viernes, 5 de junio de 2009

Apogeo y crisis de la General Motors (GM).

General Motors: a cien años de su creación

Guillermo Giacosa (Periodista)

General Motors (GM) debe sonar en el imaginario de quienes nacimos a partir de 1930 a algo tan sólido como la pirámide de Keops o la Gran Muralla China. A algo que tiene un cierto parecido con la eternidad. Hablar de la GM imponía aceptar el presupuesto de su extraordinaria riqueza y de su capacidad casi infinita de producir lo que deseara. Creo que ha sido durante décadas el referente más visible de la abundancia y del bienestar de los americanos del norte. Ya en 1954, la GM había lanzado al mercado 50 millones de carros y millones de personas dependían, directa o indirectamente, de esta empresa para su supervivencia. Nadie la podía imaginar de otro modo que no fuera en el papel de una fuente interminable de riquezas.

Se decía, a mediados del siglo XX, que lo que era bueno para EE.UU. era bueno para General Motors, y lo que era bueno para GM era bueno para EE.UU. Tanto es así que el presidente Eisenhower, en 1953, nombró al presidente de GM, Charles E. Wilson, secretario de Defensa. Y este, durante su proceso de confirmación en el Senado, asoció el futuro de Estados Unidos con el de GM, y aseguró que no había nada incompatible entre los intereses de su país y los intereses de su compañía.

Supongo que la idea que el mundo se hizo del potencial casi ilimitado de esta empresa, al igual que el de EE.UU., estuvo asociada con el glamour hollywoodense y su difusión del mentado estilo de vida que reflejaba lo que hasta hoy se llama “el sueño americano”, y que no es, según creo, otra cosa que poder materializar el deseo de seguridad en todos los ámbitos de la existencia, y una muerte oculta bajo el disfraz del maquillaje y el supuesto favor de Dios al pasaporte de EE.UU.

Es aleccionador comprender que una posición de liderazgo en el mercado, como la que mantuvo GM durante tantos años, no es necesariamente el producto de políticas adecuadas para el largo plazo. Incluso, podemos colegir que la 'leyenda’ de GM se apropió de los cerebros de sus propios directivos, al extremo que permanecieron impasibles frente a un mundo que cambiaba.

Creyeron, por ejemplo, que los consumidores estadounidenses seguirían comprando eternamente los grandes todoterreno de los años 90 y no supieron adaptarse a las nuevas demandas.

De 2006 a 2008, sus pérdidas sumaron 90 mil millones de dólares y “el castillo de naipes en que se había convertido el representante del antiguo capitalismo estadounidense cayó con inusitada velocidad 100 años y ocho meses después de su creación”.

A principios de este siglo, GM construía Buick, Oldsmobile, Cadillac, GMC, Chevrolet, Vauxhall, Opel, Saab, Saturn, Daewoo y las Hummer, que están amontonadas en los depósitos pues, a pesar de sus muchas cualidades, no son los mejores vehículos para atravesar un tiempo de crisis.

Hoy, este ícono del capitalismo estadounidense ha quebrado y, así como ayer su destino y el de su país eran el mismo, hoy lo que con él ocurra podría estar preanunciando lo que ocurrirá con el capitalismo.

Fuente: Diario Perú 21. Jueves 04 de junio del 2009.