miércoles, 16 de julio de 2014

Historia del racismo en el Perú.


BREVE HISTORIA DEL RACISMO EN EL PERÚ

Eddy Romero Meza

El racismo es un fenómeno desarrollado especialmente a partir de los siglos XV-XVI, época relacionada al inicio del colonialismo. La construcción del otro como diferente, se establece especialmente en este momento histórico. Las contraposiciones: “salvaje” y “civilizado” se fijan  a partir de las diferencias entre las prácticas religiosas y los usos o costumbres de los pueblos. La existencia de distintos niveles de desarrollo cultural, origina contrastes marcados y la justificación de la primacía de unas culturas sobre otras. Sin embargo, como lo demostró Alemania en la segunda guerra mundial las sociedades más “civilizadas”, pueden ser también las más sanguinarias. La hegemonía de la cultura occidental o el paradigma eurocéntrico, serán la base del racismo y la discriminación como prácticas globales normalizadas.

Si bien la esclavitud existió desde los primeros tiempos, fue el comercio negrero el que extiende la idea de la inhumanidad de algunos seres (1). El descubrimiento de América y encuentro entre dos mundos totalmente distintos, generara la afirmación de lo europeo como distinto a lo “otro”. Las luchas contra los pueblos árabes ya habían generado esa idea de otredad civilizatoria, pero es en el siglo XV que surge la Europa moderna y el lastre del racismo. Los horrores de la invasión o conquista de América serán justificados en nombre de la fe verdadera (el cristianismo) y el estado de barbarie de los pueblos nativos (2). Los debates de Valladolid entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé De Las Casas, evidenciaran las contradicciones entre los cristianos sobre la condición de los indígenas en el contexto régimen hispano-católico. En este debate, la condición inhumana del indio se contrapone a la condición de hijo de dios. El reconocimiento de la existencia de alma en el indio lo dotara de la calidad de “súbdito” ante la corona española. Sin embargo, las prácticas de abuso y exclusión serán lo cotidiano o normal en la sociedad colonial (3). Las tempranas uniones entre españoles e indígenas pronto se extenderán, pero sin mermar la ideología discriminatoria. Los hijos de estas uniones, los mestizos no serán aceptados por el mundo peninsular-criollo, aunque tampoco serán considerados indígenas, lo que los librara de mayor discriminación. La idea de pureza de sangre traída desde la península ibérica, dominara el imaginario colonial y hasta postcolonial. Las expresiones: mestizo, mulato, negro, indio, criollo y casta hallan su origen en este periodo, lo cual es muy significativo.

Los esclavos por su parte, son rebajados a la condición de objetos y de ahí lo frecuente de la expresión: “piezas de ébano”. La cosificación del negro, no se expresara solo en su tratamiento como herramienta laboral, sino también en su erotización. Su calidad de bestia, lo ubicara en la esfera de los instintos, entre ellos (especialmente) el sexual.  La oposición entre lo intelectual y lo sexual, lo aleja de la imagen de hombres dotados de ideas y lo fija como ser esencialmente instintivo. El negro, zambo y mulato estará estigmatizado por el color de su piel, al igual que el indígena, aunque esencialmente serán discriminados por su cultura y religión.

La “idolatría” y “superstición” del indio y el negro fue la base de la discriminación española durante la etapa colonial. La extirpación de idolatrías (S. XVI-XVII), los proyectos de castellanización a los indios (S. XVIII), son algunos ejemplos de la censura o rechazo hacia la cultura de los pueblos dominados. Por otro lado, durante esta época se difundieron en Europa las tesis de Cornelius De Pauw (inspirado en el naturalista francés Buffon), sobre la inferioridad y degeneración de los habitantes del nuevo mundo. Este filósofo holandés de la corte de Federico II de Prusia, centro sus críticas en los nativos americanos, pero también llegara a describir a las colonias de Norteamérica como “degeneradas y monstruosas” afirmando incluso que “el más débil europeo podría aplastarlos con facilidad” (1768). Esto generaría la respuesta de pensadores como Alexander Hamilton, Benjamín Franklin y Thomas Jefferson quienes rechazaron enérgicamente la “teoría degeneracionista”.

Hacia el siglo XIX se impone la ideología republicano liberal en la América libre, pero también se difunde el denominado racismo científico o racialismo (representado por Gobineau, Taine, Le Bon, etc.); según la cual la especie humana está conformada por distintas razas: negroides, caucasoides, mongolides, etc. Para esta corriente, la naturaleza biológica del hombre determina su desarrollo; en otras palabras, lo innato se impone a lo cultural. Estas ideas serán abrazadas por distintos intelectuales peruanos hasta el siglo XX: Clemente Palma, Alejandro Deustua, Javier Prado, etc. Es en esta época en que surge realmente, el racismo tal como lo conocemos en el mundo. (4)

Por otro lado, la construcción del estado-nación pasara por homogeneizar la población. El discurso del mestizaje se difundirá, pero encubrirá las profundas divisiones en el país. Los proyectos modernizadores no incluirán al indígena, sino al obrero. El futuro del país no está en esa “raza degenerada”, sino en el trabajador de la ciudad vinculado a la producción industrial y el comercio. Bajo esa mentalidad, el “nuevo hombre”, no es el habitante de la sierra (tradicional, atrasada), o el criollo ligado siempre al ocio, sino el obrero mestizo que ha sido educado y habita la ciudad. (5)