jueves, 30 de abril de 2009

Paraguay, pasado y presente histórico.

Imagen: Er-Saguier.org
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Paraguay: Una historia poco conocida

Guillermo Giacosa (periodista)

Un ingenioso titular en Página 12 de Argentina decía: “En Paraguay se puso de moda el Padrenuestro”. Hacía referencia, naturalmente, a la paternidad o paternidades de su actual presidente y antiguo obispo, Fernando Lugo. La derecha de su país, a la que las políticas sanguinarias de Stroessner no le quitaban el sueño, está desvelada ahora por los pecados del ex obispo. No porque le interese el pecado, sino porque el ex obispo en cuestión se ha transformado en un político exitoso que ha accedido a la Presidencia de la República y que, además, simpatiza con la causa a los pobres. Esa simpatía es casi inédita en la política oficial paraguaya y, como es lógico, afecta la fina sensibilidad de quienes han depredado ese país durante tantas décadas.

Paraguay fue, en parte del siglo XIX, un país avanzado, quizá el más avanzado y próspero del área. El primer ferrocarril de Sudamérica fue paraguayo, así como la primera fundición de metales (una tonelada diaria) y el primer barco a vapor, cuyo casco fue construido, además, con acero autóctono. Tenía Paraguay un servicio de telégrafos y menos analfabetos que sus vecinos gracias al fomento oficial de la educación pública. No había latifundios ni esclavos. El Estado arrendaba la tierra a los campesinos en las llamadas 'Estancias de la Patria’, y de esta forma no había desocupación ni faltaban alimentos. Una guerra, cuyos orígenes son muy discutidos, pero que enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay contra el solitario Paraguay, terminó con esta experiencia que, sin duda, inquietaba a las naciones desarrolladas que solo nos veían y nos querían como mercado para sus productos y como productores de materias primas (problema que subsiste).

La guerra que oponía supuestamente la civilización –representada por los tres socios– a la barbarie –representada por los paraguayos– fue uno de los tantos fraudes históricos destinados a mantenernos en un estado de sumisión y subdesarrollo. Lo curioso es que los representantes de la civilización eran: Uruguay, gobernado por un militar golpista; Argentina, que apenas podía mantener la paz dentro de sus fronteras, y Brasil, una monarquía con dos millones de esclavos.

Fue una guerra tan injusta como feroz. La dignidad de los guaraníes transformó una batalla de unas semanas (según el presidente argentino Mitre, quien encabezaba las tropas de la llamada Triple Alianza) en un enfrentamiento que duró cinco años. Paraguay quedó prácticamente sin hombres adultos y debió formar un ejército de mujeres (del que mi tatarabuela fue sargento) y de niños. Solo quedaron 200 mil habitantes (de 1’300,000) y solo el 10% de ellos eran hombres, en su mayoría niños y ancianos. Según opinión de algunos sociólogos, esta situación creó una suerte de sociedad poligámica destinada a reponer las pérdidas demográficas.

No incluiré al presidente Fernando Lugo en esta tendencia, pero la intención de capitalizar políticamente sus errores humanos no obedece a principios morales, sino a la obsesión de los sectores pudientes de recuperar el espacio perdido.

Fuente: Diario Perú 21. Viernes 24 de abril del 2009.

Origen de la gripe porcina.

Imagen: El nuevo Herald

El virus de la codicia

César Lévano (Periodista)
cesar.levano@laprimeraperu.com

La gripe porcina ataca al mundo. Estados Unidos, con 65 casos, es el país con el mayor número de pacientes. México le sigue, con 26 casos (y 25 muertos, es decir, casi el total de contagiados, aunque hay otras cifras, y también 152 muertes sospechosas).

En Nueva Zelanda, Reino Unido, España se han dado casos aislados.

Así, lo que parecía sólo una epidemia: una enfermedad que se propaga por algún tiempo en un solo país, está a punto de convertirse en pandemia, o sea enfermedad epidémica que se extiende a varios países.

El mal es grave; pero casi tan grave como aquél es su origen. Como lo revela un informe que publicamos en esta edición, la sobreexplotación en granjas porcinas ha fomentado el virus.

La enorme concentración de cerdos (hasta seis mil por granja) crea, indican los especialistas, condiciones para una intensa mezcla de patógenos. El dato agrega que esa densidad junta también 75 mil pollos en una granja, con los riesgos consiguientes.

En la prensa mexicana se sitúa el origen en una filial de la transnacional Smithfield, en el estado mexicano de Veracruz. Es aquella una empresa que desoyó advertencias de científicos.

En el centro de las averiguaciones se sitúa el Pew Research Center (el Centro Pew de Investigaciones), cuyo nombre completo es Pew Research Center for the People and the Press (= para el público y la prensa). Es una entidad de prestigio mundial, cuyos estudios son acogidos por investigadores de diversos campos, sobre todo el periodístico.

Una comisión seleccionada por el Pew Research Center había alertado el año pasado sobre lo peligroso que era el hacinamiento de cerdos, que hacía posible la aparición de “nuevos virus por episodios de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos”.

Esto es, precisamente, lo que ha ocurrido, según los organismos de salud internacionales.

Señala el informe que las transnacionales Smithfield (cerdos y vacunos) y Tyson (pollos) sabotearon la investigación.

Una vez más, la codicia se enfrentó a la vida humana. “Primero los dólares que la gente”, es lema tácito de eso que el Papa Juan XXIII llamó capitalismo salvaje.

Ironía cruel es que el país más castigado por el mal sea el de las transnacionales irresponsables: Estados Unidos. Tan seria es allí la situación, que el presidente Barack Obama ha pedido al Congreso un aumento presupuestario de 1,500 millones de dólares, a fin de combatir el peligro.

La afección exige más; exige una acción mundial concertada, en particular en América, sede de la tragedia.

La pandemia puede ser refrenada. Es necesario, por eso, no dejarse ganar por el pánico, mas es igualmente urgente una campaña de educación y difusión sanitaria. Los medios de comunicación tenemos allí una cita con el deber.

Fuente: Diario La Primera. Mièrcoles 29 de abril del 2009.

martes, 28 de abril de 2009

Historiadores, estudios interdisciplinarios y grados académicos en el Perú.

Clío, musa de la historia.

¿Colegio de Historiadores?

Antonio Zapata (Historiador)

El pasado 7 de abril, la Comisión de Educación del Congreso ha aprobado un proyecto de ley para crear el Colegio de Historiadores. Parecería un proceso normal e intrascendente, porque casi todas las profesiones disponen de un colegio que vela por sus intereses. Pero, no es tan simple. Para empezar, no hemos sido consultados. Una rápida encuesta entre algunos colegas da como resultado que nadie ve con buenos ojos la organización de un colegio profesional. ¿Qué significa esta contradicción?

La iniciativa parlamentaria se fundamenta en dos proposiciones, ambas equivocadas. Sostiene la Comisión de Educación que la calidad de la producción histórica se halla en peligro a causa de la intromisión de otros profesionales en nuestros predios. Esa idea no se sostiene. Por el contrario, vivimos la era de los estudios interdisciplinarios. Para entender cualquier proceso social se requiere del concurso de diversos enfoques: el sociológico, antropológico e histórico forman la base de la comprensión en ciencias sociales. Nadie trabaja en solitario y aislado, todo estudio de cierta envergadura requiere del concurso simultáneo de varias disciplinas científicas. Así, al revés de lo planteado por la Comisión de Educación del Congreso, la intromisión de las otras disciplinas enriquece y no empobrece la producción de conocimientos históricos.

Por otro lado, la historia se entromete más que otras disciplinas de ciencias sociales. Como toda materia tiene antecedentes, se halla colegas trabajando en muy variados campos. Encontramos historiadores de la medicina, de la arquitectura, de la vida política, económica, cultural, etc. Entonces, antes que estar soportando una invasión, es obvio que nosotros penetramos en las demás ciencias para escribir su respectiva historia. Por ello, estamos interesados en la libertad del ejercicio histórico. Si nosotros nos cerramos, mañana se cerrarán los demás. Por ejemplo, algún colegio podría obligar a que la historia de la medicina la escriban solamente médicos y se prohíba a historiadores. Es una situación absurda; no deseamos exponernos a ello.

El segundo punto de la moción de la Comisión de Educación es más complicado. Sostiene que el futuro Colegio de Historiadores debe estar integrado por licenciados. Así se hace de este título profesional el eje de la carrera. Ello no es así. Una buena parte de los colegas ha obtenido su bachillerato y luego ha seguido con maestría y doctorado. Para entrar a los posgrados se requiere bachillerato y no licencia. Más adelante, para graduarse de doctor no es necesario haber hecho la licencia. Entre historiadores es un título menor y que poseen solamente algunos colegas. Bien por ellos, pero no les otorga derecho a cerrar las puertas de la profesión.

La licencia en historia carece del peso que posiblemente tiene en otras carreras. Un historiador no es un médico o un abogado, que para ejercer se entiende que sean colegiados. Nosotros no podemos operar a nadie ni meterlo preso. Nuestras interpretaciones del pasado son mucho más inofensivas. Los historiadores empezamos la carrera desde que enseñamos en una universidad o publicamos un libro. Es un oficio libre e invitamos a los demás profesionales a incorporarse, porque hay mucho campo en la historia.

El tema de la licencia debería motivar una seria discusión en la próxima ley universitaria. En el resto del mundo no existe ese título; carece de equivalente. Lo universal es la escala de tres grados académicos: bachiller, máster y doctor. La licencia es un peruanismo que dificulta la acreditación de nuestros académicos con el resto del planeta. Cuando un profesor extranjero quiere enseñar en una universidad nacional, le piden licencia y como no existe en su país, le cierran las puertas. Estamos en desacuerdo. El Pleno del Congreso debe saber que la inmensa mayoría de historiadores preferimos regirnos por la calidad y no por la pertenencia a un colegio de licenciados.

Tenemos el ejemplo de nuestra principal historiadora del Perú antiguo, la doctora María Rostworowski, que es autodidacta, nunca fue alumna universitaria y, sin embargo, es la número uno de nuestra profesión. Valoramos especialmente este tipo de carreras y hemos elegido una especialidad que no requiere el tutelaje de un colegio profesional.
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Fuente: Diario La Repùblica. Martes 28 de abril del 2009.

lunes, 27 de abril de 2009

Lengua, cultura y sociedad.

Imagen: IEP
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Celebración de las lenguas

César Lévano (Periodista)

El incidente de la congresista quechuahablante Hilaria Supa, a quien se ofende por escribir mal en español, me mueve a reflexiones sobre lo sagrado de la palabra humana.

Mi patria es el idioma, escribió Paúl Celan, el gran poeta de lengua alemana que no era alemán. En el Perú, nación todavía en formación, se hablan varios idiomas, entre ellos el quechua y el aymara. Todos son respetables y, para mí, sagrados.

Sé que en un Congreso reciente de lingüistas, realizado en París, se anunció que el quechua, aunque lo hablen millones, puede desaparecer, porque los jóvenes de las regiones en que se habla tienden a olvidarlo. Por eso mismo, hay que defender el quechua, así como las demás lenguas nativas.

No es cuestión sentimental, mejor dicho, no es sólo sentimental.

Wilhelm von Humboldt, hermano de Alexander, comprendió que cada lengua expresa de un modo original y distinto realidades naturales, sociales y culturales específicas.

El gran lingüista francés Georges Mounín escribió en “Los problemas teóricos de la traducción” que cada lengua es una red que cubre una misma esfera de la realidad, pero cada una con trama diferente.

Señala Mounín: “el griego tiene la misma palabra para un verde amarillo y para un rojo, la misma palabra para un verde amarillento y para un marrón grisáceo, otra distinta para azul, negro y a veces sombrío, y pocas huellas de valores simbólicos, excepto la oposición del rojo y del blanco (fasto) con el negro (nefasto)”.

“El perro”, dice, “tendría una descripción semántica completamente distinta entre los esquimales, donde es sobre todo un animal de tiro, entre los parsis, donde es animal sagrado, en tal sociedad hindú, donde es reprobado como paria, y en nuestras sociedades occidentales, en que es sobre todo animal doméstico, adiestrado para la caza o la vigilancia”.

“Todo sistema lingüístico” escribe Ullman, tras la huella de Humboldt, “encierra un análisis del mundo interior que le es propio y que se diferencia del de otras lenguas o de otras etapas de la misma lengua. Depositaria de la experiencia acumulada por otras generaciones pasadas, da a la generación futura una manera de ver, una interpretación del universo; le lega un prisma a través del cual deberá ver el mundo no-lingüístico”.

Ese es el asunto de fondo. Cada lengua que se pierde es un mundo que perdemos, una experiencia, un juego de sonidos, un ritmo, una música del alma humana.

Por eso debemos respetar a la congresista quechuahablante: porque habla bien el quechua y porque lo habla en el Congreso de todos los peruanos.

No es ninguna desgracia que redacte mal en español. Hay en el Congreso y en el periodismo personas que no sólo maltratan el español, sino que lo rebajan a insulto.

Fuente: Diario La Primera. Domingo 26 de abril del 2009.

domingo, 26 de abril de 2009

Sobre la creación del Colegio de Historiadores del Perú.

Imagen: FCE
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Carta abierta sobre la creación del Colegio de Historiadores del Perú

Historiador José Ragas Rojas (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Ante la noticia de la discusión del Proyecto de Ley N. 904/2006 – CR en la Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Cultura, Patrimonio Cultural, Juventud y Deporte, presidida por la parlamentaria Cenaida Uribe, por el cual se propone crear el Colegio de Historiadores del Perú, deseo dejar constancia de mi rechazo a dicha propuesta, por considerar que carece de fundamento y que antepone los intereses personales a los de las personas que nos desempeñamos como historiadores dentro y fuera del país. El proyecto de ley fue presentado y ha sido impulsado por la Asociación de Historiadores Región Sur (AHIRSA), con sede en Arequipa y presidida por el Sr. Enrique Ramírez Angulo.

En primer lugar, mi rechazo se basa en que se trata de un documento que no solo ha sido pésimamente redactado sino cuya fundamentación (académica, técnica y legal) no tiene base ni se apoya en estudios técnicos ni de ningún otro tipo. La intención manifiesta de la AHIRSA es la de manejar una institución que se encargue de regular y controlar el ámbito laboral de los historiadores, permitiendo que solo puedan ocupar puestos de trabajo quienes han obtenido la licenciatura de historia. Aquellos que, por diversas razones, no la hayan obtenido, aun cuando hayan seguido estudios de posgrado (maestría o doctorado), no estarían en posición de ejercer la profesión. Así, el Colegio de Historiadores dirigido por la AHIRSA se encargaría de velar por depurar y erradicar «el intrusismo profesional y la autonominación como historiadores que se hacen personas que no lo son», según reza el proyecto en cuestión.

En segundo lugar, la AHIRSA no puede atribuirse el derecho de expresarse en nombre de los historiadores que se desempeñan a nivel profesional, en aras de monopolizar el control de la institución que proponen crear. Esto se deduce claramente del número de puestos que se adjudica la AHIRSA en la Comisión que daría forma al Colegio de Historiadores. De los ocho puestos, se adjudican tres de ellos, lo que les daría la posibilidad de elegir a los miembros de la Junta Directiva o del Consejo Ejecutivo que regirían de forma permanente.

¿A mérito de qué viene esta propuesta? En los últimos meses en la web han aparecido propuestas similares para países como España y Guatemala, en las que se incluyen comentarios de historiadores de dichos países que afrontan una mala situación laboral y que consideran que un Colegio de Historiadores podría poner fin a esta situación al permitir únicamente que los historiadores con título puedan trabajar en determinados puestos. Según se desprende de los comentarios de historiadores en un foro sobre el tema (en el que participan también peruanos), existiría un malestar porque los programas de posgrado permiten que personas que no han seguido la carrera de Historia ni se han licenciado puedan obtener un grado de Magíster o Doctor y ejercer, quitándole así la posibilidad a los egresados de las facultades. Además, se asume que un Colegio de Historiadores lucharía por los intereses de los profesionales, a la manera de un sindicato, y que velaría por nosotros. Curiosamente, las quejas también provienen de México, país que cuenta con un Colegio, el Colegio de México.

No tenemos informes que demuestren que la creación de colegios o instituciones similares hayan traído una mejora significativa en las respectivas áreas profesionales de Humanidades y Ciencias Sociales. Tendríamos que asumir que una instancia de esta naturaleza ayudaría a resolver los problemas que enfrentan los historiadores. Ya se han creado colegios de arqueólogos y de bibliotecarios. ¿Eso ha llevado a solucionar sus problemas? Por lo que conversado con algunos amigos de estas profesiones, la respuesta es negativa. La situación es completamente distinta para áreas como la Medicina, la Arquitectura y la Ingeniería, donde la responsabilidad social es mucho mayor por lo que se requiere que efectivamente haya un filtro que regule la titulación de los que dicen ser egresados de dichas facultades. En las Humanidades y las Ciencias Sociales, el espectro es diferente, ya que el número de profesionales es considerablemente menor y los profesionales se hallan en estrecho contacto con las Universidades, las cuales regulan la actividad laboral y el desempeño ético de sus miembros.

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Historia de las Relaciones Diplomàticas Perù - EE.UU.

Imagen: flickr

Cuando rompimos relaciones diplomáticas con Estados Unidos
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Rosa Garibaldi *

El 22 de octubre de 1860 el presidente Ramón Castilla optó por romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos antes que ceder al reclamo que cuestionaba la jurisdicción territorial del gobierno central: la indemnización a los dueños de dos naves la “Lizzie Thompson” y la “Georgiana”, capturadas y embargadas el 24 de enero de 1858 por cargar guano ilegalmente en las islas de Lobos, en base a una licencia otorgada por las autoridades insurrectas de Manuel Ignacio Vivanco que habían ocupado Iquique.

Hasta la víspera, el canciller peruano José Fabio Melgar insistió en el arbitraje como única solución, y dejó a Estados Unidos la selección del árbitro. John Randolph Clay, ministro estadounidense en Lima, por instrucciones del gobierno demócrata de James Buchanan, rechazó el arbitraje y planteó un proyecto de convención encaminado a salvar las apariencias: el pago de una suma global como liquidación de todos los reclamos pendientes entre el Perú y los Estados Unidos. No debían mencionarse casos concretos ni debía haber retroceso en cuanto a principios. La suma incluiría un monto aceptable a los dueños de las naves. Castilla rechazó la fórmula propuesta por Clay.

Castilla y Lincoln

Ramón Castilla decidió jugarse con la recién elegida administración republicana de Abraham Lincoln. Envió a Federico Barreda como agente confidencial a Washington para reanudar contactos hasta restablecer oficialmente las relaciones diplomáticas. Pesó en el ánimo de Castilla el éxito en los Estados Unidos de Federico Barreda (socio de su hermano Felipe), quien fue consignatario del guano en ese país.

La misión de Federico Barreda era promover el restablecimiento de las relaciones diplomáticas sin dar marcha atrás en el asunto de las naves confiscadas.

Con solo 24 años de edad, Barreda se enfrentaría en Washington a un formidable contendor: el secretario de Estado William Seward, de 60 años, intelectual puro, expansionista innato, y reconocido después de John Quincy Adams como el más prominente de los secretarios de Estado norteamericanos. Su visión de imperio dominó la política exterior norteamericana durante el siglo XX.

Dos argumentos enfrentados

Dos argumentos legales se enfrentaban. La posición estadounidense propugnaba que las condiciones de guerra civil en el Perú le conferían a los gobernantes de facto el derecho a gobernar las porciones del país que pudieran doblegar y poseer.

El Perú sostenía que los capitanes de las naves estaban involucrados en el contrabando de guano, que violaba las leyes fiscales y los reglamentos de comercio, en base a una licencia ilícitamente otorgada por un grupo insurrecto.

Inteligente posición

El 30 de marzo de 1861 en su primera entrevista con el secretario de Estado William Seward, Barreda abordó el problema de las naves confiscadas. Subrayó que con el reclamo se estaba reconociendo a una autoridad espuria. Le entregó el memorándum: “Remarks on the Peruvian Question in relation to the internal affairs of the Union” . Allí recordaba la afirmación de Lincoln sobre la ilegalidad de las autoridades establecidas en los Estados Separatistas del Sur. ¿Cómo podía entonces el gobierno estadounidense juzgar en forma distinta al Perú que se hallaba en idéntica situación en 1858? Seward recomendó a Lincoln la reapertura de relaciones diplomáticas con el Perú. Fue determinante el argumento de Barreda: dada la rebelión sureña contra el gobierno de la Unión, no era conveniente adoptar una decisión que sirviera de justificación para que cualquier potencia extranjera saqueara las zonas de los Estados Unidos que desconocían al gobierno federal.

Una nueva política para Hispanoamérica

El presidente Abraham Lincoln cambió radicalmente la postura estadounidense con respecto al Perú y a Hispanoamérica. Su política exterior debía enfocarse en evitar que se reconociera a la Confederación de los Estados rebeldes. Gran Bretaña ya consideraba a los confederados como beligerantes, un primer paso para reconocer su independencia. Napoléon III dependía del derrocamiento de la Unión por los confederados para establecer un imperio francés en México. Lincoln procedió al nombramiento inmediato de ministros en Hispanoamérica. A fines de octubre de 1861, tres meses después de que los Estados Unidos nombraran a Christopher Robinson como ministro en el Perú, Ramón Castilla firmó el nombramiento de Federico Barreda como ministro residente en Washington.

El 20 de diciembre de 1862 los dos gobiernos firmaron la Convención para el Arbitraje de las Cuestiones del Lizzie Thompson y la Georgiana. El asunto fue sometido al arbitraje del rey Leopoldo I de Bélgica, quien rehusó pronunciarse. En conversación confidencial con el ministro estadounidense Henry Sanford, el monarca informó que estaba convencido de que el Perú tenía la razón y quería evitarle al gobierno estadounidense el bochorno de un dictamen contrario.

El arbitraje concluyó con resultados favorables para el Perú. El gobierno de Lincoln retiró su reclamo discretamente, concluyendo así el problema. El resultado le permitió salvar las apariencias. El 9 de julio de 1864 el secretario de Estado Seward le informó a Federico Barreda que el presidente Lincoln no tenía intenciones de continuar con el asunto. La comisión mixta establecida en cumplimiento de la Convención de Reclamos firmada por los dos países el 12 de enero de 1863, poco más de dos meses después de que Castilla dejara el poder, emitió un informe favorable al Perú. De los diecinueve reclamos presentados, la comisión rechazó once y parte de uno. En la mayoría de los casos redujo considerablemente el monto de los reclamos contra el Perú.

La estrategia comunicacional de Barreda

Barreda llegó en tiempos difíciles a Estados Unidos. Los Estados del Sur habían votado para separarse de la Unión con el nombre de “Confederados Estados de América”. El demócrata James Buchanan era ya un presidente debilitado a punto de terminar su mandato.

Federico Barreda inició su misión en Washington con la publicación de un folleto de 140 páginas: “La Cuestión entre los Estados Unidos y el Perú”, que exponía el punto de vista peruano sobre el reclamo estadounidense por la confiscación de las naves “Lizzie Thompson” y “Georgiana”. Mil copias se distribuyeron entre periódicos importantes y personas influyentes en Washington y otros lugares. Contrató a un publicista para que enviara artículos —tales como Cartas al Editor— a los periódicos. Apenas se publicó el folleto muchos diarios, incluyendo el amigable New York Times, se expresaron abiertamente en defensa del Perú.

El folleto defendía un principio: “¿Puede un grupo de especuladores apropiarse temporalmente de los depósitos de guano y privar al gobierno del Perú de su propiedad y más valiosa fuente de recursos y hacerlo bajo la protección de la bandera norteamericana? Sometemos esta pregunta a la prensa y al pueblo de los Estados Unidos”.

Abordó otro punto esencial: ¿por qué se negó el presidente James Buchanan a aceptar el arbitraje propuesto por el Perú? ¿Tenía temor de que la decisión hubiera sido favorable al Perú? El temor implicaba una duda.

Historiadora y diplomática peruana. Profesora de la Academia Diplomática del Perú.

Fuente: Diario El Comercio. Domingo 26 de abril del 2009.

jueves, 23 de abril de 2009

Hobsbawm y la historia del siglo XX.

Imagen: filosofitis.com.ar

El siglo XX
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Antonio Zapata (Historiador)

Comenzando los años noventa, el destacado historiador Eric Hobsbawm escribió un balance integral de la última centuria, considerado el libro más completo y panorámico sobre la tormentosa historia que nos antecede. Hobsbawm es inglés, de sólida formación académica y activo militante izquierdista. Es el principal heredero y gran renovador de una tradición marxista creativa, libre y original, muy alejada de los cánones estalinistas.

En este libro, el profesor Hobsbawm interpreta que el siglo XX ha sido corto. El acontecimiento fundamental sería la Revolución Rusa de 1917 que abrió el ciclo del comunismo en el poder. El gobierno bolchevique generó un polo efectivamente alternativo al capitalismo, pero sucumbió al caer el Muro de Berlín, después de una prolongada decadencia e involución. En su interpretación, el comunismo ha sido el principal agente de la historia del siglo XX y sus líderes serían responsables de su propia derrota.

Pero, el profesor Hobsbawm no cierra su libro en una nota pesimista para las izquierdas. Por el contrario, el destacado historiador inglés argumenta que los ideales por los que surgió el comunismo no han desaparecido. Antes que ello, el neoliberalismo amplía las brechas entre pobres y ricos, así como entre países centrales y Tercer Mundo. De este modo, la injusticia campea más que nunca y los ideales comunistas tendrán que reaparecer, bajo una nueva forma, porque nacen de la indignación ante la renovada injusticia social. Así, el neoliberalismo triunfante de los noventa habría de generar una nueva rebeldía.

El pronóstico del profesor Hobsbawm empieza a surgir ante nuestros ojos. En efecto, la crisis mundial marca un nuevo término. No solamente se derrumbó el comunismo en 1989, al hundirse la Unión Soviética, sino que estamos llegando al final del largo ciclo liberal. En realidad, éste comenzó al iniciarse los años 1890. En ese momento se incorporó la electricidad a la industria y arribó la segunda revolución industrial. La primera había sido el vapor en el siglo XVIII, mientras que la electricidad como fuente de los motores vino, junto con los hidrocarburos, a marcar una nueva fase del desarrollo.

De este modo, la década de 1890 fue clave para el capitalismo del siglo XX. Así como 1917 sería fundamental para el comunismo contemporáneo. En los ochonoventa, se abandonó el antiguo patrón plata y el capitalismo pasó al oro, como respaldo del sistema monetario. Luego, después de la II Guerra, se pasó al dólar para figurar al oro, pero la crisis de los setenta hizo saltar la convertibilidad y desde entonces el dólar es el verdadero respaldo del sistema monetario internacional.

Tanto ha abusado de su déficit el gobierno de los EEUU que hoy en día la reconstitución del sistema será hallando una nueva moneda, que no dependa del tesoro norteamericano. Mientras tanto, seguiremos navegando en medio de la crisis. Este ciclo es terminal para el capitalismo de la segunda revolución industrial. Asimismo, la fuente energética petrolera se está agotando y llevando al planeta a una crisis que obliga a nuevas alternativas. Este doble proceso está acabando con el predominio del liberalismo clásico, aquel que postuló la vigencia pura y dura del mercado sobre el Estado.

El liberalismo creyó que el mercado era libre y que el Estado era el enemigo de esa libertad. Por el contrario, la crisis actual muestra que el mercado libre llevó al predominio de una serie de estafadores y a la bancarrota a muchos trabajadores que pierden sus empleos en los países centrales. Ahora mismo se están paralizando muchas exportaciones peruanas y pronto llegará el mismo desempleo a nuestras costas.

Por el contrario, aparece nuevamente el papel salvador del Estado. Alguien tiene que bancar el desastre que han generado los yupies neoliberales. El nuevo Estado que surgirá de la crisis tendrá que regular al mercado para que la economía funcione al servicio de los ciudadanos. Pero, el Estado no asumirá sus responsabilidades por sí mismo. Alguien tiene que obligarlo. Por ello, es la hora de la nueva rebeldía planteada por Hobsbawm. El nuevo profeta tendrá convicción socialista y justiciera. Ojalá su rostro sea liberal y ambientalista, así podríamos soñar con un futuro digno para el Perú.

Fuente: Diario La Repùblica. Mièrcoles 22 de abril del 2009.