viernes, 26 de diciembre de 2008

Mao, Stalin y el abuso del poder.

Las máscaras de Mao
Cèsar Lèvano (Periodista)

El 26 de diciembre de 1893 nació Mao Zedong, el líder comunista chino que encarnó, con Stalin, una época de lucha revolucionaria y también de abuso del poder.

Mao, como Stalin, no sólo atentó contra su pueblo. Su autoritarismo encontró discípulos que copiaron al pie de la letra sus ideas simplistas y sus métodos de culto a la personalidad y eliminación física de opositores.

Pol Pot en Kampuchea y Abimael Guzmán en el Perú son vivo ejemplo. Este último ideó una “guerra popular” que dirigía desde una cómoda residencia limeña, mientras cientos de jóvenes daban su vida por el “Presidente Gonzalo”.

Jung Chang, escritora china, ha escrito una documentada biografía de Mao que toda persona de izquierda debería leer: Mao, la historia desconocida.

Los crímenes y los abusos de la era stalinista, minaron el socialismo en el inmenso país donde los bolcheviques encabezaron, en 1917, el asalto al Palacio de Invierno.

Después, el furor represivo contra otros países socialistas, a los que se invadió para deponer a gobernantes revolucionarios pero que no aceptaban el sometimiento a Moscú, resultó inútil y contraproducente.

Chang cita un párrafo del discurso que pronunció Mao en Moscú, en noviembre de 1957, en una reunión de 64 partidos comunistas:

“Veamos cuánta gente moriría si estallara la guerra. Hay 2,700 millones de personas en el mundo. Tal vez desaparecería una tercera parte o tal vez algo más, puede que la mitad (…) lo que quiero decir es que, en la situación más extrema, la mitad viviría y la mitad moriría, pero el imperialismo quedaría borrado de la faz de la tierra y el mundo entero se convertiría en socialista”.

No es lo mismo la violencia revolucionaria, que puede ser inevitable en momentos cruciales, que el sueño de matanza masiva.

Tengo a la vista la llamada “Entrevista del siglo” en la edición de El Diario senderista del 24 de julio de 1988. Allí se lee, página 19:

“Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria le respondimos con una acción: Lucanamarca”.

Fue un crimen en que los senderistas mataron a 80 ancianos, mujeres y niños.

“Ahí hubo exceso, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos”, continuó Guzmán. “Fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas”.

Así que, porque todo en la vida tiene dos aspectos, se puede matar a inocentes. Crímenes como éste hicieron que, al final, los campesinos derrotaran a Sendero.

Alguien me dijo: “El camarada Abimael no podía saber todo lo que hacían sus militantes”.

Con ese mismo argumento se puede defender, y se defiende, a Fujimori. En todo caso, lo de Lucanamarca demuestra hasta dónde pueden llevar el violentismo, el endiosamiento del líder, la intolerancia.

Contra eso estoy, estuve y estaré. Así como contra los crímenes del otro lado.
Fuente: Diario La Primera. 26/12/08

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Rebeliòn Aprista de 1948.

Última rebelión del APRA

Antonio Zapata (Historiador)

Este año se ha cumplido el 60 aniversario de la rebelión del 3 de octubre de 1948. Ese día se sublevó la armada y fallaron el ejército y la aviación, que originalmente habían estado complotados para derrocar al presidente José Luis Bustamante y Rivero. Los jefes de la sublevación no eran generales, sino oficiales de mando medio con apoyo de tropa. Todos tenían conexiones y simpatías con el APRA, que había alentado dos conspiraciones distintas. En primer lugar, la que efectivamente estalló esa madrugada, planeada para capturar el poder, como en Trujillo 1932; es decir, a través de una lucha necesariamente cruenta protagonizada por militantes civiles y oficiales rebeldes para capturar los cuarteles. En segundo lugar, el comando aprista había organizado otro plan, dirigido exclusivamente por generales, que tomarían el poder mansamente, depondrían al presidente y convocarían elecciones. Haya de la Torre había preferido este segundo y postergado el primero, sin cancelarlo completamente.Sucedió lo habitual.

Los encargados del primer plan sintieron que su esfuerzo sería en vano si no se concretaba. Entonces, decidieron actuar sin autorización. Los marinos complotados, comandados por el comandante Águila Pardo, tomaron el BAP Grau y otros barcos de la armada, incluidos dos submarinos. Asimismo, capturaron el Arsenal Naval y el Real Felipe, donde participaron numerosos civiles apristas. Pero el batallón del ejército en el Callao resistió y, sobre todo en Lima, no se sublevaron ni la división blindada ni la base aérea de Las Palmas, que habían estado comprometidos.

Armando Villanueva en “La Gran Persecución” cuenta que estaba en el diario La Tribuna y se enteró de la sublevación de El Callao. Los líderes apristas se reunieron de emergencia y al conocer la identidad de los sublevados decidieron ayudarlos. Haya de la Torre contactó con los generales que estaban tramando el segundo plan, incluyendo al general Marín, luego fundador del CAEM. Ellos contestaron negativamente, porque no podían sumarse a un movimiento iniciado por subalternos. Luego, los militantes del partido fueron contenidos de participar en una sublevación que en la dirigencia ya consideraban un aborto.

Posteriormente menudearon las acusaciones de traición entre los participantes. El mayor Víctor Villanueva quien anteriormente había liderado a los defensistas apristas, denunció a la dirigencia por impedir que los militantes asalten los cuarteles del ejército. Por su parte, la versión aprista contraataca al mayor Villanueva, por haber dejado sin respaldo militar a los marinos sublevados. Otros protagonistas, como Luis Chanduvi, también han dejado memorias amargas y desengañadas. Pero los recuerdos más vívidos a este respecto corresponden al teniente Juan Manuel Ontaneda.

De acuerdo con Ontaneda, al regresar a la isla San Lorenzo, donde estuvo el último campamento de la rebelión, fue convocado por Águila Pardo para sostener una reunión, que se desarrolló en el BAP Palacios, donde los oficiales fueron rodeados por marineros que se habían sublevado con ellos. Se trataba de un grupo numeroso; luego de la derrota, fue arrestado el 16% del personal de la marina. En ese momento estaban nerviosos y arrepentidos. El combate había sido feroz y habían caído numerosos soldados, marineros y civiles. Dominaba el miedo. Se reunieron los oficiales para tomar una decisión. Águila Pardo quería una rendición con honores, pero ocurrió que mientras el comandante hablaba algunos marineros los apuntaron. A Ontaneda lo desarmaron por la espalda y cuando Águila Pardo sacó una pistola, le dispararon y cayó muerto. Ontaneda recibió un balazo en el hombro, y el dolor le hizo perder el conocimiento. Al despertar estaba solo; todos habían huido, no había nadie más que él y el cadáver del jefe de la rebelión.

Los victimarios se habían entregado a la armada; asustados por sus actos, querían rendirse ante los almirantes a toda costa, mataron para ello y se espantaron de su propia violencia. La traición aparece entre quienes son arrastrados a la lucha sin conocer su propósito final. Por ello, es tan frecuente este tipo de acusación en la historia nacional. Corresponde a un país donde sólo las elites participan en la esfera política, sea en el gobierno o en la oposición. De este modo, si los protagonistas no están íntimamente convencidos, el cambio de bando se vuelve una actitud muy habitual en toda gran crisis.


Fuente: Diario La Repùblica. 24/12/08

lunes, 22 de diciembre de 2008

Origen y Fin del Pensamiento Neoconservador.

El fin de la hegemonía del pensamiento neoconservador

Manuel Rodrìguez Cuadros (Ex canciller del Perù)

En los últimos treinta años el pensamiento neoconservador ha influido decisivamente en la política interna y externa de Estados Unidos. Y por difusión en el mundo entero. En América Latina no ha tenido seguidores teóricos importantes, pero su influencia práctica ha sido casi hegemónica. Los gobiernos de Fujimori y Alan García son expresiones criollas del neoconservadurismo, aunque es posible que ellos mismos no lo sepan.

Como señala Francis Fukuyama, el pensamiento neoconservador se origina en la conversión de izquierdistas anticomunistas en derechistas mesiánicos. Su origen se ubica en los intelectuales de ascendencia obrera e inmigrante del “City College de New York” de los años 30 e inicios de los cuarenta: Irving Kristol, Daniel Bell, Irving Howe, Philip Selznick, Nathan Glazer, Patick Moynihan y Norman Podhoretz..

Con Ronald Reagan el neoconservadurismo llega al poder y se difumina por el mundo como políticas prácticas del pensamiento único. En la década de los noventa William Kristol y Robert Kagan desde “The Weekly Standar” impulsan las ideas neoconservadoras a sus parámetros actuales: Elevación del mercado a una categoría ideológico-política, sustitución de la idea del bien común por un individualismo egoísta, oposición a toda ingeniería social y unilateralismo en la política exterior.

Con el gobierno del presidente Bush las ideas neoconservadoras se ejecutan con mayor profundidad. En la economía se afirma in extremis, como bien dice Barack Obama el “…absolutismo del mercado libre, una ideología de pocos impuestos, poca regulación y ninguna red de seguridad, una ideología que, de hecho, propugna la ausencia de gobierno más allá de lo necesario para proteger la propiedad privada y financiar la defensa nacional”.

En la política interna, se divide el país en “buenos” y “malos”, se introduce el miedo como instrumento del poder, se debilita la tradición norteamericana de respeto a las libertades y los derechos humanos. En política exterior el pensamiento neoconservador actúo bajo los supuestos teóricos de que el mundo está dividido ideológicamente entre el “bien” y el “mal” y que la diplomacia se ejerce a través del poder unilateral, al margen del derecho y los organismos internacionales.

Los resultados son conocidos. Estados Unidos está sumido en una grave crisis social y económica. Y su poder internacional ha perdido eficacia y legitimidad. Esa es la herencia neoconservadora.

Barack Obama durante la campaña no se limitó a presentar un programa. Opuso al pensamiento neoconservador un pensamiento alternativo. El subproducto más importante de las elecciones norteamericanas quizás sea ese, revalorizar el debate político de las ideas.

Fuente: Diario La Primera. 22/12/08

domingo, 21 de diciembre de 2008

Relaciòn Mèxico-Brasil

El eje México-Brasil
Carlos Fuentes (Escritor)

El éxito creciente de Brasil como primera potencia de América del Sur ha suscitado, como era de esperarse, temores en algunos vecinos y resquemores en otros. Hay mucho que admirar en el Brasil de hoy. No todos nuestros países han gozado de 14 años de crecimiento sostenido y buena gobernanza. La presidencia de Fernando Henrique Cardoso venció la perniciosa inflación sin caer en la recesión. Se dio cuenta de que la inflación es una manera de robar a la mayoría en beneficio de la minoría pero que, sin inflación, aumenta la responsabilidad social del estado. Y en materia educativa, elevó a la escuela primaria en un 97% de inscripciones, y a la secundaria en un 70%. La educación es la base del desarrollo. Por otra parte, las exportaciones brasileñas aumentaron de cincuenta mil millones de dólares en 1998 a ciento cuarenta mil millones en la actualidad. Subrayo este dato porque las fechas abarcan tanto al gobierno de Cardoso como al de su sucesor, Luis Inácio Lula da Silva, indicando, si no una identificación, sí una continuidad virtuosa de la política brasileña. Con Lula, las exportaciones han aumentado, la deuda pública ha descendido, la cuenta corriente tiene un superávit y la pobreza ha bajado de un cuarenta y tres por ciento en 1993 a un treinta y seis por ciento hoy.

Lula, además, ha llevado a cabo una política exterior independiente, inconcebible si pensamos en las presiones internacionales que limitaron, en los sesenta, a los presidentes Jânio Cuadros y Joâo Goulart. Lula, en cambio, conduce con brío y sin complejos buenas relaciones con EE.UU., con Cuba y con sus vecinos sudamericanos: Brasil tiene frontera común con todos, salvo Ecuador y Chile. Es natural --aunque injusto-- que se creen fricciones entre el gigante brasileño y sus vecinos. Los problemas tienen solución. Trátese del tema energético con Paraguay, el pago de la deuda externa ecuatoriana, o las tarifas de gas de Bolivia. El imponderable es Hugo Chávez, para quien la ascendencia de Lula --de Brasil--es vista como rivalidad política y comparación de modelos. Ambas nefastas para Chávez en el momento en que el descenso de los precios del petróleo le roba la baza misma de su poder, demagógico y real.

Todo esto, al cabo, no le resta potencia a un Brasil que, bien gobernado como lo ha sido por Cardoso y Lula (con errores nada desdeñables) seguiría siendo, sin disminuir a los demás, la principal economía y gobernanza del sur. ¿Qué haría falta para fortalecer a la América Latina entera en estos momentos de la globalidad crítica?
La respuesta me parece evidente: un eje Brasil-México. No paso por alto un hecho singular de la diplomacia brasileña: la fuerza tradicional de la cancillería brasileña, Itamarati y su capacidad de imponerle políticas al ejecutivo de Planalto. Mi convicción es que el presidente Lula quiere una relación estratégica con México y que a México le conviene esto tanto como a Brasil. A México, porque reforzaría nuestra independencia frente a EE.UU. y nuestra influencia en la América Latina. Muchos vecinos del sur nos descuentan como parte de Norteamérica. Nos hace falta complementar la relación del norte con la del sur y nada nos ofrece oportunidad más cierta, más 'cantada', más provechosa, que el eje Brasil-México. El muy activo e inteligente Lula ha determinado que el aprendizaje de la lengua castellana sea obligatorio en Brasil. Por esta razón compartí con él el premio internacional Don Quijote de la Mancha, entregado por el rey Juan Carlos en Toledo, el pasado octubre. Si España no ve una amenaza en esta decisión, ¿por qué la verían los vecinos de Brasil?
Fuente: Diario El Comercio. 21/12/08

viernes, 19 de diciembre de 2008

Reeleccionismo en Venezuela y Colombia.

Reeleccionistas

Isaac Bigio (Analista polìtico)

Los presidentes de Colombia y de Venezuela quieren modificar sus respectivas constituciones para ser reelectos más de una vez, cosa que no es posible en ninguna otra república americana.

Paradójicamente ambos son los únicos países latinos del subcontinente que en los setentas no tuvieron dictaduras militares. Sin embargo, las democracias más antiguas pueden estar en transición hacia un más fuerte presidencialismo.

Ambos representan modelos sociales contrapuestos. Uribe es el campeón del monetarismo económico y de la dureza antisubversiva. Chávez quiere mayores nacionalizaciones y es amigo de guerrilleros.

Los dos creen que para consolidar sus sistemas se requiere de un caudillo que sea capaz de galvanizar a la nación en la lucha frontal contra su supuesto gran enemigo (sea el terrorismo para el caso de Uribe o el imperialismo para el caso de Chávez).

La mayoría de la izquierda rechaza cambiar la ley en Colombia, pero sí la acepta en Venezuela, y lo mismo pasa, pero al revés, en el caso de la derecha. Esto le resta argumentos a las oposiciones de ambos países, mientras que Chávez insiste en que él no quiere establecer un partido único comunista tipo Cuba y Uribe quiere convencer que él no es un nuevo Fujimori, Strossner o Díaz y que no quiere transformarse en un dictador civil pro EEUU.


Fuente. Diario Correo. 19/12/08

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El PPC y Bedoya Reyes.

Cumpleaños del PPC
Cèsar Hildebrandt

Cuarenta y dos años cumple el Partido Popular Cristiano (PPC), que nació en una suite del hotel Crillón cuando la Democracia Cristiana se puso colorada (a lo Vallejo) y Luis Bedoya Reyes se puso rebelde y Bobby Ramírez del Villar se puso conspirador y Luis Banchero Rossi puso la plata.

En la puerta de la suite 14-H del Crillón la revista “Oiga”, con el ojo de Humberto Romaní, tomó a Ramírez del Villar saliendo de conversar, para los arreglos finales, con Banchero, el industrial pesquero más importante de América Latina y el Ciudadano K de esta comarca, a partir del originalmente tacneño diario “Correo”.

O sea que el PPC salió de fábrica con el olor del billetón recién impreso y un tufo de anchoveta que te podía echar para atrás. Eso explica la halitosis ideológica de los Agois, herederos mortuorios de Banchero, y el carácter “principistamente” fenicio del PPC.

El asunto es que el lobby pesquero, con Banchero en la cresta de la ola, necesitaba de leyes afines y de poderes fácticos y que Bobby Ramírez se los ofreció. Después –pero sólo después- el brillante Bobby metió todo el carbón que pudo y convenció a Luis Bedoya Reyes, el vice de Héctor Cornejo Chávez, de que la Democracia Cristiana era un infierno plagado de comunistas y que las cosas estaban maduras para un nuevo partido y para una derecha vulcanizada que ya no usara brillantina.

Por eso es que, a diferencia de Chile, de la Democracia Cristiana peruana sólo salieron frustraciones, broncas, traidores y elecciones perdidas. Digamos que Bedoya Reyes se llevó a la gente y que Cornejo Chávez se quedó con el púlpito y una iglesia vacía.

Cornejo terminaría de asesor servil de los militares reformistas –lo que demuestra que el destino de la gente no sólo lo determina la inteligencia sino también el carácter y la autoestima- y Bedoya Reyes haría, como para ganar un Oscar, el papel de candidato crónico, ideólogo de la cumparsita y pico de oro de las derechas reunidas alrededor de la codicia, virtud teologal que, como se sabe, es el verdadero programa de nuestras cavernas.

De 1966 a 1970 el diario “Correo”, que era una copia maquetera del “Ici Paris”, usó a Sofocleto, el genial y venal humorista, para satanizar con éxito a Cornejo Chávez. Cornejo, de puro picón, se fue amargando. La venganza se la tomó redactando el infame Estatuto de Prensa, que era un modo castrense de entender los límites de la libertad.

Asesinado Banchero por un jardinero más idiota que Peter Sellers haciendo de lo mismo, masacrada la anchoveta por la sobrepesca, cambiado el país por los militares hartos de ser los dóberman de la plutocracia, Bedoya Reyes fue haciendo cosas buenas en la alcaldía provincial –lo que no le impidió tener magníficas relaciones con Velasco, a quien le encendió un cigarrillo en una actuación pública- y construyó eso que salva a Lima y se llama La Vía Expresa –eso que los apristas tildaron de “zanjón” y no habrían construido de haber ganado Jorge Grieve la alcaldía de la ciudad-.

Lo que no terminó de construir Bedoya fue el Partido Popular Cristiano, parido en el “Crillón” y criado por nanas en el Country Club y socio natural del Waikiki. El PPC quiso ser una fábrica de cuadros conservadores. Lo que terminó siendo fue una fábrica de conservas –algunas bastante agrias, dicho sea de paso-.

Mañana, el partido de Bedoya Reyes –que a eso se ha reducido- cumple 42 años con la marca insuperable de haber sido derrotado en todas las elecciones importantes en las que participó.

Lourdes Flores ha hecho todo lo posible para conducir al centro al PPC. Pero es que Bedoya Reyes, que todavía viste de capitán de yate y da gritos en la cubierta, no se lo permite plenamente. Y es que, aunque digan lo contrario, la sal se hereda y la vocación por ser minoría antipática, también. Bedoya Reyes es el Fraga Iribarne del PPC y Lourdes Flores no ha podido ser Aznar (aunque Anterito sí llega a ser Rajoy).

En Alemania la Democracia Cristiana ha jugado un rol histórico. En el Perú se dividió en dos clases de difunto: Cornejo Chávez y su rabia brillante y Bedoya Reyes y su labia vacía. Total que el muchacho llega a los 42 años sin profesión, sin mujer, sin trabajo, pero, eso sí, con pañuelo de seda a lo Berlusconi. Hasta Sánchez Cerro lo hubiese hecho mejor.

Fuente: Diario La Primera. 17/12/08

lunes, 15 de diciembre de 2008

Entrevista a Hugo Neira (Sociòlogo)

Apasionadas reflexiones sobre el Perú

Enrique Planas

No se trata de un libro corriente. Su autor lo considera, más bien, un híbrido: un volumen a medio camino entre el ilustrado libro de salón y una sesuda antología de pensadores peruanos. Un punto medio que reúne a Cristóbal Colón, Garcilaso de la Vega, Felipe Guamán Poma de Ayala, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán en el mismo espacio de Mario Vargas Llosa, Julio Cotler, Guillermo Núñez o Constantino Carvallo. "Sueño y pasión por el Perú, apuntes sentimentales" es una antología preparada por el destacado sociólogo e historiador Hugo Neira, en la que sesenta y cinco autores de todas las épocas reflexionan 500 años de historia peruana. "Pensé en textos cortos y breves, significativos, vinculados todos por la emoción, la pasión y coherencia. No quise que fueran textos solamente racionales, fríos, programáticos", advierte el actual director de la Biblioteca Nacional del Perú. Así, los textos reunidos en este ameno volumen, que por poco supera las 100 páginas, están embebidos de indignación, melancolía, ironía, entre otras cargas "sentimentales", como deja en claro el autor desde el título. Asistido por Martha Hurtado y Pedro Cavassa, y aprovechando el generoso auspicio del Banco Continental con su institución, Neira proyecta encender con esta primera edición lanzada por la BNP la máquina de lo que espera sea un activo sello editorial.

¿Qué significa pensar el Perú con "apuntes sentimentales"?

Muchos de estos textos tienen en común la sinceridad. Son textos escritos desde el fastidio, el disgusto, muy críticos con la sociedad y con los peruanos. He convocado a estos autores para que expliquen qué les agrada y les desagrada de nuestra sociedad. Por ejemplo, hay un texto de Ricardo Palma, con lo cual rompemos el estereotipo del escritor tranquilo y conservador, que le escribe una carta al presidente Piérola, en que le confiesa su enojo por ver cómo las familias limeñas reciben en sus fiestas a los oficiales chilenos en los tiempos de la ocupación. Es una carta en que están clarísimos la emoción, el temperamento del escritor. Marx decía que la indignación es un valor moral.

¿Cuál fue su criterio al momento de reunir textos tan diversos?
Tengo la ambición de que este libro proponga una nueva historia de las ideas políticas. No hay una ideología totalizadora; al contrario, hay dispersión, variedad. Por ejemplo, hay un texto de Mariátegui al lado de uno de Haya de la Torre y otro de Víctor Andrés Belaunde, los padres de tres grandes corrientes de pensamiento político en el Perú. Segundo, no hay una racionalidad unanimista. No hay una lógica unitaria entre los textos de 'La China' Tudela y el padre Gustavo Gutiérrez. No hay un padre sino diversos maestros con lenguajes e intereses también diversos. Tercero, puesto que no hay un centro sino una multiplicidad, el concepto del libro tiene la lógica de un racimo de uvas, en que por sí solos los textos encuentran vinculaciones inesperadas. Este es un libro para armar. Cada lector armará con su subjetividad su propia lectura.

Es interesante ver muchos textos lejos de los temas que tradicionalmente se asocian a sus autores...
Uno de mis atrevimientos fue romper los estereotipos. Tenemos la tendencia a clasificar a los autores. Por ejemplo, a González Prada siempre se lo asocia con el anarquismo, pero se olvida al autor patriota que nos habla de Miguel Grau. ¿Raúl Porras solamente hispanista? No, también fue cusqueñista. Del optimista Bolívar publicamos un texto desolador por su pesimismo, en el que dice: "En América no se puede hacer otra cosa que migrar". Un libro es una propuesta de ideas que entran en conjunción y en controversia. Aquí hay un debate entre ellos mismos, donde nada predomina.

Además de ser una antología de textos, el libro es un retrato de usted como lector. ¿Qué tan sentimental es como lector?
Es sentimental y a la vez intelectual. No te olvides que mucho tiempo escribí fuera del Perú, leyendo a muchos autores que no conocía personalmente. El intelectual que soy apuesta por algo: que las sociedades se pueden comprender a sí mismas, y los peruanos nos podemos comprender a nosotros mismos a través de nuestros grandes pensadores. Yo no comparto la idea de que todo este pensamiento producido "ya fue" y que hay que olvidarlo porque ya somos posmodernos (ni siquiera hemos sido modernos). Cuando tú lees "Perú, problema y posibilidad", un texto del año 31 de Jorge Basadre, en que se pregunta por qué no se ha cumplido la república, la cuestión aún está vigente. ¿Somos una república? ¿Todos somos iguales ante la ley? ¿No será que hay ciudadanos de segunda categoría como dice Sinesio López, o súbditos, como dice Eduardo Dargent? La República, la Nación, el Estado, está por construirse.

En tiempos en que el actual presidente dice que los verdaderos peruanos son cobrizos, no me sorprendería que algún lector busque en el libro un texto único que pueda representarnos por completo...
Lo que nos representa es la fragmentación, la heterogeneidad. Yo veo que cada vez que se insiste en una definición absoluta de lo peruano el resultado ha sido totalitario. El nazismo dijo que la identidad alemana era la raza. El estalinismo dijo que la identidad soviética era la clase. A mí me preocupa esa pereza de no reconocer la variedad. El Perú no tiene una esencia; tiene muchas existencias. Por ejemplo, si les preguntan a los argentinos cuál sería la música decisiva en su país, dirían que el tango, aunque no les guste. Y un brasileño, dirá la samba. Pero nosotros no tenemos una música central. Yo he escrito sobre el valse, pero este es solo una fracción y una época de la sociedad peruana. Tampoco es el huaino, tampoco la marinera. Aquí tenemos muchas cosas. La heterogeneidad es una ventaja cultural, pero no política. Cuando la heterogeneidad lleva a la atomización, a la masa sin partido, lleva al desorden. Lo que tiene que haber es una conciencia nacional sobre nuestras diferencias.

¿Cuál fue el primer texto que vino a su mente para un libro como este?
Un texto de María Rostworowski. Tenía en la cabeza un plan con muchos flancos. Pensaba comenzar con la sociedad inca. Tengo una resistencia a todo lo que fuera generalista. Por eso elegí ese texto que trataba del agua, del riego y de los ritos, muy concreto, muy etnológico, ideal para arrancar. Después, para articularlo con la historia mundial, elegí un texto de Colón. Y luego textos sobre la situación colonial, como Garcilaso, sobre el quipu. Y el libro comenzó a desarrollarse solo.

Me sorprendió el espacio tan reducido para la reflexión desde el humor. Es sintomático que entre los pocos destaque el de la China Tudela, un personaje ficticio...
Pero también está Pardo y Aliaga, con un texto satírico delicioso sobre la República. Tengo pendiente una edición de autores satíricos y costumbristas, como los llamó Porras. Y también de panfletarios. Como Federico More, por ejemplo, un escritor que cuando insultaba era una maravilla... Textos duros y hermosos de César Miró, por ejemplo. Pero es verdad que ha habido pocos en este libro.

No podía faltar en un libro como este el inicio de "Conversación en La Catedral", aquel en que Zavalita se pregunta cuándo se jodió el Perú...
Te digo la verdad: yo había elegido un texto de Vargas Llosa aparecido en "El pez en el agua", muy interesante sociológicamente, sobre los eternos politiqueros de mando medio. Pero el de la novela fue idea de Pedro Cavassa. Idea a la cual me resistí, porque pensé que era caer en el lugar común. Después de pensarlo un poco, me di cuenta de que también el tópico tiene un sentido, por algo existe. En verdad hubiera cometido un grave error no haberlo incluido. Gracias a Dios tuve amigos que me hicieron reflexionar. También fue una casualidad que al final se encuentren en el libro tres textos de Alberto Flores Galindo, a quien no conocí. Hubo un poco de azar también.

PERFIL

NOMBRE. Hugo Neira Samanez (Abancay, 1936)
TRAYECTORIA. Realiza sus estudios escolares en el colegio fiscal Melitón Carbajal. Ingresa posteriormente a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos a estudiar Historia, en que fue uno de los discípulos más apreciados del maestro Raúl Porras Barrenechea. Escritor, periodista y ensayista, Neira finalizaría sus estudios de posgrado en Francia, donde obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Sociales. Asimismo, el actual director de la Biblioteca Nacional ha desarrollado un gran número de publicaciones, consiguiendo además importantes reconocimientos internacionales.

OBRA MAYOR. En 1996, Neira aportó una amplia reflexión sobre nuestra problemática histórica. "Hacia la tercera mitad, Perú XVI-XX. Ensayos de relectura herética" es un libro que continuaba la tradición de los "Siete ensayos" o "Perú: problema y posibilidad", pero poniendo un mayor énfasis en el contexto internacional de nuestro proceso histórico.
Fuente: Diario El Comercio. 15/12/08