domingo, 14 de febrero de 2010

Historia económica del Perú. Análisis de la evolución económica de 1950 al 2010.

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Una mirada desde el largo plazo

Por Humberto Campodónico (Economista)

Cuando se analiza la economía del país en el largo plazo, se pueden adoptar una serie de enfoques, no todos necesariamente excluyentes. Tenemos, así, el enfoque de los ciclos económicos, que nos dice que hubo un auge de 1950 a 1975, con su fase de bajada desde esa fecha hasta 1990. Allí comienza otra fase de auge que duró hasta el 2008, con una interrupción importante de 1998 al 2001.

¿Cuál es la relación con la economía internacional? Si se considera el análisis de Robert Brenner, de la Universidad de California, se encuentra una coincidencia en el auge, desde 1950 hasta 1975. Allí acaban las similitudes, pues Brenner demuestra que desde entonces hasta ahora las principales variables económicas de los países industrializados (ganancias, inversión, producción y empleo) están de bajada, lo que fue maquillado con las burbujas especulativas del crédito barato y las hipotecas basura.

Así, lo que podría explicar el auge reciente es el protagonismo de los países emergentes, destacando la industrialización de los tigres asiáticos en los 80 y, después, de China e India. Para el Perú, que depende en un 70% de la exportación de minerales, esto es muy relevante.

Si se analiza la evolución de la estructura productiva, resalta la pérdida de importancia del agro, que pasa de 14% a 7% del PBI de 1950 al 2008, mientras que la minería se eleva del 2.6 al 6%. El sector industrial tiene altibajos, pues comenzó en 13% del PBI en 1950, llegó al 18% en 1976, pero bajó al 14% en los 80. De allí en adelante se ha recuperado y ahora está en 15.5% del PBI. Por su parte, el sector servicios ha estado siempre cerca del 50%, pero su composición interna ha variado mucho (sobre todo por la “nueva economía”, microchips, telecomunicaciones, internet).

Cuando se analizan los “modelos de desarrollo” y las políticas económicas, se aprecia que de 1950 hasta 1962 tuvimos lo que Rosemary Thorp llama el sueño de los liberales: un sistema orientado por las exportaciones primarias. Desde 1963 hasta 1975 (con mayor énfasis bajo Velasco) se adopta la industrialización por sustitución de importaciones, de claro cuño cepalino. Allí se inicia la vuelta a políticas liberales (Morales Bermúdez) y luego Belaúnde en los 80, en una década signada por la crisis de la deuda externa, Sendero Luminoso y el narcotráfico. Después del paréntesis heterodoxo de García y la posterior hiperinflación (1988-90), el terreno queda libre para el ajuste estructural neoliberal de Fujimori-Boloña, (1990-91), el “Consenso de Washington”, que liberaliza la economía e implementa la privatización, lo que continúa hasta hoy.

El equipo de Agro-Data del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES) ha elaborado un cuadro con las políticas económicas y la trayectoria de los cuatro sectores económicos más importantes para el periodo (con data del BCR), en índices de crecimiento per cápita. No es posible comentarlo todo aquí, pero los lectores notarán el extraordinario crecimiento de la minería, que pasa de 100 a 590 de 1950 a 2008, sobre todo en los últimos 20 años. Los demás sectores tienen crecimientos modestos

Para terminar, un análisis de largo plazo no estaría completo sin el proceso ahorro-inversión (que incluya al capital extranjero), la importancia (o no) del Estado, la política tributaria y su impacto en el empleo (teniendo en cuenta la informalidad), los salarios y la distribución del ingreso. Volveremos sobre esos temas en un próximo artículo.

Fuente: Diario La República. Lunes 18 de Enero del 2010.

viernes, 12 de febrero de 2010

Nelson Mandela, símbolo de la lucha contra el apartheid.

El libertador político más querido del mundo

Por: Miguel Cárdenas (Periodista)

El testimonio más ferviente sobre la liberación de Nelson Mandela lo escribió una sudafricana blanca. La escritora Nadine Gordimer recordaba ese momento cúspide en la historia con la emoción de quien picó su propio “muro de Berlín” racial: “Allí estaban las fotografías, mil veces reproducidas, del hombre joven, alto, sonriente y peinado a la antigua; y allí estaba también el héroe mítico (nuestro Che Guevara por no decir nuestro Mesías), inmortal aunque en algunos momentos se pensase que nadie volvería a verlo con vida”.

El pasado martes, el último presidente blanco de Sudáfrica, Frederik de Klerk, celebró el aniversario de su propio discurso de 1990 en el Parlamento más segregacionista del siglo XX, cuando anunció la liberación más esperada y esperanzada del mundo (que hasta hizo cantar al rockero nacional Micky González para que lo oyéramos bien también aquí). De Klerk rememoró ese suceso capital con la pesadez de quien heredó un poder —el apartheid— bruñido de la sangre del racismo más denigrante que se haya institucionalizado política y religiosamente alguna vez: “Es apropiado celebrar el aniversario 20 del 2 de febrero de 1990, no en mi honor… sino porque ese día evitó una catástrofe”.

COLOR LOCAL Y GLOBAL

La catástrofe era ya la que se cometía y acometía desde comienzos del siglo pasado por el régimen colonial sudafricano contra el 80% de su población negra, que era confinada a lugares separados, sin derecho a la educación superior ni a sueldos dignos y reprimidos con sevicia. Esta degradación social fue la que motivó al luchador Nelson Rolihlahla Mandela a participar, en 1952, en una campaña de desobediencia civil y tres años después a redactar la “Carta de la libertad”: “Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella, negros y blancos, y ningún gobierno puede considerarse legítimo si no está basado en la voluntad de todo el pueblo”.

En esta lucha, pese a que solía simpatizar con Gandhi, dejó entreabierta la tapa de la violencia: fue uno de los fundadores del comando Umkhonto we Sizwe (Lanza de la Nación), hombro armado del partido rebelde Congreso Nacional Africano.

El tiempo remueve paradojas: el hoy patriarca de la paz fue etiquetado como terrorista por quienes lo encerrarían primero de 1956 a 1963 y, luego, 27 años hasta 1990.

OLVIDO Y RECUERDO

En prisión tuvo que trabajar en canteras de cal con castigos procaces. Sudáfrica lucía grandes cifras macroeconómicas en esos años y esto ocasiona —casi— siempre que la violación de los derechos humanos sea vista con ojos anchos y despistados por las potencias. Mandela padeció un ignominioso olvido en esa época.

Sus lecturas en la cárcel (para entender la historia de los opresores) podaron cualquier hojarasca de venganza y Mandela se ganó hasta el candor de sus carceleros.

Cuenta un guardia enternecido que, trasgrediendo la prohibición de que el viejo líder siquiera tocara a sus visitantes, abrió la dura ventana de cristal y permitió que abrazara a su primer nieto de 3 meses que su esposa Winnie rle trajo escondido en una manta.

En los años 80 los organismos de DD.HH. resurgieron el ideal justiciero del anciano negro enjaulado por racistas brutales. Por esto, a Mandela el régimen desprestigiado le ofreció la libertad a cambio de que renunciara a su lucha. Y él respondió con uno de los discursos más inspiradores de esta era. Lo leyó su hija Zindziswa ante una multitud arrobada en el estadio de Soweto el 10 de febrero de 1985: “Solo pueden negociar los hombres libres Vuestra libertad y la mía no se pueden separar. Volveré”.

Y volvió incluso antes de salir de la cárcel. La gente movilizada teniéndolo como ícono de sublevación, la crisis social sudafricana y un mundo al pie de la globalización obligaron al último presidente blanco Frederik de Klerk a legalizar el 2 de febrero de 1990 a las asociaciones que luchaban contra el apartheid en la clandestinidad, a anunciar una nueva Constitución y a asumir la libertad religiosa.

El espíritu de Mandela caminaba desnudo por las calles. Pero su cuerpo vivo esperó nueve días más para ser liberado en medio del arrebato colectivo.

Los blancos temieron la guerra civil y los más radicales incluso la ansiaban, como relató el historiador Anthony Sampson. Pero todos al final sintieron lo mismo que el ex presidente Pik W. Botha, su principal carcelero: “Nunca olvidaré sus palabras. En ellas no había amargura o sed de venganza, ni una sombra de odio”.

Pasaron tres años para que ganara el Premio Nobel de la Paz y un año después, se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica en las primeras y eufóricas elecciones libres. Y luego no hubo revanchismo: su genial logro en la historia de la humanidad.

POR EL MUNDO

Y, sin embargo, no estuvo ajeno a la polémica por ser amigo de dictadores como Fidel Castro y del libio Muammar Gadafi. Y fue muy criticado porque pese a su triunfo pacificador no logró cortar la pobreza bestial ni la corrupción infinita de su país.

Pero este hombre formado por misioneros liberales británicos no se aferró a ningún poder y, luego de finalizar su gestión, viajó sin remansos, mediando en conflictos africanos, tuvo un encuentro antológico con la primera ministra británica Margaret Thatcher, una de las que con más saña lo llamó terrorista, en los años 60; y se convirtió en la conciencia moral del orbe (es tan recordada su descalificación ética contra George Bush por la invasión a Iraq).

En junio del 2004, un extenuado Mandela confirmó su retiro de la vida pública diciendo: “No me llamen, yo los llamaré”.

Esta semana empezaron las celebraciones por la liberación de quien luego sería el gran liberador de su país. Este martes uno de sus invitados principales fue su ex carcelero blanco racista: Christo Brand: su, luego, fiel blanco admirador.

SEPA MÁS

¿Qué fue el apartheid?

Apareció con el colonialismo europeo —holandés sobre todo— en el sur de África. Durante el siglo XX, el poder lo ostentaron los fanáticos calvinistas de la Iglesia Reformista Holandesa, que estipulaba que ellos eran el pueblo elegido de Dios y que el racismo era divino. En 1948 cuando el Partido Nacional gana las elecciones, en las que solo podían votar los blancos, se estipularon abiertamente leyes como la de Clasificación Racial, la que prohibía uniones interraciales y la que forzaba a los habitantes negros a vivir en áreas segregadas en el país donde eran mayoría.

Algarabía mundial

El Comercio mostró en primera plana esa famosa foto del líder sudafricano con el puño en alto. Y avizoró su papel decisivo en la abolición del apartheid y la transición democrática que se avecinaba.

Una gesta deportiva de reconciliación

Nelson Mandela usó la victoria de Sudáfrica, país anfitrión, en la Copa Mundial de Rugby de 1995 para consolidar su mensaje de unidad interracial. Él, apasionado de ese deporte, entregó simbólicamente el trofeo al capitán blanco del equipo, François Piennar, como un gesto de hermandad final para la minoría que antes dominó a sangre y hierro. Clint Eastwood dirigió la película “Invictus”, basada en un libro que recrea este acontecimiento. En la cinta se muestra el lado solitario del héroe de paz. Eastwood atiza: “Mandela no tuvo un buen matrimonio, ni se llevaba bien con ninguno de sus hijos. Según me ha dicho él, siempre se ha arrepentido de su relación familiar porque se entregó a su país dejando a un lado a sus seres queridos. La mayoría de los políticos que entregan su vida a la democracia sufre la pérdida de su familia”.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 7 de Febrero del 2010.

jueves, 11 de febrero de 2010

El Grupo P.I.G.S : Portugal, Irlanda, Grecia y España (Spain) y el fin del paradigma neoliberal.

La gente quiere saber de qué se trata

Autor: Guillermo Giacosa (Periodista)

Nadie se esfuerza por explicar cómo los paradigmas de ayer son los desastres de hoy. Y no lo hacen porque significa quedarse sin piso para seguir defendiendo las teorías económicas que han defendido hasta hoy. Así como han sido incapaces de afrontar un análisis crítico de los desajustes que padecemos y sustituyen con propaganda y teorías peregrinas el análisis de fondo, así también se quedan mudos cuando los 'chanchos’ irrumpen en el escenario económico y social. Me refiero al grupo P.I.G.S. –chancho, en inglés– constituido por cuatro países que hasta hace poco, al menos dos de ellos, eran un ejemplo de cómo debía comportarse una economía para crecer y lograr el bienestar general. Los países del Grupo P.I.G.S. son –atendiendo al orden al que obliga la sigla– Portugal, Irlanda, Grecia y España (Spain). Yo no sé si lo recordarán, pero algunos me mencionaban en sus correos electrónicos, cargados de pasión neoliberal, a Irlanda como el súper ejemplo de un país pobre que, gracias a las buenas recetas de desregulación y privatización, alcanzaba asombrosos niveles de desarrollo. La vieja y dulce Irlanda. La tierra de James Joyce, Oscar Wilde y Edmond de Valera.

“Hace ocho años –escribió Financial Times a fines de 2008–, los cerdos llegaron realmente a volar. Sus economías se dispararon después de unirse a la Eurozona. Ahora los cerdos caen de nuevo a tierra”.

Esto de volar y aterrizar de emergencia y sin paracaídas es propio de muchos ensayos neoliberales. Por razones emocionales no podré olvidar jamás cuando la respetada (¿?) revista Time sacó en su portada al impresentable Carlos Menem –mientras robaba a manos llenas en Argentina–, a quien se le calificaba como el 'Hombre del Año’ o algo así. Creo que, además, hacia referencia al “milagro argentino”. No pasó mucho tiempo para que el milagro, al igual que el irlandés, se transformara en catástrofe y el país debiera afrontar la crisis económica y social más salvaje de su historia. ¿Todos estos modelos son de corta duración? ¿Es posible prever futuras crisis o estamos condenados a saber que la sonrisa de hoy será reemplazada por la mueca de dolor de mañana?

España, novena economía del mundo según su PBI y modelazo para los latinoamericanos, integra, con más vergüenza que sus socios, el grupo P.I.G.S. y ni siquiera es invitada a participar del grupo G-20, que ha reemplazado al G-7 en procura de mayor representatividad. Todo ocurrió pese al vertiginoso desarrollo español de los últimos años, al dejarse atrás ese pasado donde la humillaban algunos analistas señalándola como “parte del norte africano, encerrada además en el oscurantismo dictatorial”.

Ignoramos cómo será el futuro, y así como Irlanda e Islandia –dos paraísos neoliberales– entraron en picada típica, tampoco sabemos quién será la próxima víctima. Imposible preverlo en una economía que aún aplica viejas recetas y continúa en mano de tahúres tan inescrupulosos como hábiles para zafar cuando la crisis apunta hacia ellos.

Fuente: Diario Perú 21. Miércoles 10 de Febrero del 2010.

martes, 9 de febrero de 2010

Entrevista al hispanista John H. Elliott.

"El pluralismo religioso favoreció a los ingleses en América"

JOSÉ ANDRÉS ROJO

Encuadrado entre los grandes hispanistas de las últimas décadas, John H. Elliott aborda en Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830) un estudio comparativo de la presencia de las dos potencias europeas en el Nuevo Mundo. A partir de semejanzas y diferencias, el historiador traza un amplio y documentado retrato de estos colonialismos.

"Un perspicaz notario extremeño, convertido en colonizador y aventurero, y un antiguo corsario manco de Limehouse, en el condado inglés de Middlesex. Ochenta y siete años separan ambas expediciones, dirigidas respectivamente por Hernán Cortés y el capitán Christopher Newport, que pusieron los cimientos de los imperios de España y Gran Bretaña en el continente americano".

Con estas palabras empieza el último libro de John H. Elliott (Reading, 1930), uno de los grandes hispanistas y profundo conocedor de la España que dominó gran parte del mundo y luego se precipitó en una larga decadencia. "La idea de comparar el desarrollo de dos grandes imperios a lo largo de tres siglos permite abordar desde una nueva óptica lo que ocurrió entonces viendo las semejanzas y las diferencias entre uno y otro en aspectos tan distintos como la conquista, la colonización, el tratamiento de las poblaciones indígenas, el tipo de sociedad, los procesos de independencia", comenta a propósito de Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830), que acaba de publicar Taurus. "El gran problema surge cuando se analiza el pasado con la mirada del siglo XXI. Un estudio sistemático que atienda al desarrollo paralelo de los dos grandes imperios permite comprender mejor el contexto y conocer por qué las cosas sucedieron como sucedieron".

PREGUNTA. ¿Cuál fue el elemento esencial que presidió ambas aventuras?

RESPUESTA. La religión. Pero ahí empiezan las diferencias. La expedición de Newport tiene lugar más de 80 años después que la de Cortés, y durante ese tiempo en Europa se ha consolidado la Reforma protestante. Los ingleses leen directamente la Biblia y surgen diferentes corrientes, con lo que trasladan a América un pluralismo religioso que no se da en el ámbito hispánico, donde no existe un pensamiento monolítico pero en el que se impone la Iglesia de forma rotunda. Un dato: en 1700 hay ya 20 obispos en la América hispánica; en la inglesa, al primero se lo nombra después de la independencia.

P. ¿Qué otros efectos produjo ese pluralismo religioso?

R. Gracias a la Reforma se consolidó en Europa el Parlamento inglés. Y eso tiene su traslación a América: los colonos forman muy pronto (en Virginia, en 1619, por ejemplo) asambleas representativas donde dirimir sus diferencias. Los Reyes Católicos, en cambio, no quieren exportar las Cortes al Nuevo Mundo. La conquista de México coincidió con la rebelión de los comuneros y querían evitar que las instituciones representativas se hicieran fuertes allí. Buscaron otras formas, como los cabildos municipales, que ejercieron el poder político de manera mucho más autoritaria.

P. ¿Qué importancia tuvo que el reto de colonizar América fuera en el caso español subvencionado por la monarquía y en el caso inglés por empresas particulares?

R. Era forzoso que los ingleses pudieran satisfacer las exigencias de los accionistas. De ahí la búsqueda frenética de recursos naturales, pero no encontraron ni oro ni plata. Sólo más adelante se sirvieron de las plantaciones de tabaco. La iniciativa privada existió también en el caso español: la colonización de Venezuela fue costeada por empresarios privados, pero fracasó. Lo que de verdad marca la diferencia es el intervencionismo constante de la Corona en la América española. Debía ocuparse de la explotación de las minas, de su vigilancia, del transporte. Las minas de plata de Zacatecas y Potosí generaron tal riqueza que toda la economía española giró alrededor de la plata.

P. ¿Qué momentos fueron decisivos en la historia de América durante esos tres siglos?

R. La guerra de los Siete Años (1756-1763) fue muy importante, y en ella Gran Bretaña derrotó a Francia y destruyó su imperio en América del Norte. Para que la aventura colonial no resultara tan gravosa, la metrópoli intentó que se subvencionara en la propia colonia con los impuestos. También éstos subieron en la zona española con la llegada de Carlos III al poder. Entre 1773 y 1783 se desencadenó la gran rebelión en la América inglesa. Al mismo tiempo (17801781) se produjeron las revueltas de Tupac Amaru y Nueva Granada.

P. Una triunfa y las otras fracasan, ¿por qué?

R.
En Estados Unidos la rebelión de los colonos frente a Gran Bretaña cuenta con la colaboración de franceses y españoles. Las de Tupac Amaru y Nueva Granada son gestos aislados, sin apoyos de ningún tipo. La cuestión racial también es importante. En ambas revueltas el fuerte componente indigenista asusta a los criollos, que terminan por considerar un mal menor seguir dependiendo de la Corona española que hacer frente a las reivindicaciones indígenas que se les pueden ir de las manos.

P. ¿Cómo surge la necesidad en América de defender una identidad propia frente a Europa?

R.
Para diferenciarse de los indios y de los esclavos, los ingleses y españoles que llegaron a las colonias querían ser ante todo más ingleses y españoles que los de las madres patrias. Con el tiempo, sin embargo, y por mucho que fuera el poder que tuvieran en América, descubrieron que los hombres de Inglaterra y España los seguían mirando por encima del hombro. No existía la paridad entre unos y otros, y eso reforzó el sentido de identidad de los americanos, y en un momento empezaron ellos mismos a llamarse así: americanos.

P. ¿Cuánto hay de verdad en la leyenda negra y cuánto en el afán de los ingleses de no mezclarse con los indios?

R.
Hubo muchas atrocidades y crueldad durante la conquista de la América española, como ocurre en toda conquista por otro lado, pero también es cierto que la difusión que de los horrores hizo Bartolomé de las Casas les vino muy bien a los protestantes para sus fines políticos. Nunca se ve bien a una superpotencia, hay envidias y odios, y se subrayan las maldades que comete. En cuanto a la mezcla con los habitantes de América, no hay que olvidar que los ingleses se encontraron con poblaciones dispersas y poco densas. Aun así, buscaron el camino de la segregación: no hubo matrimonios mixtos, no hubo cohabitación. Temían que se produjera, al entrar en contacto con esos pueblos que consideraban bárbaros, una degeneración cultural. Tal vez ese afán de conservar su pureza fuera una herencia de la colonización de Irlanda, donde tampoco hubo mezcla. Los españoles, en cambio, facilitaron la integración y hubo todo tipo de matrimonios mixtos.

P. Max Weber ha asociado el desarrollo del capitalismo con el espíritu protestante, ¿fue así en América?

R.
No estoy muy de acuerdo con esta teoría. En México y Perú hubo, vinculados a las minas, grandes empresarios muy emprendedores y capaces. Fue más bien la política exterior de la Corona española la que impidió que el desarrollo económico no tuviera éxito. Permitió que todo girara alrededor de la plata cuando su transporte resultaba extremadamente gravoso. Gran Bretaña, al no disponer de un recurso tan valioso, no tuvo más remedio que diversificar su economía. El pluralismo religioso favoreció a los ingleses en la medida en que impulsó la competencia y generó nuevas iniciativas. En la América hispana, la solidez del catolicismo impidió que las sociedades pudieran renovarse. La industrialización, por otro lado, más que del espíritu protestante dependió de la riqueza de las minas de carbón de Inglaterra.

P. ¿Fueron los piratas muy nocivos para la economía española?

R.
No sólo influyeron sus ataques a los barcos cargados de metales preciosos, también pesó su capacidad para comerciar con todo tipo de mercaderías. Se hicieron fuertes en Jamaica y desde allí, con la connivencia de muchos gobernadores, llenaron de productos de lujo los mercados de la América española y satisficieron así a los criollos enriquecidos.

P. Empezó su libro con Cortés y Newport, que iniciaron la conquista, ¿qué opina de Washington y Bolívar, que dirigieron la lucha de la independencia?

R.
Tenían en común su determinación y persistencia en medio de los desastres, su capacidad para sobrevivir y triunfar. Lo que los diferenció fue su olfato para retirarse. Washington gobernó ocho años después de conseguir la independencia y se fue a casa. Bolívar se empeñó en construir un nuevo gran país con las naciones que se liberaran de España, pero fue incapaz de impedir la fragmentación.

Fuente: Diario El País (Suplemento cultural Babelia). 02 de Diciembre del 2006.

domingo, 7 de febrero de 2010

Definición del modelo económico. Los niveles meta, macro, sectoriales e intermedios, e institucionales.

¿Existen opciones al modelo económico vigente?

Por Germán Alarco Tosoni
Investigador principal CENTRUM Católica

Este año político no podía ser ajeno a los economistas. Ya se inició la disputa en el campo de cuál debe ser el estilo de desarrollo o modelo pertinente para la economía peruana. De un lado están sus defensores y del otro los detractores quienes proponen su cambio, modificaciones mayores o menores al mismo. La problemática de los modelos económicos tiene mucho de técnica (teoría y práctica económica), ideología y capacidad de gestión de las políticas públicas. La economía es una ciencia social, no es técnica pura, ni está libre de los juicios de valor. No existe un modelo y su opuesto. Las variantes y particularidades son muy numerosas. El carácter científico de la economía radica en transparentar todos los supuestos establecidos y explicitar desde el inicio a quien se va a servir.

Elementos para definir un modelo económico

No existe una relación única de reglas, instituciones, mercados y variables a considerar para definir un modelo económico. En la teoría económica las definiciones de modelo son diversas. No hay consenso. En realidad cada modelo económico involucra una posición explícita, implícita u omisión respecto a todo un conjunto de esferas: nivel meta, macro, sectoriales e intermedias, e institucionales. A nivel meta, las diferencias existen entre quienes asumen una posición u otra respecto a temas tales como: ¿cuenta la sociedad con capacidad de planeación estratégica?, ¿existen mecanismos formales de planeación que funcionan?, ¿hay un sistema de dirección estratégica de la economía?, ¿se cumplen adecuadamente todos los procesos de las políticas públicas?, ¿existe una adecuada comunicación interinstitucional?, ¿el reconocimiento social se basa en criterios meritocráticos o patrimonialistas?

La diversidad en los modelos, a nivel macro, se origina en las diferentes respuestas que se pueden dar respecto a interrogantes tales como: ¿cuál es el rol del estado?, ¿la estructura de tributación es directa o indirecta?, ¿es la política fiscal procíclica o anticíclica?, ¿cuáles son las funciones de la banca central ?, ¿cuál es el rol del sistema financiero? A nivel intermedio: ¿existe política comercial?, ¿existe política industrial?, ¿hay o no interés en la problemática de la ciencia y tecnología?, ¿es importante la problemática ambiental y la preocupación intergeneracional?, ¿cuál es el sentido de la regulación y las políticas de competencia?, ¿existen políticas de promoción de la inversión?, ¿son o no importantes los derechos de propiedad. En el campo institucional, ¿existe una política activa de salarios mínimos?, ¿se promueve o no las organizaciones sindicales?, ¿son sólidas o no las políticas a favor de un estado de bienestar (pensiones, salud y acceso garantizado a la educación)?, ¿es o no importante la estructura de distribución del ingreso?, entre otras.

Modelo chino

Es muy difícil señalar cuáles son las variables que explican su éxito. No se trata del conjunto propuesto por la economía convencional. Es central la política comercial activa con enfoque estratégico que comparte espacios con un tipo de cambio real elevado que explican el notable desempeño exportador. Esta política se acompaña de una economía heterogénea, con políticas alimentarias que permiten salarios reducidos en moneda extranjera. Existe intervención estatal a nivel central y descentralizado. Se ha procurado una mejora notable de la infraestructura, de la ciencia-tecnología y abundante mano de obra calificada. Los incentivos económicos son elevados pero con una regulación y derechos de propiedad frágiles. Este conjunto es diferente al modelo de Corea del Sur, al de Taiwán o de Singapur, pero comparten el hecho común de una importante presencia estatal, a diferencia del modelo propio de nuestro país.

Modificaciones al “modelo peruano”

No vamos a analizar detalladamente las características de nuestro modelo económico, pero destaca su orientación primario exportadora, naturaleza desindustrializadora, con reducida presencia estatal (poco gasto e inversión pública), mercados internos abiertos, con reducidas articulaciones internas, intensivo en capital y por ende con poca generación de empleo, y con un patrón concentrador bajo dominancia extranjera, entre otras características. Sin embargo, la cuestión fundamental es si este es viable y sostenible en el mediano y largo plazo, bajo el objetivo último de mejorar la calidad de vida de toda nuestra población actual y de mañana.

Los economistas neoliberales ridiculizan a sus críticos denominándolos como “antisistema” o “antimodelo”. Están muy equivocados. Quién podría oponerse a que agreguemos a nuestro modelo otros componentes como el rescate de ese nivel meta y de las políticas intermedias y sectoriales que comentamos anteriormente. La construcción de una misión y visión de país sobre la base de los intereses nacionales. Que iniciemos una verdadera cruzada nacional contra la desigualdad y la exclusión, más allá de la lucha contra la pobreza. Sin creación de ciencia y tecnología no tenemos futuro ni lugar en el mundo. Hay que rehabilitar las políticas sectoriales e industriales para mejorar las articulaciones productivas. Institucionalizar las políticas fiscal y monetaria anticíclica. Actuar creando empleos de calidad (con remuneraciones adecuadas) acordes con la expansión de mercados y la mejora de la competitividad externa. En fin, aprovechar nuestras fortalezas y oportunidades, incorporando los ajustes necesarios. El reto está en que todos estos ingredientes generen un platillo consistente, nutritivo y que guste a la gente.

Fuente: Diario La República (Revista Domingo). 07 de febrero del 2010.

jueves, 4 de febrero de 2010

Globalización Ética y Derechos humanos. Responsabilidades de las empresas: "Proteger, respetar, remediar".

Empresa y derechos humanos

Adela Cortina
Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y directora de la Fundación ÉTNOR.

El discurso de los derechos humanos ha irrumpido en el mundo de la empresa desde hace años, pero especialmente desde que en 2003 las Naciones Unidas aprobaran unas Normas sobre las responsabilidades de las empresas transnacionales y otras empresas en la esfera de los derechos humanos, y desde que en 2005 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU solicitara el nombramiento de un Representante Especial para estos temas. La resolución fue aprobada con el voto de 49 países, entre 53, y con la oposición de Estados Unidos, y en agosto de 2005 John Ruggie fue elegido para ese cargo. ¿Por qué era imprescindible abrir un ámbito explícito de reflexión y acción sobre derechos humanos en el mundo empresarial?

El recuerdo de catástrofes como la de Union Carbide en Bhopal (India) en 1984, al producirse un escape de una sustancia tóxica, que causó la muerte de miles de personas y la enfermedad de casi 200.000, las condiciones de explotación en que trabajan gentes en fábricas y plantaciones en distintos lugares del mundo, las consecuencias de las patentes farmacéuticas en las muertes por sida y otras enfermedades, la restricción de libertades, como las de expresión o asociación, en países del Sur, todo este conjunto de violaciones palmarias, ayuda a encontrar una respuesta.

Ante situaciones como éstas no basta con que las empresas asuman voluntariamente su responsabilidad corporativa y hagan un triple balance económico, social y medioambiental. Es necesario que respeten esos derechos que son cartas de triunfo, ante las que se debe anular cualquier otra jugada, y que lo hagan como una obligación de justicia básica, no como una opción voluntaria.

Ciertamente, en 1999 el anterior Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, invitó a las empresas a sumarse a un Pacto Mundial para fomentar buenas prácticas en el terreno de derechos humanos, laborales, medioambientales y en la lucha contra la corrupción. Pero no basta con eso, menos todavía en un mundo globalizado, cuando en una gran cantidad de países del Sur existen enormes vacíos legales, que impiden defender a sus habitantes frente a actividades inhumanas de algunas empresas autóctonas, pero también transnacionales. Por eso se hizo necesario ir más allá del Pacto Mundial y de la Responsabilidad Social Empresarial, hacia algo tan básico como el ámbito referido a Empresa y Derechos humanos.

En este sentido, Ruggie recomienda promover un nuevo marco normativo internacional, centrado en tres pilares: el deber estatal de proteger los derechos humanos, la obligación empresarial de respetarlos, y la promoción de mecanismos para reparar las violaciones. "Proteger, respetar, remediar" es el nuevo mantra, que han de asumir Estados y empresas de cualquier dimensión y grado de complejidad, pero especialmente las transnacionales, porque no sólo los individuos son responsables de sus actuaciones, lo son también las organizaciones, algunas de las cuales tienen un enorme poder. Y a mayor poder, mayor responsabilidad.

Es urgente entonces integrar el respeto por los derechos humanos en el núcleo duro de la empresa, identificar los aspectos de la actividad empresarial que afectan a derechos básicos, diseñar prácticas de respeto, adoptar indicadores para evaluarlas y someterse al control de auditorías internas y externas. Todo ello compone un êthos, un carácter de la empresa, que tiene que ser asumido desde dentro.

Están en juego derechos de las tres generaciones, desde el derecho a la vida, en casos como el de Bhopal, la fabricación y el comercio de armas, las patentes, el precio de los alimentos y tantos otros, pasando por la libre expresión de quejas, la libre asociación, la no discriminación, el salario digno para mantener una familia, la no explotación infantil ni de adultos o la seguridad, hasta el derecho al desarrollo. Imposible será avanzar en los siempre aplazados Objetivos de Desarrollo del Milenio, si no se suman las empresas.

A día de hoy, el asunto está en la calle. Por poner un ejemplo, las fundaciones Carolina y Fòrum Universal de les Cultures han organizado un debate sobre ello, con la presencia de Mary Robinson, Presidenta de Iniciativa por una Globalización Ética, en el marco de la Presidencia Española de la Unión Europea. Dos desafíos, ante todo, se ponen sobre la mesa: las empresas, como cualquier organización humana, están obligadas a respetar los derechos humanos, a no dañar; pero también pueden promover su protección dentro de su área de influencia, pueden sí apoyar su protección positivamente.

Las empresas pueden ayudar a romper el círculo vicioso de las violaciones que se instala en países con lagunas legislativas y gubernamentales, y dar comienzo al círculo virtuoso de las buenas prácticas. Como bien ha dicho Sen, una empresa ética es un bien público, del que se beneficia la sociedad en su conjunto. Pero también pueden tratar de influir en el gobierno y en la sociedad para que se genere y se ponga en vigor una legislación acorde con los derechos humanos. Proteger no es sólo tarea de los Estados, a la empresa ciudadana cabe también la tarea de promover la protección, teniendo en cuenta que hoy la ciudadanía no puede ser sino, a la vez, local y cosmopolita.

Fuente: Diario El País (España). Jueves 04 de Febrero del 2010.