miércoles, 4 de enero de 2012

La Derecha e Izquierda peruana. Entre el centrismo democrático y el extremismo político.

Derechas e izquierdas

Por: Antonio Zapata (Historiador)

En estas mismas páginas, una semana atrás, Fernando Tuesta escribió sobre derechas e izquierdas en el Perú, sosteniendo que nuestra maduración política requeriría la conformación y solidez de ambas; asimismo, señalaba que el problema es su escaso desarrollo entre nosotros. Estando de acuerdo con su planteamiento, me surgen algunos puntos adicionales. En efecto, ¿cuáles son los actores que realmente operan en el espectro político nacional y por qué el subdesarrollo tanto de derecha como de izquierda?

De acuerdo al argumento del politólogo italiano Norberto Bobbio, derecha e izquierda son los puntos extremos de una línea política sobre la igualdad. En este caso, la izquierda somos quienes pensamos que la justicia social es la clave de la vida; mientras que, la derecha agrupa a los que proponen la desigualdad como necesaria para el progreso social.

Más adelante, el mismo Bobbio introduce un segundo elemento crucial, cual es la libertad. Una segunda línea iría de la tolerancia al fundamentalismo, atravesando tanto a izquierda como a derecha, definiendo en cada una de ellas a moderados y extremistas. Así, tenemos unas izquierdas ultras y otras democráticas, como igualmente aparecen derechas democráticas y fascistoides.

Los puntos básicos del espectro son cuatro y, mientras los extremos tienen escasas credenciales democráticas, los dos grupos al centro, en principio, tienen compromisos sólidos con las libertades ciudadanas. El problema del Perú no es la inexistencia de derecha e izquierda en general, sino la debilidad de sus versiones moderadas. Es decir, al revés que las democracias maduras, los extremos son relativamente más poderosos que las fuerzas ubicadas sea en centroizquierda o centroderecha.

Por ejemplo, el liderazgo radical estilo Walter Aduviri en Puno o Wilfredo Saavedra en Cajamarca tiene mayor aceptación social que los cuadros de izquierda que han acompañado a Ollanta Humala en Gana Perú. Los ultras disponen de mayores apoyos en bases que los moderados. Y, además, por muchos puntos.

Por otro lado, lo mismo ocurre al otro lado del espectro. El fujimorismo es más fuerte que los partidos democráticos de derecha. Es más, algunos de ellos pierden identidad y se ven arrastrados por la prédica de la derecha política y mediática más dura.

Lo que une a ambos extremismos es su voluntad de ocupar el escenario en solitario, eliminando a sus rivales e imponiendo su parecer. Aparentemente los ultrismos de derecha e izquierda se repelen y, efectivamente, la historia muestra ocasiones cuando el triunfo de uno ha significado la muerte del otro. Pero, no siempre es así. También se encuentra oportunidades donde los extremos colaboran para sabotear a los centristas y quebrar el triunfo de fuerzas tolerantes. Imponer el fundamentalismo es una consigna común a ambos ultrismos.

Pero, ¿por qué se imponen los extremistas sobre las fuerzas más tolerantes? En teoría porque algunos actores ceden su puesto a una quinta postura del espectro que suele permanecer oculta. Esta corresponde al partido que pretende no ser ni de izquierda ni de derecha, sino representar al conjunto nacional. Entre nosotros, ese es el papel del PNP y específicamente es la postura ideológica que en las últimas semanas ha defendido ardorosamente el presidente Humala.

La ambición de estar por encima de las dicotomías de justicia y libertad es una ilusión. Desde hace más de 200 años, en el Occidente dominado por el capitalismo, en toda ocasión importante, reaparecen derechas e izquierdas porque expresan bien las opciones y dramas de esta sociedad. Así, el deseo de superarlas fundamenta un movimiento oscilante, al estilo de la bola de billar, de banda en banda.

El verdadero problema es que gran parte de la izquierda democrática se ha subido a ese supuesto quinto nacionalista. Arriaron banderas en vez de apostar por una carta propia, dejando incompleto el espectro. Si en bases predominan los ultras es porque la izquierda moderada perdió fe en sí misma.

Fuente: Diario La República (Perú). 04 de enero de 2012.

Recomendado:

La diferenciación de campos entre la derecha y la izquierda. La combinación entre la justicia y la libertad.

Historia de los ultraortodoxos judíos. El sionismo y los ortodoxos judíos actuales.

"Judíos ortodoxos"

Por: Isaac Bigio (Historiador)

Uno de los hechos que ha sacudido a la sociedad israelí es que una mujer se negó a sentarse en la parte de atrás de un bus que va de Ashod a Jerusalén, tal y cual se lo exigían los ultraortodoxos que demandan una estricta separación de sexos en todas partes.

Al final ella persistió pues la ley está de su lado. No obstante el incidente ha demostrado cuanto poder han adquirido los que quieren que Israel devenga en una teocracia.
Los ultraortodoxos son una pequeña minoría dentro de los 15 millones de judíos del mundo, la misma que estaba en retroceso desde el avance del capitalismo liberal del siglo XIX, pero hoy éste se viene reanimando a la par que el fundamentalismo islámico.

Antes del siglo XX surgió el sionismo preconizando que los judíos debían tener su propio Estado para lo cual deberían retornar a Sión (Palestina). Los ortodoxos cuestionaron ello porque intentaban transformar a los judíos en una nación normal y secular, en vez de seguir siendo una religión minoritaria que se fortalece en medio de sociedades con religiones diferentes.

Aún hoy hay varias sinagogas que no aceptan a Israel. Un ortodoxo quien me invitó a su casa a pasar año nuevo hebreo me decía que en uno de los dos barrios judíos de Londres nunca se va a ver una bandera israelí y que su congregación quema éstas porque el sionismo quiere tornar al judaísmo de ser una religión de paz en un pueblo que hace guerras para imponer un estado hebraico sin el Mesías.

En sus inicios Israel era un Estado donde la mayoría de sus habitantes votaba por partidos socialistas y que desarrollaba granjas colectivas (kibutz), pero gradualmente este carácter se ha ido diluyendo. Muchos nuevos emigrantes judíos que provienen del Oriente o Rusia son anticomunistas o antiárabes.

Los ortodoxos han ido cambiando su actitud hacia Israel quien les da subvenciones y beneficios. En vez de desconfiar de él como antes hoy tratan de 'capturarlo'. Debido a que el sistema israelí se basa en mayorías parlamentarias y que todo nuevo gobierno requiere lograr ésta con el apoyo de uno o todos los partidos religiosos, los ortodoxos se mantienen en todas las distintas administraciones.

Israel, que nació pregonando ser un bastión de la democracia y el igualitarismo en el Medio Oriente, viene siendo absorbido por el fundamentalismo religioso que allí campea.

Fuente: Diario Correo (Perú). 03-01-12.

lunes, 2 de enero de 2012

Semblanza familiar de Luis Banchero Rossi, el gran magnate pesquero (1929-1972)

El gran Capitán: Luis Banchero Rossi

Por: Juan Hurtado Rossi

Hace cuarenta años, el 1 de enero de 1972, el ingeniero Luis Banchero Rossi pasó a la eternidad. Sus familiares y todos aquellos que lo conocían, acusaron el golpe al enterarse de su temprana y absurda muerte. Había sido asesinado en un confuso hecho en su residencia de Chaclacayo.

Su adorada madre, doña Florentina; sus queridos hermanos Juan, Olga y Mary; sus cuñados Enrique y Orlando; sus sobrinos (Agois-Banchero y Cerrutti-Banchero); familiares y amigos, así como ejecutivos y trabajadores del grupo Banchero, lamentaban, por cierto, esa irreparable pérdida.

La prensa nacional y extranjera informaban de tal suceso.

Hoy podemos decir que su trágica y prematura muerte, en la plenitud y madurez de sus facultades, significó una gran pérdida para la nación que dejó de contar con el aporte y el empuje de quien, por mérito propio y por muchas y variadas razones, fue calificado como el peruano que más fuentes de trabajo había aportado al país.

SUS INICIOS.

Banchero Rossi nació en Tacna el 11 de octubre de 1929, año de la reincorporación de ese departamento al seno patrio. Estudió primaria y secundaria en colegios estatales, demostrando capacidad e inteligencia. Culminó sus estudios secundarios en el colegio Coronel Bolognesi en el año 1945, con diploma de excelencia, mérito a su esfuerzo, disciplina y perseverancia.

Se ganó el respeto y admiración de sus compañeros de estudios, algunos de los cuales fueron, posteriormente, sus más cercanos colaboradores como Mario Castro Loureiro (piloto de su avión Fokker particular); Esteban Fantapie (gerente de cómputo); y Alfonzo Elejalde (gerente de finanzas de Oyssa, una de sus diversas empresas).

Sus primeras inquietudes empresariales tienen como escenario la ciudad de Trujillo donde había estudiado ingeniería química. Allí se lo recuerda haciendo sus primeros pinitos. Se inició elaborando y vendiendo jabón en barra en la pequeña industria de su tío Benito Rossi. Luego entraría a laborar en la distribuidora comercial Manucci, dedicándose a la venta de melaza, alcohol, ron de quemar, lubricantes, implementos, maquinaria y equipo agrícola.

COQUETEOS CON EL MAR.

Por razones de trabajo visitaba frecuentemente el puerto de Chimbote y, de regreso, compraba pescado fresco para venderlo en el mercado de Trujillo. Fue Chimbote donde más tarde iniciaría sus operaciones pesqueras, seguramente por algún presentimiento o visión empresarial a futuro. De esta manera se entregó de lleno a la industria pesquera, sobre la cual, años después, reposarían gran parte de sus proyectos empresariales.

En 1955 se asoció con don Carlos Manucci, fundando su primera fábrica en octubre de ese año. Un acontecimiento de gran alegría para él y sus trabajadores fue ver como "Florida" empezaba a producir. Después de superar una serie de obstáculos, como la escasez de bonito, materia prima para la actividad conservera, Banchero Rossi adquirió su primera embarcación pesquera de 51 pies, la que sería el inicio de una de las más importantes flotas pesqueras del país.

INQUIETO EMPRENDEDOR.

Las aspiraciones empresariales no tenían sosiego en este pujante y joven empresario. Así, al año siguiente, da otro gran paso al asociarse con Wilbur Ellis, un experimentado inversionista de la pesca industrial con quien forma la Compañía Industrial Pesquera del Pacífico Sur, una planta de harina y aceite de pescado que, posteriormente, se llamó "Pesquera Humboldt".

Pero las proyecciones de Banchero no tenían límites y buscó nuevos inversionistas. Fue así como se asoció con Martin Bogdanovich, propietario de la Star Kist Peruana, logrando formar su tercera gran empresa, la pesquera "Los Ferroles". Posteriormente compraría plantas y equipos usados en Monterrey (México) y California (EE.UU.), dándole un nuevo impulso a su conglomerado empresarial.

Nuevas inversiones se abrieron paso desde Punta de Pejerrey hasta el puerto de Ilo, con nuevas plantas de harina y aceite de pescado, instaladas en casi toda la costa peruana. De ello son testigos Chimbote, Chicama, Supe, Huarmey, Huacho, Casma, Callao, Cerro Azul, Pisco, La Planchada y Mollendo.

FLOTA PESQUERA Y ASTILLEROS.

De esta forma llegó a contar con una flota pesquera de más de 200 bolicheras, identificadas con los colores verde, blanco y rojo. Sus fábricas producían grandes cantidades de harina y aceite de pescado, productos de gran demanda mundial que, por lo demás, retornaban al país convertidos en divisas para el desarrollo nacional.

Pero Banchero no se quedó allí. En 1962 incursionó en la construcción de embarcaciones pesqueras instalando astilleros en el Callao y Chimbote. También se abrió paso en la venta de pescado para consumo humano.

INDUSTRIA EDITORIAL.

En junio de 1962 puso su mira en un terreno diferente. Lanzó el diario "Sur" en Tacna, lo que hoy es "Correo" de esa ciudad. Un año después instaló plantas de impresión en Piura, Arequipa, Huancayo y Lima para imprimir el diario "Correo" en esas ciudades. Fue de esta manera como apareció Empresa Periodística Nacional S.A. (Epensa). En 1968 gana las calles el diario "Ojo", hermano menor de "Correo", pero con su propia personalidad, más juguetón, más enraizado en la gente joven y con amplia llegada en los sectores populares emergentes.

El Grupo Banchero centralizó el control y operaciones de sus empresas en un edificio del Centro de Lima, en el jirón Huancavelica, donde funcionaba la empresa "Operaciones y Servicios S.A." (Oyssa) que contó con uno de los primeros sistemas de cómputo de la IBM 360 en el Perú.

LAS 200 MILLAS.

Banchero Rossi fue el pionero e impulsor de la ocupación del mar peruano. Pensaba y expresaba que la mejor defensa de la tesis de las 200 millas se consolidaba y afianzaba con el real uso y explotación del mar peruano.

Luis Banchero Rossi tuvo una vida cronológica relativamente breve, pero larga en realizaciones. Cuentan sus familiares que era amable, sensible y cariñoso.

Sus amigos lo consideraban una persona honesta y trabajadora, hombre cordial y servicial, alegre y conversador. Para los empresarios era digno de admiración por su forma de ser, no sólo como persona sino como peruano. Era la imagen del empresario que cree en el desarrollo económico a base del esfuerzo, del trabajo conjunto y de la inversión. Era audaz, arriesgaba todo. Parecía que no le quedaba tiempo para nada más, solo para trabajar.

Con él nació el prototipo del empresario peruano moderno, que ama al Perú y a su gente. Mantenía un radiante optimismo, pero el éxito no le dio solemnidad. El país esperaba mucho más de él.

MUY VERSATIL.

Las empresas que había forjado se multiplicaron en muy corto tiempo. Banchero Rossi incursionó en diversas actividades. Fue director del Banco de Crédito, constituyó la empresa Naviera Humboldt, adquirió más de cinco barcos graneleros (entre ellos el "Huandoy" y el "Salcantay"), fue propietario de la aseguradora "Panamericana", especializada en seguros de pesca, fundó "Editoriales Unidas" (dedicada a la impresión en papel), incursionó en minería de oro y plata en Puno y Acarí (Arequipa), y hasta fue promotor del equipo de fútbol Defensor Lima.

Dirigió "Correo" en un momento difícil para la democracia en el Perú, pero impuso sensatez en su línea editorial, demostrando una esclarecida y profunda conciencia nacional.

MUY HUMANO.

Siendo presidente de la Sociedad Nacional de Pesquería, promocionó la investigación científica del océano Pacífico, cediendo un barco de investigación a Imarpe. Pero no solo eso, también donó equipos para impulsar la pesca artesanal y la conservación de sus productos.

De él se ha dicho que fue un profesional digno, un ciudadano ejemplar, un hombre de empresa, magnate y propietario de uno de los grupos empresariales más grandes del Perú, cuya obra siempre estuvo al servicio de su país al que tanto amaba.

Convirtió al Perú en un gigante pesquero, pues levantó un emporio industrial pesquero de la nada, en un país de economía incipiente donde hacer empresa era no solo un riesgo sino, también, una proeza. Apoyó innumerables proyectos sociales como la Caja Social del Pescador, la Central Hidroeléctrica del Mantaro y la creación de un puerto comercial industrial en Morro Sama (Tacna).

UN EJEMPLO.

Que la vida de Luis Banchero Rossi sea un bello ejemplo de valores para la juventud actual, porque fue el prototipo y paradigma de la nueva clase empresarial nacional, porque supo derrotar las dificultades con su espíritu triunfador, siendo el gran constructor de la industria pesquera peruana y el motor principal para ubicar al Perú en el primer plano mundial de la pesca, demostrando con su acción, obra y pensamiento la importancia que tiene para cualquier país en desarrollo la explotación de sus recursos naturales, mediante la inversión privada, pero con responsabilidad social. En síntesis, es un verdadero símbolo y ejemplo de una vida dedicada íntegramente al trabajo y al Perú.

Fuente: Diario Correo (Lima). 01 de enero del 2012.

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Genocida nazi y la muerte del magnate pesquero Luis Banchero Rossi.

Klaus Barbie y la red nazi latinoamericana: El asesinato de Luis Banchero Rossi.

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Libro "Guerreros y Civilizadores". El discurso de la superioridad política y moral chilena en la Guerra del Pacífico.

Guerreros y Civilizadores

Por: Eduardo Dargent (Politólogo)

Carmen McEvoy nos tiene acostumbrados a excelentes libros. Desde sus primeros escritos sobre Manuel Pardo y su tiempo, pasando por sus estudios sobre personajes tan admirables como trágicos (el coronel Juan Espinosa o Luis Arnaldo Márquez, por ejemplo) y sus ensayos sobre la república temprana, los trabajos de Carmen han iluminado momentos de la historia nacional poco estudiados. Además de interesantes, están escritos de una manera amena, que permite leerlos como una buena novela. Pero creo no exagerar al decir que su reciente Guerreros y Civilizadores: Política, Sociedad y Cultura en Chile Durante la Guerra del Pacífico (Lima. Centro de Estudios Bicentenario-Perú, 2011) es el mejor de todos sus trabajos.

El libro mira a la guerra desde el lado chileno. Con un prolijo análisis de fuentes, entre ellas el archivo personal del historiador Vicuña Mackenna, McEvoy propone que la guerra del Pacífico sirvió a Chile para desarrollar su Estado, su economía, pero además para construir un discurso civilizatorio, una narrativa de nación avanzada que promoviese su ingreso entre las potencias del mundo.

Esta narrativa civilizatoria justificó la guerra por las afrentas de unos vecinos traicioneros y ambiciosos, y explicó el triunfo de Chile por su superioridad política y moral. Esta historia que opone guerreros civilizadores a salvajes corruptos se construyó de a pocos, gracias a una efectiva acción de élites políticas y religiosas, donde la prensa y el sermón fueron fundamentales (“armas de persuasión masiva”). El discurso civilizatorio fue tan poderoso que se mantuvo vivo, incluso entre historiadores respetables contemporáneos, minimizando las causas económicas del conflicto y, más interesante, obviando la importancia de la guerra en el desarrollo económico, social y político de Chile.

Apoyándose en sus investigaciones y en los estudios de historiadores chilenos, McEvoy propone que Chile nunca más fue el mismo tras su victoria. Más que evidencia de un país consolidado y poderoso antes de la guerra, el libro muestra cómo la guerra y la ocupación permitieron resolver una serie de tensiones sociales y políticas internas. Chile no fue a la guerra consolidado, y por eso la ganó. Chile usó la guerra para consolidarse, mejorar su administración y fortalecer su economía. El estudio trasciende el caso de la guerra del Pacífico para dialogar con lo que ha sido la guerra y sus objetivos en la historia de la humanidad; entre esos objetivos están brindar narrativas de cohesión interna y pasados gloriosos para las futuras generaciones.

El libro está escrito sin ánimo de denuncia, sin ese tono patriotero simplón que de lado y lado han llevado a odios centenarios. Para McEvoy “un acercamiento a la guerra como epopeya o tragedia solo simplifica los “usos de la guerra”. No se denuncia a Chile, se le entiende, sin que por ello la autora deje de mostrar en diversos pasajes lo difícil y doloroso del esfuerzo. Lo que hay es un intento honesto, comprometido, de entender cómo se construyó una narrativa triunfal del pasado en nuestro vecino del sur que indirectamente también ha permeado a los vencidos. Creo que esfuerzos serios y honestos como este permitirán un futuro menos crispado entre nuestros países.

Fuente: Diario 16 (Perú). 01/01/12

Recomendados:

Libro: Guerreros civilizadores. Carmen Mc Evoy. Nuevas perspectivas de la Guerra del Pacífico.

Historiador chileno Manuel Vicuña. Comentario al libro Guerreros civilizadores, de la historiadora peruana Carmen Mc Evoy.

Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin, ensayo del historiador Timothy Snyder (EEUU, 1969).

El horror no fue (sólo) el holocausto

El historiador Timothy Snyder revela que 14 millones de personas no combatientes fueron asesinadas entre 1933 y 1945 por las políticas criminales de Hitler y Stalin en el Este de Europa.

Por: Peio H. Riaño

A las orillas de la Historia llegan nuevas olas de espanto. Casi ocho décadas han tardado en aparecer los 14 millones de personas que, en tan sólo 12 años, entre 1933 y 1945, Hitler y Stalin asesinaron en una estrecha franja de tierra olvidada por la Historia. Todas ellas fueron víctimas de políticas criminales, no bajas de la II Guerra Mundial. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Sin armas. Eran ciudadanos de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Bielorrusia, Ucrania y de la franja occidental de la Rusia soviética. Países asfixiados entre el nacionalsocialismo y el estalinismo, entre Berlín y Moscú, donde vivía la mayoría de los judíos de Europa, donde los planes imperiales de Hitler y Stalin se solaparon, donde la Wehrmacht y el Ejército Rojo se enfrentaron y donde la NKVD soviética y las SS alemanas concentraron sus fuerzas.

Los crímenes de Stalin se asocian con Rusia y los de Hit-ler con Alemania, pero la zona más mortífera de la Unión Soviética fue su periferia no rusa, mientras que los nazis mataban generalmente fuera de Alemania. "Se suele identificar el horror del siglo XX con los campos de concentración, pero no fue en ellos donde murió la mayor parte de las víctimas de los dos regímenes", explica el historiador Timothy Snyder (EEUU, 1969) en Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin, ensayo publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. "Ese malentendido en cuanto a los lugares y a los métodos de los asesinatos en masa nos impide percibir todo el horror del siglo XX", asegura.

Las cifras de la infamia

Esta historia de asesinato político en masa recalca que en los campos de concentración alemanes murieron "en torno a un millón de personas sentenciadas a trabajos forzados". Snyder reconoce que no puede hacerse una distinción exacta entre los campos de concentración y los centros de exterminio, porque también en los campos se ejecutaba o se mataba de hambre a las personas. Pero aún así distingue: en las cámaras de gas, en las zonas de hambre y en los campos de exterminio alemanes "murieron diez millones de personas".

En cuanto al gulag: un millón de vidas truncadas por agotamiento y enfermedades, entre los años señalados. Pero en los campos de exterminio y las zonas de hambre soviéticas murieron seis millones de personas, de las cuales unos cuatro millones perecieron en estas tierras de sangre. "El 90% de los que entraron en el gulag salió con vida. La mayoría de los que entraron en los campos de concentración alemanes también sobrevivió", defiende atrevido Snyder en el libro, para quien hay una diferencia entre "ser sentenciado a un campo y ser sentenciado a muerte, entre el trabajo y el gas,entre la esclavitud y las balas".

¿Por qué aquella barbarie? Hitler no sólo deseaba destruir al pueblo judío por completo, sino devastar Polonia y la Unión Soviética, "exterminar sus clases dominantes y matar a decenas de millones de eslavos". Stalin, en nombre de la defensa y la modernización de la URSS, supervisó la muerte por inanición de millones de personas. "Stalin mataba a sus conciudadanos con tanta eficacia como Hitler eliminaba a ciudadanos de otros países", sentencia el historiador norteamericano.

El hambre fue el método más frecuente de asesinato en masa en los años treinta y cuarenta, "antes que las balas y el gas". La cuarta parte de las 14 millones de víctimas fue asesinada, según Snyder, antes de que empezara la II Guerra Mundial. La inanición, verdadera arma de destrucción masiva. "El hambre es una manifestación terrible del control político. Se requiere una gran cantidad de poder para conducir a un pueblo a la inanición", reconoce el profesor en la Universidad de Yale a Público.

"La Alemania nazi y la Unión Soviética tuvieron ambiciosos proyectos ideológicos que definieron el territorio. Lo que es crucial es que estas dos visiones se superponen en un mismo territorio", reconoce al enfatizar su descubrimiento. Doctorado en Oxford e investido en las universidades de París, Viena, Varsovia y Harvard, Tierras de sangre es la primera traducción al castellano de un estudio de este especialista en la Historia de Europa central y del Este, así como del Holocausto.

En los próximos meses, la editorial Taurus publicará la última obra de Tony Judt, Pensando el siglo XX, firmada en pareja con Timothy Snyder, donde dialogan sobre los acontecimientos del pasado siglo. Se reunieron una vez por semana durante seis meses con largas conversaciones y juntos las editaron para el libro. "Hablamos sobre la historia de las ideas políticas en el siglo XX, el marxismo, el nacionalismo, el fascismo, la socialdemocracia. Y también sobre el papel de los intelectuales en la política", adelanta.

El mapa de la muerte

El estudio que ahora llega a las librerías se detiene en aspectos militares, políticos, económicos, sociales, culturales e intelectuales. Y, por supuesto, geográficos. No una geografía política, sino una geografía de las víctimas. Porque el corazón de la investigación de Snyderes demostrar cómo estas tierras no fueron un territorio político, sino los lugares donde los regímenes más crueles de Europa realizaron su obra más mortífera. Cuando comienza la II Guerra Mundial, los soviéticos ocupan los países bálticos y Polonia oriental; a continuación, los alemanes invaden la URSS, en 1941, es decir, ocupados por segunda vez; y triple ocupación, cuando el poder soviético vuelve en 1944. Una experiencia peligrosa y mortal.

Según sus cálculos, el régimen estalinista asesinó a unos seis millones de personas deliberadamente y el régimen nazi a 11 millones. "Si añadimos a todas estas personas aquellas que perecieron por enfermedad o hambre en los campos de concentración, el número aumenta a alrededor de nueve millones de personas más para los soviéticos y unos 12 millones para los alemanes", aclara el historiador. Naturalmente, a esos números estremecedores hay que sumar la muerte de los militares. "Estas son una responsabilidad alemana", señala Snyder para destacar la liquidación nazi. Curiosamente, esta fue también la parte del mundo más mortífera para los soldados: alrededor de la mitad de las bajas militares de la contienda cayeron allí.

Belzec, Sobibor, Chelmno, Treblinka, Auschwitz y Majdanek, territorios del mal. Lugares en los que se aceleró el exterminio judío a partir de 1941, cuando la guerra no iba como Hitler había imaginado. Y todavía podía haber sido más horrible: la versión original de la "solución final" de Hitler debía tener efecto después de la guerra. Con la victoria, preveía la aniquilación de "30 millones de civiles, que habrían muerto de hambre durante el primer invierno". "El riesgo de asociar esto al mal es que lo deshumanizamos y dejamos de entender lo que los humanos son capaces de hacer", advierte.

Por si todo esto fuera poco, por si se pensaba que las fotografías y filmaciones de los campos de concentración alemanes eran la cúspide del espanto, Timothy Snyder las califica de "atisbo" del pánico. Porque nadie pudo dar testimonio de las "tierras de sangre". "Las fuerzas británicas y estadounidenses liberaron campos de concentración alemanes como Belsen y Dachau, pero nunca llegaron a ninguno de los centros de exterminio importantes", añade, para señalar que la verdadera dimensión de las matanzas ha tardado en llegar y otras se han perdido. Los crímenes del estalinismo quedaron sin documentar y las fuerzas aliadas "nunca vieron ninguno de los lugares donde los alemanes perpetraron sus masacres". Y, aún así, nadie puede olvidarlos.

Fuente: Diario "Público" (España). 02/01/2012.

domingo, 1 de enero de 2012

La poslegalidad en EE.UU y Europa: del acoso democrático al ocaso democrático.

El ocaso democrático

Por: Juan Gabriel Tokatlian. Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella (Argentina).

Una de las tantas paradojas actuales es que mientras en la periferia muchas sociedades y Gobiernos intentan ampliar los derechos ciudadanos, en varios países centrales se pretende desvertebrar el Estado de derecho. En América Latina y, en tiempos recientes, en Oriente Próximo y el norte de África con la llamada primavera árabe, se observan impulsos y logros importantes en el reclamo y la extensión de derechos y garantías de diverso tipo. Inversamente, en países clave de Occidente, y desde el 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos se denota un esfuerzo desde el Ejecutivo y el Legislativo (y con pocas limitaciones por parte del Poder Judicial) de recortar y suprimir derechos alcanzados con enorme esfuerzo colectivo. Con el presunto objetivo de proteger la seguridad nacional en Estados Unidos se ha gestado una compleja estructura jurídica, burocrática e institucional cívico-militar que ha configurado de hecho una condición de inseguridad permanente; meta que al parecer ha logrado alcanzar el terrorismo transnacional a una década de los atentados en Nueva York, Washington y Filadelfia.

En ese contexto, la poslegalidad tiende a imponerse: se trata de una situación en la que el derecho interno e internacional se manipula, se desconoce o se quiebra a expensas de un bifronte Estado gendarme que opera con escasa rendición de cuentas hacia adentro y con excesivo despliegue militar hacia afuera. Lo poslegal no es patrimonio exclusivo de Estados Unidos -recientemente la secretaria del Interior de Reino Unido, Theresa May, sugirió la necesidad de deshacerse de la Ley de Derechos Humanos de 1998-, pero tiene su manifestación más elocuente e inquietante en aquel país.

La poslegalidad se exacerba en Estados Unidos en medio de una fenomenal crisis económica y ante una ciudadanía que, ante la incertidumbre y de modo confuso, se expresa contradictoriamente frente al delicado balance entre seguridad y libertad. Por ejemplo, en junio de 2010 una encuesta a cargo de Rasmussen Reports indicaba que el 28% de los estadounidenses consideraba que era una mala idea el control civil de los militares y apenas el 44% consideraba bueno dicho control. Pero, a su vez, en una encuesta de Gallup efectuada en septiembre de 2011 un 49% de los entrevistados consideraba que el Gobierno federal era "una amenaza inmediata a los derechos y libertades individuales".

La poslegalidad, por vía de presuntos términos legales, rápidamente asimilados por los medios de comunicación y los principales líderes políticos nacionales, naturaliza un nuevo lenguaje que facilita el desprecio por los derechos. Así, en vez de referirse a la tortura se habla de "técnicas acrecentadas de interrogación"; el secuestro extraterritorial de personas, realizado de manera clandestina por funcionarios, se denomina "entrega extraordinaria"; las ejecuciones extrajudiciales se justifican en el marco de las "hostilidades" contra "militantes"; y a las guerras punitivas contra países que no han atacado a Estados Unidos se las llama "acción militar cinética".

La poslegalidad tiene símbolos: Guantánamo y Abu Ghraib. Tiene puntos clave de construcción conceptual: las oficinas del Legal Advisor del Departamento de Estado, del General Counsel del Departamento de Defensa y del Special Counsel de la Casa Blanca. Tiene un mapa de referencia para su racionalización y justificación: la "guerra contra el terrorismo". Y tiene continuidad política bipartidista: desde George W. Bush a Barack Obama.

Ahora bien, tres asuntos han puesto en evidencia el desbordamiento de la poslegalidad de Estados Unidos. Primero, el incesante uso de vehículos aéreos no tripulados (unmanned aerial vehicles), los denominados drones, en Asia (Irak, Afganistán y Pakistán) y África (Libia, Somalia y Yemen). El recurrente uso de aquel medio de combate -al que hay que sumar un fracasado intento reciente en Irán- ha llevado a debatir en torno a la "guerra de los drones"; un modo de enfrentamiento a distancia, sin grandes contingentes en condición de combate frontal, presuntamente de alta precisión y más económico que el despliegue de tropas. El recurso a los drones ha implicado, entre otras, cierta facilidad para lanzar ataques en los que las bajas propias son casi inexistentes, bastante indiferencia de una opinión pública que apenas si conoce el tema y que, en general, no padece costo alguno inmediato después de su utilización, y un ascendente papel militar de los órganos de inteligencia dado que es la CIA la encargada del sistema de lanzamiento. Si bien en 2009 el Informe del Relator Especial de la ONU para Ejecuciones Extrajudiciales, Philip Alston, sugería que los drones podrían violar el derecho internacional humanitario, nada parece haber conducido a replantear su uso por parte de Washington.

Segundo, en septiembre pasado el Gobierno de Barack Obama fue un paso más adelante en esta materia. En un "panel secreto", y con aval presidencial, autorizó dar de baja a dos estadounidenses, Anwar al Awlaqi y Samir Khan, mediante misiles lanzados desde un vehículo aéreo no tripulado. En los dos casos no hubo una acusación formal, no se pretendió su arresto ni se buscó poner en marcha el debido proceso. Ni la Constitución ni las enmiendas 5, 6 y 14 fueron tenidas en cuenta para llevar a cabo este targeted killing.

Y tercero, más recientemente, en la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2012 y con una votación de 93 a 7, el Senado aprobó que cualquier estadounidense sospechoso de terrorismo puede ser detenido indefinidamente por autoridades militares (al tiempo que aumenta las restricciones para no trasladar los prisioneros de Guantánamo a territorio continental estadounidense). Para algunos observadores esta legislación es un serio revés al Estado de derecho. Organizaciones de derechos civiles y voces liberales demandan y se consuelan con un eventual veto del presidente Obama.

Los tres ejemplos mencionados apuntan a subrayar que en Estados Unidos la legalidad está en entredicho y que lo poslegal se está tornando en lo habitual. Más temprano que tarde esto tendrá un efecto devastador sobre la democracia en aquel país. Lo que tendrá, y de hecho ya tiene, reverberaciones por fuera de Estados Unidos. En ese caso se habrá dado un paso abismal: del acoso democrático al ocaso democrático.

Fuente: Diario El País (España). 02/01/2012

sábado, 31 de diciembre de 2011

Historia del golpe de Estado contra Mijaíl Gorbachov. La disolución del poder soviético relatada a través del libro: "La tumba de Lenin".

Ocaso soviético

Gorbachov. Últimos días en el poder

En 1991, David Remnick, corresponsal de The Washington Post en Moscú, fue testigo del golpe de Estado contra Mijaíl Gorbachov y de la disolución del poder soviético. Lo que vio e indagó quedó magistralmente retratado en La tumba de Lenin, libro que se publica por primera vez en español, justo cuando se cumplen 20 años del colapso de la Unión Soviética.

Por: Ángel Páez (Periodista)

Anatoly Lukyanov era uno de los pocos jerarcas de la Unión Soviética que disfrutaban de la amistad del presidente Mijaíl Gorbachov. Eran amigos desde los años cincuenta, cuando se conocieron en la Universidad Estatal de Moscú. Presidente del Soviet Supremo y poeta con libros publicados, a Lukyanov le encantaba expresar su lealtad a Gorbachov escribiéndole versos cargados de exaltadas referencias a su liderazgo. Por eso, cuando le contaron a Gorbachov que uno de los conspiradores que buscaban derrocarlo era Anatoly Lukyanov, dudó mucho antes de aceptarlo; creía que un poeta era incapaz de tamaña felonía. Equivocado estaba: nada exime a un poeta de uno de los mayores lastres de la condición humana: la traición.

El episodio de Gorbachov y Lukyanov lo relata el periodista David Remnick en el libro La tumba de Lenin: los últimos días del imperio soviético (1993), que describe la desintegración de la Unión Soviética. Muchos años antes, en 1917, otro reportero norteamericano, John Reed, fue testigo de la revolución de octubre que condujo al poder a los comunistas liderados por Vladimir Ilich Lenin. Su libro Diez días que estremecieron al mundo (1919), una vibrante narración de aquella gesta revolucionaria, se convirtió en un clásico del periodismo. Setenta y cinco años después de la victoria bolchevique descrita por Reed, a David Remnick, corresponsal de The Washington Post, le tocó informar sobre la disolución del más grande imperio comunista. Es irónico: dos reporteros nacidos en el país que fue el más fiero enemigo del poder soviético escribieron los mejores relatos sobre el apogeo y debacle del primer régimen comunista de la historia.

De la emoción al espanto

La gran ventaja de ambos fue haber estado en el mismo lugar de los hechos y hablar con sus protagonistas. A Reed le fue más fácil porque era un partidario de la revolución. El propio Lenin escribió el prólogo de su libro. Pero en la época en que Remnick se encontraba en Moscú, fines de los ochenta, el trabajo de un reportero yanqui era difícil, más aún si los servicios secretos lo consideraban un espía camuflado. No obstante, Remnick estableció contactos en la “nomenklatura”, la élite soviética. Allí se enteró de que el ala derecha del partido se negaba a aceptar la “glasnot” y la “perestroika”, las reformas que Gorbachov estaba impulsando. También se oponía a la suscripción de un nuevo tratado de la unión de las repúblicas socialistas soviéticas, lo que iba a desatar un proceso de democratización. Los enemigos de Gorbachov advertían que si firmaba el documento el poder centralista en que se sustentaba la URSS se disolvería. En ese trance se encontraba el país cuando el 18 de agosto de 1991 Remnick partió de regreso a Nueva York. Su misión de corresponsal en Moscú había terminado. Pero ni bien aterrizó en su país escuchó una noticia estremecedora: Gorbachov había sido víctima de un golpe de Estado. Remnick tomó el primer avión a Moscú y llegó a tiempo para ser testigo del colapso del totalitarismo soviético. Vería con espanto lo que John Reed vivió con emoción.

“Ningún buen reportero es tan vanidoso como para suponer que la historia se está cristalizando únicamente ante sus ojos; sin embargo, ninguno de los periodistas que trabajaban en Moscú durante los años del derrumbe del comunismo pudo dejar de sentir estupefacción ante la situación que le tocaba presenciar”, escribe Remnick en la primera edición en español de La tumba de Lenin (2011), al cumplirse veinte años del fin de la URSS. Nadie podía creer que un puñado de jerarcas civiles y militares, ancianos y borrachos, temerosos de perder privilegios montaran el más incompetente de los golpes de Estado que registra la historia. Pero así fue.

El 18 de agosto de 1991 el vicepresidente de la URSS, Gennadi Yanayev, depuso a Mijaíl Gorbachov. Yanayev estaba ebrio. Los conjurados, que maquinaban sus planes hacía más de un año, aprovecharon que Gorbachov vacacionaba en el balneario de Foros, Crimea, para expectorarlo.

Reunidos en un local del KGB, en las afueras de Moscú, bebieron como cosacos y luego se trasladaron al despacho del primer ministro, Vladimir Pávlov. Allí convencieron a Yanayev. Debía declarar el estado de emergencia y asumir las atribuciones de jefe de Estado. Tiempo después, durante el proceso judicial a los golpistas, el ex ministro de Defensa Dimitri Yazov reveló a los fiscales que en el momento en que resolvieron deponer a Gorbachov, “Yanayev ya se encontraba absolutamente borracho”. Yazov también contaría que en realidad nunca hubo un plan. Mientras Gorbachov disfrutaba con su esposa Raisa de los baños del sol en Crimea, los conspiradores creyeron que era la oportunidad de deshacerse de él. “No estoy seguro de poder describir cuán difícil es ganarse la fama de borracho”, escribió Remnick sobre Gennadi Yanayev, el hombre que salió a dar la cara por televisión para informar que él era el nuevo número uno de la URSS: “Era un hombre vanidoso y de escasa inteligencia, mujeriego y alcohólico. Pero no era tan solo un borracho, también era un bufón”.

El golpe de los tontos

Para Remnick el colapso soviético fue una sucesión de equivocaciones. Si Yanayev era un ebrio como todos los conspiradores, Gorbachov era despistado e incompetente. En Moscú se hablaba de lo que estaba tramando el ala derechista del partido, pero él no quería aceptarlo. Suponía que por ánimo de sobrevivencia lo respaldarían. “Fue el primer golpe de Estado anunciado por la prensa”, escribe Remnick. En efecto, los periódicos contrarios a Gorbachov amenazaban con una rebelión si continuaba otorgándoles autonomía a las repúblicas soviéticas, una exigencia que lideraba Boris Yeltsin. Todos miraban con asombro cómo alguien serruchaba un círculo bajo los pies de Gorbachov.

Pero él no quería aceptarlo.

Las advertencias llegaron incluso desde los Estados Unidos. El Secretario de Estado, James Baker, confió a su contraparte soviética, Alexander Bessmertnij, que sus servicios secretos detectaron que se preparaba una asonada contra Gorvachov y le pidió entregarle el mensaje. Baker dio los nombres de los implicados: el primer ministro, Valentín Pávlov; el ministro de Defensa, mariscal Dmitri Yazov; y el jefe del KGB, Vladimir Kryuchkov, entre otros. La información llegó a Gorbachov. Semanas después Baker preguntó a Bessmertnij qué hizo el Presidente con los instigadores. Respondió que convocó a Pávlov, Yazov y Kryuchkov, les pidió a gritos que dejaran de jugar a los conspiradores. Y los dejó en sus puestos.

Apresado Gorbachov en Foros, los golpistas organizaron el control de Moscú. Pensaron en asaltar la Casa Blanca, como se llama a la sede del Parlamento, desde donde Yeltsin erosionaba el poder de los jerarcas soviéticos. Pero como todo había sido improvisado, ni siquiera los golpistas estaban seguros de lo que hacían. Eso minó su precaria unidad. Por eso, cuando el Comité de Emergencia se reunió en el Kremlin con Yanayev a la cabeza, preguntó: “¿realmente hay alguien entre nosotros que desee tomar por asalto la Casa Blanca?”. “No hubo respuesta”, relata Remnick: “Cuando Kryuchkov (el jefe del KGB) dijo que según los informes recibidos de todo el país el comité contaba con un amplio apoyo, Yanayev dijo que no, que había estado recibiendo telegramas que decían exactamente lo contrario. El golpe fracasaba”.

En un intento por revertir la situación se propuso detener a Boris Yeltsin. Pero ya parecía demasiado tarde para hacerlo. El 21 de agosto Yeltsin encabeza la marcha contra los derechistas. Si lo detenían o mataban, estallaría una rebelión de incalculable dimensión. Yazov, ante la evidencia de que solo quedaba imponer la violencia si deseaban continuar en el poder y lo que eso significaba en vidas humanas, optó por renunciar y ordenar que las tropas regresaran a sus cuarteles. “No seré otro Pinochet”, dijo. Era el fin del golpe.

El fin del imperio

Gorbachov recibió la noticia en Foros y preparó su retorno al poder. Otra vez, se equivocaba. Así como no les dio la dimensión que les correspondía a las fuerzas que se oponían a las reformas, tampoco supo medir las consecuencias del frustrado “putsch” de la derecha comunista. Gorbachov volvió a la presidencia sin percatarse de que el fin estaba cerca. ”Regresó con su familia a Moscú, donde lo esperaba una gélida recepción de su rescatador y rival, Yeltsin. Él creía que había vuelto al poder; en realidad, había regresado a la capital para presenciar la transformación del mundo tal como él lo había conocido hasta entonces”, escribe Remnick.

El 8 de diciembre de 1991 se formó la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que representó la liquidación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Gorbachov renunció a la presidencia el 25 de diciembre. “La Corte Constitucional de Rusia dictaminó que los comunistas podían reunirse a escala local, pero que, como entidad nacional, el Partido Comunista era ilegal”, narra Remnick. “Los bienes y propiedades del Partido permanecerían bajo el control del gobierno de la Federación Rusa. La era que comenzó en 1917 con la revolución bolchevique acababa de terminar… en virtud de un simple decreto”. La historia que John Reed relató con encendida emoción en Diez días que estremecieron al mundo, sobre la toma del poder comunista, terminaba sin pena ni gloria, con aires fúnebres, en las páginas de La tumba de Lenin, escritas por David Remnick.

Fuente: Diario La República, Revista "Domingo" (Perú).






Teorías sobre las causas de la caída de la Unión Soviética (URSS).