miércoles, 7 de noviembre de 2007

LOS LIBROS COMO BOTÍN DE GUERRA.



PERIODISTA CHILENO DESCRIBE LIBROS SAQUEADOS DURANTE LA GUERRA DEL PACÍFICO.

Ante la reciente repatriación de 3, 788 libros al Perú, por parte de Chile. Es interesante recordar el notable reportaje del periodista chileno Marcelo Mendoza, publicado el año pasado en el “Diario siete”, donde detalla muchos entretelones respecto al destino de los libros y otros bienes culturales extraídos del Perú, durante la ocupación chilena. Aunque este reportaje la valió a este periodista la dura critica de muchos compatriotas suyos. Resulta admirable como la investigación periodística, puede colocarse así más allá de intereses pseudo patrióticos, por el sincero amor a la verdad, en este caso histórica. Por ello mismo el autor, no duda en incluir la lista de libros que elaborara en 1881 el sabio polaco Ignacio Domeyko en colaboración con el ilustre bibliófilo Diego Barros Arana, por encargo del gobierno de Aníbal Pinto, a propósito de los nuevos libros que se incorporarían a la biblioteca nacional de Chile. Este inventario de libros apareció publicado entre el lunes 22 y el miércoles 24 de agosto de 1881 en el Diario Oficial de la República de Chile bajo el título de 'Lista de libros traídos de Perú' ( informe de 16 páginas ). Domeyko, afirmaría que esta cuidadosa relación, en primera y ultima instancia serviría "para que se viera el poco provecho que aportó al país ( Chile ) ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas". No cabe duda hoy que el tiempo ha dado fe de ello. Esperamos que nuestros gobernantes del presente actúen con más sabiduría.

REVELA UN DIARIO CHILENOLa investigación de un periodista del matutino Diario Siete ha permitido reconstruir una historia que hasta ayer permanecía oculta para la opinión pública chilena: la sustracción, en 1881, de miles de libros de la Biblioteca Nacional del Perú.

El saqueo de la Biblioteca de Lima en 1881 se ha mantenido como un secreto inconfesable de la Guerra del Pacífico, incluso ha sido negado por algunos historiadores nacionales. Diario Siete encontró la lista publicada en el Diario Oficial en esas fechas, donde se individualizan 10 mil volúmenes que en su mayoría ingresaron a la Biblioteca Nacional. Tras dos años de negociaciones secretas entre los gobiernos de Chile y Perú, la devolución de parte de este botín de guerra parece inminente.

Marcelo Mendoza. Diario Siete.

A días de iniciada la ocupación chilena de la capital peruana, el 17 de enero de 1881, el coronel Pedro Lagos eligió como cuartel de su batallón el palacio de la Biblioteca de Lima, sin saber que atesoraba la más valiosa colección bibliográfica de Latinoamérica (entre 35 mil y 50 mil volúmenes). Tardó un mes en reparar en ese detalle y le pidió a Manuel de Odriozola, su bibliotecario, que le enseñara aquel tesoro. Exigió las llaves de la bóveda en donde se guardaban los libros y lo que vino después fue la expoliación: un saqueo ordenado y diligente, metódicamente militar. A favor del coronel Lagos se debe inferir que la orden vino del gobierno central.

Dos meses después, en una carta a míster Christiancy, embajador de Estados Unidos en Perú, Odriozola, relató lo ocurrido. Trató el hecho de un "crimen de lesa civilización cometido por la autoridad chilena en Lima", agregando: "Apropiarse de bibliotecas, archivos, gabinetes de física y anatómicos, obras de arte, instrumentos o aparatos científicos, y de todo aquello que es indispensable para el progreso intelectual, es revestir la guerra con un carácter de barbarie ajeno a las luces del siglo, a las prácticas del beligerante honrado y a los principios universalmente acatados del derecho". Y termina: "Nadie podría recelar, sin inferir gratuito agravio al gobierno de Chile, gobierno que decanta civilización y cultura, que para él serían considerados como botín de guerra los útiles de la universidad, el gabinete anatómico de la Escuela de Medicina, los instrumentos de las escuelas de Artes y de Minas, los códices del Archivo Nacional, ni los objetos pertenecientes a otras instituciones de carácter puramente científico, literario o artístico (...) Los libros son llevados en carretas, y entiendo que se les embarca con destino a Santiago. La biblioteca, para decirlo todo, ha sido entrada a saco, como si los libros representaran material de guerra".

El historiador peruano Mariano Paz Soldán en 'Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia', publicada en 1904, anota: "Desde ese momento principió el saqueo descarado de ese sagrado depósito (...) Se cargaban carros con toda clase de libros, que se llevaban a casa de los chilenos y de allí, después de escoger lo que les convenía, el resto lo vendían en el mercado al precio de 6 centavos de libra, para envolver especias y cosas por el estilo".

La lista de Domeyko

Podría pensarse que solo es la versión de los vencidos, cargada de resentimiento hacia el invasor. Sin embargo, y pese a que el incómodo tema ha sido omitido por la historiografía nacional, existe un testimonio de peso que confirma el relato peruano de los hechos. Es la versión del sabio Ignacio Domeyko, rector de la Universidad de Chile y entonces el intelectual más prominente del país.

En su libro 'Mi viaje', Domeyko se lamenta de que un decreto de Manuel García de la Huerta, ministro de Instrucción Pública del gobierno de Aníbal Pinto, le encomendara clasificar el botín arrebatado a la Biblioteca de Lima, museos y establecimientos varios de aquella capital. Califica la misión como "la más desagradable y antipática, pues me recordaba lo que habían hecho los rusos con muchas bibliotecas y colecciones de la Universidad de Vilna" y señala que habrían llegado "la mitad de los libros que, de acuerdo a informes fidedignos, poseía la ciudad de Lima". Teniendo conciencia de la aberración cometida, quiso dejar un "minucioso inventario de los objetos traídos", exigiendo que sea publicado por el gobierno "para que se viera el poco provecho que aportó al país ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas" (ver recuadro). Hoy, 125 años después, sus palabras ratifican la lucidez y altura moral del sabio polaco.

Escondido en hojas de letra impresa, Diario Siete encontró aquel riguroso inventario que hizo Ignacio Domeyko en colaboración con un bibliófilo tan insigne como Diego Barros Arana. Entre el lunes 22 y el miércoles 24 de agosto de 1881 el Diario Oficial de la República de Chile publicó –con el título de 'Lista de libros traídos de Perú'– un informe de 16 páginas enviado por Domeyko al ministro de Instrucción Pública con los libros y objetos de ciencia robados en Lima y hechos llegar a la Universidad de Chile. Recibió, en dos envíos de la Intendencia General del Ejército, un total de 103 grandes cajones y otros "80 bultos". Separó en cuatro grupos los objetos recibidos: el primero, de "instrumentos y aparatos para la enseñanza de la física y de la química, y una colección de muestras para química orgánica y farmacia"; el segundo, de "preparaciones anatómicas"; el tercero, de "objetos de historia natural"; y el cuarto, de libros. Además, el botín incluía una gran colección geológica de rocas. Sin duda, lo más valioso eran –según Domeyko– "los más de 10 mil volúmenes", muchos de ellos del siglo XVI y XVII, incluidas numerosas joyas bibliográficas universales.

Pese a que muchos aparatos llegaron semidestruidos, el objetivo era enriquecer el patrimonio científico-cultural del país. Debe entenderse que, producto de haber sido una gobernación pobre, a mucha distancia de la holgura del Virreinato del Perú, Chile tenía muy precarios laboratorios y bibliotecas para la formación académica e investigación. Este botín, al entregársele a la universidad, obedeció a una planificada razón de Estado. Su publicación en el Diario Oficial –algo bien sorprendente si no se supiera de la tradición archilegalista chilena– puede ser vista como una muestra de que en el momento no se pensó que aquel botín no era malhabido. Tal vez correspondió a la arrogancia propia de los vencedores, porque después de aparecido en letra de molde, el tema se convirtió en tabú, en materia de rumores soterrados y negados. Hasta hoy.

Algunas joyas

Los siguientes son algunos libros valiosos consignados por Ignacio Domeyko en su inventario de 1881. (No hay certeza de que todas estas obras permanezcan en la Biblioteca Nacional)

Jasonis, Conciliarum (1534)
Golius, Lexicon arabicum latinum (Leiden, 1653)
Los triunfos de Petrarca (1555)
Crónica de don Juan Segundo ("edición gótica de 1543 mandada a imprimir por Carlos V")Histoire general de voyages (1747) (17 volúmenes)
Juan González de Mendoza, Historia de China (Amberes, 1596)Plutarco, Obras (1551)
Padre Madariaga, Del Senado i de su Príncipe (1555)
Cronica del Rei don Rodrigo (1549, "edición gótica de Toledo")Diderot y D’Alembert, Encyclopedie del XVIII (35 tomos)
Pimentel, Arte de navegar (en portugués)
Toldrá, Justificación histórica de la venida del apóstol Santiago a España
Lipenu, Bibliotheca philosophica (1682)
Arte de verificar las fechas (incompleta)
Garibay, Compendio de las crónicas... (1628)
Antonio de Herrera, Agricultura jeneral (1790)

ARTÍCULO COMPLETO EN :
http://www.larepublica.com.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=108672&Itemid=2&fecha_edicion=2006-04-24

VER : http://amautacuna.blogspot.com/2007/11/los-libros-que-chile-devuelve-al-per.html

1 comentario:

Julio César Fernández dijo...

A la fecha pudieron recuperar los libros de parte de los chilenos.