jueves, 17 de septiembre de 2009

Las crisis capitalistas como resultado de la abundancia o exceso de oferta.

El capitalismo del desperdicio (II)
Nelson Manrique (Historiador)

En el artículo anterior señalé que Adolf Koslik sostuvo ya en los años 60 que el capitalismo norteamericano era adicto a la guerra. Muchos creen que el gasto en armas supone un perjuicio para la economía yanqui, pero Koslik mostró que, luego de la Segunda Guerra Mundial, la enorme industria bélica norteamericana actuaba como el gran dinamizador de la economía, impidiendo que ésta entrara en recesión. Dicha industria da trabajo a decenas de millones de trabajadores, demanda insumos, tecnología e investigación por miles de millones de dólares y estimula así a toda la economía. Lo único de malo es que requiere siempre tener guerras en el horizonte para que todo marche.

Las crisis capitalistas no son un resultado de la escasez sino de la abundancia. En las sociedades precapitalistas hay crisis cuando no hay suficiente producción para abastecer las necesidades de la gente (si una sequía provoca una caída de la producción agrícola, entonces sobreviene la hambruna). Pero en el capitalismo las crisis se originan porque se ha producido demasiado; tanto, que los productos en el mercado no encuentran compradores. Un industrial tiene que vender lo que ha producido para disponer del dinero para comprar insumos productivos y contratar fuerza de trabajo para reiniciar el ciclo productivo. Si no vende, su industria se paralizará.

Cuando un fenómeno así se extiende al conjunto de las ramas productivas sobreviene la recesión: no hay compradores, la producción se paraliza, las empresas tienen que despedir trabajadores y cada nuevo desempleado es un comprador menos en el mercado, lo que agudiza el estancamiento, provocando la quiebra de las empresas, etc. Pero –ese fue uno de los grandes aportes teóricos de Keynes– es posible que la economía se eche de nuevo a andar si el Estado crea una demanda suplementaria comprando productos a los empresarios nacionales.

¿Por qué, para dinamizar la economía, el Estado norteamericano compra armas en lugar de, por ejemplo, alimentos, que aliviarían la miseria de los miles de millones de hambrientos del mundo? Pues porque la producción en el capitalismo no tiene como finalidad satisfacer las necesidades de la gente sino hacer utilidades. Para la economía de mercado los únicos hambrientos que cuentan son los que tienen dinero para comprar sus alimentos, los demás no forman parte del mercado y su muerte no va a alterar al sistema: no se habla de crisis capitalista porque 20 mil personas mueren de hambre al día en el mundo (eso es lo normal en el sistema) sino porque las empresas no pueden hacer utilidades. Y si hay un exceso de alimentos éstos no pueden regalarse a los hambrientos, porque se produciría la caída de los precios agrícolas, y de las utilidades.

Es largamente sabido que durante la Gran Depresión de los años 30 se quemaban –o se echaban al mar– millones de toneladas de alimentos, pero lo que la mayoría ignora es que lo mismo se sigue haciendo hoy, y no sólo en tiempos de crisis, como la presente, sino en tiempos normales, como lo documentó Roberto Saviano en su extraordinario libro Gomorra, (México: Debate, 2008) al mostrar cómo la UE entró en relaciones con la Camorra napolitana para destruir la fruta producida en exceso por los agricultores europeos (p. 217).

La gran ventaja de la producción de armas es que éste es un mercado ilimitado… siempre y cuando se pueda mantener un estado de guerra permanente.

Rectificación: En el artículo anterior cometí un error mayor, al escribir que J.M. Keynes recibió el Nobel por sus aportes. En realidad, el Nobel de Economía se instituyó luego de la muerte de Keynes; confundí pues mis deseos con la realidad. Pido disculpas a los lectores.

Fuente: Diario La República. Miércoles 19 de agosto del 2009.