viernes, 17 de julio de 2009

Historia política peruana: Los gabinetes ministeriales.

Valentìn Paniagua: ministro peruano màs joven del siglo XX.


CRÓNICA. HISTORIAS DE FAJINES

Es tiempo de juramentos

Ayer asumió un nuevo gabinete. Aprovechando el hecho, hacemos un repaso con anécdotas y datos sobre algunos de los equipos ministeriales que ha tenido el país

Martín León Espinosa (Periodista)

Luego de días de misterios y adivinanzas, ayer Javier Velásquez Quesquén asumió el cargo de presidente del Consejo de Ministros, lo que constituye su debut en un gabinete. En momentos de nombramientos y expectativas, es bueno recordar que en cuestión de cubileteos ministeriales quizás cambien las formas, aunque no mucho el fondo.

Javier Silva Ruete, uno de los personajes que ha estado en variopintos gabinetes, hizo su primer ingreso al Ejecutivo hace 44 años.

Según él mismo recuerda, para esa ocasión un amigo que ya había sido ministro le prestó su fajín pues entonces eran difíciles de conseguir. Dice que al final ni siquiera lo usó porque, minutos antes de que comience la ceremonia, sus compañeros de la Juventud de la Democracia Cristiana le regalaron uno, el mismo que utilizó hasta la sexta ocasión en que juró como ministro, el 28 de agosto del 2003.

“Durante el gobierno de Toledo me hacían la broma de que juraba con un fajín de ministro español porque el mío ya no era rojo y blanco, sino rojo y amarillo”, cuenta entre risas.

Silva Ruete se retiró de la política, pero ya es parte de su historia. Fue ministro con cuatro presidentes: Fernando Belaunde, Francisco Morales Bermúdez, Valentín Paniagua y Alejandro Toledo (con los últimos tres ejerció como titular de Economía). En su momento, llegó a ser el ministro más joven de la historia, ya que asumió la cartera de Agricultura a los 29 años y cinco meses, durante el primer gobierno de Belaunde Terry. Un año después, fue superado por Valentín Paniagua, quien fue ministro de Justicia a los 28 años y nueve meses, un registro aún no superado.

LOS PRIMEROS AÑOS

El primero en asumir un ministerio en el Perú juró antes de que se proclamara la independencia. Designado por José de San Martín, Juan García del Río —quien además era colombiano— fue designado titular de Relaciones Exteriores el 12 de febrero de 1821. Desde entonces, cientos han pasado por los diferentes ministerios.

Si bien no es imposible hacer un cálculo de cuántos ministros ha tenido el país, es una tarea bastante complicada. El historiador y profesor de la Universidad Católica Juan Luis Orrego explica que un problema para hacerlo es el contexto político del siglo XIX, en el que hubo muchos gobiernos paralelos. “Incluso, cuando Simón Bolívar gobernó el país, abolió todos los ministerios y solo dejó como secretario general a un hombre de su confianza, José Faustino Sánchez Carrión, una especie de super ministro”.

Eso sí, hubo casos excepcionales, como el llamado “Gabinete de los talentos”, que Mariano Ignacio Prado formó en 1866 con destacados intelectuales como Manuel Pardo y Lavalle (ministro de Hacienda y que luego fue presidente de la República) o José Gálvez (titular de Guerra y Marina y quien murió en el Combate del 2 de Mayo, el único ministro que falleció mientras ejercía su cargo).

Orrego agrega que la situación se comienza a estabilizar tras la Guerra del Pacífico, durante la Reconstrucción Nacional.

LA ERA DE LA PCM

Los ministerios comenzaron a multiplicarse en el siglo XX, sobre todo a partir del oncenio de Augusto B. Leguía, cuando las funciones del Estado aumentaron considerablemente.

Actualmente son 16 ministerios más la Presidencia del Consejo de Ministros, que nació en 1944. El primero en asumir el cargo fue Manuel García Sánchez. Desde su período hasta el que acaba de iniciar Velásquez Quesquén ha habido 58 “primeros ministros”.

Algunos gabinetes tuvieron una vida efímera. El de Miguel Mujica Gallo fue el más fugaz. Su equipo juró la noche del 2 de octubre de 1968. Pero la madrugada del día siguiente el presidente Belaunde fue derrocado por Juan Velasco Alvarado. Años después, un sarcástico Mujica Gallo diría que su gabinete fue el mejor de la historia del Perú porque “no hizo nada mal”. Al contrario, Manuel Ulloa fue el que más tiempo estuvo como primer ministro (dos años y cinco meses), en el segundo gobierno de Belaunde. De no ser por el escándalo de los “petroaudios”, Jorge del Castillo pudo haber roto ese récord, pero dejó el cargo luego de dos años y tres meses.

El primer gabinete liderado por una mujer llegó en el 2003 con Beatriz Merino, un caso que no se ha repetido. Mujeres a cargo de ministerios hay desde el primer gobierno de García, en el que Ilda Urízar y Mercedes Cabanillas asumieron las carteras de Salud y Educación, respectivamente. Ambas juraron el 29 de junio de 1987, aunque Urízar lo hizo minutos antes.

LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

Tanto en el segundo gobierno de Belaunde como en el primero de García, el número de ministros miembros de partidos de Gobierno era muy alto y casi no había independientes.

“La figura cambió en la época de Alberto Fujimori. Él llegó al poder prácticamente sin partido, por lo que tuvo que reclutar a personas independientes o cercanas a otras agrupaciones. Algo parecido sucedió con Toledo, con la diferencia de que mezclaba partidarios con independientes”, sostiene el analista político Fernando Tuesta.

La población siempre ha visto con buenos ojos a los independientes dentro de un gabinete, aunque el que acaba de asumir inclina la balanza hacia el partido de la estrella.

PARA RECORDAR

Ministerios en números
La posta
Luego de crear el Ministerio de Relaciones Exteriores, San Martín formó los de Hacienda y de Marina y Guerra.

Mayor número
Además de ser el ministerio más antiguo del Perú, el de RR.EE. es el que más titulares ha tenido: 351 en 114 gobiernos.

Por decenas
El mayor número de ministros en un solo gobierno también se dio en el RR.EE. Durante el mandato de Manuel Odría (1950-56) hubo 34 cancilleres.

Cambio constante
Hasta antes de que Velasco le diera el golpe de Estado a Belaunde, en 1968, este último juró a siete gabinetes.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 12 de julio del 2009.

jueves, 16 de julio de 2009

Historia de la Rebelión Aprista de Trujillo (1932)

Bandera aprista

El cuartel O Donovan

Antonio Zapata (Historiador)

En la historia republicana, el hecho más parecido a la matanza de los policías en Bagua es la masacre del cuartel O Donovan, durante la revolución aprista de 1932. En ninguna otra ocasión, las fuerzas del orden han perdido tantas vidas juntas; además, en ambos casos, los asesinados estaban rendidos. Ni siquiera en época de Sendero Luminoso se registra una operación en la que hayan perecido tantos uniformados a la vez.

En el caso de Trujillo, la revolución aprista había capturado el cuartel y la ciudad. A continuación, la dirigencia revolucionaria asumió el control y encerró a los oficiales derrotados en la cárcel de Trujillo. Prefecto de la revolución fue nombrado el mismo hermano de Víctor Raúl Haya de la Torre, Agustín, conocido como Cucho. En el asalto al cuartel fue ultimado el jefe militar de la revolución, el búfalo Manuel Barreto, quien fue de filiación anarquista en su juventud y había abrazado el aprismo con singular devoción.
Por su parte, el ejército encargado de reponer el orden fue enviado por Sánchez Cerro con instrucciones estrictas de no parlamentar. Los esfuerzos de los revolucionarios apristas por dialogar no fueron escuchados. La ciudad fue cercada a sangre y fuego.

En esas circunstancias, el núcleo dirigente optó por retirarse de Trujillo. Fueron en busca de salvar la lucha expandiendo la revolución a otras provincias. Se dirigieron a Cajamarca y estuvieron detrás de una intentona en Huaraz. Pero perdieron y tuvieron que huir individualmente. Así, Cucho Haya salvó la vida escondido en una hacienda hasta la amnistía de 1933.

Mientras tanto, al día siguiente que la ciudad quedó sin autoridades, se perpetró una horrible matanza en la cárcel de Trujillo. Fueron fusilados 26 integrantes del ejército y la policía, incluyendo al jefe del cuartel y al comisario. Se dispararon 400 tiros y los cuerpos quedaron muy desfigurados. Circularon versiones, que se probaron falsas, de torturas y de ensañamiento con los cadáveres.

Por su parte, la noche anterior, la aviación había bombardeado Trujillo. El cerco militar se estrechaba, mientras que los rebeldes carecían de esperanzas y de líderes. Nunca se supo realmente quién los mató. El gobierno acusó al APRA, pero parece evidente que no fue una decisión política de ese partido. La versión aprista sostiene que se trató de una venganza personal perpetrada por ex convictos que habían sido recientemente liberados de prisión.

En lo referente a los policías de la Estación 6 de Bagua, estaban cercados por los aguarunas y habían entregado sus armas. Es más, habían sido relevados por otro contingente policial mientras permanecían como virtuales rehenes. Eran parte de un complejo proceso de negociación y de múltiples pactos de no agresión con los nativos.

Pero, un día el Consejo de Ministros se exasperó ante una negociación que no concluía. La dirigencia nativa era terca y tenía voluntad de pulsear. Entonces, el Ministerio del Interior decidió despejar una carretera tomada por los nativos y montó un operativo que olvidó a los policías presos en la Estación 6.

El resto es una historia trágica y conocida. Al enterarse los aguarunas de que fuerzas policiales estaban despejando la carretera a sangre y fuego, y que sus hermanos estaban cayendo, asesinaron cruelmente a los policías que tenían bajo su control.

Ahí terminan las semejanzas y se halla multitud de diferencias. La más saltante es el cambio de posición relativa del PAP. Ayer fueron los rebeldes acusados de haber asesinado uniformados; ahora son el gobierno al que servían los policías víctimas. Ayer fueron acusados de intentar asaltar el Estado; hoy son sus representantes y sostienen hallarse ante una conspiración extranjera.

No debería llamarnos la atención este giro. El APRA tiene una larga historia y ha pasado por diversas situaciones. Como Haya de la Torre fundamentó el relativismo del espacio tiempo histórico, condujo a su partido de modo pragmático, desarrollando líneas distintas, adecuadas a cada ocasión.

Ese espíritu ha continuado presente bajo el liderazgo de García y ha conducido a esta aparente paradoja. Pero, es una situación simple que corresponde a quien vive mucho y muta con regularidad. Como consecuencia, se coloca en posiciones opuestas, que solo parecen difíciles de entender a quienes prefieren seguir una línea recta.

Fuente: Diario La República. Miércoles 01 de julio del 2009.

martes, 14 de julio de 2009

Honduras. Reseña histórica.

Honduras: una hermana poco conocida

Guillermo Giacosa (Periodista)

Honduras tiene poco más de 100 mil km 2 de superficie y casi ocho millones de habitantes. Hace parte del mercado de libre comercio con Centroamérica, República Dominica y EE.UU., y cada año recibe un importante flujo de dinero de los hondureños que trabajan en el exterior (en 2006: 2,359 millones de dólares). Esa cifra se ha visto alterada por la crisis actual. También es miembro del ALBA y de Petrocaribe.

Según la ONU, de cada 100 hogares hondureños, 62 carecen de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades. A fines de 2007, el Gobierno decretó un aumento del 9.7% en el salario mínimo para los trabajadores que, en promedio, es de 181 dólares mensuales. Sin embargo, el precio de la canasta básica en junio de 2008 era de 365 dólares. Históricamente pertenece, junto con Guatemala y Costa Rica, a lo que en algún tiempo se dio en llamar, peyorativamente, repúblicas bananeras. Dos compañías fruteras estadounidenses, la United Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company, exportaban banano producido en Honduras y competían entre sí, no solo en este rubro, sino en la conquista del poder político al interior del país.

La United Fruit se apoyaba, aunque resulte contradictorio, en los nacionalistas, y la Cuyamel, en los liberales. En 1924, Honduras era el primer exportador de banano en el mundo, pero sus grandes ganancias eran totalmente usufructuadas por la United Fruit. Los enfrentamientos entre las empresas estadounidenses y un intento de alterar esta injusta repartición de los ingresos determinó la intervención de los marines (1924) para asegurar el negocio de sus mandantes. Estas pugnas culminarían en 1929, cuando la United Fruit compró a Cuyamel y terminó transformándose en la mayor propietaria del país. O, mejor dicho, casi en la propietaria del país. Luego de un periodo relativamente democrático, el país fue gobernado por el general Tiburcio Carías con total apoyo de la industria bananera. Ejerció brutal represión, acumuló poderes y mandó en el país de 1933 a 1949.

Luego de otro periodo democrático, con tibios intentos de iniciar una reforma agraria, los sectores de poder, con apoyo de EE.UU., entronizaron a otro militar (López Arellano), quien gobernó nueve años hasta ser destituido por aceptar sobornos de la compañía sucesora de la United Fruit (United Brands). La década del 80 coincidió con una nueva Constitución, un tiempo de persecución política a la izquierda y una propuesta para que Honduras adopte un estatus similar al que Puerto Rico tiene con EE.UU. En la década del 90, un gobierno 'nacionalista’ puso en marcha las reformas neoliberales que tuvieron como resultado abultados déficits comercial y fiscal. El descontento llevó a un nuevo gobierno, 'liberal’ en este caso, que terminó peor que su antecesor. Manuel Zelaya (57) pertenece al Partido Liberal, asumió la Presidencia en 2005 y, a mitad de su periodo, contrariando a miembros de su partido, dio un giro inesperado en la política nacional al anunciar que su gobierno sería de tendencia izquierdista y socialista.

Fuente: Diario Perú 21. Miércoles 01 de julio del 2009.

domingo, 12 de julio de 2009

Mario Bunge y la crítica al posmodernismo.

"Somos víctimas de una mala filosofía política"

Mario Bunge. Es una de las voces más lúcidas y polémicas de la filosofía latinoamericana. A su paso por Lima conversó con “El Dominical” sobre la crisis del capitalismo, las seudociencias, los posmodernos y la ligereza de los intelectuales latinoamericanos.

Jorge Paredes (Polígrafo)

“Hablan en difícil porque no tienen nada que decir”, afirma Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) sobre los defensores de la llamada posmodernidad. El filósofo y físico argentino no escatima adjetivos al referirse a quienes se han alejado de la ciencia racional para construir teorías basadas en la especulación y en lo que él denomina las seudociencias. Es autor de una treintena de libros entre los que destacan su enorme “Tratado de filosofía” (siete tomos) y “La ciencia y su método”, un pequeño volumen que no ha dejado de reimprimirse desde su aparición en los años sesenta.

(* * *)

¿Por qué en nuestros países, donde se necesita tanto del desarrollo científico, se le da tan poca importancia a la investigación?

Es culpa de los intelectuales que no han sido capaces de entender que la ciencia y la técnica son el motor de la civilización moderna. Si lo entendieran, empujarían a los gobiernos para que se ocupen de ello. En nuestros países casi todos los intelectuales se ocupan de cualquier cosa menos de ciencia y técnica. Los científicos no suelen interesarse por la política, lo que es un error pues tendrían que actuar en ese terreno para exigir que los gobiernos inviertan más en ciencia, en educación y en salud.

En una entrevista dijo que la filosofía estaba muy enferma, herida de muerte. ¿Es tan crítica la situación de la filosofía contemporánea?
Yo creo que la filosofía se ha estancado. En los últimos años no ha abordado problemas importantes sino problemas secundarios, y muchas veces seudoproblemas. Muchos filósofos se preguntan, por ejemplo, cómo sería una Tierra sin agua o qué significa ser un murciélago.

¿Por qué no ocuparnos mejor de cómo piensa y siente la gente? Para eso hay que informarse sobre las neurociencias que estudian el órgano de la mente que es el cerebro; pero la mayor parte de filósofos se niega a aprender esto. No creo que la filosofía vaya a morir o desaparecer, pero sí está muy enferma. Una buena infusión de ciencia del siglo XXI le vendría muy bien.

En ese sentido es un entusiasta defensor de las neurociencias. ¿Qué avances tenemos en este campo?

Estamos viviendo la década del cerebro. Se está avanzando muchísimo, pero todavía se ignora bastante. No sabemos exactamente cuáles son las partes del cerebro conscientes de sí mismas; pero se acaba de descubrir que dar brinda mayor placer que recibir, y que es el mismo tipo de placer que sentimos al comer algo sabroso. Se ha descubierto también que la desigualdad es mucho más nociva que la pobreza. La desigualdad causa estrés y este, a su vez, origina una superproducción de sustancias nocivas que destruyen el cerebro. En los países más equitativos las personas son más longevas. Los costarricenses y los cubanos viven bastante más que los norteamericanos. Ganan muchísimo menos, son mucho más pobres, pero viven más porque son más igualitarios.

¿Por qué los filósofos se han alejado de la ciencia? ¿Cuándo empezó esto?

Yo creo que empezó como una reacción contra el Siglo de las Luces. Empezó con gente como Hegel, al comienzo del siglo XIX, como una reacción contra el modernismo, contra el cientificismo y el materialismo. Vinieron todas esas fantasías idealistas de Hegel y en el siglo pasado aparecieron Edmund Husserl, Martín Heidegger y demás charlatanes que escribían de manera tal que era imposible entenderles. De esta manera ocultaban que no decían nada.

Cuando Heidegger dice que la esencia del ser es “el yo mismo”, ¿qué significa? Absolutamente nada. Pero como lo dice un profesor alemán entonces los latinoamericanos y los franceses dicen “oh, que sabiduría”, sin darse cuenta de que lo dice en difícil porque no tiene nada que decir.

Se refiere a filósofos que han gestado el pensamiento posmoderno…
No han aportado ningún conocimiento porque justamente niegan la ciencia, la racionalidad, la lógica, y cuando usted niega eso se vuelve un cuadrúpedo. Cuando no se reconoce que el cerebro es capaz de entender, de conocer; cuando se dice que todo es misterioso se está negando la modernidad.

Es peor que volver a la Edad Media. Porque en la Edad Media hubo filósofos y teólogos que por lo menos discutieron racionalmente. Santo Tomás de Aquino no descubrió nada pero nos enseñó a discutir. Dijo, cuando se discute con un creyente se le exhibe las Escrituras para convencerlo, pero cuando se discute con un incrédulo las Escrituras no sirven, así que no queda más que razonar con él.

(* * *)

El capitalismo vive una de sus mayores crisis desde 1929. Usted ha hablado de un modelo de sociedad llamado “tecno-holo-democracia”. ¿Qué significa esto?

Occidente es víctima de una mala filosofía política, el neoliberalismo, según la cual las empresas deben tener total libertad. Y ya se sabe que el capitalismo es suicida y por eso necesita controles. Los críticos del capitalismo, sin embargo, no ofrecen ninguna alternativa creíble. Los socialistas están paralizados y no tienen nuevas ideas. Los marxistas siguen repitiendo los mismos conceptos del siglo XIX. Yo sostengo que en el futuro tendría que haber una democracia integral, no limitada a lo político, sino extendida hacia lo económico y lo cultural. Esa sociedad futura, además de buenas ideas, necesita técnica, porque el gobierno no debe estar en manos de aficionados. Y la democracia económica se alcanzará a través de las cooperativas, que son empresas que actúan en el mercado pero bajo la propiedad y la administración de sus trabajadores, con la colaboración de especialistas. Un modelo de cooperativa exitosa es la vasca Mondragón: tiene su propio banco, su propia universidad y cien empresas diversificadas, ninguna de ellas ha quebrado y la gente trabaja a gusto porque lo hace para sí misma.

¿Y la ética calvinista que impulsó el capitalismo?

Eso ya se acabó. Según Max Weber la ética calvinista era muy cuidadosa con el dinero, no especulaba. El capitalismo de los últimos treinta años, especialmente en Estados Unidos, ha sido el capitalismo del casino, de las especulaciones y los préstamos. Enron, corporación amiga de la familia Bush, era solo un cascarón. Bernard Madoff durante 30 años estafó por más de 50 mil millones de dólares tanto a gente rica como a 35 cajas de jubilación de sindicatos. Lo hizo porque nadie lo controló, porque el gobierno de Reagan eliminó la mayoría de controles y Clinton terminó con los que quedaban. Demócratas y republicanos son igual de culpables en esta crisis.

Receta para llegar a los 90 años

“No leer a los posmodernos, no fumar, no beber alcohol y no hacer demasiado deporte. Mantener ágil el cerebro. Si uno deja de aprender, el cerebro deja de funcionar”.

Sus libros en Lima

Después de veinte años la obra mayor de Bunge, “Tratado de filosofía” (en ocho tomos) llega a los lectores de habla castellana, bajo el sello de la editorial Gedisa. Es un proyecto ambicioso, que aborda lo que Bunge considera el núcleo de la filosofía contemporánea: la semántica, la ontología, la gnoseología y la ética. Otros títulos disponibles son “A la caza de la realidad” y “Crisis y reconstrucción de la filosofía”.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 12 de julio del 2009.

jueves, 9 de julio de 2009

Historia del Apóstol San Pablo.

Apóstol de las gentes

El año de San Pablo. Los grandes hombres que influyen en la historia poseen alguna característica genial y distinta que marca su pensamiento y su actividad creadora y, por consiguiente, expresa su identidad. Para Pablo, ese sello indeleble es ser apóstol de Jesucristo. Mañana culmina el Año Paulista

Por: Luis Ferroggiaro*

Cuando pensamos en San Pablo quizá nos venga a la mente la imagen del furibundo perseguidor de cristianos que repentinamente se convierte en fervoroso seguidor del Evangelio. Se trata del famoso episodio del “camino de Damasco”, objeto de inspiración de tantos grandes artistas, como Miguel Ángel, Murillo o Caravaggio, para mencionar solo a algunos. Pablo es un converso. De fariseo radical a ferviente anunciador del Evangelio, de implacable cazador de cristianos a columna de la Iglesia. El encuentro con Jesús selló su vida para siempre y configuró todo su ser al punto de decir: “Para mí, vivir es Cristo”.

Encuentro con la verdad

El apostolado de Pablo no es fruto de una iniciativa personal, ambición humana o de un proyecto personal. No nace de una búsqueda intelectual ni de una exploración espiritual, tampoco de la fascinación por un discurso convincente o una ideología fascinante. El apostolado paulino brota de su encuentro personal con Cristo Resucitado. El evangelista Lucas lo describe en el Libro de los Hechos de los Apóstoles como el encuentro con “una luz venida del cielo”. Quizás no halló mejores palabras para lo que significa encontrarse con Jesucristo vivo: una luz radiante que ilumina la propia vida y nos hace ver la realidad como la ve Dios, en toda su hondura y profundidad.

Mensaje universal

A partir de entonces, Pablo no duda en definirse como apóstol pese a no haber sido parte de los “doce”. Un apóstol es, ante todo, un testigo, es uno que “ha visto” a Jesús, que se ha encontrado con Él, un testigo de la Resurrección. Apóstol, en griego, significa “enviado”. El apóstol ha recibido una misión de la que no es dueño sino embajador y servidor. Entendió la misión a él encomendada de forma universal. La Buena Noticia no era para un grupo reducido de personas, no era un mensaje para un ghetto ni para una aristocracia espiritual. Cristo Resucitado es la primicia de la vida nueva para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y culturas. Esa conciencia universal lo llevó a emprender viajes evangelizadores formidables no exentos de peligros, privaciones, incomprensiones y sufrimientos. Desde Antioquía, recorrió Chipre, Pisidia, Licaonia, Galacia, en el Asia Menor, Macedonia, Grecia y Roma en Europa. Fundó fecundas comunidades de vida cristiana, llevando el Evangelio del Señor Jesús a los pueblos “gentiles” es decir, ajenos al judaísmo.

Esa experiencia evangelizadora encontraba su motivación primordial en el amor apasionado a Dios y a los hombres. Su apostolado puede definirse como sobreabundancia de amor. “El amor de Cristo nos apremia”, escribirá a los cristianos de Corinto. No podía ser de otra manera pues solo el amor llena de significado la vida humana. Es el amor de Dios lo que da sentido a todo en su vida: “Si no tengo amor, no soy nada”. Ese amor a Dios lo vive en el servicio incondicional: “testigo me es Dios de cuánto los quiero en el corazón de Cristo Jesús y lo que pido en la oración es que su amor siga creciendo más”, escribe a los cristianos de Filipos.

Estas características fundamentales del apostolado paulino evidencian la real dimensión del apostolado cristiano. El Concilio Vaticano II recordaba e insistía que todo bautizado, en virtud de ese don recibido, está llamado a ser apóstol. Anunciar a Jesús, dar testimonio de él con toda la vida, forma parte esencial de la identidad de un cristiano. La fisonomía evangelizadora de San Pablo es estímulo y fuente inspiradora para quien busca asumir coherentemente su propio llamado a ser testigo de la Resurrección del Señor Jesús en el mundo de hoy.

Hombre de tres culturas

Hebreo de raza, de lengua griega, ciudadano romano, con razón ha sido llamado “hombre de tres culturas”. De ahí su triple nombre: Saúl en hebreo, Saulos en griego, Paulus en latín. Nació en Tarso, Cilicia, (actual Turquía), hacia el año 8, según el parecer prácticamente unánime de los estudiosos. Perteneció a la tribu de Benjamín y por familia y tradición era fariseo. Hacia los 13 años se trasladó a Jerusalén donde fue discípulo del rabino Gamaliel, y formado por él en el más observante fariseísmo. Hombre profundamente religioso y celoso seguidor de la Ley Mosaica, veía en los cristianos una secta peligrosa y amenazadora de la pureza judaica. Según su propio testimonio, fue perseguidor de la Iglesia de Cristo y estuvo presente en el martirio de Esteban. Hacia el año 33 un acontecimiento formidable cambiaría su vida para siempre: el encuentro con Cristo Resucitado, camino de Damasco. Emprendió tres viajes misioneros, fundó comunidades en Asia menor y Europa. Escribió trece cartas inspiradas por el Espíritu Santo. Hacia el año 67, sufrió el martirio en Roma, bajo Nerón. Después de Jesucristo, es el personaje del cristianismo primitivo de quien más información se tiene.

[*] Sacerdote sodálite

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 28 de junio del 2009.

martes, 7 de julio de 2009

La renovación de los partidos tradicionales y el problema de los liderazgos personalistas no institucionalizados.

Foto: Los últimos días de Haya de la Torre. Editora Matices. Wilbert Bendezú, 2009.

¿Renovación partidaria?

Martín Tanaka (Politólogo)

En los últimos días se realizaron elecciones internas en dos de nuestros partidos “históricos”, el Partido Aprista Peruano, fundado en 1930, y Acción Popular, en 1956. El PAP inició el proceso de elección de secretarios regionales y distritales que terminará con la elección de Secretario General, y AP acaba de elegir a su nuevo presidente, Javier Alva Orlandini, quien reemplazará al congresista Víctor Andrés García Belaunde. Los partidos están muy desprestigiados, se les percibe como espacios cerrados y excluyentes, por ello son muy importantes estos ejercicios de democracia interna, que deberían darse en todos los grupos políticos.

Partidos con tradición como el PAP y AP enfrentaron grandes desafíos a lo largo de su historia, y los lograron sortear con relativo éxito, lo que les permitió a ambos llegar en dos ocasiones a la presidencia mediante el voto popular. El PAP nació dando representación a nuevos sectores de trabajadores y populares en general hasta ese momento excluidos de un orden oligárquico. AP nació dando representación a nuevos sectores populares y medios resultado de la modernización del país ocurrida en la década del 50, y que no hallaban un espacio en medio del enfrentamiento entre el APRA y la oligarquía.

Estos partidos lograron además superar el más grande desafío organizacional más allá de la permanencia: sobrevivir al retiro o desaparición de su líder fundador, aunque no sin dificultades. El PAP sobrevivió a la muerte de Haya de la Torre a los 84 años en 1979, pero encumbrando a Alan García, quien funciona como una suerte de nuevo líder máximo, sin que haya una dinámica más plural dentro del partido. En AP, Fernando Belaunde recién dejó la presidencia del partido en 2001, a los 89 años, a Valentín Paniagua, quien por una serie de circunstancias excepcionales terminó siendo presidente transitorio entre noviembre de 2000 y julio de 2001. Su buena gestión podría haber ayudado a reactivar al partido, sin embargo Paniagua falleció en 2006, y el problema del liderazgo aún no ha sido resuelto. No es una buena señal que el nuevo presidente del partido sea Javier Alva Orlandini, de 82 años. No suena creíble que él será capaz de renovar y modernizar el partido.

La renovación de los partidos tradicionales enfrenta una paradoja: si bien los ciudadanos proclaman querer caras nuevas, en realidad no les prestan mucha atención a las desconocidas, por lo que las viejas se mantienen; y critican a los partidos por no ser democráticos, pero apoyan liderazgos personalistas no institucionalizados. En este cuadro, lo ideal sería que las caras viejas se dediquen a promover figuras nuevas, no a sustituirlas. Cabe destacar aquí el ejemplo de Luis Bedoya en el PPC, quien desde finales de los años 80 promovió nuevos liderazgos, hoy representados en la generación de Lourdes Flores, que superó las marcas electorales de los fundadores. Ese tipo de actitud es la que uno extraña en AP, así como en los partidos de izquierda.

Fuente: Diario La República. Martes 02 de junio del 2009.

domingo, 5 de julio de 2009

El Periodismo como el Arte de ser éticos.

La prensa y los valores*

César Hildebrandt (Periodista)

¿Es el periodismo una ciencia? ¿Existen las ciencias de la comunicación?

Creo firmemente que no.

Entonces, ¿es que el periodismo es un arte de bohemios trashumantes, un oficio que linda con el repentismo, la inspiración y muchas veces el alcohol?

Creo enérgicamente que tampoco.

Ni ciencia exacta ni oficio de cachueleros, el periodismo es un arte y una ética. Es el arte de ser éticos. Es también un modo de vivir y una manera de entender la relación que hay entre belleza y verdad. Y es una manera de percibir que la mayor obra del arte humano es la justicia.

Sí. Porque la justicia es bella y la injusticia contrahecha. Y la verdad es lozana y la mentira supura, de igual modo que la cultura acoge lo mejor de nosotros y la barbarie demanda nuestros más primitivos apetitos.

¿Por qué vengo a esta sala a hablarles de estos asuntos, al parecer tan lejanos del menester periodístico?

Porque siempre he creído que la prensa que no piensa en sus raíces ni en el linaje de sus valores está destinada a ser no sólo efímera sino intrascendente.

¿Valores? ¿Tiene algún sentido hablar de valores en un mundo que casi se jacta de no tenerlos?

Pues tiene más sentido que nunca.

Porque si la prensa se suma a ese pragmatismo sin escrúpulos que a nadie rinde cuenta, perderá toda importancia y será al final lo que muchos quieren que sea: el espectáculo del entretenimiento y el entretenimiento del espectáculo.

La crisis mundial que atravesamos ha estallado precisamente por la derrota de los valores y el éxito, socialmente estimulado, de la codicia y el cinismo.

Lo que muchos no quieren admitir es que Wall Street cayó después de la caída de aquellos valores que hicieron posibles las revoluciones industrial, tecnológica e informática.

Antes que Citigroup se desplomara, la codicia le había ganado el pulso a la mesura. Antes que la General Motors mendigara cientos de miles de millones de dólares, la usura se había declarado mandataria global. Y mucho antes de que Bernard Maddoff estafara por miles de millones, la especulación se había impuesto a la creación de riqueza y el frenesí del dinero fácil había derrotado a la ética del bien común.

De modo que la crisis que hoy empobrece a todos es, primero y fundamentalmente, una crisis de la ética, una colosal derrota de aquellos valores que la mayoría ni nombra ni aprecia y que son, sin embargo, aquellos que permitieron buena parte de la civilización a la que pertenecemos.

Esos valores se pueden abreviar en uno solo. Y ese valor es el de la empatía, piedra de toque de la vida en común, esencia de la tolerancia. La empatía es, como todos ustedes saben, la capacidad de pensar en el otro, la generosidad de imaginar sus afectos, sus intereses y sus necesidades.

Dejamos de ser simios el día en que la empatía se instaló entre nosotros. Abandonamos el canibalismo, la horda sanguinaria, la tribu endogámica cuando adquirimos el valor de la empatía.

Pues bien, vivimos actualmente en un mundo en el que el sistema de las corporaciones y la lógica de la ganancia a cualquier costo han hecho todo lo posible por desterrar la empatía y por devolvernos a la atmósfera primitiva del egoísmo entendido como religión y emparentado, si fuera necesario, con el crimen.

Estos ladrones que fungían de banqueros, estos financistas que en realidad eran asaltantes, estos ejecutivos que escondían su identidad parásita, estos petroleros que quieren comprar selvas para anegarlas de tóxicos, estos mineros que apetecen tanto los bosques peruanos como las tundras de Alaska, todo este ejército de depredadores, ¿qué tienen en común?

Tienen en común haber borrado la palabra empatía de su vocabulario. Y tienen en común haber lanzado por la borda, como si fuera lastre, la delicadeza de sentirse parte de la humanidad e inquilino fugaz de este raro planeta.

El actual es un sistema internacional que necesita la abolición de los más elementales valores comunitarios. Mientras más aislados nos sintamos, mejor para el sistema. Mientras menos prójimos nos sintamos, más regocijo para quienes gobiernan el mundo. Mientras más anacrónica nos parezca la palabra ética, mejor para ellos. Mientras más ridículos nos sintamos si hablamos de valores, el triunfo es sólo de ellos.

De modo que no nos dejemos engañar. Esta crisis no es de hipotecas basura ni de Estados laxos que no regularon y ni siquiera de un exceso en las expectativas del crecimiento. Esta crisis es ética y fue labrada por el cinismo triunfante. Es el fin de la historia no en la versión de Francis Fukuyama sino en la de Eliot Ness en el Chicago de los 30.

Ahora bien, si esta crisis global, que duplicará el número de pobres, viene del descrédito de la virtud y de la buena reputación del egoísmo, ¿qué papel ha jugado la prensa en todo este fenómeno?

Es triste decirlo, pero la prensa, en general, ha sido el furgón de cola de este tren que terminó en el abismo.

¿Cuántos grandes periódicos del mundo censuraron la reinstauración del capitalismo salvaje impuesto por la señora Thatcher y el señor Reagan, dos viejos sirvientes del conservadurismo armado y homicida?

¿Cuántos periodistas de fama internacional le dijeron al público que ese capitalismo salvaje lo que quería era, precisamente, abolir toda ética social y entronizar los antivalores que ayudaran a acabar con los sindicatos y la resistencia?

Y cuando el cinismo dejó de ser sólo un proyecto exitoso que destruyó el Estado del bienestar y se convirtió en la guerra farsante que asoló Irak y hoy demuele Afganistán, ¿cuántos periodistas de renombre mundial nos dijeron que en Irak no había armas de destrucción masiva o que en Afganistán el cultivo de amapolas creció desde su ocupación por tropas extranjeras?

¿Y cuántos diarios o televisiones del Perú nos dijeron que el fraude delictivo de la empresa estadounidense Enron se debió a que sus auditores –los señores de Arthur Andersen- encubrían las fechorías contables que debían denunciar?

¿Qué periódico nacional nos advirtió que la crisis que padecemos iba a ser la más importante después de la de 1929? Para ser menos exigente: ¿qué periódico nos dijo que venía una crisis?

¿Lo sabían y se callaron para no “desestabilizar el sistema”? ¿O no lo sabían y entonces renunciaron al deber periodístico de obtener información privilegiada y anticipar eventos en nombre del interés público?

¿Cuántos periodistas protestaron cuando el Estado, que no tiene para pagarle sueldos decorosos a los maestros, corrió a salvar a los bancos Latino o Wiese? Sólo en el salvataje del banco Latino se invirtió la suma de 300 millones de dólares.

¿Quiénes levantaron la voz cuando el Estado peruano, representado por el ciudadano estadounidense Pedro Kuczynski, auxilió al quebrado banco Wiese con un aval de 180 millones de dólares?

Hago estas preguntas para intentar explicarles cuán urgente es, desde mi modesto punto de vista, hablar de valores. Y cuán urgente es que los periodistas jóvenes entiendan que hablar de valores no sólo no es anticuado: es futurista.

Porque el mundo de mañana tendrá que ser distinto, profundamente distinto. Y lo será también en la medida en que los periodistas jóvenes asuman su tarea pensando en el bien común, en la amplitud de los afectos, en la gracia de la empatía, en el retorno a esos valores del humanismo que nos dirigen a la cultura y a la paz.

No teman hablar de valores. No se dejen arrinconar por aquellos que les ofrecen la obediencia del pragmatismo. La objetividad –créanme- es un invento de la banca suiza. No podemos ser neutrales ante la destrucción del planeta y el asesinato espiritual de sus habitantes. Un periodismo que prescinda de la ética funcionará como mayordomía de los grandes poderes del dinero. Y un periodista que no sienta, aunque suene presuntuoso, que puede contribuir con algo a mejorar al mundo ya no será periodista sino notario –con el respeto que los notarios se merecen-.

El dilema está planteado: o socios de la humanidad y del planeta para cambiar las cosas o militantes de la resignación. Creo estar seguro de cuál va a ser vuestra elección y eso me reconforta. Buenas noches y muchas gracias.

(*) Palabras pronunciadas ayer durante la entrega de un doctorado honoris causa por la Universidad de Chiclayo.

Fuente: Diario La Primera. Jueves 02 de julio del 2009.