martes, 12 de mayo de 2009

El mundo andino y el estado liberal criollo.

Cavernícolas y mundo andino

Sinesio López (Sociòlogo)

Son duros de matar y se resisten a morir. Los cavernícolas son una especie inextinguible. No los afectan el tiempo, ni la cultura, ni la ciencia ni los cambios climáticos. Han cambiado sólo la fachada, pero por dentro siguen siendo los mismos. En pleno siglo XXI siguen repitiendo las mismas monsergas de sus congéneres del siglo XIX. Los indios no existen, les decían a los criollos liberales de entonces. La comunidad política somos nosotros. Los liberales, sin embargo, tendieron puentes al predominante mundo andino con el que coexistían en el mismo territorio. Los indios, decían, son nuestros hermanos y compatriotas. Tenemos que construir con ellos una misma patria.

Lo que hicieron por integrarlos fue, sin embargo, muy poco. No se trataba de diseñar una política de reconocimiento de una sociedad multinacional o plural. La explotación y la opresión coloniales habían transformado el imperio incaico en una clase campesino-indígena. El Perú de entonces, como el de ahora, era sólo una sociedad multiétnica en la que coexistían diversos grupos culturales con linderos imprecisos y movedizos. Ni los quechuas ni los aymaras pedían el reconocimiento de su propia identidad, ni la autonomía de los territorios que ocupaban, ni una representación política propia. Habiendo perdido su base territorial con la encomienda colonial y la élite dirigente con la derrota de Túpac Amaru, lo único que pedían era una mejor forma de integración: buen trato, eliminación de la servidumbre, derechos ciudadanos, respeto a sus tradiciones, a sus costumbres y a su lengua.

Lamentablemente las diversas leyes decimonónicas que buscaron integrar a los campesinos indígenas a la república fueron puramente formales, sin ninguna incidencia en la vida real. La servidumbre y la discriminación étnica y racial pesaron más que las formalidades jurídicas. El reconocimiento de algunos derechos civiles y políticos no los convirtió en ciudadanos. Ni la participación política abierta en elecciones poco o nada institucionalizadas los transformó en electores.

Los cambios vinieron en el siglo XX cuando el ministro de Justicia, Instrucción, Beneficencia y Culto, Jorge Polar, cambió la estrategia jurídica por la educativa para integrar al mundo andino. El Poder Ejecutivo retomó la educación que estaba en manos de los municipios, determinó las necesidades educativas a través de un censo (1902), le dedicó el 20% del presupuesto, creó las normales para formar a los maestros y envió a estos al campo. Pero algo falló: la propuesta educativa. Para el civilismo educar era castellanizar. La educación partía de desconocer al otro, su cultura, su identidad, su lengua. La estrategia consistió en una especie de homogeneización cultural forzada de los indígenas por medio de la educación impartida en español. Pese a esas limitaciones, la ciudadanía política pasó del 2% en 1900 al 7% en 1930.

En la década del 40 cambia la propuesta educativa. Se pasa de la homogeneización forzada a una homogeneización amable a través de la educación bilingüe gracias a la presencia del indigenismo en el timón del Ministerio de Educación. Pero el bilingüismo en la educación fue sólo un método pedagógico y no una política de reconocimiento del mundo andino. Los gobernantes de entonces (Bustamante y el Apra) no tuvieron la voluntad, ni la fuerza (quizá tampoco las condiciones) para desplegar una política estatal de reconocimiento indígena.

Pese a ello, la educación siguió avanzando más en cobertura que en calidad. Sus efectos se hicieron sentir: En 1962 el 18% de los peruanos votaron en las elecciones de entonces. El avance en la ciudadanía política obedeció más a los progresos de la educación que a los cambios en las reglas de juego electoral (el voto a las mujeres en 1956).

Como en otros aspectos de la realidad, el cambio radical vino con la dictadura militar del 68. Velasco dispuso una política estatal de reconocimiento del mundo andino. La ley 21156 de 1972 establecía que, a partir de abril de 1976, la enseñanza del quechua era obligatoria en todos los niveles de educación de la República y que a partir del 1 de enero de 1977 el Poder Judicial debía adoptar las medidas a fin de que “las acciones judiciales en las cuales las partes sean sólo de habla quechua se realicen en ese idioma”. La ley encargaba asimismo a los Ministerios de Guerra, Marina y Aeronáutica el cumplimiento de la ley y al Ministerio de Educación, “la preparación y edición de diccionarios, texto, manuales y otros documentos para el pleno cumplimiento de la ley”.

Más allá de la autoría dictatorial y de algunos errores de la ley, la política de reconocimiento era justa. Ella devolvía la palabra, la identidad y el protagonismo a quienes la opresión colonial y republicana se los había arrebatado. Pero volvieron los cavernícolas y acabaron con todo. Eran pocos, como hoy, pero eran. Lo peor de todo esto es la presencia de políticos sin proyecto y sin dignidad que se dejan arrastrar de la nariz por los cavernícolas de siempre y los obligan a defender las posturas más retrógradas del país. Es una lástima y una vergüenza que García permita que los cavernícolas le pongan la agenda.

Fuente: Diario La Repùblica. Viernes 8 de mayo del 2009.

domingo, 10 de mayo de 2009

“Roger Casement: Imperialist, rebel, revolutionary” (Imperialista, rebelde, revolucionario)


El extraño caso de Roger Casement
.
Un legado polémico. Pocos han suscitado respuestas tan encontradas en la historia del siglo XX como este diplomático irlandés. Tras más de veinte años en el cuerpo diplomático británico, mientras investigaba el genocidio en la selva del Putumayo aquí en el Perú (1910-12), es nombrado Caballero por la Corona. Casi un siglo después, Mario Vargas Llosa se inspira en él para su próxima novela.

George Simons Pardo

En abril de 1916, en plena Primera Guerra Mundial y pocos meses antes del fallido alzamiento irlandés de Pascua, Roger Casement fue capturado en un ambiguo episodio de tráfico de armas entre radicales irlandeses y alemanes. A pesar de que el incidente no sucedió en suelo británico —por lo que no le correspondía la pena capital—, Casement fue ejecutado.

Roger guardaba sus experiencias en dos grupos de diarios. En uno registraba sus aventuras humanitarias y en el otro describía con sumo detalle sus encuentros homosexuales, algo depravados incluso para nuestra época. Tras su captura, estos documentos fueron incautados. En una sociedad en la que Oscar Wilde había sido castigado en 1895 a dos años de trabajo forzoso por “cometer actos groseros con otros varones”, Casement negó la autoría de sus diarios. Sin embargo, el director de la inteligencia naval británica, Reginald Hall, los hizo públicos, con lo que arruinó las campañas de los seguidores de Casement para liberarlo.

La tesis de la manipulación

En vísperas de las elecciones de 1924, el mismo Reginald Hall participó en la divulgación de “la carta de Zinoviev”, presidente de la Komintern rusa, dirigida a Mac Manus presidente del partido comunista inglés, en la que recomendaba directamente avivar la agitación social en el Reino Unido. La autenticidad de la carta no estaba comprobada pero igualmente la divulgaron y el partido laborista perdió los comicios. Entre los defensores de Casement, estas acciones reforzaron la tesis de que los diarios habían sido manipulados por la inteligencia británica. Fue entonces que se decretó el secreto de Estado sobre el caso de los diarios de Casement.

Casement y el genocidio peruano

Cuando estuvo destacado en Brasil, en 1906, los ecos de sus hazañas en el Estado Libre del Congo (1883-1904) contra el genocidio llevado a cabo por Leopoldo II de Bélgica lo señalaban como el agente consular idóneo para verificar las denuncias de los viajeros norteamericanos W. Hardenburg y W. Perkins, acerca de las brutales torturas y asesinatos en la selva del Putumayo. Empresas colombianas y peruanas, como la de Julio César Arana, entre otros, abastecían de caucho a Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos, esclavizando para ello a los nativos de la Amazonía.

A comienzos del siglo XX, la presencia estatal en el Putumayo era confusa, las fronteras eran objeto de disputa entre Colombia y el Perú, donde la diplomacia vaticana actuaba como árbitro desde 1904.

Si bien Arana no era ciudadano británico, gracias al informe de Casement tuvo que responder ante la Cámara de los Comunes pues su Peruvian Amazon Company cotizaba en la bolsa de Londres. La defensa de Arana consistió en refugiarse tras la peruanización de la Amazonía: su empresa encarnaba los intereses nacionales peruanos por civilizar y llevar la presencia estatal y religiosa a la región. Los crímenes (esclavización por deudas y expropiaciones de tierras en el Putumayo) eran, según su versión, exageraciones de sus enemigos colombianos. Se comprobó, sin embargo, que la caída de los precios del caucho en 1907 llevó a Arana a exigir a sus capataces incrementar la extracción, lo que intensificó las “correrías” para conseguir más esclavos nativos. Si en el Congo se contaban por millones, en el Amazonas los crímenes se contaban por miles. Y no fue la intervención estatal peruana la que llevó la explotación del caucho a su fin —de hecho Arana llegaría al Senado del Perú como representante por Loreto—, sino el agotamiento del recurso natural.

Existencia póstuma reciente

La reciente biografía de Séamas Ó Síochain, “Roger Casement: Imperialist, rebel, revolutionary” (Roger Casement: Imperialista, rebelde, revolucionario) ofrece una lectura amplia de una vida compleja, con episodios fascinantes como su participación en misiones de la inteligencia británica durante la Guerra de los Boers o en la crisis de Fashoda, en el Sudán. Mario Vargas Llosa aporta una nueva tesis al debate en “El sueño del celta”, título tentativo de la nueva novela que escribe basada en este personaje. Según el escritor, los diarios habrían sido en parte ficcionados por el propio Casement, acentuando así los innumerables reflejos entre memoria y fantasía, entre historia escrita e historia vivida que aún hoy lucha por ser comprendida.

Casement no podía pensar en los nativos del Congo y del Amazonas peruano si no como seres humanos esclavizados. Desarrolló, pues, una actitud contestataria hacia autoridades gubernamentales y comerciantes que expropiaban la tierra y los derechos de los nativos.

Cuando comprobó que eso también sucedía en su Irlanda natal, renunció al cuerpo diplomático en 1912 y se dedicó a la causa irlandesa. Convencido de que la compra de armas a los alemanes por parte de los rebeldes irlandeses en vísperas de la Pascua de 1916 era una locura, quiso impedirlo y fue en dicho intento que resultó capturado y luego ejecutado. Recordarlo equivale a tener presente el común denominador que hoy pervive entre Sudamérica y África: las poblaciones aledañas a zonas ricas en recursos naturales son, paradójicamente, pobres, maltratadas y olvidadas.

La verdad sale a la luz

En 1959 el periodista inglés P. Singleton Gates logró publicar los diarios de Casement en París. Luego Angus Mitchell avivaría la controversia sosteniendo que en 1910 Casement, por una enfermedad a los ojos, escribió parte de sus diarios en lápiz, lo que los hizo fácilmente manipulables. Pero lo que llevaba a pensar en el plagio fue la divergencia en las descripciones, como si cada evento fuera narrado por dos psyches distintas: un Dr. Jekyll en los llamados “Diarios blancos”, y un Mr. Hyde en los “Diarios negros”. La polémica continuó hasta que un análisis forense realizado por la doctora Audrey Giles en el 2002 demostró que los diarios fueron escritos de puño y letra de Casement.
.
Fuente: Diario El Comercio. Domingo 10 de mayo del 2009.

viernes, 8 de mayo de 2009

El Sistema de Reserva Federal y la administraciòn Obama.


¿Qué es la Reserva Federal?

Guillermo Giacosa (Periodista)

El Sistema de Reserva Federal (FED) es el sistema bancario central de Estados Unidos. Es una entidad gubernamental, no dependiente del gobierno en ningún caso y con componentes privados, conformada por una Junta de Gobernadores, el Comité Federal de Mercado Abierto, 12 bancos de Reserva Federal regionales y algunos bancos privados. La Junta de Gobernadores del Sistema de Reserva Federal es una agencia gubernamental independiente; sin embargo, está sujeto a la Ley de Libertad de Información.

Como muchas de las agencias independientes, sus decisiones no tienen que ser aprobadas por el presidente o por alguna persona de la rama ejecutiva o legislativa del gobierno. La Junta de Gobernadores no recibe dinero del Congreso, y su mandato tiene una duración que abarca varios gobiernos y legislaturas. Una vez que el presidente designa a un miembro de la junta, este se hace independiente; sin embargo, puede ser destituido por el presidente según lo establecido en el código de EE.UU.

El Sistema de Reserva Federal fue creado el 23 de diciembre de 1913 por la Ley de Reserva Federal. Todos los bancos nacionales tuvieron que unirse al sistema. Los billetes de la Reserva Federal fueron creados para tener una oferta monetaria flexible. J.F. Kennedy pretendió cambiar esta estructura, y muchos suponen que su asesinato está emparentado con esta decisión. Que la hipótesis no se haya ventilado demasiado es, quizá, la mayor prueba de su validez y de la influencia de quienes no estaban interesados en que así ocurriera. No es difícil suponer que intentar minar el poder que la Reserva Federal representa va contra intereses que los mortales ni siquiera podemos imaginar.

Subrayo que es una entidad gubernamental “no dependiente del gobierno en ningún caso” y, además, que entre sus miembros hay bancos privados. Seguramente, en una sociedad como la estadounidense, la voz de estos últimos bancos debe resonar tan o más fuerte que la de los funcionarios oficiales.

No olvidemos tampoco que estos, en mayor o menor medida, han trabajado o trabajarán en el futuro para la banca privada y que la tendencia a asegurarse el porvenir es una tendencia natural en casi todas las especies vivas. Poco reprochable cuando no vulnera la ley, y peligrosísima cuando lo hace.

Cuando se tiene esta información, no resulta sorprendente que el presidente Obama, quien llegó a la Casa Blanca anunciando que el cambio era posible, haya tenido que confirmar en el manejo de la economía a las mismas personas que causaron o no previeron la debacle. No fue una mala decisión, fue una decisión inevitablemente mala. El republicano McCain dijo: “Hizo los mismos nombramientos que yo hubiera hecho”. Esa conducta indica que las opciones para superar la crisis no se permitirán tocar la estructura de poder existente, con lo cual es posible que, una vez resueltos los problemas actuales, estos reaparezcan con mayor virulencia, pues la causa que los provocaba seguirá intacta.

Fuente: Diario Perù 21. Jueves 07 de mayo del 2009.

jueves, 7 de mayo de 2009

Mario Vargas Llosa y el desprecio por los nacionalismos.

(Napoleòn III y Otto von Bismarck)
.
.
Vargas Llosa y la peste

César Hildebrandt (Periodista)

Todo lo que Mario Vargas Llosa dijo sobre el nacionalismo lo debió decir en Santiago de Chile, la capital del país que ha invertido diez mil millones de dólares en un plan militar “disuasivo” dirigido exclusivamente al Perú.

Pero, claro, cuando va a Santiago, al gran novelista sólo se le ocurre hablar de libros de caballería y de lo bien que lo hace la socialista archinacionalista y ultramilitarista Michelle Bachelet. Digamos que un poco de equidad no le haría mal.

“El nacionalismo es la peste del siglo XX”, dice Vargas Llosa, equivocándose otra vez de siglo.

El nacionalismo, como lo sabe cualquier estudiante de Estudios Generales, se vincula, como proceso, a los siglos XVIII y XIX y se nutrió de muchos fenómenos, entre ellos la Revolución Francesa y los movimientos revolucionarios que hicieron posibles, por ejemplo, la creación de las modernas Italia y Alemania.

El nacionalismo le plantó cara a los rezagos reaccionarios implicados en la creencia de un mundo unificado por un imperio (Roma) o por una fuerza espiritual (la Iglesia). Si alguien odió el nacionalismo como movimiento de resistencia fue, por ejemplo, César Borgia, el múltiple asesino que actuaba a órdenes del Papa Alejandro VI, que era su Papa y también su papá. El papado de aliento feudal habló siempre horrores de las entidades nacionales y de los nacionalismos que se le encabritaban.

Sin el nacionalismo como fuerza modernizante Europa seguiría atada al Sacro Imperio Germánico y sin el nacionalismo Estados Unidos no habría osado liberarse de la tutela británica.

Hay nacionalismos funestos, desde luego. Uno de ellos es el procaz y asaltante nacionalismo chileno, expresado en su escudo con la famosa frase “por la razón o por la fuerza”. Otro ejemplos son el nacionalismo fascista, nazi o estalinista.

Pero decir que el nacionalismo es “la peste del siglo XX” no sólo es demostrar que de historia poco se ha leído sino es tratar de desarmar, desde la descalificación, a quienes piensan que las naciones existen, que eso de la aldea global es muchas veces una trampa y que adoptar la idea de una fórmula única de desarrollo es volver a Roma y sus legiones.

Porque lo que el célebre escritor no dice es que el nacionalismo, en su versión exacerbada y continuamente criminal, lo encarna Estados Unidos de América, que está en Irak como antes ocupó Cuba y que está en Afganistán como antes incineró a Vietnam.

Y es que el nacionalismo hecho buba y depravación, el nacionalismo como pandemia porcina, ya no se llama nacionalismo porque la palabra no le basta y el concepto no lo puede contener.

El nacionalismo salido de cauce y de fronteras, ése que al gran novelista no le disgusta demasiado desde hace treinta años, se llama, al final, imperialismo. Y la globalización es el triunfo del nacionalismo de los Estados Unidos y de la Europa liderada por la señora Merkel, los señores Sarkozy y Berlusconi y el pobre diablo de Brown.

El nacionalismo te puede llevar al abismo. Sobre todo cuando es el nacionalismo de tu vecino armamentista que se prepara para agredirte mientras tú confías en el derecho internacional, los fueros del pacifismo y los discursos de algunos intelectuales.

El nacionalismo de un pequeño país es, en todo caso, una anécdota. El nacionalismo delivery de los Estados Unidos es un oprobio. ¿Y cómo llamar al nacionalismo israelí en Gaza? ¿Disgustará al extraordinario escritor la idea del Gran Israel bíblico abriéndose paso entre niños acribillados, muros racistas y retroexcavadoras? Estoy seguro que sí. ¿Por qué no hablar de ese nacionalismo entonces?

Cuando Estados Unidos de América protege a sus granjeros con miles de millones de dólares en subsidios, burlándose así de la Organización Mundial de Comercio y de su propio discurso, ¿es la capital del mundo liberal globalizado o el viejo Washington de la United Fruit?

Está muy bien hablar del nacionalismo. Pero sería mucho más temerario hacerlo en Santiago de Chile o en Boston. O en Tel Aviv.

Fuente: Diario La Primera. Mièrcoles 6 de mayo del 2009.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Rechazo al proyecto de ley para crear un monopolio profesional de la actividad como historiador.

Imagen: histes

Un colegio poco ilustrado

Nelson Manrique (Historiador y sociólogo)

La Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Cultura, Patrimonio Cultural, Juventud y Deporte del Congreso ha aprobado un proyecto de ley cuyo objetivo es crear el Colegio Profesional de Historiadores del Perú. El proyecto no ha sido sometido al debate público ni ha recabado la opinión de la Academia Nacional de la Historia, las universidades, las facultades de historia, ni de ninguna otra institución.

El proyecto ha sido elaborado por la Asociación de Historiadores Región Sur Arequipa (AHIRSA) y ha provocado la protesta de numerosos historiadores, que reclaman, con razón, que la AHIRSA no puede arrogarse una representación, que nadie le ha otorgado, para hablar en nombre de los historiadores peruanos.

El proyecto constituye una vergüenza, desde el punto de vista gramatical y es sorprendente que haya sido aprobado en ese estado por la comisión parlamentaria respectiva. Pero los problemas más graves están en su contenido.

Para fundamentar la propuesta se afirma que “la labor investigativa de los historiadores requiere conocimiento científico, humanista, metodológico, técnico, etc., y que el historiador investigador obliga la titulación universitaria (sic), se hace necesario la creación de un órgano de colegiación”. Tratando de adivinar qué quiere decir este párrafo, no queda claro de qué manera la colegiación otorgará los conocimientos demandados a quienes no los tienen.

Pero donde el proyecto es muy claro es en que para ejercer la profesión de Historiador será obligatorio estar colegiado, y solo podrán serlo quienes tengan el título de Licenciado en Historia. Aparte de que esto deja de lado a quienes tienen grados de magister, doctor y más calificación, baste decir que con este requisito Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, José de la Riva Agüero o María Rostworowsky –para solo citar a algunos de nuestros clásicos–, no tendrían derecho a ser considerados historiadores, ni podrían haber investigado, ni publicado.

El Colegio regularía la actividad profesional e identificaría a los historiadores titulados. Tendría como sede –por supuesto– a la ciudad de Arequipa y la AHIRSA controlaría tres de sus ocho cargos directivos (¿a título de qué?). Los historiadores, para ser reconocidos, deberían someterse al escrutinio de este comité, cuyos integrantes no saben siquiera escribir el nombre de Garcilaso correctamente (lo escriben con zeta, lo cual para cualquier estudiante de historia sería un pecado mortal).

Adicionalmente, se encarga al Colegio que “persiga y corrija con contundencia (sic) … el intrusismo profesional”. Aparentemente los autores de la propuesta no han reparado en que el “intrusismo profesional” es parte de la propia naturaleza de la historia, que intenta abarcar todos los campos de la actividad humana, “desde la historia de la gastronomía hasta la historia de la computación” (y más), como lo señala la propia AHIRSA. La historia, por otra parte, ha llegado a ser lo que es precisamente gracias a las “intrusiones” de investigadores de muchas otras disciplinas como la geografía, economía, lingüística, antropología, crítica literaria, psicoanálisis, y un muy largo etcétera.

El reconocimiento profesional no proviene del establecimiento de un monopolio como el que pretende crear este proyecto, sino de la capacidad profesional, expresada en producción intelectual. Esto es la meritocracia.

Fuente: Diario la República. Miércoles 6 de mayo del 2009.

martes, 5 de mayo de 2009

Racismo, poder y dominación en el Perù.

El racismo y las mareas

Alberto Adrianzén (Sociòlogo)

Acaso lo más sorprendente de lo que hoy podemos llamar el “caso Supa” no sea tanto las columnas que escribe el director de Correo sino más bien el apoyo, directo e indirecto, que viene recibiendo. Y si bien se puede destacar como dato positivo la reacción contraria, mayoritaria por cierto, que este hecho ha suscitado en diversos medios y grupos, considero que es necesario continuar escribiendo sobre este tema.

Debatir (y condenar) los brotes de racismo es siempre un deber de todos aquellos que creemos en la democracia. Incluso se puede decir que es un deber cívico. La razón de ello es muy simple: el racismo o, mejor dicho, lo que se llama “raza”, como lo explicó hace unos días Aníbal Quijano en la presentación de la institución Otra Mirada, ha sido no solo el principal factor de legitimidad para seguir segregando y explotando a la mayoría de peruanos sino también el principal argumento de las clases dominantes para continuar en el poder. Racismo, poder, dominación y explotación son pues las claves para entender el pasado y presente tanto del país en su conjunto como de las elites.

Es cierto, como me dijo hace unos días la socióloga Marisa Remy, que el racismo es como la marea. Hay momentos en que sube como también hay épocas en que baja. Los años setenta bajo el gobierno de Velasco, por ejemplo, fueron tiempos en que el racismo bajó de nivel. Hoy estamos en tiempos de marea alta y, por ello, insisto, hay que continuar con el debate.
En este contexto la pregunta es la siguiente: por qué el racismo persiste en nuestra sociedad o, mejor dicho, por qué las prácticas y los discursos racistas son como las mareas: van y vienen.

Hace algunos años, Fernando de Trazegnies expuso en diversos trabajos –todos ellos de gran calidad– su tesis de la “modernización tradicionalista” para entender la historia del país. Esta idea, que bien se puede resumir en la metáfora que nos dice que las elites eran capitalistas (o modernas) en la sala de su casa pero feudales en la cocina, señala que el conservadurismo de estas elites era lo que dificultaba o impedía la modernidad en el país. Las ideas modernas (o los procesos de modernización y modernidad), al pasar por lo que este mismo autor llama “las aduanas ideológicas” de estos grupos, cambiaban de signo al ser absorbidas conservadoramente. Para emplear una frase de José Carlos Mariátegui: eran burgueses con espíritu feudal. Así, el liberalismo y su proclama de igualdad y libertad, por ejemplo, fue empleado –como también dice de Trazegnies– para defender la semiesclavitud de los llamados “coolíes” chinos. El fundamento era la libertad de contrato.

Sin embargo, lo que hay que decir es que en el país lo que existe no es un grupo social conservador que cada cierto tiempo se refuncionaliza ideológica y políticamente, es decir, que absorbe conservadoramente las ideas de la modernidad para seguir en el poder, sino más bien una cultura reaccionaria y elitista que perdura en el tiempo y que termina por impregnar y darles sentido a los procesos de modernización y a los diversos grupos que han ocupado en momentos distintos el poder.

Lo que quiero decir es que esta cultura reaccionaria –que tiene como expresión política el autoritarismo– tiene también como uno de sus fundamentos el racismo. Dicho en otros términos, es reaccionaria porque es racista y autoritaria, y no porque sea solamente conservadora; porque reacciona frente al otro racistamente, porque lo considera inferior o, simplemente, porque lo ignora o lo reprime. Por ello racismo, poder y violencia son parte de una misma cadena que busca legitimar la dominación de las elites en nuestro país. Y si el racismo persiste y se hace más público, como sucede hoy, es porque la desigualdad y la pobreza aumentan, lo mismo que la segregación social y los privilegios, y porque, además, existen guetos sociales en los cuales las elites se han “atrincherado”. Las murallas que hoy rodean a estos guetos y lo que está adentro son las mismas murallas (por no decir causas) que impiden reconocer al otro como igual.

Parafraseando a Mariátegui (José Carlos, por supuesto), se puede decir que el problema del racismo en el Perú no es solo el problema del indio sino también la ausencia de una sociedad y de una cultura democráticas, así como de una economía que tengan como objetivo principal la igualdad de todos. Por ello, la respuesta al racismo no puede ser la etnopolítica, que acaba muchas veces en una suerte de racismo invertido, sino más bien la construcción de una política que incluya a todos los dominados y excluidos de nuestra sociedad.

De lo que se trata, en realidad, es de impedir la construcción de una neo república aristocrática en pleno siglo XXI, así como de derrotar a un supuesto liberalismo que solo es una coartada discursiva para legitimar la desigualdad. Dicho en otros términos, construir una república y, también, una democracia y una economía para todos.

(*)
http://www.albertoadrianzen.org/


Fuente: Diario La Repùblica. Sàbado 2 de mayo del 2009.

domingo, 3 de mayo de 2009

Margaret Thatcher y el modelo neoliberal.

MUJERES EN EL PODER

A 30 años del poder de hierro

Roger Zuzunaga (Periodista)

Mañana se cumplen 30 años de la elección de Margaret Thatcher como primera ministra del Reino Unido, cargo en el que permaneció hasta 1990. La “Dama de Hierro”, calificativo con el que los medios soviéticos la bautizaron en 1976 por sus feroces ataques contra el comunismo, marcó un antes y un después en la política de su país, especialmente en el campo económico. Pero hoy, con una recesión mundial que golpea especialmente a las máximas potencias del planeta, sus enunciados en este campo son pasados por alto por quienes antes los tomaban como un punto de referencia para sus políticas.

Thatcher nació el 13 de octubre de 1925 en Grantham, una pequeña ciudad comercial del este de Inglaterra. Sus padres, Alfred y Beatrice Roberts, eran metodistas, por lo que fue educada en un ambiente conservador. Se licenció en la carrera de Ciencias Químicas y luego en Derecho.

Sus primeros guiños con la política vienen desde su época de estudiante del Somerville College, en Oxford, donde fue elegida presidenta de la Asociación de Conservadores de Oxford. A los 25 años presentó su candidatura al Parlamento británico por el Partido Conservador, pero perdió. Lo volvió a hacer en 1951, y fracasó de nuevo. Finalmente, en 1959, tras su tercer intento, ganó un escaño. Desde entonces escaló posiciones y en 1970 ya era portavoz de su partido.

Antes de su ascenso en la política se casó con el empresario Denis Thatcher, a quien conoció a principios de la década del cincuenta. El matrimonio tuvo dos hijos.

LLEGADA AL PODER

En 1970, Thatcher se desempeñó como titular del Ministerio de Educación y Ciencia. Una de las medidas más polémicas que adoptó fue acabar con la educación gratuita.

Cuatro años después, el fracaso electoral del Partido Conservador provocó un giro en la dirección de la agrupación, que terminó con el triunfo de la “Dama de Hierro” en las elecciones internas y la perfiló como candidata para las elecciones generales de 1979. Thatcher ganó dichas elecciones y se convirtió en la primera mujer en ejercer la jefatura de su país.

Se podría decir que en el aspecto económico su gestión giró sobre dos ejes: privatización y liberalización. “La gente ya no teme contagiarse con la enfermedad británica. Hacen cola para adquirir la nueva cura británica”, aseguró alguna vez Thatcher al comentar el éxito internacional de su gobierno.

Según un artículo publicado por el diario “El Mundo” de España, el liderazgo de Thatcher representó un período de fundamental importancia en la historia europea, que influyó en el estilo y en las políticas de una generación de dirigentes, desde Felipe González hasta José María Aznar en España, desde Tony Blair en el Reino Unido hasta Nicolas Sarkozy en Francia, y estimuló la aparición de otras lideresas, desde Bonn hasta Santiago de Chile.

El actual primer ministro británico, Gordon Brown, la describió como una política de convicciones.

Para sus adeptos, las reformas macroeconómicas que emprendió permitieron rescatar la economía británica del estancamiento en el que se encontraba. Apeló a la privatización de empresas como British Petroleum, a la reducción del gasto público y de los impuestos que pagaban las empresas y frenó el poder de los sindicatos.

Sus críticos la acusan de desmantelar el estado de bienestar y de la destrucción de mucha de la base manufacturera del Reino Unido, lo que llevó a miles de trabajadores al desempleo prolongado.

Y ahora, en estos días de recesión global, la escuela Thatcher ya ni es mencionada. Aquello que la “Dama de Hierro” combatió en su momento, como la nacionalización o el aumento de impuestos, es moneda corriente en muchos países desarrollados. Los gobiernos, especialmente de la Unión Europea y el de Estados Unidos, apelan al dinero público para salvar de la bancarrota principalmente a los bancos y a las automotrices. Además, las naciones europeas piden al unísono una mayor regulación estatal de los mercados y acabar con los paraísos fiscales.

GUERRA DE LAS MALVINAS

En cuanto a política internacional, además de ser testigo de la caída del Muro de Berlín en 1989, a Thatcher se la recuerda por su papel en la guerra de Las Malvinas. Cuando en 1983 Argentina decidió recuperar dichas islas, la “Dama de Hierro” no dudó en declarar la guerra al país sudamericano y envió una poderosa fuerza naval que las recuperó.

La ola de entusiasmo patriótico que se desató en su país la catapultó para lograr una de sus reelecciones y, de paso, su apodo de la “Dama de Hierro” adquirió más fuerza.

Pero quien jugó un papel fundamental para que la guerra fuera rápida y para que no se perdieran muchas vidas británicas fue el entonces presidente de Chile, Augusto Pinochet.

“El general Pinochet debe ser autorizado a volver a su país sin dilación. La próxima semana, Gran Bretaña recibirá a un líder democráticamente elegido de un país que invadió ilegalmente el territorio británico [Menem], hecho que causó la muerte a 250 británicos. Sería vergonzoso pedir la reconciliación en este caso, mientras mantenemos bajo arresto a alguien que, durante el mismo conflicto, hizo tanto por salvar las vidas de los ciudadanos británicos”, escribió Thatcher en octubre de 1998, mientras Pinochet permanecía detenido en Londres.
.
Fuente: Diario El Comercio. Domingo 3 de mayo del 2009.