miércoles, 7 de septiembre de 2011

Libro La formación de la economía peruana. Shane Hunt, ensayo sobre la brecha entre América Latina y los países desarrollados.

La brecha de América Latina

Por: Antonio Zapata (Historiador)

El economista estadounidense Shane Hunt ha escrito un notable ensayo sobre la brecha entre América Latina y los países desarrollados (1). Apoyándose en sólidas cifras estadísticas, ha establecido el PBI per cápita de cada economía, comparándolo con el resto del mundo. Según su cálculo, en 1700, las 13 colonias norteamericanas, que luego formaron los EEUU, tenían el mismo ingreso promedio que los países latinoamericanos. Aún no se iniciaba el setecientos y todo el Nuevo Mundo era una colonia de las potencias europeas. Por ello, se vivía más o menos igual, tanto en Nueva York como en Lima.

Luego, se produjo la revolución industrial en Gran Bretaña y España quedó rezagada con respecto al resto de Europa. Ese retraso se reflejó en las colonias, puesto que, al llegar la independencia, en 1820, el nivel de vida en Latinoamérica había descendido a la mitad que en los nacientes Estados Unidos. Mientras en Hispanoamérica la vida económica seguía regida por los mismos factores tradicionales, la economía norteamericana fue transformada por el vapor y el ferrocarril. Comenzaba la conquista del oeste y la apertura de los Estados Unidos a su enorme frontera interior.

Por su parte, la inestabilidad política latinoamericana posterior a la emancipación generó un gran retraso. Los caudillos tuvieron su costo y el desorden constitucional provocó una nueva dependencia con respecto a los centros capitalistas, que en esos años precisamente se despuntaban. En el siglo XIX, la brecha se amplió en forma considerable, porque al llegar 1870, el nivel de vida latinoamericano había descendido a una cuarta parte del norteamericano. Así permaneció hasta la víspera de la Primera Guerra Mundial. Es decir, bajo el liberalismo clásico no mejoró nada.

Esas cifras se mantuvieron durante toda la etapa dominada por el llamado “populismo”. Desde 1930 hasta mediados de los setenta, el PBI per cápita latinoamericano no descendió, e interrumpió la caída que lo había caracterizado desde la llegada del capitalismo. A continuación viene una severa crisis en los años 1980, generada por la deuda, externa, seguida por una tímida recuperación en los noventa.

Para el caso peruano, se cuenta con el acucioso trabajo de Bruno Seminario y Arlette Beltrán, quienes han construido una serie estadística muy completa. Comparando al Perú con América Latina, durante los treinta primeros años del siglo XX, se halla un crecimiento superior al promedio. Nos habría ido bastante bien en la República Aristocrática y el gobierno de Leguía. Pero, a continuación, durante 1930 y 1940, descendimos por debajo del promedio latinoamericano. A diferencia de otros gobiernos de la región, Manuel Prado no aprovechó la Segunda Guerra Mundial para impulsar el crecimiento económico.

Otra etapa expansiva se da entre 1950 y la mitad de los setenta, hasta la caída de Velasco. Esa época, tan denigrada, registra un crecimiento superior al promedio latinoamericano. Pero, luego viene una gran caída. Tanto el segundo gobierno de FBT como el primero de García afrontaron dificultades superiores a sus capacidades y como consecuencia el país se hundió bastante más hondo que el resto de América Latina. A continuación vino el repunte neoliberal, mucho más débil de lo que se sostiene, puesto que al cerrar el siglo no había logrado recuperar el PBI por habitante que se logró en años de Velasco.

De todos modos, el Perú se ubica en el promedio latinoamericano de crecimiento económico durante el siglo XX; estuvimos exactamente a mitad de tabla. Del mismo modo, el trabajo de Hunt concluye que, entre los años 1900-2000, América Latina no logró cerrar la brecha; por el contrario, ésta continuó profundizándose, aunque lentamente y a un ritmo inferior al siglo XIX.

(1) En Hunt, La formación de la economía peruana, Lima. BCR, 2011.

Fuente: Diario La República (Perú). Mié, 07/09/2011.

Recomendado:

Entrevista al historiador económico Shane Hunt.

Historia de la independencia de Brasil. La monarquía de Pedro I y Pedro II.

"Brasil"

Por: Isaac Bigio (Internacionalista)

Cada 7 de setiembre la mayor república latina de todos los tiempos celebra su día nacional.

La forma en la cual Brasil en esa fecha de 1822 se independizó fue muy disímil a la del resto de las Américas y marcó su propia evolución. Mientraslos EE.UU., Haití e Hispanoamérica se emanciparon de Gran Bretaña, Francia y España mediante guerras, revoluciones y repúblicas, Brasil se conformó como una monarquía local que duró 67 años (de 1822 a 1889) y que tuvo como a su padre de la patria a Pedro I, quien había nacido en la misma metrópoli europea de la que se liberaban (Portugal).

Las Américas llegaron a ser colonizadas por lo que hoy son 13 naciones europeas: España, Portugal, Francia, Inglaterra, Escocia, Holanda, Alemania, Dinamarca. Noruega, Suecia, Polonia, Lituania y Rusia. De todas ellas, Brasil fue la única que gobernó a un imperio ultramarino. Éste fue en 1808-1821/22 la sede de una monarquía europea y de un imperio que se expandía a casi todos los continentes y que en su momento llegó a ser el más extendido del globo.

La independencia brasileña tiene como punto de partida común con la de Hispanoamérica a la invasión francesa a Iberia de 1807 a 1814. Cuando el emperador hispano Fernando VII fue apresado, se conformaron juntas de resistencia en Andalucía lo cual, a su vez, impactó en América donde varias ciudades empezaron a proclamar su derecho a establecer sus propias juntas soberanas para defender a ese mismo monarca. Gradualmente los movimientos hispanoamericanos que pedían reinstaurar al rey castellano contra Napoleón o más igualdad dentro del imperio en relación a los peninsulares fueron pidiendo repúblicas independientes.

La monarquía lusa, en vez de ser capturada, se vino con sus miles de cortesanos al Brasil donde se estableció y fundaría en 1815 el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve.

Cuando en 1821 el rey portugués Juan IV decidió retornar a Lisboa, él incentivó a su hijo Pedro para ser un rey regente evitando que el independentismo criollo hispano contagiase a su colonia. No obstante, Pedro fue aún más lejos al proclamarse Emperador el 12 de octubre de 1822 cuando se conmemoraba un aniversario más del desembarco de Colón y también su 24 cumpleaños. Él se mantuvo en dicho cargo hasta el 7 de abril de 1831 cuando le dejó la corona a su hijo Pedro de 6 años de edad.

Pedro I llegó a ser el único monarca americano que gobernase en Europa (fue rey portugués en marzo-mayo 1826) y su hijo Pedro II fue hasta 1889 el Emperador y mandatario americano que más tiempo haya gobernado en el Nuevo Mundo. Al convertirse en un imperio americano. Brasil evitó las fragmentaciones del resto de Latinoamérica e incluso se expandió sobre casi todos sus vecinos. También fue el país donde estuvieron la mayoría de los esclavos del globo, siendo en 1888 el último lugar del Nuevo Mundo donde se abolió la trata de negros.

Fuente: Diario Correo (Perú). martes 06 de setiembre del 2011.

Recomendado:

Historia del Brasil, el tránsito de Monarquía a República.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Historia de los Afrochilenos. Reinvidicación frente al olvido.

Apuntes sobre afrochilenos

¿Afro-descendientes en Chile? Sí. Hace 200 años la Ley de Libertad de Vientres abolió su esclavitud; sin embargo, se trató de borrar su rastro de la historia chilena.

Por: Maruja Muñoz

Trece por ciento de la comitiva que arribó a Chile con el conquistador Diego de Almagro era negra, según el historiador Francisco Antonio Encina (1874 -1965). En 1558 “El número de negros, mulatos y zambos bordeaba en Chile los 5.000, contra 2.400 españoles, 17.000 mestizos y 48.000 indígenas, o sea, de la población chilena no puramente india, al terminar el siglo XVI, casi un veinte por ciento llevaba en la sangre estigma africano”, escribió el polémico abogado e historiador Gonzalo Vial Correa (1930- 2009) en “El africano en el reino de Chile” en 1957.

Cuando en 1817 el Ejército Libertador llegó a esas tierras, los batallones 7 y 8 estaban formados por negros africanos y criollos reclutados por José de San Martín en Argentina.

“Los más valientes, los más audaces hombres del general tienen la piel negra, porque San Martín ha comprado la libertad a estos esclavos africanos […]. Estos negros aceptan gustosos la nueva esclavitud que, en caso de triunfar, los llevará a la libertad”, escribe el historiador alemán Eckart Kroneberg.

Arica negra

Chile abolió la esclavitud en 1811 con la Ley de Libertad de Vientres dictada por Manuel de Salas Corbalán, uno de los fundadores de la vecina república. Desde entonces, muchos africanos “libres” viajaron a Arica (territorio peruano entonces)y echaron raíces en sus valles.

Cristián Báez Lazcano –investigador de la asociación Lumbanga– explica en el diario “El Mercurio” que Arica había sido tradicionalmente un puerto esclavista, pues ahí llegaban buques desde el Congo, Angola y Mozambique con esclavos para las haciendas y minas de Potosí, Bolivia. Báez indica que en el siglo XVI se instalaron “criaderos de esclavos en el valle de Azapa, a 13 kilómetros de Arica, donde un semental se encargaba de perpetuar su raza en mujeres fértiles”.

Valparaíso fue otro puerto esclavista. Francoise Frézier, ingeniero francés que visitó Chile en 1712, anotó: “De 150 familias que puede haber, apenas se cuentan treinta blancos. El resto se compone de negros, mulatos y mestizos”.

¿Dónde están?

Antes de la Guerra del Pacífico, la población negra de Arica superaba el 57% y en el valle de Azapa llegaba a 95%. En “Arica, puerta nueva” (1957), el escritor chileno Luis Urzúa se asombra porque “negros y sacerdotes han desaparecido de Arica”, y recuerda que en 1793 en la “Guía del Perú” se leía: “Hay […] una ciudad con 26 pueblos anexos en que viven 18.766 habitantes, los que se distribuyen en […] 44 clérigos, 21 religiosos, 1.558 españoles, 12.870 indios, 1.977 mestizos, 985 pardos libres y 1.295 esclavos”. Urzúa añade que en Azapa habitan afrodescendientes “algo desteñidos”. Según datos de Marta Salgado Henríquez –presidenta de la Alianza Afrochilena–, hoy los afrodescendientes se concentran en ciudades como Quillota, La Ligua, Colchane, La Serena y Coquimbo, pero la discriminación prácticamente los ha hecho invisibles y ha borrado sus aportes de la historia. Se llegó al extremo de sostener que la cueca, el baile nacional de Chile, era danza de origen europeo para negar su génesis africana.

Zamacueca y cueca

No hay consenso entre los chilenos sobre el origen de la cueca. Para el historiador y político chileno Benjamín Vicuña Mackenna (1831 -1886), su antecedente es el lariate, antiguo baile africano introducido por los esclavizados durante su tránsito hacia el Perú, según lo observado y descrito por el viajero francés Julián Mellet. Varios musicólogos la han asociado con bailes árabes, franceses o españoles, pero la hipótesis más aceptada la vincula con nuestra zamacueca, muy en boga en Lima durante la Independencia. El músico José Zapiola, por ejemplo, cuenta que viajó a la Argentina en 1824 y que en Chile se desconocía la zamacueca. En su libro “Recuerdos de treinta años”, indica que, al volver al año siguiente, se encontró con “esta novedad” y que “desde entonces Lima nos proveía de sus innumerables y variadas zamacuecas”.

Reivindicación

Hoy una activa colectividad de afrochilenos, agrupados en organizaciones como Lumbanga, Oro Negro, Rincón Africano, Arica Negro, Mujeres Afrodescendientes y Adulto Mayor Julia Corpacho, se ha unido en la Alianza Afrochilena, para ir, con fuerza, en pos de sus derechos y el reconocimiento de sus aportes desde el Virreinato hasta la independencia americana. Los afrochilenos exigen a su Estado corregir más de dos siglos años de invisibilización y piden incluir la variable étnica en el censo del 2012. Sonia Salgado, alcaldesa de la comuna de Camarones y dirigente de la asociación Oro Negro, dice que “en un país donde todos hablan de algún abuelo o bisabuelo italiano, francés, alemán, griego, chipriota, armenio o finlandés, nadie menciona sus ancestros mapuches, alacalufes, changos o atacameños, que están más en el ADN nacional y ¡del negro ni hablar!”.

Fuente: Diario El Comercio, suplemento cultural "El Dominical". 4 de Setiembre del 2011.

Recomendados:

Historia de los afroperuanos: invisibilizados y despreciados. 2011 Año Internacional de los Afrodescendientes.
La influencia africana en el idioma castellano. Americanismos y cultura afro.

Historia de los Afroargentinos. Antonio Ruiz, ‘Falucho’, y Juan Bautista Cabral. Los 2.500 soldados afroargentinos incorporados al ejército libertador de San Martín.

Historia de las mujeres afroamericanas.

Historia de los afroestadounidenses. George Washington Williams y George Washington Carver, forjadores negros de la nación norteamericana.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Debate entre historiadores Nelson Manrique y Daniel Parodi, sobre el APRA y la figura de Víctor Raúl Haya de la Torre.


PRIMER ACTO (Víctor Raúl Haya de la Torre y los "movimientos posicionales").

Haya y la Constitución del 79

Por: Daniel Parodi R. (Historiador. Dpto. de Humanidades de la PUCP).

Ningún político peruano ha sido tan vilipendiado por sus virajes ideológicos como el líder y fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre. Las principales acusaciones en su contra denuncian la traición de sus postulados primigenios, el abandono de su izquierdismo original; el manejo de un doble discurso y las alianzas con sus enemigos tradicionales: Manuel Prado y Manuel Odría.

Me pregunto si todas estas imputaciones no parten de una premisa equivocada. Ya en 1928 –en El Antiimperialismo y el APRA– Haya deslindó con quienes llamaba “comunistas criollos”, y a quienes tildaba de dogmáticos por no adaptar el modelo marxista a la realidad latinoamericana. Sostuvo el joven Haya que había que entenderse con el imperialismo por la exigencia de contar con sus capitales para desarrollar a los países de A. Latina. Sin embargo, advirtió que había que hacerlo en condiciones de igualdad para lo cual era imprescindible conformar un bloque latinoamericano unido. Por último, en 1928 Haya incorporó en su teoría política el principio de la negación de la negación hegeliano, de lo cual desprendió el postulado de que no existen escenarios históricos permanentes y que había que adaptar la lucha antiimperialista a sus contextos temporales y espaciales específicos.

Por ello parecen subjetivas tan enconadas críticas a los movimientos posicionales del APRA, cuando sus bases ideológicas los anticiparon como parte constitutiva de su praxis política. Además, debe considerarse que la institucionalidad democrática –defendida por Haya de la Torre como modelo político ideal– no fue una realidad en el largo siglo XX. Ello explica, tanto la sacrificada lucha de la militancia aprista por su conquista, como las negociaciones de su cúpula con Manuel Prado para legalizar el partido y, con ello, ampliar los márgenes de juego democrático en el Perú.

Sin embargo, la ideología primigenia de Haya no lo explica todo. No explica, por ejemplo, su cuestionable alianza con Odría en 1963. Y no la explica porque en dicho contexto había terminado la persecución contra su partido y porque el eventual aliado fue su otrora cancerbero. Tampoco la explica porque la coalición APRA-UNO le cerró el paso al reformismo de Belaunde, al que se le opuso una despiadada oposición parlamentaria que propició el posterior golpe de Estado de Juan Velasco Alvarado en 1968. Haya, en este caso, le escupió al cielo y los apristas de hoy deberían reconocerlo, como deben reconocerse otros errores cometidos en tan larga y dilatada trayectoria.

Pero los tiempos cambian y hoy todos los caminos conducen a Haya de la Torre, por cuya Constitución –la de 1979– han jurado las principales autoridades del nuevo gobierno. Además, ahora se ejecuta en el Perú un proyecto de izquierda no marxista, abierta a la libre concurrencia económica, a la vez que sagaz en la negociación con el capital trasnacional; firme en la defensa de los intereses nacionales y sensible a la inclusión social. En esta ruta, también el anuncio presidencial de fortalecer los foros multilaterales de UNASUR y la CAN apunta hacia Víctor Raúl.

Esta historia es más cíclica que lineal. En lugar del progreso continuo que plantearon los filósofos ilustrados del siglo XVIII, este relato parece subsumirse en el corsi e ricorsi de Giambattista Vico. El pensador napolitano creía que el proceso histórico era pendular y que se balanceaba de un extremo al otro, a la vez que buscaba su equilibrio. Así, nuestro presente político parece retomar los postulados de Haya de la Torre en 1928 y los principios de la Constitución que firmara en 1979. Sin embargo, y de acuerdo con su propio pensamiento, es posible que la actual coyuntura ya esté incubando los gérmenes de su futura superación por otra diferente.

Fuente: Diario La República. Vie, 12/08/2011.


SEGUNDO ACTO (Haya y el abandono del discurso radical).

Haya y el antimperialismo


Por: Nelson Manrique (Historiador y sociólogo)

En su artículo “Haya y la Constitución del 79” (LR, 12/8/11) el historiador Daniel Parodi sostiene que quienes acusan a Haya de traicionar sus postulados primigenios, abandonar su izquierdismo original, manejar un doble discurso y aliarse con sus enemigos tradicionales (Prado y Odría) parten de una premisa equivocada. Señala Parodi que ya en 1928 Haya sostenía en su libro El Antimperialismo y el Apra (en adelante EAA) “que había que entenderse con el imperialismo por la exigencia de contar con sus capitales para desarrollar a los países de A. Latina”.

Quien parte de una premisa equivocada es Daniel Parodi, al asumir como verdadera la afirmación de Haya (repetida luego por los apristas) de que EAA fue publicado en México en 1928. Esto es desmentido por el mismo Haya en la ‘Nota Preliminar’ de la primera edición de su obra, fechada el 25/12/35: “Este es un libro escrito hace siete años que sólo ahora se publica” (Haya de la Torre, EAA, 1936: 13). EAA se publicó por primera vez en Santiago de Chile en 1936 y no existía como libro en 1928. Esto es aceptado hasta por Alan García, quien recusa la afirmación de Haya de que entregó a la Editorial Ercilla sus páginas “como fueron concebidas y redactadas” en 1928 y muestra que en EAA “coexisten tres redacciones sucesivas”, en las cuales se fueron incorporando nuevos conceptos distintos a los que Haya defendía inicialmente (La revolución constructiva del aprismo. Teoría y práctica de la modernidad. 2008: 42-43).

Al presentar un libro publicado en 1936 como si hubiera salido de la imprenta siete años antes, Haya pretendía ocultar el viraje fundamental que introdujo en su discurso antimperialista original. En 1928 Haya estaba enzarzado en una dura polémica con J. C. Mariátegui, con quien acababa de romper, y se mostraba como un antimperialista intransigente. Estaban en disputa las bases revolucionarias y Haya buscaba mostrarse más radical que Mariátegui, como lo testimonia esta carta escrita a Eudocio Ravines, que expone su ideario: “el control obrero y campesino en la vida política del país mantendrá a la clase explotadora en el camino de su destrucción... socialización absoluta en principio. Tierras e industrias pertenecerán a la Nación, es decir, a la masa produc­tora que tendrá el poder político”.

Haya hablaba de formar un partido de cuadros para asaltar el poder por las armas. Todavía en febrero de 1930 escribía: “Lo que interesa al Apra es que la revolución se cumpla, tanto más am­plia, tanto más radical, tanto más izquierdista, tanto más roja cuanto la realidad lo permita… el Aprismo significa consecuentemente la fuerza revolucionaria capaz de imponer la dictadura del proletariado campesino y obrero, y de estable­cer la lucha organizada de esa dictadura contra el imperialis­mo, que es el capitalismo, opresor del obrero, y contra el latifundismo, que es la explotación del campesino” (Obras completas, T5, 1976: 259-268).

Dos meses después, en abril de 1930, murió Mariátegui y, sin un rival ideológico de peso que enfrentar, Haya pudo renunciar a su discurso radical. Abandonó la tesis de la lucha a muerte contra el imperialismo yanqui para sostener en adelante que este tenía un “lado bueno” y otro “malo” y que había que negociar con él, aprovechando el primero y neutralizando el segundo. En setiembre de 1931 –en una reunión confidencial que él mismo solicitó– le dio seguridades al embajador norteamericano en Lima, Fred Morris Dearing, de que EEUU no tenía nada que temer de su aparente radicalismo y lo convenció de su sinceridad. Abandonó luego la primera tesis de su programa de 1926 (recogido aún en EAA en 1936), “Acción contra el imperialismo yanqui”, y hacia los 40 la reemplazó por el “Interamericanismo democrático sin imperio”. Vinieron luego su ofrecimiento de 5 mil militantes apristas para apoyar la intervención norteamericana en Corea, a inicios de los 50; su respaldo a la intervención norteamericana en Guatemala contra Arbenz, en 1954; y contra Perón, en Argentina un año después. Hacia los años 60 estaba buscando fundamentos jurídicos para justificar la intervención de EEUU contra Cuba, al mismo tiempo que sostenía que el imperialismo ya no existía.

Es injusto invocar a Giambattista Vico y a G.W.F. Hegel para justificar estos bandazos.

www.nelsonmanrique.com

Fuente: Diario La República. Mar, 16/08/2011.


TERCER ACTO (La evolución ideológica del lider del APRA).

Haya no es el problema

Por: Daniel Parodi (Historiador. Dpto. de Humanidades de la PUCP).

Cuarenta y dos años después de escrito este libro y a los treinta y cuatro de su segunda edición, se publica ahora en una tercera, VRHT, prólogo a la tercera edición de El Antiimperialismo y el APRA, 1970.

Se me complica responderle a Nelson Manrique su réplica a mi artículo “Haya y la Constitución del 79” porque creo que en esta discusión el líder del APRA no es el problema. Sin embargo, dado que mi ocasional oponente basa sus argumentos en precisiones puntuales, me veo obligado a comenzar respondiendo la más central de entre ellas: no es cierto que Haya de la Torre hubiese dicho en algún momento que EAA se publicó en México en 1928, lo que Haya siempre evocó en sus diferentes obras, escritos y proclamas es que ese año escribió el libro en Ciudad de México. La primera edición –de tiraje limitado– se publicó en Chile, en 1935, donde rápidamente se agotó; la segunda vio la luz en 1936.

Pero Haya no es el problema. No lo es, porque no voy a desempeñar el rol de su apologeta, como Manrique juega el de su denostador. No quiero, además, ser protagonista de un debate maniqueo y positivista que confronta acusación y defensa sobre la trayectoria de un personaje del pasado: no es mi línea de trabajo. Haya no es el problema, además, porque la cuestión es la particular lectura que Manrique tiene de su trayectoria.

Mi colega nos presenta a Haya revolcándose en su maquiavelismo y frotándose las manos esperando la muerte de Mariátegui para entonces ejecutar su sibilino plan de virar hacia la derecha. Un mal thriller de una vieja función de trasnoche no lo hubiese dicho mejor. Claro que la trayectoria de Haya tiene claroscuros, sus errores pueden ser pocos o muchos y remiten a la interpretación. Pero así y todo llama mi atención la fijación de Manrique en la evolución ideológica del jefe del APRA, la que cuestiona sin atenuantes en todos los capítulos de su obra USTED FUE APRISTA.

Tras su publicación, el susodicho libro despertó mi curiosidad porque parecía provenir de una realidad anterior al fin de la Guerra Fría, el que nos enseñó que el cambio es inherente a la humanidad y que el sujeto individual dista de controlar las fuerzas históricas que lo propician. Todos los que vivimos la caída del muro Berlín hemos cambiado y otros incluso lo hicieron antes. El Ollanta Humala de 2006 no es el de 2011, FBT fue reformista en el 63 y liberal ortodoxo en el 80, los sobrevivientes del movimiento de la Nueva Izquierda de los 70 ya no levantan la bandera de la revolución del proletariado, ni promueven la eliminación de la burguesía para dar paso al Estado socialista. En cuanto a Haya, éste refutó temprano al comunismo soviético y el tiempo le dio la razón: ya no existe.

Otro aspecto que llama mi atención en USTED FUE APRISTA es su cuestionamiento al alejamiento del APRA de su primigenia práctica insurreccional, la que su autor observa en diversos pasajes del texto. Así, la crítica a la paulatina adopción aprista de una postura más conciliadora pone al descubierto la teleología del autor: ¿cuál es finalmente la utopía que persigue Nelson Manrique? Porque si de lo que se trata es de la dictadura proletaria, yo saludo que Haya no haya resultado como Mao Tse Tung, Pol Pot o Abimael Guzmán. Haya optó por la democracia y esa sola bandera le costó décadas de cárcel, clandestinidad y exilio.

Para finalizar, quiero decir que creo fervientemente que los historiadores contemporáneos tenemos que lidiar con el pasado para que deje de hacerle daño al presente, creo que debemos legarle a las nuevas generaciones una interpretación más sobria del espinoso siglo XX y ser conscientes de que los odios y disputas de éste son lo último que aquellas quieren heredar de nosotros. Así pues, si la posmodernidad subraya la fragmentación de los discursos en desmedro de las pretendidas verdades universales, es menester que emprendamos la construcción del pasado desde posturas más matizadas y menos unilaterales. En tiempos de reconciliación y memoria, los historiadores debemos acercar a los descendientes de quienes en el pasado se enfrentaron. Ya nadie quiere un país dividido entre apristas y antiapristas, ¿o sí?

Fuente: Diario La República. Vie, 19/08/2011.



CUARTO ACTO (Reconstruir de la manera más fidedigna posible la historia del Apra).

El problema son los intérpretes de Haya

Por: Nelson Manrique (Historiador y Sociólogo)

Respondo al artículo de Daniel Parodi “Haya no es el problema” (LR, 19/8/11). En artículo anterior, Parodi, refiriéndose a la Constitución de 1979, la presentó como la realización de las posiciones que Haya defendió en El Antimperialismo y el Apra (EAA), en 1928: “Sostuvo el joven Haya que había que entenderse con el imperialismo”. Me ratifico en que está equivocado. Como he documentado, en 1928 Haya descartaba cualquier entendimiento con el imperialismo, como lo sostiene todavía en febrero de 1930: “para nosotros, con Marx y con Lenin, el imperialismo es el capitalismo en su forma más moderna, y el capitalismo es la explotación en su forma más refinada, y si nosotros no combatimos al imperialismo, entonces no combatimos al capitalismo, y si no combatimos al capitalismo, entonces no luchamos contra la explotación, y si no luchamos contra la explotación no tenemos derecho de llamarnos ni socialistas, ni comunistas, ni revolucionarios. El Apra es antimperialista porque es anticapitalista”.

Según Parodi, yo presento a Haya “revolcándose en su maquiavelismo y frotándose las manos esperando la muerte de Mariátegui para entonces ejecutar su sibilino plan de virar hacia la derecha”. Como recurso polémico, este es más bien penoso. Es obvio que, salvo que convirtiéramos a Haya en adivino, ni él ni nadie podía saber que JCM moriría en abril de 1930, y Haya, como todos sus contemporáneos, lamentó la muerte de su brillante opositor.

Lo que he sostenido es que la muerte de Mariátegui dejó a Haya sin ningún oponente de peso, lo que facilitó que luego abandonara el discurso radical. Recién en 1931, un año después de la muerte de JCM, Haya incorporó en su discurso el argumento de que el imperialismo tiene un “lado bueno” y otro “malo”, y que se debe negociar con él. Este abandono de su discurso radical abrió el camino a otros virajes más, entre los cuales se incluyó la reunión confidencial con el embajador de EEUU, Fred M. Dearing, para asegurarle que los yanquis no tenían nada que temer de su discurso encendido; el abandono del punto 1º de su programa de 1926 (“acción contra el imperialismo yanqui”) y su reemplazo por el “interamericanismo democrático sin imperio”; su respaldo a las intervenciones norteamericanas en Corea, Guatemala, Argentina y Cuba, para llegar en los 60 a sostener que el imperialismo ya no existía.

Parodi no ha rebatido mis afirmaciones y se ha limitado a acusarme de “denigrar” a Haya. Como historiadores, más allá de apologías o descalificaciones fáciles, debiera interesarnos reconstruir de la manera más fidedigna posible la historia del Apra, por su evidente impacto en la historia política del Perú contemporáneo.

El equívoco histórico sobre la fecha de la 1ª edición de EAA fue alimentado por el propio Haya. Esta salió en Santiago de Chile en marzo de 1936 (no en 1935: véase EAA 2ª ed., 1936, p. 29, y las decenas de páginas que Haya dedica al tema en su correspondencia con L.A. Sánchez, VRHT y LAS, Correspondencia, vol. 1, 1982, pp. 173-216, y 255). Haya recibió el libro en mayo de ese mismo año y casi inmediatamente empezó a preparar la segunda edición, que salió pocos meses después (ídem, p. 279). Cuando Haya habla de EAA jamás menciona la 1ª edición de Santiago y sólo se refiere a la 2ª, de tal manera que, al escribir sobre su “libro de México, de 1928”, invita a creer que ese año salió la primera edición. Véase la referencia bibliográfica que pone en Treinta años de aprismo: «El Antimperialismo y el Apra, México 1928. 2ª ed. Ercilla, Santiago de Chile, 1936» (VRHT, 1956, p. 19). En las páginas siguientes Haya escribe decenas de veces sobre «mi libro de 1928» (ídem, pp. 23 y ss.). Mal puede llamarse “libro” al manuscrito que afirma haber redactado en esa fecha. Inclusive en un párrafo que Parodi cita, tomado del prólogo a la 3ª ed., de 1970, Haya reitera esta estrategia: “Cuarenta y dos años después de escrito este libro y a los treinta y cuatro de su segunda edición, se publica ahora en una tercera” (el subrayado es mío).

Haya, como todo humano, más allá de ser un gran líder, tuvo virtudes y defectos. Sólo restituyéndole su dimensión humana podrá valorárserlo cabalmente.

Fuente: Diario La República. Mar, 23/08/2011.


QUINTO ACTO (Reflexión sobre el significado de la historia. Los procesos de reconciliación históricos).

Combates por la historia

Por: Daniel Parodi R. (Historiador. Dpto. de Humanidades de la PUCP).

Reflexionando acerca de la historia, el filósofo catalán Manuel Cruz sostiene que su finalidad debe ser el bien para la sociedad y “drenar al presente de la querencia del pasado por invadirlo para luego apropiárselo”. Sobre la memoria, Tzvetan Todorov nos dice que existe una de contigüidad y otra ejemplar. En la primera, el acontecimiento pasado duele en el presente; en la segunda, el recuerdo es desplazado a una posición periférica y se obtiene de él una enseñanza para el futuro.

Estas posiciones no serían posibles de no haberse producido el salto hacia la posmodernidad en el periodo situado entre los fines de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría (1945-1990). La Segunda Guerra condujo al quiebre a la idea moderna que sostenía el progreso continuo de la civilización, dirigido desde Occidente; la caída del Muro y del mundo socialista acabaron con el imperio de las ideologías, con la polarización del mundo entre comunistas y capitalistas, y con las certezas en los marcos teóricos de las ciencias sociales.

La crisis descrita afectó la producción intelectual que giraba en torno a grandes modelos de análisis de la sociedad, como lo fueron el marxismo y el estructuralismo. Estos afrontaron el cuestionamiento de su pretendida cientificidad. La referida crítica se inició en la década de los 70 con el giro lingüístico y el aporte de los intelectuales narrativistas, quienes propusieron que las CCSS en general, y la Historia en particular, poseían una dimensión discursiva que filtraba en el análisis las demandas del presente, las ideologías dominantes, las propias vivencias del investigador, etc. El referido cuestionamiento abarcó también la historia positivista del siglo XIX que, por bizarro que parezca, mantiene presencia gracias a la gran demanda cotidiana de “historias verdaderas” protagonizadas por héroes, villanos, patriotas o traidores. Pero tras el giro lingüístico no había ya certezas para las grandes teorías, ni verdades absolutas para los positivistas.

Es por ello que me especializo en los procesos de reconciliación históricos entre colectividades –países, grupos humanos– confrontados por conflictos del pasado; en el entendido que la superación de viejos traumas favorece el desenvolvimiento de la sociedad en el presente. De allí que algunas de mis reflexiones en esta columna hayan tratado el tema de la reconciliación al interior del Perú y de la otra –tan necesaria–con Chile, pues parto de la premisa de que la valoración subjetiva de los colectivos afecta el quehacer cotidiano.

También por ello he analizado los discursos peruano y chileno acerca de la Guerra del Pacífico, pues creo que el entendimiento de sus motivaciones profundas puede favorecer la superación de los odios. Del mismo modo, en el ensayo “Cuánto queda de aquello” reclamo un nuevo punto de partida para escribir la historia republicana del Perú, en el cual, sin falsear la realidad, los descendientes de protagonistas y colectividades confrontados en el pasado puedan conversar, acercarse, conocerse y vivir mejor. Creo, además, que las nuevas generaciones no quieren heredar nuestros conflictos, sino más bien superarlos, aunque sin dejar de aleccionarse con ellos.

Desde la cátedra, abordo los temas polémicos a través de la presentación de invitados y aportes bibliográficos diversos y hasta opuestos, pues no creo en los pensamientos únicos y sí en la fragmentación de los discursos. Creo en el conocimiento caleidoscópico que integra en simultáneo variedad de puntos de vista y me imagino un universo de múltiples historias que no son estrictamente ciertas, pero que sí poseen una dimensión de verdad, todas juntas alternándose en el “zapeo” intelectual del individuo.

Fuente: Diario La República. Vie, 02/09/2011.

Recomendado:

Resumen del debate sobre el libro de Nelson Manrique: "¡Usted fue aprista! Bases para una historia crítica del APRA".

sábado, 27 de agosto de 2011

Historia de "Groenlandia" ("tierra verde"). El "Kalaallit Nunaat" (el "país de los Kalaallisut", nativos inuit o esquimales)

"¿Cuál es el país americano más antiguo? "

Por: Isaac Biggio (Internacionalista)

Hoy todos los 35 países que componen la Organización de Estados Americanos (OEA) fueron formados en base a las colonias e idiomas que los europeos crearon después del viaje de Colón de 1492. Sin embargo, hay un país americano que está fuera de la OEA y que es más extenso que México, Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela, Chile o toda América Central o las Antillas, pero que fue fundado hace más de un milenio, incluso mucho antes que los imperios azteca o inca. Allí nunca llegaron los españoles, portugueses, británicos, holandeses o franceses quienes han hecho que sus lenguas sean las oficiales en uno o más de los 35 miembros de la OEA.

Este país de 2,166,086 km2 es "Kalaallit Nunaat" (el "país de los Kalaallisut" que son sus nativos inuit o esquimales) o "Groenlandia" (del antiguo noruego que significa "tierra verde").

Esto último es una paradoja pues el 81% de Groenlandia, la isla más grande del planeta, está cubierto por blancos glaciares (los que de seguirse derritiendo harán elevar el nivel global del mar produciendo el sumergimiento de muchos países y ciudades costeros). Sin embargo, éste fue el nombre que en el año 986 le puso el noruego Erick el Rojo para atraer más vikingos para colonizar sus desoladas tierras. Durante 5 siglos sus descendientes poblaron su sur y este mientras los esquimales kalaallisut fueron llegando a su norte y oeste.

Un periodo de heladas llevó al colapso de los asentamientos escandinavos, quienes luego retornaron en el siglo XVIII. Cuando en 1814 se disolvió la unión entre Noruega y Dinamarca, la corona de esta última se quedó a cargo de Islandia, las islas Feroe y Groenlandia. Mientras la primera se constituyó como república independiente en 1944, las otras dos (cada una con más de 50,000 habitantes) se mantienen como gobernaciones que aceptan como su jefa a la reina danesa Margarita II, pero que son autónomas ante Dinamarca y no conforman la Unión Europea.

En contraposición a la imagen que presentan a los vikingos sólo como saqueadores, ellos colonizaron Groenlandia buscando pastos y no oro. A diferencia de muchos conquistadores europeos de las Américas, ellos convivieron con los nativos.

En 1953 Groenlandia dejó de ser colonia de Dinamarca para convertirse en un territorio de ésta. En 1979 obtuvo autonomía con su propio gobierno y Parlamento. A fines del 2008 el 75.5% de los groenlandeses votaron sí en un referendo para hacer que su lengua esquimal/inuit (el Kalaallisut) se torne en la única oficial (status que no ha logrado ningún idioma amerindio), que se amplíen los poderes locales en el usufructo de sus recursos económicos (incluyendo los de petróleo que potencialmente pueden equivaler a la mitad de los yacimientos de Arabia Saudita) y que puedan tener derecho a auto determinarse.

Hace 2 años el inuit Kuupik Kleist se convirtió en el primer jefe de gobierno groenlandés del partido Inuit Ataqatigiit ("Comunidad del Pueblo"), el cual plantea la independencia del país americano más antiguo y el único que solamente tiene un idioma oficial no europeo.

Fuente: Diario Correo (Perú). 21 de agosto del 2011.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Libro: Guerreros civilizadores. Carmen Mc Evoy. Nuevas perspectivas de la Guerra del Pacífico.

"La guerra impulsa a una sociedad a repensarse"

Graduada en la PUCP y profesora en Sewanee (EEUU), la historiadora Carmen Mc Evoy continúa con su fascinante proyecto de estudiar la Guerra del Pacífico desde nuevas perspectivas. Luego de Armas de persuasión masiva, acaba de publicar Guerreros civilizadores, que será presentado este 23 en el municipio de Miraflores y sobre el que trata el diálogo que sigue.

Por: Federico de Cárdenas

Comencemos, si te parece, por trazar un puente entre tu libro anterior Armas de persuasión masiva y este, Guerreros civilizadores. Me parece que en el primero estudiaste los conceptos teóricos que fundamentarían la guerra desde el lado chileno, y en este describes cómo se aplicaron en la práctica, en el frente interno, a medida que las tropas avanzaban e iban incorporando territorios.

–Exactamente. En Armas de persuasión masiva traté de establecer el templete ideológico e incluso cultural de la guerra, quiénes fueron sus principales operadores, estableciendo que se trató de un grupo de miembros del Partido Liberal y de la Iglesia, la cual –pese a su disputa con los liberales– logra un espacio de discusión que prosigue con la guerra. En este segundo libro trato de ver la aplicación de estas ideas. No quería quedarme en el análisis del discurso, sino estudiar cómo funciona en diferentes actores: el Estado, la sociedad civil, la Iglesia, los soldados, dedicando los últimos capítulos a la política de ocupación. No es solo que la guerra impulsa a una sociedad a repensarse en términos de identidad sino a inventar formas políticas nuevas. Por eso el libro termina con la ocupación y los dilemas de la guerra permanente, o cómo parar la guerra y obtener el botín que se busca en términos de Estado.

–Mencionando el frente interno y su funcionamiento en la guerra, planteas que allí se da una alianza entre un viejo y un nuevo Chile.

–La guerra no crea de un momento a otro un nuevo país, sino que se da un diálogo a dos niveles. Los viejos políticos chilenos que aún funcionan dentro del esquema del Estado diseñado por Diego Portales –como Antonio Varas– participan del gabinete de guerra, pero al mismo tiempo son burócratas, no conocen de política operativa, la que queda a cargo del nuevo Chile, constituido por los liberales, los que conducen la negociación que se da entre La Moneda y los militares, que forman parte del viejo Chile, y deben convertirse de guardianes de la frontera a un ejército que requiere avanzar e ir transformándose.

–Lo cual requiere de un esfuerzo logístico y propagandístico muy grande, pues se necesita no solo alimentarlos sino dotarlos de convicciones, y aquí me parece que juega un rol muy importante la tesis que trata de convencerlos de que llevan la civilización a países bárbaros.

–Claro. La guerra lo que hace es tensionar el aparato estatal y su marco ideológico y la misma sociedad. Para que el viejo Chile se convierta en uno nuevo tiene que expandirse, en una suerte de destino manifiesto, de república imperial. Para esto no basta decir que pelean por el salitre, hay que contar otra historia: la de un país civilizado, honesto y trabajador que se ve maltratado y humillado por la actitud de Perú y Bolivia.

–La existencia del pacto secreto de ambos países contra Chile...

–Que tiene sabor de conspiración a la antigua contra una república que los chilenos plantean abierta y leal en sus obligaciones. Como sabemos, el pacto secreto no era nada secreto, puesto que se había discutido en el Congreso argentino y se sabía de su existencia, pero les proporciona la figura de dos hermanos traidores que atentan contra un tercero que no quiere ir a la guerra pero que en vista de su honor mancillado tiene que defenderse y en su avance se va a encontrar con el recurso fabuloso del salitre.

–Es interesante el panorama que presentas del avance territorial de Chile y, en paralelo, su esfuerzo por normalizar, instalando administraciones.

–Es lo que ayuda a un país tan pequeño a crecer y expandirse, pues colocan gobernadores y autoridades y hasta conectan el telégrafo con Valparaíso. A pesar de tratarse de un Estado no muy bien consolidado, Chile tiene cuadros burocráticos, a los que se dice que van a administrar “territorios ganados para el progreso”, una suerte de favor que hacen a la humanidad con su guerra “civilizada”. Esta tesis no es nueva, ya la había utilizado Napoleón como sustento para invadir Egipto.

–Allí haces una analogía acertada con lo que fue la conquista del Oeste para los norteamericanos, pero no sé si funcionó de modo consciente para los chilenos.

–Creo que sí. Al menos a nivel de élite era algo que manejaban, pues en el continente se seguían los incidentes de la guerra mexicano-norteamericana, en la que los EEUU emplean un argumento muy similar. Esa, y la guerra francoprusiana, que tuvo a Benjamín Vicuña Mackenna entre sus reporteros. En ella París es feminizado y presentado como corrupto y decadente por los prusianos, tal como los chilenos harán con Lima. El republicanismo ofrece bienestar para todos, pero tiene límites, y entonces la expansión de la frontera constituye una salida. EEUU lo hizo a costa de México, y Chile a costa de Bolivia y el Perú. No fueron los únicos, también lo hizo el general Roca en Argentina –contra su población india– en el decenio siguiente.

La ocupación de Lima

–Planteas la hipótesis de que los chilenos, al menos al inicio, no pretendieron quedarse mucho en Lima. Y que lo que prolongó las cosas fue el hecho de que ningún peruano aceptaba la firma de un tratado de paz que implicaba cesión de territorios.

–Hay cartas en las que se afirma que la guerra debió terminar en Tacna, en el momento en que EEUU convoca a la conferencia en el barco Acahuana y trata de convencer a Chile para que reciba una indemnización, sin cesión territorial. Chile no acepta porque se siente ganador y considera que los derrotados no pueden imponer condiciones. Cuando ocupan Lima, sabían que las cosas no iban a ser fáciles y que la dirigencia peruana estaba fragmentada y sin un comando unitario. En suma, se encuentran con que carecen de interlocutor: Piérola se va, Cáceres parte a la sierra y quien entrega la ciudad es el alcalde Torrico.

Primero creen que amenazando a la élite y saqueando haciendas con la expedición Letelier lo van a obtener, pero las amenazas e intimidaciones no dan resultado y tienen que instalar un gobierno en el Perú. Nombran un jefe político-militar que es Lynch y conforman una suerte de subsidiaria del Estado chileno, con responsables en la costa y un aparato ideológico en Lima que sacaba diarios tratando de convencer a los peruanos de la paz. El modelo tiene dos problemas: es muy caro, porque implica mantener una administración y un ejército; y luego resulta que la burocracia chilena en Lima gana mejor que en Chile. Creo que la ocupación aún no se ha estudiado a nivel político y administrativo e incluso cultural. Es un modelo de Estado que, pese a sus limitaciones, se ve obligado a construir otro del lado peruano para poder salir e irse. Y es allí donde aparece Miguel Iglesias.

–Antes de pasar a Iglesias quiero tocar brevemente el triunfo peruano en Concepción, que trastoca el esquema chileno, porque son esos bárbaros y salvajes quienes los derrotan.

–Exacto. Y lo que es más interesante es que el comandante chileno del batallón Chacabuco desciende por línea directa del padre fundador, Carreras, lo que da a la derrota un valor simbólico e implica que la “civilización” tiene límites y que una vez que cruzan los Andes no pueden operar con criterio parecido al que utilizan en la costa. No estaban preparados para la guerra no convencional que les planteó Cáceres. Les ocurrió lo mismo que a los norteamericanos en Vietnam.

El rol de Iglesias

–Veamos el caso de Iglesias, objeto de una polémica reciente por la medida del gobierno anterior ordenando su traslado a la Cripta de los Héroes. ¿Cómo ves al personaje?

–Es producto de un momento dramático. Hay un primer Iglesias, el que pelea en la batalla de Lima, donde uno de sus hijos muere, y luego un segundo momento, el del agotamiento ante una guerra que no acaba. Lo que hace Iglesias es liderar un sector de pueblos del interior a partir de asambleas municipales que deciden no seguir las directivas de Lima y aceptar que no tienen más recursos para seguir la guerra. Iglesias no actuó solo, pues representa un sentimiento existente en un conglomerado que piensa que la guerra no tiene posibilidad de ser ganada. Se le presenta como derrotista, pero creo que su gesto tiene algo de esperanza: es la idea de que hay un Perú que sobrevivirá y de que es necesario acabar con la ocupación chilena para poder continuar, aunque ello implique reconocer la derrota. Creo que hay que volver a Iglesias y a sus documentos y entenderlo desde el momento histórico que vivió. No me considero una “iglesista”, pero tampoco es el hombre ruin que durante tanto tiempo se consideró.

“Firmé por un deber de memoria”

–En los momentos previos a la segunda vuelta, muchos intelectuales y artistas sintieron la necesidad de pronunciarse contra un retroceso. Firmaste un documento en el que un centenar de historiadores se declaró contrario a la posibilidad de que Keiko Fujimori fuera elegida. ¿Podrías sintetizar tus razones?

–Me pareció que era retornar a un periodo muy doloroso de nuestra vida política reciente, con un presidente que no tuvo el valor de enfrentar una situación y huyó a Japón, donde se valió de su ciudadanía nipona, algo humillante para el Perú. Un jefe de Estado debe respetar la dignidad de su cargo. Guardando las distancias, es muy parecido a lo que hizo Mariano Ignacio Prado. Además están las violaciones a los DDHH y la corrupción de su régimen. Era como si los peruanos hubiéramos olvidado ese momento de horror.

Firmé por un deber de memoria: si uno quiere crecer como país, debe tenerla y saber que hay ciertos lugares a los que no hay que volver. El fujimorismo es uno de esos lugares. Eso no quiere decir, al menos de mi parte, un cheque en blanco para Ollanta Humala, que también tiene una historia, pero no ha sido gobierno ni ha administrado un sistema organizado de corrupción. Como gremio cumplimos con la tarea de decir a los peruanos que hay que recordar, y que el crecimiento económico tiene que ir unido a cuestiones éticas y de valores. Además, el apoyo a Humala de liberales que respeto me dio cierta confianza. Por eso firmé.


Fuente: Diario La República, revista "Domingo". 21/08/11.

Recomendados:

Discurso chileno durante la Guerra del Pacífico. Entre la "guerra cívica" de los liberales y la "guerra santa" de la Iglesia.

Libro: Armas de persuasión masiva. Retórica y ritual en la Guerra del Pacífico. Carmen Mc Evoy.

Una mirada de la Guerra del Pacífico según la historiadora peruana Carmen Mc Evoy.

Chile: entre el "republicanismo radical" y el “voluntarismo liberal" tras la independencia.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo: "Dejen de mimar a los superricos".

Milagro made in USA

Por: Guillermo Giacosa (Periodista)

Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo, pidió que Estados Unidos deje de “mimar” a los más acaudalados con exenciones fiscales e instó a los políticos de su país a aumentar los impuestos a multimillonarios como él. Lo hizo a través del New York Times, en una nota titulada 'Dejen de mimar a los superricos’. Allí agregó una de esas verdades que los ricos piensan en silencio, los periodistas callan y los políticos tildan de comunista: “Mientras los pobres y la clase media luchan por nosotros en Afganistán y la mayoría de estadounidenses pasa apuros para llegar a fin de mes, nosotros los megarricos seguimos con nuestras extraordinarias exenciones fiscales”.

Es una expresión de sentido común que, posiblemente, no agrade a sus pares pero que expresa una realidad tan contundente que hasta los propios beneficiarios de la misma se lamentan por lo poco y equivocado que se hace para superarla.

La nota de Buffett subraya que algunos congresistas hablaron de un “sacrificio compartido”, pero que los privilegiados no contribuyen con la cuota que les corresponde porque los demócratas y el presidente Obama cedieron a la presión republicana y renunciaron a elevar los impuestos sobre las rentas y compañías más acaudaladas. Dice además: “Algunos de nosotros somos gestores de fondos de inversión que ganamos miles de millones de dólares por nuestro trabajo diario, pero se nos permite clasificar nuestros beneficios como intereses devengados”, que pagan apenas el 15% de impuestos.

Y admitió que, gracias a beneficios como ese, su declaración fiscal de 2010 fue por algo más de 6.9 millones de dólares, lo que significa un 17.4% de sus ingresos, mientras que los trabajadores de su firma tributaron un promedio del 36%. ¿Hace falta alguna otra reflexión para comprender la perversión intrínseca de este sistema y para comprender que la inclusión social no entra en sus planes? En EE.UU., el 80% de los ingresos fiscales proviene de tasas que afectan a los trabajadores. “Los megarricos pagan el 15% de impuestos sobre sus ingresos, pero prácticamente nada sobre sus salarios”.

Fuente: Diario Perú 21. Mié. 17 agosto 2011.

Recomendado:

Dejen de consentir a millonarios, dice Buffett a políticos de EE.UU.