comunidades de inmigrantes como la china o japonesa, y no se ha investigado mucho sobre la árabe?

Según Leyla Bartet, con quien compartí las labores de compilación para el libro, hay dos hipótesis: la más obvia es que las migraciones que mencionas son de mayor tamaño que la árabe. Los árabes que llegan al Perú son aproximadamente 10 mil personas y los chinos se cuentan por más de 100 mil. Otra hipótesis tiene que ver con la discreción con la que los árabes se integran. Los inmigrantes árabes no les enseñan la lengua a sus hijos, no intentan formar un colegio étnico, adoptan la religión católica como un esfuerzo por integrarse a la sociedad peruana. Eso hace que dejen de tener una cultura distintiva.

¿En qué momento se inicia esta inmigración?

Comienza en la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo hay una influencia indirecta de la cultura árabe desde el virreinato. Con los españoles llegan muchos árabes musulmanes conversos al catolicismo, quienes traen elementos de su cultura culinaria, por ejemplo. Además los árabes musulmanes dominaron España durante ocho siglos y, es más, el final del dominio árabe y la reunificación española coinciden con el descubrimiento de América allá por 1492. Por ejemplo, la empanada, los anticuchos y los picarones tienen una influencia árabe.

La influencia árabe en la gastronomía peruana no ha sido muy estudiada.

Así es, pero no sólo en la forma de preparar platos, sino también en nuevos ingredientes. Por ejemplo, Leyla Bartet, a partir de lo que cuenta un cronista de la época, afirma que el trigo llega al Perú con las esclavas blancas. Estas son mujeres musulmanas convertidas al cristianismo que terminan emancipándose a través del matrimonio con los señores a los que servían.

Otro ejemplo es el anticucho. Este es un plato único, típicamente peruano. Pero la técnica de ensartar pedazos de carne sazonados en un pincho es de origen árabe. La empanada también es un plato que tiene una influencia árabe, del norte de África. El alfajor es un postre árabe cuyo nombre árabe se mantiene. Incluso vemos la influencia hasta en la denominación de los alimentos. Por ejemplo, la palabra “tamarindo” viene de dos palabras árabes tamr hindī, que significa “dátil de la India”. El picarón está inspirado en los buñuelos españoles que tienen también una influencia árabe.

¿A qué zona arriban los primeros inmigrantes árabes?

La inmigración árabe se da por la sierra sur, es decir, no llegan a Lima inicialmente. Muchos de ellos se dedican al comercio ambulatorio a lomo de mula, aprenden el quechua rápidamente y establecen relaciones de confianza con las comunidades alto andinas. Muy pocos desembarcan en el Perú, inicialmente llegan por el Atlántico y la mayoría desembarca en Uruguay, en Punta del Este y llegan al Perú a través de Bolivia. Algunos desembarcan en Mollendo, otros en Pisco pero muy pocos desembarcan en el Callao. Hay apellidos como Abugattás y Abuid que tienen un origen mollendino.

¿De qué zonas del mundo árabe provienen?

De tres zonas principales: Líbano, Siria y, en mayor medida, Palestina o de lo que actualmente se ha venido a llamar los territorios palestinos ocupados. En su gran mayoría son inmigrantes cristianos, lo que facilita la integración a pesar de que muchos son cristianos de rito griego ortodoxo. Los inmigrantes optan por dos caminos para facilitar la integración. Uno es convertirse al catolicismo y el otro es bautizar como católicos a sus hijos. Muchos no enseñan la lengua árabe a sus hijos y esta termina por perderse en la primera generación de nacidos en territorio extranjero. A diferencia de otras comunidades como italianos, franceses o chinos, los árabes ni siquiera intentan formar un colegio que eduque a sus descendientes en la cultura de origen.

¿Esto no genera un problema de desarraigo con sus orígenes?

Los palestinos de territorios ocupados en el Medio Oriente son la única nación del mundo que no tiene ciudadanía en ningún estado del planeta. Por ello, un palestino no tiene lugar alguno al cual volver. Es así que un palestino afincado en el Perú —como mi padre, por ejemplo— siente a este país como suyo y busca adaptarse a él. Esto genera una situación muy particular, pues más de la mitad de los palestinos vive en el exilio. Eso lo hace diferente a cualquier tipo de comunidad afincada en el extranjero.

Tenemos ejemplos de descendientes de árabes en un amplio espectro de la cultura peruana.

Así es, los tenemos en la política, las artes y el deporte. Por ejemplo, los récords nacionales de salto alto todavía lo tienen los hermanos Abugattás desde hace varias décadas. El Perú ha obtenido medallas olímpicas solo en tiro y vóley. Juan Giha, descendiente de palestinos, es uno de los mejores tiradores peruanos y medallista olímpico. En los últimos juegos bolivarianos un primo mío, Kalid Kahatt, tuvo medalla de oro en tiro. Ha habido ministros de origen palestino, por ejemplo César Atala o congresistas como Daniel Abugattás. Intelectuales como Juan Abugattás, una oceanógrafa muy importante como Patricia Majluf. En las artes Natalia Majluf que es directora del Museo de Arte de Lima, Edgar Saba director del Centro Cultural de la PUCP y Vanesa Saba una gran actriz.

¿Cómo nace la idea editar esta publicación?

Este libro es producto de un coloquio sobre la presencia árabe en el Perú que se realizó en el 2003. La edición estuvo a cargo del Fondo Editorial del Congreso. El libro consta de tres componentes: estudios de la inmigración árabe al Perú, la influencia indirecta de lo árabe a través de la conquista y los testimonios de inmigrantes árabes.

Entrevista: Ricardo Reátegui Marchesi
Foto: Rodolfo Herrera Mauricio


Fuente: Revista PuntoEdu. Viernes 5 de Febrero del 2010.

Libro “La huella árabe en el Perú”.

Árabes en el Perú

La presencia árabe en el país empieza con la llegada de los conquistadores españoles y se hace más visible con la inmigración de ciudadanos de Palestina, Líbano y Siria a tierras americanas a fines del siglo XIX. El libro “La huella árabe en el Perú” (Fondo Editorial del Congreso) destaca la influencia que su presencia ha tenido en nuestra cultura.

Por: Raúl Mendoza

Francisco Pizarro tenía ancestros árabes y también Diego de Almagro, el otro socio de la Conquista del Perú, según el historiador Antonio del Busto. Es decir, la presencia árabe en el Perú empieza desde el momento en que los españoles pusieron pie en estas tierras. Y si bien hubo algunos más entre los que llegaron a buscar fortuna –Nicolás de Ribera “El Viejo”, primer alcalde de Lima, por ejemplo– esta presencia inicial no ha podido ser documentada al detalle porque en la época cualquiera que descendiera de árabes se cambiaba el apellido por uno hispano. No obstante, su presencia se afirmó con la llegada, consumada la Conquista, de esclavos moriscos. El historiador Nelson Manrique precisa: las esclavas moriscas llegaron en una proporción de 5 a 1 sobre sus pares varones, para servir como amas de llaves o concubinas de españoles. “Es a partir de esta asimilación de las esclavas moriscas convertidas, por oposición al indígena, en españolas, que la herencia árabe se va a extender sobre el conjunto de la sociedad virreinal”, afirma.

Una morisca que logró un estatus importante en estas épocas fue Beatriz de Salcedo, concubina y luego esposa de un funcionario español. Fue la primera mujer de sangre árabe que atravesó los Andes, estuvo en Cajamarca cuando se ejecutó a Atahualpa y años después vivió frente a la casa de Francisco Pizarro, en la calle Pescadería. El historiador Guillermo Lohmann le reconoce otros logros: introdujo el trigo en el Perú y fue la única encomendera morisca en América Latina.

El libro “La huella árabe en el Perú”, una compilación de artículos realizada por Leyla Bartet y Farid Kahat, recoge esta información y enfatiza que la influencia morisca fue tan grande en la Lima colonial que dos características que definieron la identidad de la ciudad tienen su huella: los balcones suspendidos sobre las calles con sus celosías que permitían ‘mirar sin ser visto’ –alta expresión del arte mudéjar– y las tapadas limeñas cuya presencia se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX.

Leyla Bartet explica que “balcones como los limeños se pueden encontrar en ciudades como Marrakech o Fez, en Marruecos, aunque más pequeños”. Y sobre las tapadas señala que cubrirse el rostro en la calle tiene origen árabe “pero en los países islámicos se usa por pudor y aquí, al contrario, para hacer lo que no se podía a rostro descubierto”. Nuestra comida también tiene la mano morisca: las empanadas, los anticuchos, los estofados o guisos, el escabeche, y el uso de distintas especias para los aderezos.

La periodista Susana Bedoya señala en el mismo libro: “Es en los dulces donde mejor hemos conservado las tradiciones españolas de origen árabe”. Los moriscos trajeron los alfajores, el mil hojas, los higos verdes en almíbar y un clásico de los postres criollos como el picarón –que desciende de los buñuelos árabes–, algunas mazamorras y la miel. La presencia física morisca, según Lohmann, se borró en el siglo XVIII. Pero un siglo después llegaría una nueva oleada de ciudadanos árabes a América Latina, entre ellos el Perú.

Segundo tiempo

A fines del siglo XIX, a la caída del imperio Otomano, decenas de familias procedentes de Palestina y más tarde de Líbano y Siria llegaron al Perú. “Los primeros árabes se instalan en el sur andino, hacia 1885, tras atravesar el altiplano, cruzando el norte de Argentina y Bolivia. Desde un principio optaron por integrarse al país (…). Comerciantes, palestinos en su mayoría, fueron muy apreciados por sus clientes andinos, frecuentemente campesinos con los que acordaban largos plazos de pago. Introdujeron en el Perú el regateo”, señala el libro.

Así se fueron integrando al país. Eran en su mayoría agricultores, pero como aquí no podían comprar tierras se convirtieron en comerciantes ambulantes primero, comerciantes de tienda formal después y andando el tiempo abrieron fábricas vinculadas al rubro textil. “Los que llegaron eran cristianos y se adecuaron con cierta facilidad”, explica Leyla Bartet. En el Perú la gran mayoría de la inmigración árabe es palestina, y le siguen en número la comunidad libanesa y siria.

“De los árabes palestinos que se afincaron en Chile en 1880, un contingente prefirió seguir hasta el Perú. Saiid Sahurriyeh, de Belén, fue el primer ciudadano árabe en llegar aquí en 1885”, cuenta Leyla Bartet. La comunidad árabe se afincó tan rápidamente en el sur peruano que para 1920 de las 20 grandes compañías de Arequipa, cinco eran palestinas. ¿Cómo avanzaron? Su aspecto físico les permitió insertarse entre familias acomodadas de provincia, y quienes ya estaban asentados aquí ayudaban a venir a otros parientes.

“Medio siglo después de la llegada de los primeros inmigrantes, la integración de los palestinos a la sociedad peruana estaba bastante avanzada. Muchos adquirieron la nacionalidad peruana, la lengua árabe no se usaba luego de dos o tres generaciones y los matrimonios mixtos eran más frecuentes”, señala en el libro el sociólogo francés Denys Cuche. Más tarde crearían las primeras asociaciones de inmigrantes que les servirían de espacio de encuentro y, al mismo tiempo, empezarían a migrar a Lima desde otras ciudades del interior. En 1948, con la creación del estado israelí, otra nueva oleada llegaría, esta vez de mayoría musulmana.

Con el tiempo, los ciudadanos de origen árabe han tenido presencia en la vida nacional. El libro recoge testimonios gráficos y escritos de familias que llegaron hace décadas como los Abugattas, Matuk, Mohana, Simon, Chehade, Kahat, Yapur, Ode y otras más. “La bibliografía sobre la inmigración árabe en el Perú es casi inexistente. En parte porque a diferencia de la importancia numérica de la comunidad árabe en otros países (Brasil, Argentina y Chile), en el Perú fue relativamente reducida”, dice Bartet. En ese sentido “La huella árabe en el Perú” echa luces sobre una comunidad que ha contribuido de manera sustancial a ese país de tantas sangres que somos.

Pequeña comunidad

Actualmente en Brasil viven cerca de veinte millones de personas de origen árabe, en Argentina alrededor de dos millones y medio, mientras que en Chile hay cerca de 250 mil descendientes de árabes. Son las tres comunidades más grandes en América Latina. En el Perú y Bolivia se encontrarían las comunidades más pequeñas aunque, según Leyla Bartet, no se han hecho estudios prolijos al respecto. En nuestro país un club que reúne a los descendientes árabes es el Club Unión Árabe-Palestino. “Los inmigrantes mayores mantienen los vínculos por cuestiones sociales, mientras que entre los que llegaron tras la creación del Estado de Israel, está más presente la idea de la defensa del estado palestino”, señala Bartet.

Fuente: Diario La República, suplemento "Domingo". 14 de Febrero del 2010.

Historia de la presencia e influencia Árabe en el Perú.

Sangre árabe

Por: Jorge Paredes

La influencia árabe en el Perú empezó muy temprano, en el instante mismo de la conquista. Y entró por la sangre mora que llevaban los conquistadores. El propio Francisco Pizarro descendía de un adalid moro de Portugal (y probablemente su ascendencia lo llevaba hasta Mahoma, según hipótesis de José Antonio del Busto), y tanto Diego de Almagro como Nicolás de Ribera, el Viejo, el primer alcalde de Lima, tenían antepasados moros, que es como se les llamaba en España a los árabes que habían conquistado la península por ocho siglos.

Pero, además, las primeras mujeres blancas traídas al Perú fueron también moras. Habían sido tomadas prisioneras después de la reconquista de Granada y fueron traídas como esclavas o amas de llaves por los conquistadores, y algunas heredaron fortunas notables.

Por eso, mucho antes de que los primeros sirios, palestinos y libaneses llegaran al Perú, a fines del siglo XIX, en nuestro castellano ya existían cientos de arabismos, ya se comían los dulces con miel, los alfajores y picarones. Había ya edificios de arquitectura mudéjar, existían los balcones y las tapadas habían sido el coqueto símbolo de la Lima colonial, elementos todos de vieja estirpe árabe.

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Entre las mujeres moras que llegaron con la conquista, la que más destacó fue Beatriz de Salcedo. Ella estuvo en Cajamarca, en 1535, y no solo presenció la muerte de Atahualpa, sino también conoció y entabló amistad con las hermanas y mujeres del inca.

Beatriz tenía entonces 23 años y junto con su amo —y a la sazón pareja—, el veedor Pedro García de Salcedo, pasó de Cajamarca a Jauja y luego llegó a Lima a vivir frente a la casa del conquistador Pizarro.

En 1562, ya era viuda y rica. José Antonio del Busto cuenta, además, que ella fue la primera en sembrar el trigo en el Perú. “De cierta harina mal molida de España que se pasó a estas partes para hacer hostias sacó unos granos de trigo que halló y los sembró y florecieron”, escribe, maravillado, en uno de los ensayos de este libro (*).

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Radicada en Francia, la socióloga y escritora Leyla Bartet estuvo unos días en Lima con ocasión de la publicación de este trabajo. Según ella (autora también de “Memorias de cedro y olivo”, otro trabajo sobre esta migración), el Perú colonial estuvo marcado por la cultura arábica-islámica de la que España estaba impregnada en el momento de la conquista. “Como muestra —asegura— están los cerca de cuatro mil vocablos de origen árabe que se encuentran en el español”.

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¿Cuánto influyeron las mujeres moras en la vida cotidiana de la Colonia?

Esto lo menciona James Lockard, quien dice que entre 1630 y 1660 se encuentran muy pocas mujeres españolas en el Perú, y los conquistadores para tener una ayuda doméstica compran lo que se llaman esclavas blancas, que eran las moriscas que habían sido hechas prisioneras luego de la reconquista de Granada. Ellas se encargaron de las casas, y algunas se convirtieron en esposas de los españoles. Estas mujeres trajeron una serie de hábitos caseros, por ejemplo toda la dulcería colonial está impregnada de la repostería árabe. El seco de cordero tendría un origen sirio, y es preparado con culantro, planta que es también de origen árabe.

Sin embargo, la migración árabe propiamente dicha sucedió recién a fines del siglo XIX, ¿qué características tuvo?

Se produjo por la crisis del imperio otomano, del cual Siria, Líbano y Palestina eran provincias. Esto empujó a los árabes de esta zona a emigrar a América. Llegan a Brasil, Chile, Argentina y algunos pasan al Perú. Aquí se les conoció como turcos. Estos pioneros, como Said Sahurriyed, quien vino de Belén en 1884, y después los Salomón, los Kahhat, los Abugattás, los Majluf, llegaron con una idea vaga del país, atraídos por el deseo de progresar. Todos fueron haciendo su destino en el camino. Una vez instalados llamaron a sus familiares, formándose clanes vinculados al comercio. Otra característica es que estos árabes no eran musulmanes, sino cristianos ortodoxos, y muchos de ellos conocían el alfabeto latino.

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“Un día pregunté a mis padres: ¿Por qué me llamaban “el turco”? Ellos me dijeron: “no les hagas caso. Tú no eres turco, tú eres árabe de Palestina, donde nació Jesús”. Eso me llenaba de orgullo, pero no podía disimular mi malestar por el apodo”, cuenta Roberto Abugattás en uno de los testimonios recogidos en el libro.

Abugattás a los 17 años fue campeón sudamericano de salto alto. “Por primera vez me sentí orgulloso de ser peruano”, recuerda, sobre todo cuando los periódicos lo bautizaron como “El Inca Abugattás”.

Si algo caracteriza a estos herederos es esa doble identidad, ese amor por la tierra que los acogió, y que los vio crecer y desarrollarse pero —sin olvidar sus raíces—, con el recuerdo vivo por la tierra que dejaron sus antepasados, algo que se profundizó después de 1948 cuando se creó el Estado de Israel.

Entonces Palestina se convirtió en esa patria imposible que algún día esperan y ansían conocer.

Aportes árabes

En la comida: los alfajores, que vienen de la palabra “alajú”, que quiere decir relleno.

El turrón, donde convergen varios aportes, incluido el africano.

La mazamorra morada, la mazamorra de cochino y sabores diversos, siempre con clavo y canela.

El escabeche, un plato de fusión, pero de origen árabe.

El seco de cordero y los estofados, así como el uso del culantro.

Un ejemplo de arquitectura mudéjar, de clara influencia árabe, es el Palacio de Torre Tagle.

[*] “La huella árabe en el Perú”, Leyla Bartet, Farid Kahhat (compiladores). Fondo Editorial del Congreso. Lima, 2010.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 21 de Febrero del 2010.

Pizarro, heredero de Mahoma

Conquistador. Hipótesis de José Antonio del Busto en libro “La huella árabe en el Perú”.

“Se puede comenzar diciendo que Francisco Pizarro, conquistador del Perú, tenía sangre árabe. Su ascendencia era antigua y hasta probablemente relacionada con el profeta Mahoma”, así inicia su ensayo “La huella mora en el Perú virreinal” el recordado y notable historiador José Antonio del Busto. Luego añade: “Pizarro descendía de Albohali, adalid moro de Portugal, al norte del río Tajo, que “era cabdiello et adelantado de los aláraves” y que, preso en batalla por varios caballeros cristianos, fue llevado ante el rey de León, Alfonso III, El magno, ofreciéndole entonces cien mil maravedís por su rescate y obteniendo así su libertad. [...] Entiéndase, que era muy noble, lo que induce a pensar —por la época y figuración— que provenía de los abasidas de Bagdad, lo que equivale a decir que descendía de Abd al Muttalib, el abuelo de Mahoma. Los documentos lo llaman indistintamente Abehali, Albolhaly, Albelhay o Abohali, nombres que pueden proceder de Abutalib o Abd al Muttalib”. Este texto ha sido recuperado por Leyla Bartet y Farid Kahhat en un libro que reconstruye la memoria de la presencia árabe en nuestro país y que acaba de editar el Fondo Editorial del Congreso, bajo el título de “La huella árabe en el Perú”. Siguiendo con el texto de Del Busto, el historiador también rastrea los orígenes árabes de Almagro y otros conquistadores, así como de algunas mujeres blancas llegadas al Perú, que eran esclavas moriscas, pero que aquí adquirieron fortuna y linaje. Entre otros aportes árabes, también destacan la arquitectura —el arte mudéjar y los balcones— y la costumbre de las famosas tapadas, atuendo granadino y valenciano de origen morisco que reinó entre las limeñas durante trescientos años.

Fuente: El Comercio.
Domingo 14 de Febrero del 2010.

viernes, 19 de febrero de 2010

Los Derechos Humanos como fundamento real de la democracia.

Elecciones, democracia y derechos humanos

Manuel Rodríguez Cuadros
Ex canciller del Perú. Actual embajador en Bolivia

Es bueno recordar en los procesos electorales que se avecinan los valores esenciales de la democracia. Las elecciones libres y justas son un componente esencial de todo régimen democrático. Pero, no obstante que otorgan la legitimidad al origen del gobierno, no definen a la democracia como forma de organización de la sociedad, la estructura del Estado y el ejercicio del poder. Las elecciones libres y justas son un subproducto del derecho humano de los ciudadanos a elegir y ser elegidos. El fundamento real y último de la democracia son los derechos humanos. En esta concepción, la sociedad democrática, el Estado democrático y el régimen político democrático son una consecuencia del ejercicio y la realización de los derechos humanos. Los derechos humanos no se derivan del régimen democrático. Al revés. Los derechos humanos son el fundamento de la democracia. Ésta existe para que los derechos humanos se respeten y realicen.

No es que la democracia genere el derecho a la libertad. El derecho a la libertad requiere para su goce un régimen democrático. Por esa razón el Estado de derecho es inherente a la democracia. La salud, la vivienda, la Educación son derechos humanos que en la democracia deben ser realizados como una obligación del Estado y la sociedad, incluyendo en ésta a los mercados. Son bienes públicos.

Cuando la democracia se funda en los derechos humanos, ella misma es un derecho humano pues, como señaló Hannah Arendt, permite proteger y realizar los demás derechos. La democracia supone una manera de organizar el Estado y la sociedad y las interrelaciones entre sociedad política y sociedad civil, que asegure la realización de todos los derechos de la población: los derechos civiles y políticos, respecto de los cuales el Estado y la sociedad tienen la obligación de no interferir o coartar su ejercicio; pero también los derechos económicos, sociales y culturales, respecto de los cuales el Estado y la sociedad tienen una obligación de hacer. Es responsabilidad del Estado y la sociedad la realización del derecho al trabajo en condiciones satisfactorias y equitativas, a la salud, a la alimentación, a la Educación gratuita, por lo menos en los ciclos iniciales, a un salario digno y equitativo, a la seguridad social, a la vivienda digna, a la vida e identidad cultural, al derecho de los pueblos indígenas (quechuas, aymaras y amazónicos), a su identidad, a sus tierras, a conservar y reforzar sus propias instituciones políticas, y el derecho a que participen plenamente en la vida política, económica, social y cultural del estado peruano.

En fin, los peruanos y peruanas en su diversidad cultural y étnica tienen el derecho humano, reconocido por el derecho internacional, a un orden social y a un Estado que sin exclusión ni discriminación otorgue a todos la posibilidad de vivir en una sociedad que recupere el sentido solidario del bien común, las identidades étnicas y culturales del país plural, la práctica democrática basada en el empoderamiento ciudadano de todos, no sólo de algunos. En este contexto, la indispensable buena salud de las variables macroeconómicas no son un fin en sí mismo, sino un medio para la construcción de una sociedad con libertades, equidad social, pluralidad étnica-cultural e identidad nacional. Esta promesa de la vida peruana - siempre en el pensamiento de Basadre- no es posible de obtener con la actual Constitución.

Fuente: Diario La Primera. Lunes 15 de Febrero del 2010.