sábado, 7 de agosto de 2010

La Guerra de Corea y el Perú.

"La guerra olvidada"

Por: Aldo Mariátegui (Periodista)

El 25 de junio pasado se conmemoró el 60 aniversario de lo que ahora se llama "la guerra olvidada": la guerra de Corea, que acabó oficialmente el 27 de julio de 1953. Este conflicto de alguna manera nos toca, pues los rojos suelen utilizarlo de excusa para minimizar la excelente gestión económica y de obras públicas -al César lo que es del César- aplicada durante el Ochenio de Odría, pues suelen atribuir la excelente situación económica de aquellos años a un mero boom de materias primas originado por este conflicto asiático (lo que no pasó durante la IIGM, pues Prado aceptó congelar los precios de nuestros commodities a los yanquis como "colaboración a la causa aliada". Si no seremos siempre idiotas...), como si éste fuese el único factor a tomar en cuenta. De la misma manera, suelen soslayar la pésima política económica aplicada por Bustamante y Rivero, pues a éste no sólo se lo tumbó la tremenda tensión política Derecha-APRA, sino también esas inmensas colas para comprar víveres y una inflación desconocida para la época. Cierto es que lo golpeó la recesión inevitable que vino tras la posguerra de la segunda conflagración mundial, pero su manejo económico fue deplorable, siendo generosos.

Gracias a una interesante invitación del gobierno de Seúl, tuve la oportunidad de visitar la DMZ de Panjumon, la frontera entre ambas Coreas, que es considerada la zona más militarizada del planeta. Me llamó la atención la poca cantidad de personal gringo, lo que según me explicaron se debía a que mucho de éste había sido enviado a Iraq y Afganistán (también me encantaron esos spots en la tv militar yanqui instando a sus tropas a no cutrear). Incluso nos llevaron a la mesa de las negociaciones, donde una delgada línea divide a ambos países. Al otro lado estaban unos norcoreanos con pinta de robots mirándonos intensamente. Nos advirtieron que cruzar la línea casualmente podría significar que nos retengan en la lunática Norcorea para siempre. Desde un observatorio pudimos avistar unas aldeas de ese universo comunista tan letal y estúpido, donde se aplican las extravagantes ideas de Sendero Luminoso. Norcorea es tan pobre que hace no mucho una hambruna mató a un millón de sus habitantes y es un frío infierno en donde apenas sobreviven, aguantando a la mafia familiar roja que aún los esclaviza. ¡La Cuba de los hermanitos Castro es Suiza a su lado! Tales son los resultados del comunismo. Por eso reitero mi creencia de que tienes que ser medio oligofrénico, estar muy muerto de hambre o ser muy malvado para aún creer en un sistema tan horrendo como el fascismo, su primo hermano.

Volviendo a la guerra, Corea fue una muy oprimida colonia japonesa hasta que quedó dividida entre un norte rojo y un sur capitalista al final de la IIGM. Los rojos estaban comandados por Kim Il Sung, un demente que atacó sorpresivamente y casi conquista toda la península. Truman decidió frenar esta agresión para enviarle un mensaje al expansionismo estalinista y un brillante desembarco del general MacArthur en Inchon volteó el partido. Las tropas yanquis avanzaron incesantemente hasta el río Yalú, que marcaba la frontera china. Inesperadamente, la China de Mao irrumpió con miles de soldados e hizo retroceder a los desprevenidos yanquis hasta el paralelo 38, la frontera original.

MacArthur propuso escalar la guerra y usar armas nucleares para destruir a Mao (¡lástima que no le hicieron caso!), en abierto desafío a Truman, lo que acarreó su destitución. De allí vino un largo empate (de julio de 1951 a julio de 1953) hasta el armisticio. Fue la primera guerra con helicópteros y jets (Sabres contra MiG 15) y que le costó 38 mil vidas a los yanquis, un poco menos de las perdidas en Vietnam (cerca de 50 mil), además de tal impopularidad a Truman (llegó al 22% de aprobación) que éste desistió de tentar la reelección.

Hoy nos queda una frontera muy caliente, con los orates de los norcoreanos con la bomba atómica entre manos. Muy peligroso.

Fuente: Diario Correo. 29 de Junio del 2010.

viernes, 6 de agosto de 2010

Ramón Castilla y José Gregorio Paz Soldán. La primera organización formal del servicio diplomático en América.

José Gregorio Paz Soldán (1808-1862)

Perú: Pionero de la diplomacia en América

Por: Rosa Garibaldi
Historiadora y diplomática peruana.

Cuando Ramón Castilla (1797-1867) asumió la presidencia se abocó a la misión de remediar la humillación del Perú por obra de las potencias. Convocó al internacionalista y gran jurista José Gregorio Paz Soldán (1808-1862) para ofrecerle el despacho de Relaciones Exteriores. El asunto era complicado, pues Paz Soldán era su acérrimo opositor que desde la clandestinidad —y con el seudónimo de “Casandra”— escribía en El Comercio encendidos artículos contra él.

“Lo necesito”

Paz Soldán estaba reticente, pero Castilla le dijo: “Lo necesito a usted para arreglar una enojosa cuestión con motivo de una reclamación inglesa y ningún otro sino usted puede solucionarla. Queda Ud. nombrado ministro de Relaciones Exteriores”. Debía anularse el humillante protocolo firmado por Castilla con Gran Bretaña, en 1845, obligado por la presión de la escuadra inglesa. Esto a raíz del embargo de la escuadra peruana en el puerto de Islay y del bombardeo al puerto de Arica, en represalia por la detención del vapor inglés Perú por las fuerzas revolucionarias de Castilla, en 1844.

Contra la prepotencia

Paz Soldán asumió la defensa de los derechos del Perú y de la América hispana frente a la prepotencia de las naciones europeas con el I Congreso Americano de Lima y su Tratado de Confederación de 1848. Emprendió, además, la trascendental organización y reglamentación de nuestro servicio diplomático.

El 31 de julio de 1846, Castilla y Paz Soldán firmaron el Decreto 90. Fue la primera ley sobre organización diplomática no solo del Perú sino de toda la América. El Departamento de Estado de los Estados Unidos, por ejemplo, se organizó por ley recién en 1856.

Reclutar talento

Para atraer talentos, el Decreto 90 elevó considerablemente los sueldos (comparados a los fijados en 1826). Los diplomáticos en Londres percibían el mayor sueldo: el ministro plenipotenciario 16.000 pesos y el cónsul general 5.000 pesos anuales. Para gastos de ida, vuelta y establecimiento se fijó —para cada funcionario—, la mitad del sueldo anual. Los ministros, cónsules generales y cónsules recibían, además, por una sola vez, una asignación para gastos de correo, suscripción de periódicos, escritorio, entre otros. El sueldo se pagaba desde la partida al exterior hasta cuatro meses después de cesar en el cargo. El equipaje y el dinero quedaban libres de todo impuesto de aduana en el Perú. Para el pase al retiro, el tiempo de servicios en el extranjero se calculaba como doble.

Los requisitos

Castilla y Paz Soldán firmaron el Decreto Supremo 17, promulgado también el 31 de julio de 1846, que fijaba las cualidades para quienes se desempeñarían como adjuntos de legación: ser mayores de 18, tener buena caligrafía y esmerada ortografía (indispensable cuando toda correspondencia era escrita a mano). Debían haber aprobado cursos relacionados con la diplomacia, especialmente Derecho Natural y de Gentes, Gramática Castellana, en lugares como el Convictorio de San Carlos o el colegio de Nuestra Señora de Guadalupe. Y era necesario manejar uno o más idiomas, sobre todo el francés, el idioma diplomático oficial y de la gente culta del siglo XIX. Quienes reunían estas cualidades y aprobaban el examen de ingreso adquirían el rango de adjuntos de legación. Eran asignados a los jefes de misión en el exterior, los cuales debían ocuparse de los estudios diplomáticos de estos. El ascenso a rangos superiores dependía de una memoria anual sobre algún aspecto de las relaciones con el país de su residencia, así como los informes de desempeño elaborados por sus jefes. El Decreto Supremo 17 constituye el primer antecedente jurídico de la actual Academia Diplomática del Perú, presidida hoy por el embajador Eduardo Ponce Vivanco.

Bien preparados

Gracias a la legislación de Castilla y de Paz Soldán, los funcionarios diplomáticos y consulares estuvieron capacitados para enfrentar los retos de 1846, tiempos difíciles especialmente en dos países claves. Ese año arribó a Washington Joaquín José de Osma, el primer ministro peruano en la capital estadounidense. Había tensión por la guerra de ese país con México, dificultades con el Departamento de Estado por la conducta reprochable del ministro estadounidense Albert Gallatin Jewett (1802-1885) en Lima —declarado persona no grata por Castilla—, y el tema de la anulación del repudiado tratado comercial con ese país, firmando por Andrés de Santa Cruz en 1838. En Londres, Juan Manuel Iturregui enfrentaba también una difícil misión ante el prepotente Lord Palmerston, secretario de Estado de Negocios Extranjeros. Debía anular el humillante Protocolo de 1845 y convencer a Palmerston de cesar el respaldo a la expedición armada de Juan José Flores, ex presidente del Ecuador que, con el apoyo disimulado de Gran Bretaña y España, pretendía implantar una monarquía en su país.

Amplia presencia

Para 1857, Castilla había ampliado la representación de nuestro país en el mundo: desde las islas de Madeira y Azores, a través de Europa, Estados Unidos y América Latina, e inclusive en Asia, con legaciones importantes en París, Washington, Londres, Santiago y también en La Paz y Quito, cuando las conflictivas relaciones con Bolivia y Ecuador lo permitían.

El Decreto 90 y sus categorías

El Decreto 90 fue la primera ley del servicio diplomático del Perú y de toda América.

Estableció las categorías del servicio diplomático.

Los funcionarios de mayor nivel cumplían los requisitos señalados por el Congreso de Viena de 1815: enviado extraordinario y ministro plenipotenciario y encargado de negocios.

El ministro residente encarnaba lo señalado por el Congreso de Aquisgrán (Aix-La-Chapelle) de 1818.

Luego estaban los secretarios de legación de primera y de segunda clase.

Finalmente, los agregados de legación o jóvenes de lenguas.

Se estableció las categorías de cónsules generales, cónsules y vicecónsules, cancilleres y vicecancilleres.

Fuente: Diario El Comercio, suplemento "El Dominical". 1 de Agosto del 2010.

Recomendado:

El general Juan José Flores y el proyecto monárquico en Ecuador (1846).

Concepto de Diplomacia. Reflexión sobre la política exterior de los Estados.

La independencia peruana: entre absolutistas, liberales e independentistas. Historia de la Junta de Gobierno del Cusco (1814).

Los hermanos Angulo en un panel del Museo Nacional de Pueblo Libre (Lima). Foto: Arturo Gómez.

Cusco, 1814

Por Antonio Zapata (Historiador)

El 4 de agosto de 1814, un día como hoy, se sublevó el Cusco contra el virrey Abascal; los insurgentes estuvieron conducidos por José Angulo y Gabriel Béjar, quienes formaron una junta de gobierno. Esta rebelión fue poderosa porque se extendió como reguero de pólvora y dominó Cusco, Arequipa, Puno y La Paz. Según el historiador Jorge Basadre, podría haber construido una república muy distinta a la que conocemos.

En primer lugar, gracias al liderazgo rebelde. Los dirigentes eran mestizos y criollos, comerciantes, soldados y funcionarios, quienes convocaron al liderazgo indígena. Incorporaron al cacique Pumacahua, quien aportó la masa campesina que formó la tropa rebelde. La reflexión de Basadre es que, si hubieran triunfado, la república naciente habría dispuesto de un centro gravitacional andino y una conducción política socialmente mixta, capaz de forjar una nación más integrada que el Perú criollo y limeño que nació en 1821.

No obstante su amplitud, la rebelión fue derrotada. Cabe preguntarse por qué y para entenderlo es preciso partir de la correlación de fuerzas. Las opciones políticas eran tres: absolutistas, liberales e independentistas. En primer lugar, la aristocracia española expresaba el antiguo régimen absolutista, tenía partidarios en todo el Perú y era representado por el virrey Abascal, quien fue muy hábil y se ganó el título de Marqués de la Concordia. En sus filas se hallaba la mayor parte de las clases adineradas y las altas autoridades del Estado virreinal.

Aunque, entre los mismos sectores acomodados hubo bastantes liberales que tenían un pensamiento reformista. No querían romper con España y sin embargo tampoco deseaban que todo siga como antes. Buscaban una reforma que igualara Latinoamérica con la Península Ibérica a través de un Parlamento bajo representación proporcional.

Por su parte, sus parientes políticos, los liberales españoles, en ese mismo momento estaban luchando contra Francia que había invadido la Península e impuesto un cambio de dinastía en favor de los Bonaparte. Asimismo, esta resistencia española convocó a las Cortes de Cádiz y en toda Latinoamérica, incluyendo al Perú, se eligieron diputados para acudir a España en el difícil trance.

Pero al caer derrotado Napoleón, el mismo año 1814, quedó libre el rey español Fernando VII, que había sido hecho prisionero en Bayona por Bonaparte. Cuando Fernando retornó a España, fue recibido con tal entusiasmo que tuvo las manos libres y restableció el absolutismo; derogó la Constitución de Cádiz y apresó a los liberales. Ahí se acabaron los reformistas y la contradicción quedó definida entre polos extremos: absolutistas versus independentistas.

Los Angulo fueron presa de ese movimiento. Ellos estaban por la independencia y formaron una junta semejante a Buenos Aires. Pero no lograron ganar a los reformistas, que en ese mismo momento estaban siendo desbaratados. En el Perú, estos liberales fueron detenidos por Abascal, que había formado un ejército aguerrido, entrenado y consciente de sus intereses como casta. Ese ejército estaba compuesto básicamente por peruanos y combatió por España hasta el final. Ellos fueron los absolutistas que enfrentaron a San Martín y Bolívar.

Si queremos llegar al Bicentenario construyendo una patria más democrática y una república más justa, debemos rescatar nuestras diversas tradiciones. No tenemos por qué imaginar que todos los peruanos fueron realistas y absolutistas. Los hubo, fueron bastantes, y se trata de comprender su postura; pero igualmente debemos recordar con patriotismo a revolucionarios como Angulo y Béjar, guardando también la debida consideración por la sensatez del pensamiento reformista de la época.

Fuente: Diario La República. Mié, 04/08/2010

Recomendado:

El cacique Mateo Pumacahua y su significado històrico.

viernes, 23 de julio de 2010

Entre el Estado-Nación y los Estados multinacionales o Plurinacionales.

España, Cataluña y la cuestión nacional

Por: Manuel Rodríguez Cuadros (Ex canciller del Perú)

La globalización posee fuerzas sociales aparentemente contradictorias. La presión multidimensional a favor de un relajamiento de las fronteras para facilitar los intercambios transnacionales de toda naturaleza y el reforzamiento de las identidades nacionales, autonómicas, regionales, locales y culturales. Entidades políticas estaduales, regiones y autonomías otorgan un renovado vigor y una mayor complejidad a la estructura nacional de los Estados.

La España democrática post-franquista fue considerada un modelo de la integración funcional entre las autonomías y el Estado-Nación. Las autonomías, entre ellas, la catalana, resolvieron las identidades nacionales, lingüísticas y culturales de los diversos pueblos originarios de España en la integración funcional de un Estado-Nación plural en su constitución e historia.

El Estatuto de Cataluña perfeccionó esta estructura democrática y plural del Estado –nacional español al reconocer, al pueblo catalán, la calidad de constituir una nación y su derecho al uso oficial de su propio idioma, además de regular todos los componentes autonómicos de la gestión de su economía y sus estructuras de gobierno. El Estatuto de la Autonomía Catalana fue aprobado por las Cortes Generales el 30 de marzo del 2006. El pueblo catalán lo ratificó por un 72.9% en el referéndum del 18 de junio de ese año. Pero el Partido Popular, que se había opuesto en la votación en las Cortes, impugnó su constitucionalidad ante el Tribunal Constitucional. Luego de cuatro años y compulsas políticas en su composición, el tribunal falló el 9 de julio del 2010 declarando inconstitucionales un número importante de disposiciones del Estatuto entre ellas, aquella que reconoce que el pueblo catalán conforma una nación. Un día antes de la final del campeonato mundial de fútbol más de un millón de catalanes protestaron la sentencia del constitucional. En la manifestación se leyeron aisladas proclamas autonomistas e independentistas. Lo concreto fue una inmensa manifestación de españoles que clamaban por el respeto de su identidad nacional catalana. Esta identidad que forma parte del sentimiento nacional español, que la comprende, se expresó simbólicamente en el triunfo español sobre Holanda. Puyol y Xavi luego de celebrar con la bandera española enarbolaron la catalana, en un bello símbolo de la pluralidad nacional del Estado español.

Esa pluralidad ha sido cuestionada por el Tribunal Constitucional al afirmar en una sui generéis reflexión que la nación es un concepto jurídico-constitucional que implica que al Estado le corresponde una sola nación.

El derecho internacional no reconoce al concepto de nación una naturaleza jurídica y ninguna de sus reglas manda que el Estado esté integrado por una sola nación. En la mayoría de los casos es así, el Perú incluido. Pero hay, evidentemente Estados multinacionales como Rusia, la China y recientemente el Estado Plurinacional de Bolivia. El Tribunal Constitucional ha creado en España un grave problema que pone en cuestión uno de los mayores atributos de la España democrática. La solución es difícil, pero tanto el presidente Rodríguez Zapatero como el de la Generalitat, José Montilla han iniciado un responsable diálogo para salvar el Estatuto, recurriendo a los complejos y reducidos espacios que aún brinda la legalidad para solucionar el enorme forado que el Tribunal y el Partido Popular han creado en la institucionalidad española.

Fuente: Diario La Primera (Perú). 22 de julio del 2010.

Recomendados:

Efectos jurídicos de la sentencia del Estatut.

Historia de la lucha autonómica de Cataluña. Entre el "El Estado catalán" y la "indisoluble unidad de la nación española".

miércoles, 21 de julio de 2010

Nueva Granada, Gran Colombia, República de Colombia. Bicentenario de la guerra civil independentista.

Cartagena

Bicentenario colombiano
Por: Isaac Bigio (Internacionalista)

Desde mediados del 2009 Hispanoamérica viene celebrando varios bicentenarios. Hoy, 20 de julio, es la fecha oficial en la cual Colombia conmemora sus 200 años. Este hecho de por sí nos trae varias reflexiones: 1) La lucha inicial por la separación de España no se dio inicialmente bajo líderes e ideologías republicanas e independentistas. Más bien, fue la propia corona española la cual, tras que Napoleón Bonaparte invadió su reino, llamó a crear juntas de resistencias por doquier. Este ejemplo fue seguido por varias ciudades americanas, quienes declararon su fidelidad al monarca depuesto (Fernando VII), pero manteniéndose autónomos ante las juntas de resistencia de Andalucía.

2) No existió una lucha total entre los europeos contra los americanos. Así como la conquista española se dio gracias a la alianza entre peninsulares y numerosas naciones amerindias, las guerras post-1808 dividieron a muchos americanos (y también europeos) pues muchos españoles apoyaron a las colonias y varios de los pueblos con más influencia indígena (como Pasto o Loja) se aliaron con Madrid contra los criollos separatistas. La lucha por la autonomía devino en un movimiento independentista que dividió a los propios americanos. En el caso colombiano inicialmente creó una guerra civil entre federalistas y centralistas que fue aprovechada por la corona para reconquistar el país (1815-19).

3) En ese entonces todos los pueblos desde la Patagonia hasta la actual California, con excepción del Brasil (sede mundial del imperio portugués) y de algunos territorios del Caribe, se reclamaban a sí mismos como "españoles americanos". Las nuevas juntas americanas originaron una nueva Constitución en el imperio panhispánico (la de Cádiz 1812), la misma que aceptaba la igualdad entre los españoles americanos y los europeos.

4) El término América Latina no existía. Este se impondría medio siglo después como justificativo del imperio francés para anexionarse México y los países que hablaban una lengua latina. Este concepto hoy es inadecuado, pues no incluye a Canadá (donde se concentra más del 90% de la población americana que habla el francés como lengua materna), separa a los países sud y centro americanos entre quienes hablan un idioma romance y los que hablan inglés u holandés, aparta a los 50 millones de hispanos de EE.UU. de "América Latina" y crea una supuesta identidad latina a pueblos de origen ibérico, amerindio y africano, ninguno de los cuales habla el latín ni proviene de la cuna del latín (centro de Italia).

5) La palabra Colombia fue creada por Francisco de Miranda (en su exilio en Londres o a su ida en barco a liberar Venezuela) para referirse a TODO el continente de Colón. Luego en 1819 se dio para designar a lo que fue el virreinato de Nueva Granada, que en ese entonces incluía a los actuales Ecuador, Colombia, Venezuela y Panamá, a la mayor parte de Guyana y a partes de los actuales Brasil, Perú y Costa Rica.

6) En 1830 la "Gran Colombia" se dividió en 3 repúblicas que hasta hoy son las únicas del mundo en compartir la misma bandera: Ecuador, Venezuela y Nueva Granada. Esta última luego cambió su nombre dos veces hasta que en 1886 se crea la actual República de Colombia, la cual se dio tras la victoria militar conservadora sobre los federalistas.

7) En 1903 Colombia sufrió su última escisión cuando EE.UU. promovió la separación de Panamá para crear una república que le permitiese tener en su corazón un canal bajo su control.

Fuente: Diario Correo (Perú). 20 de Julio del 2010.

Recomendado:

Bicentenario de la Independencia del Cono Sur.

martes, 20 de julio de 2010

Patrice Lumumba y la independencia del Congo. El asesinato del Primer ministro congolés.

Firma del acta de Independencia del Congo



La frustrada independencia de 1960 y el martirio de Lumumba (3/6)

Por: Jorge Magasich

Los líderes políticos congoleses y las autoridades belgas, reunidos en la Mesa redonda en Bruselas, fijan las elecciones parlamentarias y provinciales para mayo de 1960. El Movimiento Nacional Congolés, de Lumumba, obtiene la mayoría relativa, con 35 escaños sobre 137, seguido por partidos regionales, cada cual influyente en su provincia. Tras una negociación entre los dos primeros bloques parlamentarios, el líder de la ABAKO, Kasavubu, es designado Presidente, función comparable a la del rey belga, y Lumumba es investido Primer Ministro. Este consigue la mayoría en la Cámara y designa al primer Gobierno del Congo independiente.

De origen humilde, Patricio Lumumba había cursado sólo algunos años de escuela primaria –la única posible para los colonizados– en escuelas católicas y protestantes. Prosigue su instrucción como autodidacta, combinando trabajos con estudio. Un puesto de bibliotecario le permite estudiar francés, llegando a alcanzar un muy buen nivel general de instrucción. Aprueba los exámenes para acceder al estatuto de “evolucionado”. Luego consigue un trabajo como empleado de correos en Stanleyville (actual Kisangani) como contador de cheques. Pasará unos meses en prisión a causa de un asunto de sustracción de correspondencia. Cuando las autoridades belgas autorizan la formación de partidos políticos y sindicatos de trabajadores, Lumumba adhiere al naciente sindicalismo, aproximándose a los grupos apadrinados por los liberales belgas. En 1958, él es uno de los congoleses que viajan a Bruselas a la Exposición Universal, donde lo conmueve la imagen humillante de los congoleses transmitida en el evento; el Congo es representado por algunos negros deambulando alrededor de rucas, al estilo salvaje. De retorno a su país, Lumumba participa en la Conferencia Panafricana de Accra y en 1959 funda el Movimiento Nacional Congolés.

El 30 de junio de 1960, horas antes de la de proclamación de la independencia del Congo, Lumumba toma conocimiento de los discursos que serán pronunciados durante la ceremonia; en ella, el rey Balduino, en un tono paternalista dirá, “La Independencia del Congo constituye la conclusión de la obra concebida por el genio del Rey Leopoldo II, emprendida por él con coraje y tenacidad, y continuada con perseverancia por Bélgica. Cuando Leopoldo II emprendió esta gran obra que llega hoy a su coronación, no se presentó ante ustedes como conquistador sino como civilizador”. Y Kasavubu, sumiso, le responderá que los congoleses serán dignos de este legado. Lumumba decide replicar y redacta un texto. Una vez pronunciados los dos discursos oficiales, sube a la tribuna sin estar su intervención programada, y lee su célebre discurso que constituye una serena y emocionante denuncia del racismo y de la explotación colonial.

Las palabras de Lumumba calan de tal forma en su pueblo que quedan gravadas profundamente en la memoria social del naciente país. Medio siglo más tarde, los congoleses lo recuerdan como una respuesta digna del colonizado al colonizador y muchos de ellos pueden citar de memoria algunos de sus pasajes. En cambio, para el establishment belga el discurso de Lumumba constituye un insulto, y el Rey Balduino, sorprendido al escucharlo, casi abandona la sala durante el acto.

El gobierno de Lumumba está casi totalmente desprovisto de recursos materiales y humanos. En 1960, sólo unos 20 congoleses han obtenido un diploma de licenciatura, 14 de ellos en teología. Al mismo tiempo, el nuevo gobierno debe afrontar la fuga de capitales que había precedido la Independencia y el boicot de Bélgica y de otras potencias, decididas a conservar el control de la economía y de la política internacional de la naciente nación congolesa..

A los cinco días de vida independiente del Congo se amotina la Fuerza Pública (la única fuerza armada existente en el país) luego de que un oficial belga apunta en la pizarra del cuartel: “Independencia: antes = después”; los soldados indignados saquean propiedades de los colonos, violan y asesinan, incontrolados. El 11 de julio, la rica provincia de Katanga proclama la secesión, incitada por la empresa belga Unión Minera y poco después se declara independiente la región de Kasai.

Lumumba rompe con Bélgica y pide tropas a la onu. En septiembre, el Primer Ministro es destituido por el presidente Kasavubu, quien lo acusa de ser favorable a la Unión Soviética y es relegado a permanecer en su residencia. Después de un intento de fuga, Lumumba es detenido por el coronel Mobutu, el futuro dictador. El 17 de enero de 1961, Lumumba es enviado a la provincia secesionista de Katanga, donde es sometido a salvajes torturas y finalmente asesinado junto con sus compañeros Maurice M'Polo y Robert Okito. Para no dejar rastros de esos crímenes, un empleado belga de la Unión Minera se encarga de disolver sus cuerpos en ácido.

Bélgica reconoce su responsabilidad

Cuatro décadas más tarde, en 1999, la opinión pública belga se muestra particularmente sensible al respeto de los Derechos Humanos en las relaciones internacionales. Regularmente, varios editorialistas se preguntan, “si la Justicia belga ha lanzado una orden de arresto contra Augusto Pinochet y persigue a los responsables del genocidio en Rwuanda, ¿por qué no investigar también las zonas negras de la historia nacional? “

El gobierno liberal-socialista-ecologista de Bégica constituye una Comisión Parlamentaria encargada de “determinar las circunstancias exactas del asesinato de Patricio Lumumba y la implicación eventual de responsables políticos belgas”. Esta Comisión debe confirmar o refutar las sospechas de complicidades belgas en la ejecución de Lumumba, constantemente alimentadas por numerosos estudios históricos que han ido menoscabado las relaciones entre Bélgica y el Congo.

La Comisión de 15 diputados es dotada de los poderes de un Ministro en Visita: puede efectuar allanamientos e interrogar a testigos, pero sus trabajos no tienen alcances jurídicos, pues el caso ha prescrito y no se trata de un crimen de lesa humanidad. Durante dos años, cuatro expertos consultan numerosos archivos, incluso los de la monarquía, así como documentos personales inéditos.

En 2002, las conclusiones a las que llega esa Comisión establecen que “De manera general, es posible afirmar que desde los primeros momentos el gobierno belga no tuvo respeto por la soberanía del Congo”. La secesión de Katanga no habría sido posible sin el apoyo de la Unión Minera. Esta “creó grupos militares y paramilitares para defender sus intereses en la lucha armada contra los partidarios armados de Lumumba.”

El informe indica algunas responsabilidades, precisando qué ministros enviaron agentes para hacer trabajos de desestabilización política y sondear las posibilidades de dar un golpe de Estado. El ministro d'Aspremont Lynden habla en un telex de la “eliminación definitiva” de Lumumba. Todo esto utilizando recursos públicos, estableciendo el informe que “para financiar la política contra el Gobierno de Lumumba, el Gobierno belga recurrió a fondos secretos, algunos aprobados por el parlamento, otros no.”

La Comisión, en su informe, alude también a la responsabilidad del Rey, cosa extraordinaria en Bélgica: “El Jefe de Estado fue informado al menos una vez, [...] que la vida de Lumumba estaba amenazada”. Y los desacuerdos entre el Rey y el gobierno conducen al soberano “a actuar autónomamente. La Comisión constata que el Jefe de Estado obtuvo informaciones importantes que, probablemente, no fueron comunicadas al gobierno.”
La conclusión es que “ningún documento ni testimonio conocido por la Comisión, permite afirmar que el gobierno belga o algunos de sus miembros dieron la orden de eliminar físicamente a Lumumba”. Pero, “ciertos miembros del gobierno belga y otros actores belgas tienen una responsabilidad moral en las circunstancias que condujeron a la muerte de Lumumba.”

Tras la publicación del informe emitido por la Comisión, el ministro belga de Relaciones de la época, Louis Michel, reconoce la responsabilidad de “actores” belgas en el asesinato del Primer ministro congolés y de sus compañeros, y presenta sus excusas a las familias de las víctimas y al pueblo congolés, afirmando que “siente profunda y sinceramente lo ocurrido”. Al mismo tiempo, anuncia la creación de un Fondo Patricio Lumumba para auspiciar el “desarrollo democrático en la República Democrática del Congo”, dotado de una suma inicial de 3,75 millones de euros y que será alimentado anualmente de medio millón.

Sin duda, el informe de la Comisión Lumumba consigue esclarecer un pasado oscuro, que no deja de manifestarse en el presente. La editorialista de Le Soir, Colette Braeckman, concluye que el informe permite “Retomar el combate de Lumumba ahí donde el sabotaje, y luego la muerte, lo habían interrumpido: la construcción de un país unido, cuyo desarrollo podría pacificar toda la región.”


Discurso de Patricio Lumumba el 30 de junio de 1960 (extractos)

Congoleses y congolesas, combatientes de la Independencia, hoy victoriosos, yo os saludo en nombre del gobierno congolés. A todos ustedes, mis amigos, que han luchado a nuestro lado, les pido que hagan de este 30 de junio de 1960 una fecha ilustre y que la conserven inefablemente en sus corazones; una fecha cuyos significados enseñarán con orgullo a sus hijos para que estos, un día, transmitan a sus hijos y nietos la historia gloriosa de nuestra lucha por la libertad.

Ya que, si hoy se proclama la independencia del Congo en acuerdo con Bélgica –país amigo con el que tratamos de igual a igual –, ningún congolés digno de ese nombre podrá olvidar que ella fue conquistada por la lucha, una lucha cotidiana, una lucha ardiente e idealista, una lucha en la que no medimos ni nuestras fuerzas, ni nuestras privaciones, ni nuestros sufrimientos ni nuestra sangre.

De ésta lucha que fue de lágrimas de fuego y de sangre, estamos orgullosos en lo más profundo de nuestro ser, ya que fue una lucha noble y justa, una lucha indispensable para terminar con la humillación y la esclavitud que se nos impuso por la fuerza. Este fue nuestro destino durante 80 años de régimen colonialista; nuestras heridas son aún demasiado frescas para poderlas separar de nuestra memoria.

Conocimos el trabajo agotador exigido a cambio de salarios que no nos permitían comer lo necesario, ni vestirnos o albergarnos decentemente, ni educar a nuestros hijos como seres queridos. Conocimos las ironías, los insultos, los golpes, que debíamos soportar mañana tarde y noche porque éramos Negros. ¿Quién olvidará que a un Negro se le decía “tu”, no como un amigo, por supuesto, sino porque el “Usted” honorable estaba reservado únicamente a los blancos?

Conocimos la expoliación de nuestras tierras en nombre de textos presuntamente legales cuya finalidad era establecer el derecho del más fuerte. Conocimos que la ley era diferente cuando se trataba de un negro o de un blanco, acomodable para unos, cruel e inhumana para los otros. Conocimos los sufrimientos atroces de los relegados por sus opiniones políticas o sus creencias religiosas: exilados en su propia patria su suerte era peor que la propia muerte. Conocimos las villas magníficas para los blancos y las chozas ruinosas para los negros, que un negro no era admitido ni en los cines, ni en los restaurantes, ni en las tiendas “europeas”; que un negro viajaba en el casco de las barcazas a los pies del blanco en su cabina de lujo.

¿Quién olvidará las descargas donde perecieron tantos de nuestros hermanos o los calabozos donde fueron brutalmente lanzados los que se negaban a someterse al régimen de injusticia, de opresión y de explotación del que los colonialistas habían hecho un instrumento de dominación?

De todo eso, mis hermanos, sufrimos profundamente.

Pero todo eso, decimos nosotros a quienes el voto de vuestros representantes elegidos nos autoriza a dirigir nuestro querido país, nosotros que sufrimos la opresión colonialista, les decimos: de hoy en adelante todo eso ha terminado.

La República del Congo ha sido proclamada y nuestro querido país está ahora en manos de sus propios hijos. Juntos hermanos vamos a comenzar una nueva lucha, un lucha sublime que va a conducir a nuestro país a la prosperidad y a la grandeza.[...]

Fuente: Diario Clarín de Chile. miércoles, 09 de agosto de 2006.

Recomendado:

El Congo belga, de 1908 a 1960 (2/6).

domingo, 18 de julio de 2010

Las guerras entre los caudillos militares: la legitimación de la violencia y la voluntad de preservar la República.

Batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824)

“Es inevitable preguntarse por qué entre tanta guerra no se balcanizó el Perú”

Historiadora y docente en Sewanee (Tennesse, EEUU), Carmen Mc Evoy se ha especializado en estudiar el Perú del siglo XIX. Soldados de la República, libro que acaba de publicar con José Luis Rénique, rescata los archivos de los presidentes Orbegoso y Nieto que se hallaban en Chile. Las guerras entre los caudillos militares, en los albores de la República, afloran con nitidez en estos manuscritos que darán mucho que hablar.

Por: Federico de Cárdenas

La primera pregunta es obvia: ¿cómo es que este archivo termina en Chile?

–Es la gran pregunta. ¿Cómo este epistolario –que no es uno cualquiera, sino de dos presidentes del Perú– termina en un archivo privado que la esposa de Benjamín Vicuña Mackenna vende al gobierno de Chile? Mi impresión es que estas cartas forman parte del tráfico de documentos que ocurre en los años de la ocupación (1881–84), cuando las fuerzas chilenas entran a Palacio. Allí funcionaban todos los ministerios peruanos, y es posible que se hallaran en algún lugar especial, de donde fueron tomadas. Narciso Castañeda, que fue secretario de Vicuña, estuvo en Lima y encontré una carta suya en la que le informa que le está recopilando papeles de diversos lugares. Un coleccionista requiere siempre de una contraparte que funcione de proveedora, y este fue el caso. Es posible que hubiera más, pues muchos generales también le enviaban libros y documentos. Era insaciable.

–En tu estudio planteas un doble rol de la correspondencia en una época en que todo se manejaba por carta: servían como fuente de información, pero podían convertirse en fuente de acusación si caían en manos enemigas.

–Es la paradoja de la carta. Las requieres para fines militares: tienes que escribir a tus proveedores, pero al mismo tiempo llevan a tus aliados parte de tu estrategia. Si esas cartas caen en manos de tu enemigo, puede saber con antelación cuáles serán tus movimientos. Por eso es que también habían cartas que desinformaban, con datos falsos.

–Y también existía el riesgo inmediato de que se publicaran.

–Claro, hay corresponsales que “escriben para la Historia” (Santa Cruz, por ej.) y otros que escriben desde la coyuntura, que es el caso de Castilla. Cuando Santa Cruz escribe a Nieto u Orbegoso siempre se está justificando, al punto de no querer cruzar la frontera con el Perú sin permiso del Congreso. Por eso sus cartas son tan interesantes, siempre hay argumentación en ellas.

–Leyendo el epistolario, queda la impresión de 15 años de increíble violencia. Basadre los denominó “años de anarquía”. ¿Este choque de caudillos tenía necesariamente que producirse o hubiera podido evitarse?

–Es una pregunta clave. Creo que estamos ante una suerte de parto violento que difícilmente hubiera podido evitarse porque nace en la guerra de la Independencia y dura hasta Castilla, el general victorioso que logra hacerse respetar por todos. El escenario de la Independencia es el Perú, por eso la portada del libro con la batalla de Ayacucho. Luego de leer estas cartas ha cambiado mi visión de la República –que siempre fue civilista–, pues he descubierto que estos caudillos también están pensando en ella. Claro, es una república que tiene un elemento de violencia en su matriz. Primero porque cada caudillo trata de imponer su propio proyecto, que considera el mejor; segundo, porque aún no estamos hablando de un ejército nacional. Son facciones que se disputan una legitimidad siempre elusiva. Ya no existe el poder del rey y se discute qué liderazgo lo reemplazará. Además, mientras se producen estas guerras intestinas hay muchos civiles que siguen en sus puestos.

–No hay que olvidar que estos generales se definen también como republicanos.

–Para ellos la dictadura es algo aceptado. Es la tradición romana del dictador como salvador cuando la república está en crisis. Actúan para salvar a la patria de la anarquía, y utilizan la violencia como regenerador. En cada revolución, la república se refunda.

–También manejan un ideal de orden, actúan por el bienestar de la República, aunque pocas veces se cumpla.

–Las cartas muestran la lógica de la anarquía. Por un lado, los generales van a la guerra en clave republicana y en defensa de la Constitución, aunque no sea así; por otro lado, hay la tensión que señalas entre el interés nacional y el interés personal, una frontera que aún no ha sido trazada y que entiende, por ej. que si has combatido en Ayacucho, el Estado tiene una deuda contigo (y aquí entra el tema de la corrupción y las redes clientelares). Los únicos que domestican su interés personal en aras del nacional son primero Gamarra y luego Castilla.

–¿Las rivalidades entre caudillos que se dan en este periodo son personales o producto de intereses de clanes, facciones o partidos?

–Creo que vienen de la guerra y lo que deja: un país fracturado. No hay que olvidar que muchos de ellos pertenecieron al ejército español (Gamarra, Santa Cruz), otros llegaron con San Martín y Bolívar y se quedaron, como Miller. Quien es el primer soldado de la república es Nieto. Orbegoso formó parte de la aristocracia colonial. Uno que fue institucionalista, pero lo sacaron, fue La Mar, y aquí es revelador que su edecán personal fuera Nieto. En cambio quien fue faccionalista y autoritario es Gamarra. Hubo tendencias al interior de la anarquía, y hasta regionalismos ligados a algunos caudillos, como la naciente Moquegua a Nieto.

El rol de los civiles

–¿Cuál fue el rol de los civiles en este período? Porque los civiles están ahí y además hay un Congreso que funciona. Mencionas que la ideología castrense incorpora elementos liberales. ¿Estos serían aportación civil?

–Nieto tenía tendencias liberales y en sus cartas habla de elecciones, soberanía, lo que demuestra que el ejército se se va nutriendo de ideología republicana. Escuchan las discusiones en el Congreso o al muy influyente Luna Pizarro. Sí hubo tendencias liberales, pero después se pierden. Es lo que hace también a ese momento tan interesante, pues se da una suerte de experimentación política.

Pero pasemos al tema de los asesores –Basadre los llama “hombres de traje negro”– que son los que hablan a los militares en clave republicana (el rol de un soldado es preservar la unidad de la república, etc). Es un rol ideólogico, pero no hay que olvidar otro: su intervención en la construcción del Estado. Hay burocracias regionales, prefectos que informan a Lima. En cuanto a nombres, Luna Pizarro es uno, Távara otro; también Pando, que fue ideólogo de los conservadores . Se construye un Estado, aunque sea por parches, y fue tarea civil.

–Es sabido que el Partido Civil vino mucho después, con Pardo, pero ¿hubo algún germen en este periodo, un club civilista?

–No. Aquí los que llevan el mando son los militares. Ellos han participado y ganado las grandes batallas y se sienten los únicos que deben dirigir. Es un momento en que sus rivales no fueron los civiles, sino otros militares. La gran tarea de estos jerarcas es imponer la unidad dentro del ejército. Los civiles no existían como grupos de poder, pues la infrastructura del país había quedado en ruinas. Recién conel gobierno de Castilla aparecen Elías y algunos clubes políticos.

Anti–Tocqueville

–Me interesó ese elemento”antitocquevilliano” que encuentras y que impidió que el Estado se centralizara y optara por la modernidad.

–Es un tema fascinante. En los orígenes de la República predomina lo corporativo sobre lo individual. Locke no habría tenido nada que hacer aquí. Gabriela Charamonti, en un trabajo apasionante, ve como fórmula política un pacto de los pueblos con el caudillo. Como estas guerras se desarrollan a nivel nacional, los pactos se renuevan y los pueblos le otorgan al caudillo no solo la legitimidad para pelear la guerra, sino lo proveen de su logística (mulas, comida, forraje, dinero). Si el gobernante rompe el pacto –que es una forma de distribución por medio de bienes y puestos públicos– la violencia es legítima. Esta ruptura era frecuente por la inestabilidad y la suerte de guerra permanente. La tendencia solo desaparece en el decenio del 70, con Pardo.

–También, pese al fraccionamiento, hay un reacomodo de la burocracia y de los liderazgos regionales en función del caudillo, porque saben que lo necesitan.

–Claro, es un mecanismo perverso que Castilla identifica cuando dice que estas revoluciones se dan básicamente por empleo. Castilla es un sobreviviente y un pragmático y se da cuenta de que debe encontrar un modo para detener la guerra, que es el guano, con cuyo dinero logra estabilizar la situación, pues paga a cada uno de los veteranos sus pensiones. Todos son recompensados y así se crea una estabilidad ficticia, porque el dinero se acaba y luego recomienza la guerra.

–¿Y no interviene aquí un elemento que hace que luego de tantos años de guerra, estos caudillos no toleraran la paz?

–Es cierto. Son soldados de un imperio que ya no existe, pero que han sido entrenados para la guerra y no saben vivir en paz. Son guerras de destrucción permanente en las que la palabra negociación no existe. Solo así podemos entender que una facción se vaya a Chile, se asocie con Portales y retorne para luchar contra la confederación. Hay aquí un “ethos” que no es moderno y que impide que estos soldados reflexionen tanto sobre sus alianzas. Chile en eso era más moderno, pues al intervenir tenía una visión geopolítica y defendía el predominio de Valparaíso sobre el Callao.

No nos balcanizamos

–En medio de estas guerras intestinas rescatas un elemento, que es la continuidad de la República, pues nadie atentó contra la unidad del país, que pudo acabar fraccionado.

–Es verdad. Es que si tú analizas este escenario de guerra civil, de invasión, de derrota, es inevitable preguntarte por qué el Perú no se balcanizó. Y creo que no ocurrió porque pese a la tendencia a la destrucción que hay en el caudillo había también en ellos una voluntad de preservar la República. Es una especie de esquizofrenia. Lo que más me sorprende en estas trayectorias es la voluntad de sobrevivir. Es un caso claro en Nieto, acaso el personaje menos conocido y más articulado, que aún en medio de la derrota puede reconstruirse. Para mí es un claro antecedente del tipo de soldado que fue Cáceres, que supo resistir, devolviéndonos de alguna manera el honor en medio de la derrota.

Fuente: Diario La República, suplemento "Domingo". 18 de julio del 2010.

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