domingo, 17 de febrero de 2013

Pablo Escobar y el Perú. Historia del narcotráfico.

1976 Pablo Escobar y la coca peruana
       
Cuando tenía 27 años, el narcotraficante colombiano ingresó a nuestro país para asegurarse de que la producción de pasta de coca fuera solo para su tenebrosa organización, el cartel de Medellín, a la que dio vida durante esos mismos meses.
Texto: Miguel Gutiérrez R.
De Pablo Escobar se ha hablado mucho últimamente. Pero muy poco se ha dicho de la visita que hizo al Perú para organizar personalmente lo que sería su primer paso para llegar a controlar la producción, el transporte y la comercialización de la cocaína en el mundo. 
A sus 27 años, Pablo Escobar se había hecho de un nombre en el agitado mundo de la delincuencia en Colombia. 
Hasta entonces, había ejercido como un destacado empleado de los principales capos del contrabando de cigarrillos, licores y ropa, provenientes de la Zona Franca de Colón, Panamá, y que ingresaban por los puertos del golfo de Urabá. 
Por su habilidad para resolver problemas, Pablo coordinaba la entrada de cajas repletas de contrabando y se encargaba de dar la seguridad a la caravana de camiones rumbo a Medellín. Dinero en mano, Escobar iba repartiendo a los policías que aparecían en la ruta para que le permitieran seguir con su carga. Pero este trabajo que le era próspero y que le permitía poseer hasta cerca de 40 camiones no era suficiente para Escobar. Pronto se daría cuenta de que el negocio ilegal más rentable iba por otro lado.
Del licor a la coca
Sus jefes, que eran paisas al igual que él, le contaban que durante sus encuentros en Panamá con contrabandistas norteamericanos estos les interrogaban con las mismas preguntas: ¿Tienen cocaína?, ¿por qué no traen cocaína? Los norteamericanos les decían: ¿Acaso no son ustedes los mayores productores de coca? Si bien estos confundían Colombia con Bolivia –principal productor de coca en el mundo– era cierto que los contrabandistas antioqueños no se daban cuenta de que el negocio iba más bien por exportar mercancía. 
Pablo confirmó eso cuando en 1975, estando en la cárcel, se percató de que el contrabando de la droga era la verdadera mina de oro del negocio ilegal. Escobar salió de prisión y se puso a indagar más sobre la potencialidad económica de este comercio.
Roberto de Jesús Escobar, hermano de Pablo llamado el 'Osito', cuenta que fue un personaje conocido como 'Cucaracho' quien al final lo convenció de que el tráfico de cocaína era –además de rentable– de menor riesgo pues el volumen a transportar era menor.
'Cucaracho' le presentó  amigos peruanos, quienes le explicaron cómo funcionaba el nuevo negocio. Estos le plantearon comprar la pasta en el Perú, pasarla por Ecuador y transportarla hasta la ciudad de Medellín, donde la procesaría y luego enviaría a Miami. 
Me voy Al Perú
Pablo Escobar sacó su primer pasaporte a los 26 años y atravesó el Ecuador para luego cruzar el puesto de control peruano de Aguas Verdes y así recorrer personalmente la ruta de la droga.
Inventó un sistema sencillo pero efectivo. Durante su primer viaje compró en Lima un carro pequeño que tuviera doble transmisión y le hizo un espacio amplio en los guardabarros delanteros para colocar los estupefacientes.
Hizo lo mismo con un carro en Ecuador y repitió la misma tarea con un automóvil Renault 4 con placa LK-7272 de Medellín que era propiedad de su hermano.
Con el Renault 4 y otros dos carros comenzó a hacer los viajes. En el primero trajo un kilo. Luego comenzó a aumentar la cantidad. En cuestión de meses, ya transportaba hasta 20 kilos. Ante el rápido auge del negocio esos vehículos no eran suficientes, así que se compró un camión carpado de mayor capacidad.
"Nos iniciamos en el tráfico de drogas, muy modestamente, vendiendo pequeñas dosis de cocaína. Yo mismo, en un Renault 4, atravesé todo el país y me fui hasta Ecuador a comprar cinco kilos de pasta de coca que venían del Perú para procesarla en Medellín". 
"Viendo el montón de plata que el negocio nos dejaba, empezamos a traer grandes cantidades de cocaína del Perú para mandársela a los gringos", habría contado Escobar, según recuerda Jhon Jairo Velásquez Vásquez, más conocido como 'Popeye', principal sicario y mano derecha del narcotraficante hasta sus últimos días.
Sus primos Gustavo de Jesús Gaviria y Luis Hernando  y los hermanos de su esposa, Mario y Arturo Henao, formaban parte de su corte. Un par de abogados y funcionarios de tránsito colaboraban para hacer cambios de placas de carros robados y falsificar papeles. 
Siguió enviando a un empleado para que hiciera el trabajo. Este empacaba la droga en la llanta de repuesto del camión, el cual cruzaba la frontera peruano-ecuatoriana y seguía hasta Ipiales, una ciudad del estado colombiano de Nariño, límite con Ecuador. Allí el camión era cargado con papas para disimular la droga.
Tenían una casa alquilada en el barrio de Belén y hasta allí llevaban la mercancía traída. En viejas neveras convertidas en hornos rudimentarios cristalizaban la pasta. Luego la empacaban en maletas de doble fondo y las enviaban con pasajeros a los Estados Unidos. 
Para inicios de 1976, el negocio iba bien. Sin embargo, en una oportunidad, en la frontera colombo-ecuatoriana, los empleados de Pablo fueron apresados por la policía al momento de recibir la mercancía. Cuando el incidente se repitió un par de veces más, Escobar tomó medidas. Tras investigar, descubrió que sus socios ecuatorianos eran los culpables de la fuga de información.
Fiel al estilo que había forjado en años anteriores por los caminos de Urabá, ejecutó a los soplones y dejó un cartel con un mensaje al lado de sus cuerpos: "Para que sepan con quién están tratando".
Ante la desconfianza surgida, Escobar y su primo Gustavo Gaviria Rivero optaron por trabajar sin intermediarios e ir a controlar la ruta del sur de la droga. Para ese entonces, el kilo de pasta cristalizada podía alcanzar los 50 mil dólares una vez colocada en tierras estadounidenses. Así, los envíos se multiplicaron y el dinero de las ganancias llegaba por esa misma vía.
Se sabe que viajó con su pasaporte que consigna su verdadera identidad al menos en dos ocasiones, en mayo y en junio de 1976. 
Pero Pablo dejó de venir al Perú en agosto de 1976 por problemas con la justicia y porque encontró una forma más eficaz de transportar la droga. 
En junio de 1976, Pablo fue detenido junto con su primo Gustavo Gaviria por agentes del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia, al incautársele 29 libras de cocaína que venían del Perú.
Avionetas al huallaga
Tras ser liberado el 10 de setiembre de ese mismo año, gracias al significativo monto de dinero que le desembolsó al juez del caso, Escobar se convence de que Medellín debía ser el eje central de un corredor de la cocaína que empezaba en Perú y acababa en las calles de Florida.
Para evitar riesgos, cambió la forma de transportar la cocaína.
"Empecé a ver el asunto en grande. Ya no más los pequeños cargamentos terrestres; usando avionetas comenzamos a traer la base de coca del Ecuador y del Perú para procesarla en los laboratorios que instalamos con Gustavo y Mario. Allí la convertíamos en cocaína pura y quedaba lista para enviarla a los EEUU", recuerda 'Popeye' lo que su patrón le contaba orgullosamente.
Ese mismo año Escobar se asocia con Gonzalo Rodríguez Gacha, Carlos Lehder y los hermanos Ochoa para crear el cartel de Medellín. Por años la organización se adueña de pistas, rutas, laboratorios y monopoliza el comercio ilegal desde la producción de coca en el Perú hasta el consumo en Norteamérica. Lo demás es historia conocida.
Fuente: Diario La República, suplemento "Domingo" (Perú). 17 de febrero del 2013.

viernes, 15 de febrero de 2013

Libro “El Tercer Reich visto por Torre Tagle, crónicas diplomáticas peruanas de la Segunda Guerra Mundial”.

                                       
“El Tercer Reich”: Un libro apasionante

 Por:  Javier Valle-Riestra
Juan Rodríguez del Campo, ministro, jerárquicamente hablando en lenguaje administrativo, ha escrito un libro titulado “El Tercer Reich visto por Torre Tagle, crónicas diplomáticas peruanas de la Segunda Guerra Mundial”, exhumando documentos ministeriales. La monografía investiga brillantemente apoyado en los archivos, existentes en RREE, el surgimiento de Hitler; el 1934, un año clave, del cual se dice que uno no puede ser profeta, después de que la política alemana abandonara el terreno de la civilización, al cual sucedió el imperio del fusil y de la muerte.
Lo que estaba absolutamente afianzado en Alemania era la concepción seudojurídica de que el Derecho y la voluntad del Führer eran uno, según informara, como muchos, el ministro del Perú en Berlín a Torre Tagle. Efectivamente, al iniciarse el segundo año del gobierno hitleriano, la edificación de la política nazi no se había arquitecturado completamente, pero en 1934 se trocaría en la etapa reveladora de la primitiva brutalidad salvaje y la crueldad ilimitada. Había que liquidar, incluso, a los correligionarios. Caso notabilísimo fue el de Ernesto Rohm, líder de la SA (Sección de Asalto del Partido Nacional Socialista); la SA fue el primer grupo militarizado nazi, que creó títulos y rangos jerárquicos propios para sus miembros.
Rohm era por sus ambiciones políticas y su popularidad un factor de desestabilización para la gobernabilidad del Estado nazi, por las tensas relaciones que sostenía con el ejército. Su organización paramilitar superaba largamente en número a la militancia del propio partido nazi. Fue la vanguardia canallesca de persecución a los judíos. Las ambiciones de Rohm no coincidían con las de Hitler, quien tenía que hacer esfuerzos acrobáticos para mantener el equilibrio. El entorno de Hitler, Heinrich Himmler y su entonces jefe de seguridad, Reinhard Heydrich, fabricaron pruebas para incriminar a Rohm en un supuesto complot para derrumbar al Führer con el apoyo francés. Eso dio lugar a la noche denominada “los cuchillos largos”, en la que se inventó una asonada inexistente a cuya consecuencia murieron infinitos líderes, Rohm entre ellos. Hitler histéricamente creyó haber consolidado su poder.
El libro estudia el año 1935, el auge del Reich, 1937, 1938, la guerra en Europa, etc. Todo el año 1944, exhibió una serie de desastres para el ejército nazi. Su ofensiva de verano les costó cuatrocientos cincuenta mil soldados muertos o capturados. Entre el 01 de junio y el 30 de noviembre el total de bajas germano-nazis, en todas las trincheras, se aproximó al millón y medio de hombres. El 21 de abril del 45, Adolfo Hitler, desde su búnker antiaéreo, ubicado en Berlín, admitió, por fin, ante su estado mayor y generales, que la situación castrense era desesperada. El que hablaba era un Hitler descalabrado físicamente, notoriamente envejecido, un deshecho humano, encorvado, de mirada perdida y con todos los síntomas de la enfermedad de párkinson. El 30 de abril, Hitler se enclaustró en su habitación, tomó una cápsula de cianuro y se encajó un tiro en la cabeza. Sic semper tiranis.
Fuente: Diario La Razón. 08 de enero del 2013.

Debate sobre viaje de José Carlos Mariátegui a Italia durante el Oncenio de Leguía. ¿Deportación encubierta o acomodo político?

                               

Crueldades de abril

Por: César Lévano

Hay quienes creen que no se debería conmemorar la fecha de la muerte de los personajes, sino la de su nacimiento. Si esto se acatara, se deberían desactivar los homenajes que se preparan en todo el mundo a William Shakespeare, Miguel de Cervantes, y el Inca Garcilaso de la Vega, famosamente fallecidos el mismo día del mismo año: el 23 de abril de 1616.

Abril es el mes más cruel, escribió el poeta Eliot. Para nosotros los peruanos, la frase tiene el rigor de una sentencia. El 16 de abril de 1930 murió José Carlos Mariátegui; el 15 de abril de 1938, César Vallejo; el 19 de abril de 1942, José María Eguren; el 13 de abril de 1936, Felipe Pinglo.


En esta edición consagramos amplias páginas a Mariátegui (una entrevista y una introducción a ésta que publiqué hace 40 años). 

Como ocurre con mi entrevista a María Dolores Rodríguez, gran amiga de César Vallejo, altamente ignorada por los vallejianos de profesión, la conversación grabada con Julio César Mariátegui que ahora reproducimos ha sido enciclopédicamente omitida por los especialistas. Por eso mismo, creo, cobra nuevo valor para los estudiosos en serio.

Me referiré aquí a dos publicaciones recientes. Una es la pulcra edición facsímile de 7 ensayos de interpretación de la realidad nacional llevada a cabo a fines del año pasado por el Ministerio de Cultura. La publicación se avalora con un prólogo del mariateguista italiano Antonio Melis y un extenso colofón de Jorge Basadre (es el texto que el maestro escribió para la edición en inglés que en 1971 publicó la Universidad de Texas. Basadre no tenía copia en español, y me confió la tarea de traducirlo para el libro 7 ensayos. 50 años en la historia, editado en 1979.) 

La otra publicación es una grosera diatriba contra Mariátegui publicada por Nelson Vásquez Juárez bajo el título de Las sombras de Mariátegui. El primer ‘caviar’ de la historia. La treta de Vásquez consiste en cambiar el encargo con que Leguía disfrazó un destierro a Mariátegui: “agente periodístico en Italia”, por “agente de propaganda del gobierno”.

Vásquez reconoce que el Amauta no escribió ni una sola línea a favor de Leguía o de su gobierno. 

La aclaración plena está en el abarcador colofón de Basadre:

“El 4 de julio de 1919, Augusto B. Leguía se convirtió en presidente por medio de un golpe de estado y La Razón comenzó a oponérsele vigorosamente. El 8 de agosto de 1919, Mariátegui y Falcón anunciaron que su periódico no seguiría apareciendo. A causa de un editorial muy enérgico, la imprenta se negó a seguir publicándolo. Un poco después, según se dijo, un alto funcionario del gobierno que era amigo de los periodistas les presentó la alternativa de ir a la cárcel o viajar a Europa a costas del gobierno. Mariátegui y Falcón escogieron la segunda opción.”


Fuente: Diario La Primera. 15 abril del 2012.

RESPUESTA A CESAR LEVANO

Por: Nelson Vásquez Juárez
                                                                                                                            
El día 15 de abril del presente año el Sr. César Lévano en su columna Crueldades de abril, se refiere a mi libro Las sombras de Mariátegui. El primer  caviar de la historia como una grosera diatriba contra Mariátegui. De esta manera el Sr. Lévano intenta descalificar una seria investigación que ha tomado en consideración la correspondencia de José Carlos Mariátegui, documentos oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores y biografías de Mariátegui escritas por sus distintos admiradores.

En mi libro se publica como Anexo la Resolución firmada por el Presidente Leguía, del 27 de noviembre de 1919, que autoriza al Cónsul General de la República en Génova, para que de los ingresos consulares de la Oficina a su cargo abone a don José Carlos Mariátegui, Agente de propaganda periodística en Italia, la cantidad de cuarenticinco libras (Lp. 45.0.00) oro, a partir del 7 de diciembre del presente año, y en la página 52 de mi texto desarrollo el tema ¿Beca o agente de propaganda periodística? Entonces, ¿a  qué treta se refiere el Sr. Lévano?

Asimismo, el Sr. Lévano intenta aclarar el tema, de la estancia de Mariátegui a Italia, citando a Basadre. Sin embargo, el historiador peruano en su libro Perú: Problema y posibilidad asevera lo siguiente:

Sólo en un sentido muy amplio puede decirse que Mariátegui combatiese a Leguía. Enviado a Europa, después de la campaña oposicionista de La Razón, no porque Leguía le tuviese especial deferencia sino porque era costumbre suya conceder favores a quien se sometiese, Mariátegui acaso le conservó siempre un fondo de gratitud o por táctica tuvo precisamente lo que Belaúnde ha llamado inexplicables silencios.

Finalmente, le  preguntaría al Sr. Lévano ¿cómo califica la decisión de Mariátegui de viajar a Europa a costas del gobierno luego que ese gobierno le cerrará el diario? ¿El Sr. Lévano aceptaría un cargo rentado en el extranjero de un gobierno que le cerrará el periódico que dirige?


Aprista calumniador
Nelson Vásquez Juárez afirma en una carta que César Lévano, nuestro director, hizo el domingo 15, en su columna, “aseveraciones agraviantes sin ningún fundamento” contra su libro “Las sombras de Mariátegui. El primer caviar de la historia”.
Lo único que hizo Lévano es señalar que Vásquez calumnia al Amauta al afirmar que éste viajó a Italia como “agente de propaganda del gobierno de Leguía”. La Resolución de la Cancillería que el propio Vásquez reproduce en su diatriba (página 52) nombra a Mariátegui “agente de propaganda periodística en Italia”. No se habla de propaganda a favor de Leguía.


El difamador finge ignorar que Mariátegui era director del diario La Razón. Leguía se había hecho del poder, mediante un golpe de Estado, el 4 de julio de 1919. El periódico de Mariátegui y de su íntimo amigo César Falcón empezó a atacar al régimen. El 8 de agosto de ese mismo año La Razón anunció que dejaba de aparecer. La imprenta, que era del Arzobispado, se negaba a continuar con la impresión. 

El difamador cita un texto de Jorge Basadre de 1931; pero omite la cita del texto que Basadre escribió en 1971 para la edición en inglés de 7 ensayos que la Universidad de Texas publicó. Ahí, el gran historiador precisa la verdad: a Mariátegui y Falcón el régimen les planteó ir a la cárcel o a Europa. Los jóvenes periodistas aceptaron la deportación disimulada. El párrafo pertinente fue reproducido íntegramente por Lévano. 

En la solapa de otro libro de Vásquez, Haya desde la izquierda, se indica que Vásquez fue, entre 2004 y 2006, miembro de la Comisión de Planificación Estratégica del APRA. Con razón. He ahí la razón de la sinrazón.

Fuente: Diario La Primera. 19 de abril del 2013.

Sr. César Lévano: Mariátegui no fue desterrado por Leguía

Por: Nelson Vásquez

El jueves 19 de abril del 2012 se publica una nota anónima titulada “Aprista calumniador” en el diario “La Primera” que dirige el Sr. César Lévano. El anónimo pretende dar respuesta a mi carta y artículo “Respuesta a César Lévano” del 17 de abril del 2012, las cuales respondían el artículo del Sr. Lévano del 15 de abril del 2012 donde hace aseveraciones agraviantes contra mi libro “Las Sombras de Mariátegui. El ‘primer caviar’ de la historia.”
El Sr. Lévano no se ha dignado en contestarme, más bien le ha encargado la deshonrosa labor de insultarme a otra persona y esta tarea ha sido tan degradante que la nota no tiene autor, es un anónimo. ¿Esta es la clase de periodismo que enseña el Sr. Lévano, el de lanzar la piedra y esconder la mano?
El periodismo es investigar, buscar la verdad, informar con objetividad. Nada de eso existe en el artículo del Sr. Lévano del 15 de abril y en el anónimo publicado el 19 de abril del 2012. Las palabras que se usan en ambas notas son: “grosera diatriba”, “el difamador”, “calumniador”. Además de la desinformación y tergiversaciones que se hacen contra mi texto.

Afirmo en mi libro que JOSE CARLOS MARIATEGUI NO FUE DESTERRADO POR LEGUIA, que MARIATEGUI ACEPTO EL CARGO PAGADO DE AGENTE DE PROPAGANDA PERIODISTICA del Perú en Italia, además que en la práctica no cumplió con el trabajo para el cual lo nombró Leguía y que regresó al Perú porque hubo una reducción generalizada de los puestos diplomáticos del Perú en Europa y no porque así lo decidiera una célula socialista del Perú en Italia.

En el anónimo del 19 de abril del 2012, se dice que yo calumnio a Mariátegui al afirmar que éste viajo a Italia como agente de propaganda del gobierno del Leguía porque en realidad viajó como “agente de propaganda periodística en Italia”. Lo insólito de este gratuito ataque es que el Sr. Lévano y el anónimo fundan su afirmación en la Resolución que, por primera vez se reproduce en mi libro en la página 52. Así, en mi texto  aparece la Resolución del 27 de noviembre de 1919, firmada por el Presidente Leguía y donde se autoriza al Cónsul del Perú en Génova para que “abone a don José Carlos Mariátegui, Agente de propaganda periodística en Italia, la cantidad de cuarenta y cinco libras.” ¿Qué mayor transparencia de una investigación histórica que reproducir una fuente? Ahora bien, ¿cuál podría haber sido la función Mariátegui como “agente de propaganda periodística en Italia”? ¿Habría sido una de sus funciones atacar el gobierno de Leguía?  ¿Acaso el cargo de agente de propaganda periodística no sería ocupado por gente de confianza del gobierno de Leguía?   
El anónimo asevera que “el difamador finge ignorar que Mariátegui era director del diario La Razón. Leguía se había hecho del poder, mediante un golpe de Estado, del 4 de julio de 1919. El periódico de Mariátegui y de su íntimo amigo de César Falcón empezó a atacar al régimen. El 8 de agosto de ese mismo año La Razón anunció que dejaba de aparecer. La imprenta, que era del Arzobispado, se negaba a continuar con la impresión.”  Realmente quien difama es el anónimo porque en la página 9 de mi libro señaló que “el 14 de mayo de 1919 salió el primer número del periódico “La Razón” que lo dirigía José Carlos Mariátegui y César Falcón.” En la misma página se narra la versión, citando a Guillermo Rouillon, que el Arzobispado se negaba a imprimir el periódico de JCM.  Como se aprecia no ignoró lo que dice el anónimo, sino que, por el contrario, la versión del cierre del periódico de JCM está en el libro “Las sombras de Mariátegui. El primer ‘caviar’ de la historia.”
El Sr. Lévano y el anónimo con la cita de Basadre pretenden concluir que el cargo  rentado  que tuvo Mariátegui como “agente de propaganda periodística” era en realidad un destierro disfrazado o una “deportación disimulada”. ¡Vaya destierro! ¡Con gastos incluidos!
Hay que precisar que la versión de Basadre, respecto a la alternativa que dio Leguía a Mariátegui y Falcón, de ir a la cárcel o viajar a Europa, se cita en mi libro pero tomada del biógrafo de Mariátegui, Guillermo Rouillon (p. 11 de mi texto)
Además, Basadre en la cita que reproduce el Sr. Lévano, no asevera que Leguía haya desterrado a José Carlos Mariátegui.  Basadre narra una versión, que bien analizada (cosa que no hacen el Sr. Lévano y el anónimo) no hacen quedar bien parados a JCM y a su amigo Falcón, todo lo contrario. Así, Basadre afirma que “según se dijo, un alto funcionario del gobierno que era amigo de los periodistas les presentó la alternativa de ir a la cárcel o viajar a Europa a costas del gobierno. Mariátegui y Falcón escogieron la segunda opción.”  En primer lugar,  el gran historiador peruano no ha corroborado la versión que expone, el dice claramente “según se dijo” ¿Quién dijo? ¿cuándo lo dijo? Es decir, Basadre NO CITA LA FUENTE del hecho que narra.  Además, se les presentó la alternativa a JCM y Falcón “de ir a la cárcel o viajar a Europa a costas del gobierno”. ¿Y qué decidieron JCM y Falcón? Según Basadre “escogieron la segunda opción”, es decir, Falcón y Mariátegui escogieron “viajar a Europa a costas del gobierno”.  En mi artículo del 17 de abril le pregunte al Sr. Lévano, ¿cómo califica la decisión de Mariátegui de “viajar a Europa a costas del gobierno” de Leguía, régimen que supuestamente, en forma indirecta (versión de G. Rouillon) le cerró su periódico; diario  que era opositor a Leguía? Hasta ahora no obtengo respuesta. También le pregunte al Sr. Lévano ¿si aceptaría un cargo rentado en el extranjero de un gobierno que le cerrará el periódico que dirige? Tampoco ha respondido, aunque podemos suponer que siendo fiel seguidor de Mariátegui de seguro aceptaría.
El Sr. Lévano y el anónimo intentan descalificarme por mis convicciones políticas. De esta manera ambos muestran una intolerancia propia de los fanáticos. 
El Sr. Lévano intenta pasar por destierro disfrazado el hecho que Mariátegui aceptara ser nombrado “agente de propaganda periodística”, con un sueldo de 45 libras oro,  mediante Resolución del 27 de noviembre de 1919, la misma que es suscrita por el Presidente Leguía y el Canciller Porras.  Sr. Lévano, los insultos y agravios no detendrán que se sepa la verdad: Mariátegui no fue deportado por Leguía. 
Fuente: http://www.generaccion.com Lima, 20 de abril del 2012. 

El retorno de Mariátegui

Por: Antonio Zapata
En el verano de 1923, exactamente noventa años atrás, regresó de Italia José Carlos Mariátegui, JCM. Venía con familia y según él mismo relata, traía desposadas las ideas del marxismo. Su partida y estadía en Europa han sido objeto de una polémica histórico-periodística.  
El abogado y militante aprista Nelson Vásquez ha demostrado con documentos que mientras estuvo en Italia JCM trabajó para el Ministerio de RR.EE. En el archivo de la Cancillería se conservan boletas de honorarios, a los que el mismo JCM se refiere en algunas cartas a familiares y amigos. 
Esta información fue presentada de manera forzada, sugiriendo que JCM había sido un vendido ante el régimen de Leguía. Por ello, el diario La Primera y específicamente César Lévano respondieron a Vásquez, argumentando que JCM habría sido deportado por Leguía de forma encubierta.
En realidad, más allá de interpretaciones, el único hecho evidente es que JCM cobró de la planilla de RR.EE. durante unos años. ¿Eso lo convierte en vendido? Realmente no. Antes y después, miles de personas han trabajado algún tiempo para el Estado conservando su independencia de criterio.
Para ser un vendido tendría que haber apoyado a Leguía, haber escrito a su favor y defendido a rajatabla su obra gubernamental. Sin embargo, no hay un ápice de ello, no existe un solo texto adulón con Leguía. Entonces, ¿qué hizo JCM en Italia? A menos que el archivo de RR.EE. guarde aún secretos, realmente no se sabe. No hay informes ni balances de actividades relacionados con su puesto en la legación peruana.
Lo único que tenemos son los escritos de JCM elaborados durante el período. Por un lado, durante tres años, entre 1920 y 1922, escribió artículos en el diario El Tiempo de Lima. Tratan sobre Europa y han sido publicados con el título Cartas de Italia, tomo 15 de las Obras Completas. Quien lee estos artículos, percibe que son redactados por una persona que analiza la realidad desde la izquierda, que simpatiza con la Unión Soviética y el bolchevismo, así como rechaza firmemente al fascismo. Ninguna duda de la postura de JCM, que la hacía conocer públicamente en tiempo real en el Perú. 
Al retornar, JCM colaboró con la Universidades Populares González Prada que habían sido organizadas por Haya de la Torre. Aún no habían roto ambos fundadores. Luego, Leguía deporta a Haya y no vuelven a verse. 
En ese momento, JCM publicó su primer libro. Junto a 7 ensayos son los únicos volúmenes que Mariátegui dio a conocer en vida. El resto de sus OC son recopilaciones de una obra dispersa en medios periodísticos. Por ello, el primer libro, titulado La escena contemporánea, tiene un importante papel en su biografía política. 
Ese texto constituye una mirada al estado del mundo, buscando resaltar las realidades políticas y los desafíos materiales de la humanidad. Le interesa Europa, aunque no solamente, porque dedica largas páginas al Oriente; Gandhi es su personaje principal y su recorrido es por India, Turquía y la cuestión judía. 
Queda claro que JCM trabajó en Italia para RR.EE., estudiando la política y cultura europea y mundial. No ocultó su simpatía por el marxismo, por el contrario, la expresó públicamente en la prensa de esos días. Asimismo, en esa intensa actividad no hay ningún artículo de defensa de Leguía y mal se le puede llamar “agente de propaganda gubernamental”.
A su regreso, mostró que había aprovechado la estadía, puesto que cumplió un doble papel fundador. Además del primer partido marxista, también fundó la CGTP, la primera institución obrera de alcance nacional en nuestra historia. La experiencia europea sustentó esa labor de organización de un partido y una central sindical. 
JCM amó la coherencia y al haber muerto joven, su puesto en la historia dispone de la magia que acompaña a las vidas breves y consistentes. Como Alejandro, murió a mitad de los treinta, dejando una estela que lo convirtió en imprescindible, sobre todo en un país como el nuestro, plagado de tantos desencantos.
Fuente: Diario La República. 13 de febrero del 2013.

Intento de golpe de Estado del general Antonio Rodríguez contra Benavides (1939).

Historia El domingo 19 de febrero de 1939 el ministro de Gobierno, Antonio Rodríguez, emprendió una intentona golpista contra el presidente Óscar R. Benavides.

Balacera Carnavalera


                                        Ampliar imagen
En una actuación de 1938, de izquierda a derecha: golpista Antonio Rodríguez, general Ernesto Montagne, personaje no identificado y general Oscar R. Benavides.
Se celebraban los carnavales de 1939. Era un día domingo del verano de ese año y, en plena algarabía de las fiestas y juegos con agua, la gente se preparaba para los bailes tradicionales de ocasión.

El presidente general Oscar R. Benavides había salido a bordo del BAP Callao hacía Pisco, en un paseo oficial. Mientras tanto Palacio de Gobierno fue tomado por el ministro de Gobierno y hombre de confianza de Benavides, el general Antonio Rodríguez.

Era sabido que dicho alto oficial del entorno presidencial se dedicaba al espiritismo. Según se dijo en aquella época, él se había rebelado “por mandato de los espíritus”. Posteriormente, una edición extraordinaria de La Crónica señaló al general Cirilo Ortega como el socio de Rodríguez en aquel conato de golpe.

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Benavides viajó con una numerosa comitiva que incluía al general Ernesto Montagne Markoz, a quien años después Manuel A. Odría le anularía la candidatura presidencial, en el colmo del cinismo, afirmando que era “francés”. También viajaban con Benavides el alcalde de Lima de entonces, Eduardo Dibós Dammert (pariente de la hoy célebre Claudia Dammert) y su jefe de Edecanes el Capitán de Navio AP Juan Francisco Torres Mattos (quien en 1962, al ser derrocado Prado, asumió el cargo de copresidente de la Junta Militar).

El golpe de Antonio Rodríguez duró pocas horas. Estando en el patio principal de Palacio de Gobierno un oficial de la policía –el mayor Luis Rizo Patrón– se acercó al general Rodríguez, ametralladora en mano. Lo cosió a balazos.

Luego de ese hecho Benavides, viejo zorro político, comprendió que era hora de convocar a elecciones. Para ello convenía dejar a un amigo en el sillón presidencial. Dos fueron los candidatos que se presentaron a las elecciones. Por un lado, Manuel Prado Ugarteche, quien junto con su hermano Jorge había ayudado a Benavides en el golpe de 1914 contra el entonces presidente Don Guillermo Billinghurst. Su rival fue el dueño de La Prensa y uno de los abogados más notables de Lima: el doctor José Quesada Larrea. Las elecciones fueron amañadas y Prado reivindicó a su padre. Treinta años después, se hallaron en una finca limeña las ánforas repletas con votos para Quesada Larrea.

Por esos absurdos nacionales, diecisiete años más tarde, en 1956, y con el apoyo del Apra (a cuyos dirigentes persiguió, encarceló y desterró), Prado llegó nuevamente a Palacio. Lo logró de la mano de Haya de la Torre y gracias al lema: “Tú lo conoces vota por él”. Así se instauró la “Convivencia”, gobierno donde se repartieron con el Apra tanto el Parlamento como los cargos públicos. Pero esa es ya otra historia. (Mario Saavedra-Pinón Castillo)

Fuente: Revista Caretas n° 2270. 14 de febrero del 2012.

Recomendado: Domingo de Carnaval. Antonio Zapata.

domingo, 10 de febrero de 2013

Historia de la alianza peruano-chilena en Abtao (1866).

Fuente: Revista Caretas. Ver imagen ampliada aquí
Historia El combate de Abtao unió a naves peruanas y chilenas contra el enemigo español el 7 y 8 de febrero de 1866.

La Alianza de Abtao


Tras una larga crisis, España había comenzado a recuperarse durante el gobierno de Isabel II (1833-1868). Como parte de ese proceso había reconstruido su poder naval y enviado expediciones a Asia y a África. También había intervenido en dos de sus antiguas colonias americanas, retomando bajo su soberanía a los dominicanos en 1861 y capturando al año siguiente el puerto de Veracruz, junto con británicos y franceses. En ese contexto de 1863 arribaron a las costas del Pacífico tres naves de guerra españolas conduciendo una comisión científica. Fueron vistas con suspicacia. No faltó razón para ello. En 1864 capturaron las islas Chincha y estuvimos a punto de irnos a la guerra.

Las cosas se calmaron tras la firma del tratado Vivanco-Pareja, pero las hostilidades se reanudaron a principios de 1866, cuando la reforzada fuerza naval española –al mando del brigadier Casto Méndez Núñez– inició operaciones contra Perú y Chile. Los limitados medios navales peruanos y chilenos no eran rivales para dicha fuerza, particularmente para la fragata blindadaNumancia, una de las naves más poderosas del mundo en ese entonces. La única opción que les quedaba a los gobiernos de Lima y Santiago era preservar sus medios navales hasta el arribo de los recién construidos blindados peruanos Huáscar e Independencia, pudiendo luego operar con alguna posibilidad de éxito.

Fue por ello que en febrero de aquel año tres de nuestras naves –la fragata Apurímac y las corbetas América yUnión– y dos naves chilenas –la corbeta Esmeralda y la goleta Covadonga– se encontraban reunidas en el pequeño canal que se forma entre la isla Abtao y el continente, al noreste de la isla de Chiloé. El comandante aliado era el capitán de navío Williams Rebolledo. El 5 de febrero éste se había alejado de la zona con laEsmeralda, dejando al mando al veterano capitán de navío peruano Manuel Villar. Dos días después se avistó a las fragatas españolas Blanca y Villa de Madrid, que llevaban ya algunas semanas buscando a las naves aliadas. De inmediato Villar dispuso que sus cuatro buques formaran una línea y se prepararan para el combate contra unas naves de mayor porte que las suyas.

A las naves españolas, al mando del capitán de navío Claudio Alvargonzález, les tomó casi 10 horas sortear los peligros de esas aguas. La acción se inició a las 4:15 p.m. Durante una hora y quince minutos se intercambiaron unos 1,500 disparos, a una distancia que oscilaba entre 1,000 y 2,500 metros. Finalmente, las fragatas españolas optaron por retirarse sin poder destruir a las naves aliadas. Estas últimas habían prevalecido sobre sus contrincantes y, aunque inútilmente, continuarían aguardando al arribo de los blindados peruanos. Todos los buques sufrieron daños y tuvieron bajas, pero los únicos muertos en la acción fueron dos marineros de la Unión.

En este combate tomaron parte muchos de los marinos peruanos y chilenos que 13 años después se enfrentarían defendiendo a sus respectivos países. Aquí la relación. Apurímac: capitán de corbeta, José Sánchez Lagomarsino; teniente primero, Guillermo More; guardiamarinas, Enrique Palacios, Decio Oyague y Leoncio Prado; y amanuense, Adolfo King. América: guardiamarina, Diego Ferré Sosa.Unión: capitán de fragata, Miguel Grau y teniente primero, Elías Aguirre. Covadonga: capitán de corbeta, Manuel Thomson; teniente segundo, Carlos Condell de la Haza y teniente segundo, Arturo Prat.

Aquella gesta evidenció que, en la medida en que los intereses peruanos y chilenos estén alineados, podemos trabajar juntos por un objetivo común. Esto no implica que olvidemos nuestras diferencias ni renunciemos a nuestra historia, pero constituye una lección para las generaciones actuales y futuras.

Fuente: Revista Caretas n° 2268 (Perú). 31 del enero del 2013.

Recomendado: 

Abtao: Una gesta Binacional. Daniel Parodi

El Combate Naval de Abtao y la alianza peruano-chilena contra España.

ABTAO: UNA GESTA BINACIONAL


Por: Daniel Parodi (Historiador, profesor de la PUCP)

El Combate Naval de Abtao, que tuvo lugar entre el 7 y el 8 de febrero de 1866, enfrentó a la escuadra peruano-chilena, también conocida como aliada, contra la flota española. Este acontecimiento formó parte de la guerra con España de 1864 a 1866, en la que la ex potencia colonial se apropió ex profeso de las islas guaneras de Chincha, por lo que debió enfrentar no solo a Perú, sino a una cuádruple unión sudamericana que también integraron Chile, Ecuador y Bolivia.

Huapi Abtao es el nombre de una isla que queda muy al sur de Chile y forma parte del archipiélago de Calbuco. Allí se enfrentaron la escuadra aliada, conformada por los barcos peruanos Apurímac, Unión y América más los chilenos Covadonga, Lautaro y Antonio Varas, contra los españoles Villa Madrid y Blanca.

Debido al poderío de las naves españolas, la formación que ofreció la alianza peruano-chilena fue más bien defensiva, para lo que aprovechó su favorable posición en una ensenada, cuyos accesos bloqueó, disponiéndose la flota en forma de herradura. Al contrario, las naves españolas, peor ubicadas, no podían acercarse demasiado so riesgo de varar o encallar. A las 3:30 p.m. del 7 de febrero de 1866, la fragata peruana Apurímac abrió los fuegos de un combate en el que ambas escuadras se cañonearon encontrándose bastante alejadas una de la otra. El combate duró alrededor de dos horas y en él se efectuaron aproximadamente 2 000 tiros de cañón.

El enfrentamiento concluyó al caer de la tarde y al día siguiente las naves españolas apuraron máquinas hasta Valparaíso para reunirse con el resto de su flota. Enterado de la acción naval, el contralmirante de la Armada Española Casto Méndez Núñez se dirigió a Abtao con la poderosa fragata Numancia, su buque insignia. Sin embargo, no pudo acercarse a la flota aliada debido a las fuertes corrientes, islotes y espesas nieblas de la región de Chiloé que impedían la visibilidad. Por esa razón, zarpó de nuevo rumbo a Valparaíso sin poder hundir a la flotilla sudamericana, que era visiblemente inferior y que tuvo la pericia de realizar una arriesgada maniobra defensiva que le permitió evadir a su temible y poderoso enemigo.

La paradoja del Combate Naval de Abtao es que allí pelearon juntos los marinos de Perú y Chile que luego se enfrentaron en la Guerra del Salitre de 1879. A bordo de la Covadonga se encontraban Arturo Prat y Carlos Condell, mientras que los navíos peruanos estuvieron tripulados por Miguel Grau, Juan Guillermo More, Elías Aguirre, Enrique Palacios y Diego Ferré. Además, en el Apurímac se destacó un joven y audaz guardamarina: Leoncio Prado.

La guerra de la alianza peruano-chilena contra España fue una gesta en contra del atropello de una potencia imperial que no se resignaba a haber perdido sus antiguas colonias y que intentó en vano, a través de la fuerza de sus cañonazos, atacar a las repúblicas que se habían fundado en Sudamérica 40 años antes. Por eso no es exagerado decir que el 7 y 8 de febrero de 1866 peruanos y chilenos lucharon juntos por la libertad.

En esta columna no predicamos el olvido del pasado doloroso que compartimos con Chile, pero sí creemos que junto a ese pasado existe otro que se caracterizó por la colaboración mutua y que es obligatorio conmemorar precisamente cuando ambos países estamos a punto de dar un paso fundamental en nuestra historia. Con el acatamiento del fallo de La Haya, si el tiempo y la autoridad lo permiten, habremos resuelto por la vía civilizada nuestra última diferencia y con ello habremos apostado, una vez más, por la integración del continente, utopía que hace 146 años defendieron juntos Miguel Grau y Arturo Prat en Abtao.

Fuente: Diario 16 (Perú). 07 de febrero del 2013.

viernes, 8 de febrero de 2013

Libro La Venganza de la Geografía. Perú: política andina, amazónica y del pacífico.

          

La Venganza de la Geografía


Por: Alfredo Barnechea (Periodista y analista)

Acabo de leer un libro fascinante, The Revenge of Geography (“La venganza de la geografía”), de Robert Kaplan. Su subtítulo: “Lo que los mapas nos dicen acerca de los conflictos que vienen y la batalla contra el destino”.
Kaplan ha recorrido el mundo entero, y producto de esos viajes y esas crónicas (principalmente para The Atlantic Monthly) han sido algunos de los libros contemporáneos más interesantes publicados. Por ejemplo, Fantasmas Balcánicos.

A diferencia de la mayoría de reporteros o pensadores norteamericanos, encerrados en el inmenso país-continente del “destino manifiesto”, Kaplan está abierto a la diversidad de la historia. En sus libros hay siempre conocimiento histórico, sofisticación política, conciencia de la “continuidad” de la cultura humana. Como Kapuscinski, parece haber tenido siempre, junto a su bloc de reportero, un ejemplar de Herodoto.

La conclusión de su último libro es que en las relaciones internacionales no mandan los deseos ni las teorías, sino la geografía. “La única cosa perdurable es la posición de un país en el mapa”. Agrega a eso que “cuando el piso político se mueve bajo los pies, el mapa es el comienzo para discernir la lógica de lo que vendrá”.

A lo largo del libro surgen muchas recomendaciones de políticas. Por ejemplo, que Irán (Persia) siempre será el país decisivo en su zona. O que hay regiones más “cohesivas” que otras, lo que explica que las dictaduras en Túnez o Egipto fueron más benignas que las de Siria. O que Libia va camino a dividirse porque siempre estuvo dividida entre una parte orientada a Túnez y otra a Egipto. O que no hay, verdaderamente en la geografía, una Europa del Centro, que es solo un punto en el gran espacio que es Eurasia.

Se reconoce desde siempre la importancia de la geografía. “La geografía es el factor constante del acontecer histórico”, le escribió De Gaulle a principios de los años sesenta a Nasser, “por lo que Egipto siempre tendrá que tener una política árabe y una política africana”.

Si esto es así, Perú siempre tendrá que tener una política andina, una política amazónica y una política pacífica.
Cuando terminé el libro, los periódicos locales estaban llenos de noticias y comentarios sobre el diferendo de La Haya. ¿Qué me sugería el libro?

Pensé: somos vecinos por supuesto desde antes que la guerra de 1879. Antes incluso que existiéramos como repúblicas.


Antes del virreinato del Perú, del que Chile era una provincia –y no la más importante. Entonces Brasil era poco más que lo trazado en el Tratado de Tordesillas por el Papa Borgia, y no se había expandido por la audacia de los bandeirantes –y la astucia de Río Branco. Por eso Riva-Agüero dijo que Perú era el país “primogénito” de la América del Sur.

Antes aun que el Incanato se levantara como una “Roma andina”.

En realidad somos vecinos desde que, hace millones de años, se levantara la gran mole de los Andes.
Pensé entonces: la geografía nos condena a entendernos. Estaremos juntos por un largo, largo tiempo…
Por tanto, si se miran las cosas en esta “larga duración”, que es el tiempo mental con el que Braudel aconsejaba mirar la historia, ¿qué deberíamos concluir de este diferendo?

Kaplan dice también: en la vida de los Estados-Nación, donde hay leyes, se le ha dado a los Estados el monopolio de la Fuerza. Eso casi los define. Pero en el mundo internacional seguimos en un “estado de naturaleza”. Es todavía el mundo de Hobbes. El Perú ha recurrido precisamente a un mecanismo civilizado, judicial, de solución de controversias.

Una conclusión razonable debería ser: este diferendo cubre una parte, pequeña, de todo el entramado de relaciones entre los dos países. Afecta a una parte también pequeña de los territorios.
Pero esencialmente habrá relación, inevitablemente, después del fallo.

El libro de Kaplan me transportó mentalmente a Jean Monnet. Alemania y Francia se habían estado arranchando territorio, y matándose, durante centurias. ¿Cómo se cambia esa dinámica?, se preguntó Monnet. Creando ejes de intereses, al principio limitados, que luego se expanden. De allí nació su ingeniosa idea de la comunidad del carbón y el acero, el comienzo de lo que terminó siendo la gran construcción europea.

Chile es un pequeño país, situado en los extramuros del mundo. Acaso eso ha llevado a algunas de sus gentes a pensar que, económicamente, debía ser una suerte de Singapur, comerciando urbi et orbi. Y, militarmente, una suerte de Israel. Pero está atado a la punta de la gran plataforma sudamericana. Allí se quedará por mucho tiempo.

¿Cómo replicar a Monnet, y crear en Sudamérica, en lugar de los círculos viciosos del pasado, los círculos virtuosos del futuro, fundados en el comercio, que hace siempre más pacíficas a las naciones?

Hace años que pienso que tendremos que construir una gran Confederación de la energía (pensaba al principio en gas, pero energía en un amplio sentido es más adecuado), que incluya también a Bolivia. Chile no tiene energía ni agua.

Podríamos edificar un gran polo, de nivel mundial, en el Pacífico Sur, socios los tres países, y exportando al Pacífico, frente al cual estamos ubicados. He propuesto esta idea el año pasado, en Río de Janeiro, al presidente Lagos. Imaginaba saliendo de Ilo grandes buques metaneros, del gran polo petroquímico (del que podrían ser socios los tres países), al que llegaba un gran ducto desde Tarija. Sí, ya sé, parece política-ficción, pero algún día lo haremos.
Porque cuando ya no estemos sobre la tierra, quedarán los Andes.

Fuente: Revista Caretas n° 2260 (Perú).  29 de noviembre del 2012.

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