domingo, 4 de octubre de 2009

El G20 versus el unilateralismo de EEUU. Hacia un nuevo siglo.


Signo de los tiempos: El G20 enterró al G8

Humberto Campodónico (Economista)

Lo más importante de la Cumbre de Pittsburg es el reconocimiento oficial de que ha terminado la era del unilateralismo de EEUU en lo económico y político para dar paso a un “nuevo orden mundial”. Si bien el Grupo de los 8 incluía a otras potencias económicas y políticas (Francia, Alemania, Canadá, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia) no cabe duda que el período 1945-2009 estuvo signado por la hegemonía norteamericana, aunque su declive comenzó a mediados de los 70 (la URSS, hasta su derrumbe en 1989, le disputó la hegemonía política y militar).

Con el entierro del G8, el nuevo actor es el Grupo de los 20 –con el 90% de la economía mundial– que tiene a cuatro pesos pesados como China, India, Brasil y Corea a los que se añaden, entre otros, Australia, Turquía, Indonesia, Sudáfrica, Arabia Saudita y también Argentina y México (ver “La banda de las Gs y el Papa”, http://www.cristaldemira.com/articulo.php?idfecha=2009-07-10).

Uno de los acuerdos más importantes del G20 es que va a encarar los desbalances globales que provienen, en lo fundamental, de que EEUU era la locomotora del consumo mundial a través de enormes importaciones de bienes y servicios del resto del mundo, los que provocaban enormes déficits comerciales y de cuenta corriente de su Balanza de Pagos.

La otra cara del “desbalance” eran los superávits de China y Alemania, entre otros, que a la vez financiaban a EEUU comprando bonos del Tesoro. Dice el G20 que los programas económicos de cada país serán revisados por sus pares de cada país, con participación del FMI, aunque ninguna de esas “revisiones” será vinculante.

Que logren substituir al consumidor norteamericano no será fácil, claro está. Lo clave es cuánto tiempo tardarán en hacerlo. De lo que no queda duda es que cualquier salida de la recesión será lenta y prolongada.

Otro acuerdo importante es que se desea avanzar hacia la regulación del sistema financiero mundial. Tim Geithner, Secretario del Tesoro de EEUU, ha dicho: “No vamos a irnos de la más grande crisis económica desde la Gran Depresión y dejar en el mismo sitio las trágicas vulnerabilidades que causaron esta crisis”.

Así, el G20 se ha puesto de acuerdo, de un lado, en encarar la cuestión de los bonos que los banqueros se pagan a sí mismos (si bien no se han puesto topes, como quería Francia) y, de otro, en aumentar el grado de capitalización de los bancos (o sea el colchón para amortiguar las pérdidas de préstamos e hipotecas), que se había reducido fuertemente debido a los “nuevos instrumentos financieros” sin regulación alguna.

El G20 parece haber nacido con todas las mechas prendidas: dicen que van a luchar contra el proteccionismo y reanudar la Ronda Doha de la Organización Mundial de Comercio. También se van a tomar medidas contra los paraísos fiscales y para reformar la estructura de capital del FMI para darle más peso a China.

De la misma manera, el G20 dice que se van a eliminar los subsidios a los combustibles fósiles que causan el calentamiento global, pero no dijeron cuándo ni, tampoco, se han pronunciado sobre quién pagará el costo de “adaptación” de los países pobres, tema crucial en la Cumbre de Copenhague de diciembre próximo. Lo que quiere decir que se ataca solo una de las crisis, la económica, y no la ambiental. Malo.

Veremos cuánto de lo que se ha dicho ayer se cristaliza. Lo que sí es ya una realidad es que el siglo XXI no será “un nuevo siglo norteamericano” (como querían, sin base económica real) los halcones de Bush, pues hay varios chicos nuevos en el barrio. Y van a seguir creciendo.

Fuente: Diario La República. Sábado 26 de septiembre del 2009.

jueves, 1 de octubre de 2009

Conflicto Perú-Ecuador de 1860. Tratado de Mapasingue.




¿Por qué Castilla invadió Ecuador?

Por: Rosa Garibaldi*

La historia que derivó en la invasión del Ecuador comenzó en 1857 cuando un personaje insólito, de nombre Juan Celestino Cavero, llegó a Quito como encargado de negocios del Perú. Poco antes, el gobierno ecuatoriano había comunicado al de Ramón Castilla que su Congreso había ratificado el Tratado Continental —pacto de defensa hemisférica, promovido por el Perú—. Ecuador tomaba, así, la iniciativa para restablecer las relaciones diplomáticas interrumpidas por tres años. Castilla nombró a Cavero y le encomendó lograr la aprobación de las enmiendas hechas al referido tratado por la Convención Nacional y ofrecer sus buenos oficios para la devolución de las propiedades embargadas al ex presidente ecuatoriano Juan José Flores —promotor de la expedición armada que en 1848 pretendió establecer una monarquía en el Ecuador— e instigador impenitente de revueltas en su patria.

Rudeza y destino

La misión de Cavero fue un fiasco por su actitud desdeñosa de las formas protocolares. Apenas llegó a Quito —antes de ser acreditado— se ofendió porque el canciller ecuatoriano Antonio Mata no lo saludó en un encuentro casual. Cavero le envió una carta destemplada reprochándole su actitud. El canciller Manuel Ortiz de Zevallos censuró el comportamiento de Cavero y lamentó también que la reclamación a favor de Flores —que debía ser de “buenos oficios”— hubiera ofendido al gobierno ecuatoriano y perjudicado las negociaciones sobre la nueva ratificación del Tratado Continental.

Defensa amazónica

Tras el impase, Cavero se enteró de que el gobierno ecuatoriano, presionado por acreedores británicos y para condonar su deuda, había suscrito el 21 de setiembre de 1857 una convención para adjudicarles terrenos en Canelos, provincia de Oriente (que incluía tierras que el Perú reclamaba como suyas). Cavero se embarcó en una campaña desatinada, pese a su motivación patriótica. Protestó invocando la Real Cédula de 1802 —que ordenó agregar el Gobierno y la Comandancia General de Maynas al Virreinato del Perú—, pero no utilizó el esquema progresivo de gestiones dictado por la cancillería peruana para que Ecuador retrocediera. Su descontrol fue mayor cuando el canciller Antonio Mata respondió que la Real Cédula de 1802 no había recibido el pase del Virrey de Nueva Granada y que por no haber sido ejecutada el territorio pertenecía al Ecuador. Cavero replicó que Ecuador estaba trasladando extensos territorios a súbditos de una nación extranjera, violando el artículo 13 del Tratado Continental que obligaba a no ceder ni enajenar a otro Estado o a súbditos extranjeros parte alguna de su territorio. Las relaciones diplomáticas se quebraron por las comunicaciones de Cavero al cónsul general de Colombia. En una carta (terminó publicada en la Gaceta Oficial de Bogotá), acusó al Ecuador de sacrificar la soberanía e independencia de los estados americanos por la imprudencia de adjudicar a los ingleses territorios aún no deslindados. Cavero, además, anunció que apenas terminara la guerra civil en el Perú, el gobierno ocuparía Guayaquil para obligar al Ecuador a un arreglo fronterizo.

Bloqueo peruano

En vísperas de las negociaciones con el Ecuador, el canciller Ortiz de Zevallos recibió una nota de su homólogo Mata, solicitando el retiro de Cavero e informando la suspensión de toda comunicación con él. El Perú exigió el inmediato restablecimiento de Cavero en sus funciones, como condición previa a toda negociación. Ecuador no acató la exigencia y se precipitó: una cosa era pedir el retiro de Cavero al gobierno de Lima y otra devolver sus notas sin abrir, lo que constituyó una ofensa diplomática. Por ley del 26 de octubre de 1858, el Congreso autorizó al presidente Castilla a emplear toda medida, inclusive la guerra, hasta alcanzar satisfacción con el Ecuador. Ese día Castilla decretó el bloqueo de la costa ecuatoriana. En la tensa coyuntura, surgió otra desavenencia: Ecuador propuso a Estados Unidos, una vez más, venderle las islas Galápagos.

Se desata la guerra

El 10 de agosto de 1859, el canciller Melgar envió una circular al cuerpo diplomático y consular en Lima explicando por qué el Perú declaraba la guerra al Ecuador: su renuencia para fijar las líneas fronterizas; su tendencia a transferir o vender importantes porciones de territorio a potencias extranjeras, incluyendo aquellas que el Perú reclamaba como suyas; su declaración de que el Amazonas y sus confluentes estaban abiertos al comercio y la navegación de todas las naciones, sin tener en cuenta la determinación de los demás estados ribereños; y por el trato ofensivo y suspensión del ministro Cavero y por la falta de respuesta al último pedido peruano (ratificación del Tratado Continental con las enmiendas hechas por el Perú).

Ocupación por la paz

El contralmirante Ignacio Mariátegui estaba encargado del bloqueo de la costa ecuatoriana pero no logró acuerdo con el general Guillermo Franco, comandante general de Guayaquil. Entonces Castilla encabezó una segunda expedición armada. Pronto se percató de que la anarquía reinaba en ese país: no existía un gobierno único y legítimo. Castilla suspendió las operaciones militares y envió un ultimátum a Gabriel García Moreno y a Franco —los caudillos rivales— para que en treinta días establecieran un gobierno provisorio, que representara a toda la nación ecuatoriana, para poder negociar un tratado de paz. No tuvo éxito con García Moreno, mandatario en Quito, pero sí con Franco, quien reconoció a Cavero como plenipotenciario y ofreció sus cuarteles a las tropas peruanas. El 7 de enero de 1860, Perú ocupó Guayaquil.

Anulación de una venta

En la legación del Perú en Guayaquil, Castilla exhibió el original de la Real Cédula de 1802. En el artículo quinto del Tratado de Mapasingue, firmado el 25 de enero de 1860, el Ecuador declaró nulas las adjudicaciones a los británicos y, en términos claros, reconoció la Cédula Real de 1802. Convino en hacer una rectificación de los límites del Perú por medio de una comisión mixta; y aceptó provisionalmente los límites conforme a la Real Cédula de 1802. El Perú concedió al Ecuador un plazo de dos años para “presentar las pruebas que enervasen los efectos de esa cédula”. La política de contención seguida por Castilla evidenció su intención de no arriesgar las posibilidades de lograr la adhesión ecuatoriana al Tratado Continental, con las enmiendas peruanas. No prosiguió con la ocupación militar hasta que se hubiera logrado la unión del Ecuador bajo un solo gobierno que firmara y ratificara el tratado. Tampoco aprovechó su situación de fuerza para reafirmar el derecho del Perú sobre Guayaquil, lo que hubiera creado una barrera infranqueable a todo intento de cooperación y unión futura, pero sobre todo no usó la fuerza para demarcar la frontera entre el Perú y el Ecuador. Castilla estaba tan convencido del título peruano sobre algunos de los territorios que el Ecuador pretendía enajenar, que le concedió el plazo de dos años para refutar dicha propiedad. Pese a todo, la expedición dejó un resentimiento por la invasión de territorio ecuatoriano y por la imposición de la paz.

Poco después de que Castilla partiera de Guayaquil, Juan José Flores retornó del exilio, asumió el mando del ejército ecuatoriano y unificó el país bajo el gobierno de García Moreno. Aunque en abril de 1861, el Ecuador rechazó el Tratado de Mapasingue, Castilla logró algo trascendental con su expedición militar: la anulación de la adjudicación de terrenos a los acreedores británicos, evitando la creación de otra Guyana en la Amazonía. Así, la frontera norte del Perú se mantuvo en una situación de status quo.
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(*) Historiadora y diplomàtica. Profesora de la Escuela Diplomàtica Peruana.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 27 de septiembre del 2009.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Brasil y Venezuela. Horizonte petrolero y gasífero.

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De ideales y materias primas

Autor: Guillermo Giacosa (Periodista)

Toda la información disponible a la fecha da, como un hecho, el ingreso de Brasil al exclusivo grupo de países con reservas petroleras que rondan los 100,000 millones de barriles, y que está integrado por Venezuela, Arabia Saudita, Canadá, Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Rusia. Este petróleo se halla en la plataforma submarina del gigante sudamericano, y vale la pena preguntarse si el reciente contrato entre Brasil y Francia, destinado a proveer aviones y submarinos a nuestro vecino, no será un mensaje a quienes pretendan inmiscuirse con los recursos naturales de ese país. Recursos no solo representados, entre otros, por el petróleo y el agua, sino por algo que también compete al Perú: la Amazonía. Y mientras Brasil celebra este hallazgo, Venezuela festeja otro igualmente significativo: la petrolera española Repsol YPF ha descubierto, en las costas del golfo que lleva el nombre de ese país, el mayor yacimiento de gas de su historia y uno de los más grandes del mundo, según informó la propia empresa. El pozo podría albergar entre siete y ocho billones de pies cúbicos de gas y se encuentra a una profundidad de 60 metros. Podría extenderse en una superficie de 33 kilómetros cuadrados y tener un grosor de 240 metros. Repsol, que debe confirmar el potencial del hallazgo con más prospecciones, es el operador del pozo en consorcio con la italiana Eni, al 50%. En la fase de desarrollo del yacimiento, la compañía pública venezolana Petróleos de Venezuela (PDVSA) participará con un 35%, mientras que Repsol y su socio italiano tendrán un 32.5% cada uno. Chávez dijo, luego de reunirse con el rey de España y con el presidente Zapatero, que ese hallazgo de gas era una “muy buena noticia para Venezuela y para España”.

En caso de que este convenio multimillonario se lleve a cabo, tal como se perfila, de manera tripartita entre las compañías española e italiana y PDVSA, habría que observar cómo evoluciona la crítica de la prensa ibérica hacia el presidente venezolano. En este caso se aplicaría el “piensa mal y acertarás”, y sugeriría que los intereses corporativos de los beneficiarios de esta empresa harán menos ríspidos los comentarios acerca de la revolución bolivariana. Creo que en esta sociedad, donde las sumas y las restas –sobre todo las sumas– predominan sobre las conductas, los valores y los ideales, todo cambio es posible si se le lubrica con la verde sonrisa de George Washington. Puedo estar equivocado. No con respecto a los valores de la sociedad actual, pero sí en los repartos de beneficios de este negocio, pues los mismos quizá no sean suficientes para hacer cambiar algunas ideas en esta oportunidad. De lo que sí estoy seguro es de que, tal como sentenció el gerente de CNN, no es bueno malquistarse con los clientes y, por lo tanto, lo que ayer era malo hoy pasa a ser bueno y viceversa. Después de todo, si cualquier cosa cambia, por qué no van a cambiar de opinión los periodistas. Como decía el insigne Groucho Marx: “Esta es mi opinión, pero si no le gusta, tengo otras”.

Fuente: Diario Perú 21. Miércoles 16 de septiembre del 2009.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El jefe Seattle y el origen de la Ecología.

(Hacer click en la imagen para ampliar)

Seattle en La Oroya
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César Hildebrandt (Periodista)

Dicen que la ecología fue fundada en 1869 por el alemán Ernst Haeckel, autor de “Morfología general del organismo”.

Eso es mentira.

La ecología, que es una rama de la poesía y una hermana de la filosofía, la fundó, sin saberlo, el famoso jefe Seattle, de las etnias Duwamish y Suquamish.

El jefe Seattle le escribió en 1855 una famosa carta al presidente de los Estados Unidos de aquel entonces, Franklin Pierce. En ella reflexionaba sobre el extorsivo ofrecimiento de los blancos depredadores de comprarles las tierras a los indios Duwamish y Suquamish.

Esas tierras estaban al oeste de Washington y, claro, terminaron en manos de quienes estaban dedicados a expandir la frontera de los Estados Unidos y a exterminar a todos aquellos que se opusieran.

El jefe Seattle era bilingüe pero la versión original de su mensaje fue pensada en duwamish, un idioma salido del tronco lingüístico Salishan.

Seattle le escribió a Pierce lo que Pizango, de haber sido brillante, debió de escribirle a Alan García. La diferencia es que Seattle no estaba contaminado por la política sino que impregnado de cielo y tierra. Por eso pudo decirle a quien gobernaba en Washington:

“Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de pensar. Para él una parte de la Tierra es igual a otra, pues él es un extraño que llega de noche y se apodera en la Tierra de lo que necesita. La Tierra no es su hermana, sino su enemiga, y cuando la ha conquistado, cabalga de nuevo...”

El otrora poderoso Seattle, derrotado por la política genocida disfrazada de colonización, vencido por rifles y telégrafos, da esta vez en el blanco:

“El hombre blanco trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el Cielo, como cosas que se pueden comprar y arrebatar, y que se pueden vender, como ovejas y perlas brillantes. Hambriento, se tragará la Tierra, y no dejará nada, sólo un desierto...”

Profeta amerindio, insigne hijo del agua y de los bosques, Seattle ironiza:

“La vista de vuestras ciudades hace daño a los ojos del Piel Roja. Quizá porque el Piel Roja es un salvaje y no lo comprende. No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos, no hay ningún lugar donde se pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos...”

Y añade, en otro párrafo, estas líneas que hoy habrían entusiasmado al mismísimo Al Gore:

“Yo soy un salvaje, y es así como entiendo las cosas. He visto mil bisontes putrefactos, abandonados por el hombre blanco. Los mataron desde un convoy que pasaba...Lo que les suceda a los animales, luego también les sucederá a los hombres. Todas las cosas están estrechamente unidas. Lo que acaece a la Tierra también les acaece a los hijos de la Tierra...”

El mundo optó por Pierce y algunas chusmas irlandesas. Y dejó al jefe Seattle morir de a pocos en el intento de conservar sus tierras.

Hay que entender a Seattle para entender a nuestros selváticos, a los mapuches de Chile, a la indiada de Bolivia, a Chiapas y a Guatemala.

Seattle es nuestro jefe. Frente a él, el nazi-racismo de los imbéciles y el lobismo de las petroleras son muy poca cosa.

Por eso es que la batalla ambientalista sólo puede ser librada desde posiciones contestatarias.

Y mientras tanto, aquí, en Lima, los cabrones de Doe Run siguen pidiendo aplazamientos para cumplir con sus compromisos ambientales. Y una chusma casi irlandesa saca la cara por Doe Run y bloquea carreteras exigiendo que el gobierno vuelva a ceder ante la empresa que los ha comprado.

Seattle tenía razón cuando escribió:

“Sabemos que si no os la vendemos vendrá el hombre blanco y se apoderará de nuestra Tierra”.

La Oroya necesitaba a un Seattle y tiene miles de felipillos. El Perú necesitaba a un socialdemócrata y tuvo, rebrotado, a Alan García. García habría mandado encarcelar a Seattle. Para gloria redundante de Seattle.

Fuente: Diario La Primera. Miércoles 23 de septiembre del 2009.

sábado, 19 de septiembre de 2009

El Perú frente a las estrategias de crecimiento económico y desarrollo social.

Imagen: All Latino

De esta crisis al desarrollo para todos.

Alfredo Barnechea (Analista)

LIMA ¿Estamos saliendo realmente de la crisis? ¿Debemos ser pesimistas u optimistas?

Este fue uno de los temas de la conversación que tuvimos Andrés Oppenheimer, Hernando de Soto y yo, con ocasión de la visita a Lima de Oppenheimer.

Los datos globales distan de ser malos. La recuperación parece sorprendentemente sincronizada, en "tándem" a lo largo de la economía mundial.

Pareciera que Estados Unidos podría crecer 3,5 por ciento en el tercer trimestre, y Alemania un 4. La eurozona como conjunto marcaría 2 por ciento. Naturalmente son las locomotoras asiáticas las que jalan más esta recuperación. China crecería en ese período 10 por ciento. Japón apunta a un crecimiento de 3,2. India se recupera pero tendría un bache por pobres lluvias de los monzones.

De Soto cree sin embargo que la economía del mundo, y primordialmente la norteamericana, tiene un problema de transparencia no resuelto, debido a los "derivados" (cuyo monto podría ser unas diez veces el producto mundial), y que a largo plazo las monedas sufrirán.

Curiosamente, el mismo día que nos reuníamos, el presidente de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, decía en Alemania algo muy parecido: los bancos crearon instrumentos que "superaron su utilidad económica", y que sería bueno que los derivados se transaran en las bolsas, para cerrar o reducir los mercados paralelos que nadie controla.

Oppenheimer está escribiendo hace cinco años un libro sobre la educación y la innovación en América Latina, y nos contó algunos de sus sorprendentes hallazgos. Venía a Lima directamente de Singapur, y quizá por eso la comparación de América Latina con la punta de Asia prestaba a sus palabras un cierto pesimismo.

Yo le dije que había razones para un optimismo estructural en el Perú. Entre otras cosas porque un "nuevo" país ha emergido, espoleado por un crecimiento constante de casi una década, pero tal vez originado más atrás, en la combustión combinada de varios fenómenos: terrorismo, hiperinflación, migración interna, cambio demográfico.

Cuando un país crece sostenidamente, no sólo se moderniza, sino que se pluraliza socialmente, muda su piel. Un país que crezca 7 por ciento duplica su tamaño económico cada 10 años. Si crece 5, cada 14. Si crece menos de 3 (como la década de Fujimori), cada 23.

¿Podemos "sostener" el optimismo?

Dani Rodrik, profesor de la escuela Kennedy de gobierno de la Universidad de Harvard, analiza en su libro One economics, many recipes (o "Una economía, muchas recetas") 83 "aceleraciones" del crecimiento que se produjeron en el mundo desde mediados de los años 50 (una de ellas en Perú), pero que no "cuajaron" en desarrollo.

Rodrik establece cuatro hechos a partir de ese análisis:

Primero, esos "arranques" de crecimiento están asociados a un rango muy reducido de "reformas".

Segundo, esas reformas asociaron casi siempre elementos "ortodoxos" y "heterodoxos".

Tercero, las recetas no "viajan" bien.

Cuarto, sostener el crecimiento es mucho más difícil que "encenderlo".

Una de sus constataciones es muy interesante para un país como Perú, donde los mismos teóricos neoliberales que daban consejos a Fujimori siguieron dándoselos a Toledo y siguen dándoselos a García: "Una conclusión de la Historia es que nuestra habilidad como economistas para diseñar estrategias de crecimiento es extremadamente limitada.

Básicamente, todo fluye, y corresponde a políticos imaginativos encontrar recetas que funcionen".

Hoy se sabe bastante sobre el desarrollo, y lo primero que se sabe es que no hay "una" fórmula mágica. En otras palabras, que el desarrollo lo causa la combinación, variable en cada país, de una suma de cosas.

Lo segundo que se sabe es que el desarrollo requiere infraestructura. Por ejemplo que no habría habido desarrollo de los Estados Unidos del siglo XIX sin el Erie Canal, ni el del siglo XX sin la Autoridad del Valle de Tennesse. O que no existiría el Brasil del G-20 sin Kubitschek y sin Brasilia. Ni la India del "outsourcing" sin los institutos de ingeniería que creó Nehru.

Lo tercero que se sabe es que la educación, lo que se llama el "capital humano", es más importante que los recursos naturales o el capital "físico".

La cuarta cosa que se sabe es que el desarrollo requiere cerrar las brechas sociales, y que para ello no sirven los mercados sino los Estados. Que la función de estos, además de proveer seguridad (el origen de todos los contratos sociales según el primer gran teórico del contrato, Thomas Hobbes), es la "inclusión".

¿Por qué tarea del Estado y no de los mercados, o las empresas privadas?

Los neoliberales creen que siempre hay "mucho" Estado, y que sólo basta más de lo mismo, "más reformas", y sucederá el "chorreo hacia abajo".

Pero hay una parte de la pobreza probablemente impermeable al "chorreo", lo que exige políticas públicas directas.

Reconocer esto es, entre otras cosas, una de las diferencias entre el neoliberalismo, que domina el discurso económico peruano hace casi dos décadas, y la socialdemocracia en la que nosotros creemos.

También es el camino para transformar las "aceleraciones" del crecimiento en desarrollo.

Cuando esto ocurre, el pesimismo es injustificado.

Hoy tenemos en el mundo, por vez primera, los capitales y las tecnologías para lograr un progreso para todos.

Fuente: Diario Correo. Domingo 13 de septiembre del 2009.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Las crisis capitalistas como resultado de la abundancia o exceso de oferta.

El capitalismo del desperdicio (II)
Nelson Manrique (Historiador)

En el artículo anterior señalé que Adolf Koslik sostuvo ya en los años 60 que el capitalismo norteamericano era adicto a la guerra. Muchos creen que el gasto en armas supone un perjuicio para la economía yanqui, pero Koslik mostró que, luego de la Segunda Guerra Mundial, la enorme industria bélica norteamericana actuaba como el gran dinamizador de la economía, impidiendo que ésta entrara en recesión. Dicha industria da trabajo a decenas de millones de trabajadores, demanda insumos, tecnología e investigación por miles de millones de dólares y estimula así a toda la economía. Lo único de malo es que requiere siempre tener guerras en el horizonte para que todo marche.

Las crisis capitalistas no son un resultado de la escasez sino de la abundancia. En las sociedades precapitalistas hay crisis cuando no hay suficiente producción para abastecer las necesidades de la gente (si una sequía provoca una caída de la producción agrícola, entonces sobreviene la hambruna). Pero en el capitalismo las crisis se originan porque se ha producido demasiado; tanto, que los productos en el mercado no encuentran compradores. Un industrial tiene que vender lo que ha producido para disponer del dinero para comprar insumos productivos y contratar fuerza de trabajo para reiniciar el ciclo productivo. Si no vende, su industria se paralizará.

Cuando un fenómeno así se extiende al conjunto de las ramas productivas sobreviene la recesión: no hay compradores, la producción se paraliza, las empresas tienen que despedir trabajadores y cada nuevo desempleado es un comprador menos en el mercado, lo que agudiza el estancamiento, provocando la quiebra de las empresas, etc. Pero –ese fue uno de los grandes aportes teóricos de Keynes– es posible que la economía se eche de nuevo a andar si el Estado crea una demanda suplementaria comprando productos a los empresarios nacionales.

¿Por qué, para dinamizar la economía, el Estado norteamericano compra armas en lugar de, por ejemplo, alimentos, que aliviarían la miseria de los miles de millones de hambrientos del mundo? Pues porque la producción en el capitalismo no tiene como finalidad satisfacer las necesidades de la gente sino hacer utilidades. Para la economía de mercado los únicos hambrientos que cuentan son los que tienen dinero para comprar sus alimentos, los demás no forman parte del mercado y su muerte no va a alterar al sistema: no se habla de crisis capitalista porque 20 mil personas mueren de hambre al día en el mundo (eso es lo normal en el sistema) sino porque las empresas no pueden hacer utilidades. Y si hay un exceso de alimentos éstos no pueden regalarse a los hambrientos, porque se produciría la caída de los precios agrícolas, y de las utilidades.

Es largamente sabido que durante la Gran Depresión de los años 30 se quemaban –o se echaban al mar– millones de toneladas de alimentos, pero lo que la mayoría ignora es que lo mismo se sigue haciendo hoy, y no sólo en tiempos de crisis, como la presente, sino en tiempos normales, como lo documentó Roberto Saviano en su extraordinario libro Gomorra, (México: Debate, 2008) al mostrar cómo la UE entró en relaciones con la Camorra napolitana para destruir la fruta producida en exceso por los agricultores europeos (p. 217).

La gran ventaja de la producción de armas es que éste es un mercado ilimitado… siempre y cuando se pueda mantener un estado de guerra permanente.

Rectificación: En el artículo anterior cometí un error mayor, al escribir que J.M. Keynes recibió el Nobel por sus aportes. En realidad, el Nobel de Economía se instituyó luego de la muerte de Keynes; confundí pues mis deseos con la realidad. Pido disculpas a los lectores.

Fuente: Diario La República. Miércoles 19 de agosto del 2009.

La industria militar y la dinámica económica norteamericana.

El capitalismo del desperdicio (I)

Nelson Manrique (Historiador)

En los años 60 un economista austriaco, Adolf Koslik, publicó un provocador libro, que iluminaba aspectos fundamentales del funcionamiento del capitalismo de los EEUU, luego de la Segunda Guerra Mundial (El capitalismo del desperdicio. México: Siglo XXI, 1973). Koslik llamaba la atención sobre la enorme importancia del complejo militar-industrial para dinamizar la economía doméstica norteamericana, y así evitar el retorno de una recesión. De su análisis se desprendía que la dinámica guerrera del imperialismo respondía no solo a designios expansionistas –políticos– sino a profundas necesidades internas, estructurales, de la economía norteamericana.

Ya en los años 30 el recientemente reivindicado John Maynard Keynes llamó la atención (y esto le ganó el Premio Nóbel) sobre cómo salir de una recesión creando una demanda agregada desde el Estado. Si el Estado, comprando productos a los empresarios nacionales, era capaz de crear una demanda suficientemente grande, dinamizaría ramas de la economía que generarían empleo, dando capacidad adquisitiva a los trabajadores así contratados, que se convertirían a su vez en consumidores que demandarían nuevos productos (productos de primera necesidad, por ej.), dinamizando nuevas ramas económicas, que podrían contratar nuevos trabajadores, que a su vez demandarían otros productos, y así sucesivamente, hasta dinamizar toda la economía.

El modelo económico antirrecesivo de Keynes tenía un correlato histórico real: la política económica del fascismo de los años 30, a la que le dieron una muy expresiva formulación: “cañones o mantequilla”; invertir en productos de consumo, o en armamento. Cuando llegó a canciller, Hitler encontró la economía quebrada, saliendo de la hiperinflación más grande de la historia, con una tercera parte de la fuerza de trabajo desempleada. Sorprendentemente, en apenas tres años convirtió a Alemania en una gran potencia mundial, próspera y con pleno empleo (de allí el gran apoyo popular que conquistó). El secreto estuvo en la asociación entre el Estado nazi y los grandes industriales para desarrollar la más grande carrera armamentista de la historia, que, por una parte, creó el milagro económico alemán, y, por la otra, lanzó a la humanidad al apocalipsis de la guerra mundial.

Analizando la economía de EEUU en la postguerra Koslik presentaba evidencias sorprendentes: para 1960 alrededor de un 8% de la fuerza de trabajo laboraba en industrias que producían directamente para el complejo militar-industrial y alrededor de una tercera parte de la población económicamente activa dependía indirectamente de este sector. La conclusión era clara: el guerrerismo norteamericano no era solo la consecuencia de un imperativo político expansionista sino de una característica estructural de su economía: la carrera armamentista con la URSS (y luego la carrera espacial) era una necesidad estructural. Visto desde este punto de vista, la Guerra Fría, la guerra de Vietnam, el enorme poder del complejo militar-industrial y el intervencionismo yanqui a nivel mundial adquirían un nuevo sentido.

El colapso de la URSS y el fin de la Guerra Fría han creado un escenario nuevo, pero la política intervencionista de Bush en Irak, y la que anuncia ahora Barack Obama para Afganistán, muestran que no todo ha cambiado. Es importante analizar el acuerdo por el que Colombia cede a EEUU el uso de siete bases militares en su territorio y la nueva geopolítica yanqui para la región dentro de este contexto. Volveré sobre el tema.

Fuente: Diario La República. Miércoles 12 de agosto del 2009.