martes, 20 de abril de 2010

Bicentenario y crítica a la teoría de la dependencia.

El bicentenario de América Latina

Contra un mito de 200 años

La desigualdad en el continente no se remonta a la colonia sino a principios del siglo XX - La región creció al nivel de los países más ricos entre 1860 y 1938.

Por: Fernando Gualdoni - Madrid.

El rey Juan Carlos dio ayer el pistoletazo de salida de las conmemoraciones de los 200 años de las independencias latinoamericanas. Entre lo que queda de este año y el próximo, el grueso de los países de la región celebrará el primer grito de libertad de la corona española. Habrá discursos revisionistas críticos, los más, y alguno que otro que intente mirar hacia adelante. En cualquier caso, será difícil soslayar los puntos más negros de la historia latinoamericana: la desigualdad y la exclusión social, y las crisis económicas crónicas.

Pero ni la desigualdad se remonta a la colonia -más bien arranca en los albores del siglo XX- ni las crisis que han diezmado la región son añejas, pues Latinoamérica perdió el tren del desarrollo hace apenas 30 años.

"En comparación con el resto del mundo, la desigualdad no era alta en la América precolombina ni lo fue durante la conquista y la colonización. Ni tan siquiera lo fue durante gran parte del siglo XIX. La desigualdad crónica de América Latina es un mito", afirmó Jeffrey Williamson, profesor emérito y ex director del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard, en la conferencia sobre desigualdad en la historia económica que organizaron el Instituto Figuerola de la Universidad Carlos III y la Fundación Ramón Areces la semana pasada en Jan Luiten van Zanden, vicepresidente de la Asociación Internacional de Historia Económica, y Peter Lindert, profesor de la Universidad de California-Davis, respaldaron la tesis de Williamson. "Es importante entender que hasta la industrialización, América Latina no era más desigual que el norte de Europa. En una economía agraria, de trabajadores poco cualificados, los desequilibrios son menores. Es en el siglo XX, cien años después de las independencias, cuando surge la desigualdad urbana. Es cuando los mayores salarios por el trabajo cualificado y la educación disparan la brecha", concluyen Lindert y Van Zanden.

"Cuando a mediados del siglo pasado Juan Domingo Perón, por ejemplo, hace su revolución, quienes más se benefician son los trabajadores de los sindicatos que apoyan al Gobierno. Pasa lo mismo en Chile durante el tiempo que Salvador Allende pudo gobernar: los estibadores y mineros fueron los más beneficiados de sus políticas. Así que entre éstos y los demás trabajadores, especialmente los del sector informal, se acentuó la desigualdad", explica Williamson.

Ninguno de los tres historiadores económicos cree que la desigualdad y la exclusión puedan reducirse de un zarpazo. Hoy, a las puertas del bicentenario, la mayoría de los Gobiernos de América Latina se identifica con la izquierda, desde la más moderada a la más radical. ¿Cuál es el mejor modelo para estrechar la brecha de la desigualdad? "Tomemos el ejemplo de Cuba, es la revolución más longeva. Redujo la desigualdad, pero también se empobreció la isla, y entre pobres las diferencias son menores. Es más, puede que ahora aparezcan los desequilibrios entre quienes reciben dinero de sus familiares en Estados Unidos y los que no", cuenta Williamson. "La revolución de Chávez, en Venezuela, no sólo no ha reducido la desigualdad, sino que la ha acentuado", explica Lindert. "Es un régimen que sólo se ha ocupado de crear clientelismo político", añade.

En la historia económica de América Latina siempre ha habido dos jinetes del apocalipsis: la oligarquía y el imperialismo. Ningún historiador cuestiona las maniobras de los terratenientes primero, y las de los industriales después, para mantener sus privilegios en todos los países y con todos los regímenes. Tampoco que Estados Unidos ha intervenido en la región en defensa de sus intereses por encima de todo.

Pero, a pesar de todo esto, el historiador británico Victor Bulmer-Thomas, ex director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de Londres -hoy Instituto de las Américas-, concluye en su libro La historia económica de América Latina desde la independencia que "las limitaciones externas, aunque formidables, nunca fueron abrumadoras (...) Las principales razones del relativo atraso de América Latina se encuentran dentro de la propia región (...) Nunca ha tenido el don de la oportunidad. El modelo de crecimiento guiado por las exportaciones cobró impulso casi en proporción inversa a las ventajas comerciales de que disfrutaron las materias primas. Luego la región se cerró en pleno auge del comercio internacional y, por último, llegó la crisis de la deuda de los ochenta...".

En la conferencia en Madrid se sostuvo que América Latina quedó rezagada en los últimos decenios del siglo pasado. Refuta, entre otras ideas, la teoría de la dependencia, es decir, que sostiene que el fracaso de las economías latinoamericanas se debe fundamentalmente a la herencia colonial -La herencia colonial de América Latina, de Stanley J. y Barbara H. Stein es capital en esta tesis-. Si se compara el desarrollo económico latinoamericano desde la independencia con el club de los países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se observa que la región mantuvo el paso de los países más avanzados desde 1860 hasta 1938, y que en la segunda mitad del siglo XX cambia esta tendencia hasta que el declive se acentúa entre 1980 y 2000.

"La región se cierra al mundo con su política de sustitución de las importaciones en los ochenta, y cuando se abre en los noventa el proceso es nefasto. La liberalización se hace a medias, porque en muchas ocasiones lo que se denominó privatizaciones sólo supuso un traspado de los monopolios públicos a los privados", explica Leandro Prados de la Escosura, catedrático de Historia Económica de la Universidad Carlos III de Madrid. "La mayoría de los países de América Latina alcanzaron su techo de riqueza entre finales de la II Guerra Mundial y 1960", sostiene Branko Milanovic, un economista del Banco Mundial experto en desigualdad global. "A partir de entonces, hubo picos y descensos pero, básicamente, la creación de riqueza está estancada desde entonces. La única excepción es Brasil, que desde hace unos años mantiene una línea ascendente", añade.

Fuente: Diario El País. 12/05/2009.

3 comentarios:

Agmer Filial Bovril dijo...

Muy buena nota,poniendo blanco sobre negro las realidades de esta postergada región,a la que le tocó en el reparto ser la proveedora de materias primas,"el granero del mundo",sitial de cuestionable privilegio,que a pesar de producir o estar en condiciones de producir alimentos y bienestar para cientos de millones de habitántes no puede sacar de la miseria y la pobreza a casi el 50%de su población. Eso si, los índices macroeconómicos cierran y de la mejor manera,mostrando tazas de crecimiento a niveles nunca vistos y por tiempo tan prolongado,todos sabemos que estos mismos indices son tan mentirosos como el organismo encargado de difundirlos,¿de que sirve tamaño crecimiento del PBI si cada dia nos alcanza menos los ingresos, si cada vez se profundizan las diferencias entre los que mas tienen con la gran mayoria que no puede pensar en otra cosa que no sea tratar de sobrevivir?
Lo cierto es que acá se llenan la boca hablando de libertad de justicia de educación,y siguen convalidando el modelo individualista inmoral e ilegitimo de siempre el clasico "subo por la izquierda y gobierno para la derecha".
Saludos.
Ruben.

Juan dijo...

Buen artículo que publicas acá y que puse yo en mi blog esas fechas del 2009. Gracias a ese artículo pude entablar una gran y privilegiada amistad contigo, sin la cual no hubiese podido conocer la realidad peruana y latinoamericana en general. Amnistad con la que estoy en deuda.
Saludos Edye.

EDDY W. ROMERO MEZA dijo...

Entre la independencia política y la dependencia económica.

Este es un viejo tema en la investigación histórica latinoamericana. Donde se planteaba una sucesión de dependencias cuyo orden era el que sigue: España (S. XVI al XVIII), Inglaterra (S. XIX) y EE.UU (S. XX). Sin embargo en las dos primeras se olvidaba una serie de circunstancias. Las que permitían contradecir algunos de los supuestos de la teoría de la dependencia. Así por ejemplo no se consideraba la relativa autosuficiencia económica del espacio colonial. La gran distancia geográfica entre América y Europa, expresado a través de los puertos. Así como las fuertes políticas proteccionistas que aplicaron distintos países de la región, entre ellos el Perú.

Respecto a la época actual creo que el autor obvia hechos incuestionables, como la sujeción de nuestros países (por muchos años), hacia organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Entidades controladas por las mayores economías del planeta. Así, los generosos créditos que los países del primer mundo brindaban a los más pobres, venían acompañados de cartas de intención (o sujeción), lo que suponía fuertes condiciones para las economías nacionales. Las leyes se adaptaron a los intereses de los grandes capitales extranjeros y el modelo asimétrico neoliberal nos hizo más dependiente. La crisis económica actual habla por si sola.

¡Saludos amigos míos!