martes, 20 de diciembre de 2011

Historia de la colonización portuguesa en Asia: La India (Goa).

"Goa: 50 años"

Por: Isaac Bigio (Internacionalista)

Cuando Colón en 1492 llegó a las Américas él pensaba que había llegado a la India (la cual hace 5 siglos era percibida como una gran civilización con apreciadas riquezas y especias), por lo que a sus habitantes nativos denominó como indios (término que aún se mantiene).

Sin embargo, los ibéricos llegaron 6 años después a la verdadera India donde se mantuvieron medio milenio. Este episodio, que no es muy conocido, se acabó el 19 de diciembre de 1961 cuando la India se anexó Goa y todas las posesiones portuguesas que estaban sobre sus costas. Así se dio fin al Estado Portugués de la India, el único enclave cristiano y europeo en el subcontinente más poblado del mundo.

Los portugueses llegaron a la India 2 años antes de arribar al Brasil, donde nunca se toparon con grandes ciudades o estados. En el océano Índico y la India, en cambio, se confrontaron con civilizaciones más antiguas y hasta más avanzadas en varios rubros, compitiendo con los árabes y musulmanes.

En 1510 los lusos capturaron Goa, la cual convirtieron en la capital de todas sus posesiones en el Índico, el tercer mayor océano del mundo donde durante los siglos XVI y XVII su idioma sería la lengua franca comercial.

Goa es hoy uno de los estados más chicos de la India, pero en su momento fue el centro de la administración portuguesa de todo el oriente que incluía colonias en Mozambique y en la costa este africana, en los hoy riquísimos Omán y Bahréin, por todas las costas de la India (incluyendo Bombay/Mumbai, el hoy mayor centro financiero sudasiático), en la mayor parte de Sri Lanka y en partes de Indonesia, Malasia, China y Japón.

Goa estuvo en manos ibéricas una década antes de que los españoles conquistasen México y casi un cuarto de siglo antes de que subyugasen a los incas. Y se quedaron allí casi medio siglo después de que los ibéricos hubiesen sido echados de la América continental. En la India los portugueses no siguieron la estrategia española de querer destruir los imperios indios americanos, limitándose a crear enclaves donde se cristianizaba obligatoriamente a su población, pero que se centraban en comerciar antes que buscar conquistar a las avanzadas civilizaciones que le rodearon. El único intento de querer marchar sobre el interior fue en Sri Lanka donde acabaron siendo echados por una alianza de nativos con holandeses. Si bien Goa portuguesa capituló en menos de 2 días, en el Índico aún existen numerosos apellidos, bailes y herencias culturales ibéricas, siendo el catolicismo sudasiático su principal legado.

Fuente: Diario Correo (Perú). 18/12/11

martes, 13 de diciembre de 2011

Guillermo O’Donnell: reconocido politicólogo argentino y crítico de las teorías culturalistas en política.


O’Donnell (1936-2011)

Por: Eduardo Dargent (Politólogo)

Difícil decir algo nuevo sobre Guillermo O’Donnell (GOD), después de lo escrito por varios de sus colegas y discípulos lamentando su muerte. Scott Mainwaring, por ejemplo, ha preparado una brillante nota para el Instituto Kellogg discutiendo cómo las investigaciones de GOD acompañaron al cambio de régimen político en América Latina. Pero intentaré hacerlo, pues creo que este argentino universal merece toda la atención que viene recibiendo y mucha más. Intentaré presentarles a GOD en clave de oposición, mostrando contra quiénes debatió a través de su vida, tanto en su trabajo académico como en su aproximación a la disciplina y la política. Creo que hay mucho que aprender de esas oposiciones.

O’Donnell se hizo conocido en la ciencia política por lanzar un golpe demoledor contra quienes pensaron que la modernización en el mundo traería aparejada sociedades más democráticas e igualitarias. En su estudio de lo que llamó autoritarismos burocráticos mostró cómo las tensiones producidas por los cambios económicos y sociales en el Cono Sur dieron lugar a regímenes militares autoritarios de una violencia inusitada.

También criticó a teorías culturalistas que explicaban estos regímenes por una supuesta cultura autoritaria en la región. Este culturalismo académico fue instrumentalizado por militares y élites conservadoras para justificar la exclusión y represión de amplios sectores de la población. GOD mostró que las causas de estos regímenes no estaban en una cultura inalterable, sino en poderes fácticos que con el apoyo de ciertos sectores sociales eran capaces de sostener regímenes conservadores excluyentes. Pero además mostró que estos regímenes tenían problemas de estabilidad, con crecientes tensiones a su interior. Sus estudios sobre las transiciones mostraron la importancia de los juegos de poder entre élites para derrumbar regímenes que algunos consideraban monolíticos.

Pero resaltar la importancia de estos juegos de élite en la caída de un autoritarismo no llevaba a GOD a concluir que fuese sencillo construir democracias sólidas, o que factores estructurales y de capacidad estatal no fueran esenciales tanto para las transiciones como para la estabilidad de esas nuevas democracias. Al contrario, su agenda intelectual en las últimas décadas fue explorar las causas de esta debilidad democrática, sea mirando a presidentes sin controles institucionales, a zonas de nuestros países donde no existe el Estado de derecho o a la forma en que se ejerce la ciudadanía en nuestros países.

Sin embargo, en su crítica a estas nuevas democracias dejaba muy claro que había una gran diferencia entre los regímenes de hoy, por imperfectos que sean, y los autoritarismos del pasado. Contar con elecciones competitivas y libertades básicas, alternancias de poder de izquierda a derecha, una reducción importante de la pobreza en algunos casos, y niveles de gobernabilidad bastante altos en varios países, no es poca cosa y menos frente a los diagnósticos fatalistas de ciertos conservadores e izquierdistas. Fue un crítico leal de la democracia y al hacerlo se enfrentó con quienes decían que era un régimen inviable o a quienes todavía dicen que poco o nada ha cambiado en la región.

Hay otras lecciones que nos deja GOD en su forma de entender la academia, la ciencia política y la política en general. Fue parte de una generación intelectual excepcional en Latinoamérica, que produjo teoría desde el conocimiento a profundidad de la región para dialogar con el mundo. Las teorías e ideas de GOD han iluminado diversos procesos de cambio de régimen, desde la democratización de diversas regiones en los ochenta hasta las actuales revueltas en el Medio Oriente. Un profesor apasionado de la teoría política (en especial Hobbes) que construía agendas de investigación en base a problemas fundamentales, ideas grandes, lección importante para una disciplina que hoy a veces privilegia la técnica sobre el contenido. Un republicano, un liberal difícil de encuadrar, que debatió a través de su vida con termocéfalos de todo tipo, en una región que necesita mucho menos fanatismo y más crítica.

Fuente: Diario 16 (Perú). 04-12-2011.

Recomendados:

El concepto de Democracia Delegativa. Guillermo O´Donnell.

Guillermo O’Donnell y las democracias delegativas en Amèrica Latina.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Carlos Franco y su aporte intelectual al Perú.

Imagen: lamula.pe

Carlos Franco (1939-2011)

Por: Mirko Lauer (Periodista y escritor)

Acaba de fallecer Carlos Franco, distinguido pensador y activista de causas populares, autor de textos claves en la ciencia política latinoamericana, amigo y maestro de generaciones de políticos ubicados en la izquierda democrática. Su vida estuvo dedicada a promover por diversos medios el cambio social en el Perú.

Franco dedicó estos últimos años de su vida a un estudio sobre la naturaleza de la democracia en la historia. La preocupación era de fondo: se había pasado buena parte de su vida política explorando la posibilidad de una democracia capaz de revolucionar la sociedad peruana, o al menos de aliviar sus injusticias.

Tuvo la esperanza de que cumplidas sus reformas la dictadura velasquista (que ambos apoyamos, de lados contrarios) devolviera el poder de decisión al pueblo, mediante lo que se llamó entonces una democracia participativa. El golpe interno de 1975 reveló los límites de ese proyecto.

Diez años más tarde la victoria electoral del Apra le devolvió a Franco las esperanzas, y lo llevó a asesorar a Alan García en el intento de darle a la democracia un giro a la vez liberal en política y radical en economía. La idea de limitar el pago de una deuda externa agobiante lo entusiasmó; el resultado práctico lo llenó de dudas.
Fue por ese tiempo que empezó a profundizar dos temas centrales en su obra: el carácter del populismo en América Latina y la naturaleza de las transiciones de la dictadura a la democracia formal en el continente. Este último tema lo trató en su libro Acerca del modo de pensar la democracia en América Latina (1998).

En ambos temas sus conclusiones orbitaron en torno del carácter estructural de las trabas históricas a la participación popular. En otras palabras, que el problema de transiciones, sobre todo latinoamericanas, es que siempre llevan de vuelta al pasado, y esto porque sus actores consideran a la política una esfera independiente de la historia.

Acaso su texto más difundido en el país sea Imágenes de la sociedad peruana: la otra modernidad (1991), donde desde la sociología y la cultura define la existencia de un proyecto democrático, nacional y popular, anclado en el mestizaje poscriollo. La identidad como elemento postergado en la política siempre fue una de sus preocupaciones.

Fue Carlos Franco un hombre bondadoso y amable, un espíritu sonriente, lector enciclopédico, conversador eximio y de largo aliento, caminante infatigable. Su obligado apartamiento del mundo en estos últimos años abrumó a sus amigos, y muy temprano privó al país de uno de sus más lúcidos interlocutores.

Fuente: Diario La República (Perú). 11-12-11.

Ocaso de la URSS y nacimiento de la "Nueva Rusia". Breve historia presente de Rusia.

El 8 de diciembre de 1991, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia se reúnen en los bosques bielorrusos y firman un tratado para la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

El gigante desaparecido

EL RÉGIMEN QUE NACIÓ DE UNA REVOLUCIÓN Y UNA GUERRA CIVIL SE EXTINGUIÓ DE LA MANERA MÁS INOCUA, VENCIDO POR EL PESO DE SUS PROPIOS ERRORES. LA NUEVA RUSIA AÚN BUSCA SU LUGAR EN EL ACTUAL ORDEN MUNDIAL.

Por: Jorge Moreno Matos (Periodista)

“Les guste o no les guste, la historia está de nuestro lado. Nosotros los vamos a enterrar”. Quien hablaba así en 1956 era Nikita Kruschev, secretario general del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la todopoderosa y temida URSS, hoy un vestigio de la historia que muy pocos, solo sus más encarnizados defensores, extrañan y defienden. Hace 20 años, desapareció del mapa de la historia por razones que todavía historiadores y politólogos discuten. Porque, aunque parezca mentira, el régimen que nació de una revolución y una guerra civil se extinguió de la manera más inocua, vencido por el peso de sus propios errores.

Después de 35 años del discurso de Kruschev, el último de una corta lista de sus sucesores en el cargo, Mijail Gorbachov, dirigía otro a todos los rusos para anunciarles lo hasta entonces imposible: “Queridos compatriotas y conciudadanos, a causa de la situación que se ha creado con la formación de la Comunidad de Estados Independientes, pongo fin a mis funciones de presidente de la URSS [...]. Los acontecimientos han tomado un giro diferente. Ha ganado la línea de desmembramiento del país y de dislocación del Estado, y es algo que no puedo aceptar”.

Era el 25 de diciembre de 1991 y la URSS dejaba de existir. Herida de muerte, la Comunidad de Estados Independientes (CEI), creada el 8 de diciembre por Bielorrusia, la Federación Rusa y Ucrania, y a la que luego se les uniría Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Azerbaiyán, Armenia y Moldavia, fue la que le dio el tiro de gracia. El discurso televisivo de Gorbachov la noche de Navidad fue tan solo el epitafio para un imperio construido, según Kapuscinski, en “un país donde la historia es un volcán en permanente erupción”.

Media hora después, la bandera soviética de la hoz y el martillo fue arriada en el Kremlin e izada la tricolor de la Federación de Rusia. Una época llegaba a su fin.

UN GIGANTE CON PIES DE BARRO

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas nació de la revolución bolchevique de 1917 y creció a costa de las otras naciones debido a la política expansionista iniciada por Lenin en 1922. Erigida sobre la base de la Rusia zarista, ese año anexó a Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Entre 1924 y 1936, se unieron cinco repúblicas más del Asia Central; luego, se sumarían las repúblicas bálticas, como Moldavia.

Son las mismas repúblicas que, tras el golpe fallido del 19 de agosto de 1991 por los sectores más conservadores del Partido Comunista (que intentando impedir la desintegración de la URSS, la aceleraron), declararon su independencia una por una. El 8 de diciembre firmaron los acuerdos de Belovézhskaya Puscha en los que declararon que la URSS había dejado de existir como “sujeto de relaciones internacionales”.

Era una situación inevitable luego de décadas de economía planificada ajena a las fuerzas del mercado, una costosa presencia militar en los países satélites y una carrera armamentista que agotó sus arcas, y que reclamaba urgentes y drásticos cambios. La URSS era un gigante, pero con pies de barro.

Cuando Gorbachov accede a la secretaría general del PC, lleva a cabo su plan de reformas, perestroika (reestructuración) y glasnot (transparencia), sin saber o sospechar que ponía en marcha un proceso que acabaría con una de las dos potencias del siglo XX. No por nada el historiador peruano Pablo Macera, en una ocasión, se refirió a él como el “mayor incompetente de la historia”.

Veinte años después, la Rusia que quedó de esa aventura trágica llamada comunismo es una muy distinta, tanto política como social y económicamente.

LA RUSIA DE PUTIN

Del golpe del 19 de agosto de 1991, emergió la figura heroica de Boris Yeltsin, quien se convirtió en el primer presidente elegido democráticamente en la historia de Rusia tras la desintegración de la URSS. Yeltsin salvó al país en esa ocasión, sí; pero a un costo demasiado alto.

“Cuando Yeltsin llegó al gobierno, un grupo de economistas de orientación liberal hizo que la economía rusa se acomodara a este modelo de forma muy drástica, muy rápida y con un alto costo social”, nos explica Héctor Maldonado Félix, profesor de Historia Política Contemporánea en San Marcos. El resultado: el empobrecimiento de la población, el advenimiento de una nueva aristocracia de multimillonarios y el debilitamiento frente a Occidente.

Luego, Yeltsin le cedió la posta en el 
Kremlin a un antiguo miembro de los servicios secretos rusos, Vladimir Putin, lo que para muchos significó el retorno de los métodos y estrategias del antiguo régimen totalitario comunista. Los crímenes de la periodista Anna Politkovskaya y el espía Alexander Litvinenko, entre muchos más, parecieran confirmar esas sospechas.

“Putin es lo más ruso que hay. Putin sigue la tradición rusa de Pedro El Grande, aunque no tan vinculado a Occidente. Si con Yeltsin accedió una oligarquía privada, con Putin es una oligarquía orientada a la defensa de la madre Rusia, de la gran patria rusa”, señala Maldonado.

“¿Qué es la Unión Soviética? Pues Rusia, lo único es que antes se llamaba de otra manera”, afirmó hace unos días Vladimir Putin, el líder que para sus compatriotas llegó para devolverle el orgullo perdido tras la traumática desaparición de la URSS.

No importa que ello haya significado el retroceso en las libertades democráticas que el propio Mijail Gorbachov ha denunciado, y quien ha acusado a Putin de querer convertirse en “un nuevo zar”.

Pero, ¿puede Rusia llegar a ocupar otra vez el lugar de potencia mundial que antes tenía? Difícilmente.

“Su crecimiento demográfico es pequeño frente a Asia, por ejemplo. Puede crecer en los próximos 30 años. Así que Rusia es una potencia de segundo orden, pero una potencia de segundo orden decisiva para marcar el desequilibrio. Piénsese en Afganistán, Irán, la Unión Europea, etc. Para que vuelva a ocupar el lugar de potencia mundial de primer orden, tendría que colapsar China”, nos explica.

Hoy, luego de veinte años del colapso, el Partido Comunista de Rusia (PCR) todavía considera como una traición la firma de los acuerdos de Belovézhskaya Puscha, que dio paso a la CEI y formalizó la desintegración de la Unión Soviética, e insiste en que los responsables sean llevados ante la justicia. El primero en su lista es Mijail Gorbachov, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 1990 por enterrar para siempre el viejo Estado fundado por Lenin.

Los oligarcas, los nuevos amos de Rusia

Si algo fue característico de la Unión Soviética, fue su casta de líderes que gobernó de manera omnipotente a 300 millones de personas sin un ápice de remordimiento. Fue una gerontocracia que hizo y deshizo los destinos de millones de rusos en nombre de una ideología. Hoy, esa gerontocracia ha sido reemplazada por otra, la de los oligarcas, los nuevos amos de Rusia. Pese a resultar increíble, el predominio de una oligarquía en el país no resulta extraña en la historia y política rusas.

“Rusia nunca ha conocido la democracia. Bajo la Unión Soviética, había también una oligarquía de origen proletario, muy distinta a la aristocrática del siglo XVII”, nos explica el historiador Héctor Maldonado.

En la Rusia postsoviética, los oligarcas se han encargado de acaparar los principales puestos políticos y económicos recurriendo a métodos non sanctos y, sobre todo, jurando lealtad al Kremlin. Quien se ha negado o apartado del camino ha pagado las consecuencias. Es el caso del magnate petrolero Mijail Jodorkovski, condenado en junio del 2005 a nueve años de prisión por malversación financiera y corrupción, delitos que muy bien podrían haber llevado a muchos otros como él a la cárcel. En realidad, su delito fue pretender ser presidente.

Hoy, los oligarcas ligados a la banca, el petróleo o la electricidad mandan en Rusia. Acaparan las riquezas nacionales en pocas manos. El propio presidente Dimitri Medvedev, ligado a la gasífera Gazprom, es uno de ellos, como lo fue Yeltsin y lo es Putin.

La mafia impera en Rusia

Un ejemplo más de la descomposición rusa tras la caída de la Unión Soviética es el empoderamiento que el crimen organizado ha alcanzado en estos veinte años, y su presencia en el mundo.

Con intereses en actividades tan lucrativas y legales como la industria petrolera, sus verdaderas fuentes de ganancias están en el tráfico de personas, el narcotráfico, el muy rentable tráfico de armas e, incluso, el mercado negro de materiales nucleares para grupos terroristas, además del lavado de dinero propio y ajeno.

Compuesta por una compleja red de organizaciones criminales, la mafia rusa, considerada una de las más violentas, es otra herencia de la desaparecida Unión Soviética, a la sombra de la cual aprendió su forma de trabajo y colaboración entre sus miembros. El mayor peligro que ahora representa es su marcada presencia en la política rusa.

Fuente: Diario El Comercio (Perú). 11-12-11.

Recomendados:

Teorías sobre las causas de la caída de la Unión Soviética (URSS).

Especial de la BBC sobre la caída de la URSS.

Origen africano del hombre. La discriminación vigente contra la población negra en el mundo.

"Negros de los negros"

Por: Isaac Bigio (Historiador)

Vivimos en un mundo tan contradictorio que los que terminan siendo los más discriminados y perseguidos son justamente aquellos pueblos a quienes más deberíamos agradecer porque gracias a ellos existimos.

Según la genética, todos los humanos que vivimos fuera del África descendemos de un puñado de africanos que hace 60,000 años cruzó el Mar Rojo para poblar el resto del planeta.

Durante el mayor tiempo desde que aparecieron los primeros homínidos hace 2 a 4 millones de años y los primeros miembros de nuestra especie, hace 200,000 años, las tribus más avanzadas tenían la piel oscura. Los actuales europeos descienden de africanos que contribuyeron a la extinción de la población nativa europea (los neandertales de piel blanca y barba y bellos tupidos).

Las primeras civilizaciones de la Europa continental se basaron en las que antes surgieron en Asia o África (de la cual provienen las pirámides del Nilo).

Sin embargo, la globalización se inició entre los siglos XV y XVI esclavizando a decenas de millones de africanos, subdesarrollando ese continente para poblar a las Américas y hacer que Europa, que nunca lideró al mundo, llegase a convertirse en el centro del planeta.

A pesar de que deberíamos agradecer a toda la gente morena porque gracias a ellos existimos como especie y gracias a su sacrificio se desarrollaron todas las economías occidentales, aún hoy los afro-americanos están dentro de los más pobres en sus respectivas sociedades y en los 3 países con mayor población negra en la América ibérica (Brasil, Colombia y Cuba) nunca ninguno de ellos ha sido electo a la Presidencia.

De todos los pueblos africanos, los más grandes en antigüedad son los más pequeños en peso y estatura: los pigmeos y los bosquimanos. Ellos son quienes poseen los cromosomas más cercanos a los de los ancestros de toda la humanidad.

Los bosquimanos tienen la piel tostada, pero clara y los pómulos y ojos ”achinados” manteniendo características que luego desarrollarían quienes provienen de su mismo tronco y que darían origen a las 3 grandes razas de hoy (negroides, blancoides y asiático/amerindios). Como carecen de un Estado, ellos sufren hasta los peores abusos dentro de los países que más han sido abusados.

Los pigmeos del Congo y Ruanda padecieron de violaciones, carnicerías y hasta el ser cazados y devorados como animales durante las guerras de ambos países (las peores de la postguerra fría).

Alemania, antes que en 1939-45 hiciera un holocausto contra los judíos y gitanos, en 1904-07 hizo uno previo en Namibia exterminando a la mayoría de los herreros y de los namas (ligados a los bosquimanos que hoy la república negra de la Botsuana anda expulsando de sus tierras para poder extraer diamantes). Es penoso ver cómo pocos se mueven para defender a quienes comparten los genes, rasgos y modos de vida de nuestros verdaderos Adán y Eva.

Fuente: Diario Correo (Perú).07/12/11.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Breve historia de la izquierda peruana. Sectarismo, rupturismo y dogmatismo. El ARI y Luis Favre.

Luis Favre y Carlos Tapia

Formación y ruptura del ARI

Por: Antonio Zapata (Historiador)

A raíz del debate entre Carlos Tapia y Luis Favre, se ha despertado un interés público sobre el papel del asesor brasileño en la ruptura de la Alianza Revolucionaria de Izquierda, ARI. Para comprender su rol, debemos retroceder a la constitución de dicha alianza, en diciembre de 1979, exactamente 32 años atrás.

Se formó ARI con la presencia de dos grupos trotskistas: el PRT de Hugo Blanco y el POMR de Ricardo Napurí. Asimismo, era parte de ARI, la UDP, a su vez integrada por tres partidos: el MIR de Carlos Tapia y Carlos Malpica, VR de Javier Diez Canseco y Edmundo Murrugarra y el PCR de Manuel Dammert. Por último, también se hallaba presente el UNIR, un frente maoísta dirigido por Patria Roja, en ese entonces encabezado por Horacio Zevallos. Es decir, en ARI se hallaban en un extremo dos partidos troskos, al otro lado, un frente maoísta, y al centro, tres grupos marxistas nacionales, motejados como “cholocomunistas”.

En todos estos minipartidos había tensiones, en ninguno primaba la unanimidad. Las contradicciones guardaban relación con la actitud frente a las elecciones presidenciales convocadas para abril de 1980. El Perú vivía la transición a la democracia, habiéndose aprobado la Constitución de 1979; iba quedando atrás el largo gobierno militar de los años 1970.

Dos actitudes básicas se presentaban en todos y cada uno de los grupos de izquierda. Había quienes querían ganar las elecciones, o colocar en el Congreso la cantidad más alta posible de representantes, para ganar influencia en el siguiente período democrático. Entre quienes participábamos de esa actitud predominaba una postura unitaria, puesto que para ganar elecciones es preciso sumar aliados y realizar concesiones.

Pero existía una tendencia opuesta, que buscaba usar las elecciones como tribuna para realizar propaganda por el socialismo. Entre quienes planteaban esta postura tenía vigencia una actitud sectaria; preferían presentar candidatos de cada grupo por separado, ya que, si se trataba de hacer propaganda, entonces debía enarbolarse un programa coherente.

Los rupturistas se apoyaban en una cultura política muy extendida entre la izquierda setentera. En efecto, el sectarismo dominaba ampliamente y cada grupo tenía la impresión de ser el único auténtico. En algunos casos, las otras agrupaciones eran consideradas traidoras y agentes del imperialismo, acusadas incluso de pretender subrepticiamente de llevar al movimiento popular a la derrota. Por ello, no existía una cultura común de izquierdas ni el sentimiento de compartir una comunidad política.

Por el contrario, la desconfianza dominaba la relación entre izquierdistas y el sentimiento predominante era avanzar las fichas propias en detrimento de los demás. Como esa actitud estaba muy presente –en todos los grupos– resulta que era muy débil el sustrato político común que hubiera permitido la unidad electoral.

Cuando se formó ARI fue un instante feliz, en ese momento los pragmáticos y unitarios se impusieron en los diversos partidos y forzaron el entendimiento. Pero en nuestras manos se deshizo, como castillo de arena. Los sectarios fueron recuperando posiciones aquí y allá. Se apoyaban en la desconfianza y en todos los grupos pedían aumentar su cuota de congresistas. Como la torta no alcanzaba, se elevaron voces de ruptura, que surgieron en casi todas las izquierdas a la vez.

En el caso particular de Favre, él era enviado internacional para reforzar la dirección del POMR, uno de los dos grupos troskos integrantes de la alianza. Su participación contribuyó a definir a ese partido por la ruptura. Pero Favre no creó las condiciones políticas que explican la fuerza del sectarismo, ni siquiera tenía influencia sobre todo el trotskismo, sino solamente sobre el POMR, menos sobre los maoístas, cuyo sectarismo fue muy fuerte. Por lo tanto, no decidió la línea ni tampoco fue crucial. La polémica sobre su papel en el gobierno de Ollanta Humala ha sobredimensionado su rol en el pasado.

Fuente: Diario La República (Perú). 07 de diciembre de 2011.

domingo, 4 de diciembre de 2011

El papel del Estado sobre la economía. El debate sobre el carácter estratégico de algunas actividades económicas.

Estrategia y economía

Por: Farid Kahhat  (Internacionalista)

El debate sobre el carácter estratégico de ciertas actividades económicas tiene como trasfondo el debate en torno al papel que el Estado debería desempeñar en la economía. Ello debido a que considerar un determinado sector de la economía como “estratégico” está asociado a cuatro debates en materia de política económica. En este artículo mencionaremos dos de ellos.

El primero es el debate sobre la conveniencia de que el Estado intervenga para evitar la quiebra de empresas privadas consideradas “estratégicas”. Este debate, a su vez, gira en torno a dos temas: de un lado, si ese tipo de intervención es realmente necesario (por ejemplo, enfrentados en el 2009 ante la posibilidad de quiebras masivas en el sector financiero, el Gobierno de Irlanda asumió los pasivos de la banca privada mientras el Gobierno de Islandia dejó que los bancos quebraran). De otro lado, asumiendo que algún tipo de intervención pudiera ser necesaria, el siguiente debate gira en torno a la naturaleza de esa intervención: el reto consiste en rescatar las empresas sin rescatar necesariamente a sus ejecutivos y accionistas, con el fin de evitar el denominado “daño moral” (es decir, si quienes cometen errores que conducen a la quiebra de empresas privadas pueden esperar que el Estado los rescate, no tendrán incentivo alguno para evitar esos errores en el futuro).

A su vez, una de las respuestas al riesgo de “daño moral” es la nacionalización temporal de las empresas involucradas, lo cual nos conduce al segundo debate en materia de política económica asociado con el debate sobre la existencia de sectores estratégicos: si estos deben o no ser propiedad del Estado.

Fue el gobierno conservador de Margaret Thatcher el que cambió la naturaleza de este debate, al considerar que un sector de la economía podía ser estratégico sin que por ello tuviera que ser propiedad del Estado: de un lado, permitió la participación de capital extranjero en empresas privatizadas, incluso en sectores sensibles para la seguridad nacional. De otro lado, sin embargo, creó las denominadas “acciones doradas” como mecanismo especial de regulación. Estas acciones proveían al Estado Británico de un derecho de veto sobre ciertas decisiones corporativas (esencialmente en temas relacionados con la propiedad). En algunos casos, el propósito de esas “acciones doradas” era meridianamente claro: evitar que empresas que producían tecnología de punta en el ámbito militar pudieran ser adquiridas por estados considerados hostiles.

Fuente: Diario El Comercio (Perú). Domingo 20 de Noviembre del 2011.