sábado, 14 de diciembre de 2013

La batalla de Tarapacá. Victoria peruana en el sur.

La victoria gloriosa de Tarapacá

La captura del Monitor Huáscar y la muerte heroica del almirante Miguel Grau en el Combate de Angamos, donde un solo buque se enfrentó a toda la escuadra enemiga, determinó que Chile consiguiera la supremacía en el mar que Grau la había mantenido inexpugnable frente a los invasores, hundiendo a cuanto buque chileno se atreviera a entrar, por espacio de ocho meses, lapso en que facilitó el abastecimiento de armamento, municiones, víveres y el traslado de tropas patriotas hasta las bases operativas del Primer Ejército del Sur.

Julio del Carpio Gallegos Tnte. Crnl. EP (r)

La correlación de fuerzas se inclinó a favor de los invasores con el desembarco de un ejército de 10 mil soldados chilenos en Pisagua, registrado el 02 de noviembre de 1879, destinado a penetrar el interior del departamento de Tarapacá para consolidar sus posiciones y controlar las vías de comunicación y suministros.

En este contexto, se produjeron dos acciones militares de distinta importancia: un encuentro de caballería, el seis de noviembre de 1879, muy limitado en Germania, conocido en la historia como el combate de Germania o Combate de Agua Santa, en el que una unidad de la caballería chilena venció a otra de la caballería aliada comandada por el Teniente Coronel José Sepúlveda, que se encontraba en la retaguardia del ejército aliado.

A este revés, siguió una batalla en el cerro San Francisco o Dolores, el día 19 del mismo mes, en el que los aliados fueron rebasados debido a un apresuramiento del batallón boliviano Illimani de iniciar el ataque, seguido de un ataque patriota desordenado que facilitó que muchos combatientes peruanos murieran al ascender el cerro bajo una lluvia de fuego enemigo.

Por si esta cadena de reveses fuera poco, el ejército boliviano, al mando del general Hilarión Daza, optó por la retirada de Camarones, para dirigirse a Arica sin enfrentar batalla alguna.

PLAN DE LOS INVASORES

Producto de todo lo anterior, el ejército peruano inició un repliegue hacia Tiliviche, para luego marchar hacia el puerto de Arica, con el fin de reunirse con las fuerzas aliadas que se encontraban en esta posición.

La retirada de las tropas peruanas a través del inclemente desierto de Atacama, el más árido del mundo donde las temperaturas promedio oscilan en rangos de 50 grados, constituyen una página épica en la historia universal solo comparable a las campañas de Aníbal y su ejército, que recorrieron a campo traviesa los Pirineos y los Alpes con el objetivo de conquistar el norte de Italia.

El Primer Ejercito del Sur, después de atravesar la pampa de Tamarugal, ahogado por la sed, exhausto por el cansancio, arribó a la quebrada de Tarapacá, donde las tropas hicieron un alto para darse un descanso en su marcha hacia Arica, meta distante a 500 kilómetros, a la que para llegar tendrían que atravesar terrenos desérticos desprovistos de recurso alguno, sin abastecimientos, sin línea de comunicaciones y acosado por un enemigo inmensamente superior en efectivos y armamento de última generación.

El General en Jefe del Ejército chileno, Manuel Bulnes, al tener conocimiento de la vulnerable situación en que se encontraban las Fuerzas Peruanas decidió enviar un Ejército de 3,500 hombres para aniquilarlos en el fondo de la quebrada de Tarapacá.

La fecha elegida fue el 27 de noviembre de 1879 y consistía en lanzar una maniobra de doble envolvimiento a cargo de tres divisiones para sorprender a los peruanos en el fondo de la quebrada. La primera, al mando del coronel Ricardo Santa Cruz, desencadenó su ataque desde la posición de Huarasiña, la 2da. División, al mando del coronel Eleuterio Ramírez atacó por el flanco que domina el pueblo, completando el cerco con la 3ra División, al mando del general Luis Arteaga, cuya misión era cortar la retirada de las fuerzas que escaparan al aniquilamiento del grueso.

REACCIÓN PERUANA

Para que el plan de ataque resultara como estaba previsto, era necesario: 1) que las tres divisiones chilenas salieran a distintas horas para llegar a las posiciones prefijadas de manera sincronizada, y, 2) el factor sorpresa, pero ésta contra todos sus planes se desvaneció, debido a que la tropa de Santa Cruz quedó a la vista de los peruanos que notaron su presencia de inmediato. Los patriotas se dieron cuenta del peligro que los amenazaba y comprendieron en pocos minutos el plan de los atacantes. Rápidamente se impartieron las órdenes respectivas para sacar a sus tropas del fondo de la quebrada y llevarlas a la parte alta donde ofrecerían batalla en mejores condiciones.

Las fuerzas peruanas reaccionaron con celeridad y organizaron inicialmente una defensa móvil. La 2da División al mando del coronel Andrés Avelino Cáceres contraatacó y escaló los casi inaccesibles cerros, al llegar a la cumbre en una lucha cuerpo a cuerpo rechazó el ataque del enemigo; los valerosos soldados del Batallón "Zepita" en una invencible carga a la bayoneta lograron apoderarse de 4 cañones Krupp, continuaron su avance despojándose de sus viejos rifles Chassepot y recogiendo los fusiles Komblain que arrojaban los chilenos en su desesperada fuga, con los cuales les ocasionaron fuertes bajas.

La 3ra. División, al mando del Coronel Francisco Bolognesi contraatacó a la división chilena que se encontraba en las alturas de Huarasiña y después de un prolongado combate los desalojó de la posición que ocupaban poniéndolas en fugas, destacando la acción del Guardia Mariano de los Santos del Batallón "Guardias de Arequipa", quien logró capturar el Estandarte de Guerra del Regimiento chileno 2do de Línea.

No se contaba con caballería ni artillería. En total eran 4.486 hombres. Los oficiales peruanos eran de reconocida capacidad, entre los que se destacaban Justo Pastor Dávila, Andrés Avelino Cáceres, Miguel Ríos, Belisario Suárez, Alfonso Ugarte, Francisco Bolognesi y Roque Sáenz Peña, todos bajo el mando de Juan Buendía, general en jefe de los ejércitos del Sur.

VICTORIA PERUANA

El tenaz combate luchado encarnizadamente se decidió cuando la División Peruana "Vanguardia", al mando del coronel Justo Pastor Dávila, que llegaba de Pachica, realizó un vigoroso ataque que hizo huir en desbandada al ejército chileno, el que no fue aniquilado debido a que las fuerzas patriotas no tenían escuadrones de caballería y artillería de campaña para efectuar la persecución y explotación del éxito.

Al atardecer el campo de batalla quedo en poder de las tropas peruanas que infligieron al ejército chileno su más grande derrota en la Guerra del Pacífico, ocasionándole 534 muertos, 179 heridos, 66 prisioneros, captura de 6 cañones Krupp y 2 cañones La Hitt, el Estandarte de Guerra del 2do de Línea, numerosas banderas, armamento, municiones, víveres, pertrechos, la ambulancia, etc. El ejército peruano solo tuvo 236 muertos y 261 heridos.

Producto del cansancio y tensión de la jornada, sin proponérselo ninguno de los dos bandos, se produjo una tregua. Las ambulancias de ambos bandos recogían a los heridos y se contabilizaban las bajas. A pesar de haber sido una victoria, el ejército peruano, al término de la batalla, quedó sin pertrechos para permanecer en Tarapacá y ofrecer resistencia a una segunda embestida de los invasores.

La intensidad del combate había vaciado las cartucheras de los soldados. Las pérdidas de oficiales en la batalla de la mañana fueron considerables y se necesitaba reorganizar el mando casi completamente. Los invasores derrotados estaban totalmente desorientados respecto a lo que estaba sucediendo en realidad y no tomaron medidas especiales de defensa ni de repliegue. Las tropas de Arteaga se replegaron a Negreiros al día siguiente. Ese mismo día las tropas peruanas marchaban a Arica a escribir, con la entrega de sus propias vidas, la defensa de la Patria y a llenarse de infinita gloria en las batallas del Campo de la Alianza y en la defensa de Arica.

Un sector del Perú oficial ha olvidado, adrede, fechas tan importante como la batalla de Tarapacá, orgullo de la infantería peruana y de los pueblos que luchan por un destino libertario.

Ecos de la derrota de los invasores

La noticia de la derrota sufrida por el ejército chileno en Tarapacá produjo en Chile estupor e indignación. El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna cita: "Eran las doce del día y la Batalla de Tarapacá estaba perdida, Zapadores, Chacabuco y la Artillería de Marina habían sido rechazados en toda la línea y 8 cañones quedaron en poder del enemigo (?) con estos y con nuestros propios proyectiles se hizo fuego a nuestras tropas (?) La derrota de las dos primeras Divisiones era por tanto completa. Los pocos sobrevivientes retrocedían (?) cuando fueron alcanzados por las Divisiones Peruanas que llegaban de Pachica y entonces el pánico se apoderó de todos y las laderas del Huarasiña cubrieronse de fugitivos".

Fuente: Diario La Primera. 27 de noviembre del 2013.