sábado, 9 de febrero de 2008

EL TERCER MILITARISMO PERUANO.


EL OCASO DEL TERCER MILITARISMO PERUANO.

Por: Eddy Romero Meza

Los últimos años del 2do gobierno de Oscar R. Benavides (1933-1939), estuvieron marcados por una gran inestabilidad política. Como se recuerda sólo en Los comicios de 1936, el gobierno de Benavides, tuvo que vetar la elección del historiador Luis Eguiguren ( ex ministro de Sánchez Cerro ), argumentando, el respaldo de votos apristas ( partido declarado ilegal ). Lo cierto es que el candidato oficialista Jorge Prado, ni siquiera había logrado el segundo lugar en las preferencias electorales, el cual fue ocupado por el Dr. Luis E. Flores de la Unión Revolucionaria.

Este hecho sumado a la continuidad de la persecución política a los partidos aprista, comunista, e incluso urrista. Determinaran en gran parte el debilitamiento del régimen del general Benavides. Resulta curioso como la UR, partido de corte fascista del fallecido Sánchez Cerro, se había convertido en enemigo de quien había formado parte importante de ese gobierno.

Benavides no sólo gobernara sin congreso, sino que se vio enfrentado a las masas organizadas del Apra y la Unión Revolucionaria ( ubicadas en antípodas ideológicas por cierto ), lo que supuso una represión permanente.

A todo ello habría que agregar las fisuras que presentaba, la principal fuente de poder del régimen: las fuerzas armadas. Prueba de ello seria la sospechosa muerte del general Morales Bermúdez ( jefe de la guarnición de Trujillo ), atribuida injustamente a los militantes apristas. Cabe recordar por ejemplo que el ex presidente Francisco Morales Bermúdez, declaró en su momento la directa responsabilidad del gobierno de Oscar Benavides, en la muerte de su padre.

Un segundo hecho, al interior de las fuerzas armadas, fue el protagonizado por el general Antonio Rodríguez en 1939. Este ministro de gobierno encargado del orden interno ( identificado con la UR ), llego incluso a reunirse con el líder del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre, en búsqueda de apoyo para su conspiración, la cual finalmente lo llevo a asaltar y tomar el palacio de gobierno, donde morirá trágicamente a manos de un oficial de la guardia civil en estado etílico.

El gobierno de Benavides totalmente desgastado, convocara en plazo breve a elecciones ( donde no participan ni el Apra ni la UR, declarados partidos ilegales por su supuesto carácter internacional, en tiempos de Sánchez Cerro ), en la que resultara elegido un representativo personaje de la burguesía nacional, Manuel Prado Ugarteche, quien como se recuerda era muy próximo al régimen militar.

A continuación, les presentamos un interesante articulo del historiador Antonio zapata, quien aborda esta interesante etapa, que marca el final del denominado tercer militarismo.


Sucedió. Domingo de carnaval

Antonio Zapata.

Febrero de 1939 fue un mes espectacular. Por primera vez, Perú fue campeón sudamericano de fútbol. Realizado íntegramente en Lima, el domingo 12 de ese mes fue la final del decimoquinto torneo sudamericano. Ese partido se jugó en el antiguo Estadio Nacional y vencimos a Uruguay por 2 a 1. El héroe del campeonato fue Lolo Fernández; máximo artillero con siete tantos. A continuación, vinieron días de jolgorio nacional, máxime cuando el siguiente fin de semana era carnaval. Aún se celebraba a la antigua, es decir, una serie de fiestas a lo largo de varios días seguidos que recién terminaba el miércoles de ceniza. Pues bien, el domingo siguiente al campeonato, en el esplendor del carnaval, el ministro de Gobierno y Policía protagonizó un golpe de estado contra el presidente Óscar R. Benavides y resultó muerto en el intento. En un confuso incidente, el ministro golpista, general Alfredo Rodríguez, fue asesinado por el mayor Luis Rizo Patrón en el patio de honor de Palacio de Gobierno. Rodríguez recibió 32 tiros de una ráfaga de ametralladora que segó la vida de otras dos personas. El estado de ánimo del país viró del entusiasmo por el fútbol al más absoluto estupor por el inesperado giro de la política.

El general Rodríguez fue un militar leal a Sánchez Cerro y lo había acompañado en las buenas y en las malas. Después del asesinato de su líder, Rodríguez fue llamado en 1935 como ministro de Gobierno y Policía, hoy Interior. El presidente era Benavides, quien gobernaba apoyado en el ejército y la oligarquía, pero estaba enemistado con todas las fuerzas políticas. En efecto, no solamente el APRA y el PCP estaban fuera de la ley; avanzando los años 30 también fueron perseguidos los militantes de la Unión Revolucionaria, los famosos "camisas negras", que eran los partidarios civiles de Sánchez Cerro.

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