lunes, 7 de enero de 2013

Historia de la gran hambruna china (1958-1962). Libro de Yang Jisheng.

Secretos de la hambruna que provocó Mao Zedong 

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Entre 1958 y 1962, el líder comunista ordenó la colectivización del campo y la industrialización forzada, lo que causó la muerte de 36 millones de personas. Un periodista chino publica una investigación que por primera vez revela la verdad acerca de un espantoso acontecimiento sobre el que no hablan los jerarcas de China.

Texto: Ángel Páez.

Una de las mentiras favoritas del régimen comunista de China es negar la hambruna  y la represión que se cobraron la vida de 36 millones de personas, como resultado de las políticas de colectivización forzada del campo y la industrialización compulsiva que diseñó Mao Zedong. Hasta el día de hoy los jerarcas del Partido Comunista de China (PCCh) atribuyen los fallecimientos a sucesivos desastres naturales, que, según ellos, coincidieron con los planes de Mao. Yang Jisheng, un ex reportero chino de la agencia oficial de noticias Xinhua, durante más de una década se dedicó subrepticiamente a la recolección de documentos y testimonios que acreditan que la espantosa hambruna existió. Lo que motivó a Yang a investigar el caso fue la muerte de su padre. Una víctima de Mao.
Si el italiano Primo Levi relató en el libro Si esto es un hombre (1947) la brutal experiencia como recluso en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, así como el ruso Aleksandr Solzhenitsyn describió los horrores de los campos de trabajos forzados del estalinismo en Archipiélago Gulag (1973), y Denise Affonço testimonió sobre la demencia de Pol Pot –mataron a su esposo e hija en una prisión– en El infierno de los jemeres rojos (2009), el reportero Yang Jisheng en Lápida: la gran hambruna china 1958-1962 (2012) derrumba el muro de mentiras oficiales sobre la escasez de alimentos más letal de la historia provocada por la mano del hombre.
El libro también es un tributo a Yang Xiushen, el padre del periodista chino Yang Jisheng, porque –lo sabría durante la búsqueda de información– su progenitor   fue una de las 36 millones de víctimas. De hecho, la historia que narra Yang empieza con la devastadora pérdida de su padre debido a la inanición.
Era 1959 y Yang había dejado su hogar en Wanli para estudiar en una escuela de la juventud comunista, a la que había ingresado cinco años antes. Un compañero le confió que había escuchado que Wanli era un pueblo fantasma y que su padre estaba muy enfermo. Yang marchó de regreso con varias raciones de comida. Lo que encontró lo marcó para siempre. Escribió:
Mi padre estaba medio recostado en su cama, con los ojos hundidos y sin vida, con el rostro demacrado, la piel arrugada y flácida. Trató de extender su mano para saludarme, pero no la pudo levantar. Esa mano me recordó el esqueleto humano en mi clase de anatomía. A pesar de que estaba cubierto con una capa de piel seca, nada ocultaba los huecos de la estructura ósea. Yo no sabía que se trataba de la desnutrición. (...) Le preparé el arroz que le había llevado pero fue inútil porque ya no tenía fuerzas para comer. Tres días más tarde partió de este mundo.
El gran timonel
Sobre la hambruna provocada por Mao y la cúpula del PCCh han escrito historiadores de la importancia del holandés Frank Dikötter, autor de La gran hambruna de Mao: la historia de la más devastadora catástrofe 1958-1962 (2010),  una celebrada y premiada investigación que concluye que los muertos fueron 45 millones. O, más recientemente, Zhou Xun, historiador de la Universidad de Hong Kong, ha publicado La gran hambruna en China 1958-1962: una historia documental. Se trata de la publicación de excepcionales archivos oficiales chinos sobre la muerte por hambre de millones debido al totalitarismo chino. La diferencia con el libro de Yang Jisheng, ahora de 72 años, es que se trata de un ex empleado del régimen comunista que aprovechó su condición de periodista de la agencia oficial Xinhua para hablar con funcionarios de la época y sobrevivientes de la hambruna y obtener documentos oficiales sobre lo ocurrido en la época. Es una historia contada desde adentro.
En 1958, el líder Mao Zedong ordenó a 550 millones de campesinos a organizarse en comunas para autosostenerse e incrementar la producción agrícola. Paralelamente, el gran jefe del PCCh aplicó la colectivización en las ciudades para alentar la industrialización masiva y compulsiva, bajo el supuesto de que si se ponía a trabajar a la mayoría de la inmensa población podía superar los niveles de producción de acero de Inglaterra.
Esta serie de medidas, conocidas como el "Gran salto hacia adelante", cuyo arquitecto fue Mao Zedong, se ejecutaron simultáneamente mediante el uso intensivo de la violencia. Los que se oponían eran detenidos, torturados y asesinados. Los que escapaban de las comunas también eran pasados por las armas. Como reporta Yang Jisheng, los muertos no eran solo producto de la hambruna sino también de la sangrienta maquinaria represora del partido comunista. ¿Qué otro resultado podría haber conseguido Mao si se había inspirado en el programa de colectivización de José Stalin, que entre 1932 y 1933 produjo la muerte de 10 millones por hambre en Ucrania?
En 1999, cuando viajó a Henán, Yang, entonces periodista de la agencia oficial Xinhua, tropezó con Yu Wenhai, un poblador que le confió que era un sobreviviente de la hambruna y le indicó dónde habían sido enterrados los millares de cuerpos. Yang supo entonces que la desaparición  de su padre no fue producto del infortunio sino de las políticas inhumanas de Mao. Cansado de elogiar al régimen comunista, decidió investigar  en secreto lo que los jerarcas chinos no querían hablar nunca. Yang le dijo al periódico británico The Guardian:
Al comenzar el libro me deprimí terriblemente al leer los documentos (sobre la hambruna). Pero después de un tiempo quedé como hipnotizado, de otro modo no podría haber avanzado. Al morir mi padre tenía 18 años y sólo sabía lo que el Partido Comunista me decía. Todos fuimos engañados. Yo era muy rojo. Formaba parte de un equipo de propaganda y creí que la muerte de mi padre fue una desgracia personal. Nunca pensé que había sido una víctima del gobierno. Desde entonces, cuando recuerdo lo que escribí (en la agencia de noticias), me dan ganas de quemarlo todo.
Cuando escuchó los informes sobre poblaciones enteras arrasadas por la hambruna, Mao lo atribuyó a los supuestos malos hábitos de los campesinos: "Ellos esconden la comida y son de lo peor. ¡No tienen espíritu comunista! Los campesinos son campesinos al fin y al cabo. No pueden comportarse de otra manera". Luego, recomendaría no comer demasiado. "Pienso que es bueno comer menos. ¿De qué vale comer mucho y tener una enorme barriga, como los capitalistas que aparecen en los dibujos animados occidentales?". En ese mismo momento, los hambrientos campesinos, debido a la falta de alimentos, practicaron el canibalismo para sobrevivir, como lo pudo comprobar Yang Jisheng. Según el periodista, todo tiene una explicación:
La razón básica de por qué decenas de millones de chinos murieron de hambre fue el totalitarismo. (...) Mao fue el creador de ese modelo y él era una criatura salida del mismo. El totalitarismo es el más atrasado y bárbaro e inhumano de todos los sistemas existentes en el mundo moderno.
El libro de Yang Jisheng es una lápida en honor a su padre y a los 36 millones de muertos por la hambruna maoísta. Pero también es un baldón para el gobernante Partido Comunista de China.
Fuente: Diario La República,  suplemento "Domingo" (Perú). 06 de enero del 2013.

sábado, 5 de enero de 2013

Historia del origen de los Países Bajos. Guillermo de Orange contra el emperador Felipe II de España. La Leyenda Negra Española.

Guillermo de Orange

"Mi corazón sangra, Países Bajos nobles, viendo cómo os deshonran los españoles"

El himno que cantará Holanda en la final del Mundial recuerda la rebelión de los Países Bajos contra el imperio español, un episodio histórico mitificado por el nacionalismo catalán.


Momentos antes de comenzar la final del Mundial ante España, Robben, Sneijder y el resto de jugadores de Holanda formarán, mirarán al frente y proclamarán su lealtad al monarca español. Dice su himno, Het Wilhelmus (El Guillermo, en holandés), que la Oranje siempre ha sido fiel al rey de España. Pero cuidado con ellos, porque esa fidelidad se limita a la primera estrofa, la que se canta en los actos oficiales. Lo bueno viene luego, cuando el texto arremete contra la tiranía del imperio español: "Mi corazón sangra, oh Países Bajos nobles, viendo cómo os deshonran los españoles".
Seguramente muchos de los propios holandeses ignoren que ese voto a la monarquía española se remonta a finales del siglo XVI, cuando Flandes (los actuales Países Bajos y Bélgica) se rebeló contra la superpotencia de la época: la corona española. Era un combate desigual. Un minúsculo territorio dentro del vasto imperio se alzó contra el todopoderoso ejército de Felipe II. Fueron 80 años de combates. Hasta que se deshicieron definitivamente de su yugo en 1648. La nueva república holandesa despegó como emporio mundial y vivió su siglo de oro, el de Spinoza, Rembrandt y la hegemonía comercial que se extendió desde Indonesia a Brasil.
En las húmedas tierras de Flandes, David venció a Goliat, comparación a la que se alude en el himno. "Fue una revuelta que se convirtió en guerra de independencia, en una zona de Europa tan conflictiva como el actual Oriente Próximo, en la que España era la potencia dominante", señala Bernardo García, historiador y asesor de la Fundación Carlos de Amberes,que difunde los vínculos de España con los antiguos territorios de la Corona española en el Benelux. "Era un punto estratégico del continente en el que a España le interesaba mantener un destacamento militar", añade.
Queja contra el duque de Alba
Las causas de la rebelión neerlandesa son complejas. Se mezclan disputas religiosas, políticas y económicas de manera inextricable. Con todo, algunas de las claves del enfrentamiento están registradas en el propio himno, que nació como canción popular a finales del siglo XVI, en plena revuelta. En ella, el príncipe Guillermo de Orange-Nassau (1533-1584), llamado el Taciturno y líder de la revuelta, eleva ante el rey Felipe II una queja formal por los agravios infligidos al pueblo de Flandes por los funcionarios españoles. Sobre todo por el gobernador, el duque de Alba.
Los reproches contra la autoridad imperial van de "la falta de tolerancia con los protestantes a los excesivos impuestos y la violación de los privilegios de las ciudades, provincias, etc.", señala el historiador Maurits Ebben, profesor de la Universidad de Leiden. Ese sentimiento de agravio fue el que canalizó hábilmente Guillermo de Orange para unir las fuerzas de la nobleza rural, la burguesía mercantil, la iglesia y las clases populares contra el imperio.
Hábil propagandista
En esa lucha desempeñó un papel decisivo la destreza propagandística del príncipe. "Demonizó al duque de Alba y concentraron la crítica en su persona y en los militares españoles destacados en Flandes, a los que reflejó como opresores extranjeros para unificar a los habitantes de las 17 provincias en su lucha contra Felipe II", considera Ebben.
Y la verdad es que Alba les facilitó la tarea. Llegó en 1567 para pacificar un territorio envuelto en disputas religiosas pero maniobró con violencia. Sus decisiones militares fueron "destructivas y a veces atroces, incluso según las normas de la época", añade Ebben. Dictó edictos draconianos, condenas a prisión, torturas y sentencias de muerte. Fue, sobre todo, un estratega pésimo, subraya el historiador Ricardo García Cárcel, autor de La leyenda negra. Alba abandonó el cargo seis años después, con un Flandes que hervía camino a la independencia.
La construcción difamatoria contra el invasor español ya estaba en marcha. Y quizá el imperio se lo ganó a pulso. Por entonces, el nombre Furia Roja no aludía a la valentía futbolística sino al salvajismo de unas tropas enfurecidas por la falta de sueldo que saquearon Amberes, la ciudad más cosmopolita y boyante de Flandes, y masacraron a 7.000 ciudadanos. La población pronto se dio cuenta de que rendirse ante los soldados imperiales no evitaba el saqueo, así que las ciudades empezaron a resistir. Como Leiden en 1574. Desde entonces, las tropas españolas no consiguieron adentrarse nunca más en Holanda, la provincia dominante en los Países Bajos.
Ataque contra el emperador
En una década la revuelta se convirtió en rebelión. El enemigo ya no era el gobernador, sino el propio emperador. En 1580, Guillermo de Orange escribió su decisiva Apología, en la que acusó directamente al rey Felipe II de violar su soberanía sobre Flandes al haberse convertido en un tirano. El príncipe fue astuto porque consiguió "convertir su rivalidad contra el rey en una lucha de Flandes contra España", subraya el historiador Raymond Fagel, de la Universidad de Leiden. "En realidad comenzó como una guerra civil" en territorios de la Corona española, añade.
A la Apología le siguió inmediatamente la proclamación de independencia de Flandes, en 1581, que marca el nacimiento del Estado moderno de los Países Bajos. Fue el punto de partida del ascenso neerlandés "Hay un proceso de decadencia y concienciación colectiva en España de la insostenibilidad del mantenimiento de la monarquía española en los Países Bajos", añade Fernando García de Cortázar, autor de Breve historia de España. La firma del Tratado de Münster, en 1648, tras 80 años de enfrentamientos, no hizo más que confirmar una situación de hecho: que los Países Bajos eran un Estado soberano.
El siglo de oro holandés (1609-1713)
El auge neerlandés había comenzado medio siglo antes, con la Tregua de los doce años con España. El respiro en el campo de batalla propició que los Países Bajos crecieran hasta convertirse en una potencia comercial mundial. Dominaron las rutas de transporte mercantil en Europa y en un emporio que se extendía desde Indonesia hasta Brasil. A ello se sumó el empuje de un nuevo poderío financiero y el crecimiento demográfico. La nueva república (una anomalía en una Europa de monarquías) vivió un siglo de riqueza fabulosa y florecimiento cultural (la filosofía de Spinoza, el pensamiento político de Grotius, la pintura de Rembrandt y la astronomía de Huygens...). Aunque ensombrecidos por las violentas luchas religiosas y el asesinato de los hermanos De Witt, entre otros episodios.
La rebelión contra el imperio fue un capítulo decisivo para la historia holandesa, y sigue presente en la memoria colectiva del país. "Especialmente para los holandeses, la Guerra de Flandes ha sido la Guerra de Independencia del país, el nacimiento del estado precursor del actual y orígen de una nación nueva", explica Ebben. "Al menos, esta es la interpretación común y popular". Y el astuto Guillermo, leal a Carlos V y pesadilla de Felipe II, es considerado el prócer fundacional: "Para la mayoría de los neerlandeses, es el padre de la patria", concluye Ebben. Estratégicamente ubicada entre Francia, Inglaterra y Alemania, la pérdida de los Países Bajos supuso un punto de inflexión. Algunos historiadores lo llaman "el Vietnam español". "El final del sueño del imperio europeo", señala el historiador Fernando García de Cortázar.
En cualquier caso, en el partido de la final del Mundial entre España y Holanda, las fuerzas no están tan desequilibradas como en el siglo XVI pero según todas las apuestas La Roja sigue siendo la potencia futbolística dominante. "Va a ser muy difícil para nosotros, ya que el juego de España en el partido con Alemania fue impresionante", concede el historiador Ebben. "Sin embargo, nunca se sabe: un poco de buena fortuna puede ayudar a alcanzar lo imposible. Es como en la Guerra de Flandes, un pequeño país puede hacer grandes cosas". Veremos.

Instrumento de difamación

En el origen de la leyenda negra de España está el texto Apología, de Guillermo de Orange. Escrito como una acusación abierta contra la tiranía de Felipe II en Flandes, con el tiempo se convirtió en un ingrediente fundamental contra la imagen del imperio español. España era la potencia hegemónica en el continente en el siglo XVI y sus rivales difundieron la apariencia de la potencia ibérica como un Estado voraz y retrógrado, dominado por el fanatismo católico y con un ejército salvaje. Es lo que luego se llamaría la leyenda negra de España, algo así como una campaña de difamación a gran escala. Los países competidores exageraban la brutalidad de la corona española. La leyenda negra tiene muchos episodios, como la conquista de América y la Inquisición, y uno de los principales es el de la guerra de Flandes.
"Es una cuestión parecida al antiamericanismo contra Estados Unidos durante las guerras de Vietnam e Irak", señala el historiador Bernardo García. Se construye una imagen de la superpotencia militarizada, intolerante y opresora que emplea su ejército para imponer su dominio económico. "El problema de España en el siglo XVI es lo que le sucede a cualquier potencia que genera competidores y víctimas", añade García Cárcel. "Al estudiar el antiamericanismo, muchos especialistas estadounidenses toman a España como referente", añade.
Esa imagen negra del imperio español está siendo revisada por diversos historiadores, según el historiador García Cárcel. Con todo, al duque de Alba se le sigue representando en la cultura popular de los Países Bajos como un personaje cruel y sediento de sangre.

Sueño del nacionalismo catalán

La rebelión de Flandes contra el poder opresor español ha sido mitificado por algunos nacionalismos, como el catalán, según advierte el historiador García Cárcel, profesor de historia moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona. "Gracias al fútbol, y sobre todo a la figura de Johan Cruyff, Holanda ha sido para Cataluña uno de sus sueños", considera el autor deLeyenda negra. "En el calidoscopio de referentes que es el nacionalismo, y que van desde la independencia de los países bálticos a la de Portugal en 1640, ocupa un lugar especial el del Holanda", señala del historiador. "Holanda ha sido la representación de un país pequeño con una burguesía capaz de construir una nación y un imperio comercial que va desde las Indias orientales a las occidentales e incluso rivaliza con Portugal".

El himno holandés, 'Het Wilhelmus'

El himno holandés, Het Wilhelmus, data de finales del siglo XVI pero solo es oficial desde 1932. Consta de 15 estrofas pero en los actos oficiales solo se cantan la primera y la sexta. Los contenidos más reivindicativos hacia el imperio de Felipe II, sin embargo, se encuentran en estrofas como la décima.
Primera estrofa
Wilhelmus van Nassouwe
ben ik, van Duitsen bloed,
den vaderland getrouwe
blijf ik tot in den dood.
Een Prinse van Oranje
ben ik, vrij, onverveerd,
den Koning van Hispanje
heb ik altijd geëerd.
(Guillermo de Nassau
Soy, de sangre alemana,
Leal a la patria
Seguiré hasta que muera.
Príncipe de Orange soy,
Libre y valiente
Al rey de España
Siempre he honrado)
Sexta estrofa
Mijn schild ende betrouwen
zijt Gij, o God mijn Heer,
op U zo wil ik bouwen,
Verlaat mij nimmermeer.
Dat ik doch vroom mag blijven,
uw dienaar t'aller stond,
de tirannie verdrijven
die mij mijn hart doorwondt.
(Mi escudo y confianza eres tú
Dios mi señor
Eres tú en quien confío
Nunca más me abandones
Dame fuerzas para ser valiente
Tu servidor para siempre
Y pueda derrotar a la tiranía
Que me parte el corazón)
Décima estrofa
Niets doet mij meer erbarmen
in mijne wederspoed
dan dat men ziet verarmen
des Konings landen goed.
Dat u de Spanjaards krenken,
o edel Neerland zoet,
als ik daaraan gedenke,
mijn edel hart dat bloedt
(Nada me apena más
En mi adversidad
Que ver cómo se empobrecen
Estas buenas tierras del rey.
Que te deshonren los españoles,
Oh Países Bajos nobles,
Cuando lo pienso,
Mi corazón sangra)
Fuente: Diario El País (España). 10 de julio del 2010.

Recomendado: España vs. Holanda. Isaac Bigio.

jueves, 3 de enero de 2013

El Origen de la Leyenda Negra contra España. El rechazo europeo al imperialismo español.


Joseph Pérez "La Leyenda Negra contra España es falsa, de mala fe"
Por: Antonio Astorga
Biógrafo de Felipe II, Joseph Pérez, nacido en el año 1931 en Laroque d'Olmes (Francia) de un matrimonio de emigrantes valencianos, es un sabio de la España de los siglos XVI y XVII. Estuvo al frente de la Casa de Velázquez en Madrid y dirigió la Universidad de Burdeos. En «La Leyenda Negra» (editorial Gadir) ofrece una lección apabullante, magistral, incontestable sobre lo que ya es Historia: aquella noche oscura que arreció contra España.
¿Por qué debemos ya dar por superada la Leyenda Negra?
—Felipe II puso precio a la cabeza de Guillermo de Orange, el príncipe protestante de Flandes, y éste recusó su legitimidad y se enfrentó a su poder exagerando lo peor de su contrincante: que si fue capaz de asesinar (lo que era falso) al príncipe don Carlos, su hijo, que si se sirvió de la Inquisición para acallar a la oposición... A nivel académico, todos los historiadores, sean o no españoles, están de acuerdo en subrayar que las acusaciones que contiene la Leyenda Negra son falsas, de mala fe y muy exageradas. En este aspecto hay unanimidad.
¿Quedan prejuicios pendientes?
—Una vez desaparecido el fundamento de la Leyenda Negra, permanecen prejuicios, por ejemplo, sobre la importancia o la influencia que pudo tener la Inquisición, la intolerancia, la poca disposición que se dice que tienen los españoles para las actividades económicas... Hay una serie de opiniones que circulan y que no merecen mención especial, pero que son muestra de la ignorancia que se tiene todavía, en varios casos, de España.
Se habla de la Inquisición, pero en la España de Felipe II murió menos gente por la Inquisición que en ningún otro país, según los expertos.
—Sí, precisamente es lo que forma parte de esos prejuicios; no se tiene suficientemente en cuenta que la intolerancia, las guerras de religión, la conflictividad religiosa es un fenómeno común a toda Europa. España en ese aspecto no tiene ningún monopolio ni ninguna exclusividad. Si uno mira lo que pasa en Francia, por ejemplo, en una época tan tardía —finales del XVII— cuando Luis XIV decide expulsar a los protestantes, ello supone una barbaridad tremenda que se puede comparar con la expulsión de los judíos o de los moriscos.
¿Por qué siempre se opinaba contra «lo español»?
—Esto es lo que procuro desmontar en el libro sobre la Leyenda Negra. Al principio de todo está la reacción contra la superioridad española del siglo XVI, que es indudable. Hay una gran admiración por las cosas de España, por la lengua —se habla español en casi toda Europa—, por la literatura, las artes, las ideas religiosas, la moda... Se admira todo lo que viene de España, pero al mismo tiempo la gente, en Italia, Inglaterra, Francia, Países Bajos, Alemania... tiene miedo de lo que se cree, se supone, son las intenciones de España que quiere dominar a toda Europa.
¿Con qué potencia compararía hoy aquella España titánico-hegemónica?
—Hay un rechazo que yo comparo a lo que está ocurriendo actualmente en los Estados Unidos. El país que preside el señor Obama también ha provocado una especie de leyenda negra, de rechazo: se admiran las cosas de América —cine, literatura, los modos de vivir...— pero se les reprocha a los norteamericanos su buena conciencia, su arrogancia, su imperialismo, su voluntad o la pretensión que tienen de dominar todo el mundo. En un principio, de la Leyenda Negra está la reacción de rechazo, de temor a lo que se cree que es el imperialismo español. Se supone que España pretendía dominar a Europa y el mundo.
¿Se le acusó de imperialista?
—Andando el tiempo, si a esto se añaden dos o tres fenómenos después de 1648, de los Tratados de Westfalia, España ya ha perdido la hegemonía en Europa, de modo que la acusación de imperialismo no puede funcionar. El relevo lo han tomado otras naciones —Inglaterra, Francia...— pero quedan contra España dos ideas que poco a poco van a permanecer hasta el siglo XX: primero, la del progreso, la civilización, las luces... todo ello es fruto de la Reforma; y como España, Italia y Portugal y en parte Francia han rechazado la Reforma estas naciones están por ello mismo condenadas al subdesarrollo, al oscurantismo, a la intolerancia...
La idea que circula hasta entrado el siglo XX es que el progreso, las luces, la civilización es fruto de la Reforma.
—En este sentido, España aparece como la nación que se ha resistido a la Reforma por antonomasia. Y hay también en las naciones del norte, que son protestantes y anglosajonas, otra idea que surge y que va a tener mucho éxito: la superioridad de la raza anglosajona sobre la latina. Estos son los prejuicios que han alimentado la Leyenda Negra hasta bien entrado el siglo XX, pero ya han sido rechazados por los historiadores. No cabe duda de que durante mucho tiempo eso ha influido en la imagen que se tenía en el extranjero de España. En el siglo XVIII España sigue siendo una gran potencia —la tercera de Europa—, pero ya no tiene la misma supremacía intelectual. Los rasgos fundamentales de la Leyenda Negra ya no se pueden sostener.
¿Y por qué se ha mantenido durante siglos esa Leyenda Negra?
—Porque desde finales del siglo XVII hasta bien entrado el XX parecía que todo iba a favor de los anglosajones y de los protestantes. Si se compara lo que ocurre en el siglo XIX después de la emancipación del imperio español de América, a partir de 1825 se da el contraste entre las antiguas colonias inglesas —los Estados Unidos actuales— en plena prosperidad frente a un continente suramericano —las antiguas colonias españolas— sumido en el subdesarrollo, caudillismo, miseria. Cuando Francia a mediados del XIX forja el concepto de América Latina, en España algunos protestan porque dicen que hay que hablar de América Iberoamericana o Hispanoamericana.
¡Francia no atacaba a España!
—No. Cuando los franceses en el siglo XIX hablan de América Latina están reaccionando contra la América anglosajona. En realidad, en aquel momento Francia se considera como parte también de los prejuicios que los anglosajones tienen en relación con las naciones latinas y reacciona a su manera tratando de crear un frente entre las naciones latinas para oponerse a la arrogancia y a la pujanza del mundo anglosajón. Y esto lo notamos en algunos sectores. Carlos Fuentes expone muy bien en sus libros que todavía en Estados Unidos no han desaparecido los prejuicios contra México y contra las poblaciones mestizas, católicas, latinas al sur del río Bravo.
¿Franco contribuyó a mantener la Leyenda Negra?
—Creo que sí. Sin quererlo, desde luego, y para reaccionar contra las acusaciones que venían del extranjero, Franco tuvo dos ideas: una, la excepcionalidad de España, España es diferente. Y dos, el régimen de Franco dio la impresión de identificarse con la España imperial, con el Reinado de los Reyes Católicos, con Carlos V, con Felipe II, es decir, con los aspectos más discutidos de la Leyenda Negra.
¿Los Reyes Católicos fueron los inspiradores de la gran España?
—Después de la Transición me llama la atención la reacción de la izquierda española: en el siglo XIX los liberales españoles, la izquierda española, sentía bastante simpatía con los Reyes Católicos, porque habían restablecido la unidad de España, habían combatido el poder exagerado de la Nobleza. Se veía a los Reyes Católicos como los modernos inspiradores de la gran España, algo que podía servir de modelo. Y la parafernalia en torno a los Reyes Católicos y la idea imperial han contribuido hasta cierto punto a desprestigiar esta época.
¿Cuál es la posición de la izquierda española en relación a esa leyenda?
—Los historiadores que yo conozco, sean de izquierdas o de derechas, coinciden en decir que todo esto forma parte de un pasado superado y que no tiene ningún motivo para permanecer. Durante el siglo XIX y las dos terceras partes del XX la Inquisición era motivo de polémica intensa. Hoy, se le ha quitado muchísima polémica.
Usted da la razón a los comuneros. ¿Por qué motivo?
—Porque en 1520 presentían, receleban, que con la conversión de Carlos V de Rey de Castilla a Emperador del Sacro Imperio, Castilla iba a tener que defender una opción política que no era la suya, sino de la Casa de Austria. Temían que ello acarrearía para España una serie de sacrificios: en hombres, dinero, etc...
¿Castilla, entre espada y pared?
—Al final del siglo XVI, en unas Cortes que celebra Felipe II, varios procuradores se oponen a su política diciendo que la defensa del catolicismo en Europa, en Flandes, no le toca especialmente a Castilla, ni a España. El interés de Castilla (en 1580) es retirar sus tropas del Norte de Europa, defender la Península contra los ataques de los turcos y de los corsarios berberiscos, defender las relaciones con América. Desde los comuneros hasta la oposición en las Cortes en tiempos de Felipe II se tuvo conciencia en España de que los soberanos en realidad defendían, se identificaban más con la Dinastía que con el Reino, como se decía, hoy diríamos con la Nación. A Castilla no le interesaba un Rey emperador.
Hoy en España se tilda a Rodríguez Zapatero como «la catástrofe». ¿Puede el presidente del Gobierno reverdecer los laureles de la Leyenda Negra?
—Esto no tiene nada que ver. La Leyenda Negra partió de un estado de opinión de unas gentes que veían en España una amenaza.
Fuente: www.abc.es 13-12-09
Recomendado: 

Libro "La Leyenda Negra". El discurso que convirtió a España en el paradigma del fanatismo y la crueldad.

Libro "La Leyenda Negra". El discurso que convirtió a España en el paradigma del fanatismo y la crueldad.


Joseph Pérez disecciona los porqués de la 'leyenda negra'

El historiador analiza la política de los Austria y su peso en España

Por: José Andrés Rojo

"España en aquel tiempo no existía en verdad como tal", dice Joseph Pérez cuando se refiere a aquellos remotos años en que reinaban Carlos V y Felipe II. "Lo que existe es una monarquía católica, no forzosamente española, que gobierna lo mismo en Flandes que en el Milanesado, en Nápoles como en vastas zonas de Alemania, en las Indias y, claro, en Castilla y Aragón. Son los jefes de la Casa de Austria, y ocupan un lugar preeminente en la Europa de su época: mandan en cuestiones diplomáticas, militares, económicas".
El hispanista Joseph Pérez acaba de publicar La leyenda negra (Gadir), un ensayo que reconstruye cómo y cuándo, siguiendo qué estrategias, con qué fin y sirviéndose de qué modos se fue construyendo un discurso que convirtió a los españoles en paradigma del fanatismo y la crueldad, de la cerrazón dogmática alrededor de la bandera del catolicismo y del puro afán de dominio utilizando los resortes de un Estado poderoso. "La idea del libro surgió en la Francia de hoy, donde observaba cómo existe una rendición incondicional a la cultura que viene de Estados Unidos, sus películas y sus autores y todo lo demás, y un feroz rechazo a su política imperial", contaba ayer el historiador en una entrevista en Madrid, poco antes de presentar su ensayo. "Todo eso le pasó a España hace unos cuantos siglos. Los franceses se volvían locos por aprender su lengua, copiaban sus guantes y sus trajes de cuero, el propio Luis XIV adaptó la etiqueta de las cortes de los Austria e, incluso, Pascal se rendía ante santa Teresa y san Juan de la Cruz".
Pero no toleraban que aquellos poderosos monarcas impusieran su política, y sus intereses, a toda Europa. Una política y unos intereses que eran, en realidad, los de los Habsburgo, "aunque, claro, gobernaban desde Castilla y, sobre todo, contaban con el oro que venía del Nuevo Mundo", observa Joseph Pérez. "Para hacerse una idea del poder que llegó a tener la monarquía de los Austria hace falta decir que su moneda -los reales de a ocho, las pias-tras- fue la moneda de circulación del mundo entero hasta bien entrado el siglo XIX. Sin una base económica tan fuerte sería inexplicable su inmenso poderío diplomático, militar, político. Se dice que fueron españoles los responsables de aquel imperio y, sin embargo, el personaje más relevante en política exterior fue un francés, Granvelle, y entre sus héroes militares están el conde de Egmont (flamenco), Alejandro Farnesio (genovés) o Spinola, duque de Parma.
Hijo de emigrantes valencianos, Joseph Pérez nació en 1931 en Laroque d'Olmes y es uno de los hispanistas que mejor conoce la España de los siglos XVI y XVII. Fue director de la Casa de Velázquez entre 1989 y 1996 y rector de la Universidad de Burdeos. Empezó con un trabajo sobre los comuneros y escribió después sobre la España de Felipe II, sobre Carlos V, la Inquisición y los judíos. Las 200 páginas en las que sintetiza lo que ha sido la leyenda negra son una lección de claridad y sabiduría. "Todo empieza cuando Felipe II pone un precio a la cabeza de Guillermo de Orange, el príncipe protestante de Flandes, que reacciona recusando su legitimidad y enfrentándose a su poder. No era habitual en aquellos tiempos cuestionar la autoridad real, así que para armarse de argumentos el flamenco desarrolla una apabullante propaganda que subraya (y exagera) lo peor de su gran enemigo: un hombre capaz de asesinar al príncipe don Carlos, su hijo (lo que se reveló falso), que se sirvió de la Inquisición para acabar con sus enemigos y que permitió las mayores crueldades durante la conquista de América".
La brutalidad de las guerras de religión que dividieron la Europa de aquellos años, los intereses particulares de cada región enfrentados a la política imperial, el discurso religioso que alimentó los peores fanatismos, el culto a la razón de Estado para proteger los intereses de la Casa de Austria: Joseph Pérez empieza con la expansión de la corona de Aragón por el Mediterráneo y termina con el dilema de las dos Españas que puso en circulación Larra en el siglo XIX.
"La leyenda negra se construye para debilitar el poder de la Casa de Austria, pero cuando viene su declive, a partir de la paz de Westfalia en 1648, el argumento es el de una España rendida al oscurantismo del papado frente al progreso de las Luces. A finales del XIX, las naciones anglosajonas miran con desprecio a las latinas. La leyenda negra seguía presente". Ahora ya no, y el libro de Joseph Pérez está ahí para entender su génesis y su influencia.
Fuente: Diario El País (España). 21 de noviembre del 2009.

Historia de Enrique Paillardelle y la sublevación de Tacna (1813).

Tacna 1813, la rebelión de Paillardelle

Por: Antonio Zapata Velasco (Historiador)
En 1813, el criollo Enrique Paillardelle dirigió una sublevación en Tacna, que este año cumple su bicentenario. Ese acontecimiento confirma que los patriotas peruanos estuvieron en la pelea por la emancipación desde la primera hora. Sin embargo, fueron derrotados y la independencia se retrasó unos años con relación a la mayoría de América Latina.
Paillardelle había nacido en Buenos Aires, de padre francés y madre tacneña, por lo que disponía de una red de parientes en el sur del Perú. Se unió a las tropas criollas que derrotaron las invasiones inglesas que asolaron el virreinato del Río de la Plata. Eran los últimos años de presencia española en América y Paillardelle permaneció en el ejército hasta la triunfante revolución de Mayo, que en 1810 derrocó al último virrey del Plata.
Ya tenía 35 años cuando fue ganado por un tremendo ardor revolucionario, que aceleró el resto de su existencia; fue un pequeño cometa que cruzó el sur de América. Paillardelle se unió a la expedición de Manuel Belgrano, que saliendo de Buenos Aires pretendió cruzar la actual Bolivia y, a través de los Andes, llegar al Perú para enfrentar al virrey. Esa era la ruta que intentaron los patriotas platenses varias veces y siempre fueron vencidos.
Paillardelle fue comisionado por Belgrano para insurreccionar el sur del Perú. En Tacna convenció a un grupo que se amotinó en octubre de 1813. Los rebeldes aprovecharon el ánimo favorable a la causa patriota tomando el cuartel con apoyo popular, continuando con la ruta abierta por Francisco de Zela dos años atrás.
Una vez capturada Tacna, Paillardelle formó una pequeña fuerza que salió a tomar Moquegua, siendo Arequipa su meta máxima. En forma paralela, Belgrano avanzaba por la actual Bolivia y amenazaba La Paz. Los tacneños salieron hacia Moquegua uniformados con colores argentinos; el celeste y blanco identificó a estos soldados que anunciaban el Perú independiente.
Sin embargo, todo fue un desastre. Belgrano fue derrotado en Ayohuma, mientras que Paillardelle fue vencido en la puerta de Moquegua, por tropas arequipeñas realistas. Sin embargo, el líder porteño no fue capturado en la batalla y logró retroceder a Buenos Aires. Ahí se unió a San Martín y fue uno de los partidarios de un cambio fundamental de estrategia militar.
Basado en su experiencia personal, propuso abandonar la ruta boliviana y más bien cruzar los Andes por Chile, para seguir a Lima navegando por mar. En ese sentido, colaboró con San Martín en el diseño de un nuevo plan de guerra, que condujo a la victoria de la independencia. Posteriormente, dejó a San Martín y unió su suerte a Carlos Alvear, uno de los más controvertidos líderes de la Argentina naciente. Alvear estableció un régimen autoritario, que fue derrocado de mala manera y el nuevo gobierno tomó represalia contra sus partidarios. El “chivo expiatorio” fue precisamente Paillardelle, quien había comandado las tropas leales a Alvear. Así, la patria lo fusiló en mayo de 1815; fue un revolucionario que se salvó del virrey, no obstante haberlo retado por las armas, pero cayó ante sus pares en una guerra civil.
El periplo de Paillardelle evidencia los fuertes vínculos entre la revolución platense y los patriotas peruanos del sur. Tanto Zela como Ángulo, Pumacahua y el mismo Paillardelle pueden interpretarse en clave porteña. Asimismo, muestra lo persistentes que fueron los esfuerzos peruanos por independizarse, antes de que llegaran San Martín y Bolívar. Por último, su puesto en la historia corresponde a quien canalizó el ánimo patriota del sur peruano, anunciando la gran rebelión de los hermanos Ángulo y el cacique Pumacahua, que ocurrió al año siguiente.
No existe una buena biografía peruana de Paillardelle, no obstante su cinematográfica vida. Para encontrar información es necesario recurrir a historiadores argentinos. Uno de sus clásicos, Bartolomé Mitre, lo incorpora como personaje en su famosa Historia de Belgrano y la independencia argentina.
Fuente: Diario La República. 02 de enero del 2013.
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martes, 1 de enero de 2013

¿Encuentro de dos mundos, descubrimiento, culturización o encontronazo, invasión, conquista, exacción y genocidio?

Ni leyenda negra ni leyenda blanca


Por: Ernesto Sábato (Escritor argentino)
Es ya cierto que hablar del descubrimiento de América puede ser considerado, desde el punto de vista de los impugnadores, como una despectiva denominación eurocéntrica, como si las grandes culturas indígenas no hubieran existido hasta ese momento. Pero deja de serlo si se considera que los europeos no las conocieron hasta esa fecha, 0 sólo un exceso de amor propio puede tomar esa expresión como peyorativa. Lo que sí es reprobable es que se siga utilizando hasta nuestros días, cuando aun en aquel tiempo los espíritus europeos más elevados manifestaron su admiración por lo que habían encontrado en el Nuevo Continente.Desde esta legítima perspectiva, sería mejor hablar del "encuentro entre dos mundos", y que se reconocieran y lamentaran las atrocidades perpetradas por los sojuzgadores. Reconocimiento que debería venir acompañado por el inverso reconocimiento de los acusadores, admitiendo las positivas consecuencias que con el tiempo produjo la conquista hispánica. Bastaría tener presente que la literatura de lengua castellana ha producido en América, con una inmensa cantidad de mestizos, una de las literaturas más originales y profundas de nuestro tiempo. Si la leyenda negra fuera una verdad absoluta, los descendientes de aquellos indígenas avasallados deberían mantener atávicos resentimientos contra España, y no sólo no es así, sino que dos de los más grandes poetas de la lengua castellana de todos los tiempos, mestizos, cantaron a España en poemas inmortales: Rubén Darío en Nicaragua y César Vallejo en Perú.
Esa leyenda siniestra fue comenzada por las naciones que querían suplantar al más poderoso imperio de la época, entre ellas Inglaterra, que no sólo cometió en el mundo entero atrocidades tan graves como las españolas, pero agravadas por su clásico racismo, que aún perdura, cometido hasta hoy por el imperio norteamericano; no únicamente contra los indios, sino, luego, contra los llamados despectivamentehispanos, y fínalmente contra los italianos, en virtud de una doctrina según la cual Reagan es superior a Julio César, Virgilio, Horacio, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Galileo y tantos que hicieron por la cultura universal algo más que ese actor de tercera categoría. No, aquí no hubo esa inferioridad espiritual que es el racismo: desde Hernán Cortés, conquistador de México, cuya mujer fue indígena, hasta los que llegaron en aquella formidable empresa hasta el Río de la Plata se mezclaron con indios, y gracias al misterio genético tengo una hermosa nieta que sutilmente revela rasgos incaicos. Para no hablar de las notables creaciones del barroco ibérico en América Latina, que sutilmente difiere del de la metrópoli, de la misma manera que sucedió con nuestra lengua común: la ilustre lengua de Cervantes y Quevedo.
Vamos, todas las conquistas fueron crueles, sanguinarias e injustas, y bastaría leer aquel libro de un sacerdote belga en que narra los horrores, los castigos, las mutilaciones de manos y a veces hasta de manos y pies que sus burdos y viles compatriotas infligían a los negros que cometían un robo de algo que en el fondo les pertenecía. Y lo mismo podría repetirse con siniestra simetría con los alemanes, holandeses e ingleses. ¿Quiénes son ellos, qué virtudes tuvieron y hasta siguen teniendo, para haber forjado y seguir repitiendo la leyenda negra?
Es tina injusticia histórica olvidar los nombres que lucharon por los indígenas y por la conservación de sus valores espirituales, como fray Bernardino de Sahagún, la escuela de Salamanca con "derecho de gentes", y el nobilísimo dominico Bartolomé de las Casas, que defendió encarnizadamente a los indios y que, lejos de propiciar la trata de negros, como afirma una de las tantas falsedades de la leyenda, luchó por ellos en nombre de una religión que considera sagrada la condición humana. En fin, no se tiene presente que fueron hijos de españoles y hasta españoles que lucharon contra el absolutismo de su propia tierra los que insurgieron contra España, desde Bolívar en el norte hasta San Martín en el sur, nacido aquí, que combatió como coronel, heroicamente, contra la invasión napoleónica en la tierra de su padre, el capitán Juan de San Martín. Con razón, Fernández Retamar pone el caso de Martí, uno de los hombres más esclarecidos y nobles de nuestra independencia, orgulloso de sus padres españoles, que, al propio tiempo que defendía la legitimidad de una cultura nueva y propia, se declaraba heredero del Siglo de Oro hispánico. Para no referirnos a tanto mestizo ilustre, como Bernardino Rivadavia en mi país, con negros en su pasado y quizá hasta con indios, y a mi amigo Nicolás Guillén, el cubano que en un conmovedor poema se refiere a su abuelo español y a su abuelo africano, ejemplar síntesis de nuestro mestizaje.
Todo este asunto está vinculado al problema de la famosa "identidad de una nación", problema bizantino por excelencia. Se habla mucho de "recobrar nuestra identidad americana". Pero ¿cuál y cómo? Al decir yanuestra, gente como yo, que se considera entrañablemente argentino, quedaría eliminado porque mis padres fueron europeos, como la mayor parte de los miembros de nuestra nación. ¿Cuál identidad, pues? ¿La de los indios nómades y guerreros que recorrían nuestras inmensas llanuras casi planetarias, donde ni siquiera hubo antiguas civilizaciones como la de los incas, mayas o aztecas? Una tierra que se ha hecho con el hibridaje de españoles, indios, italianos, vascos, franceses, eslavos, judíos, sirios, libaneses, japoneses y ahora con chinos y coreanos, ¿Y qué idioma reivindicar? Es curioso que buena parte de los que se proponen esta recuperación de nuestra identidad hablan en buena y longeva lengua de Castilla, y no en lenguas indígenas. Paradójica forma de reivindicar lo autóctono.
Y aun dejando de lado las inmigraciones que hemos tenido en este siglo, quedarían, como bien escribe Uslar Pietri, tres protagonistas: los ibéricos, los indios y los africanos, pero sin duda sería la cultura Ibérica la dominante, desde el momento en que esas tres sangres entraron en esos complejísimos procesos de la fusión y el mestizaje, dejando de ser lo que habían sido, en usos y costumbres, religión, alimentos e idioma, produciendo un nuevo hecho cultural originalísimo. No como en la América anglosajona o en el coloniaje europeo de Europa y Asia, donde hubo simple y despreciativo trasplante.
Hablé antes de bizantinismo, porque estos falsos dilemas nos traen a la memoria los céle-
Fuente: Diario El País (España). 02 de enero de 1991.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Breve historia de Madre de Dios. Conmemoración del centenario.

Cien años de Madre de Dios

Por: Antonio Zapata Velasco (Historiador)
En diciembre de 1912, el gobierno de Guillermo Billingurst elevó Madre de Dios a la categoría de departamento. En ese momento,  estaban llegando a su fin treinta años de auge del ciclo del caucho.
Las gomas habían transformado la selva, generando su violenta incorporación a la heredad patria. Hasta entonces, Madre de Dios era habitada por grupos étnicos amazónicos y el estado no se había hecho presente. Pero, al inventarse la vulcanización del caucho, empezó el ciclo gomero, inicialmente en Brasil y al llegar al Perú, primero alcanzó a Loreto y llegó tarde a Madre de Dios.
El mismo río era mal conocido y circulaban noticias vagas sobre su curso. El famoso Carlos Fermín Fitzcarraldo realizó un descubrimiento clave, que permitió recorrer la hoya del río Madre de Dios. Los caucheros llegaron con él, recogiendo el jebe que se hallaba en bosques naturales; no lo sembraban, tampoco cuidaban el árbol, dependiendo el tipo, lo sangraban o lo derribaban para extraer el látex. Por lo tanto, no eran sedentarios, sino nómades e iban destruyendo bosques a su paso. Eran grupos liderados por un patrón acompañado por unos treinta peones, que se adueñaban de un pedazo de la selva, antes de mudarse más allá, siempre peleando con los nativos.
El principal problema era mano de obra, no había suficientes trabajadores. Por lo tanto, recurrieron a una vieja práctica selvática, la correría contra grupos étnicos originarios. Hombres armados entraban a las aldeas, matando varones adultos y raptando mujeres y niños. Las mujeres eran empleadas como esclavas sexuales y los niños eran entrenados para luego ser incorporados como peones.
El caucho fue muy destructivo de la ecología y  de los seres humanos integrantes de las tribus amazónicas. Además, se acabó de súbito, cuando los ingleses trasplantaron el árbol a sus colonias de Java y Sumatra. Ahí sembraron plantaciones que eran mucho más eficientes y el precio se vino abajo, terminando con la producción en Sudamérica.  
Luego, Madre de Dios atravesó un largo letargo, hasta que, empezó una nueva fiebre, esta vez del oro. Desde las montañas andinas hasta la cuenca amazónica, en la región existe abundante oro. No está agrupado en vetas sino suelto en pepitas y corre por los ríos. Un sistema de dragas y el uso intenso de mercurio permite recuperarlo. La producción es inmensa, máxime cuando la crisis mundial ha disparado a las nubes el precio del metal precioso.
Nada detiene a las dragas, ni los operativos de las FFAA que se realizaron en el anterior gobierno ni las sanciones a sus operadores políticos, como el célebre “comeoro”, suspendido de su función como congresista. Al igual que en el ciclo anterior del caucho, los perdedores son el medio ambiente y la gente. Los químicos vienen destruyendo la selva, reemplazada por un páramo desértico. Asimismo, los jornaleros de los lavaderos son mal pagados y trabajan sin cuidado alguno. Sólo ganan los dueños del oro, que además fluye bastante por contrabando, burlando impuestos y dejando poco, también para el estado. Así, en el Perú, la periferia expresa crudamente los excesos del modelo de desarrollo.
Pero, levantándose sobre tantos problemas, se hallan notables esfuerzos por recuperar la identidad regional. Por ejemplo, la profesora Ángela Quispe ha publicado una historia local bastante solvente. Asimismo, el club regional en Lima ha estado muy activo y especialmente el comandante Carlos Schiaffino, quien ha recopilado los informes de la Junta Fluvial, que a comienzos de siglo XX, participó dinámicamente de la afirmación peruana en la región. Efectivamente, Schiaffino rescata a los héroes de la primera instalación del estado, ya que durante la era del caucho la región fue disputada con Brasil y especialmente con Bolivia.
A ese ánimo celebratorio de Madre de Dios se ha sumado la Municipalidad de Lima, a través de la galería Pancho Fierro, que ha inaugurado una interesante muestra fotográfica sobre tan alejado y querido rincón de la patria.
Fuente: Diario La República. Miércoles, 26 de diciembre de 2012