miércoles, 29 de junio de 2011

“Las brujas en el imaginario medieval”. Historia de la caza de brujas en la edad media y moderna.


Brujas: ¿víctimas o DEMONIOS?

La caza de brujas fue uno de los hechos más brutales de la historia europea. Dos historiadores italianos* estuvieron en Lima para disertar sobre el tema.

Por: Jorge Paredes

Entre la Baja Edad Media y la Edad Moderna, decenas de miles de mujeres fueron quemadas en la hoguera, acusadas de brujería, y otras tantas fueron torturadas y enviadas al destierro. Todo un período en el que Europa soportó sucesivas crisis, guerras territoriales, cataclismos y epidemias, las cuatro plagas como las llamó Hidacio en el “Chronicon”: el hierro, el hambre, la peste y las fieras.

Es en este panorama, desolador y trágico, que el cristianismo, en plena expansión por las antiguas provincias del Imperio Romano de Occidente, impuso una lucha sin cuartel contra los antiguos cultos paganos, entre ellos la brujería. La etapa más cruel de esta persecución se viviría alrededor del año 1660 en Alemania. Y treinta años después, el impacto llegaría también a Estados Unidos, con el famoso proceso de las brujas de Salem.

La corte de Diana
Para el profesor italiano Franco Cardini, especialista en historia medieval, la brujería en Europa Occidental estuvo vinculada en sus inicios a los antiguos rituales paganos.

La idea de mujeres que vuelan por las noches, siguiendo a la diosa Diana o a Herodías (la adversaria de Juan el Bautista), estaba ya muy extendida entre los siglos IX y X. De esa fecha datan textos teológicos, como el del obispo alemán Burcardo di Worms, que advierten de “ciertas mujeres malvadas, secuaces de Satanás y engañadas por las ilusiones diabólicas […] que declaran cabalgar en horas de la noche más profunda con una numerosa cantidad de otras mujeres, junto a la diosa pagana Diana”. “En resumen –explica el profesor Franco Cardini– el cortejo detrás de una divinidad nocturna fue calificado primero como irreal y supersticioso por la telogía medieval, pero con el tiempo fue visto como algo evidente, como una realidad urdida por el demonio”. Esto desató la persecución. ¿Por qué se produjo este cambio de mentalidad? ¿Qué pasó entre los siglos XII y XV en Europa?

Epidemias y brujería
Primero, en los siglos XII y XIII se crearon las órdenes dominicas y franciscanas, con tribunales dedicados a perseguir a los herejes. Con esto aumentó la literatura teológica que denunciaba la alineación entre magia y herejía. Y en segundo lugar, Europa, a inicios del siglo XIV, comenzó a sufrir los estragos de las continuas guerras territoriales y la hambruna, lo que desencadenó la terrible peste negra entre 1347 y 1350. Las ciudades se llenaron de cadáveres y existen relatos que afirman que los restos humanos eran devorados por gente hambrienta, que se los disputaban a los animales carroñeros. ¿Fueron, entonces, las brujas un chivo expiatorio ante la tragedia?

Según explica Marina Montesano, docente de la Universidad de Génova, hacia la segunda mitad del siglo XV fueron arrestadas y sometidas a tortura mujeres y hombres acusados de estar al servicio del demonio y de renegar durante el Sabba de la fe cristiana, y cuyo pecado mayor era justamente “difundir epidemias, volver los campos infecundos y convertir en estériles a las personas”. En 1484, el papa Inocencio VIII promulgó la carta apostólica “Summis desiderantes”, en la que denuncia las prácticas mágico-supersticiosas y dos años después el inquisidor Heinrich Kramer da a luz un texto titulado “Malleus maleficarum”, en el que agrava las acusaciones contra las brujas: “Ellas desencadenan granizadas, vientos dañinos con rayos, producen esterilidad en hombres y animales, los niños que devoran los ofrecen a los demonios o los matan de otro modo”. Todo el imaginario apocalíptico de la época.

Sesenta mil víctimas
Según Montesano, entre la mitad del 1400 y la mitad del 1700, unas sesenta mil personas fueron condenadas a muerte por brujería, el 70% de estas víctimas fueron mujeres. Aunque esta cifra está lejos de los millones de condenados que señalan publicaciones alarmistas, Montesano asegura que la cantidad de sentenciados podría aumentar hasta en un 20%, no más. Lo que sí puede establecerse con exactitud, según la investigadora, son tres fases diferentes en la persecución: “Una difusión esporádica de procesos y condenas capitales que terminó alrededor de 1550 y 1560, un incremento notable de casos hacia 1660, el ápice del fenómeno, y una disminución notable a partir del siglo XVIII”. Cuando Europa fue entrando a la modernidad, las brujas y sus vuelos demoníacos fueron desapareciendo del horizonte.

(*) Los historiadores italianos Franco Cardini y Marina Montesano dictaron la conferencia “Las brujas en el imaginario medieval”, en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP.

Fuente: Diario El Comercio, suplemento "El Dominical" (Perú). 26 de Junio del 2011.

Historia del asesinato del conquistador Francisco Pizarro. Las guerras civiles entre los españoles tras la conquista del imperio de los Incas.

La muerte del CONQUISTADOR

El 26 de junio de 1541, hace 470 años, un grupo de hombres armados, que daban vivas a Almagro, dieron muerte a Francisco Pizarro en su austera “casa de morada”. El gobernador departía con un grupo de amigos, quienes ante el peligro huyeron vergonzosamente.

Por: Héctor López Martínez. Historiador

El marqués-gobernador apenas tuvo tiempo de ponerse una coraza y, junto con su hermano materno Francisco Martín de Alcántara, Gómez de Luna y dos jóvenes pajes apellidados Cardona y Vargas, se enfrentó a los asaltantes, cuyo número pasaba largamente la docena. Con vigor juvenil, pese a sus 64 años, Francisco Pizarro y los suyos defendieron la puerta de la habitación donde se encontraban. Uno a uno fueron cayendo muertos sus leales acompañantes. Pasaba el tiempo y Pizarro seguía resistiendo. Entonces Juan de Herrada, jefe de los atacantes almagristas, empujó a uno de los suyos, apellidado Narváez, que fue recibido por la espada de Pizarro que se hundió en su pecho. Ese instante bastó para que los demás almagristas ingresaran en la cámara y rodearan al gobernador asestándole varias estocadas, siendo la que recibió en el cuello la que lo derribó en el ensangrentado piso.

El golpe de gracia

Sintiéndose morir, Pizarro pidió confesión, con la mano izquierda empapada en sangre trazó una cruz e intentó besarla. No pudo lograrlo. Uno de los almagristas le descargó el golpe de gracia con un grueso cántaro de barro que se quebró en la cabeza del moribundo conquistador del incario, fundador de Lima y de muchas otras ciudades, “que de descubrir reinos y conquistar provincias nunca se cansó”.

Socios y rivales

Las desavenencias entre dos de los conquistadores, Francisco Pizarro y Diego de Almagro, se iniciaron cuando este último conoció los términos de la Capitulación de Toledo (1529), considerando que eran muy generosos para Pizarro y menguados para él. Pese a ello, continuó en la empresa descubridora, aunque en un lugar secundario. Después de la captura de Atahualpa, la Corona premió los servicios de Almagro con la gobernación de la Nueva Toledo, que comprendía el actual territorio de Chile. Hacia ahí emprendió Almagro una expedición que resultó un fracaso, por haber tomado una ruta equivocada, causando el frío notable mortandad entre la hueste a tal punto de que Diego de Almagro, con la salud muy maltrecha, ordenó regresar al Cusco, ayudando así, de un modo providencial, a levantar el cerco de esa ciudad férreamente asediada por los seguidores de Manco Inca.

Por las armas

A partir de ese momento, Almagro inició demandas cada vez más ambiciosas para su gobernación en el Cusco. Pizarro, obviamente, rechazó con firmeza tales pretensiones y de nada valieron fallidas entrevistas entre ambos socios y otras gestiones en busca de una conciliación. Entre los almagristas, cuyo caudillo era el mariscal Rodrigo Ordóñez, debido a la enfermedad de Almagro, y los pizarristas, al frente de los cuales estaba Hernando, hermano legítimo del gobernador, no cabía otra alternativa que dirimir sus diferencias con las armas. Esto ocurrió en la sañuda y sangrienta batalla de Las Salinas, cerca del Cusco (6 de abril de 1538). Los almagristas fueron derrotados. Diego de Almagro, imposibilitado de caminar, fue llevado preso a la capital del incario, donde fue juzgado y ejecutado. Dejaba como heredero de sus bienes al rey de España y, de su linaje, a un hijo mestizo que tuvo con una india panameña, que llevaba su mismo nombre y apellido con el remoquete de ‘El Mozo’. Mientras todo esto ocurría, Francisco Pizarro no se movió de Lima. Su conducta en relación con la muerte en el patíbulo de Almagro fue muy controvertida. El marqués gobernador, sin ninguna razón de fuerza, no abandonó la capital. Pudo haber viajado al Cusco y salvar la vida de su socio. Pero no lo hizo y, más bien, dejó actuar a su hermano. Posteriormente, Pizarro ordenó una durísima represión contra los almagristas, privándolos de sus encomiendas –a los pocos que las tenían– y de cualquier tipo de propiedad a todos los demás. Sumidos en desesperante miseria, viendo que el licenciado Cristóbal Vaca de Castro, enviado por la Corona para mediar entre los dos gobernadores, no tenía cuándo llegar al Perú, los almagristas que habían proclamado como su líder a Diego de Almagro ‘El Mozo’, de apenas dieciocho años, decidieron que no tenían otra salida para sus desventuras que el magnicidio, trágico episodio de nuestra historia que hoy recordamos.

Fuente: Diario El Comercio, suplemento "El Dominical" (Perú). 26 de Junio del 2011.

José de la Riva Agüero y su tesis doctoral "La Historia en el Perú". La defensa de la homogeneidad mestiza como procedimiento para fundar la peruanidad.

La Historia en el Perú

Por: Antonio Zapata (Historiador)

Cien años atrás, José de la Riva Agüero sustentó su tesis doctoral titulada precisamente La Historia en el Perú. Fue un trabajo original, centrado en un género entonces desconocido, llamado historiografía. Esto es, un estudio de la historia a través de las obras de los historiadores. Aquí la materia prima no son los hechos, sino la interpretación de los estudiosos. Por lo tanto, se busca revisar críticamente los puntos de vista elaborados para entender las situaciones más saltantes. Armado con este enorme propósito, Riva Agüero redactó una tesis muy sólida, enjuiciando la historia nacional y recomendando soluciones para lograr su grandeza.

La etapa republicana es evaluada a partir de las obras de Mariano Felipe Paz Soldán y Manuel de Mendiburu. Con respecto a la independencia, considera que debió haberse establecido una monarquía, al igual que en el Brasil, donde obtuvo buenos resultados.

Más adelante, lo encontramos defendiendo la Confederación Perú-Boliviana, argumentando, de una manera semejante al presidente electo Ollanta Humala, que Bolivia y el Perú eran partes lamentablemente separadas de la misma nación.

Luego, critica la visión antipierolista de Paz Soldán y defiende al caudillo demócrata durante la guerra con Chile. Riva Agüero sustenta que, después de la caída de Lima, el Perú hubiera debido rendirse, que en esa dirección se orientó la clase alta civilista, al nombrar como presidente a Francisco García Calderón en la Lima ocupada por el ejército de Chile. Por lo tanto, si hubo resistencia nacional fue gracias a la decisión de Piérola de marchar a las montañas y en su condición de presidente del Perú llamar a la lucha contra el invasor. En esta interpretación, en el nacimiento de la resistencia, Andrés A. Cáceres fue un general clave, pero al servicio de un gobierno comandado por el “Califa”.

Esta visión positiva de Piérola se redondea con una apreciación elogiosa de su gobierno de 1895-1899, que habría establecido las bases del crecimiento de la economía y del desarrollo político democrático del país. De acuerdo a Riva Agüero, el país tenía una oportunidad para resolver problemas graves y acuciantes, que se venían arrastrando desde su cuna.

El gran tema era la cuestión indígena. El Perú era demasiado fragmentado y los indios no tenían sitio en la nación que se había conformado desde la independencia. La solución era el mestizaje. Por ello, los primeros capítulos de la tesis contienen un elogio muy trabajado del Inca Garcilaso de la Vega, concebido como el temprano prototipo del mestizo peruano, que fusiona la sangre inca con la española. Un aristócrata por ambas ramas.

Al igual que en el caso personal de Garcilaso, el mestizo propuesto por Riva Agüero adquiría la cultura occidental, pero no para ignorar las cosas de la tierra. Por el contrario, este nuevo mestizo estaría interesado en dirigir el país. El Perú necesitaba orden, porque constantemente caía en explosiones de descontento y desgobierno. Ese orden provendría del mestizo, que tendría luces provenientes de la civilización cristiana y las aplicaría a conducir a nuestro país, difícil por lo distinto y contradictorio.

De este modo, Riva Agüero fue uno de los defensores de la homogeneidad, como procedimiento para fundar la peruanidad. Su planteamiento era borrar las diferencias disolviéndolas en un solo tipo nacional. A diferencia de nuestros días, en que valoramos la diversidad, Riva Agüero y sus compañeros de generación buscaron al mestizo como prototipo que sintetice la experiencia nacional.

No lo hallaron y los intelectuales más diversos estuvieron anhelándolo durante décadas, hasta que olvidamos la idea y la invertimos, apreciando ahora la heterogeneidad en forma positiva.

Fuente: Diario La República (Perú). Mié, 29/06/2011.

miércoles, 22 de junio de 2011

Perú y Brasil. Historia y geopolítica. Las 2 únicas repúblicas vecinas que solo tienen salida a un océano diferente.

"Perú y Brasil"

Por: Isaac Bigio (Internacionalista)

El Brasil está de moda en el Perú. Los 2 candidatos que pelearon por su Presidencia decían que querían seguir el modelo de Lula, mientras que el gobernante saliente quiere dejar como su obra póstuma una versión del Cristo carioca.

Tanto el Cristo de Río como Machu Picchu son las únicas 2 de las 7 maravillas del mundo moderno que están en Suramérica. Sin embargo, a los brasileros no se les ha ocurrido celebrar el centenario del descubrimiento de la ciudadela inca haciendo alguna forma de réplica de ésta en su país.

Pero en el Perú los antiguos admiradores del camino cubano o venezolano, y sus contrincantes que querían emular a Chile, ahora coinciden en querer acercarse al país que lidera la Unión de Naciones Suramericanas y que apunta a entrar al Consejo de Seguridad de la ONU y a ser una de las 5 potencias económicas del mundo.

El Perú ha sido la cuna de muchas lenguas amerindias, luego fue el bastión de la hispanidad en su subcontinente, tiene diarios en chino y japonés y ha educado a sus estudiantes y élites en el francés o inglés. Sin embargo, nunca le ha dado mucha importancia al portugués porque tampoco no puso antes tanto interés en Brasil, el coloso donde residen 200 de los 240 millones de lusohablantes del mundo.

Anteriormente, el Brasil no tuvo mayor influencia sobre el Perú. El antiguo país de los incas se forjó en el mestizaje entre quechuaimaras y españoles, mientras que la herencia indígena o española es mínima en un Brasil cuya población viene de otras partes de Europa y del África.

Ambos países solían antes mirar más hacia las potencias del norte que hacia sus costados laterales. Hoy los 2 países donde empiezan y terminan el mayor río y selva del planeta descubren que se necesitan, entre otras cosas, porque son las 2 únicas repúblicas vecinas que solo tienen salida a un océano diferente.

La influencia brasilera, que antes se centraba en el arte y el deporte, ahora se va expandiendo al campo económico y político.
En la post-guerra fría, Brasil se ha movido de ser un "incondicional" de EE.UU. centrado en el otro lado del Atlántico a enfocarse en América Latina, donde quiere disputar a EE.UU. una mayor influencia sobre ésta.

Brasil ha buscado ser un árbitro que medie entre los gobiernos conservadores y los de la ALBA.

Si el modelo de Chávez fue siendo seguido por los primeros gobiernos "rojos" de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, Lula ha mostrado una senda de convivencia con EE.UU. y los grandes inversionistas, la misma que ha influido en los nuevos gobiernos izquierdistas de Uruguay, Paraguay y El Salvador.

Hoy Humala se ha distanciado de su anterior "bolivarianismo" para proclamar optar por el pragmatismo del PT brasilero (que ha gobernado 8 años a su país junto a partidos y ministros del centro y de la derecha "moderado", sin querer cambiar la Constitución y buscando la continuidad del oficialismo pero con un nuevo rostro femenino).

Fuente: Diario Correo (Perú). 20/06/11.

domingo, 19 de junio de 2011

El rechazo y las adhesiones al fujimorismo en las elecciones del 2011. La regeneración moral y política de una nación. Extravío ideológico y añoración al régimen autoritario de la década de los 90s.

La derrota del fascismo

Por: Mario Vargas Llosa. Escritor, premio nobel de Literatura 2010.

PIEDRA DE TOQUE. Lo que hubiera retornado a Perú con la victoria de Keiko Fujimori habría sido una pandilla de desalmados voraces y un régimen de intimidación, brutalidad, demagogia, soborno y corrupción

La victoria de Ollanta Humala en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el último 5 de junio, ha salvado al Perú de la instalación de una dictadura que, amparada por una mayoría electoral, hubiera exonerado al régimen de Fujimori y Montesinos (1990-2000) de los crímenes y robos que cometió, así como de los atropellos a la Constitución y a las leyes que marcaron ese decenio. Y hubiera devuelto al poder a los 77 civiles y militares que, por delitos perpetrados en esos años, cumplen prisión o se encuentran procesados. Por la más pacífica y civilizada de las formas -un proceso electoral- el fascismo hubiera resucitado en el Perú.

"Fascismo" es una palabra que ha sido usada con tanta ligereza por la izquierda, más como un conjuro o un insulto contra el adversario que como un concepto político preciso, que a muchos parecerá una etiqueta sin mayor significación para designar a una típica dictadura tercermundista. No lo fue, sino algo más profundo, complejo y totalizador que esos tradicionales golpes de Estado en que un caudillo moviliza los cuarteles, trepa al poder, se llena los bolsillos y los de sus compinches, hasta que, repelido por un país esquilmado hasta la ruina, se da a la fuga.

El régimen de Fujimori y Montesinos -da vergüenza decirlo- fue popular. Contó con la solidaridad de la clase empresarial por su política de libre mercado y la bonanza que trajo la subida de los precios de las materias primas, y de amplios sectores de las clases medias por los golpes asestados a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, cuyas acciones terroristas -apagones, secuestros, cupos, bombas, asesinatos- las tenían en la inseguridad y el pánico. Sectores rurales y lumpen fueron ganados mediante políticas asistencialistas de repartos y dádivas. Quienes denunciaron los atropellos a los derechos humanos, las torturas, desapariciones y aniquilamiento masivo de campesinos, trabajadores y estudiantes acusados (falsamente en la mayoría de los casos) de colaborar con el terrorismo, fueron perseguidos e intimidados, y sufrieron toda clase de represalias. Montesinos prohijó una floración de una "prensa chicha" inmunda, cuya razón de ser era hundir en el oprobio a los opositores mediante escándalos fabricados.

Los medios de comunicación fueron sobornados, extorsionados y neutralizados, de modo que el régimen sólo contó con una oposición en la prensa minimizada y en sordina, la necesaria para jactarse de respetar la libertad de crítica. Periodistas y dueños de medios de comunicación eran convocados por Montesinos a su oscura cueva del Servicio de Inteligencia, donde no sólo se les pagaba su complicidad con bolsas de dólares, también se les filmaba a escondidas para que quedaran pruebas gráficas de su vileza. Por allí pasaban empresarios, jueces, políticos, militares, periodistas, representantes de todo el espectro profesional y social. Todos salían con su regalo bajo el brazo, encanallados y contentos.

La Constitución y las leyes fueron adaptadas a las necesidades del dictador, a fin de que él y sus cómplices parlamentarios pudieran reelegirse con comodidad. Las pillerías no tenían límite y llegaron a batir todas las marcas de la historia peruana de la corrupción. Ventas de armas ilícitas, negocios con narcotraficantes a quienes la dictadura abrió de par en par las puertas de la selva para que sus avionetas vinieran a llevarse la pasta básica de cocaína, comisiones elevadas en todas las grandes operaciones comerciales e industriales, hasta sumar en 10 años de impunidad la asombrosa suma de unos 6.000 millones de dólares, según cálculos de la Procuraduría que, al volver la democracia, investigó los tráficos ilícitos durante el decenio.

Esto es, en apretado resumen, lo que iba a retornar al Perú con los votos de los peruanos si ganaba las elecciones la señora Keiko Fujimori. Es decir, el fascismo del siglo XXI. Éste ya no se encarna en svásticas, saludo imperial, paso de ganso y un caudillo histérico vomitando injurias racistas en lo alto de una tribuna. Sino, exactamente, en lo que representó en el Perú, de 1990 a 2000, el gobierno de Fujimori. Una pandilla de desalmados voraces que, aliados con empresarios sin moral, periodistas canallas, pistoleros y sicarios, y la ignorancia de amplios sectores de la sociedad, instala un régimen de intimidación, brutalidad, demagogia, soborno y corrupción, que, simulando garantizar la paz social, se eterniza en el poder.

El triunfo de Ollanta Humala ha mostrado que todavía quedaba en el Perú una mayoría no maleada por tantos años de iniquidad y perversión de los valores cívicos. Que esta mayoría fuera apenas de tres puntos pone los pelos de punta, pues indica que las bases de sustentación de la democracia son muy débiles y que hay en el país casi una mitad de electores que prefiere vivir bajo una satrapía que en libertad. Es una de las grandes tareas que tiene ahora en sus manos el gobierno de Humala. La regeneración moral y política de una nación a la que, el terrorismo de un lado y, del otro, una dictadura integral, han conducido a tal extravío ideológico que buena parte de él añora el régimen autoritario que padeció durante 10 años.

Un rasgo particularmente triste de esta campaña electoral ha sido la alineación con la opción de la dictadura del llamado sector A, es decir, la gente más próspera y mejor educada del Perú, la que pasó por los excelentes colegios donde se aprende el inglés, la que envía a sus hijos a estudiar a Estados Unidos, esa "elite" convencida de que la cultura cabe en dos palabras: whisky y Miami. Aterrados con los embustes que fabricaron sus propios diarios, radios y canales de televisión, que Ollanta Humala reproduciría en el Perú la política de estatizaciones e intervencionismo económico que ha arruinado a Venezuela, desencadenaron una campaña de intoxicación, calumnias e infamias indescriptibles para cerrarle el paso al candidato de Gana Perú, que incluyó, por supuesto, despidos y amenazas a los periodistas más independientes y capaces. Que éstos, sin dejarse amedrentar, resistieran las amenazas y lucharan, poniendo en juego su supervivencia profesional, para abrir resquicios en los medios donde pudiera expresarse el adversario, ha sido uno de los hechos más dignos de esta campaña (por ejemplo, destaco la labor realizada por la publicación digital La Mula). Así como fue uno de los más indignos el papel desempeñado en ella por el arzobispo de Lima, el cardenal Cipriani, del Opus Dei, uno de los pilares de la dictadura fujimontesinista, que me honró haciendo leer en los púlpitos de las iglesias de Lima, en la misa del domingo, un panfleto atacándome por haberlo denunciado de callar cuando Fujimori hacía esterilizar, engañándolas, a cerca de 300.000 campesinas, muchas de las cuales murieron desangradas en esa infame operación.

¿Y ahora, qué va a pasar? Leo en El Comercio, el diario del grupo que superó todas las formas de la infamia en su campaña contra Ollanta Humala, un editorial escrito con gran moderación y, se diría, con entusiasmo, por la política económica que se propone aplicar el nuevo presidente, la que ha sido celebrada también, en un programa televisivo, por directivos de la confederación de empresarios, uno de los cuales afirmó: "En el Perú lo que falta es una política social". ¿Qué ha ocurrido para que todos se volvieran humalistas de pronto? El nuevo presidente sólo ha repetido en estos días lo que dijo a lo largo de toda su campaña: que respetaría las empresas y las políticas de mercado, que su modelo no era Venezuela sino Brasil, pues sabía muy bien que el desarrollo debía continuar para que la lucha contra la pobreza y la exclusión fuera eficaz. Desde luego, es preferible que los nostálgicos de la dictadura escondan ahora los colmillos y ronroneen, cariñosos, a las puertas del nuevo gobierno. Pero no hay que tomarlos en serio. Su visión es pequeñita, mezquina e interesada, como lo demostraron en estos últimos meses. Y, sobre todo, no hay que creerles cuando hablan de libertad y democracia, palabras a las que sólo recurren cuando se sienten amenazados. El sistema de libre empresa y de mercado vale más que ellos y por eso el nuevo gobierno debe mantenerlo y perfeccionarlo, abriéndolo a nuevos empresarios, que entiendan por fin y para siempre que la libertad económica no es separable de la libertad política y de la libertad social, y que la igualdad de oportunidades es un principio irrenunciable en todo sistema genuinamente democrático. Si el gobierno de Ollanta Humala lo entiende así y procede en consecuencia por fin tendremos, como en Chile, Uruguay y Brasil, una izquierda genuinamente democrática y liberal y el Perú no volverá a correr el riesgo que ha corrido en estos meses, de volver a empantanarse en el atraso y la barbarie de una dictadura.

Fuente: Diario El País (España). 19/06/2011.

domingo, 12 de junio de 2011

Historia de Robert Kennedy: Vigoroso activista en defensa de la no violencia y colaborador indesmayable del Movimiento Afroestadounidense por los Derechos Civiles.

RFK hablándole a una manifestación del movimiento de derechos civiles. 14 de junio de 1960.
El segundo Kennedy abatido

Por: Francisco Sanz Gutiérrez

En aquel junio de 1968 Estados Unidos recién se reponía de la conmoción producida por el asesinato de Martin Luther King, ocurrido dos meses atrás, cuando un nuevo magnicidio sacudía el país.

Robert Kennedy, hermano menor del ex presidente John F. Kennedy, caía herido de muerte por varios disparos en el hotel Ambassador de Los Ángeles, donde acababa de brindar un discurso de agradecimiento a los electores que le habían dado el triunfo en las primarias del estado de California. Con tal espaldarazo, ya no había rival en su camino para ser el candidato del Partido Demócrata a la Presidencia de EE.UU. en los comicios de noviembre. Pero, pistola en mano, apareció Sirhan Bishara Sirhan, un joven palestino de 22 años, y todo acabó.

No solo el trágico final hermana a Luther King y a Robert Kennedy. Si el primero fue un líder afroamericano incansable en la lucha contra la discriminación y el racismo, Bobby se había erigido en un vigoroso activista en defensa de la no violencia y quizá su mayor legado fue su colaboración indesmayable con el Movimiento Afroestadounidense por los Derechos Civiles. Como fiscal general, fueron moneda corriente sus envíos de policías a la Universidad de Mississippi para garantizar la integración de los estudiantes de color.

Poco antes de su deceso, pronunció un discurso tan emotivo como premonitorio: “Hoy no es un día para la política. Aprovecharé esta ocasión para hablarles de la insensata violencia en América, que de nuevo salpica nuestro país. No incumbe a una sola raza: las víctimas de la violencia son negras y blancas, ricas y pobres [...] Nadie, viva donde viva, haga lo que haga, puede estar seguro de quién será el próximo en sufrir un acto insensato de derramamiento de sangre”.

EL HERMANO CONSEJERO
Robert Kennedy fue el séptimo de los nueve hermanos del clan. “Cuando uno no es de los primeros, aprende a luchar para sobrevivir”, repetía con frecuencia. No obstante, la cercanía espiritual con JFK, más allá del vínculo carnal, le abrió puertas. A poco de llegar este a la presidencia de la nación, Robert fue nombrado fiscal general de EE.UU. y se convirtió en uno de los principales asesores de su hermano.

Tras el atentado que segó la vida de JFK en 1963, Bobby se alejó del Gabinete presidencial en vista de la poca empatía con el sucesor Lyndon Johnson. Decidió entonces tentar un asiento en el Senado como representante por Nueva York. En noviembre de 1964 resultó elegido.

Luego de tres años y medio de labor, en la que insistió en su pelea por los derechos civiles y destacó por su oposición a la guerra en Vietnam, su alta popularidad lo puso en la catapulta al máximo cargo del país.

En esas andaba hasta esa noche de junio de 1968. El asesino confesó que lo había hecho por el apoyo político de Bobby a Israel. Aunque hasta hoy no todos creen la teoría del tirador solitario y apuntan, más bien, a conspiraciones de la industria militar o de la ultraderecha.

Fuente: Diario El Comercio, suplemento "El Dominical" (Perú). Domingo 12 de Junio del 2011.

Recomendado:

El clan Kennedy y la política norteamericana del siglo XX.

domingo, 5 de junio de 2011

Historia del Genocidio de Srebrenica (Bosnia Herzegovina). Historia de Ratko Mladic "El carnicero de los Balcanes".

La masacre de Srebrenica

En 1995 ocho mil musulmanes fueron fusilados en la localidad de Srebrenica, en Bosnia Herzegovina. El genocidio fue liderado por Ratko Mladic, detenido la semana pasada tras 16 años de estar prófugo. Aquí un recuento de la mayor masacre étnica registrada en Europa desde el Holocausto de los judíos.

Uno de los soldados que participaron en la masacre de Srebrenica, ciudad montañosa al este de Bosnia Herzegovina, en julio de 1995, describe así el dilema fatal al que lo sometió el oficial al que debía obediencia: “Uno de los jefes nos dijo que por lo menos teníamos que matar a un musulmán para que nos entrara el gusto por matar. Bueno, yo no quería matar, pero me dijeron que si no lo hacía me mataban a mí”.

En 1992 los serbios (cristianos ortodoxos), bosnios (musulmanes) y croatas (católicos) iniciaron un conflicto bélico interno por complejas disputas étnicas, religiosas, sociales y políticas. Un año después, Srebrenica cayó bajo el control de las fuerzas serbobosnias. Bajo el estado de sitio, la ciudad se quedó sin suministro de agua, la electricidad provenía de generadores improvisados, mientras que escaseaban las medicinas y los alimentos de primera necesidad. Los militares habían destruido los suministros de agua y electricidad. En abril de 1993 la crítica situación en la ciudad llevó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a desplazar 400 cascos azules holandeses para que la custodien. Luego, Srebrenica fue declarada “área segura, libre de ataques y otras acciones hostiles”. La Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (Unprofor) solo estaba autorizada a usar la fuerza en defensa propia, y no en defensa de los civiles a los que debían proteger. El territorio se convirtió en el refugio de miles de civiles que huían de los ataques serbios. La tarde del 11 de julio de 1995, burlando la supuesta protección de la ONU, la ciudad fue capturada por el Ejército de la República Srpska liderado por Ratko Mladic y un grupo paramilitar serbio conocido como “Los Escorpiones”. Mladic recorrió las calles de la ciudad y frente a una cámara de televisión que lo acompañaba sentenció: “Aquí estamos, el 11 de julio de 1995, en la Srebrenica serbia, justo antes de un gran día para Serbia. Entregamos esta ciudad a la nación serbia, recordando el levantamiento contra los turcos. Ha llegado el momento de vengarse de los musulmanes”.

Al día siguiente, el mismo Mladic repartió chocolatines entre los niños y les prometió a los civiles que serían evacuados a una zona segura. Luego ordenó la separación de los varones en edad de combatir. De manera muy violenta, los militares obligaron a las mujeres y niñas a separarse de los hombres; los cascos azules observaban impotentes el maltrato sin poder intervenir. Estas escenas fueron mostradas por la televisión serbia y se transmitieron por todo el mundo.

Al día siguiente, todas las mujeres y niños menores de 12 años fueron trasladados en buses a un territorio cercano y los hombres de Mladic les dijeron que se reencontrarían con sus familiares. A los hombres y niños que permanecieron en la cuidad les dijeron que serían interrogados por posibles crímenes de guerra. Los esposaron, les vendaron los ojos y los condujeron a una granja cercana. Al bajar del autobús los esperaba un pelotón de fusilamiento integrado por Aleksandar Cvetkovic, un ex miembro del 10° Destacamento de Sabotaje del Ejército Serbo-Bosnio (VRS), junto con otros siete soldados. La masacre duró diez horas. El saldo: cerca de 8 mil hombres, de entre 12 y 77 años, imposibilitados de escapar, murieron.

Mientras las matanzas se efectuaban en las afueras de la ciudad, la población vivía amenazada bajo una campaña de terror por parte del Ejército. Los refugiados podían ver a los soldados incendiando las casas y robando a quien les provocaba. Allí también se cometieron más ejecuciones; esta vez incluyeron a mujeres y niños menores de 12 años.

Una situación similar se vivía al mismo tiempo en Potocari, una ciudad a 6 kilómetros de Srebrenica. Un testigo señaló haber visto una pila de 30 cuerpos detrás del edificio del transporte. También presenció cómo los soldados serbios ejecutaron a decenas de refugiados musulmanes y después cargaron sus cuerpos sobre un vehículo. El número de los asesinatos en Potocari jamás fue contabilizado.

Más atrocidades

Srebrenica no fue el único escenario en el que Mladic ordenó asesinatos. Siguiendo el lema “Por una Serbia étnicamente pura” ideado por Slobodan Milosevic, ex presidente serbio, el jefe militar cometió un sinnúmero de asesinatos. Mladic también dirigió el asedio más prolongado en la historia de la guerra moderna. Durante 43 meses –entre el 5 de abril de 1992 y el 29 de febrero de 1996–, los soldados cortaron las líneas de agua, luz y el tránsito de alimentos de los habitantes de Sarajevo. El cerco pretendía hostigar y aterrorizar a una población de 350.000 musulmanes, serbios, judíos y croatas como estrategia para lograr su rendición.

Hubo 12 mil muertos y 50 mil heridos. El 90% de las muertes fue lejos del frente, en las calles.

“Fue Serbia. Fueron mis tropas, por su cuenta, las que mataron. Yo ordené evacuaciones”, declaró Ratko Mladic luego de ser arrestado el 26 de mayo en la casa de un primo al norte de Belgrado. Quien hasta antes de su captura era el fugitivo más buscado de Europa se declara ahora inocente.

En 1996 fue acusado de crímenes de guerra por el Tribunal Penal Internacional de La Haya para la ex Yugoslavia. Mladic vivió en un barrio de clase alta en Belgrado hasta el 2002, protegido por Milosevich, ex presidente de Yugoslavia. Luego huyó y no se supo de él hasta hace una semana. “Después de 16 años de espera, para nosotros, familiares de las víctimas, es un alivio”, dijo Hajra Catic, presidenta de la asociación Mujeres de Srebrenica. La caída de Mladic conforta a millones pero inevitablemente remueve los recuerdos que dejó la masacre más grande registrada en Europa después de la II Guerra Mundial.

¿Héroe nacional?

Diez mil personas protestaron el 29 de mayo en Banja Luka, capital de Serbobosnia, por el arresto de Mladic. “Él no es un criminal, no ordenó los asesinatos. Defendió a su pueblo de manera honorable, justa y profesional”, dijo uno de los manifestantes.

La marcha fue convocada por los veteranos de guerra. Quienes lo defienden recuerdan episodios de la guerra de Bosnia en la que ellos también fueron víctimas. Entre los manifestantes se encontraban el actual vicepresidente Emil Vlajki y miembros del Parlamento serbobosnio, entre ellos el líder del Partido Democrático, Mladen Bosic.

El carnicero

Origen. Ratimir Mladic Lalatovi nació en la actual Bosnia Herzegovina el 12 de marzo de 1942.

Infancia. Cuando tenía dos años, su padre murió a manos de croatas aliados a los nazis.

Formación. Fue criado en la antigua Yugoslavia en un ambiente bélico con formación nacionalista.

Estudios. A los 15 años ingresó al Ejército. Tuvo una carrera militar exitosa, se graduó con el número uno de su promoción.

Militar. Fue el oficial más joven de su época. Comenzó como subteniente, luego fue ascendido a jefe del Departamento de Educación del Tercer Distrito Militar de Skopje.

Familia. Se casó con Bosa Mladic, con quien tuvo dos hijos, Darko y Ana. Su hija se suicidó a los 23 años en 1994 tras enterarse de las acusaciones de genocidio que recayeron sobre su padre.

Fuente: Diario La República, revista “Domingo” (Perú). 05/06/2011.