domingo, 8 de mayo de 2011

Perspectivas actuales de las elecciones en el Perú: Poderes fácticos (Iglesia, medios, empresarios y militares) y la campaña contra Humala.

La hora de la verdad

PIEDRA DE TOQUE. La sucia campaña contra Ollanta Humala de los partidarios de Keiko Fujimori hace temer lo que podría ocurrir si la dictadura fuji-montesinista recuperara en la segunda vuelta el poder en Perú.

Por: Mario Vargas Llosa. Escritor, Premio Nobel de Literatura 2010.

Aunque no soy creyente, tengo muchos amigos católicos, sacerdotes y laicos, y un gran respeto por quienes tratan de vivir de acuerdo con sus convicciones religiosas. El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, en cambio, me parece representar la peor tradición de la Iglesia, la autoritaria y oscurantista, la del Index, Torquemada, la Inquisición y las parrillas para el hereje y el apóstata, y su reciente autodefensa, Los irrenunciables derechos humanos, publicada el 1 de mayo en Lima, justifica todas las críticas que en nombre de la democracia y los derechos humanos recibe con frecuencia y, principalmente, de los sectores católicos más liberales.

En su texto, desmiente que dijera jamás que "los derechos humanos son una cojudez" (palabrota peruana equivalente a la española gilipollez) y afirma que, en realidad, a quien aplicó tal grosería fue sólo a la Coordinadora de Derechos Humanos, una institución dirigida por una ex religiosa española, Pilar Coll, que durante los años de las grandes matanzas perpetradas por la dictadura fujimorista llevó a cabo una admirable campaña de denuncia de los crímenes, torturas y desapariciones que se cometían con el pretexto de la lucha contra Sendero Luminoso. (La Comisión de la Verdad, que presidió el ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Salomón Lerner, ha documentado estas atrocidades).

El cardenal Cipriani desmiente, además, que durante la dictadura hubiera guardado silencio frente a uno de los crímenes colectivos más abyectos cometidos por Fujimori y sus cómplices: la esterilización, mediante engaños, de unas 300.000 campesinas a las que, por orden del dictador, los equipos del Ministerio de Salud ligaron las trompas o castraron, asegurándoles que se trataba de simples vacunas o de una medida que sólo temporalmente les impediría concebir. ¿Cómo es que nadie se enteró en el Perú de que el arzobispo había encontrado reprobables estos atropellos? Porque en vez de protestar públicamente ¡se limitó a hacerlo en privado, es decir, susurrando con discreción su protesta en el pabellón de la oreja del dictador!

El cardenal no suele ser tan discreto cuando se trata de protestar contra los preservativos y no se diga el aborto, o, para el caso, contra quienes en esta segunda vuelta de las elecciones peruanas apoyamos a Ollanta Humala. Por ejemplo, por haberlo hecho yo, me ha amonestado de manera estentórea y nada menos que desde el púlpito de la catedral de Lima, durante un oficio. Me ha pedido "más seriedad" y ha clamado que cómo me atrevo a dar consejos por quién votar a los peruanos. El cardenal está nervioso y olvida que todavía hay libertad en el Perú y que cualquier ciudadano puede opinar sobre política sin pedirle permiso a él ni a nadie. (Claro que las cosas cambiarán si sale elegida la señora Fujimori, la candidata a la que él bendecía en aquel mismo oficio en el que me prohibía opinar).

No sólo el arzobispo de Lima se excede en estos días de campaña y guerra sucia en el Perú. Una connotada fujimorista, también del Opus Dei, como monseñor Cipriani, Martha Chávez, ha amenazado públicamente al presidente del Poder Judicial, el doctor César San Martín, eminente jurista que presidió el Tribunal que condenó a 25 años de cárcel a Fujimori por crímenes contra los derechos humanos, con esta frase profética: "Tendrá que responder en su momento".

Pero acaso lo más inquietante sean los intentos de purgar a los medios de comunicación, principalmente los canales de televisión, de periodistas independientes y probos, que se resisten a convertirse en propagandistas de la candidatura de la hija del ex dictador. El caso más sonado ha sido el de Patricia Montero, productora general, y José Jara, productor de un noticiero, ambos del Canal N, despedidos, según ha denunciado la primera de ellos, porque los directivos estimaron que habían "humanizado" al candidato Humala en los boletines (¿pretendían que lo animalizaran, más bien?). Estos despidos han provocado una verdadera tempestad de críticas, entre ellas de los más prestigiosos periodistas del propio Canal N, en defensa de sus colegas, y amenazas de renuncias masivas en caso de que continúe la caza de brujas. Lo cual parece haber paralizado por el momento el despido de la prestigiosa y experimentada periodista del Canal 4, Laura Puertas, a quien se reprocha también, por lo visto, padecer de total ineptitud para el servilismo.

Finalmente, una denuncia publicada el miércoles 4 de mayo en el diario La Primera, que dirige César Lévano, precisa que el gobierno, apoyado por empresarios mineros, habría encargado a los servicios de inteligencia del Estado un Plan Sábana, destinado a destruir la campaña de Ollanta Humala con los métodos delictuosos -espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minar su prestigio y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores- con que, en 1990, el gobierno conspiró contra mí cuando yo fui candidato a la Presidencia. La denuncia proviene, al parecer, de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica.

Todo esto merece una reflexión. Si estas cosas comienzan a ocurrir ahora, en plena campaña electoral, ¿no es fácil imaginar lo que sucedería en el caso de que la señora Fujimori ganara las elecciones y la dictadura fuji-montesinista recuperara el poder oleada y sacramentada por los votos de los peruanos? Los periodistas decentes y responsables expulsados de sus puestos no serían cinco (también han sido despedidos tres de Radio Líder, Arequipa) sino decenas, y las radios, los canales y los periódicos convertidos, como lo estuvieron durante los ocho años de oprobio que vivió el Perú, en órganos de propaganda encargados de justificar todas las tropelías y tráficos del poder y de cubrir de injurias y calumnias a sus críticos. No sólo el doctor César San Martín sería víctima de su probidad y entereza magisterial. Todo el Poder Judicial se vería una vez más sometido a una criba implacable para apartar de sus cargos, o reducirlos a la total inoperancia, a los jueces que se resistieran a ser meros instrumentos dóciles del gobierno. Reparticiones públicas, Fuerzas Armadas, empresas privadas, serían, otra vez, incorporadas al sistema autoritario para que, de nuevo, el país entero quedara a merced del puñadito de forajidos que, entre los años 1990 y 2000, perpetró el más espectacular saqueo de las arcas públicas y los más horrendos crímenes contra los derechos humanos de nuestra historia.

Quienes quieren semejante futuro para el Perú no son muchos, pero sí son poderosos y, como están asustados con la perspectiva de que Humala gane las elecciones y cometa los desafueros y horrores de Hugo Chávez en Venezuela, están dispuestos a cualquier cosa con tal de asegurar el triunfo de Keiko Fujimori. Extraordinaria paradoja: con tal de evitar el socialismo, que venga el fascismo. ¡Y todo eso, en nombre de la libertad, de la democracia y del mercado libre!

En verdad, la disyuntiva que tiene por delante el Perú en las elecciones del 5 de junio próximo, es la de salvaguardar la imperfecta democracia política que tenemos desde hace 10 años y una política de mercado y de apertura al mundo que ha hecho crecer nuestra economía de manera notable, o volver a un régimen dictatorial que, guardando ciertas formas institucionales, restablecería en el gobierno a quienes, en complicidad con Fujimori y Montesinos, destruyeron el Estado de derecho, se enriquecieron cometiendo las más descaradas pillerías y durante ocho años perpetraron horrendos crímenes con el pretexto de combatir la subversión. A mi juicio en semejante disyuntiva la peor opción es Keiko Fujimori.

Ollanta Humala ha hecho un "Compromiso con el Pueblo Peruano" que conviene tener muy presente, no sólo a la hora de votar por él, sino sobre todo una vez que acceda al gobierno, para recordárselo cada vez que parezca apartarse de alguna de sus promesas. No habrá reelección. Se cumplirá con los tratados firmados, no habrá estatizaciones, se respetará el derecho de propiedad y las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs), la lucha contra la corrupción será implacable, habrá una política de apoyo social sostenida, sobre todo en los campos de la educación y la salud pública, para los sectores más desfavorecidos, así como estímulos y facilidades para la formalización de las empresas. El respeto al pluralismo informativo, a la independencia de la prensa y al derecho de crítica será total. Estos puntos han sido expresados, además, de viva voz, en las reuniones que ha celebrado el candidato con la confederación de empresarios y las asociaciones de prensa. Todo esto es perfectamente compatible con la democracia y con las políticas de mercado vigentes y tiende a perfeccionarlas, no a recortarlas ni menos suprimirlas. No sólo depende de la voluntad de Ollanta Humala que este compromiso se cumpla. Depende, sobre todo, de que quienes lo apoyemos en la elección del 5 de junio dejemos claro que es a estas políticas a las que damos nuestro apoyo y que nos mantendremos firmes exigiendo su cumplimento.

Fuente: Diario El País (España).Madrid, 8 de mayo del 2011.

Recomendados:

Perspectiva crítica de Ollanta Humala. (Martín Tanaka).

RECUERDOS DEL FUTURO (NELSON MANRIQUE).

domingo, 1 de mayo de 2011

Ucronía sobre la Guerra de Secesión (1861-1865). Si el Norte hubiera perdido la guerra, ¿cómo habría sido la historia posterior?.

Los Estados Confederados de América

¿Y si el Norte hubiera perdido la guerra?

Por: Jorge Moreno Matos. Periodista

En febrero del 2005 la revista de historia “Clío” se hacía una pregunta que hoy, seis años después, cuando se acaban de cumplir 150 años del inicio de la Guerra de Secesión (1861-1865), cobra inusitada vigencia: y si el Norte hubiera perdido la guerra, ¿cómo habría sido la historia posterior?

La pregunta no es gratuita con el primer presidente afroamericano en la Casa Blanca y un vendaval de publicaciones y actos conmemorativos en todo el país en recuerdo de este aniversario: ¿Qué habría sucedido con unos Estados Unidos sudistas?

UNA GUERRA INEVITABLE
Cuando el 12 de abril se conmemoraron los 150 años del asedio de Fort Sumter, episodio que marcó el inicio de la Guerra de Secesión; o cuando el próximo 21 de julio diversas comisiones de varios estados de la Unión hagan lo propio con la batalla de Manassas, el primer gran enfrentamiento de la guerra, todos tendrán presente que se trata del acontecimiento histórico que, como dice el historiador español Anaclet Pons, “forjó la identidad americana en todos los sentidos”. Lo que la convirtió en lo que es actualmente.

¿Por qué? Por una sencilla razón: la secesión fue el todo por el todo al que apostó el Sur y en la que perdió irremisiblemente. Esencialmente, su lugar en la historia; aunque este ya estaba en declive debido a una serie de problemas que enfrentaba.

La caída demográfica que experimentaban los estados sudistas, donde, de los 10 millones de personas que vivían en los estados confederados, 3,5 millones eran esclavos, y que, además, se reflejaba en los resultados del Colegio Electoral, y la vastedad de sus enormes territorios frente a los del Norte, donde se había favorecido la inmigración europea (la Constitución de los Estados Confederados desconocía todo tipo de derechos a los inmigrantes, que preferían irse al Norte), les hicieron creer que la separación de la Unión era el único camino posible, sin saber que era el principio de su fin.

Tras la elección de Lincoln en diciembre de 1860, Carolina del Sur fue el primer estado en independizarse de la Unión. Lo siguieron Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas. Tras formar un Congreso, declarar la creación de los Estados Confederados de América y elegir un presidente, Jefferson Davis, el Norte envió su ejército contra el rebelde y secesionista Sur y se desencadenó una guerra que, cuatro años después, lo borró del mapa de la historia.

Pero, contrariamente a lo que la gente piensa, la abolición no fue el objetivo de la Guerra Civil de Estados Unidos, sino todo lo contrario: solo fue su resultado. Lincoln, para quien el tema de la abolición tenía sus matices, siempre creyó que lo importante era preservar la unidad nacional por encima de cualquier otro asunto u objetivo, incluso a costa de la abolición misma, si era necesario.

En una carta al director de un diario, escribe: “Mi objetivo principal en esta lucha es salvar la Unión, no salvar ni destruir la esclavitud. Si yo pudiera salvar la Unión sin liberar a ningún esclavo, lo haría. Si pudiera salvarla liberando a todos los esclavos, lo haría. Y si pudiera salvarla liberando a unos sí y a otros no, también lo haría”.

OTRO DESTINO MANIFIESTO
Hasta aquí la historia real. Sin embargo, un falso documental estrenado en el 2004 (que no llegó al Perú y solo se exhibió en el ámbito estadounidense; pero que actualmente puede verse en You Tube) juega con la hipótesis de cómo habría sido la historia si el destino de la guerra hubiera sido otro, si el Sur hubiese ganado. Y el resultado es escalofriante.

En “C.S.A.: The Confederate States of America”, el Sur, tras vencer en la batalla de Gettysburgo, legaliza la esclavitud en todo el país y la nación confederada se expande hacia el sur, hacia Latinoamérica, donde construye su ‘imperio tropical’. A inicios del siglo XX, Hitler visita América y si bien no logra convertirlo en su aliado, las similitudes ideológicas evitan que los Estados Confederados de América entren en la guerra. Triunfan sí en las guerras de Corea y Vietnam, donde han librado sendas guerras coloniales. Pero por su pensamiento y doctrina, solo la Sudáfrica del apartheid mantiene sólidas relaciones con ellos. En el plano interno, la semilla del abolicionismo ha echado raíces entre muchos intelectuales sudistas y comienza una cacería contra cualquier intento de subversión, hasta que un mayúsculo escándalo político, que entraña un grave secreto sobre la esclavitud, sacude todo el país.

Ciencia ficción o no, el documental se basa en documentos, cartas, declaraciones y escritos de políticos y militares confederados para establecer sus conjeturas. Como esta, del vicepresidente de los Estados Confederados, Alexander Stephens, quien en 1861, un mes antes del inicio de la guerra, escribió: “El negro no es igual al hombre blanco… la esclavitud es su condición natural. Nuestro gobierno es el primero en la historia de la humanidad basado en esta gran verdad”.

Desde esa perspectiva, a veces, la historia no solo es lo que finalmente fue sino también lo que pudo haber sido.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 1 de Mayo del 2011.

Recomendado:

Historia Contrafactual o Ucronía. Lo que pudo ser, pero no fue.

sábado, 30 de abril de 2011

Boda real inglesa: legitimación popular, compromiso con las FF.AA, sentido de tradición, liberalización parcial y relativismo frente a los gobiernos árabes.

"Boda monárquica"

Por: Isaac Biggio (Internacionalista)

En la tapa de hoy del The Guardian, uno de los principales diarios británicos, se decía que la unión de dos personas va a ser presenciada por dos mil millones de televidentes en todo el planeta.

Cientos de miles se han amontonado en las calles y parques del Reino Unido para celebrar lo que puede ser descrita como la boda más popular que haya tenido hasta hoy el siglo XXI.

Una comentarista afirmaba que Elizabeth II no es sólo la monarca británica sino que es mundialmente conocida sólo como "la reina".

Los Windsor son hoy la principal familia real del planeta. Sus territorios bordean los 20 millones de kilómetros cuadrados y la Mancomunidad de Naciones que Elizabeth II preside agrupa a más de un cuarto de la humanidad.

Esta boda ha sido una forma de legitimarse. Han mostrado una pareja genuinamente en amor y sin que ésta sea presa de escándalos (como los que rodearon a Diana y Carlos). La ceremonia ha sido minuciosamente preparada y ha demostrado cuan cercanos son los ritos católicos con los de la única Iglesia del mundo que es encabezada por una monarquía local (la anglicana).

William, al igual que su hermano y su padre, vistió uniforme militar. Ello muestra su compromiso por apuntalar a una de las FF.AA. que más guerras han librado y sigue librando en el mundo.

Los caballos, los jinetes y la carroza real muestran el lado tradicional que se quiere retener para darle más fuerza a una monarquía que busca liberalizarse y modernizarse (uno de los huéspedes más connotados fue Elton John con su esposo gay).

La inmensa masa que ha salido a las calles a ver a los novios salir en carrozas o en pantallas gigantes contrasta con la casi nula presencia popular cuando David Cameron y Nick Clegg se posesionaron en este gobierno. De hecho es mayor a la de cualquier marcha reciente, aunque no tan grande como la que reunió entre 1 a 2 millones de británicos contra la guerra en el 2003 o a los que regularmente asisten al carnaval londinense de Notting Hill.

Dentro de los convidados estuvieron los anteriores dos primeros ministros conservadores (Thatcher y Mayor), pero no los dos laboristas (Blair y Brown). Para la ceremonia se revocó a último minuto la invitación al embajador de Siria, debido a la represión que su república hace a protestas populares.

Sin embargo, no se hizo lo mismo con ninguna de las familias reales árabes. Esto, pese a que todas ellas se han unido para reprimir a sangre y bala a las marchas pro-democracia en Bahréin. Mientras William se desposaba los aviones de su fuerza área bombardean Libia, en tanto que los monarcas sauditas reprimen el descontento en su propio país y en Bahréin, al cual han intervenido.

Otras familias reales invitadas han sido las europeas que regentan España, Mónaco, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Dinamarca, Suecia y Noruega y también las que fueron depuestas por sus poblaciones como las de Bulgaria, Grecia, Yugoslavia y Rumania. También fueron convidadas las monarquías de Malasia, Brunei, Lesoto, Suazilandia, Tonga y Tailandia, alguna de las cuales son totalitarias o polígamas. En cambio, ningún presidente de cualquier república del mundo estuvo en las nupcias.

Fuente: Diario Correo (Perú). 29/04/11.

Recomendado:

La monarquía constitucional inglesa y la teoría democrática. El príncipe Guillermo, Kate Middleton y el futuro de la monarquía en el Reino Unido.

jueves, 28 de abril de 2011

La monarquía constitucional inglesa y la teoría democrática. El príncipe Guillermo, Kate Middleton y el futuro de la monarquía en el Reino Unido.


¿Un rey Guillermo y una reina Catalina?

La monarquía constitucional es difícil de justificar en la teoría democrática, pero ¿les va mucho mejor a las repúblicas con presidentes políticos? Hace 30 años Juan Carlos de España salió en defensa de la democracia.

Por: Timothy Garton Ash. Catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford.

Si las cosas continúan en Reino Unido como hasta ahora y el príncipe Carlos sucede a su madre para reinar hasta su muerte, a edad muy avanzada, entonces, hacia 2040, la joven pareja que se casa hoy en la abadía de Westminster serán el rey Guillermo V y la reina Catalina. Por el mero hecho de haber nacido en la familia en la que ha nacido, Guillermo será jefe de Estado de lo que quede de Reino Unido actual. ¿Me parece bien? Mi respuesta es: en teoría, no, pero en la práctica, seguramente, sí.

Si Guillermo y Catalina se portan bien, a diferencia de otros miembros más revoltosos de la familia real, y contribuyen al desarrollo de una monarquía constitucional modernizada y reconvertida, la situación será tal vez mejor que las alternativas más probables. Al echar un vistazo a Europa, no me parece que países como Suecia, Holanda, Dinamarca y España, que tienen reyes, estén peor que otros que cuentan con presidentes elegidos entre los políticos de partido. ¿O preferirían que el palacio de Buckingham lo ocupase, por ejemplo, el presidente Blair?

Salvo por un breve interludio en el siglo XVII, durante el que los revolucionarios experimentaron con la decapitación de un monarca, existen reyes y reinas de Inglaterra desde hace más de 1.000 años. Es una historia asombrosa, de la que han surgido poemas. Imaginemos a Shakespeare sin todas las referencias a la monarquía. Antes de abandonar 1.000 años de poesía, hay que estar muy seguros de que nos va a ir mejor con la prosa.

Como podemos ver ahora otra vez, con la invasión de Londres por parte de los medios de comunicación de todo el mundo para seguir la boda real, esa historia, esa leyenda y esa mística contribuyen enormemente al poder blando (la capacidad de atracción) de Reino Unido y a sus ingresos por turismo. No creo que nadie vaya a Berlín a ver el cambio de la guardia en el palacio de Bellevue, ni a vislumbrar al presidente Wulff, su mujer y sus hijos. "¿El presidente qué?", sería la pregunta de casi todo el mundo, si se hace una referencia al jefe de Estado actual del país más poderoso de Europa. No importa, cuando uno fabrica un montón de BMW, Mercedes y fresadoras y exporta todas esas cosas a China. Pero no es el caso de Reino Unido. A cambio, tiene a la reina, Guillermo y Catalina.

No obstante, estos argumentos sobre la historia, la poesía y el poder blando no servirían de nada si la existencia de una monarquía constitucional distorsionara gravemente el proceso democrático, hiciera imposible una sociedad abierta en la que todos tengan oportunidades y mantuviera el país anclado en un rígido pasado de jerarquías y privilegios. En teoría, hace todo eso. Esas son algunas de las razones por las que el periódico The Guardian se ha declarado partidario de una república y por las que muchos lectores del diario -aunque no la mayoría de los británicos, según revela una reciente encuesta hecha por el propio Guardian- estarían a favor de la abolición de la monarquía.

Sin embargo, en la práctica, creo que ese efecto negativo que ejerce es marginal, y mucho menor que hace 30 años, cuando Carlos y Diana celebraron su boda de cuento de hadas. En el sistema político británico existen elementos antidemocráticos y nocivos -el principal, la Cámara de los Lores, que no se forma por elección-, pero la monarquía no es uno de los peores. Puestos a hablar del poder de un individuo a quien nadie ha elegido, el magnate de la comunicación Rupert Murdoch es una amenaza mucho más grave para la democracia británica que nuestro jefe de Estado hereditario.

Según el experto constitucional Vernon Bogdanor, ningún monarca británico se ha negado a aprobar una ley desde 1707. Todavía existe cierto oscurantismo antidemocrático derivado de la "prerrogativa de la corona" y la doctrina constitucional de que la soberanía reside "en la corona dentro del Parlamento", pero el abogado Richard Gordon ha dejado claro que Reino Unido podría tener una Constitución escrita, totalmente moderna y firmemente asentada en la soberanía popular, y seguir teniendo a un monarca hereditario como jefe de Estado.

La reina puede tener cierta influencia política, limitada, pero no parece que haya hecho peor uso de ella que los presidentes de otros países. Los presidentes, a veces, son capaces de mantenerse por encima de las disputas entre partidos, como hizo Richard von Weizsäcker en Alemania, pero siempre están relacionados, aunque sea de forma mínima, con un partido concreto. En algún momento de su pasado han tenido que hacer lo que hacen todos los políticos para ascender hasta la cima.

Como consecuencia, algunos incluso acaban ante los tribunales, acusados de corrupción, como el expresidente francés Jacques Chirac. Por supuesto, también los reyes y sus consortes pueden meterse en líos, como demostró el príncipe Bernardo de Holanda -padre de la reina actual- cuando se vio envuelto en el escándalo de los sobornos de Lockheed. Sin embargo, existen menos posibilidades de problemas de este tipo con los monarcas, precisamente porque no necesitan abrirse camino para subir hasta arriba.

Seguro que los países que sufren conflictos de "cohabitación" entre presidentes de un partido y primeros ministros de otro piensan con frecuencia que preferirían tener un jefe de Estado auténticamente neutral, que estuviera por encima de las disputas y encarnara la unidad nacional. (En el caso de Bélgica, tan dividida entre la población francófona y la de habla neerlandesa que no consigue ni siquiera formar un nuevo Gobierno, el ingenio popular dice que Alberto II, cuyo título es rey de los belgas, es el único belga de verdad).

Desde luego, eso significa que nunca tendremos a un Nelson Mandela o un Václav Havel como jefe de Estado. Pero figuras así solo aparecen en momentos excepcionales. Parafraseando a Bertolt Brecht: "¿Desgraciada la tierra que no tiene un Mandela? Desgraciada la tierra que necesita un Mandela". Y tenemos por lo menos un gran ejemplo de monarca europeo que salió en defensa de la democracia. Hace 30 años exactos, el rey Juan Carlos de España contribuyó de manera decisiva a desbaratar un intento de golpe del Ejército contra la democracia, aún joven y frágil, de su país.

En cuanto a la afirmación de que la monarquía británica consolida el vértice de una pirámide opresiva de clases y privilegios, creo que eso es mucho menos cierto ahora que hace 30 años. En Reino Unido, hoy, los banqueros -a los que nadie ha elegido- son más poderosos que cualquier aristócrata hereditario, y las estrellas de fútbol, tan famosas como cualquier miembro de la familia real. En esta cultura popular de la celebridad, existen jerarquías múltiples y confusas; no hay más que pensar en las efusiones de Hollie White, una chica de 12 años, después de conocer al príncipe Enrique: "Me emocionó muchísimo verlo. Ahora quiero conocer a la reina y a Simon Cowell". (Cowell es un empresario musical y showman que aparece en programas de televisión tremendamente populares, como Pop Idol y The X Factor).

El mismo hecho de que Kate Middleton se convierta en princesa muestra que las barreras entre la clase media alta -ese 7% de británicos, más o menos, que estudia en escuelas privadas, como fue su caso- y la clase alta prácticamente han desaparecido. El problema serio, y cada vez más, no está ahí, en la franja superior, sino en las pésimas perspectivas de movilidad social para la mayoría que estudia en malos colegios públicos. Eso es lo que establece una diferencia más dolorosa entre Gran Bretaña, sobre todo Inglaterra, y otras monarquías europeas actuales, como Suecia, que coexisten sin problemas con unas sociedades abiertas e igualitarias. Ese es el verdadero mal inglés.

Pero esos otros ejemplos europeos -Suecia, Dinamarca, España, Países Bajos- demuestran que estas no son características necesarias de una monarquía constitucional. Si Guillermo y Catalina reciben buenos consejos, se esforzarán por convertirse en el modelo de una monarquía europea moderna. Si no, o si Carlos y Camilla no les dejan, es posible que en 2040 no tengan ya -ni siquiera en la conservadora Inglaterra- ningún puesto que heredar.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Fuente: Diario El País (España). 29/04/2011.

lunes, 25 de abril de 2011

Semblanza de Carlos Iván Degregori, destacado antropólogo peruano y defensor de la justicia social en el país.

Carlos Iván Degregori

Por: Carlos Tapia

Después de una larga batalla por la vida, nos está abandonando. Con su mirada fresca y con la confianza que da la tarea cumplida. Transparente como nadie, vivió a su manera, es decir, auténticamente. Gozó de la vida, de las conversaciones interesantes, de la lealtad expresada siempre desinteresadamente y con gracia, y del cumplimiento de las responsabilidades asumidas; de todas. Aunque también sufrió la vida, como debe ser, y más aún, en países como el nuestro.

Muy bueno con los números, estudió un año en la facultad de minas de la UNI; y también poeta, quedó en el segundo lugar en el premio nacional de poesía. De allí, seguro, su facilidad como expositor y destacado escribidor. Estudió Antropología en San Marcos antes de viajar a la Universidad de Boston. A pesar de ser profesor invitado en diversas universidades de EEUU y Europa, prefirió presentar su tesis y sacar licenciatura en la Universidad de Huamanga (UNSCH), de la cual fue profesor ocho años. Su doctorado ya lo obtuvo en la universidad de Amsterdam.

Llegué a conocerlo hace 41 años, durante los azarosos años de los 70. Militábamos en un sector de la izquierda fraccionada en mil pedazos y atacándonos entre sí a nombre de la misma revolución, como si fuésemos enemigos. Pero él nunca tuvo ni consideró como enemigo a nadie que luchaba por un verdadero cambio de nuestra patria. En realidad, de largo se adelantó a los tiempos actuales. Repudió todo tipo de sectarismo, pero nunca dejó de afirmar lo que consideraba correcto, aunque siempre creyó que la política tenía mucho de apuesta. Ahí están los numerosos ejemplares de la revista “El zorro de abajo”

Siendo profesor de la UNSCH, y visitando a las comunidades campesinas contrajo la tuberculosis. Intelectual de valía, aprovechó una invitación de la Universidad Libre de Berlín para ofrecer un curso de su especialidad y así tratarse de su penosa enfermedad. Nunca peleó por cargos, académicos o políticos. Fue un ejemplo de modestia, de la de verdad, nunca sucumbió ante el campo de atracción que ejercen los que tienen el poder. Fue un hombre libre.

En la UNSCH, también fue uno de los más lúcidos en entender el peligro que contenía en sus entrañas el proyecto senderista, bastante antes del inicio de su lucha armada. Junto con otros profesores de Ciencias Sociales encabezó el combate ideológico contra esta propuesta totalitaria. Escribió varios textos, algunos ya clásicos, al respecto. Posteriormente trabajó en el Instituto de Estudios peruanos (IEP) llegando a ser su Director. No escatimó esfuerzos para ayudar a jóvenes investigadores de las universidades del interior del país.

Nominado miembro de la Comisión de la Verdad, no le faltó entusiasmo cuando tuvo que coordinar el Plan General de Investigaciones y posteriormente su importante aporte a la redacción del Informe Final. Nunca dudó de su trascendencia.

Para el final, una anécdota. Mientras los dirigentes de las fracciones de izquierda de los inicios de los años 80 nos entreteníamos discutiendo tesis alejadas de la realidad, Carlos Iván, en una reunión nos dijo “sería conveniente que de vez en cuando vayan a los coliseos donde se presentan cantantes de Música folklórica y se nutran del aire social que allí se respira”. Gracias Carlos Iván, por todo lo que hiciste, por lo que nos enseñaste con tu ejemplo, por tu sonrisa y sentido del humor. Muchas gracias, compañero y amigo.



Fuente: Diario La Primera (Perú). 25 de abril del 2011.

Recomendado:

Conversación con el antropólogo Carlos Iván Degregori: "apostar por una educación intercultural, inclusiva, que combine saberes, conocimientos".

sábado, 23 de abril de 2011

Hurtado Miller, ex ministro de economía de Fujimori y acusado por la justicia.


El caso Hurtado Miller

Por: Antonio Zapata (Historiador)

El ingeniero Juan Carlos Hurtado Miller registraba antecedentes positivos en la política cuando asumió la cartera de Economía en julio de 1990, formando parte del primer equipo ministerial de Alberto Fujimori. Había sido militante de Acción Popular y en tanto pariente cercano de Violeta Correa, uno de sus dirigentes mejor posicionados. Precisamente por ello, Fujimori lo invitó a participar de un gobierno que angustiosamente buscaba hallar rumbo, superando la improvisación y el cambio de línea del novel presidente. Así, Hurtado Miller fue el encargado de justificar en TV la gigantesca alza de precios decretada en agosto de 1990, el famoso fujishock. Al despedirse invocó a los cielos, rogando “que Dios nos ayude”.

Duró poco tiempo como ministro, porque en enero de 1991, solo cinco meses después, fue reemplazado por Carlos Boloña, quien puso en práctica el ajuste neoliberal. Antes, Hurtado había aguantado el desembalse de precios y el brusco empobrecimiento de la población.

Pocos años después, en enero de 1994, la empresa CIMEX, propiedad de Hurtado, recibió la buena noticia de que la Caja de Pensiones Militar Policial le había aprobado un préstamo por nueve millones de dólares, para invertir en la construcción de un mercado en Arriola. Cuando llegó la fecha para cancelar, Hurtado refinanció, obteniendo un nuevo plazo, pero esta segunda vez tampoco cumplió con cancelar. Por ello, la Caja lo enjuició en marzo de 1996.

Así estaban las cosas cuando llegó la campaña electoral de 1998. En ella, se presentaba Alberto Andrade a la reelección como alcalde de Lima, como trampolín para tentar la presidencia contra Fujimori el 2000. Por lo tanto, el objetivo prioritario del presidente era buscar cómo parar a Andrade.

En ese contexto, el gobierno volvió a reclutar a Hurtado Miller, ofreciéndole todo el apoyo para ser candidato de Vamos Vecino a la alcaldía de Lima. Tres vladivideos han registrado las conversaciones que Montesinos sostuvo con Hurtado en esta campaña. En estas charlas también participó el publicista de nacionalidad argentina Daniel Borobio, quien llevó la voz cantante, ofreciendo asesoría profesional para la campaña. Junto a Hurtado revisan las debilidades de Andrade y precisan su línea de actuación.

Por su parte, con Montesinos los diálogos tratan directamente de dinero. Hurtado presenta un presupuesto y VMT le entrega efectivo, que se puede apreciar en un vladivideo, donde recibe un cuarto de millón de dólares. Pero, asimismo Hurtado negocia su deuda con la Caja. En julio de 1998, con fecha atrasada, cancela sus obligaciones, entregando unos puestos del mercado de Arriola, a cambio del principal más intereses.

Al caer el fujimorismo, un perito tasó judicialmente los puestos en dos millones de dólares, por lo tanto la diferencia habría quedado en manos de Hurtado. Este es un primer punto que debe aclarar el ex ministro con la justicia. Respecto de la segunda cuestión contra Hurtado: los fondos de la campaña de 1998 provenientes del SIN, Montesinos declaró explícitamente ante la segunda sala anticorrupción, “que recibió órdenes directas de Alberto Fujimori para contribuir con US$ 500,000 para apoyar a Hurtado Miller, él ordenaba y yo entregaba, asumo mi responsabilidad”.

Hoy en día, la Caja de Pensiones Militar Policial está quebrada y la semana pasada anunció que no puede cumplir sus obligaciones después de abril. Sucede que durante el gobierno de Fujimori decenas de operaciones como la que hemos descrito con Juan Carlos Hurtado Miller la quebraron, dilapidando los ahorros de los uniformados. Ese drenaje de recursos para fines políticos empezó desde el primer gobierno de Fujimori, puesto que su esencia fue corrupta desde el comienzo. ¿Alguien quiere que vuelvan esos tiempos? Que vote por Keiko y la pesadilla se hará realidad.

Fuente: Diario La República (Perú). Mié, 20/04/2011.

viernes, 22 de abril de 2011

Historia de Enrique IV y el Edicto de Nantes. De Enrique de Borbón, rey de Navarra y protestante a Enrique IV de Francia católico y tolerante.


Enrique IV un rey contra la intolerancia

Por: César Vidal

Thomas Mann, exiliado del nazismo, lo convirtió en protagonista de varias de sus novelas. Para él, había sido un ejemplo de la tolerancia que brillaba por su ausencia en la Europa de los años treinta. A lo largo del siglo XVI los monarcas franceses que reinaron tras Francisco I fueron incapaces de extirpar el protestantismo. La cercanía de lugares donde había triunfado la Reforma, la categoría de los teólogos protestantes de origen francés y la enorme laboriosidad de los reformados se tradujeron en una expansión del protestantismo que alcanzó los aledaños de la corona.

En la segunda mitad del siglo, personajes como el almirante Coligny se habían convertido en símbolo de cómo se podía ser protestante y, a la vez, llegar a extraordinario consejero del rey. Un salto cualitativo en ese avance tuvo lugar cuando se planteó la posibilidad de que una princesa católica en la línea de sucesión a la corona francesa, la famosa Margot, contrajera matrimonio con el protestante Enrique de Borbón, rey de Navarra (n. 1553). Aunque se comprometió a respetar totalmente la fe de sus posibles súbditos católicos, semejante ascenso, que tuvo lugar en 1572, resultaba intolerable para muchos.

La reina madre Catalina de Médicis y el partido católico decidieron abortar semejante paso mediante el exterminio en masa de protestantes que pasó a la Historia como la Noche de San Bartolomé. Durante aquellas horas, fueron asesinados decenas de miles de reformados en toda Francia en la peor matanza religiosa del siglo XVI. Sin embargo, de manera casi providencial, Enrique consiguió escapar. También lo hicieron otros protestantes franceses dispuestos a defender su vida con las armas. A pesar de que fue pasando de prisión en prisión y de que, puesto en libertad, debía haber perdido la guerra teniendo en cuenta que frente a él no sólo se alzaban los católicos franceses sino también la Santa Sede y, sobre todo, la España de Felipe II, lo cierto es que Enrique supo jugar sus bazas extraordinariamente.

Se presentó como la garantía de que Francia dejaría de estar desgarrada por las contiendas religiosas y, en un golpe de efecto magistral, en 1593 anunció su conversión al catolicismo con una frase que pasaría a la Historia: «París bien vale una misa». ¿Fue la conversión de Enrique sincera? De entrada, Enrique – ahora Enrique IV– promulgó el Edicto de Nantes (1598) que otorgaba una notable libertad religiosa a los protestantes, tan sólo comparable con la que existía ya con los disidentes, pero sólo de naciones reformadas. Como garantía de que sus derechos no serían conculcados por otro monarca menos tolerante, Enrique IV entregó algunas plazas fuertes a los protestantes franceses. Lo que siguió fue la paz, la prosperidad y el triunfo internacional de una nación que se preparaba para sustituir a la España de Felipe II como primera potencia. Por desgracia para Enrique IV, él que había logrado sobrevivir a tantas asechanzas no pudo enfrentarse con la última. Un católico fanático llamado Ravaillac le dio muerte en 1610. Sería siempre recordado como uno de los monarcas más grandes de la Historia de Francia.

Fuente: La Razón (España). 17 de diciembre del 2010.

Recomendado:

“París bien vale una misa”.