sábado, 13 de julio de 2013

Libro ‘El Tratado de 1929. La otra historia’, del embajador Félix C. Calderón.

Chile violó 5 veces el Tratado de Ancón de 1883

La nueva usurpación chilena de 37.610 m2 del territorio de la provincia de Tacna y 37.900 km2 cuadrados de mar peruano, a los que hay que añadir otros 28.491 km2 resultantes de la proyección hacia las 200 millas marinas, es el corolario de continuas violaciones del Tratado de Lima de 1929, que fijó la línea fronteriza terrestre. Antes de estas vulneraciones hubo otras cinco contra el Tratado de Ancón de 1883, que puso fin a la invasión militar chilena. Sobre estos incumplimientos, publicamos a continuación una crónica del periodista e historiador Herbert Mujica Rojas, remitiéndose a un esclarecedor trabajo del diplomático peruano Félix Calderón Urtecho, donde describe los entretelones del perjurio chileno contra los tratados internacionales (NdeR).

“En su libro de potentes luces ‘El Tratado de 1929. La otra historia’, pp. 44-45-46,Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2000, el embajador Félix C. Calderón detalla, como antecedentes a la otra historia del Tratado de Lima y su Protocolo Complementario, del 3 de junio de 1929, lo siguiente: ‘Pero hay una cuestión más grave aún. De acuerdo con el derecho de gentes de la época, como muy bien lo recordara el cónsul estadounidense en Lima, S.A. Hurlbut, el Perú por no compartir en ese momento su frontera con Chile estaba obligado a asumir el pago de las reparaciones de guerra, mas no a sufrir la desmembración violenta de su territorio, puesto que nunca tuvo un diferendo de límites con Chile. Nueve de los catorce artículos del Tratado de Ancón estuvieron referidos al pago de esa indemnización que le correspondía al Perú por los gastos de guerra, pero el Tratado de Ancón fue mucho más allá, cuando incorporó el artículo 2do, dirigido a convalidar la anexión territorial de Tarapacá, y el artículo 3ro. que por la vía de la prenda territorial le permitió a Chile especular por cerca de cincuenta años con nuevas conquistas territoriales, no obstante que ya en 1883 las naciones libres condenaban ese proceder basado únicamente en la fuerza. (Véase figura Nro. 1).

En líneas generales, Chile incumplió en cinco ocasiones la ejecución del Tratado de Ancón en los aspectos territoriales, incurriéndose de esta manera en vicios de nulidad del mismo. Es importante a este respecto traer a colación lo que dijo el gran tratadista Fiori en 1885: Queda fuera de duda que cuando una parte no cumple con sus obligaciones, pone a la otra en situación de poderse declarar desligada del deber de cumplir las suyas. Por consiguiente, si la violación alcanzara la substancia o una de las partes importantes del tratado, se podría inferir la resolución de la convención (Nouveau Droit International Public, París, 1885, p. 419).

El primer acto de incumplimiento por parte de Chile consistió en apropiarse indebidamente de una parte importante de la provincia de Tarata, incluyendo su capital, y una más pequeña de Chucuito, en Puno, bajo la argucia de que el límite septentrional en la parte oriental de la provincia de Tacna estaba dado por el río Chaspaya, siendo el río Estique, su afluente meridional, la verdadera naciente, por ser el más caudaloso. Los éxitos, años más tarde, del coronel Oscar Ordóñez en la Comisión Especial de Límites no hicieron más que corroborar esta actitud abusiva y ultra vires de Chile. Es oportuno señalar que este nuevo atropello fue posible a causa de un error en el citado artículo 3ro, que llevó las nacientes del río Sama a la cordillera limítrofe con Bolivia, cuando la realidad geográfica nos dice que ese río nace en la cordillera del Barroso, más al oeste, generando así una solución de continuidad insalvable que dio pie para consumar el abuso.

El segundo acto de incumplimiento se dio cuando Chile, arbitrariamente, modificó el límite sur de la provincia de Arica, tal como existía en 1879, transfiriendo las ricas borateras de Chilcaya a Tarapacá. El tercer acto de incumplimiento fue su negativa a respetar el plazo de diez años para realizar el plebiscito, perdiendo inclusive el derecho de posesión sobre las provincias de Tacna y Arica que le había conferido por ese lapso el artículo 3ro. La cuarta violación en la que incurrió Chile vis-á-vis lo estipulado en el Tratado de Ancón se produjo cuando se concluyó con Bolivia en 1904 un tratado de paz y límites en el que cedió a este último país, como si fuera de su pleno dominio y soberanía, una significativa parte de Arica, y otras más pequeñas de Tacna y Tarata, en momentos en que su presencia en esos territorios era, sin atenuantes, completamente ilegal. Finalmente, el quinto acto de incumplimiento tuvo lugar en 1909 mediante el trazo, exprofesamente provocador, del nuevo ferrocarril de Arica a La Paz por territorios que pertenecían históricamente a Tacna y Tarata, además de Arica.

No sabemos dónde estuvieron los estadistas peruanos de entonces, porque patriotas hubo muchos, ni por qué los detractores del presidente Leguía no encañonaron, también, su encono contra quienes condujeron el Perú durante los años que siguieron a la celebración del Tratado de Ancón. En todo caso, no deja de ser paradójico que la crítica se haya ensañado contra quien tuvo el coraje de zanjar este doloroso episodio de nuestra vida republicana, en vez de enfilar sus baterías contra sus predecesores, quienes abrumados, tal vez, por la complejidad de los litigios fronterizos con los países vecinos optaron por resignarse a los status quo o modus vivendi, o por refugiarse cómodamente, más tarde, en sus torres de marfil para desde allí pontificar acerca de posibles fórmulas de arreglo.

No fue Leguía quien creó los problemas de delimitación fronteriza, sino quien los resolvió en un ochenta por ciento, dejando el camino allanado para que doce años más tarde el presidente Prado pusiera punto final a la delimitación fronteriza del Perú. La dolorosa amputación de Tarapacá y la ocupación de Tacna y Arica fueron resultado de una miope política defensiva en la que se embarcó Manuel Pardo (1874-1875), en circunstancias en que el ejército peruano continuaba operando con estrategias y tácticas de la guerra del siglo XVIII”. (Mañana Parte VI: LA “CHILENIZACION DE TACNA Y ARICA)

Fuente: Diario La Razón. 01 de julio del 2013.

Historia de las provincias cautivas de Tacna y Arica. Informe del general William Lassiter al presidente EEUU, Calvin Coolidge.

“Peruanos fueron golpeados en el suelo, pateados, robados y maltratados”


Primer Informe del general William Lassiter, presidente de la comisión plebiscitaria en las provincias cautivas de Tacna y Arica, elevado al presidente EEUU, Calvin Coolidge.

VÍCTOR ALVARADO

El árbitro norteamericano, general EEUU William Lassiter, designado por el presidente de los EEUU, Calvin Coolidge, para dirigir el plebiscito en las provincias cautivas de Tacna y Arica, testimonió el 14 de junio de 1926, en un amplio informe elevado a su gobierno, la política de “chilenización”, consistente en agresiones, asesinatos y desapariciones, realizados por los invasores chilenos, con tal de conseguir una consulta favorable a sus ambiciones expansionistas, ante lo cual él decidió no hacer el plebiscito, renunciar y regresar a su país.

La ubicación y traducción de este informe ha sido hecha por el investigador y ex ministro de Economía del Perú, residente en los EEUU, doctor César Vásquez Bazán (1) http://blogs.izquierdaperu.com/category/william-lassiter/, del cual publicaremos cuatro de ellos referidos a las brutales agresiones contra los plebiscitarios peruanos ejecutadas por los invasores el 6 de enero y 05 de marzo de 1926 en Tacna, del mes de marzo de 1926 en Putre (Arica) y 14 de mayo de 1926 en Arica.

A continuación, publicamos el informe correspondiente al asalto masivo del 06 de enero de 1926 perpetrada en Tacna cautiva por una turba de 500 “mazorqueros” chilenos a un contingente de peruanos que llegaron a Tacna, procedentes de Arica cautiva, con la finalidad de participar en el plebiscito, que tenía como fecha tentativa el 09 de junio, y fueron objeto a su llegada de una cobarde “agresión pública, brutal y prolongada. Los plebiscitarios fueron “golpeados en el suelo, pateados, apaleados, robados y maltratados escandalosamente” a vista y paciencia del personal de carabineros (policía) y del ejército chileno (NdeR). 

“En la mañana del 6 de enero de 1926, llegó a Tacna en tren desde Arica el primer contingente considerable de peruanos, presuntamente electores calificados, que intentaban regresar a esa ciudad para participar en el plebiscito. El siguiente relato, basado en el testimonio personal de los miembros del personal de la Presidencia de la Comisión Plebiscitaria que estuvieron presentes como testigos de los hechos, describe los acontecimientos de esa mañana.

La llegada prevista de los peruanos fue anunciada en un artículo publicado en el periódico de la mañana de Tacna, distribuido horas antes de la llegada del tren. Las medidas adoptadas por la policía y las acciones del gentío reunido con antelación en la estación ferroviaria establecen fuera de toda duda que tanto las autoridades chilenas como el público de Tacna tenían conocimiento amplio de la llegada de los peruanos.

A su llegada a Tacna, los peruanos se comportaron en forma ordenada y adecuada, sin incurrir en provocación a la multitud reunida en la estación del ferrocarril y en las inmediaciones.

Multitud hostil en la estación del tren recibió a los peruanos

Los peruanos fueron recibidos a su llegada a Tacna por una muchedumbre chilena hostil conformada por cerca de quinientas personas reunidas en la estación y en las inmediaciones.

En su mayor parte, la turba estaba compuesta por elementos violentos; una gran parte de ella exhibía los colores de la bandera chilena. El gentío recibió la llegada de los peruanos con gritos amenazadores e insultantes en su contra y con aplausos y gritos a favor de Chile. Los peruanos no respondieron a los gritos del populacho. Conforme iban bajando del tren, la turba se acercaba a ellos y los atacaba a puñetazos, puntapiés y palazos. La policía estaba presente con el propósito ostensible de proteger a los peruanos. Sin embargo, fracasaron totalmente en cumplir con esta obligación, incluso en el andén de la estación y dentro del edificio del terminal ferroviario.

A la salida de la estación y en las calles de Tacna se produjo una agresión pública, brutal y prolongada, en contra de los peruanos, que intentaban trasladarse al centro de la ciudad, algunos en autos y otros a pie. Este acoso se produjo en presencia de, al menos, veinticinco policías y de una turba vociferante y hostil.

Uno tras otro, los peruanos fueron separados del grupo por pandillas organizadas, cada una compuesta por entre seis y diez chilenos, y en presencia de la policía fueron golpeados en el suelo, pateados, apaleados, robados y, en general, maltratados escandalosamente.

Los peruanos siguieron su recorrido, siendo apedreados. Continuaron recibiendo insultos, amenazas y agresiones similares, a lo largo de su lento avance de la estación ferroviaria a una casa en la calle Carreras, cerca de la calle San Martín, donde se refugió la mayoría de ellos. Los peruanos no pudieron defenderse de manera efectiva de sus agresores. Fueron asaltados sin provocación y casi sin resistencia. Muchos peruanos resultaron heridos, algunos de gravedad.

La apariencia de protección de la policía fue tan ineficiente, tan falta de entusiasmo y tan completamente ineficaz, que sugiere que la mayor parte de la policía, si no realmente en connivencia con los agresores, simpatizaba con ellos y no tenía intención de oponer resistencia real a sus ataques, o de ofrecer una real protección a los peruanos.

Testigos presenciales de todos los incidentes, desde la salida de la estación del tren hasta la casa de la calle Carreras, no vieron que la policía hubiera arrestado o usado arma alguna en contra de los asaltantes. No sólo las autoridades responsables de Tacna no emplearon las fuerzas militares para proporcionar la protección que la policía no ofreció, sino que oficiales y soldados vestidos con el uniforme militar de Chile estuvieron presentes entre la turba y expresaron su abierta simpatía con los asaltantes. Los ataques a los peruanos parecen haber sido premeditados y deliberadamente planificados de antemano.

Como prueba adicional de la actitud de las autoridades chilenas de Tacna, cabe mencionar que en la noche del mismo día, en la misma ciudad de Tacna, y a sólo unos cientos de metros del mismo punto, dos miembros prominentes de la Delegación Plebiscitaria Peruana y el oficial de Marina al mando del transporte peruano Rímac (*) fueron atacados por una turba y sometidos a una paliza prolongada y brutal sin que la policía interviniese”. (Mañana Capítulo XIV: General Lassiter narra una segunda descomunal agresión perpetrada por invasores chilenos contra plebiscitarios peruanos en Tacna).

(*) Jorge Basadre identificó a dos de las víctimas: el Dr. Emilio F. Valverde y el jefe de la Marina Peruana Carlos Rotalde.

(1) Fuente del Informe: Wambaugh, Sarah. 1933. General Lassiter’s Report on Tacna-Arica en “Plebiscites since the World War: With a Collection of Official Documents”.Volume II - Documents. Washington: Carnegie Endowment for International Peace, páginas 479 y 480.

Fuente: Diario La Razón. 09 de julio del 2013.

Fragmento del libro “El informe secreto Pershing-Lassiter. La chilenización del siglo XX al desnudo" del historiador Ernesto Yepes.

Procesión de la bandera (1901)

Deportación de peruanos en provincias cautivas

VÍCTOR ALVARADO
Un capítulo estremecedor del libro “El informe secreto Pershing-Lassiter. La chilenización del siglo XX al desnudo. Evitemos la del siglo XXI”, del historiado Ernesto Yepes, recientemente publicado, es el referido a la “Expulsión de peruanos del territorio plebiscitario” (Tacna y Arica), por el que Pershing y Lassiter dan cuenta que el electorado peruano que debería votar en el plebiscito para definir su retorno a la heredad peruana fue físicamente reducido por una sistemática política de terror a través de deportaciones a la fuerza, ausencia inducida mediante violencia o amenazas, desapariciones inexplicables, conscripción o reclutamiento militar a la fuerza y asesinatos. A continuación trascribimos el capítulo pertinente (NdeR):

“Poco después de haber sido organizada la comisión plebiscitaria se comenzaron a acumular pruebas que establecieron finalmente, fuera de toda duda, el hecho de que existía un plan cuidadosamente estudiado para las expulsiones ilegales de peruanos que residían legalmente en el territorio plebiscitario y que dicho plan había estado llevándose a cabo y continuaba efectuándose. El término ‘expulsión’ que aquí se usa cubre cualquier forma de deportación causada o inducida por coerción ilegal.

(…) A menudo la queja por la expulsión de una persona era presentada por diferentes interesados y tenía distinto origen, debiendo corroborarse de ese modo la queja. Otras se verificaban a través de investigadores particulares. Antes que terminara 1925 la evidencia que se había acumulado indicaba que el número de expulsiones ilegales llegaban a varios cientos. (…) En una de esas investigaciones, el comité nombrado para escuchar e investigar quejas estableció el hecho (su informe al respecto fue aprobado por la comisión) de que en marzo de 1925, después de la publicación del Laudo, la policía arrestó y sacó de sus casas en el valle de Azapa, durante la noche, a un número de peruanos, los condujo presos a Arica con el fin de deportarlos y desde este puerto fueron efectivamente deportados a Iquique.

El comité también estableció el hecho, aprobado por la comisión, de que las expulsiones que se hicieron en el valle de Azapa, en marzo de 1925, tuvieron el propósito de disminuir el número de los votantes peruanos del valle y que esas expulsiones y las pruebas que existen de que las autoridades no concedían a los hombres de conocidos sentimientos peruanos que vivían en el valle de Azapa la debida protección que la ley les acordaba había servido para que entre los individuos de sentimientos peruanos que todavía permanecían en el valle se crease un estado de temor, lo cual indudablemente evitaría la libre expresión de sus sentimientos en los puntos que iban a ser determinados en el plebiscito.

Entre los muchos casos de ausencia involuntaria causada por esa política ilegal y el plan que se ha mencionado anteriormente podemos mencionar los siguientes: el 18 de marzo de 1925, poco después de haberse hecho público el laudo, más de 20 peruanos fueron deportados a Iquique en el vapor Aysen; al siguiente día, 8 peruanos se ausentaron de Arica contra su voluntad, dirigiéndose a Iquique en la lancha Nilda. Esas deportaciones y ausencias involuntarias fueron causadas por la policía. El 20 de agosto de 1925, el mismo día que el general Pershing llegaba a Arica, 50 peruanos más partían de Arica contra su voluntad con dirección a Valparaíso en el vapor Ebro. El 3 de enero y el 24 de enero de 1926, un peruano fue deportado por Alvaro Oliva, presidente de la Asociación Hijos de Tacna, actuando en cooperación con los miembros de la policía de Arica.

Las evidencias recibidas llenando las debidas formalidades –bien por un comité o por investigadores-, así como las obtenidas de manera informal, probaban claramente que en muchos casos las expulsiones eran efectuadas por orden de las autoridades o por los mismos miembros de la policía chilena. Podemos aseverar que la larga y continua campaña de expulsiones solamente podía haber sido llevada a cabo con el conocimiento, aprobación y consentimiento de las autoridades chilenas.

Todo el cúmulo de evidencias de que se dispone sobre estos casos de expulsiones ilegales conducen de una manera inevitable a la conclusión de que desde la fecha de la publicación del laudo y por algún tiempo después ha existido de una manera efectiva en Tacna y Arica un plan deliberado para no solo producir, mediante la partida obligada de personas de sentimientos peruanos, una reducción del electorado peruano, sino colocar a los peruanos que permanecían en el lugar en un estado de terror incompatible completamente con la libre expresión de sus opiniones respecto al plebiscito.

(…) RESUMEN

(…) Tenemos que llegar a la conclusión de que el electorado peruano ha sido físicamente reducido en lo que debería ser su magnitud, a través de medidas tales como deportación por la fuerza, ausencia inducida mediante violencia o amenazas, desapariciones inexplicables, conscripción de manera parcial, habiéndose llegado aún al asesinato, que los peruanos que han sido deportados o atemorizados para que salieran del territorio plebiscitario no han recibido de las autoridades chilenas las facilidades necesarias para regresar a inscribirse y votar; que existe un método de terrorismo sistemático, perfectamente organizado y efectivo contra los peruanos y que manifiesta, por medio de violencia a las personas y las propiedades y por medio de amenazas, abusos y persecuciones; que peruanos han sido obligados a prometer que votarían por Chile; a prometer que permanecerían neutrales en el plebiscito; a prometer que se inscribirían fraudulentamente basados en datos suministrados por los chilenos; y que han estado sometidos a otras formas variadas y generales de manipulación de sus derechos electorales.

(…) A los peruanos se les ha negado la protección debida e imparcial que les acuerdan las leyes aplicables en el territorio plebiscitario; han estado sujetos generalmente a restricciones ilegales, molestias, discriminaciones y otras formas de intromisión de sus derechos plebiscitarios; que peruanos pertenecientes al personal oficial plebiscitario han sido obstaculizados, e incluso estado sujetos a asaltos, en su esfuerzo por cumplir con sus deberes plebiscitarios; que ha habido un plan general y deliberado de parte de las autoridades chilenas y la prensa chilena local para tergiversar y suprimir los verdaderos hechos; y que todas esas condiciones han sido producidas no solo con el conocimiento y aprobación indirecta de las autoridades chilenas, sino en muchos casos con su ayuda, como se encuentra evidenciado por su completo fracaso para impedir las actividades criminales de ciertas organizaciones llamadas patrióticas o políticas, y cuyas operaciones iban acompañadas de evidencia indiscutible de ayuda y aprobación oficial”. (Mañana Capítulo XVIII: Así atacaban a los peruanos tacneños y a sus propiedades durante la chilenización de mayo y junio de 1926).

Fuente: Diario La Razón. 13 de julio del 2013.

Historia del plebiscito Tacna-Arica. El informe secreto Pershing-Lassiter.

“Chile no da un paso sin aprovechar un mal paso peruano”

ERNESTO YEPES. El historiador acaba de publicar el libro El informe secreto Pershing-Lassiter, en el que se revela cómo se trajeron abajo el plebiscito arreglado por Chile en Tacna.
Pedro Escribano
Era el año 1925. La relación entre Perú y Chile llegó a un punto tenso. Tacna y Aricadebían haber regresado al Perú diez años después del Tratado de Ancón de 1883, pero habían pasado cuarenta años y eso no había ocurrido. Ante ese asunto irresuelto, ambos países, como ahora ante La Haya, optaron por buscar un árbitro para que les diga si se hacía o no un plebiscito. Ese árbitro fue Estados Unidos, con el presidente Calvin Coolidge.
El fallo, contra la creencia peruana, fue a favor del plebiscito. Los peruanos estaban convencidos de que Estados Unidos, ante la barbarie de los chilenos en Tacna y Arica,iba a oponerse. Pero no: envió primero al general John Joseph Pershing y después al general William Lassiter para ejecutarlo.
Sin embargo, ocurrió lo imprevisto. Tanto Pershing como Lassiter, en sus respectivos informes, tras recorrer la ciudad, recomendaron a su presidente que ante el abuso y tongo de los chilenos no se lleve adelante el plebiscito.
Este es el tema del último libro del historiador Ernesto Yepes, El informe secreto Pershing-Lassiter, la chilenización del siglo XX al desnudo. Evitemos la del siglo XXI. La publicación, precedida por un estudio, entrega numerosas páginas de este informe.
¿Cuándo accede a este informe?
Este informe se mantuvo secreto en el Departamento de Estado de EEUU. Yo accedo a sus página, 1.200 en total, en 1991. Y lo cierto es que entonces nadie quiso publicarlo en su totalidad. Por esos años, solo publiqué una parte como ahora, pero no circuló. Creo que debería publicarse como homenaje a los peruanos que murieron defendiendo Tacna.
El Perú estaba confiado de que no se dé el plebiscito. ¿Por qué?
Es que el Perú al principio estaba convencido de que el árbitro al enterarse de la barbarie de los chilenos en Tacna iba a decir no. Pues los chilenos perseguían, abusaban, eliminaban peruanos y encima, para el plebiscito, habían hecho trampa: repoblar con nueva gente, cambiar nombres, o sea, un tongo. Si embargo, EEUU dijo sí al plebiscito.
EEUU envió a Pershing a ejecutar el plebiscito. ¿Cómo este no procede?
Pershing llega al Perú a mediados de 1926, pero este señor no se conformó con los papeles, con la orden de ejecutar el plebiscito, sino recorre Tacna, investigando, escuchando a la gente. Chile le decía que no se entrometa en cosas que no se le había encargado, sino que haga el plebiscito. Pero Pershing no se amilanó e hizo un informe y recomendó hacer dicha consulta popular.
O sea, ¿pedía que su presidente se retracte?
Y ellos lo dicen muy claro: Presidente, nosotros estamos entrenados para definir las fronteras por la fuerza, somos militares, pero usted nos ha dicho que lo hagamos ahora con justicia. Nosotros no podemos hacer un plebiscito injusto.
¿Y cómo lega Lassiter?
Pershing, cansado de enfrentar el ataque feroz de los chilenos, se va y EEUU envía a Lassiter, y este hace lo mismo que Pershing. Recorre la población y recomienda no ejecutar el plebiscito.
¿Usted publica este libro pensando en el caso que tenemos en La Haya?
Sí, es verdad. Estamos viviendo la misma situación. Y la verdad es que Chile nunca da un paso sin aprovechar un mal paso peruano. La historia nos ha enseñado cómo negocia Chile. Chile cuando negocia busca flancos.
Claves
PRESENTACIÓN. El libro, editado por Asociación Perú: Soberanía y Desarrollo, se presentará hoy en el Icpna de Mirafores (Av. Angamos Oeste, 160). 7 pm.
OLVIDO. En Lima había una avenida en homenaje al general John Joseph Pershing, frente al Hospital Militar. Hace cinco años se cambió de nombre. Ernesto Yepes anota también que en Tacna no hay ni una placa conque se los recuerde.
Fuente: Diario La República. 08 de julio del 2013.

jueves, 11 de julio de 2013

Tricentenario del Tratado de Utrecht. España y Gibraltar.

Gibraltar, 300 años después

Mañana se cumple el tricentenario del Tratado de Utrecht, por el que España cedió Gibraltar. Reino Unido ha violado las condiciones del acuerdo, que estipula en ese caso la recuperación de la propiedad de la Roca.


Por: Martín Ortega Carcelén. Profesor de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid. 
Lo pactado en Utrecht en 1713 no fue una cesión de la soberanía sobre Gibraltar, sino una transmisión de la propiedad y el uso. El artículo X del Tratado contiene tres condiciones que enmarcan claramente la cesión de España a Gran Bretaña: (a) se define el territorio como la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, sin plazo de tiempo, pero “sin jurisdicción alguna territorial”; (b) no se permite la “comunicación abierta con el país circunvecino por tierra”, salvo para el abastecimiento en caso de necesidad; y (c) España tiene un derecho a “redimir” la ciudad de Gibraltar, es decir, recuperar la plena soberanía, en caso de que Reino Unido quiera “dar, vender o enajenar de cualquier modo” su propiedad.
La definición del territorio cedido es hoy objeto de disputa por lo que se refiere a la tierra, el espacio aéreo y el mar. No obstante, el aspecto histórico más llamativo sobre esa controversia es la ocupación británica del istmo, que sin duda debe ser entendida como contraria al Tratado de Utrecht. La efectividad de la presencia británica sobre tal espacio desde el siglo XIX y la construcción de la verja en el límite norte de esa zona neutral en 1909 no pueden remplazar la ausencia de título jurídico sobre el istmo. La jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya favorece el título sobre la efectividad de la ocupación física del territorio en caso de duda (caso Burkina Faso vs. Malí, 1986). España ha mostrado oposición a la presencia británica en la lengua de tierra y objetó la construcción de un aeródromo que la atraviesa. Los actos de España que dan por sentada la existencia de esa pista no pueden entenderse como aquiescencia. Así, el acuerdo de Londres de 2 de diciembre de 1987 sobre la utilización conjunta del aeropuerto (que nunca llegó a aplicarse) o el posterior acuerdo de Córdoba de 18 de septiembre de 2006 dejan claro que se refieren a cuestiones concretas pero no tienen repercusión en lo que atañe a la soberanía.
Londres no puede desentenderse de su compromiso sobre la devolución del territorio
La segunda condición, el aislamiento por tierra de Gibraltar, establecía el abastecimiento de la ciudad y del puerto por mar y, solo en caso de que ese tráfico fuera interrumpido, se permitiría comprar en España las mercancías necesarias para evitar magnas angustias a la población, según el texto latino, advirtiendo al mismo tiempo que esto no significaba comerciar con el territorio circundante. España mantuvo aislado Gibraltar durante la etapa franquista y hasta 1985, año en que esa política cambió con el doble fin de desarrollar el conjunto de la región vecina e intentar atraer a los gibraltareños a posiciones más favorables a España. Esto se hizo en el contexto de nuestra incorporación a las instituciones europeas y a la OTAN. Sin embargo, los sucesivos pasos para facilitar los intercambios no han dado lugar con el tiempo a avances significativos hacia el objetivo español de recuperar el territorio. Más bien al contrario, aprovechando el fin del aislamiento, Reino Unido ha potenciado la creación de un espacio de servicios internacionales en la Roca, en contra de la letra y el espíritu del Tratado de Utrecht. En ese plan a medio plazo de convertir a Gibraltar en un centro de negocios, la aplicación del Derecho de la Unión Europea (que asegura Reino Unido aunque no es territorio comunitario ni está sometido al espacio Schengen) sirve al menos para evitar la tendencia británica y gibraltareña a crear un limbo jurídico donde hubieran podido ampararse actividades dudosas.
La decisión española de levantar el aislamiento por tierra de Gibraltar pretendía avanzar en las negociaciones sobre la retrocesión que tuvieron lugar en los años ochenta. Pero esta idea no ha progresado, mientras Reino Unido ha tutelado el reforzamiento de la economía de Gibraltar y al mismo tiempo ha dado a la ciudad un estatuto político autónomo reforzado. Frente a esta realidad, España podría considerar el cierre de la frontera en el futuro en aplicación del Tratado de Utrecht.
La tercera condición pactada en Utrecht es la más importante. El texto del tratado indica una lista comprensiva y abierta de posibles acciones de Gran Bretaña que desencadenan la retrocesión: “dar, vender, enajenar de cualquier modo” (en latín, donare, vendere, aut quoquo modo ab se alienare; en inglés, grant, sell or by any means to alienate). En ese caso, “se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla”.
La ONU aclaró que
no es un caso de descolonización, sino un derecho adquirido mediante un pacto
Reino Unido ha intentado cambiar el estatuto jurídico de la colonia en dos ocasiones. La primera en la década de los sesenta, buscando la descolonización al amparo de Naciones Unidas. Pero frente a la consulta organizada en 1967, en la que los gibraltareños respaldaron en su gran mayoría la independencia, Naciones Unidas entendió que el referéndum contravenía peticiones anteriores de la ONU y que no se habían tenido suficientemente en cuenta los derechos de España, por lo que instaba a la continuación de las negociaciones entre los dos países. Naciones Unidas entendía que Gibraltar no era un caso de descolonización sino un derecho adquirido por Reino Unido a través de tratado. Frente a esta imposibilidad, se promulgó una Orden Constitucional el 23 de mayo de 1969, que continuaba el estatuto de Gibraltar como Crown Colony, donde se contiene el famoso compromiso unilateral de respetar la voluntad de los gibraltareños, que afecta a la tercera condición del Tratado de Utrecht. En realidad, aunque ese texto se refiere a una promesa hacia el futuro (la Corona británica “will never enter into arrangements”), tales “arreglos” ya fueron realizados en el pasado a través del tratado. Reino Unido no puede de manera unilateral desentenderse de su compromiso con España que se refiere al derecho de retrocesión.
El segundo cambio de régimen político para Gibraltar se ha producido fuera del marco descolonizador. Tras una nueva fase negociadora impulsada por José María Aznar y Tony Blair, el ministro británico Jack Straw propuso a su Parlamento en 2002 un estatuto pactado de co-soberanía durante una etapa transitoria, proyecto que fue rechazado tanto en referéndum en Gibraltar como por el propio Parlamento. Esto condujo a la adopción de una nueva Constitución otorgada en 2006, con un régimen de autogobierno para Gibraltar. Al afirmar que el pueblo de Gibraltar tiene la decisión sobre la retrocesión a España (afirmación incompatible con el Tratado de Utrecht) y al dictar un sistema de autogobierno en 2006, Reino Unido ha realizado actos jurídicos que pueden entenderse incluidos dentro de la lista abierta de supuestos que hacen terminar la cesión española de 1713.
En definitiva, la tercera condición contenida en el Tratado de Utrecht afirma que España tiene derecho a dar por terminada la cesión en el caso de que a Gran Bretaña le pareciera conveniente dar, vender o enajenar de cualquier modo la propiedad cedida. Reino Unido ha decidido “enajenar” su propiedad no a una potencia extranjera sino a la población existente en Gibraltar, que es producto de cambios sucesivos en la historia y que no tiene el carácter de pueblo colonial, en una acción prevista en el Tratado de Utrecht. Por tanto, puede entenderse que, según el Derecho Internacional y haciendo una interpretación correcta del artículo X de ese tratado, la cesión de España ha terminado y se han recuperado los derechos soberanos de origen sobre el territorio cedido.
Martín Ortega Carcelén es profesor de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid y colaborador del Real Instituto Elcano.
Fuente: Diario El País. 12 de julio del 2013.

miércoles, 3 de julio de 2013

El “Califa” Nicolás de Piérola y la historia peruana.

“Viva Piérola”: cien años

Por: Antonio Zapata Velasco (Historiador)
Días atrás fue el centenario del entierro del “Califa” Nicolás de Piérola. Dicen que fue una ceremonia impresionante, la mayor concentración humana en el Perú desde la consagración de Santa Rosa de Lima. Hay bastantes fotos del trayecto hasta el cementerio. Destacan dos tipos de personajes: en primer plano: sacerdotes y monjas, al fondo, la presencia masiva de Juan Pueblo. Al fin y al cabo eran los suyos, siempre fue un fiel creyente en Jesucristo y firme aliado de la jerarquía católica. Además, aunque su plaza fuerte estaba entre terratenientes provincianos y plebe urbana, era querido por la gente común y corriente. Gracias a su verbo y sentido histriónico, Piérola articuló una singular coalición política, cuya actuación pública cierra los años mil ochocientos y abre paso a la modernidad.
Debutó en política de manera espectacular, ejerciendo el Ministerio de Hacienda, cuando era un hombre de treinta años. Canceló los contratos de exportación del guano, que hasta entonces estaban en manos de la oligarquía nacional, cerrando un nuevo contrato exclusivo con el banquero francés Auguste Dreyfus.  La iniciativa fue altamente polémica y, según versiones, bloqueó la formación de una élite capitalista nacional.
Pero, desde entonces, se ganó el odio de la oligarquía y el cariño del pueblo, que la aborrecía. Durante la década que precedió a la guerra con Chile, Piérola animó varios levantamientos armados, desarrollando una actitud conspirativa permanente. Fue un gran factor de inestabilidad del sistema; sin embargo, al estallar el conflicto, se presentó ante las autoridades; formó un batallón con sus partidarios y pidió un puesto en el ejército nacional. Se le concedió y se estacionó en Lima.
Con esa unidad asumió el poder al producirse la vergonzosa retirada de Mariano Ignacio Prado. Su conducción como dictador fue desafortunada e inepta militarmente. Nos llevó a la catástrofe en la defensa de Lima y en Miraflores perdió los nervios, siendo incapaz de conducir. Pero, salvó el honor nacional al no rendirse, subir a las montañas y convocar a la resistencia. Cáceres y los demás militares que pelearon en la Breña inicialmente subieron al Mantaro a ponerse a las órdenes del entonces presidente Piérola.
Luego de la reconstrucción nacional liderada por los breñeros, el “Califa” reapareció espectacularmente venciendo en la guerra civil de 1895. Derrotó a Cáceres y al ejército regular, luchando con montoneras civiles hasta entrar a Lima a caballo liderando una insurrección contra el gobierno. Le tocó vencer, gracias a la reconciliación con su enemigo de antaño, la oligarquía nucleada en el segundo Partido Civilista.
Piérola había formado el Partido Demócrata, que fue siempre su divisa; su mandato transcurrió entre 1895-1899 y es considerado un buen gobierno, de los mejores que ha tenido esta desventurada república. No por ello fue consensual. Anuló la ciudadanía del analfabeto, básicamente el campesino andino, aunque también eliminó el tributo colonial; trajo la misión militar francesa y organizó el ejército; modernizó el Estado e inauguró una inusitada época de crecimiento y prosperidad. No volvió nunca al poder porque el sistema que construyó lo relegó a la impotencia política.
Su trayectoria ha motivado una amplia bibliografía, desde el relato emocionado de Alberto Ulloa, hasta su papel en una sugerente obra de la historiadora Alicia del Águila. En el libro La ciudadanía corporativa, publicado por el IEP, Piérola amplía las diferencias entre sujetos sociales y antes que demócrata en el sentido de “integrador”, aparece como positivista que moderniza la esfera económica, pero al quitarle al indio el derecho al voto, su gobierno termina con el corporativismo político heredado de la Colonia, forjando la solución oligarca en el Estado republicano del siglo XX.
Siempre controvertido, su complejidad hizo muy peruano al “Califa”. Imposible recordar una buena acción suya sin que aparezca inmediatamente otra de signo contrario.
Fuente: Diario La República. 03 de julio del 2013.

Quisu Yupanqui y el ataque a Lima.

Memoria sobre el cerco de Lima por Quisu Yupanqui

Virgilio Roel cuenta aquí la historia de una de las primeras batallas entre incas y españoles, en la que interviene Puruchuco. Ahora, el Gran Santuario Puruchuco corre el peligro de ser atravesado con un túnel para ampliar una carretera. Los que apoyan esta medida, lógicamente, no conocen nada de la historia de este lugar sagrado. He aquí un indicio.

Por: Virgilio Roel Pineda (Historiador)

Liberación y alzamiento de Manco Inca

El 18 de abril de 1532, Manco Inca logró liberarse de su reclusión en el Cusco y se trasladó a Calca (Valle Sagrado de los Incas), donde se reunió con los curacas locales, y decidió alzarse contra la ocupación española. Sus propósitos libertarios dieron fruto el 4 de mayo de 1536, cuando unidades de combate inca cercaron el Cusco, en el inicio de una vasta Guerra de Liberación Incásica.

Manco Inca encomendó a los grandes Apus Quisu Yupanqui e Illa Tupa que condujeran la rebelión. Y así lo hicieron, procedieron a expulsar a los españoles de Jauja y de todo el centro del Perú.

Pizarro, en respuesta, armó la primera expedición de auxilio a los cercados del Cusco, que fue puesta a las órdenes del capitán Gonzalo de Tapia, quien partió de Lima hacia el Cusco, en mayo de 1536, por la vía de Huaytará y Lucanas, sin saber que allí los lucanas y parinacochas les harían frente y los derrotarían completamente.

Pizarro organizó una segunda expedición, más poderosa que la anterior, al mando del propio alcalde deLima, que también fue aniquilada por Quisu Yupanqui.


Pizarro ahorca a hermana de Atahuallpa

Alarmado por sus desastres militares, Pizarro decretó una leva general de todos los españoles y huascaristas, y con ellos organizó en Lima el más grande ejército de toda la invasión hispánica de América, al mando del capitán Francisco Godoy. Este ejército, cuando se desplazaba por el camino que va hacia Lucanas, se encontró con algunos sobrevivientes de la columna del capitán Tapia, quien le advirtió de la pujanza de las unidades incásicas, ante lo cual Godoy decidió huir de vuelta (desvergonzadamente) a Lima.

Ante estos hechos, Pizarro culpó a Mamacha Asarpay (hermana de Atahuallpa) de sus males, pretendiendo que esta era la que daba informes a los alzados sobre sus movimientos. Así es que decretó su muerte y la ahorcó con sus propias manos en la misma Plaza de Armas de Lima.

Quisu Yupanqui ataca Lima

Luego de sus triunfos, Quisu Yupanqui avanzó e instaló su comando en el Cerro de Lima (hoy San Cristóbal) y distribuyó sus fuerzas de ataque a la ciudad así: a su izquierda, las unidades mandadas por Apu Tuyu Willka; a su derecha, las unidades de Apu Illa Tupa, y al centro, las mandadas por él mismo.

La defensa española de Lima se organizó así: a la vanguardia fueron puestos los indios de guerra de Nicaragua y los huaylas; y en las calles de Lima se distribuyó la caballería española, secundada por indios de guerra e infantería hispana.

Quisu Yupanqui atacó de frente a la ciudad. Combatieron durante diez días; los incásicos quebraron las primeras defensas de la ciudad. Una cuadra antes de la misma Plaza de Armas de Lima, la lucha se agudizó, porque se aproximaban las festividades de la siembre primaveral (en que los peruanos de esos tiempos no combatían, sino que se dedicaban a la siembra y al festejo del renacimiento de la vida). Es en esas circunstancias que Quisu Yupanqui ordenó un ataque general para ocupar la Plaza y derrotar al invasor; y, cuando el ataque general se estaba produciendo, Quisu Yupanqui, que dirigía la lucha desde sus andas, fue herido por un lanzazo de un jinete hispano. Ese hecho hizo que las acciones se detuvieran y que los peruanos se replegaran en orden, pues no habían sido vencidos. Además, en la noche es Luna llena y en esas circunstancias, en el Perú antiguo, no se combatía.

El Santuario de Puruchuco

Esa misma noche salió la Luna llena y todos los peruanos nos recogimos, pues cuando la Luna es plena no se guerrea, sino se elevan plegarias; y así se hizo, mientras los guardias de Quisu Yupanqui conducían al heroico capacapu a la retaguardia para su curación. El repliegue fue hasta las instalaciones de la Gran Huaca Puruchuco. Allí, este dispuso que se enterraran a los más destacados muertos en el cerco de la ciudad. Y así se hizo.

En Puruchuco estaban las grandes Colcas de las que se proveían los habitantes de todo el gran valle deLima, por eso es que allí se hallaban todos los funcionarios encargados de proveer de alimentos a toda la población limeña. También allí se enterraban a los grandes muertos de la ciudad que debían custodiar el destino de nuestro pueblo. Y, con los muertos del Cerco de Lima, Puruchuco devino también en el Mausoleo de los Héroes de la Gesta de Lima.

Repliegue a Puruchuco
“Los guardias de Quisu Yupanqui conducían al heroico capacapu a la retaguardia para su curación; el repliegue fue hasta las instalaciones de la Gran Huaca Puruchuco. Allí, este dispuso que se enterraran a los más destacados muertos en el cerco de la ciudad. Y así se hizo”.

Fuente: Diario La Primera. 31 de marzo del 2013.