domingo, 28 de diciembre de 2008

Napoleòn, Adam Smith y los modelos econòmicos.

Napoleón y el proteccionismo econòmico

Lector de Adam Smith. El hallazgo de unas notas del emperador cambia la historia económica.

"El águila y la pluma", una exposición inaugurada recientemente en el Museo del Ejército de París, en el Palacio de los Inválidos, ha despejado la incógnita de si Napoleón conoció o no la obra de Adam Smith. El tema era motivo de constantes controversias entre los economistas franceses desde hace décadas.

Pues bien, entre los objetos exhibidos se encuentran 13 notas escritas de puño y letra por Napoleón con anotaciones y opiniones sobre la obra cumbre de Smith: "Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones".

El hallazgo resulta de sumo interés para el devenir del pensamiento económico y ha caído como un baldazo de agua fría a los neoliberales franceses quienes aseguraban que Napoleón había sido uno de los principales promotores del estatismo en el siglo XIX por simple y llana ignorancia. Uno de los que así lo sostenía era el ultraliberal Jacques Marseille. Todo demuestra que estaba equivocado. Napoleón no solo estudió la obra de Smith sino que la comentó y discrepó de la mayoría de sus recomendaciones, anotando aquello con lo que sí parecía estar de acuerdo: la teoría de la división del trabajo como factor multiplicador de la producción, por ejemplo.

"Pese a imponer impuestos suplementarios, nadie se quejaba. El pueblo nunca se levantó contra él. Todo lo que hacía era popular", escribió De Tocqueville.

Bonaparte llegó a conclusiones diametralmente opuestas a las de Smith en relación a la moneda como medio de intercambio. Implantó, además, el intervencionismo estatal y una administración eficiente; logró sanear las cuentas públicas, industrializó a Francia al tiempo que impulsó las labores agrícolas e incrementó en 30% el salario de los jornaleros agrícolas, sector que concentraba a la gran masa trabajadora. Para ello, se valió de medios cuestionables como la guerra y el bloqueo comercial, pero también de la promoción de la agricultura y la defensa de la tierra, del proteccionismo progresista y de la estabilidad de la moneda.
Fuente: El Dominical. 28/12/08

sábado, 27 de diciembre de 2008

Crisis del capitalismo neoliberal.

La izquierda y el fin del siglo XX

Alberto Adrianzén M. (Analista polìtico)

El hecho más importante de este año (y de las últimas décadas) ha sido –y sigue siendo– la crisis de la economía capitalista mundial. En estos días, países como EEUU, Japón, Alemania y otros han anunciando que han entrado en recesión. Sin embargo, el dato de esta crisis, la más grave junto con la de los años 30, no radica solamente en su profundidad y extensión sino también en que pone fin al ciclo neoliberal que se inició hace más de dos décadas con la crisis de los Estados de Bienestar y con los triunfos de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y de Ronald Reagan en EEUU, que convirtieron al capitalismo, sobre todo luego de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, en una fuerza aparentemente indiscutible e invencible. Fueron los años de la arrogancia neoliberal y neoconservadora que los llevó a decretar el “Fin de la Historia”.

Y si bien para el historiador inglés Eric Hobsbawn el siglo XX se acabó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, hoy podemos afirmar que con el desplome del capitalismo realmente existente, como bien dice mi amigo Juan Enrique Vega (socialista chileno), ahora sí estamos, en realidad, frente al fin del largo siglo XX.

Joseph Stiglitz en un reciente artículo, “Capitalistas estúpidos”, afirma que esta crisis se ha producido no por las fallas del sistema económico sino más bien por una sucesión de políticas, de intereses y de personajes que creían (codiciosamente) que los mercados al ajustarse solos no debían ser regulados: “La filosofía de la desregulación pagó dividendos indeseados durante años. En noviembre de 1999, el Congreso revocó la Ley Glass-Steagall

–culminación de un esfuerzo de cabildeo de US$ 300 millones por las industrias bancarias y de servicios financieros, y liderado en el Congreso por el senador Phil Gramm. Glass-Steagall había separado desde hace tiempo a los bancos comerciales (que prestan dinero) y a los bancos de inversiones (que organizan la venta de bonos y valores); había sido promulgada como consecuencia de la Gran Depresión y debía limitar los excesos de esa era, incluidos los conflictos de intereses”.

Si el socialismo realmente existente fracasó por proteger los intereses de un puñado de burócratas que se había apropiado del Estado y adueñado de la voluntad popular, con el capitalismo realmente existente sucede lo mismo: es una minoría que se apropió del Estado y de la economía para enriquecerse. Por ello no es extraño que luego de la crisis se haya descubierto la estafa de Bernard Madoff, uno de los hombres más famosos y prestigiosos de Wall Street y que ha embaucado a bancos, fundaciones, millonarios, etc., por más de US$ 50,000 millones.

Y si bien la estafa Madoff es la fresa de la torta capitalista que cada vez más es solo para unos cuantos, es también una gran metáfora sobre cómo funciona un capitalismo que se basa en la búsqueda del dinero fácil y en la codicia, y que, al no encontrar barreras ni controles, termina por convertirse en una actividad mafiosa. Vuelvo a citar a Franklin Roosevelt: “Ahora sabemos que un gobierno en manos del capital organizado es igual de peligroso que un gobierno en manos del crimen organizado”.

Podríamos decir, en este contexto, que, finalmente, la izquierda ha sido liberada de una de sus últimas rémoras o cargas: la hegemonía que ejerció el neoliberalismo sobre una parte de ella. Si con la caída del Muro un sector de la izquierda se aproximó al neoliberalismo, como lo demuestra la famosa Tercera Vía construida por un laborismo y una socialdemocracia agotados históricamente, hoy, con la crisis mundial del capitalismo, ya no existen paradigmas a los cuales acudir. Ni el socialismo autoritario ni el neoliberalismo son alternativas para imaginar un mundo distinto. El siglo XX llega a su fin con el fracaso de las dos opciones que definieron todo este largo periodo.

Sin embargo caben dos precisiones: a) cuando se habla de fracaso, ello no implica que estos modelos de sociedad y desarrollo no sigan funcionando. Lo que se quiere decir es que ya no son alternativas para imaginar un mundo distinto; y b) no sería nada extraño que entremos a lo que Thomas Kuhn llama el movimiento circular de paradigmas luego de una gran crisis, es decir, al empleo de viejos paradigmas para explicar las actuales anomalías o, dicho de otra forma, a la supervivencia del dogmatismo tanto de izquierda como de derecha.

Si con la caída del Muro de Berlín la izquierda quedó desarmada, hoy con la crisis del capitalismo neoliberal y la caída de Wall Street (otro muro), esa misma izquierda se podría rearmar. Lo que se debe hacer, por lo tanto, es un debate abierto sobre la necesidad de un nuevo pensamiento original, capaz de aprender de sus errores históricos y de explicar y transformar la realidad. Por eso, a aquellos que decretaron el llamado “Fin de la Historia”, hay que decirles que ella goza de buena salud, señal que avanzamos.

Fuente: Diario La Repùblica. 20/12/08

viernes, 26 de diciembre de 2008

Mao, Stalin y el abuso del poder.

Las máscaras de Mao
Cèsar Lèvano (Periodista)

El 26 de diciembre de 1893 nació Mao Zedong, el líder comunista chino que encarnó, con Stalin, una época de lucha revolucionaria y también de abuso del poder.

Mao, como Stalin, no sólo atentó contra su pueblo. Su autoritarismo encontró discípulos que copiaron al pie de la letra sus ideas simplistas y sus métodos de culto a la personalidad y eliminación física de opositores.

Pol Pot en Kampuchea y Abimael Guzmán en el Perú son vivo ejemplo. Este último ideó una “guerra popular” que dirigía desde una cómoda residencia limeña, mientras cientos de jóvenes daban su vida por el “Presidente Gonzalo”.

Jung Chang, escritora china, ha escrito una documentada biografía de Mao que toda persona de izquierda debería leer: Mao, la historia desconocida.

Los crímenes y los abusos de la era stalinista, minaron el socialismo en el inmenso país donde los bolcheviques encabezaron, en 1917, el asalto al Palacio de Invierno.

Después, el furor represivo contra otros países socialistas, a los que se invadió para deponer a gobernantes revolucionarios pero que no aceptaban el sometimiento a Moscú, resultó inútil y contraproducente.

Chang cita un párrafo del discurso que pronunció Mao en Moscú, en noviembre de 1957, en una reunión de 64 partidos comunistas:

“Veamos cuánta gente moriría si estallara la guerra. Hay 2,700 millones de personas en el mundo. Tal vez desaparecería una tercera parte o tal vez algo más, puede que la mitad (…) lo que quiero decir es que, en la situación más extrema, la mitad viviría y la mitad moriría, pero el imperialismo quedaría borrado de la faz de la tierra y el mundo entero se convertiría en socialista”.

No es lo mismo la violencia revolucionaria, que puede ser inevitable en momentos cruciales, que el sueño de matanza masiva.

Tengo a la vista la llamada “Entrevista del siglo” en la edición de El Diario senderista del 24 de julio de 1988. Allí se lee, página 19:

“Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria le respondimos con una acción: Lucanamarca”.

Fue un crimen en que los senderistas mataron a 80 ancianos, mujeres y niños.

“Ahí hubo exceso, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos”, continuó Guzmán. “Fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas”.

Así que, porque todo en la vida tiene dos aspectos, se puede matar a inocentes. Crímenes como éste hicieron que, al final, los campesinos derrotaran a Sendero.

Alguien me dijo: “El camarada Abimael no podía saber todo lo que hacían sus militantes”.

Con ese mismo argumento se puede defender, y se defiende, a Fujimori. En todo caso, lo de Lucanamarca demuestra hasta dónde pueden llevar el violentismo, el endiosamiento del líder, la intolerancia.

Contra eso estoy, estuve y estaré. Así como contra los crímenes del otro lado.
Fuente: Diario La Primera. 26/12/08

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Rebeliòn Aprista de 1948.

Última rebelión del APRA

Antonio Zapata (Historiador)

Este año se ha cumplido el 60 aniversario de la rebelión del 3 de octubre de 1948. Ese día se sublevó la armada y fallaron el ejército y la aviación, que originalmente habían estado complotados para derrocar al presidente José Luis Bustamante y Rivero. Los jefes de la sublevación no eran generales, sino oficiales de mando medio con apoyo de tropa. Todos tenían conexiones y simpatías con el APRA, que había alentado dos conspiraciones distintas. En primer lugar, la que efectivamente estalló esa madrugada, planeada para capturar el poder, como en Trujillo 1932; es decir, a través de una lucha necesariamente cruenta protagonizada por militantes civiles y oficiales rebeldes para capturar los cuarteles. En segundo lugar, el comando aprista había organizado otro plan, dirigido exclusivamente por generales, que tomarían el poder mansamente, depondrían al presidente y convocarían elecciones. Haya de la Torre había preferido este segundo y postergado el primero, sin cancelarlo completamente.Sucedió lo habitual.

Los encargados del primer plan sintieron que su esfuerzo sería en vano si no se concretaba. Entonces, decidieron actuar sin autorización. Los marinos complotados, comandados por el comandante Águila Pardo, tomaron el BAP Grau y otros barcos de la armada, incluidos dos submarinos. Asimismo, capturaron el Arsenal Naval y el Real Felipe, donde participaron numerosos civiles apristas. Pero el batallón del ejército en el Callao resistió y, sobre todo en Lima, no se sublevaron ni la división blindada ni la base aérea de Las Palmas, que habían estado comprometidos.

Armando Villanueva en “La Gran Persecución” cuenta que estaba en el diario La Tribuna y se enteró de la sublevación de El Callao. Los líderes apristas se reunieron de emergencia y al conocer la identidad de los sublevados decidieron ayudarlos. Haya de la Torre contactó con los generales que estaban tramando el segundo plan, incluyendo al general Marín, luego fundador del CAEM. Ellos contestaron negativamente, porque no podían sumarse a un movimiento iniciado por subalternos. Luego, los militantes del partido fueron contenidos de participar en una sublevación que en la dirigencia ya consideraban un aborto.

Posteriormente menudearon las acusaciones de traición entre los participantes. El mayor Víctor Villanueva quien anteriormente había liderado a los defensistas apristas, denunció a la dirigencia por impedir que los militantes asalten los cuarteles del ejército. Por su parte, la versión aprista contraataca al mayor Villanueva, por haber dejado sin respaldo militar a los marinos sublevados. Otros protagonistas, como Luis Chanduvi, también han dejado memorias amargas y desengañadas. Pero los recuerdos más vívidos a este respecto corresponden al teniente Juan Manuel Ontaneda.

De acuerdo con Ontaneda, al regresar a la isla San Lorenzo, donde estuvo el último campamento de la rebelión, fue convocado por Águila Pardo para sostener una reunión, que se desarrolló en el BAP Palacios, donde los oficiales fueron rodeados por marineros que se habían sublevado con ellos. Se trataba de un grupo numeroso; luego de la derrota, fue arrestado el 16% del personal de la marina. En ese momento estaban nerviosos y arrepentidos. El combate había sido feroz y habían caído numerosos soldados, marineros y civiles. Dominaba el miedo. Se reunieron los oficiales para tomar una decisión. Águila Pardo quería una rendición con honores, pero ocurrió que mientras el comandante hablaba algunos marineros los apuntaron. A Ontaneda lo desarmaron por la espalda y cuando Águila Pardo sacó una pistola, le dispararon y cayó muerto. Ontaneda recibió un balazo en el hombro, y el dolor le hizo perder el conocimiento. Al despertar estaba solo; todos habían huido, no había nadie más que él y el cadáver del jefe de la rebelión.

Los victimarios se habían entregado a la armada; asustados por sus actos, querían rendirse ante los almirantes a toda costa, mataron para ello y se espantaron de su propia violencia. La traición aparece entre quienes son arrastrados a la lucha sin conocer su propósito final. Por ello, es tan frecuente este tipo de acusación en la historia nacional. Corresponde a un país donde sólo las elites participan en la esfera política, sea en el gobierno o en la oposición. De este modo, si los protagonistas no están íntimamente convencidos, el cambio de bando se vuelve una actitud muy habitual en toda gran crisis.


Fuente: Diario La Repùblica. 24/12/08

lunes, 22 de diciembre de 2008

Origen y Fin del Pensamiento Neoconservador.

El fin de la hegemonía del pensamiento neoconservador

Manuel Rodrìguez Cuadros (Ex canciller del Perù)

En los últimos treinta años el pensamiento neoconservador ha influido decisivamente en la política interna y externa de Estados Unidos. Y por difusión en el mundo entero. En América Latina no ha tenido seguidores teóricos importantes, pero su influencia práctica ha sido casi hegemónica. Los gobiernos de Fujimori y Alan García son expresiones criollas del neoconservadurismo, aunque es posible que ellos mismos no lo sepan.

Como señala Francis Fukuyama, el pensamiento neoconservador se origina en la conversión de izquierdistas anticomunistas en derechistas mesiánicos. Su origen se ubica en los intelectuales de ascendencia obrera e inmigrante del “City College de New York” de los años 30 e inicios de los cuarenta: Irving Kristol, Daniel Bell, Irving Howe, Philip Selznick, Nathan Glazer, Patick Moynihan y Norman Podhoretz..

Con Ronald Reagan el neoconservadurismo llega al poder y se difumina por el mundo como políticas prácticas del pensamiento único. En la década de los noventa William Kristol y Robert Kagan desde “The Weekly Standar” impulsan las ideas neoconservadoras a sus parámetros actuales: Elevación del mercado a una categoría ideológico-política, sustitución de la idea del bien común por un individualismo egoísta, oposición a toda ingeniería social y unilateralismo en la política exterior.

Con el gobierno del presidente Bush las ideas neoconservadoras se ejecutan con mayor profundidad. En la economía se afirma in extremis, como bien dice Barack Obama el “…absolutismo del mercado libre, una ideología de pocos impuestos, poca regulación y ninguna red de seguridad, una ideología que, de hecho, propugna la ausencia de gobierno más allá de lo necesario para proteger la propiedad privada y financiar la defensa nacional”.

En la política interna, se divide el país en “buenos” y “malos”, se introduce el miedo como instrumento del poder, se debilita la tradición norteamericana de respeto a las libertades y los derechos humanos. En política exterior el pensamiento neoconservador actúo bajo los supuestos teóricos de que el mundo está dividido ideológicamente entre el “bien” y el “mal” y que la diplomacia se ejerce a través del poder unilateral, al margen del derecho y los organismos internacionales.

Los resultados son conocidos. Estados Unidos está sumido en una grave crisis social y económica. Y su poder internacional ha perdido eficacia y legitimidad. Esa es la herencia neoconservadora.

Barack Obama durante la campaña no se limitó a presentar un programa. Opuso al pensamiento neoconservador un pensamiento alternativo. El subproducto más importante de las elecciones norteamericanas quizás sea ese, revalorizar el debate político de las ideas.

Fuente: Diario La Primera. 22/12/08

domingo, 21 de diciembre de 2008

Relaciòn Mèxico-Brasil

El eje México-Brasil
Carlos Fuentes (Escritor)

El éxito creciente de Brasil como primera potencia de América del Sur ha suscitado, como era de esperarse, temores en algunos vecinos y resquemores en otros. Hay mucho que admirar en el Brasil de hoy. No todos nuestros países han gozado de 14 años de crecimiento sostenido y buena gobernanza. La presidencia de Fernando Henrique Cardoso venció la perniciosa inflación sin caer en la recesión. Se dio cuenta de que la inflación es una manera de robar a la mayoría en beneficio de la minoría pero que, sin inflación, aumenta la responsabilidad social del estado. Y en materia educativa, elevó a la escuela primaria en un 97% de inscripciones, y a la secundaria en un 70%. La educación es la base del desarrollo. Por otra parte, las exportaciones brasileñas aumentaron de cincuenta mil millones de dólares en 1998 a ciento cuarenta mil millones en la actualidad. Subrayo este dato porque las fechas abarcan tanto al gobierno de Cardoso como al de su sucesor, Luis Inácio Lula da Silva, indicando, si no una identificación, sí una continuidad virtuosa de la política brasileña. Con Lula, las exportaciones han aumentado, la deuda pública ha descendido, la cuenta corriente tiene un superávit y la pobreza ha bajado de un cuarenta y tres por ciento en 1993 a un treinta y seis por ciento hoy.

Lula, además, ha llevado a cabo una política exterior independiente, inconcebible si pensamos en las presiones internacionales que limitaron, en los sesenta, a los presidentes Jânio Cuadros y Joâo Goulart. Lula, en cambio, conduce con brío y sin complejos buenas relaciones con EE.UU., con Cuba y con sus vecinos sudamericanos: Brasil tiene frontera común con todos, salvo Ecuador y Chile. Es natural --aunque injusto-- que se creen fricciones entre el gigante brasileño y sus vecinos. Los problemas tienen solución. Trátese del tema energético con Paraguay, el pago de la deuda externa ecuatoriana, o las tarifas de gas de Bolivia. El imponderable es Hugo Chávez, para quien la ascendencia de Lula --de Brasil--es vista como rivalidad política y comparación de modelos. Ambas nefastas para Chávez en el momento en que el descenso de los precios del petróleo le roba la baza misma de su poder, demagógico y real.

Todo esto, al cabo, no le resta potencia a un Brasil que, bien gobernado como lo ha sido por Cardoso y Lula (con errores nada desdeñables) seguiría siendo, sin disminuir a los demás, la principal economía y gobernanza del sur. ¿Qué haría falta para fortalecer a la América Latina entera en estos momentos de la globalidad crítica?
La respuesta me parece evidente: un eje Brasil-México. No paso por alto un hecho singular de la diplomacia brasileña: la fuerza tradicional de la cancillería brasileña, Itamarati y su capacidad de imponerle políticas al ejecutivo de Planalto. Mi convicción es que el presidente Lula quiere una relación estratégica con México y que a México le conviene esto tanto como a Brasil. A México, porque reforzaría nuestra independencia frente a EE.UU. y nuestra influencia en la América Latina. Muchos vecinos del sur nos descuentan como parte de Norteamérica. Nos hace falta complementar la relación del norte con la del sur y nada nos ofrece oportunidad más cierta, más 'cantada', más provechosa, que el eje Brasil-México. El muy activo e inteligente Lula ha determinado que el aprendizaje de la lengua castellana sea obligatorio en Brasil. Por esta razón compartí con él el premio internacional Don Quijote de la Mancha, entregado por el rey Juan Carlos en Toledo, el pasado octubre. Si España no ve una amenaza en esta decisión, ¿por qué la verían los vecinos de Brasil?
Fuente: Diario El Comercio. 21/12/08

viernes, 19 de diciembre de 2008

Reeleccionismo en Venezuela y Colombia.

Reeleccionistas

Isaac Bigio (Analista polìtico)

Los presidentes de Colombia y de Venezuela quieren modificar sus respectivas constituciones para ser reelectos más de una vez, cosa que no es posible en ninguna otra república americana.

Paradójicamente ambos son los únicos países latinos del subcontinente que en los setentas no tuvieron dictaduras militares. Sin embargo, las democracias más antiguas pueden estar en transición hacia un más fuerte presidencialismo.

Ambos representan modelos sociales contrapuestos. Uribe es el campeón del monetarismo económico y de la dureza antisubversiva. Chávez quiere mayores nacionalizaciones y es amigo de guerrilleros.

Los dos creen que para consolidar sus sistemas se requiere de un caudillo que sea capaz de galvanizar a la nación en la lucha frontal contra su supuesto gran enemigo (sea el terrorismo para el caso de Uribe o el imperialismo para el caso de Chávez).

La mayoría de la izquierda rechaza cambiar la ley en Colombia, pero sí la acepta en Venezuela, y lo mismo pasa, pero al revés, en el caso de la derecha. Esto le resta argumentos a las oposiciones de ambos países, mientras que Chávez insiste en que él no quiere establecer un partido único comunista tipo Cuba y Uribe quiere convencer que él no es un nuevo Fujimori, Strossner o Díaz y que no quiere transformarse en un dictador civil pro EEUU.


Fuente. Diario Correo. 19/12/08