martes, 22 de junio de 2010

Historia de Carlos Slim, el hombre más rico del planeta.

Carlos Slim, una fortuna de Estado

Por: Ranaud Lambert (Periodista)

En 2007, el empresario mexicano Carlos Slim apareció primero en la lista de las personas más ricas del planeta que publica todos los años la revista Forbes. Poseedor de una fortuna que alcanza varios récords –entre ellos el de representar el 8% del Producto Bruto Interno de México– el ascenso de Slim y de su imperio, el Grupo Carso, es representativo de la construcción de un capitalismo nacional de amigos, que levantó vuelo con la crisis financiera mexicana de los años 1980 y con las muy ventajosas –sobre todo para Slim– privatizaciones.

Al leer la gran mayoría de los artículos sobre el mexicano Carlos Slim que inundaron la prensa luego de que se ubicara en el primer puesto de las fortunas del planeta, su tren de vida parecería más cercano al del mexicano promedio, que al de un miembro del jet set por el que “sólo siente desprecio” (1). “No hay ‘despilfarro’ escandaloso en este apasionado del béisbol que no usa computadora, escapa a las cenas mundanas, prefiere los ajíes al caviar, y que durante mucho tiempo condujo él mismo su automóvil” (2). Todo en él indicaría pues “austeridad”, e incluso “humildad” (3). Todo... salvo las cifras.

La riqueza en contexto

Según la revista Forbes, en el verano boreal de 2007 la fortuna de Slim ascendía a 59.000 millones de dólares. Para Sentido Común, un sitio de internet mexicano de información económica, Forbes estaría equivocada, ya que a quien también llaman “el Rey Midas” habría aprovechado un buen momento en la bolsa para superar los 67.000 millones de dólares, una suba aproximada del 740% con respecto al 2000 (4). En ese entonces, “sólo” representaba la trigésimo tercera fortuna del mundo.

Sin embargo, no podría apreciarse la total dimensión de esta fortuna sin ubicarla en el contexto de México, donde el 40% de la población debe conformarse con menos de dos dólares por día. Con una riqueza superior a un cuarto del presupuesto nacional, Slim posee más del 40% de la capitalización total de la Bolsa de México. Otro récord absoluto: “representa” alrededor del 8% del Producto Bruto Interno (PBI) (5) del país, mientras que, en comparación, la fortuna de John Davidson Rockefeller nunca superó el 2,5% del PBI estadounidense.

Así, el perfil de un Carlos Slim “hijo de un pequeño comerciante” (6) tal vez remita, menos directamente a la manera en que el capitalismo moderno se desarrolla, especialmente a través de carreras “ejemplares” de hombres comunes cuyo éxito vendría a recompensar la competencia y el trabajo. Estas “trayectorias” tienen la ventaja de alimentar en los menos ricos –de quienes podría temerse que terminen cansándose de las crecientes desigualdades– la esperanza de que un día, tal vez, sea su turno. La revista Le Point inicia además uno de sus (numerosos) perfiles de Slim en estos términos: “¿Quién no soñó con despertarse una mañana formando parte de la gran familia de millonarios? Tenga confianza, todavía puede sucederle. Los nuevos millonarios en dólares crecen como hongos” (7).

Según la mitología capitalista, el “secreto” de la fortuna de estos héroes modernos se explicaría a través de predisposiciones intelectuales excepcionales –¡a menudo perceptibles desde la infancia!–. Aunque probablemente con grandes “aptitudes”, Slim no difiere demasiado de la gran mayoría de quienes suelen figurar en las “listas Forbes” (8), y tal vez deba menos su fortuna a su amor por los números... que a su origen y sus amistades políticas.

Política y negocios

Nacido rico, luego de que su padre –inmigrante de origen libanés– hiciera fortuna en el sector inmobiliario durante la Revolución mexicana, Slim se convirtió rápidamente en una de las principales fuentes de financiamiento del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México en forma exclusiva hasta el 2000. Lo que le valió algunos favores a cambio...

En 1982, la caída del precio del petróleo desató una grave crisis económica en México. El presidente José López Portillo nacionalizó los bancos; su objetivo no era sentar las bases de un Estado “socialista”, sino “nacionalizar la deuda privada de la oligarquía” (9). Sin embargo, la elite tradicional se alarmó y liquidó sus activos para partir rápidamente. Ajeno a tales preocupaciones –sus amigos estaban en el poder–, Slim aprovechó el pánico para adueñarse de algunas de las empresas más importantes del país, con un gusto particular por las que proveen servicios al Estado. Obtuvo de ellas grandes ganancias. Así, Seguros de México, la principal aseguradora del país, que adquirió en 44 millones de dólares, hoy vale 2.500 millones.

Pero fue gracias a su buen amigo Carlos Salinas de Gortari –elegido Presidente en 1988–, que la fortuna de Slim realmente levantó vuelo. Si bien consentía “la apertura económica” impulsada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, Salinas quiso favorecer el desarrollo de un capital nacional capaz de resistir el asalto de las empresas estadounidenses. Una voluntad menos “nacionalista” que interesada en la perspectiva de vínculos directos con los futuros centros de ganancias del país. El Presidente se mostró deseoso de ganarse los favores de los grandes patrones, más aun cuando accedió al poder mediante un fraude electoral, que no pasó inadvertido.

Cientos de empresas del Estado fueron entonces vendidas, preferentemente a sus conocidos. De dos en 1991, el número de millonarios mexicanos trepó a veinticuatro en 1994 al finalizar su mandato. El primero de ellos se llama Carlos Slim.

En 1990, junto con Southwestern Bell y France Telecom, Slim compró la empresa Teléfonos de México (Telmex) en circunstancias más que oscuras. Además de un precio que las autoridades mexicanas tuvieron la delicadeza de mantener en el terreno de lo razonable (aproximadamente 2.000 millones de dólares por el 20% del capital), las condiciones de venta evitaban los sinsabores de la competencia: “Mientras que países como Brasil y Estados Unidos dividieron el monopolio del Estado en diversas empresas que competirían entre sí, México vendió su monopolio intacto, prohibiendo toda competencia durante seis años”, explica The Wall Street Journal (10).

Telmex se vio además gratificada con la única concesión de telefonía celular de alcance nacional, debiendo sus competidores conformarse con concesiones limitadas a ciertas regiones. La compañía –que controla el 90% de las líneas fijas del país– es hoy la segunda empresa latinoamericana que cotiza en bolsa. Por su parte, América Móvil –la filial “telefonía celular” del grupo Slim– ascendió fácilmente al quinto puesto mundial de empresas de telefonía móvil, con el 70% del mercado mexicano y más de 120 millones de clientes en una quincena de países. Pero el imperio Slim no se limita a las telecomunicaciones...

Consumiendo electricidad, cargando combustible en el tanque de su automóvil o comprando un disco, un libro, una barra de chocolate, entrando a un supermercado o subiéndose a un tren, fumando, practicando deporte, mirando televisión, “navegando” en internet o utilizando papel higiénico, el mexicano promedio deposita sus “pesos” en los bolsillos –profundos– de Slim. Su imperio, el Grupo Carso, posee en efecto más de doscientas cincuenta empresas en sectores tan diversos como cadenas de grandes tiendas (Sanborns), cigarrillos (Cigatam), minas y químicos (Empresas Frisco), ferrocarriles (Ferromex), cables submarinos y tubos de PVC (Condumex), oleoductos, plataformas petroleras. O incluso computadoras, como el 3% de Apple, que Slim adquirió –¡un golpe de suerte!– unos días antes del retorno de Steve Jobs a la cabeza de la empresa, retorno que provocó una suba de más del 480% en el precio de las acciones. Presente en casi la totalidad de los países latinoamericanos (11) –especialmente en las telecomunicaciones–, Slim habría decidido recientemente reforzar su presencia en el sector agrícola invirtiendo en biocarburantes en Paraguay.

En total, el Grupo Carso posee un volumen de negocios que supera los 150.000 millones de dólares. Emplea a alrededor de doscientas veinte mil personas a quienes se les distribuyen folletos que insisten sobre una necesidad: “Aumentar la productividad, la competitividad, reducir los costos y los gastos” (12). Una consigna debidamente implementada. Si bien goza de uno de los crecimientos más importantes del país, el grupo otorga a sus empleados remuneraciones particularmente bajas en las que la parte de los “premios” suele superar el 50% del salario.

Grandes amigos

Semejante éxito abre puertas (que, a su vez, facilitan futuros éxitos). Así, Slim juega al bridge con Bill Gates (su socio), frecuenta a los Rockefeller, al Príncipe Carlos, al ex presidente del gobierno español Felipe González (su lobista en todo el mundo) o incluso al ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, cuya campaña financia (tal como lo hace con la de la demócrata Hillary Clinton).

Herencia, connivencias políticas y explotación de los trabajadores: a fin de cuentas, el “secreto” de la fortuna de Slim se basa menos en un talento particular que en los tradicionales mecanismos de la acumulación capitalista. ¡No crean que se trata de un conservador retrógrado! Al contrario. La gran línea de fractura pasa, según él, entre “la modernidad y el arcaísmo, no entre la izquierda y la derecha” (13). Así, para gran sorpresa de algunos, Slim no oculta su amistad con el presidente brasileño Luis Inácio “Lula” da Silva, con quien comparte la crítica al neoliberalismo. Los defensores de la apertura económica se convirtieron fácilmente en proteccionistas... una vez que establecieron su monopolio.

En México, los intereses de Slim priman finalmente sobre los de la Nación. Las tarifas del Grupo Carso superan en un 260% a las de los países vecinos en las conexiones de internet, en un 312% en la telefonía celular y en un 65% en las líneas fijas con –según el presidente del Banco Central mexicano Guillermo Ortiz– un impacto directo en la “competitividad de la Nación” (14).

¿Debería criticarse sin embargo el monopolio de Carlos Slim? En México, nadie se arriesga a hacerlo. Columna vertebral económica del país, el Grupo Carso se volvió intocable. Por su propia generosidad, Slim tiene la suerte de hacer que la clase política se vuelva indulgente: financia la totalidad de los partidos políticos, especialmente aquellos que se enfrentaron durante la última elección presidencial (15). También beneficiarios de su generosidad desde comienzos de los años ’90, los grandes sindicatos conceden que su crítica se ha visto un poco debilitada. Del lado de los medios de comunicación, el sentido común exige –tanto en México como en otras partes– que se abstengan de irritar a los anunciantes. Slim es el más importante de ellos.

Para Andrés Oppenheimer, columnista del The Miami Herald y La Nación (Buenos Aires), criticar la fortuna de Slim carece de sentido. Debería, en cambio, “crearse una cultura de la caridad que alabara a quienes dan más, como verdaderos héroes” (16). Slim parece haber oído este llamado, no sin haber precisado que no tenía ninguna “intención de distribuir su fortuna a diestra y siniestra, como Papá Noel” (17). Pero en pocos años, el magnate financió 200.000 intervenciones quirúrgicas, 70.000 pares de anteojos, 150.000 becas de estudios y 95.000 bicicletas (18).

Y ése es sólo el comienzo. El filántropo anunció su deseo de invertir 4.000 millones de dólares –un poco menos del 7% del dinero que amasó en los últimos siete años– en diversos proyectos caritativos y educativos. El sector privado, alega, debe “implicarse intensamente en la formación de capital humano y material” (19), con el fin de formar una clientela para sus productos. Consultado por The Financial Times sobre su contribución en este terreno, Slim señaló su responsabilidad: hacer que México saque provecho de “la experiencia empresarial, (que) puede permitir responder a los desafíos sociales que exceden a la política” (20). En otras palabras, procurar que el país sea administrado como una empresa. Preferentemente, una de las suyas.

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REFERENCIAS

1) Patrice Gouy, “Carlos Slim-Le Rockefeller mexicain”, Le Point, 16-8-07. En la lista 2008 de Forbes, Carlos Slim quedó en segundo lugar, detrás del inversor estadounidense Warren Buffet.
2) Frédéric Saliba, “Le maître du Mexique et du monde”, Marianne, París, 18-8-07.
3) Brian Winter, “How Slim Got Huge”, Foreign Policy, Londres, noviembre/diciembre de 2007.
4) www.sentidocomun.com.mx/
5) Anne Denis, “Carlos Slim, le Midas des télécoms”, Les Echos, París, 16-7-07.
6) Stephanie N. Mehta, “The son of Mexico City shopkeeper has built a staggering $59 billion fortune”, Fortune, Nueva York, 20-8-07.
7) Marc-Antoine de Poret, “Millionnaires de tous les pays...”, Le Point, 26-7-07.
8) Forbes publica cada año no sólo la lista de millonarios del planeta, sino también la de los estadounidenses más ricos, las personalidades más célebres, las “100 mujeres más poderosas del planeta” o incluso la lista de las “carteras más extravagantes”.
9) Marco Rascón, “Los Bancos, el poder...”, La Jornada, México, 9-5-90.
10) David Lunhow, “The secrets of the world’s riches man”, The Wall Street Journal, Nueva York, 4-8-07.
11) En Argentina es el inversor mayoritario de CTI Móvil (Claro, a partir de abril), ver “Carlos Slim: un magnate sin fronteras”, La Nación, Buenos Aires, 13-5-07.
12) Gisela Vázquez y Alberto Bello, “El secreto de Carlos Slim”, Expansion.com, 23-12- 07.
13) David Cayon, “El empresario más rico del mundo y la Argentina”, Perfil, Buenos Aires, 28-10-07.
14) Ginger Thompson, “Prodded by the left, Mexico’s richest man talks equity”, The New York Times, 3-6-06.
15) El Partido de la Revolución Democrática (PRD) del candidato socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador y el Partido de Acción Nacional (PAN) del actual presidente Felipe Calderón.
16) “Latin America’s rich sould donate more”, The Miami Herald, 20-9-07.
17) Stephanie N. Mehta, op. cit.
18) Francesca Relea, “Carlos Slim. El hombre más rico del mundo”, El País, Madrid, 12-7-07.
19) Financial Times, Londres, 27-9-07.
20) Financial Times, op.cit.

Fuente: Le Monde diplomatique, edición peruana. » Le Monde diplomatique Año II, Número 12, Abril de 2008.

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