sábado, 15 de enero de 2011

Brasil en la historia latinoamericana. El "suramericanismo" de la política gubernamental brasileña.

Brasil: ¿Es Latinoamérica?

Por: Isaac Bigio (Internacionalista)

Brasil concentra a un 35% de la población y a un 40% del territorio de Latinoamérica. Sin embargo, si bien los hispanoamericanos suelen identificarse como latinoamericanos, no ocurre lo mismo con los brasileños.

Esta idea es algo que me lo confirmó Leslie Bethell, quien es el compilador de la mayor obra de historia latinoamericana que hay (la de Cambridge compuesta por 12 tomos y que cuesta $2,000) y hoy reside en Brasil.

El término "Latinoamérica" fue desarrollado por los franceses en los 1860 cuando quisieron justificar su conquista de México aduciendo sus derechos sobre la América que hablaba una lengua latina o rezaba en latín. Según Bethell, este concepto sólo fue recogido en Hispanoamérica como un sinónimo de ésta. Empero, en Brasil nunca fue popular debido a su diferente origen y evolución.

Entre la América de habla hispana y la portuguesa hay una gran diferencia que se ahonda con la invasión francesa a la península ibérica en 1807-1814. Napoleón aprisionó al rey español, lo que genera una guerra civil intercontinental, la misma que produce entre 1810 y 1825 que casi toda América hispana continental adopte repúblicas criollas independientes. En cambio, toda la casa real portuguesa es transportada por buques británicos hacia Brasil, país que es elevado al rango de reino (junto al de Portugal) y como sede del imperio portugués. Mientras todos los 4 virreinatos hispanoamericanos se fragmentaron dando origen a 18 inestables repúblicas, la América portuguesa se mantuvo unida, estable y bajo una monarquía. Después que Londres y Washington se anexaron muchos territorios hispanoamericanos, Brasil, más bien, se expandió sobre sus 7 vecinos hispanos.

La "independencia" brasileña fue relativamente pacífica y se dio cuando un rey que nació y murió en Portugal (Pedro I) decidió conservar su reino contra su padre Juan VI asentado en Lisboa. La monarquía brasileña mantuvo la esclavitud hasta 1888, un año antes que fuese derrocada, siendo su país el que más descendientes de esclavos tiene en el mundo. En cambio, las primeras repúblicas latinoamericanas limitaron o abolieron la esclavitud poco después de que Haití lo hiciera en 1804.

Luego cuando EE.UU. invadía países hispanoamericanos, Brasil no se comió el pleito. Es más, allí se desarrollaron varios de los más entusiastas pan-americanistas. Brasil fue el primer país que apoyó militarmente a los EE.UU. en la II Guerra Mundial.

Para Bethell, Brasil pasa a ser considerado parte de "Latin America" después de dicha guerra de 1939-45, cuando bajo este membrete Washington agrupa a toda la parte sur y menos desarrollada de su hemisferio.

En los últimos 16 años de gobiernos de Cardoso y Lula han dado un giro hacia su propio entorno. Hoy Brasil enfatiza mucho su "suramericanismo" y el bloque que tiene no sólo con los países hispanos sino también con los de habla inglesa y holandesa de su región. Pero, como sugiere Bethel, el viraje brasileño marca no tanto la reafirmación de América Latina sino la de la América multilingüe que está al Sur.

Fuente. Diario Correo (Perú). 19 de Noviembre del 2010.
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viernes, 14 de enero de 2011

Historia de la dictadura de Mobutu Sese Seko en el Congo (ex-Zaire).

Mubutu Sese Seko, dictador de Zaire de 1965 a 1997 (4/6)

Escrito por Jorge Magasich

A la muerte de Lumumba en enero 1961, el Congo se encuentra fragmentado en regiones rivales. La región diamantera de Kasai y la provincia minera de Katanga han proclamado la secesión. El gobierno de esta última, presidido por Moisés Tshombé, es asistido abiertamente por los medios empresariales y el gobierno belga. Por su parte, los partidarios de Lumumba dominan el este del país, donde constituyen un gobierno que reivindica la legalidad.

En la capital el poder real reposa sobre Ejército dirigido por Mubutu. Éste encomienda la administración del país primero a un Consejo y luego entroniza a Cyrille Adoula como Primer Ministro. Adoula consigue que los Cascos Azules intervengan contra la secesión katanguesa, en 1961 y dos años más tarde la rica provincia es reintegrada al Congo. El jefe separatista Tshombé parte exilado a Madrid.

Sin embargo, el gobierno no puede impedir la balcanización del país en regiones inviables, verdaderos feudos controlados por notables corruptos, que escapan a todo control, donde la explotación y la represión de las minorías se transforman en norma. La crisis es tal que, en 1963, estallan rebeliones apoyadas por los partidarios de Lumumba que llegan a dominar más de la mitad del territorio.

Ante el avance de los lumumbistas el gobierno de Adoula renuncia. El separatista katangés Moisés Tshombé es nombrado Primer Ministro del Congo para organizar un gobierno de Unidad Nacional. Con el apoyo de Bélgica, Estados Unidos e Israel, Tshombé contrata un importante contingente de mercenarios que lanza contra las zonas que reivindican la legalidad lumumbista. Las operaciones están a cargo del general Mobutu, quien consigue doblegar a las zonas rebeldes, dejando varios cientos de miles de civiles muertos . Sobreviven algunos focos de resistencia dirigidos, entre otros, por Gastón Soumialot y Laurent-Désiré Kabila, con los que el Che Guevara pasa algunos meses en 1964.

Después de la victoria contra los lumumbistas, Tshombé complota para obtener el puesto de Presidente, ocupado por Kasavubu. Este lo revoca y Tshombé es condenado a muerte por alta traición, pero se escapa y retorna al exilio. En medio de la pugna, el general Mobutu aparece como el hombre del orden.

En 1965 Mobutu, destrona a Kasavubu y toma formalmente el poder que ya ejerce de hecho, pronunciando la célebre frase: “Durante cinco años los políticos han destruido al país, serán necesarios cinco años para que los militares lo reconstruyan”. Se quedará 30 años...

Joseph Désiré Mobutu, organiza una dictadura anticomunista, alineada con Estados Unidos. Reorganiza el Estado y funda un partido único, el Movimiento popular de la Revolución, y se otorga los títulos de Mariscal y Presidente. El golpe de Estado es ampliamente aceptado. Organizaciones de estudiantes y sindicados lo saludan, mientras que el derrocado Kasavubu lo aplaude, igual que el exilado Tshombé. Bélgica y Estados Unidos lo reconocen inmediatamente.

Con el fin de las guerras llegan en masa los inversionistas extranjeros interesados en la explotación de las numerosas materias primas que tiene el país. El país conoce una cierta bonanza económica que permite a Mobutu iniciar la construcción de varios proyectos faraónicos, llamados “elefantes blancos”, como la represa de Inga, que pese a su capacidad produce muy poco, o la siderurgia de Maluku, que funciona a 5 o 10% de su capacidad, o un rocambolesco programa espacial.

El Mariscal Presidente no tolera ninguna oposición. En 1969, reprime una revuelta universitaria, cerrando las universidades por un año y enviando por la fuerza a 2.000 estudiantes al Ejército, para “que aprendan a cerrar la boca y a obedecer”, según explica a la prensa.

A partir de 1971, Mubutu inicia la política de la “autenticidad” o de “zairianisación”. Rebautiza el país como “Zaire” y las ciudades abandonan sus nombres coloniales (Leopolville es llamado Kinshasa), impone un traje tradicional alternativo a la corbata occidental, el término “ciudadano” remplaza a “señor” y cada cual debe escoger un nombre tradicional, no cristiano. Él mismo troca su nombre por el de Mobutu Sese Seko Kuku Ngbendu Wa Zabanga: “Mobutu, guerrero que va de victoria en victoria y que nadie pueda parar”.

Aunque en el centro del país el idioma más usado es el kicongo y en el este el swahilí (los congoleses son, con frecuencia, políglotas). Mobutu impone el lingala, lengua vehicular hablada por las poblaciones ribereñas del río Congo, como idioma oficial de la Administración y del Ejército.

Sin embargo, las rentas que la explotación de las materias primas deja al Estado no consiguen cubrir los gastos, y las finanzas públicas se derrumban. Sorpresivamente, Mobutu emprende un programa nacionalizaciones. A partir de entonces, la corrupción y el clientelismo se acrecientan de tal manera que se transforman en pilares del régimen. Las empresas abruptamente nacionalizadas se transforman en un medio para comprar fidelidades. Los administradores arrancan todos los beneficios personales posibles, casi siempre arruinando la empresa. Se habla de una “cleptocracia”, es decir de un régimen gobernado a través del saqueo. Su sistema de corrupción sobrepasa las fronteras del Congo y llega a financiar campañas electorales a sus amigos europeos.

En los años 1980, se ahonda el abismo entre la población, que sucumbe en la miseria, mientras el Estado deja de funcionar, y el círculo de corruptos privilegiados próximos al dictador se enriquece . La fortuna de Mobutu, estimada en 4.000 millones de dólares, supera la deuda externa del país.

Sin embargo, Mobutu sigue siendo tratado por sus aliados como una barrera contra el comunismo, particularmente en los países vecinos como Angola y Zimbabwe. Consigue mantener apoyos exteriores hasta el derrumbe de la Unión Soviética en 1990. A partir de entonces se inicia un dilatado fin. El dictador vive sus últimos años encerrado en su fastuoso palacio construido en la jungla tropical, cerca de su aldea natal. Anuncia el restablecimiento del multipartidismo mientras una Conferencia Nacional discute, durante años, sobre la reorganización del país.

La crisis terminal viene del exterior: en 1994, en Rwanda, el gobierno mayoritariamente Hutu organiza el genocidio de los tutsis. Pero la guerrilla tutsi consigue derrotar a los militares genocidas y toma Kigali, la capital. Casi dos millones de rwandeses, emprenden la fuga y cruzan la frontera con Zaire, donde se instalan en campos que sobreviven gracias a la ayuda internacional. Estos campos están controlados por los militares hutus implicados en el genocidio que comienzan a reorganizarse y a lanzar ofensivas contra Rwanda, con el apoyo de francés.

El nuevo gobierno rwandés establece una alianza con Laurent-Désiré Kabila, jefe de una de las viejas guerrillas lumumbistas, que aún subsisten en la zona, el mismo que en 1964 había estado en contacto con Ernesto Guevara. Constituyen una Alianza de las fuerzas democráticas por la liberación del Congo, formada, en realidad, por el Ejercito rwandés, uno de los más eficaces de la región, y de otros aliados. En 1996 lanzan una ofensiva contra los campos de los rwandeses fugados.

La mayoría de los refugiados hutus, es decir 1,2 millón de personas, liberada del control de los militares genocidas, emprende el retorno a Rwanda. Pero otros cientos de miles se escapan a la jungla. Allí son perseguidos y abatidos sin piedad. Las muertes se cuentan por cientos de miles. Esa situación fue investigada por el chileno Roberto Garretón, por encargo de la ONU.

El corrupto régimen de Mobuto casi no dispone de fuerzas que oponer a la invasión venida del Este. Las fuerzas armadas zaireñas (FAZ) son más una sigla que una realidad. Para premunirse de los golpes de Estado, el dictador había optado por no tener ejército. Su régimen había dejado de equipar y de remunerar a la mayoría de las unidades, que en 1996 sobreviven a través del pillaje. Mantiene sólo una Guardia Presidencial bien equipada, comandada por su hijo. En caso de crisis, su fortuna personal le permite contratar mercenarios, como ya lo había hecho en otras ocasiones.

Pero esta vez tiene enfrente tropas bien organizadas que avanzan desde el Este, a las que 300 mercenarios serbios no consiguen detener. Un último intento de negociación fracasa, y Mobutu, enfermo de cáncer, parte a Marruecos donde vivirá sus últimos meses. En mayo 1997 Laurent-Désiré Kabila entra a Kinshasa, se proclama presidente y, como una de sus primeras medidas, rebautiza al país bajo el nombre de “República Democrática del Congo”. Pero la caída del dictador no traerá la paz.

Fuente: Diario Clarín de Chile. lunes, 14 de agosto de 2006.

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Patrice Lumumba y la independencia del Congo. El asesinato del Primer ministro congolés.

miércoles, 12 de enero de 2011

Efectos del cambio climático sobre Australia. Inundaciones y plagas.

Australia y el cambio climático

Autor: Guillermo Giacosa (Periodista)

La naturaleza muestra, en la rica y siempre elogiada Australia, aquello de lo que es capaz cuando se alteran sus ritmos. Lluvias torrenciales e inundaciones, cuya área total es más grande que Francia y Alemania juntas.

Básicamente en su región más poblada, demandará para su reconstrucción 6 billones de dólares de los Estados Unidos. Hay ya 200,000 personas sin casa y la industria de las minas de carbón, oro y otros metales está paralizada, junto con sectores importantes de la agroindustria.

En algunas ciudades han aparecido culebras venenosas en cantidades asombrosas, nadando por las calles convertidas ahora en canales y una mosca negra mutante, poco conocida en Australia, ha emergido de las tierras inundadas con un veneno irritante y aún sin investigar. Los mosquitos se han incubado en cantidades de plaga. Según un criador de cocodrilos, ya hay peligro de que ese animal en su variedad de agua salada entre en las ciudades y pueblos buscando comida porque las inundaciones destrozan su fuente normal de alimentación.

Los hospitales públicos en la zona afectada evacuan a sus pacientes por helicóptero a otras ciudades donde los nosocomios padecen una crisis permanente por falta de recursos. Según el pronóstico del centro nacional de meteorología, los diluvios continuarán sin cesar por lo menos durante una semana más y hay unos 15 ríos caudalosos que aumentarán las inundaciones. Los pueblos originarios, que ya padecen malnutrición y una alta tasa de suicidios, son los más afectados y sobreviven penosamente gracias al auxilio de organizaciones no gubernamentales.

Las causas de todo esto según Robert Austin, un académico australiano, se originan en “el dominio de la agricultura por monopolios transnacionales, la falta de una política nacional para revitalizar a los ríos y para detener su irresponsable explotación por la agroindustria. Además, en el plano humano, de la negligencia sistemática de los gobiernos por la salud y bienestar de los pueblos originarios”.

Fuente: Diario Perú 21. Mié. 12 ene '11.

lunes, 10 de enero de 2011

Debate sobre los movimientos nacionalistas en España II. Centralismo y jacobinismo.

De nacionalismos abiertos y cerrados

Por: Hilari Raguer. Historiador y monje de Montserrat.

Piensa alguien que Inglaterra y España son, o fueron, una misma nación porque Felipe II se casó con la reina María? El señor Peces-Barba parece creerlo cuando afirma (Los nacionalismos en España, EL PAÍS 23-XI-2010) que la unidad española empieza en el siglo XV, o sea, con los Reyes Católicos. Con sus sucesores, los llamados reyes de las Españas, hubo hasta el Decreto de Nueva Planta de Felipe V lo que en derecho constitucional se llama una unión personal, en la que un rey es a la vez soberano de dos Estados independientes. Pero con Fernando e Isabel no hubo ni siquiera esto. Ni tanto montaba ni montaba tanto, pues a la muerte de Isabel la nobleza castellana rechazó al rey Fernando (todo pudo haber cambiado si su matrimonio con Germana de Foix hubiera tenido descendencia). La Corona de Castilla se arrogó en exclusiva la empresa americana y a la vez se apropió del imperio mediterráneo catalanoaragonés.

Castilla no ha conocido más que la asimilación total, primero en la reconquista de los reinos peninsulares (con las limpiezas étnicas de judíos y moriscos) y después en América o África. A diferencia de Inglaterra, que supo ceder manteniendo vínculos sentimentales, políticos y económicos con sus antiguas colonias, no concedió a tiempo autonomías y así no dejó más vía que las guerras de independencia. En cambio, Cataluña, inmediatamente después de la conquista de Valencia y Mallorca, sin esperar ninguna reivindicación, las constituyó en reinos confederados pero autónomos, como ya lo era el reino de Aragón, regidos por sus propias instituciones y legislación, en total pie de igualdad con el Principado. ¿Dónde está el "nacionalismo cerrado" de que habla Peces-Barba?

El nacionalismo catalán, por otra parte, no empieza el siglo XIX, sino inmediatamente después del 1714, aunque impedían su manifestación pública la tremenda represión de los austriacistas y el continuo estado de guerra en Cataluña a lo largo de casi todo el siglo XIX. Pero bajo la nomenclatura de cada época (fueros, provincialismo, regionalismo o federalismo) Cataluña no dejó de reivindicar su libertad nacional. Véanse numerosos testimonios, ya en el siglo XVIII, en Félix Cucurull Panoràmica del nacionalisme català (6 volúmenes, Edicions Catalanes de París, 1975).

Se acaba de cumplir el décimo aniversario del asesinato de Ernest Lluch, estudioso y admirador del austriacismo. Decía que España fue grande bajo los Habsburgos, que respetaron los reinos de las Españas y las gobernaron mediante sus instituciones propias, y empezó su decadencia con los Borbones, importadores del centralismo francés, que culminaría en el jacobinismo revolucionario, que para triturar las regiones históricas inventó los departamentos, servilmente imitados por las provincias españolas.

Cuando en 1940 Himmler visitó Montserrat buscando las supuestas huellas del Santo Grial, vio en el museo un sepulcro ibérico con el esqueleto de un hombre muy alto, y señalándolo exclamó: "¡Es ario! ¡Los catalanes son arios!". El monje que le guiaba en la visita le replicó que no hay una raza catalana, sino que somos una mezcla de gentes venidas de muchas partes. Algo más tarde, en 1954, en su luminosa obra Notícia de Cataluña, Jaume Vicens i Vives hablaba de Cataluña como gresol (crisol), capaz de fundir en un solo pueblo a tan heterogénea población. Y el general Mola, en sus recuerdos de cuando fue director general de Seguridad durante la "Dictablanda" (el periodo de transición entre la Dictadura y la República), habla de la dificultad de nombrar a un Jefe Superior de Policía que permaneciera fiel a su criterio: "Conocedor desde muchos años atrás de la vida oficial de Barcelona, no ignoraba que el particularismo catalán es algo eminentemente contagioso, al punto de que podía calificarse de rara avis la autoridad que, al tomar tierra allí, automáticamente no se sentía desligada del Poder central o con tendencia irresistible a asimilarse el espíritu autonómico de los naturales del país". (Obras Completas, Valladolid, 1940, página 713).

Hubo en la Revolución Francesa un personaje singular, el abbé Grégoire. Impregnado de espíritu evangélico, era de aquellos que consideraban a Jesús como el primer revolucionario, y los derechos del hombre como una exigencia del evangelio. Pero a la vez estaba poseído del peor jacobinismo y profesaba un patriotismo centralista que bien merecería, ese sí, ser calificado de nacionalismo exacerbado o cerrado. Por encargo de la Asamblea emprendió con fervor patriótico una gran cruzada contra los patois, las lenguas distintas de la francesa, que creía que amenazaban a la nación-Estado. Para ello realizó una vasta encuesta, departamento por departamento, inquiriendo si en aquella demarcación existía algún patois, qué vitalidad tenía y, sobre todo, qué habría que hacer para extinguirlo. La respuesta del departamento de los Pirineos Orientales (Cataluña Norte) fue la más valiente y a la vez irónica de todas las que recibió el abbé Grégoire: existe allí la lengua catalana, usada por el pueblo, la administración, los tribunales y la Iglesia, y "para destruirla habría que destruir el suelo, el fresco de las noches, el tipo de alimentos, la cualidad de las aguas, el hombre entero". Pero para Peces-Barba, negarse a morir es nacionalismo cerrado. El abierto, según Peces-Barba, es el jacobino, el del abbé Grégoire y sus epígonos españoles.

Fuente: Diario El País (España). 10/01/2011.

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Debate sobre los movimientos nacionalistas en España I. Crítica al nacionalismo cerrado.

Debate sobre los movimientos nacionalistas en España I. Crítica al nacionalismo cerrado.

Los nacionalismos en España

Por: Gregorio Peces-Barba Martínez.
Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

Los movimientos nacionalistas empiezan en España en el siglo XIX aunque algunos de los llamados de sociedad cerrada intentan enriquecer el pedigree con invenciones ideales que incluso se extienden hasta el siglo XVII.

Podemos hablar de un modelo nacionalista español y de otro, el de las regiones o naciones que carecían y carecen de Estado en nuestro país.

Es el primero el Estado Nación, de raíz ilustrada a principios del siglo XIX, con la idea de soberanía identificada con la nueva nación española, superando al soberano absoluto de la Monarquía. Es la idea de nación con la participación de los ciudadanos, la formación de la comunidad indivisa y centralizada inspirada por el liberalismo y por el romanticismo social.

Los liberales en la Constitución de 1812 legislaban desde el poder constituyente de la nación soberana, y con el objetivo de garantizar la independencia de España y de sus ciudadanos desde una unidad no discutida. Conformará la conciencia histórica de los españoles, una conciencia unitaria y nacional, durante muchas generaciones. La soberanía nacional, de participación popular, rescatará en ese momento al nacionalismo de sus tentaciones de sociedad cerrada. En España el nacionalismo era patriotismo nacional y la nación era soberana en sustitución de la Monarquía absoluta a partir de 1812.

El segundo modelo es el del nacionalismo de las regiones o de las naciones sin Estado, en evoluciones que se asemejan a la española que acabamos de identificar. Supone un sentimiento de identificaciones con las comunidades en que han nacido hasta extremos radicales, ignorando otras realidades y rechazando cualquier comunicación con su entorno. Este planteamiento va unido al llamado principio de las nacionalidades de acuerdo con el cual cada pueblo o nación tiene derecho a ejercer el poder soberano sobre el territorio en el que habita, creándose un derecho colectivo que no es del individuo, sino del ente colectivo nacional, en virtud del cual cada identidad cultural tiene derecho a convertirse en Estado independiente.

Los defensores de esas naciones vinculaban sus particularidades culturales y su lengua propia con la necesidad de un Estado propio. Son decisiones naturales de la raza humana que reciben de Dios su carácter propio y diferente y que su mejor organización estable se consigue cuando forman su propio Estado.

De estas posiciones surgirán los derechos de las naciones a concretarse en Estado independiente, el derecho a la autodeterminación. Así se pasará de la autodeterminación individual, expresión de la dignidad de cada individuo y raíz de los derechos del hombre y del ciudadano, noción fundamental del discurso moral y político liberal, a la idea de autodeterminación nacional que supone la difuminación de los derechos individuales, aplastados por ese derecho colectivo que no tiene en cuenta a los miembros de esa entidad. Es un planteamiento enfrentado a las raíces individuales del contractualismo. Se desconocen los derechos individuales y fundan los derechos colectivos como derechos de la comunidad nacional, sin un anclaje último en el individuo.

Si Nación y Estado no están necesariamente vinculados, no toda nación debe ser un Estado, solo las naciones soberanas, y no todas lo son. Así se quiebra el principio de las nacionalidades y el principal fundamento de la nación unida al derecho colectivo a ser un Estado independiente.

Los nacionalismos españoles de sociedad cerrada se han dividido con la Constitución de 1978, entre la aceptación, la abstención y el rechazo. La mayoría de los catalanes se situaron en la primera opción, los vascos del tronco común del PNV en la segunda y los sectores más radicales vinculados con el terrorismo de ETA, en la tercera. La Constitución abordó el tema desde unas premisas muy integradoras, con el reconocimiento, en el artículo segundo del hecho nacional cultural de comunidades como Cataluña, el País Vasco o Galicia, a través de la mención expresa del derecho a la autonomía de nacionalidades y regiones. Desde mi punto de vista se trataba de situar a España como nación de naciones y de regiones. La soberanía reside en la nación española, en el pueblo español (artículo 1-2 de la Carta Magna) y las restantes naciones, solo culturales, derivan sus derechos de la propia Constitución. La nación española era el poder constituyente, y, por consiguiente, previo a la Constitución. Las otras naciones llamadas nacionalidades se reconocían jurídicamente en la Constitución. Culturalmente, tenían también una existencia anterior, pero su reconocimiento jurídico se produce con la Constitución, desde su entrada en vigor.

Dichos sectores nacionalistas reivindican competencias para diferenciarse de las comunidades de origen regional y con tal objetivo hablan de constitucionalismo asimétrico. Este concepto tiene dos acepciones posibles: una que recoge esta ideología negadora de la igualdad entre las comunidades autónomas, y que sitúa a la asimetría en una diferencia entre las competencias; la segunda plenamente acorde con la Constitución, identifica la asimetría con el hecho diferencial, y la concreta en las dimensiones lingüísticas y culturales, en el Derecho propio y en los privilegios fiscales, constitucionalmente reconocidos cuando existen.

Los partidarios de modificar el modelo igualitario persisten en su pretensión y utilizan varios caminos para alcanzarla: desde la reforma de los Estatutos, incluyendo competencias excesivas o unas exclusivas relaciones bilaterales entre el Estado y cada Comunidad que rompe el esquema del federalismo funcional hasta la idea del Estado plurinacional, que supone que España es un Estado formado por varias naciones, sin que ninguna de ellas sea la nación soberana y teniendo cada una las mismas obligaciones y derechos.

Solo desde un delirante autismo ciego ante la realidad, conjunto de sofismas y de ensoñaciones se puede elaborar un espejismo tan engañador e imposible.

Son un esfuerzo inútil los proyectos nacionalistas radicales que pretenden establecer Estados independientes en partes de nuestro territorio. La unidad tan vieja como la modernidad empieza en el siglo XV y la Constitución de 1978, establece que España es el poder constituyente y la única nación soberana.

Fuente. Diario El País (España). 23/11/2010.

domingo, 9 de enero de 2011

Historia colonial de Filipinas. Historia de la olvidada guerra de Filipinas.

Guerra Filipinas-EE.UU.: 100 años

Por: Isaac Bigio (Internacionalista)

Para la mayoría de los latinoamericanos, Filipinas parece ser algo remoto en el sureste asiático. Sin embargo, muchos hispanos se sorprenden cuando comprueban que la mayoría de los nombres y apellidos de los filipinos son como los de ellos (como Juan, Carlos, José, Pérez, López, etc.) o cuando ven que las procesiones religiosas de esas islas son tan similares a las suyas.

El cristianismo surgió en los 3 continentes de Asia, Europa y África, pero el país que tiene más católicos en todo el Viejo Mundo fue las Filipinas, que fue evangelizada y gobernada desde México.

Hoy puede haber una treintena de países donde el español o el portugués sean los idiomas oficiales, pero ninguna de esas naciones ha sido bautizada en honor a un rey ibérico. La única república del mundo que lleva en su nombre el de un monarca que fue tanto de España como de Portugal es Filipinas.

A este archipiélago se le denominó así para reverenciar a Felipe II, quien llegó a ser el monarca español y europeo más poderoso. El y su hijo Felipe III lograron la unificación de los imperios español y portugués en 1580-1640, quienes entonces detentaban la mayoría de las colonias europeas en las Américas, Asia y África, además de poseer varios territorios en Alemania, Italia y Francia y en los Países Bajos.

La conquista ibérica de Filipinas se inició antes de que los castellanos derrotasen a los imperios azteca e inca. Filipinas luego llegó a ser una capitanía supeditada al virreinato de Nueva España (cuya capital era la ciudad de México), la cual abarcó a las �Indias españolas orientales� (las islas Marianas y Carolinas, Guam, Palaos, Sabah �que hoy es parte de Malasia- y territorios de Taiwán y Japón).

Filipinas, al igual que Cuba y Puerto Rico, se mantuvo en manos españolas 8 a 9 décadas después de la independencia de los 4 virreinatos hispanoamericanos. En 1898 Filipinas declaró su independencia, aunque los EE.UU. inmediatamente procedieron a invadirles. Washington, tras derrotar a Madrid en una guerra, reclamó a todas sus últimas colonias en América y Asia.

Las proclamas independentistas y la primera Constitución de los filipinos fueron redactadas en castellano. No obstante, los EE.UU. decidieron ocupar ese archipiélago, al que sólo perdieron ocasionalmente ante los japoneses en la II Guerra Mundial, para luego, al recuperarlo, otorgar una independencia donde éstos siempre se mantuvieron como el poder dominante. Guam y las Marianas aún siguen siendo territorios de EE.UU.

La resistencia contra la ocupación norteamericana duró hasta 1911. Dicha guerra produjo la muerte de un millón de filipinos (más del 10% de habitantes de entonces).

EE.UU. se propuso des-hispanizar a Filipinas. Hoy, allí el castellano ya no es idioma oficial (rango que sí lo tienen el inglés y el filipino (tagalog)), aunque sectores de las clases medias siguen reivindicando dicha herencia, las lenguas filipinas están llenas de vocablos hispánicos y hay una lengua castellana criolla local (el chabacano).

La hoy olvidada guerra de Filipinas fue uno de los primeros pasos que daría EE.UU. en un futuro historial de ocupaciones al Caribe, Indochina y el Asia occidental. Los resultados de esta ocupación serían lo opuesto de lo que luego pasó en Vietnam. Prueba de ello es que en América Latina pocos se acuerdan del país más culturalmente afín que tienen al otro lado del Pacífico.

Fuente: Diario Correo (Perú). 07 de Enero del 2011.

Breve historia del tráfico de drogas o narcotráfico. La prohibición y la creación del mercado negro de drogas.

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La guerra inútil

Por: Francisco Durand
Sociólogo y Profesor de Ciencias Políticas, Universidad de San Antonio, Texas , EEUU.

La política de prohibición de drogas empezó en EEUU en 1922, junto con el alcohol. El propósito era frenar el consumo de opio, marihuana y cocaína, lo que constituía ante todo un problema de “mal comportamiento social”, y de salud en los casos de sobredosis y adicción. Sin embargo, tal política no ha dado resultados y ha creado un problema más grave de violencia y corrupción.

La prohibición del alcohol duró hasta 1933 porque fue inútil y generó violencia. La de las drogas, más sumergida en el miedo y la psicosis, continúa y se ha elevado a la categoría de guerra.

Nixon declaró la Guerra Contra las Drogas en 1968 en momentos que se disparó el consumo y la experimentación. Como odiaba a los hippies, y quería ley y orden, aumentaron las sanciones, y Washington ‘externalizó’ el problema. Era una conspiración externa y había que “atacar las fuentes”, como si su consumo se iniciara en la oferta de coca-cocaína y marihuana de América Latina. Así fue como Estados Unidos y Colombia empezaron a fumigar las plantaciones de marihuana. Mientras tanto, el consumo de hierba bajó un tanto en los EUA, pero se convirtió en productor, al mismo tiempo que degustaba más de la cocaína, moda que empezó en Hollywood.

El presidente Reagan (1980-1988) insistió en “atacar la fuente” inaugurando políticas de erradicación forzosa en Perú y Bolivia. Para cuando otro republicano, Bush padre, llegó al poder (1988-1992), se encontró con que se vendía crack cocaine hasta en frente de la Casa Blanca, una droga particularmente destructiva y popular entre pobres y negros.

En los noventas continuó la erradicación en los Andes, llegándose al absurdo de tener un Plan Cero Coca en un país cocalero como Bolivia, y donde se inventaron los cultivos alternativos para apaciguar a los campesinos. Luego empezó la Guerra Contra los Carteles en Colombia. Bush llegó a invadir Panamá en 1989 para sacar del poder al general Noriega, socio de Pablo Escobar. Hacia 1993, Escobar y su Cartel de Medellín eran historia y pronto el Cartel de Cali sería liquidado.

Se generalizaba la guerra, pero el problema se complicaba más. Cuando cayeron los carteles colombianos, aparecieron los “minicarteles”; entonces, las FARC y los paramilitares comenzaron a plantar coca en sus territorios (venía menos de Perú) y autorizar la fabricación de pasta y cocaína para comprar armas. Siguió el Plan Colombia con Clinton en 1999, impulsado por el general McCaffrey, ex jefe del Comando Sur, que metió al Pentágono en la Guerra contra las Drogas.

Y llegó el efecto globo. Ante la ofensiva del Plan Colombia y la erradicación aérea, el cultivo de coca cayó en Colombia, pero volvió en el Perú en zonas nuevas (VRAE, San Gabán) y viejas (Huallaga). También en Bolivia (Chapare), donde los movimientos cocaleros lograron bloquear la erradicación y desarrollaron una contraofensiva cultural para defender la “coca sagrada”.

En el norte cambió la relación de los carteles colombianos con los mexicanos de la frontera (Golfo, Juárez y Tijuana, bien establecidos en tres corredores). Desde los años ochenta, los paisas buscaban transportar cocaína por una mejor ruta (Miami se cerraba) y se asociaron con los cuates. Los carteles fronterizos crecieron a pesar de la represión y aparecieron otros nuevos (Federación de Sinaloa).

El de Sinaloa, situado en el Pacífico, comenzó a fabricar directamente cocaína en Perú desde el 2005, con lo cual empezaron los descabezamientos. Para esa fecha el consumidor estadounidense había dejado el crack y pasaba a las metanfetaminas, drogas artificiales. Sinaloa y otros carteles mexicanos entraron al negocio al controlar la importación de insumos de la India. Tijuana se convirtió en la ciudad con más farmacias per cápita del mundo.

El 2000 se inauguró una política más agresiva en México. El Cartel de Sinaloa, situado al medio del país, intentó aprovechar el debilitamiento de sus rivales para evitar “el derecho de piso”, desatando una ola de violencia extrema. El cartel del Golfo recurrió entonces a los Zetas, sicarios de origen militar entrenados por EEUU, obligando al Estado a intervenir. Cuando se inicio esta Guerra contra los Carteles, con Calderón el 2006, México tenía ya 8 (3 en la frontera, el de Sinaloa, más sus antiguos socios de la Familia de Michoacán y Beltrán Leyva, a los que se debe añadir los Zetas y el menos conocido de Oaxaca).

Calderón ha logrado neutralizar a varios de los jefes de la Familia Michoacana, a dos hermanos Beltrán Leyva y dos más del cartel del Golfo (Osiel y Ezequiel Cárdenas), pero los Zetas y el de Sinaloa siguen creciendo. Los carteles mexicanos son ahora los más poderosos. Al 2010, a pesar de guerrear entre ellos y contra los estados de EEUU y México, manejan el 90% del tráfico de cocaína a Estados Unidos, el 50% de la marihuana y el 50% de las metanfetaminas. En México se pagan mordidas de US$ 3 millones mensuales. Desde diciembre del 2006 han muerto 28,000.

Mientras tanto, EEUU vive una psicosis fronteriza. Ante el temor a un ataque terrorista (acentuado desde el 11 de setiembre del 2001), ante la persistencia del tráfico humano, ante el continuo flujo de drogas, y un tsunami de violencia, México se ha convertido en su nueva pesadilla. Han aumentado los muros, se han puesto cámaras, sensores, aviones sin piloto, y hay más guardias y soldados; pero ¿algún progreso?

Bueno, han aumentado las deportaciones a un ritmo de 392,000 en los últimos 9 meses del 2010 mientras desciende el flujo de indocumentados. Hay más interdicción, pero el tráfico de drogas sigue probablemente por corrupción (al igual que la venta de armas de EEUU a México, hay 7,000 dealers en estados norteamericanos fronterizos). Hay más. Como se gana menos en EEUU con la cocaína, los carteles colombianos y mexicanos usan la ruta africana (Senegal y Nigeria) para llevarla a Europa, donde aumenta el consumo y pagan más. El precio de cocaína en EEUU ha bajado, pero sube la pureza (lo cual todavía estimula el consumo); sigue la preferencia por la marihuana, se sigue consumiendo algo de heroína y aumenta el de drogas artificiales.

¿Alguna lección? La prohibición crea un mercado negro y se mantiene la demanda, la oferta tiende a estabilizarse y relocalizarse a pesar de la represión; pero ante el peligro y las altas ganancias, surgen mafias. Si se eliminara la prohibición y se tratara en clínicas la adicción y otros problemas sociales, se reduciría la violencia y la corrupción al caer la ganancia de los carteles; pero es probable que aumente el consumo. No obstante, el ahorro generado al suspender la guerra permitiría pagar los tratamientos e introducir un nuevo sistema de control. Pero si no cambiamos vamos a seguir como canoa en el pongo de Manseriche, a punto de naufragar en los rápidos o estrellarse contra las paredes del cañón.

Fuente: Diario La República, suplemento "Domingo" (Perú). 14/11/2010.